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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Como en los viejos tiempos. Parafernalia onerosa con cargo a recursos públicos, acarreo de miles de campesinos procedentes de diversas partes del país, el clásico lonche y el aplauso fácil acrítico y zalamero, fue el escenario propicio montado por el gobierno de Veracruz para que el Sr. Peña convocara a la nación a cambiarle el rostro al campo mexicano.

Sin mediar una obligada autocrítica de un gobierno priísta por el desmantelamiento del sector social de la economía agraria por gobiernos emanados del mismo partido político, y en un discurso que en nada reflejara sentido e intencionalidad de la Ley Agraria promulgada por el presidente Carranza en 1915, el actual mandatario ofreció lo que de antemano se sabe no podrá cumplir. El rescate del campo mexicano va más allá de buenas intenciones y simulada pose de agrarista modernizador. La tarea no es cualquier cosa que pueda inscribirse en políticas públicas productivistas y en afanes por alcanzar niveles competitivos  en el mercado. Antes que todo, la simbiosis entre el campo y quienes lo hacen producir es una forma de vida hoy en franco deterioro que no se puede restablecer de un plumazo con medidas tecnocráticas de planeación del territorio, sin antes recuperar el sentido humanista de la Reforma Agraria que concibiera el Constituyente del 17.

Modernizar el campo como objetivo para ponerlo al servicio del consumidor de las grandes ciudades, bajo el supuesto de que con ello el productor rural será el directamente beneficiado, es afirmación demagógica. Oferta de un gobierno priísta sin sustento a más que ajena a la realidad de un  México profundo que arrastra más de 50 millones de pobres, en su mayoría de origen campesino expulsados de su tierra por carencia de oportunidades resultado de políticas públicas neoliberales que, privilegiando los dictados del mercado generan miseria, desigualdad y recreación de prácticas de explotación de la mano de obra rural propias del subdesarrollo.

Si de algo se puede estar seguro, es que el presidente. Peña conmemoró en Veracruz un aniversario más de la promulgación de la Ley Agraria de espaldas al campesinado nacional, sepultando  en definitiva el espíritu agrarista emanado de la Revolución Mexicana que usufructuara su partido por más de 70 años. Faltará ver si el obituario modernizador es compartido por la mayoría de un campesinado abandonado a su suerte.

Y a tono con la política agraria modernizadora del gobierno del Sr. Peña, la administración pública veracruzana por conducto de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca (Sedarpa), reducirá el número de proyectos productivos y apoyara en el presente año los más rentables para tener más impacto y un mejor efecto en la entidad. El titular de la dependencia, Manuel Emilio Martínez de Leo, justificó lo anterior señalando que  “…lo importante es tener más resultados y más involucramiento de los productores”.

De acuerdo con el criterio oficializado de la Sedarpa, la atención al campo será focalizada, con énfasis en incrementos de productividad y competitividad y orientada a los productores con mayor disponibilidad de tierra, recursos humanos, técnicos y financieros, ya que son estos los que mayores posibilidades ofrecen tanto de involucramiento como de resultados, entendiéndose el “involucramiento” como capacidad de gestión y administración de los proyectos productivos a su cargo.

Siendo obvio que los pequeños productores vinculados a actividades agropecuarias y pesqueras consideradas como de bajo impacto económico-productivo, no gozarán de los beneficios de apoyos gubernamentales, salvo los establecidos en los programas asistencialistas. Lo cual es lógico ya que de acuerdo al criterio asumido, están muy lejos de cubrir el requisito de productividad, rentabilidad y competividad exigible para participar con éxito en el mercado.   En igualdad de circunstancias quedarán decenas de miles de productores que no han salvado la barrera de la producción de autoconsumo, incluidos los pueblos indígenas. Para ellos, los programas de asistencia social que trocan limosna y clientelismo electoral por dignidad.

Pero no para ahí la cosa. No puede dejar de pensarse que las políticas públicas de apoyo al campo seguirán teñidas de corrupción: proyectos productivos para los cuates o prestanombres asociados. Práctica común que reduce aún más el padrón de beneficiarios de las políticas públicas de impulso a la producción agropecuaria y pesquera, a la par que incrementa desigualdad y pobreza en el medio rural. Todo en nombre de una presunta modernización del campo veracruzano tras la que se oculta el desvío de recursos para financiar tareas electorales.

Hojas que se lleva el viento

El pacto por México se materializa en Veracruz con el contubernio entre el priísmo y la espuria dirigencia perredista en la entidad. “El pacto de Perote” promovido por el senador José Yunes Zorrilla, salta a la vista como instrumento electoral en contra de las aspiraciones de un panismo dividido pero eficaz. Con la llamada izquierda maiceada muy al estilo de Fidel Herrera Beltrán, una posible alianza electoral entre el PAN y el PRD, con vías a la elección de alcaldes y diputados locales, quedará como caricatura de lo que pudo haber sido y no fue. Cd. Caucel Yuc., a 6 de enero de 2013

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