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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En casa del herrero, azadón de palo: Conseja popular

 Enfático, el presidente Peña no quita el dedo del renglón: Su gobierno no permitirá el uso electoral de los programas sociales. Buenas intenciones derivadas del “affaire Veracruz” pero que difícilmente convencen al respetable. No porque se dude de la palabra presidencial, el Sr. Peña merece credibilidad toda vez que ha iniciado su mandato a todo vapor y con claras intenciones de sacudir al país de su modorra y estancamiento, a su modo y real entender pero al fin agitando enérgicamente lo que se podría considerar voluntad de cambio.

Y asevero que no convencen sus buenas intenciones no porque no sean tales, sino por el hecho objetivo de que se enfrenta a un movimiento inercial de resistencia anclado en una clase política en el que la costumbre es ley.  Nadie cree a estas alturas del mandato del Sr. Peña que sus declaraciones, por muy enfáticas que sean, podrán modificar  de la noche a la mañana un statu quo regido por usos y costumbres en una clase política insensible, parasitaria y proclive a la corrupción, simulación y engaño.

En la Convención Nacional Bancaria el Sr. Peña lo reconoció: Toda reforma genera resistencias en una sociedad plural.

Las elecciones se ganan con dinero, el origen de este es irrelevante, así sea desviando recursos públicos destinados a fines trascendentes, como el aliviar desde el Estado desigualdad, pobreza y hambre entre los mexicanos con mayores índices de exclusión y abandono. Lo saben y es práctica común lo mismo en los partidos políticos que en aquellos servidores públicos de los tres órdenes de gobierno que patrimonialmente disponen de programas y recursos, y a ello inercialmente se atienen.

Hoy y siempre, con mayor o menor descaro, el fenómeno se da con incidencia exponencial en épocas electorales. Con dinero se compran lo mismo conciencias que votos, lo sabe el Sr. Peña y ahora se encuentra en la tesitura de combatirlo con apego al estado de derecho, como si la ley fuera vacuna contra un mal endémico profundamente arraigado en la cultura política de los mexicanos. Corrupción e impunidad es el corolario.

Ejemplo de ello: Peña Nieto enfatiza lo que para su gobierno es prioridad en materia de uso transparente y eficaz de los recursos públicos destinados a los programas sociales y, en Veracruz, el gobernador nos dice: Manzur no se va, seguirá al frente de la secretaría de finanzas y planeación porque nada debe. No obstante haber sido ampliamente señalado como protagonista de un presunto delito electoral que involucra desvío de recursos públicos con fines proselitistas.

Sea responsable o no de lo que se le imputa, el Sr. secretario de finanzas, por salud política, debería habérsele separado del cargo en iguales términos que los aplicados por la Sra. Rosario Robles al delegado de la Sedeso en Veracruz, esto en tanto se concluye la investigación por la demanda interpuesta por la dirigencia nacional del PAN.

El ratificarlo sin más en el cargo elogiando sus falsas virtudes, es ratificar la política del avestruz. Es grilla, aquí no pasa nada, Veracruz marcha por un sólido camino tras el vellocino de oro que nos espera al otro lado del arco iris.

Que mejor ejemplo de inercia impune, oponiendo usos y costumbres a la decisión presidencial de limpiar la casa. A ello se enfrenta el presidente Peña y en ese camino habrán de transitar sus buenos deseos.

Hojas que se lleva el viento

En la política veracruzana todo se vale, no importa si se toma a la casa por zahúrda, el gobernador lo avala. Como avalado ha sido el amañado proceso interno de selección de candidatos del PRI, PVEM y Nueva Alianza por el dirigente nacional del tricolor Cesar Camacho, sin importar en lo más mínimo lo que la ciudadanía piense, que al fin y al cabo sólo es mirón de palo acostumbrado a recibir trato de menor de edad e indigente moral. Una ofensa más a la inteligencia de los veracruzanos que no ven, no escuchan, no se inmutan ante las tropelías de los “ladrones de elecciones” que, impunes, anuncian el triunfo del PRI en el ejercicio comicial de julio próximo.

Y en medio del cochinero, el libérrimo ejercicio del derecho a la libre expresión o libertinaje que priva en Veracruz (lo que hace o deja de hacer Gina Domínguez o la autocensura en la prensa es pecata minuta $$$), se deja sentir con expresiones “críticas e independientes” que rayan en el absurdo, como: “los asesinatos de periodistas en Veracruz son crímenes de Estado”. Así están las cosas en una entidad federativa en el que sobra simulación y falta un buen gobierno.- Cd. Caucel, Yuc., abril 30 de 2013.

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