Skip navigation

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

-Fuera máscaras, no más tapados para Xalapa

En el terreno de la política militante e incluso en algunos sectores de la academia y en referencia al retorno del PRI al gobierno de la República, se habla de una restauración del viejo régimen; o bien, del regreso de un régimen caduco que no termina de morir frente a otro que no acaba de nacer, pero que intenta adecuarse a ls nuevas circunstancias de México lo mismo en su orden interno que en el contexto más amplio de su inserción en la aldea global, como una manera pragmática de sobrevivir negándose a su propia esencia histórica.

o que nos remite a serios problemas de ubicación política e ideológica entre hombres y mujeres comunes, lo mismo para entender el presente que a un escenario futuro preñado de incertidumbre. Recurriéndose entonces para salir del paso, a una fórmula simplista que coloca a las corrientes políticas de la derecha como continuadoras del modelo neoliberal de la actual etapa del capitalismo y, a las de la izquierda como opuestas a esta corriente histórica que pone al hombre en contra de lo humano.

En esta dicotomía las corrientes centristas quedan desdibujadas, sin aparente relevancia en el espectro político y al margen de una realidad plural en todos los órdenes de la vida nacional. Favoreciendo ello a un alto grado de polarización en la sociedad mexicana. Pareciendo entonces que todo es blanco y negro, sin medios tonos que ofrezcan un panorama claro de lo que es hoy la sociedad, clase política y gobernanza en México.

Se dice que el PRI arriba nuevamente a la presidencia de la República para afrontar un nuevo México, debiendo paliar con realidades nunca previstas en el momento en que se propicia la primera alternancia de los tiempos modernos. Y así es, un México demográfica, política, económica y socialmente diferente al existente cuando se cediera el poder político al PAN; el orden de cosas ha cambiado en el país -y en el sistema-mundo-, por ende, requiere de una nueva visión de Estado para gobernarle y proyectarle al futuro.

En que medida esto se entiende al interior del hoy nuevamente partido en el gobierno, y como lo contempla y acepta la sociedad en su conjunto sin dejar de considerar que regresamos a los tiempos del partido-gobierno y al autoritarismo hegemónico, es la gran incógnita.

Para un país en el que ante la opacidad informativa reinante las mayorías se basan en símbolos y señales para construir una limitada percepción de un quehacer político que no se entiende del todo, pero que en los hechos su ejercicio se siente, el gobierno que inicia Enrique Peña Nieto, con un discurso promisorio cuestionado por su ambicioso alcance y difícil concreción en un país dominado por la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la economía informal y el desempleo, no logra aún despejar tal incógnita en amplios sectores de la población.

Es demasiado temprano y los viejos vicios antidemocráticos, los viejos rostros y los de jóvenes éticamente envejecidos prematuramente, no desaparecen aún de la escena, dudándose en el imaginario popular tanto de la renovación del PRI como del arribo de una nueva visión de Estado para construir una también nueva manera de gobernar.

Para quien esto escribe, no hay señales que despejen la duda, antes al contrario, soy un convencido, primero, de que el PRI no cambiará por decreto en el corto plazo por más maquillaje que se le aplique y, segundo, quizá lo más importante, que con la continuidad del modelo económico y social dominante que instaurara el PRI como partido-gobierno hace ya más de tres décadas,  se pueda sustentar una visión de Estado diferente.

Con el mismo modelo y con el mismo PRI, no es viable, a mi juicio, un proceso de cambio que conduzca al país por nuevos y más amplios derroteros. Y aquí, haciendo un paréntesis, aceptando mi ignorancia en terrenos tan complejos, me permito preguntar a los estudiosos de la ciencia política si  12 años de la primera alternancia, fueron suficientes para alterar o modificar la superestructura ideológica, política, cultural y, porque no, incluso religiosa, construida por el viejo régimen en más de 70 años de un poder hegemónico alimentado inercialmente por el marco conceptual una Revolución Mexicana, traicionada e interrumpida como la califica el politólogo Adolfo Gilly.

México ha cambiado, sí, -creo que hay acuerdo en ello- pero, ¿ideológica, política y culturalmente, la primera alternancia con el PAN en el gobierno registra algún cambio sustantivo que modificara tal superestructura sistémica?  O los mexicanos seguimos atados al viejo molde mental y material que nos fuera impuesto desde las altas esferas del poder.

¿Qué es primero, el huevo o la gallina? ¿El hombre y su ambicioso y  pantagruélico proyecto,  o el sistema hegemónico dominante?

¿Es el partido o el hombre que gobierna lo que determina la conducción del país? O es un sistema económico, social y político por ahora inamovible, construido a lo largo de más de medio siglo por el PRI-gobierno en México,  el que determina el que y el como se conduce la vida nacional sin que nada ni nadie se le oponga.

Bajo esta óptica, primera y segunda alternancia a mi modesto entender no tienen nada que les diferencie entre sí. Independientemente del partido que gobierne estamos sujetos, cultural, ideológica y políticamente a lo que el sistema construido por el viejo régimen determine. Luego, en tal caso, a mi juicio no hay restauración sino simplemente continuidad de lo que nunca se fue.

El caduco régimen no está muriendo, está vivo y actúa en la cabeza de todos los mexicanos. Falta mucho, cuantitativa y cualitativamente para que se de el nacimiento de  un nuevo orden que modifique nuestra manera de ser, pensar y actuar en consecuencia, dejando de ser hechura  y semejanza del viejo sistema dominante.

Lo cual niega la posibilidad de que el nuevo PRI y el gobierno del Sr. Peña, o la partidocracia en su conjunto, puedan cambiar el actual estado de cosas sin negarse a sí mismos. Salvo claro está que se propusieran rayando en el absurdo, transformar el viejo sistema, para lo cual seis años no son suficientes, no hay los hombres y mujeres a la vista dispuestos a hacerlo,  ni la continuidad del modelo económico y social dominante es la mejor herramienta.

Dejo mis dudas a los expertos, estudiosos, y al pensamiento prospectivo de quienes saben sacarle raja a la historia.

Hojas que se lleva el viento

Chingones nuestros Senadores y diputados federales. En menos de una semana recibieron, leyeron, analizaron, modificaron, votaron y aprobaron en comisiones y en el pleno, La Ley de Ingresos 2013. En vísperas de recibir jugoso aguinaldo, la nutritiva sopa de zanahoria de Peña-Videgaray servida, única por cierto, resulta ser capaz de volver genio hasta al más lento, por no decir otra palabra que pudiera ser  políticamente ofensiva. Ahora toca cuadrar en Fast track la Ley de Egresos 2013, bajo la fórmula de que todo cabe en el jarrito sabiéndolo acomodar, como así lo establece la Ley de Herodes.

—o—

En el segundo encuentro con la Sra. Alcaldesa de nuestra ciudad capital para exponerle algunas ideas y propuestas que en Otero Ciudadano se han venido trabajando a lo largo de varios meses, Felipe Hakim le hizo una pregunta: ¿Hay coincidencias entre propósitos, objetivos y acciones del Ayuntamiento xalapeño, con lo que la ciudadanía quiere? La respuesta de Elizabeth Morales aunque a mi juicio fue un andarse por las ramas, no viene al caso. Lo relevante es la pregunta que se le formulara,  en tanto que toca un punto medular de la relación entre gobierno y gobernados en los tres órdenes de gobierno en sus diversas instancias. ¿Hasta donde y en que medida tal relación se sustenta en respuestas concretas de la administración pública a las necesidades reales y sentidas de la población? La respuesta se la dejo de tarea estimado (a) lector.

—o—

El rescate de Xalapa y su dignificación como capital de Veracruz, vale más que una elección. Para quien esto escribe, lo sano sería que todos aquellos ciudadanos que aspiran a la alcaldía, políticos o no, militantes o no de un partido político de los muchos que contienden en la entidad, dijeran fuera máscaras y, de cara a la ciudadanía, hacer pública su intención y lo que propondrían para sacar a la ciudad de su marasmo y encarrilarla por los caminos del crecimiento económico, desarrollo y bienestar de los xalapeños. Que se de abierta la participación ciudadana, bienvenido el debate madrugador. Basta de seguir aceptando sin chistar imposiciones en la designación de candidatos bajo el pretexto de que hay que respetar las reglas del juego. No más mirones de palo,  participemos, Xalapa lo merece y lo exige. Para cada xalapeño, nuestra casa, nuestra calle, nuestro barrio, es Xalapa. Vamos todos por el rescate y dignificación de nuestra ciudad capital, todo granito de arena es valioso, aportémoslo.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

https://pulsocritico.wordpress.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: