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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre otras muchas lecciones que deja la elección del domingo siete en Veracruz, destaca la proclividad a la división al interior de los partidos mayoritarios en la entidad. El PAN pudo haber ganado holgadamente de no ser por los pleitos internos que a lo largo de precampañas y campañas confrontaran a los seguidores de Miguel Ángel Yunes Linares con el panismo rojo cooptado por el gobierno estatal. Y ni que decir  de la alianza fallida con el PRD.

Por cuanto a este último instituto político, profundizó su fosa mortuoria ya de sí cavada por el canibalismo tribal,  permitiendo que fuerzas externas compraran dirigencias y cooptaran militancias. El capital político acumulado a lo largo de la campaña presidencial del 2012, lo tiraron por la borda.

Hasta donde se sabe, los pocos resultados que obtuviera en la elección de autoridades edilicias, fue un raquítico triunfo pírrico, ya que la militancia voto a favor de candidatos en su mayoría identificados como seguidores de Andrés s Manuel López Obrador o priístas resentidos, y no por el partido que les postulara.

Por su parte, el diputado federal Uriel Flores Aguayo, con su capital político nada despreciable, promovió y canalizó el voto duro histórico de su partido a favor de los candidatos de Movimiento Ciudadano.

Tanto en el PAN como al PRD, el común denominador fue la traición y el cambio de camisetas que trabajó en contra del posible triunfo de estos institutos en la contienda.

El PRI no estuvo a salvo de esta tesitura. Candidatos perdedores fueron víctimas tanto del fuego amigo como de concertaciones en lo oscurito por parte de la dirigencia estatal, siendo paradigmática la derrota en Córdoba y Boca del Río, en donde pusiera toda la carne en el asador el propio gobernador Duarte de Ochoa.

La guerra de lodo que protagonizara en el marco del pleito personal entre Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes, le fue contraproducente al PRI. Tanto atacó por medios legales y extralegales al oriundo de Soledad  del Doblado y sus vástagos, que el tiro le salió por la culata. Diversos medios informativos contribuyeron con medias verdades y medias mentiras  a engrandecer la figura del choleño y su familia como enemigos de Veracruz, hasta colmar la paciencia del electorado.

Lo verdaderamente absurdo por parte del PRI fue dejar como presidente del CDE del partido en Veracruz al mismo que propiciara la derrota de Peña Nieto en la entidad. Lo cual generó inconformidades y actitudes de franco sabotaje al interior del partido.

Sin embargo, como ya estaba previsto, ganó la elección y eso es motivo suficiente para echar las campanas al vuelo y darse por bien servido. La legitimidad no figura en su diccionario. Está, según lo afirma Gamboa Patrón, para ganar elecciones y nada más.

En suma,  la clase política veracruzana, en sus diversas expresiones partidistas, bacinica en ristre, lodo a discreción, se traicionó a sí misma y, de paso, traicionó a los electores que, de buena fe, en esta confiaran.

La prensa local ha dado cuenta puntual de este desbarajuste coyuntural partidista y sus resultados en la elección. Por lo que toca a quien esto escribe,  lo acontecido al interior de cada partido contendiente, incluida la morralla satélite, la elección del día siete confirma la percepción de una crisis cuasi terminal del régimen político y su sistema de partidos. Todo el conjunto perdió la brújula ideológica y programática, así como la noción de lo que es un partido político de masas en el seno de la sociedad. Y esto va también en referencia al ámbito nacional en el que también se cuecen habas.

El abstencionismo que invirtiera la proporción deseada en toda democracia que se precie de tal, es apenas un pálido reflejo del divorcio entre partidos y ciudadanía, así como del rechazo de esta última al clima de grosero pragmatismo, corrupción, impunidad y limitada eficacia de régimen político caduco que, a su vez, propicia desconfianza y ausencia de credibilidad en las instituciones republicanas.

Reforma del Estado y participación ciudadana

Si la clase política contara con el mínimo de sensibilidad y visión de futuro, la elección en 14 entidades federativas y sus resultados, debe tomarla como señal de alerta para adecuarse a la nueva realidad del México de hoy y a las expectativas futuras Una reforma del Estado a fondo sobre la base de un nuevo pacto social  y un esfuerzo de transparencia, eficiencia y eficacia en la conducción del país, ya no solamente es necesaria sino urgente e imprescindible para reencauzar rumbo y marcha de una sociedad  dividida, polarizada  y confrontada.

Por cuanto a Veracruz, lo acontecido en 7 de julio se sale de toda consideración racional ya que fue el acabose, un pedestre retorno a lo que nunca se fue, teniendo como responsable a un gobernador que perdiendo el piso optó por dejar hacer, dejar pasar, bajo el supuesto de que, ganando su partido mayoría en el congreso, todo será miel sobre hojuelas en los tres años que le restan de mandato.

Las cosas ya no pueden seguir igual, o se da un vuelco en el proyecto de país, generando un cambio positivo a favor de la soberanía nacional y de los sectores más marginados de la sociedad, o parafraseando al extinto Alfredo Bonfil, este país se incendia, ó se apacigua por la vía del autoritarismo y la represión. Dando paso a la involución en el proceso de construcción de ciudadanía y democracia.

Nadie desea esto último. Corresponde a la clase política en su conjunto el cambiar por sí y para sí, abriéndose a los ciudadanos antes que el horno les reviente entre las manos. Y, a la ciudadanía, el hacerse ver y escuchar, canalizando descontento, frustración y rechazo a formas superiores de organización y participación conciente y responsable.

El abstencionismo electoral es un mecanismo de autodefensa frente al poder instituido, también de canalización de una energía reprimida que si bien es una señal válida del hartazgo social, no contribuye a derribar muros,  reconstruir y construir la sociedad que queremos. Instrumentemos el cambio desde abajo, elevando cultura política y democratizando la participación política, tendiendo aquellos puentes que hoy día la clase política no quiere, no puede o no sabe como,  para un respetuoso, eficaz y constructivo encuentro entre ciudadanía y poder público.

Alguien debe dar el primer paso. Si la clase política está imposibilitada por sus intereses poco claros, personales o de grupo, la llamada sociedad civil organizada debe tomar la iniciativa.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz el colapsado sector salud va de mal en peor. Tras suspender el contrato de equipamiento y prestación de servicios en los hospitales veracruzanos por leonino, ineficiente y fraudulento, el titular del ramo en el estado ahora va por más de lo mismo pero en mayor cantidad, como lo anunciara en días pasados;  reconociendo con ello que el sistema hospitalario a cargo de la administración pública estatal ni está a la vanguardia como afirmara el gobernador, ni cuenta con el equipamiento mínimo necesario para satisfacer la demanda creciente de una población al margen de la seguridad social. Hay dinero para comprar conciencias, no lo hay para hacer valer el derecho a la salud de los veracruzanos.

-ooo-

La elección del domingo 7 ya es historia, démosle vuelta a la hoja. Chueco o derecho los xalapeños tendremos un alcalde que no convence, pero eso es lo que hay y tendremos que bailar cuatro años más  con la más fea del fandango. Américo Zúñiga motivado por el triunfo pírrico e ilegítimo que alcanzara en las urnas, declaró olímpicamente que hará de Xalapa la mejor ciudad del sureste sin tener ni la menor idea del alcance de su aseveración, pero en fin, si ese es su utópico propósito ahora lo que corresponde es tomarle la palabra y exigirle que cumpla cuando menos para salir del bache en que Elizabeth Morales deja a nuestra ciudad capital.

Exigir implica participación responsable sin esperar a que la comuna se haga cargo. Desde ya hay que tomar la iniciativa poniendo a trabajar a los jefes de manzana, empezando por nuestra calle, el barrio, la colonia, sumando granitos de arena para hacer de Xalapa un lugar digno para vivir. No hay que dar pie a que la autoridad nos salga otra vez con que a Chuchita la bolsearon diciendo que la culpa es de todos diluyendo su responsabilidad.

Por cuanto al diputado electo por Xalapa Urbano, a  Don Ricardo Ahued le llegó la hora de demostrar que es más un ciudadano preocupado que un priísta ocupado. Ya veremos si en la próxima Legislatura local puede salir avante enfrentando inercia, corrupción, e ingerencia nociva del ejecutivo.

Xalapa, Ver., julio 14 de 2013.

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