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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El optimismo es inaudito cuando de engañar o engañarse se trata. Llama la atención el que las autoridades hacendarias afirmen que con las reformas presuntamente estructurales que impulsa el Sr. Peña Nieto -con la complicidad de la partidocracia-, México será otro país.

¿Qué país? Nadie atina a decirnos que nuevo país debemos esperar, salvo insistir con la aplanadora mediática que se obtendrá crecimiento económico, productividad, competitividad y, por ende, mejores condiciones de vida de los mexicanos. Letanía que la realidad desmiente día con día. México no crece, antes al contrario, el estancamiento es evidente, académicos y analistas del sector privado pronostican que en el 2014 aún estamos lejos de alcanzar una meta de crecimiento superior al 3.9 %.

Más que optimista el oráculo habla de pesimismo frente a una terca realidad que en el mundo globalizado condiciona a México a jugar con las reglas y recetas que imponen los organismos financieros internacionales.

Por si esto fuera poco, un indicador más, el del ahorro y el crédito en México, señala que el dinamismo en estos rubros está a cargo de la informalidad. Más de 18 millones de usuarios confían más en operaciones no reguladas que en las instituciones bancarias. Los mexicanos ya no confían ni en su sombra y esto incide en el desempeño económico.

Así que pese a la engañifa que propalan las autoridades hacendarias, tenemos el México que conocemos y para un buen rato uno distinto al que soñamos. Más si se toma en cuenta que la corrupción e impunidad, como expresión sub cultural de los mexicanos, lejos de atemperarse cobra fuerza manifestándose a niveles de escándalo tanto en la esfera privada como en el sector público, en tanto que la desigualdad y pobreza, con carta de naturalización en el país desde siempre, se agudiza.

¿A qué le tiramos? ¿Qué país deseamos heredarle a las nuevas generaciones y con cual sueñan estas como expectativa de futuro?

Interrogantes que se quedan en el tintero. Nadie está de acuerdo con el actual, pero tampoco nadie puntualiza explícitamente cual es el deseable para actuar en consecuencia y, peor aún, no hay visos de un cambio real a la vista; conformándonos con el gatopardismo de siempre que hace de la simulación y engaño pan de todos los días, dejando hacer, dejando pasar cambiando para seguir igual.

En esta tesitura se contempla a las dichosas reformas que no aterrizando o forzadas a aterrizar contra lo que la opinión pública considera pertinente, destaca el hecho de que el propio impulsor de éstas, el Sr. Peña, espantado por los resultados de su ejercicio de aprendiz de brujo, hoy da marcha atrás en la reforma del sector de comunicaciones, proponiendo una ley secundaria que se contrapone con la reforma constitucional aprobada a jalones y estirones por el Congreso de la Unión en el 2013; dejando las cosas como estaban o peor, beneficiando al duopolio televisivo, como lo asienta el panista Javier Corral en un artículo publicado en el Universal que no tiene desperdicio.

Y por si fuera poco, en el colmo del cinismo, sin aún aprobarse por el Congreso de la Unión la legislación secundaria en materia energética, Peña Nieto ya subasta dos tercios de las reservas de petróleo y gas; potencial de hidrocarburos equivalente a la producción que ha tenido el país en los pasados 110 años según lo revelara PEMEX el pasado viernes. Obsequiando, con ello a las petroleras transnacionales interesadas en participar en el tianguis petrolero, el patrimonio nacional más valioso de la paraestatal como es el acervo acumulado de la prospección de las reservas de petróleo en el país.

Esto último, sin consulta previa ignorando al propietario de tal acervo, el pueblo de México que se asume una vez más como mirón de palo frente al despojo.

“Más vale malo por conocido que bueno por conocer” reza la conseja popular y, sin embargo, con una gran apatía nos dejamos arrastrar por lo desconocido acatando sin más, reformas neoliberales aprobadas al vapor que se imponen por sobre lo que nuestra historia y ubicación geopolítica y geoeconómica recomiendan como lo más conveniente para México en el mundo globalizado.

Aceptémoslo, con reformas o sin reformas, el México de mañana es el de siempre en tanto el pueblo de México no decida otra cosa… Y para eso falta un largo trecho por recorrer.

pulsocritico@gmail.com

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