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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre los xalapeños en algo hay consenso y eso ya es decir mucho.  De gran envergadura la tarea de Américo  Zúñiga en su estreno como alcalde, ahora de cuatro años, es la opinión que cobra fuerza entre la población.

Y no es para menos ya que la tarea implica el recuperar confianza de la ciudadanía en sus autoridades municipales en el menor tiempo y al menor costo, limpiar la capital veracruzana de tantos acumulados en materia de honestidad, seguridad,  limpia pública, vialidad, e imagen urbana, entre otros  lastres que sobre sus espaldas pesada alforja deja su antecesora.

Un esfuerzo extraordinario requerirá el hacer de Xalapa una ciudad digna de su status político y de lo que sus habitantes exigen.

Es más lo que debe recuperarse que lo nuevo por hacer. Sin confianza, toda innovación resultará estéril. Sin credibilidad, todo esfuerzo por construir ciudadanía responsable será en vano. Sin honestidad y transparencia, Xalapa seguirá deslizándose en el tobogán del estancamiento y retroceso que tendencialmente el flamante nuevo alcalde heredará de Elizabeth Morales.

A mi juicio, el siguiente paso en el tiempo, es devolver a Xalapa su calidad de capital del estado, hoy ignorada; exigiendo con el respaldo de los xalapeños el que se le reconozca como tal otorgándole trato digno y los merecimientos presupuestales que de ello se derivan.

Lo demás, ya vendrá por añadidura en un esfuerzo compartido entre ciudadanía y ayuntamiento.

El que hacer y el cómo, deberá ser la torta bajo el brazo con la que Américo Zúñiga de sus primeros pasos al frente de su encargo. Sin una adecuada planeación sustentada con rigor en un diagnóstico preciso de la situación que actualmente guarda el municipio, la improvisación y los palos de ciego serán fracaso anunciado de su gestión. Ya no se trata de  campaña mediática con falsas promesas para cosechar votos, es el futuro de Xalapa lo que está en juego y a ello debe responder con inteligencia, voluntad política y compromiso con sus coterráneos.

El escuchar todas las voces, ponderando necesidades reales y sentidas de la población para actuar en consecuencia, es el camino. Ni soberbia para no ver lo que ocurre, ni oídos sordos a la demanda ciudadana, es lo que menos se espera del joven hoy aún alcalde electo.

Puertas abiertas e invitación a la participación responsable, siembra buena semilla y rinde frutos trascendentes. El treparse en el ladrillo cerrándose al sentir de los gobernados, todo lo contrario.

Ni tan tan ni muy muy, Entereza de carácter, visión  y ubicación política para mantener el sano equilibrio entre lo deseable y lo posible, entre lo que a la ciudad conviene y acatar la línea que irremediablemente deviene del de enfrente, trasmite seguridad y habla bien del que gobierna. Ese es el reto.

Sin lugar a dudas, dado el nefasto antecedente que le precede en la administración municipal, iniciará su mandato contando con el beneficio de la duda. Convencer y ganar credibilidad y confianza es condición previa para emprender nuevos y más ambiciosos emprendimientos. Pretender ganarle tiempo al tiempo anticipándose, sin antes levantar el cochinero que recibe, mala señal, corriendo el riesgo de  incurrir en la tan de moda tendencia a la simulación y triunfalismo sin sustento.

Tiempo al tiempo administrándolo con inteligencia, pues más vale paso que dure que trote que canse. La población que no es tonta como se cree, sabrá apreciar las primeras impresiones sobre un gobierno que inicia bajo muy negros augurios.

Nadie desea que le vaya mal a nuestra ciudad capital. Con tres años de pésima administración municipal ya ha sido suficiente. Así lo debe entender el joven Zúñiga ante inevitables señalamientos y críticas de una población a la que le gana tanto el hartazgo como la impaciencia. Y así debemos entenderlo también los xalapeños bien intencionados. Si le va bien al alcalde, Xalapa será favorecida con un despertar al crecimiento económico y bienestar de la gente, eso es lo que cuenta que lo demás son polvos de aquellos lodos, inevitables en la aldeana política jarocha.

La esperanza es lo último que se pierde. Esperemos que Américo Zúñiga esté a la altura del reto al que se enfrenta. Esperemos también que la población acepte y entienda en esta nueva coyuntura,  que en mucho de ella depende el que la administración pública municipal arribe a buen puerto. Es oportunidad para empezar a construir la ciudadanía responsable que la sociedad demanda.

Pongamos la basura en su lugar. Recordemos que la ciudad  empieza y termina en nuestro hogar.- Xalapa, Ver., noviembre 27 de 2013

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