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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Hemos insistido de manera equívoca en la percepción de un gatopardismo de nueva época en que se cambia para seguir igual. La verdad, si es que se puede hablar de lo que es o no es verdad, es  a mi juicio que no hay tal, la realidad real lo confirma. La sociedad a escala planetaria está cambiando bajo el impulso e interés específico del capitalismo salvaje globalizado,  ya no para seguir igual sino para ir de mal en peor.  

Estudiosos de la crisis sistémica por la que atraviesa el capitalismo, debatiendo en torno a las nuevas teorías económicas concluyen en que por lo pronto ésta no tiene salida. La acumulación y concentración de capital en pocas manos se encarga de hacer inviable el reparto equitativo de la riqueza generada por la sociedad en su conjunto, ampliándose la brecha de la desigualdad en medio de pobreza y exclusión. El sistema contra el propio sistema. 

¿Cómo salvar al capitalismo como sistema dominante? Es la pregunta de moda entre estadistas y renombrados gurús de la academia. No hay respuesta válida. Toda salida, resulta por demás utópica como ya se observa en la permanencia del estancamiento y recesión en los Estados Unidos de Norteamérica o en la Unión Europea. 

 La acumulación y concentración de capital ya no pasa por individuos, fortunas familiares,  o países, se da en poderosos conglomerados globales que se apropian de recursos naturales y trabajo asalariado a niveles nunca vistos, y que no responden a leyes u ordenamiento alguno del mercado, sino a una insaciable dinámica que como bola de nieve avanza vertiginosa atentando contra las bases mismas del sistema. 

Paradójicamente, entre más acumulación y concentración del capital, más se socavan los cimientos de la sociedad capitalista, señalan. Entre mayor desigualdad y pobreza el libre mercado toma carácter utópico. Las transacciones entre individuos libres se ven acotadas por una asimétrica relación entre individuos o países cada vez más pobres y conglomerados cada vez más ricos. Bajo estas condiciones el mercado deja de ser referente y ordenador por sí mismo de la economía mundial. 

Bajo estas condiciones las crisis recurrentes y cíclicas del sistema en cada país o en la sociedad mundial en su conjunto, toman el carácter de crisis global permanente, hidra de mil cabezas para la que la sociedad de nuestro tiempo no tiene respuesta en el mundo real.  

Y es en este escenario  en el que el crecimiento económico se estanca y retrocede, a la par que la tasa media de ganancia y concentración del capital globalizado se incrementa, que el México de Peña Nieto pretende salir avante con reformas que ni inciden en la problemática estructural histórica ni mucho menos contrarrestan la tendencia general del sistema global,  generador de desigualdad con pobreza extrema. 

Antes al contrario, como ya se puede observar, la legislación se adecua a la tendencia general expoliadora, entregando soberanía, territorio y recursos naturales al capital globalizado; reproduciéndose en México el fenómeno  de crecimiento cero ya presente en la mayoría de los países,  frente a un galopante ascenso de pobreza y desigualdad que opera en contra de la demanda agregada en detrimento del mercado interno de los Estados-nación y de toda expectativa de crecimiento y desarrollo. 

La percepción cambia también. En el imaginario popular se construye la idea de un cambio para peor. El bombardeo mediático como estrategia del régimen peñista para afianzar la idea de la bondad de la panacea reformista, cae en tierra esteril. La imagen virtual oficial no substituye así como así a la realidad real que opera en el decreciente nivel de vida y bienestar de la población.  

El indicador más evidente de esta caída lo son las clases medias de este país. Con expectativas de movilidad social canceladas, más que ascenso registran pérdida de estatus y de capacidad real de compra. La pauperización de las clases medias ha tocado a la puerta  y su peso específico en la construcción del imaginario popular se hace notar en esta nueva percepción del cambio. 

El gatopardismo no es tal como pensáramos. El cambio hoy es retroceso y las primeras afectadas son las endeudadas y empobrecidas clases medias para las que no tiene sentido el optimismo del Sr. Peña Nieto, que contempla resultados positivos de sus reformas “en un futuro cercano”.  

¿Qué significa el futuro cercano del Sr.  Peña Nieto en el contexto de la crisis globalizada y permanente de la sociedad mundial?   

La respuesta valedera es incertidumbre, nadie lo sabe. México no escapa a la terca realidad de un mundo globalizado inmerso en una crisis que no encuentra salidas viables y certeras. Los aprendices de brujo desde el gobierno y representación popular resultaron no ser los magos de la fábula. 

Hojas que se lleva el viento 

No nos confundamos. En tratándose de bailongos fallidos no toca al Sr. Dr. Duarte de Ochoa “bailar con la más fea”, es Veracruz que al son de la simulación y el saqueo le ha tocado bailar con el peor gobernador de los últimos tiempos. Ahora que no toda la culpa es del indio sino del compadre que le invitara al huateque.

¿Queríamos PRI para rato? No nos quejemos entonces, el bailongo sigue hasta que el cuerpo aguante o se revienten los cueros. –

Cd. Caucel, Yuc., 09/07/2014

 pulsocritico@gmail.com

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https://pulsocritico.wordpress.com

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