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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“El clima de cuestionamiento que rodea a los partidos indica la distancia entre lo que la oferta partidaria ofrece y las exigencias de sectores importantes de la ciudadanía.” Juan Carlos Torre

¿El presidente Peña sigue al partido político que le postulara para la presidencia de la República, o el PRI sigue a Peña Nieto?

Creo que la respuesta es obvia. El PRI va a la zaga de la agenda programática, estrategias e iniciativas del  titular del ejecutivo federal sin posibilidad alguna, por ahora, de marchar al mismo ritmo e intensidad del Sr. Peña y su equipo cercano de colaboradores. El gobierno marca el paso y su partido trata de responderle con no muy buenos y eficaces resultados.

Tal percepción confirma la profundidad de la crisis del sistema de partidos políticos que agrupa una partidocracia cuya cúpula está divorciada de sus bases. El presidente al parecer así lo ha entendido y, anticipándose, impuso la modalidad de pacto por México a los tres principales partidos políticos que operan en el Congreso de la Unión.

La crisis partidista no es solo de credibilidad. Puede observarse, sin temor a equivocarse, que también es orgánica y de racionalidad instrumental. Tres lustros de inmovilidad en los procesos de alternancia y transición democrática, desarmaron fines y razón de ser del sistema de partidos en México. El desencuentro entre este y el grueso de la población es evidente, como evidente es que el presidente Peña marcha solo, muy por delante y a todo vapor sin que, necesariamente, ello quiera decir que el camino que traza sea el más  eficaz para alcanzar los objetivos que se propone.

El PRI ajusta sus estatutos a las necesidades de las iniciativas del Sr. peña, e incluso habla de un proceso de modernización y adecuación de su estructura para estar en condiciones de proporcionar la base social de apoyo que requiere la ejecución de estrategias y programas de la presidencia de la República. La cúpula partidista, anquilosada y con ambos pies en el pasado, es insuficiente, incluso para restaurar unidad y consenso en sus propias estructuras.

La oposición representada en el pacto por el PAN y el PRD, desprevenida y sin salir aún de la sorpresa por la derrota electoral en la elección presidencial, ayuna de capacidad de respuesta, sólo le queda seguir la corriente desde la cúpula, aún a costa de alejarse cada vez más de sus bases e incluso rebasada por éstas.

La morralla de nuevo cuño, no cuenta. Cuantitativa y cualitativamente sin peso específico en el conjunto, a los partidos minoritarios sólo les queda nadar de a muertito, sin hacer más olas que las que les son permitidas y cuidándose de no perder registro y prerrogativas.

En este escenario de crisis del sistema de partidos en México, sin olvidar que la elección presidencial se fue a tercios, constituye un reto mayor para la actual administración pública, en sus tres órdenes de gobierno primero, frenar corrupción e inercia y, segundo, adecuarse al ritmo e intensidad de las zancadas de un presidente que le apuesta a su peculiar cosmovisión de modernidad.

Sin cumplimentar ambos retos, difícilmente se dará el encuentro deseado entre autoridad y la llamada sociedad civil como para aterrizar con eficacia el puñado de ajustes y reformas, presuntamente estructurales, que propone el presidente Peña. El rebase que ya se observa en materia de seguridad pública, así como el proceso en  crescendo de la resistencia social y movilización contestataria en el seno de la sociedad, da cuenta de ello, sin que los partidos políticos muestren condiciones para canalizarlos y controlarlos. La banda trasmisora que vincula y retroalimenta sociedad, partidos y gobierno está trabada y desgastada.

A ello cabe agregar el distanciamiento entre una macroeconomía sólida y eficaz pero condicionada a los vaivenes del mercado en la aldea global, y una microeconomía en franco deterioro que, reflejándose en el bolsillo de la familia mexicana, se agudiza ante la ausencia de políticas públicas de redistribución del ingreso, exacerbándose el clima de desigualdad y descontento social que los partidos políticos ni ven ni escuchan, inmersos como están en el jaloneo político-electoral.

El diálogo entre partidos políticos y la sociedad que les cobija, está roto o suspendido.

Por lo pronto, lo que está a la vista es que las elecciones en 14 entidades federativas acusan y reflejan la crisis partidaria, apostándosele a coaliciones copulares de espaldas a la militancia. El déficit democrático al interior de todos los partidos políticos se amplía, imposición,  autoritarismo y la inercia de añejas prácticas, incluyendo el palomeo de las listas por los gobernadores y la compra venta de candidaturas se impone y la reacción de la ciudadanía es de rechazo.

Con este sistema de representación partidaria en crisis, Peña Nieto habla de unidad y consenso político como condición para dar el salto a la modernidad. Propósito utópico que no se substituye con pactos copulares para un país dominado por el hartazgo, en el que la sociedad exige nuevos aires, nuevos rostros y una nueva manera de entender y ejercer la política.

Hojas que se lleva el viento

Más vale tarde que nunca. El gobernador instaló el gabinete económico de su administración. Si en el evento se expresó con verdad, hoy Veracruz está mucho mejor que como lo recibiera de Fidel Herrera. Sólo le faltó explicar como es que con un alto crecimiento económico en la entidad no se resuelve el problema de la economía informal, bajos salarios, y deterioro de la calidad de vida de la mayoría de los veracruzanos.

-ooo-

Por fin pudo más la realidad que la simulación en Veracruz. El clima heredado del gobierno de Fidel Herrera Beltrán de corrupción, opacidad e ineficiencia en el sector salud, se empieza a ventilar. Nemi Dib, secretario de salud en la entidad anunció que se pondrán las cartas sobre la mesa en materia de administración y finanzas en los 59 hospitales y sobre el tema de los contratos de suministro de medicamentos, así como los signados desde el sexenio anterior con la empresa de servicios múltiples FINAMED, tras más de dos años de denuncias ciudadanas sobre el particular. Esperemos que se actúe hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, pues ya basta de medrar a costa de la salud de los veracruzanos. La pregunta obligada es si las medidas anunciadas incluyen el barrer para atrás. – Xalapa, Ver., abril 3 de 2013

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