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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Todo parece indicar que para la crisis sistémica global y las concurrentes que una a una aquejan a la mayoría de los países del orbe, no hay respuesta. Habiendo trascendido el marco de la especulación teórica y posicionamientos de la academia, así como la capacidad de maniobra de la llamada clase política, trátese de jefes de Estado representación parlamentaria o partidos políticos rebasados por una necia realidad que no cede, la única explicación y barruntos de salida se ubica ya en la percepción de masas.

Hombres y mujeres comunes, superando a filósofos, sociólogos, economistas, politólogos, gobernantes y fauna de acompañamiento, viviendo en carne propia efectos y consecuencias de la crisis neoliberal del capitalismo de nuestros días, intuitivamente y más allá de un primario sentido común, ubican el origen del pandémico descalabro sistémico y ofrecen alternativas de salida que, si bien, no son acordes con propósitos y objetivos cupulares, si apuntan al salvataje de una humanidad amenazada por el mayor de los holocaustos hasta ahora conocidos.

No es la política, tampoco la economía o la reconstrucción democrática del tejido social por sí mismas en el ámbito de su respectiva competencia, en donde la percepción de masas encuentra la solución a la crisis. Pragmáticamente, intuye que la respuesta a la problemática actual debe ser integral, multidimensional y horizontalmente incluyente al margen de intencionalidad, propósitos, objetivos y acciones concretas del uno por ciento de la población mundial, sustento del capitalismo salvaje en su actual etapa neoliberal de despojo y genocidio.

Lo que a mi juicio, es reflejo de un nuevo ascenso de masas en la permanente lucha anti capitalista y anti imperialista, tomándose consciencia de que el sistema dominante no sólo ya no da más a favor del noventa y nueve por ciento de la población mundial, sino que opera en contra de la propia vida del planeta y sus habitantes.

Esta realidad que subjetivamente anida en la percepción de masas a escala mundial, se expresa cada vez en mayor medida en una clara consciencia de que ésta es reflejo de una realidad real, objetivizando la necesidad de cambio y transformación, actuando en consecuencia.

No hay lugar del mundo en el que no estén resurgiendo movimientos sociales anti capitalistas que desmienten tanto al fantasma del fin de las ideologías y de la lucha de clases, como el mito del eterno destino manifiesto del sistema dominante.

Incipiente aún, dispersa, sin organización y acción unitaria en torno a un programa mínimo de las clases subordinadas que aglutine y oriente la acción de masas, estas, sin embargo se mueven, pesan y empiezan a determinar rumbo y destino de la sociedad deseable para el futuro inmediato.

El reformismo envolvente y adormecedor de conciencias, va quedando atrás. Una vanguardia consciente de la humanidad se encamina a nuevas acciones revolucionarias que cambien la faz del planeta. La vieja disyuntiva entre pacifismo y violencia revolucionaria retorna al escenario mundial.

Contrario a los paradigmas de Marx y la mayoría de los grandes pensadores socialistas de finales del siglo XIX y de principios del XX, los gérmenes de una nueva concepción de revolución mundial, no se expresan en el movimiento obrero más adelantado, como podría ser el de la vieja Europa. La vanguardia en nuestros días se deja ver entre los pobres más pobres de la tierra, los pueblos originarios excluídos de siempre, entre una clase media empobrecida y en una juventud insatisfecha y rebelde sin expectativas de empleo y de futuro; No teniendo nada que perder, imprimen rumbo y voluntad de triunfo en esta nueva etapa de ascenso de masas, frente a una clase dominante a la defensiva y sin respuestas a una crisis que se prolonga en tiempo y consecuencias.

Si consideramos como plenamente vigentes las teorías de la Revolución Permanente y del Desarrollo Desigual y Combinado de la Historia de Trotsky, los sectores más rezagados y vulnerables del orbe, haciendo suyos conocimiento acumulado y guiados por la memoria colectiva de la humanidad en su conjunto, son hoy el motor de la historia al que se enfrenta el reacomodo y redistribución del mundo de las grandes potencias dominantes y el capitalismo en su actual etapa neoliberal.

Creo que es en este contexto que habría que ubicar la actual crisis del régimen político en México. Incapaz de dar respuesta a los grandes retos de un país sin rumbo, a la defensiva se pliega y se revuelve sin encontrarle la punta al mecate de una madeja que cual bola de nieve resbala y rueda ladera abajo.

Puede más la inercia del subdesarrollo que las reformas presuntamente estructurales de un modelo de desarrollo neoliberal que la gente rechaza y lo expresa de viva voz.

Ya no es solamente percepción subjetiva lo que flota en el ambiente. Los mexicanos constatan y viven en carne propia la realidad real de la incapacidad de un Estado en crisis, cuyo régimen político caduco, corrupto e inoperante, es superado por colectivos que cobrando conciencia de su realidad están diciendo ¡Basta!; sumándose a la ola ascendente de una nueva etapa de la lucha permanente de las masas del mundo por su liberación y mejores condiciones de existencia.

Lo que hoy parece fuera de lugar y superado por la historia, bien podría ser el ruido del permanente correr de las aguas de un torrente en busca de cauce. La resistencia se abre paso. Cd. Caucel, Yucatán., octubre 29 de 2014.
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