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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya contradicción. Por un lado el presidente electo se dice complacido por la aprobación de la iniciativa preferente de Calderón en materia de contabilidad gubernamental y transparencia, como instrumento legal para transparentar el gasto y combatir la corrupción y, por el otro, aplaude y apapacha a la diputación federal por la aprobación en la Cámara baja de una reforma que modifica y adiciona la Ley Federal del Trabajo, que se abstiene de meterle mano al corporativismo sindical, dejando intacta la relación gobierno, partidos políticos y camarillas dirigentes del sindicalismo nacional.

Mal inicio. Si el ajedrez político indica que el primer año de gobierno del Sr. Peña estaría destinado a legitimar su cuestionado mandato, con su aceptación tácita al garlito legislativo que le tendiera Calderón se exhibe ante la opinión pública bien como ingenuo ó más grave aún, como continuador de las políticas antipopulares de su antecesor como resultado de un pacto no escrito que le permite al PRI el retorno a Los Pinos.

Aunque falta aún conocer la última palabra de la colegisladora,  Calderón se saldría con la suya imponiendo cambios y adiciones regresivos a la Ley Federal del Trabajo, en tanto que Peña Nieto conservaría la nefasta alianza con lo más corrupto de su base social de apoyo, los “charros sindicales”. Por cierto, no cualquier charro, sino los más representativos de un corporativismo que se resiste a morir, como son las dirigencias de los gremios con presencia nacional como el petrolero, eléctrico, magisterial y trabajadores al servicio del gobierno federal. Entidades que gravitan en torno al erario en un claro y nefasto maridaje entre servidores públicos y burocracia sindical.

Sin embargo, Calderón con la batuta del mando aún en la mano, coloca al Sr. Peña de espaldas contra la pared al obtener la aprobación de su iniciativa preferente en materia de contabilidad gubernamental y transparencia. El futuro presidente tendrá que gobernar de la mano con la corrupta mafia sindical y, en paralelo, combatir la inacabable lacra de la corrupción. Combate este último de antemano perdido ante la opinión pública si no rompe, ahora de facto, con la corrupción e impunidad de las mafias sindicales que ahogan a Pemex, CFE y SNTE, las que por cierto, ampliamente enquistadas en las bancadas legislativas del PRI.

Por lo pronto, para la opinión pública está claro que personajes como Elba Esther Gordillo en el SNTE, Carlos Romero Deschamps en el SNTPRM ó Joaquín Gamboa Pascoe en la CTM, entre otros, para el Sr. Peña serán intocables, bajo el pretexto de los legisladores del PRI de que su permanencia responde a condiciones de la vida interna sindical normados por la Carta Magna y acuerdos internacionales, que el Estado mexicano está obligado a respetar.

Curándose en salud, los diputados que aprobaran la minuta ya turnada a la Cámara de senadores para su revisión y rechazo o aprobación en su caso, con la venia del presidente electo dejan en manos de las asambleas sindicales la potestad de sacudirse a la parasitaria dirigencia, atendiendo a una democracia sindical inexistente.

El garlito calderonista por ahora está funcionando. ¿Cómo va a librarse del jaque el Sr. Peña? Está por verse, aunque cabe señalar de antemano sin necesidad de ser clarividente, que las reformas propuestas con carácter preferente por Felipe Calderón no le serán funcionales a la administración pública federal entrante. Enrique Peña Nieto y su partido tendrán que echar mano de mucha imaginación para que éstas no operen en contrario en la búsqueda de legitimación de un muy cuestionado proceso de alternancia.

Hojas que se lleva el viento

Tuve en suerte escuchar el discurso de toma de posesión de Orlando Zapata Bello como gobernador Constitucional de Yucatán. No obstante ser considerado como activo del priísmo duro yucateco, su mensaje, así sea de dientes para afuera, sin estridencias fue firme pero conciliador aceptando con humildad y tolerancia el dialogo con todas las fuerzas vivas de la entidad. Destacando un realismo pie a tierra que ya quisiéramos los veracruzanos. Nada de triunfalismo sin sustento, reconociendo el peso de la pobreza como condicionante de la democracia y el crecimiento económico, poniendo énfasis en que las tareas por venir son tareas de todos, poniendo cada quien lo mejor de sí mismo por el bien común de Yucatán. Honestidad, austeridad y administración por resultados como norma de gobierno, fue la línea marcada a quienes serán sus más cercanos colaboradores por el sucesor de la frívola Ivonne Ortega. El mensaje de Zapata Bello fue bien recibido por la comunidad yucateca que no ve con malos ojos que el poder estatal y municipal, en el caso de Mérida, se compartan entre el PRI y el PAN, habida cuenta del bipartidismo dominante. Cd. Caucel, Yuc., octubre 2 de 2012

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