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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A no dudarlo, existía consenso en torno a la posibilidad, como un nada oculto deseo, de que tanto la elección presidencial como las de senadores y diputados federales, así como, en su caso, las de gobernadores, diputados locales y alcaldes, se diera en un marco de civilidad y de respeto a un mínimo de valores éticos que aseguraran un paso adelante en la construcción de ciudadanía y democracia.

Desafortunadamente tal posibilidad no se dio, frustrándose los buenos deseos  de una mayoría ciudadana y confirmándose el rezago de la incipiente vida en democracia en el país. Pesó más el caduco estilo de corrupción, manipulación y engaño de un viejo régimen que se resiste a morir, que la esperanza de renovados cauces de libre participación de la voluntad ciudadana. El temido conflicto post electoral y la judialización de la elección dejando en manos de un puñado de magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo que debió decidirse en las urnas, confirma el déficit democrático que no logramos superar.

Y aún así, no faltan aquellos que ocultando la viga en ojo propio, se desgarran las vestiduras y ponen el grito en el cielo acusando de enemigos de la democracia a los gobiernos latinoamericanos con los que no se comulga. Pasando por alto que en México el régimen político sustentado en la corrupción y la impunidad no es nada de lo que deberíamos sentirnos orgullosos ni mucho menos, considerarlo paradigma democrático para propios y extraños.

La elección fue un “cochinero”, declaró Xochitl Gálvez, haciéndose eco de la percepción que del proceso y sus consecuencias anida en la mayoritaria de un electorado burlado. Pese a buenos deseos y ahora infundadas esperanzas, no podía haber sido de otra manera. Gallina que come huevo aunque le quemen el pico, las reglas electorales establecidas por el régimen político prevaleciente están diseñadas para violarlas y los órganos encargados de hacerlas valer, actúan en consecuencia frente a un indefenso ciudadano obligado a dejar hacer dejar pasar por no contar a juicio del TRIFE con la  “legitimidad” sólo acreditable a los partidos políticos.

Para observadores de democracias occidentales maduras, la sola sospecha de un irregular origen de recursos aplicados a gastos de campaña sería factor más que suficiente para nulificar la elección. En México no basta, la impunidad raya en el cinismo y la desvergüenza.

Si el cochinero hoy se expresa en una fallida elección, no es más que la punta del iceberg de un cochinero mayor que, en todos los ámbitos de la vida social y económica de México, flota a la deriva en un mar de simulación, corrupción e impunidad. Basta un botón de muestra: la irrisoria multa de 376 millones de pesos aplicada al banco HSBC por el blanqueo de 7 mil millones de U.S. Dólares, o bien, el veto presidencial a la Ley de Atención a Víctimas ó la impune intervención en la política interna de México del general colombiano Oscar Naranjo, asesor extranjero en seguridad interna de Enrique Peña Nieto.

Vistas así las cosas, no debería causarnos extrañeza el que López Obrador emprenda una nueva batalla con el programa nacional de defensa de la democracia y de la dignidad de México. Millones lo respaldan y el país entero lo exige más allá de sus consecuencias electorales de coyuntura. México no puede seguir siendo rehén de la corrupción e impunidad de un régimen político obsoleto, impopular y antidemocrático.

A la movilización social ya nadie la para. Del #yosoy132 se pasó al “somosmuchos”, unificando a diversos movimientos de también diverso origen que se van sumando a una protesta propositiva en contra de la imposición de Peña Nieto. Nadie se atreve ya a calificar como tersa la transición del poder presidencial. Hoy mismo leí un artículo periodístico(Álvaro Cepeda Neri, “Por Esto Yucatán” 27/07/2012), en el que el autor señala que si el aún candidato de la dupla PRI-PVEM fuera un político medianamente inteligente, renunciaría a su presunto triunfo numérico atendiendo a la calidad y legitimidad de la protesta social en su contra.

Como a todos consta, entre las virtudes de Peña Nieto no sobresale precisamente la de la inteligencia, por lo que respaldado por el autoritarismo priísta se aferrará al papel asumido de presidente electo hasta sus últimas consecuencias. ¿A que costo para el país? Esto aún está por verse, pero seguramente no será nada gratuito. López Obrador con cochinero o sin este, le pisó la sombra.- Chelem Puerto, Yuc., 27/07/2012

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