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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El debate en torno a la intención de los poderes fácticos de privatizar lo que queda de la industria petrolera nacional, está ya en la calle. A cual más opina a favor o en contra de la entrega de la renta petrolera a la iniciativa privada doméstica y externa, en tanto que la prensa toma partido inclinándose a favor del viento, sin dejar de reconocer que de acuerdo a encuestas, el 70% de los mexicanos se opone a la iniciativa del presidente Peña.

A escasas semanas de que por conducto del llamado “Pacto por México” se presente al Congreso de la Unión la iniciativa peñista de reforma energética, los partidos políticos que participan en el acuerdo cupular ya anticipan su postura al respecto, sin importarles en lo más mínimo lo que la sociedad entienda, acepte o rechace lo que para el país representa la “modernización” de PEMEX. Correspondiéndole al PRD de acuerdo al libreto acordado, el ofrecer una tibia oposición a los términos de la iniciativa y, como era de esperarse, al PRI y al PAN el defenderle a ultranza.

Siendo las bancadas del PRI y PAN tanto en el congreso de la Unión como en las Legislaturas estatales, las que por simple mayoriteo, dirán la última palabra ante lo que ya se estima de antemano como aprobación de las reformas constitucionales que abran la puerta a la participación privada en la industria energética nacional.

Sin que ello evite que el PAN, haciendo uso del chantaje, condicione su aprobación a una reforma político electoral que le de mayores elementos de competividad en el rejuego electoral nacional frente al PRI, por ahora dueño de las canicas.

En este escenario, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el liderazgo indiscutible de Andrés Manuel López Obrador, tras su silencio en el recién concluido proceso electoral en 14 entidades federativas, se asume como la voz autorizada de la izquierda, llamando a oponerse a la entrega de la renta nacional petrolera a particulares.

“El petróleo no se vende, se defiende”, bajo este lema Morena haciéndose eco del sentir de ese 70% que se opone a la privatización, se constituye de hecho en la única fuerza política, mayoritaria por cierto, que sin estar representada en el pacto cupular peñista, podría dar al traste con este nuevo intento de entregar la industria energética nacional al capital privado.

Razón esta última que amplios sectores de la sociedad mexicana contemplan con no poco optimismo. Reconociendo en López Obrador el liderazgo -que sus adversarios niegan o minimizan-, capaz de aglutinar y hacer pesar la voluntad popular en la defensa de la soberanía nacional.

“En el 2006 y el 2012, voté en contra de López Obrador, hoy estoy plenamente de acuerdo con su postura frente a la reforma energética”, me dice un profesionista militante del PRI. Y, como este, son muchos los mexicanos que, al margen del color de la camiseta y de las lides electorales, están dispuestos a movilizarse en defensa del petróleo en manos nacionales.

Peña Nieto no desconoce el peso específico de esta fuerza política que se le opone. Razón de más para pretender acelerar el proceso de presentación, discusión y, en su caso, aprobación de las reformas energética y hacendaria, anticipándosele unas semanas a López Obrador que convoca ya a una movilización nacional para el 8 de septiembre.

Qué tanto logre el presidente Peña con este golpe de mano anticipado, es lo que tiene en ascuas al pueblo de México, temeroso de que quien pegue primero pegará dos veces.

Si golpe dado ni Dios lo quita, como reza el refrán, habrá que ver cual es la respuesta por parte de la sociedad movilizada; puesto que el horno no está para bollos en el entorno social y económico. Bien podría revertírsele al Sr. Peña el mostrar por anticipado sus cartas en un juego en el que su pérdida de aceptación en la opinión pública,  también participa.

Tiempo al tiempo diría el clásico. Sin embargo, siendo tan cortos los plazos, no falta quien asegure que a diferencia de las reformas laboral y educativa, en esta ocasión poderes fácticos y Enrique Peña Nieto no se saldrán con la suya. “No pueden ni deben quitarle el pan de la boca al pueblo de México”, bajo esta bandera, con pacto o sin pacto, la derecha frente a las mayorías podría llevar las de perder si antes, en un oportuno golpe de timón, Peña Nieto no toma medidas para eliminar la corrupción enquistada en la Paraestatal. 

El desconocimiento y cárcel para Carlos Romero Deschamps, podría ser la carta a jugar por el Sr. Peña si quiere apuntalar su propuesta de “modernizar” a PEMEX.- Chelem Pto. Yuc., julio 31 de 2013

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