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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En su artículo semanal publicado en diversos medios, el diputado federal Uriel Flores Aguayo invita a ir más allá de eufemismos y llamar pan al pan y vino al vino, refiriéndose al estado de cosas que política, social y económicamente priva en México y específicamente en Veracruz y su capital.

Me llama la atención que nuestro buen amigo no guarde la necesaria congruencia entre el discurso y los hechos, negándose hasta el día de hoy a reconocer, aceptar y expresar a los cuatro vientos que a 25 años del nacimiento del PRD, este en el ocaso de su vida útil es más obstáculo que coadyuvante a la democratización de la vida política y social de la nación.

Si a lo largo de 25 años sobrevivió en la vida política de México, fue y ha sido porque así le ha convenido a un régimen decadente que, en su necesidad de legitimarse, ha requerido de una oposición de izquierda simulada. Conciliador, acomodaticio y entreguista el partido del sol azteca hoy contribuye al retroceso histórico, social y económico del país, marcado por las reformas peñistas presuntamente estructurales validadas en el llamado pacto por México.

Lo destacable es que su ocaso, ya más que servirle estorba a la estrategia del régimen peñista, favoreciendo con su fractura y ambiguo discurso nacionalista a la tendencia a un bipartidismo en México impulsada por los poderes fácticos.

Si algo hay que reconocerle en su contribución a la democratización del país a lo largo de sus 25 años de existencia, es que opuso débil resistencia a movilizaciones sociales que han venido pugnando y presionando a lo largo del tiempo por un cambio verdadero.

Lo hemos sostenido a lo largo de más de un lustro en nuestros maquinazos, el PRD tiempo ha está muerto e insepulto. Cadáver corrompido al que por generosas y humanitarias razones, será más temprano que tarde sepultado por lo que queda de su militancia, hoy emigrando a Morena. Si esto es verdad de Perogrullo a nivel nacional, Veracruz no es la excepción, en tanto que lo que queda de su fantasmagórica figura en la entidad está convenientemente al servicio de los intereses del gobierno estatal y del PRI; contribuyendo al clima de corrupción, desorden, improvisación e ineficacia administrativa de una administración pública fallida.

Al pan y al vino por su nombre, sin eufemismos ni generalidades. A Uriel Flores Aguayo, como diputado federal por el PRD, luchador social, reconocido organizador y gestor, así se lo exige congruencia, transparencia y talante democrático tanto en el discurso como en los hechos. El PRD está muerto y el gobierno estatal a cargo del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, transita por los cada vez más amplios caminos de la simulación y el engaño. Tocaría entonces al diputado federal opositor actuar en consecuencia agarrando al toro por los cuernos.

Hojas que se lleva el viento

Aún con las limitadas respuestas de Gerardo Buganza Salmerón -secretario de infraestructura y obras públicas en el gobierno duartista- a las tibias interrogantes de la diputación local sobre el tema del “tunel hundido” de Coatzacoalcos, éstas deberían ser suficientes para fincar responsabilidades penales no sólo a funcionarios menores y compañías constructoras inmiscuidas en el ajo, sino a los gobernadores veracruzanos que por comisión u omisión, permitieran a lo largo de once años se tejiera, destejiera y se volviera a tejer la maraña de corrupción en torno a una obra pública de primer orden mal diseñada y presupuestada, peor ejecutada y supervisada, inconclusa, con sobre costos inexplicables y desvío de recursos públicos, así como pago de estimaciones de avance sin sustento.

Muy cómodo resulta el afirmar que el puente se concluirá en el 2015 con nuevas erogaciones para tapar el pozo después del niño ahogado, dándose a entender que con borrón y cuenta nueva la irresponsabilidad de Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa quedará a salvo e impune. Y esto del puente apenas es la punta de iceberg, aún hay más que abierta la caja de pandora por la Auditoría Superior de la Federación no debería de sorprendernos que siga brotando podredumbre.

La pregunta obligada: ¿En que se basó el Congreso de Veracruz para aprobar las cuentas públicas de diez años atrás para acá?

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