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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el pedestre juego de intereses y pasiones electorales, la crítica se radicaliza. Habiéndosele concedido el beneficio de la duda, a casi tres años y medio este se ha perdido; el Sr. Dr. Javier Duarte y su administración es hoy el blanco.

La abrupta irrupción en los terrenos de la normalidad democrática de un ex gobernador que nunca se fue, destapó la Caja de Pandora; poniéndose al descubierto limitaciones, ineficiencias, corrupción e impunidad de un gobierno que ni es lo que se esperaba ni da para más. Es el tema ahora recurrente, lo mismo en un sector de los medios de comunicación y  redes sociales,  que en tertulias y corrillos palaciegos.

Ya se veía venir. Un proceso electoral que por principio iniciara desaseado, apuntaba al bacinicazo, el rumor y las patadas bajo la mesa, sin distingo de color o insignia partidista. El fuego amigo y la publicación pagada bajo el agua no es la excepción.

Los esfuerzos desde la Coordinación de Comunicación social de quien se conoce con sorna como la “vicegobernadora”, por contrarrestar una andanada que se profundiza y crece, son infructuosos. El chocholeo pagado es insuficiente para ocultar lo obvio que recogen las voces críticas.

Nadie es monedita de oro y esta, tiene dos caras, reflejándose en una abierta polarización en la confrontación de fuerzas políticas e intereses, personales y de grupo. Nadie quiere dar su brazo a torcer, lo que por muchos se considera una pésima actuación del gobernador y sus empleados, lo mismo en la administración que en el partido que le da cobijo, tiene para bien o para mal suficiente tela de donde cortar.

Entre lo deseable y lo posible siempre existe una prudente distancia. ¿Qué tanto? La que se percibe en el imaginario colectivo. Percepción es política, y esta arroja números rojos para la actual administración pública estatal y sus correlativas edilicias.

El Dr. Javier Duarte pudo haber sido mejor gobernador si, de entrada, hubiese comprendido a fondo aquella vieja máxima que reza que el poder no se comparte. El no haber cortado a tiempo el cordón umbilical que le vincula a su padrino, mentor y amigo, lo perdió. Hoy paga las consecuencias, Fidel Herrera se montó en el gobierno duartista como estratega electoral y como factor de poder real, en tales términos corre de bote en bote el rumor sobre una percepción que retroalimenta a un imaginario popular que a falta de transparencia y rendición de cuentas en la administración, ve en el gobierno el origen de todos los males.

Paradójicamente, a mayor uniformidad y abundancia con la que machaconamente se divulga lo que hace, piensa o deja de hacer el gobernador, mayor es el malestar que genera en amplios sectores de la opinión pública que, a las portadas y primeras planas de la prensa han dado en llamar “tablero de anuncios de ocasión”.

En su oportunidad, desde hace más de un año, se señaló en esta columna. La estrategia comunicacional del gobierno que encabeza el Dr. Duarte, sirve para dos cosas: para nada y para engrosar el bolsillo” de un selecto grupo de dueños de medios informativos y texto servidores acurrucados a la sombra de la Sra.  Gina Domínguez. El exceso de imagen, el chocholeo desmedido, la lambisconería a ultranza no construyen positiva opinión, irritan y operan en contra de los buenos propósitos gubernamentales.

Tanto se abusó en el pasado reciente del color rojo y la demagogia, como hoy de las medias verdades y medias mentiras, del discurso y letra de molde del estado prospero y del “adelante” para todo, que el slogan electoral del bloque partidista que encabeza el PRI de antemano ha perdido encanto, aceptación e impacto. Si hay que ir para adelante, que no sea con el PRI, propala la oposición en abierta referencia al programa insignia del duartismo y bandera proselitista de la alianza electoral  gobiernista.

Como suele suceder, todo mundo calla, todo mundo cuchichea en voz baja. Nadie se atreve a pagar el precio de hablar en voz alta, salvo en el medio de un proceso electoral en el que todo lo que se dice se inscribe en el marco del libre juego democrático partidista. El propio gobernador se refiere a la crítica como parte del folklore electoral, sin sopesar sustento y argumentación que esta conlleva, mientras se deja envolver y llevar por el elogio cortesano que se paga con recursos públicos.

Sin embargo, en las actuales circunstancias que viven políticamente el país y la entidad, el recurrir a la salida fácil del discurso triunfalista sin atender con eficacia aquello que el rumor popular cuestiona, tiene un costo político sobre el que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa debería preguntarse: ¿valdrá la pena?.- Xalapa, Ver., marzo 24 de 2013

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