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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Eduardo de la Torre Jaramillo en su artículo semanal propone “salir de la emergencia electoral en Veracruz”. Buen intento aunque incompleto, ya que para una mayor comprensión de lo que propone, tendría que establecer con toda claridad cual es la emergencia a la que se refiere, su origen y naturaleza y quienes son los actores protagónicos de la anormalidad democrática a que se refiere, entre los que por cierto, no son los electores. No obstante,  cifra esperanzas en el llamado pacto por México y en un marco jurídico al cual deberían de sujetarse los partidos políticos en el futuro, así como en un proceso discriminatorio de eliminación de la militancia partidista a los beneficiarios de los programas sociales  de combate a la pobreza.

Independientemente de la valoración de su cuestionable argumentación, queda claro que nos remite a la descomposición del régimen político prevaleciente  y a un sistema de partidos políticos que, en los maquinazos de quien esto escribe, se juzgan obsoletos, inoperantes y rebasados por una realidad social cuya dinámica va por delante de una clase política parasitaria y sin compromiso real con los destinos de la Nación.

Ya señalábamos en artículo anterior que la crisis del régimen y del sistema de partidos ha tocado fondo, manifestándose con mayor crudeza en Veracruz -por ahora el eslabón más débil del sistema-, una entidad federativa en la que la democracia representativa es mera ilusión. Lo que se constata al observarse que los partidos con registro nacional, están sometidos a las ocurrencias antidemocráticas de un gobernador que, en su inconciencia y desapego a la realidad, se ha propuesto imponer electoralmente un pensamiento único, el suyo.

Lamentable, pero así es. Para el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa la oposición electoral no tiene razón de existir en una entidad federativa en la que sólo hay lugar para el PRI, su PRI con todas las deformaciones políticas y sociales que ello implica. Aplicándose a fondo lo mismo para evitar una alianza entre el PAN y el PRD que para cooptar dirigencias y militancia opositora ó desatar toda una campaña de guerra sucia en contra del más conspicuo de sus opositores, el neopanista y controvertido ex candidato a la gubernatura de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares.

“Tengo la conciencia tranquila”, ha expresado públicamente el gobernador, en referencia al presunto desvío de recursos públicos destinados al combate a la pobreza, denunciado en los medios y ante la PGR por la dirigencia nacional panista. Expresión que no venía al caso si ya se tenía previsto el cese del Sr. secretario de finanzas, pero que vale la pena retomar puesto que no se puede tener la conciencia tranquila, salvo por inconciencia, cuando por comisión u omisión el gobernador es responsable de la conducción político electoral en el estado.

Es del dominio público que en Veracruz la atención al hambre y la pobreza pasa transversalmente por una comprobada intencionalidad electoral a favor del priísmo veracruzano. Negarlo es pretender tapar el sol con un dedo. Como también lo es el atribuir al PAN los mismos vicios de que se acusa al PRI en referencia a la campaña electoral del 2012, cuando precisamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en su carácter de primera autoridad en el estado, lo permitió para no bronquearse con el presidente Felipe Calderón.

Es difícil aceptar que existe la más mínima posibilidad de salir de lo que Eduardo,  siendo juez y parte califica como “emergencia electoral en Veracruz”. El mal está hecho; el desbarajuste es completo, el marco legal de sujeción de los partidos políticos a que se refiere, está en veremos y el proceso electoral que desembocará en los comicios del 7 de julio próximo es, por donde se le vea, un auténtico cochinero y así serán los resultados.

La única salida, a mi juicio, no de una emergencia electoral coyuntural sino de la descomposición persistente de la vida política y social en la entidad, es la participación y movilización de una ciudadanía que, asqueada de la política jarocha, de los partidos políticos y actores protagónicos, imprima por su cuenta un nuevo rumbo a los procesos electorales, reencausando el quehacer político desde la base misma de la sociedad rechazando lo mismo corrupción que guerra sucia y candidatos espurios para recuperar dignidad perdida. Empezando por exigir que el gobernador se conecte con la nueva realidad del país y de Veracruz, siendo imparcial en la contienda, sacando las manos  del manejo mediático de las bacinicas. El voto de castigo es una opción, la otra, nada aconsejable, es evadir la responsabilidad que a cada quien toca inclinándose por la abstención.- La ciudadanía tiene la palabra.- Cd. Caucel, Yuc., mayo 5 de 2013

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