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Monthly Archives: marzo 2015

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

En la política estatal como en el clima, la primavera inicia lloviendo sobre mojado.

Tanto se ha abusado de la crítica, el cuestionamiento y la denuncia mediática de lo que en lo interno y externo abruma a una administración pública estatal que con el Sr. Javier Duarte de Ochoa ha venido transitando sin rumbo, sin brújula y sin proyecto claro y contundente, que todo lo que pudiera decirse está dicho y todo lo que pudiera tener de punible a la luz de un auténtico Estado de derecho, “ni perjudica ni beneficia sino todo lo contrario”.

No pasa nada ni pasará, el fracaso de un gobierno, corrupción impune y simulación compartida, vacunados.

Crítica y denuncia al paso del tiempo, se transformó para la opinión pública en un lugar común irrelevante. A lo hecho pecho, indiferencia y cinismo en los de arriba, rabia e impotencia en los de abajo, es la triste y terca realidad que hoy se vive en Veracruz.

Frente a lo reiterativo nada pasa y si pasa, el hilo se revienta por lo más delgado, se castiga a quien agarra la pata y se premia a quien la mata. La corrupción impune se impone por sobre lo que la gente pudiere pensar sobre una administración pública fallida.

Si acaso, este lugar común sirve al interés partidista en un año electoral y/o al anticipado proselitismo con vías a las elecciones del 2016 y 2018. Utilizado como herramental mediático de descalificación y posicionamiento de tal o cual actor en el ánimo de votantes potenciales.

En tanto que la crítica fundamentada, denuncia, señalamiento, especulación y denuncia no hacen la menor mella en los círculos del poder público estatal, no contribuyendo a una sana autocrítica del gobernador para corregir y enderezar el rumbo, si contribuyen a una mayor opacidad, al cinismo y descaro, operando a favor de un gatopardismo en el que el más de lo mismo se impone, desgastando todo intento bien intencionado de los veracruzanos por salvar el bache de una crisis económica y social que se profundiza.

La nula atención gubernamental a marchas, plantones, ignominiosa desnudez femenina en la vía pública, y exigencias de diversos sectores de la población, es otro lugar común que no sirve para otra cosa que justificar el talante crítico que la audiencia espera de los medios de comunicación. Ni se observa ni se escucha, bajo el manido criterio o estrategia mediática de una administración pública convencida de que ocultar la realidad con un dedo es sinónimo de gobernabilidad. Aquí no pasa nada y, si pasa, que mejor que achacar el entuerto a la caída del precio del petróleo, el recorte presupuestal federal, o al descalabro del peso frente al US dólar. La quiebra financiera, moral y política que en el gobierno del Sr. Duarte de Ochoa se vive, se ventila ante la opinión pública como consecuencia de factores externos y no como ineficiencia, improvisación, ignorancia y evidente corrupción; la irritación por la paja en el ojo ajeno es mayor que la ceguera que la viga en el propio impide aquilatar el peso de una necia realidad.

La cuantiosa deuda nunca aclarada, el triunfalismo sin sustento, la quiebra de las arcas públicas, la incapacidad para llevar a Veracruz a buen puerto, no cuentan, no existen en el catálogo de problemas e insuficiencias del gobierno a cargo del Sr. Duarte de Ochoa. Corrupción, opacidad e impunidad sólo anidan en la mente aviesa de los agoreros del desastre, o es tema intrínsecamente argumentado con fines electorales.

En este escenario en el que los lugares comunes cierran un círculo perverso, Veracruz se debate entre la incertidumbre y la duda, esperando una respuesta clara y contundente a una compleja problemática en la que más allá de los escollos nacionales, consecuencia de una crisis global mucho más amplia que la simple ineficacia de un gobierno que transita por senderos equívocos, se genera y sustenta hoy día lo mismo en la ausencia de gobierno que en la omnipresente corrupción e impunidad que campeando en todo lo alto califica la gestión del Sr. Duarte de Ochoa.

¿Qué sigue?

Se pregunta la gente, a la par que expresa un no más a crítica, cuestionamiento y denuncia estériles, esperando una respuesta válida al ¿qué hacer? para retomar rumbo.

No más discurso y especulación sobre un oscuro pasado, es la exigencia popular a partidos, clase política y medios de comunicación, cuando ya no se puede desandar lo andado. Los veracruzanos quieren luz al final del túnel no ramplonas “reingenierías” ni promesas de hacer valer el peso de una ley que no sea la de Herodes para limpia el cochinero. Ya nos jodieron, ¿qué hacer para que no nos vuelvan a joder?

No queda otro camino que el de propuestas viables enriquecidas con participación responsable y consecuente de todos. Respuestas concretas al ¿qué hacer?, surgidas desde abajo y con el peso político que la sociedad otorga a quienes comprometidos están por rescatar democracia, bien común y buen gobierno. Propuestas ciudadanas para salir del bache, aquí, hoy y no para un mañana incierto, es el reclamo.

¿Estarían dispuestos los veracruzanos a afrontar el reto? Por el bien de todos, espero que así sea.

Hojas que se lleva el viento.

Más que anticipado el “destape” por interpósita persona del senador Yunes Zorrilla para la candidatura priísta al gobierno de dos años, tras igual número de años de un obvio proselitismo que más que fortalecerle en sus aspiraciones, lo ha venido exhibiendo ante la opinión pública como uno más de los aprendices de brujo que bajo paradigmas neoliberales han hundido a México. Co artífice como presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado, lo mismo de “reformas estructurales” que no inciden en los problemas estructurales sustantivos que históricamente arrastra el país, como de políticas públicas equívocas y fallidas que más que combatir y abatir desigualdad y pobreza, conducen economía y empleo al despeñadero, nada nuevo y relevante para enderezar rumbo en la entidad oferta a los veracruzanos. Más de lo mismo, si acaso, prolongando la agonía de un Veracruz que exige mejor destino.

Lo reitero, con un Yunes, rojo, azul o tornasol, o un Juan de los Palotes, dos años no son suficientes para barrer bajo la alfombra, restaurar solvencia en las arcas públicas y corregir rumbo para recobrar confianza y credibilidad en el hoy fallido gobierno veracruzano. Con su tempranero destape “Pepe” Yunes avala hoy y no mañana el perverso juego transexenal de Herrera-Duarte, reflejado en la anti popular gubernatura de dos años para un Veracruz tendido en la lona. Seis años o nada, debería ser en congruencia a lo que le apuesten quienes realmente estén dispuestos a servir con honestidad y buen juicio a los veracruzanos todos.

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“Desde el Ayuntamiento de Xalapa impulsamos una política incluyente, con perspectiva de género, para fortalecer los derechos y valores de las mujeres en nuestra sociedad”, afirma Américo Zúñiga Martínez, alcalde de Xalapa. Quizá por esa política incluyente es que tolera en nuestra ciudad capital el bochornoso e indigno espectáculo de Cesar del Ángel y sus pupilas desnudas en la vía pública.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

La información que en la semana en curso ha levantado ámpula, es la concerniente al conflicto que al interior de MVS, culminara con el despido de Carmen Aristegui y la salida del aire del programa informativo que conducía la destacada comunicadora e icono del periodismo independiente nacional.

Dado el clima de incredulidad y desconfianza para con todo lo que provenga del poder público que a nivel nacional prevalece, la primera reacción de la opinión pública fue de un justificado “sospechosismo” sobre una presunta intervención presidencial en la toma de la decisión adoptada por los propietarios de MVS, así como de un masivo respaldo a la conductora y su equipo de trabajo.

La percepción en el imaginario colectivo fue y sigue siendo la de un golpe más a la libertad de expresión y no un simple conflicto entre particulares como puntualiza la Segob,  considerándose que la argumentación para justificar el despido de Aristegui y su equipo de trabajo no pasa de ser un pueril pretexto tras el cual se oculta la mano presidencial.

En este nocivo clima que confronta al poder público con la ciudadanía, la opinión pública personaliza el affaire, colocando a los despedidos como víctimas de una manifestación autoritaria de un régimen político rebasado por la realidad e incapaz de recuperar confianza y credibilidad.

Observándose, sobre todo en las redes sociales, que la población percibe que más allá de  la simpatía, y solidaridad que la destacada periodista y su programa informativo concitan, está presente y es motivo de preocupación colectiva un hecho de la mayor relevancia, como una más y obvia escalada de un autoritarismo gubernamental en contra de la libertad de expresión y de la libertad de información como derechos inalienables del pueblo de México.

Escalada que no se daría en el vacío. Estaría encuadrada a mi juicio en la pérdida de confianza del poder público en una ciudadanía que el mismo presidente considera estorba por incrédula y obstáculo para el terso aterrizaje de sus reformas y consolidación del modelo de país que, cupularmente, se estima panacea idónea para abandonar las canchas del subdesarrollo.

Si esto es así, tanto el Sr. Peña como los intereses particulares que representa, no contaban para sus propósitos con el despertar de una sociedad cansada, lastimada y harta de corrupción y expoliación. Carmen Aristegui, en su carácter de mensajero, reflejando tal descontento social resulta incómoda para quienes se niegan a ver y escuchar el sonoro caminar de una realidad que ya no se puede ocultar con un dedo. Había que salir a parar y que mejor que recurrir a la manida fórmula de conflicto de intereses mercantiles entre una empresa periodística y sus subordinados.

La información periodística tiene dos puntas, la emisión y la recepción del mensaje. Es obvio que con la cancelación de un programa informativo, crítico tanto por su contenido como por su amplia cubertura a nivel nacional e internacional, se afecta a ambos extremos del mecate. Eliminado el mensajero, emisión y recepción se pliegan a los intereses del régimen. Vulnerándose de un solo tajo lo mismo la libertad de expresión que el derecho de la ciudadanía a estar bien informada, como bien lo apuntara Andrés Manuel López Obrador al meter basa en el conflicto, sugiriendo se resuelva el diferendum por medio del diálogo, ya que los espacios independientes son muy pocos en México.

Luego la supresión del programa informativo líder en MVS, va más allá de un conflicto empresarial de intereses en la que la primera perjudicada es Aristegui. Creo que así debe entenderse, como también creo debe entenderse que el pretexto aducido por la empresa de medios no es otra cosa que un mensaje por interpósita persona del gobierno peñista a la prensa nacional (como bien lo sospecha la opinión pública), acotando lo mismo el quehacer del periodismo que el ejercicio de la crítica y descalificación de la actuación gubernamental por una ciudadanía cada vez más propensa a expresar públicamente descontento, hartazgo y resistencia.

La impotencia manifiesta del régimen político para revertir incredulidad y desconfianza en favor de los propósitos y objetivos gubernamentales, habla por sí de la no aceptación de más crítica que azuce el avispero. Más si este talante crítico trasciende las fronteras nacionales y obtiene eco en el marco internacional, proyectando una imagen que pone en entredicho cualitativa y cuantitativamente desempeño y alcances reformistas del gobierno de México en su afán de apertura a la inversión extranjera y entrega del bien público al capital privado.  

MVS, Aristegui y en general la amplia audiencia que ha seguido el programa informativo en cuestión, pierden pero mayor daño acusa el ya de si deteriorado clima de incertidumbre de un México titubeante que no encuentra rumbo.

La pregunta obligada es si no estando el horno para bollos, la medida presidencial a tras mano se revertirá o no en contra del afán reformista neoliberal.

La respuesta a esta interrogante está en el aire. Empero, la ciudadanía ya suma lo que considera una afrenta,  al acumulado que Ayotzinapa pusiera al desnudo.

Libertad de expresión y libertad de empresa

Adicionalmente a todo esto que ventilado mediáticamente ya está en la calle, el conflicto de intereses que se vive al interior de MVS también pone en evidencia la confrontación entre libertad de prensa (de empresa) y libertad de expresión. La crisis por la que atraviesa el país ya no da cabida a la conciliación entre uno y otro derecho constitucional. La libertad de prensa garantiza aunque acotado por la ley, el ejercicio del periodismo como un negocio mercantil lucrativo más en la vida económico-empresarial del país, en tanto que la libertad de expresión es un derecho universal que transversalmente atañe a todos por igual, teóricamente en la vida en democracia no tiene acotación alguna,  y cuyo precio no se tasa en dinero.

MVS lo deja establecido muy claro, haciéndose eco del sentir de la industria de la comunicación y entretenimiento: la libertad de expresión termina cuando vulnera el carácter mercantil de la libertad de prensa, atentando contra los negocios e intereses de la empresa.

Conversando sobre el tema con el propietario de un medio de comunicación local que difunde el sueño duartista de que aquí no pasa nada, vamos bien, éste fue claro y contundente: “La actitud asumida por MVS en contra de Carmen Aristegui está plenamente justificada. Ningún subordinado debe o puede atentar contra los intereses de su fuente de trabajo, sin atentar contra su derecho y obligación de llevarles el pan a sus hijos. La periodista sobrepasó los límites generalmente aceptados de una sana y recíproca relación entre el poder y la prensa por lo que no le queda hacerse la mártir”. Así como también me expresara que “… eso de coartar el derecho de la población a estar bien informada es relativo cuando el programa de Aristegui sólo ha interesado a intelectuales trasnochados  o a seguidores de López Obrador”.

De esta manera, mi aldeano interlocutor plenamente consciente del terreno en que se mueve y medra, sintetiza la confrontación entre los intereses de unos cuantos por sobre los intereses más generales de la población.

En la misma tesitura estimo se encuentra la mayoría de los empresarios de la comunicación de masas en México y,  particularmente en Veracruz, entidad federativa en la que la empresa periodística tiene como fuente primaria de financiamiento al convenio propagandístico con los gobiernos estatal y municipales. Reduciéndose la libertad de expresión de los tundeteclas de a pie, reporteros y comentaristas, a lo que el poder público quiere escuchar.

Como corolario, a mi juicio considero que el “conflicto de intereses entre particulares” que nos ocupa, lleva cola y aún hay más. Lo que acontece al interior de MVS es apenas la punta de lanza en la presunta escalada. El régimen político y los poderes fácticos que mecen la cuna no cesarían en su propósito de acallar por la vía del autoritarismo la voz ciudadana de protesta y resistencia, generalizando el uso del tapaboca por todos los medios a su alcance. Que lo logren es otro cantar.

Hojas que se lleva el viento

En los círculos políticos y periodísticos cobra fuerza la idea de que el próximo gobernador de dos años en Veracruz será -contra la opinión e intereses de Fidel Herrera Beltrán y el duartismo-, un Yunes. Y en torno a esto la elección de junio próximo en la que es de esperarse que los veracruzanos se manifiesten en contra del más de lo mismo, se desdibuja por irrelevante, dando paso a un incierto futuro sobre lo que serán los procesos electorales del 2016 y 2018 en la entidad. Mucha crema a los tacos en torno a lo superfluo cuando lo sustantivo que es el derrumbe de la economía veracruzana se ignora o se pasa por alto. Por cierto, un Yunes o Juan de los Palotes, no son garantía de que en tiempo y forma se recoja oportunamente el tiradero acumulado de 10 años de pésimo gobierno. Frente a la perversa maquinaria electoral partidista, la realidad seguirá imponiéndose al aquí no pasa nada.

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Atinado mi comentario vertido el día que el diario  “La Jornada Veracruz” iniciara su aventura saliendo a la luz pública por vez primera. Con su presencia en el cotarro el periodismo veracruzano se oxigena, dejando atrás el obsoleto y rancio ejercicio que por décadas mantuviera a la población desinformada y manipulada. A partir de un antes y un después de la prensa veracruzana, como un parte aguas en sus ediciones impresa y digital este diario conducido con responsabilidad y profesionalismo por Tulio Moreno Alvarado, alienta el apostarle a un periodismo decente con elevadas miras en pro de los intereses más generales de la población, como es posible observarlo ya en publicaciones digitales alternativas que se ganan a pulso aceptación y simpatía de la audiencia veracruzana en la Internet.

Xalapa, Ver., marzo 17 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vagos recuerdos de mi niñez vienen a mi memoria en estas tardes lluviosas de un Xalapa impredecible, por su veleidoso clima y porque uno nunca sabe cuál va a ser la declaración del día de quien se dice manda o gobierna Veracruz. Reunidos en torno a la cama de mi abuela, anciana heredera de la sabiduría del pueblo náhuatl, media docena de primos y quien esto escribe, embelesados escuchábamos de ella mil y un historias lo mismo de la revolución y los sufrimientos del pueblo trabajador que de las andanzas del abuelo Miguel como sindicalista y luchador social. Las frías y húmedas tardes invernales en Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza se prestaban para ello, despertando en nuestra niñez imaginación y deseo por conocer más del México bronco y su expresión obrera en la región. La asistencia casi obligada a las veladas culturales que entonces promovía y auspiciaba el sindicato de la fábrica, acicateaban esta infantil curiosidad al escuchar la fogosidad de los oradores.

De estos recuerdos viene a mi memoria una lección que nunca dejaba de repetir la abuela: “… nunca gastes más de lo que ganas y si lo haces, no te presentes en público con los zapatos rotos y lustroso el fondillo del pantalón, pues la gente no va a juzgar tu miseria sino tu ignorancia”.

Sabia lección de economía doméstica que proyectada al mundo de la política y los negocios, deja entrever cuánta razón asiste en múltiples ocasiones al sentido común, por sobre rebuscadas teorías que juzgan a este de escasas luces y poco entendimiento hermano menor de la filosofía. Como te ven te tratan, juzgando no tu escaso bagaje pecuniario sino tu ignorancia para administrar con relativo éxito tu magra economía.

Lección nacida de la sabiduría popular que el Sr. Dr. (en economía) Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, jamás ha escuchado o pasa por alto en sus afanes triunfalistas exhibidos hasta el cansancio en el discurso oficial sin sustento. No preocupa tanto a los veracruzanos el saber que la economía estatal atraviesa por un bache de respetable dimensión, ya se ha pasado por esto en múltiples ocasiones obligando a todo mundo a apretarse el cinturón, lo que preocupa y es cada vez mayor el consenso que a ello concita, es el hecho de que su gobernante no acepta ni actúa en consecuencia ante eventos que ponen a flor de piel la profundidad de la crisis que hoy aqueja a la entidad.

No estaría de acuerdo si dejándose llevar por prejuicios y especulaciones, se pensara que el gobernante actúa de mala fe o movido únicamente por aspiraciones tan mundanas como mezquinas como el acumular riqueza a costa de sus gobernados. Sería una interpretación muy ligera y lineal de su desempeño al frente de la administración pública. Empero, a mi juicio, el Sr. Dr. si exhibe ignorancia lo mismo en los terrenos de la política que en los de orden económico y social. Mostrándose ante su pueblo con los zapatos rotos y lustrosos los fondillos de su pantalón, evidenciando no saber administrar con inteligencia y buen juicio, lo mismo el capital político que los recursos presupuestales que el pueblo de Veracruz y de México le han confiado.

En lugar de humildad para aceptar los hechos, exhibe soberbia negándolos, no obstante que la realidad le desmiente día con día; el discurso simplón o la declaración banquetera no tapan el sol con un dedo ni contribuyen a tapar el pozo tras el niño ahogado. Números duros, que devienen de la estadística oficial de la Federación, o de los análisis serios de estudiosos e investigadores de la Universidad Veracruzana, como el Dr. Hilario Barcelata Ramírez, entre otros, nos hablan de que más que zapatos rotos, lo mismo en finanzas públicas que en la economía estatal en su conjunto, lo que se exhibe y debemos observar, entender y juzgar es la proximidad de un colapso sin precedente.

El triunfalismo sin sustento tiene límites. Percepción es política y cuando ésta rebasa los límites permisibles de credibilidad y confianza que la sociedad se da, las consecuencias son de orden político, como política es la respuesta de un pueblo cansado, descontento y harto de escuchar día con día la misma retahíla de mentiras o, en el mejor de los casos, medias verdades y medias mentiras trasmitiendo el falso mensaje de que vamos bien, aquí no pasa nada, cuando en la desfondada nave las llamas alcanzan ya a los aparejos. Esta respuesta no espera a manifestarse en las urnas en junio próximo, se da ya de manera constante y en crescendo a lo largo y ancho de la entidad, sin que por parte del poder público sea escuchada y atendida.

Se cosecha lo que se siembra.

El S. Javier Duarte de Ochoa cosecha lo que ha sembrado a lo largo de cuatro años de ineptitud, despilfarro, corrupción y pésima administración; es el que gobierna pero no el que manda, se dice al comentar la composición espuria de candidatos del PRI a la diputación federal y la presunta injerencia de su antecesor y padrino en el palomeo de las listas de beneficiarios.

Frente a propósitos y objetivos implícitos o explícitos del proceso electoral en curso, la llamada sociedad civil para el gobernante es mirón de palo, infante de lento aprendizaje cuya opinión ni pesa ni cuenta en la toma de aquellas decisiones que le competen y hoy lastiman.

Lo que sí cuenta es el voto para satisfacer la demanda presidencial, y de ahí el proselitismo ramplón asegurando por anticipado bajo la luz de los reflectores públicos el triunfo del partido en el gobierno, aunque para la democracia secuestrada o la ingente necesidad de enderezar el rumbo, el sufragio sea irrelevante. Y es que en la búsqueda tardía del voto que le avale, el Sr. Dr. en economía (ya dudo de que lo sea), el priísta Javier Duarte de Ochoa se vanagloria mediáticamente de que Veracruz va a la cabeza en la generación de nuevos empleos cuando la realidad muestra que es todo lo contrario, el estado como los números duros indican, está a la cola entre las 32 entidades federativas de México en este rubro, como también en muchos otros en los que se nos quiere vender la idea de un Veracruz de pie, próspero y pujante.

Frente al desastre no aceptado por el poder público estatal, me quedo con la lección de la abuela. A nada bueno conduce gastar más de lo que nuestros ingresos lo permiten. Cualquier ama de casa lo sabe, en ello radica la fortaleza de la mujer trabajadora que con inteligencia y buen juicio, administra la economía familiar en un país en el que trabajo humano y salario son permanentemente devaluados y expoliados.- Xalapa, Ver., marzo 11 de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

 Día Internacional de la mujer: Nada que celebrar, sin distingo de género millones de seres humanos son excluidos negándoseles respeto, bienestar y libertad.

Si de algo deberíamos estar seguros es de que nadie en el exterior va a sacar a México del bache. El recuperar aliento y rumbo es tarea de los mexicanos y de nadie más. El primero que debería reconocerlo es sin duda el presidente Peña, si la obcecación por imponer con calzador sus presuntas reformas estructurales se lo permitiera, más no es así, a pesar ya no sólo de señales ominosas que colocan al país en un escenario nada optimista. El horno no está para bollos, siendo más que obvio que el complejo problema por el que atravesamos es de orden interno y no de política exterior.

El Sr. Peña lo reconoció en Londres: “México está plagado de incredulidad y desconfianza”. No es de gratis tal afirmación, sabe y lo sabe bien de cuál es el nivel de la crisis de confianza por el que traviesa el régimen político, las instituciones republicanas y su propia administración, pesando más el desprestigio que todas las bondades que como panacea neoliberal pueda ofrecer su gobierno.

El acabose sería si el mandatario no estuviera ampliamente informado de causas y consecuencias de una crisis que, tocando fondo, no genera escenario y clima de credibilidad y aceptación requerido para profundizar en la conformación de un modelo de país que no se corresponde con la dialéctica del subdesarrollo de un México que, históricamente dependiente de su vecino del norte y con finanzas públicas petrolizadas, a mayor esfuerzo por alcanzar niveles aceptables de crecimiento económico, educación y formación de recursos humanos acorde con los avances científico técnicos, inclusión y bienestar para su gente, mayor es la brecha de desigualdad y pobreza.

López Portillo lo intentó, tratando de convencer que la tarea para México era administrar la abundancia. El resultado de su gestión fue mayor pobreza, desigualdad y despilfarro del potencial nacional. Carlos Salinas, con la firma del TLC, aseguró que pisábamos ya los umbrales del primer mundo, debiendo tragarse sus optimistas palabras frente a los pésimos resultados de una política equívoca que sólo dejó mayor corrupción, saqueo, impunidad, pobreza, desigualdad y mayor dependencia del exterior comprometiendo soberanía y riqueza nacional.

La transición política, con Vicente Fox y Felipe Calderón no fue la excepción, profundizándose y agudizándose las contradicciones internas, con el agravante de una mayor presencia de un no tan nuevo pero tolerado fenómeno, el de la violencia criminal y la penetración de la delincuencia organizada en las esferas del poder y la seguridad.

Y ni qué decir de Miguel de la Madrid, instaurador del modelo neoliberal impuesto desde Washington, cuyo discurso de combate a la corrupción quedó en eso, palabras que el viento se llevó, propiciando incredulidad y desconfianza en el régimen.

El pueblo tiene memoria. Sabe bien que el discurso sin hechos concretos que le avalen, no merece confianza y credibilidad. ¿Por qué debe creer y confiar cuando ya no sólo es percepción en el imaginario social, sino realidad concreta el deterioro de la vida pública y el empobrecimiento de las magras economías de las mayorías?

Como recientemente expresara el diputado federal veracruzano Alejandro Montano en un diálogo sostenido con los integrantes de la Asociación Otero Ciudadano en la capital veracruzana, el sano equilibrio entre percepción y realidad está roto. Y no precisamente como el político veracruzano lo sugiere, cargándole la responsabilidad a una llamada sociedad civil poco informada y manipulada que se resiste a creer en la bondad de su gobierno. El peso específico de una percepción que se sustenta en hechos concretos de la realidad cotidiana, es mayor que todas las promesas incumplidas y optimistas panaceas, sobre un futuro próspero basado en reformas que, a más de no tocar lo sustantivo, fortalece una histórica e injusta estructura económica y social que socializa las pérdidas pagando el pueblo los platos rotos, y privatiza las ganancias en beneficio , legal o extra legal, de unos cuantos entre los que figura el número dos entre los hombres y mujeres más ricos del planeta.

Al presidente norteamericano Bill Clinton sus críticos no se mordieron la lengua con la ya clásica frase: ¡Es la economía estúpido! Marcándole en donde debería ponerse el énfasis en tiempos de crisis.

Al Sr. Peña Nieto habría que señalarle que no es la economía o sus reformas presuntamente estructurales lo determinante para intentar salir del subdesarrollo, sino entender la historia de México y del régimen político que deviene de esta, para actuar en consecuencia.

Insisto en que, a mi juicio, es la política política la que debería ponerse en primer plano. Sin el rescate de ésta, bien poco o casi nada puede lograrse si de reconstruir tejido social, confianza y credibilidad se trata. Aceptar que “México está plagado de incredulidad y confianza”, queda en el discurso, si tras reconocer este fenómeno político y social el sector público no genera hechos concretos que abatiendo desigualdad, pobreza y corrupción impune, modifiquen percepción y realidad.

La confianza en un gobierno se construye y se gana, no se impone por decreto.

La burra no era arisca… reza la conseja popular aplicándose en cada retomar memoria histórica frente a crisis recurrentes. Hoy día la crisis multidimensional ha sentado sus reales en México, el pueblo lo percibe, el gobierno lo niega y la realidad lo confirma. Nada ni nadie puede hablar de recuperar confianza y credibilidad, sin que se le voltee el chirrión por el palito. Más que buscar dinero para endeudar más a PEMEX así como recuperar el prestigio perdido, en Gran Bretaña el Sr. Peña debería haber volteado la mirada a descontento, reclamos, protesta, hartazgo y resistencia de su pueblo. A este es al que hay que atender y convencer, no a la realeza europea o a un volátil capital extranjero que por principio y atendiendo a sus propias contradicciones e intereses, desconfía del México bronco y violento cuya negativa imagen le da una y otra vez la vuelta al mundo.

Mientras esto no suceda, el régimen político vigente en su obsolescencia, sin el pueblo de México está perdido, arrastrando consigo al país entero.

Hojas que se lleva el viento

¿Qué obtuvo Peña Nieto de su visita de Estado a Gran Bretaña? Más desprestigio, más desconfianza, más incredulidad, más endeudamiento para el país y, sin duda, descalificación por parte de los poderes fácticos norteamericanos que no ven con buenos ojos se incremente presencia europea o china en su traspatio.

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Investigadores de la Universidad Veracruzana, con base en estadísticas oficiales, ofrecen una radiografía puntual del desempeño económico de la entidad, diagnosticando ya no sólo la enfermedad terminal de una administración pública quebrada que se debate entre corrupción simulación e impotencia, sino que también ponen el dedo en la llaga exhibiendo a un Veracruz que está muy pero muy lejos de ser un estado medianamente próspero como así se cacaraquea en el boletín de prensa oficial que alimenta cotidianamente a los medios informativos.

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Colmando el plato, el gobernador de Veracruz anuncia a bombo y platillo que el despido masivo en PEMEX no afectará a la entidad, ya que los desempleados encontrarán ocupación en las nuevas fuentes de trabajo que con inversiones multimillonarias de capital extranjero, aterrizarán en la entidad gracias a la reforma energética.

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La enfermedad crónica de la grilla electoral que padece el pueblo veracruzano, no logra ocultar o acallar descontento, hartazgo y resistencia frente a un estado de cosas que bien merece el calificativo de desastre. Paradójicamente, entre más se pone el énfasis mediático en el proceso electoral en curso mayor es el rechazo al gobierno, a los partidos políticos contendientes y a los candidatos espurios designados desde la cúpula partidocrática.

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La frase del día: “Mientras Duarte de Ochoa no salpique a empresarios destinando recursos frescos a obra pública, e insista en cancelarle convenios de propaganda a la prensa oficialista, tendrá que enfrentarse a la radicalización de la “crítica”.

Si para la prensa oficialista no pasaba nada, coreando al que dicen gobierna en Veracruz, esto se acabó. “No hay dinero”, la suspensión de convenios de propaganda, de prebendas y canonjías para los propietarios de los medios y el borrón y cuenta nueva en la política de pagos del gobierno estatal a la prensa, se reflejará en un unos cuantos días en la líneas editoriales. Círculos rojos, azules y tornasoles se multiplicarán a lo largo y ancho de la entidad, con consecuencias electorales poco gratas para el PRI, sus aliados y sus espurios candidatos que quedarán exhibidos como lo que realmente son. No hay enemigo mayor que un hijo ingrato o un empresariado periodístico al que se le aleja la batea. Al tiempo.-

Xalapa, Ver., marzo 8 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Imagen mediática: México transformado en un espectáculo circense, en el que los ciudadanos son simples mirones de palo.

El tema de la inseguridad y estrategias adoptadas para combatirle con relativa eficacia, cede prioridad a corrupción e impunidad, no porque ya se diera el primer paso en la reforma constitucional aprobada por el Congreso de la Unión que culminará con la creación de un inicuo sistema nacional anticorrupción, sino porque tras esta cortina de humo mediática, la realidad, siempre la terca realidad que nos agobia hoy día se impone, mostrándonos con toda crudeza los alcances del proyecto neoliberal de país que promueve Enrique Peña Nieto.

PEMEX dejándose morir por inanición y saqueo; distribución y expendios de gasolina serán propiedad de Coca Cola; la Fiscalía General de la República y la Cámara de diputados bajo la influencia del duopolio televisivo; el rumbo de la educación determinada por la cúpula empresarial. Y aún hay más. La anormalidad democrática, la improvisación, despilfarro de recursos públicos e ineficiencia, por sobre los principios básicos de la democracia representativa, llegaron para quedarse gracias a las presuntas reformas estructurales del Sr. Peña, avaladas por el Congreso de la Unión.

La economía no repunta; el desprestigio del aparato gubernamental del Estado crece, y el malestar y precarización de la sociedad se expresa en la calle sin ser escuchado y atendido.

¿Hasta cuándo?

Hasta que el pueblo quiera, sería la respuesta a esta interrogante si éste estuviera dispuesto a recuperar para sí la representación popular y la conducción del Estado mexicano hoy secuestrados por una partidocracia al servicio de los poderes fácticos.

Palabras mayores muy lejos de posibilitarse. La dispersión e inorganicidad de los movimientos sociales que están por la resistencia y un cambio verdadero lo impiden. Descontento, hartazgo y un legítimo deseo de cambio, no son suficientes para modificarle la plana al régimen político vigente, en tanto la movilización social no cuente con organización unitaria y un programa mínimo que estableciendo denominadores comunes consensuados, convoque a una acción orgánica consecuente para rescatar lo que en principio es del pueblo para el pueblo.

Esto viene a colación en virtud de que son muchas las voces que, a partir de la condición actual de la resistencia social, expresan con conocimiento de causa que por la vía electoral las cosas seguirán igual. El PRI en alianza con el bodrio verde que le sirve de comparsa y cómplice, tiene ganadas de antemano las elecciones de junio y con ello el fortalecimiento de políticas públicas y desplantes legislativos, que no conduciendo positivamente a ningún lado, profundizan las contradicciones de un modelo de país neoliberal que las mayorías por principio rechazan.

Conocedores del paño, al derecho y al revés, del centro a la periferia y de la periferia al centro, politólogos y analistas con amplia experiencia en lides electorales, lo afirman sustentándose en el hecho por ahora irrefutable, de que el partido en el gobierno gana por el sólo hecho de contar con una maquinaria estratégica legal y extralegal que, a lo largo y ancho del país mantiene el control de un voto duro que es suficiente para mantener el actual estado de cosas. La pulverización del sufragio auspiciada por el régimen, sustentada en 10 partidos políticos con registro nacional, la figura electoral de los candidatos independientes, y n número de votos nulos o los que se le otorguen al “gato Morris” entre otros, como candidato no registrado, da cuenta de ello.

Paradójicamente, el abstencionismo jugaría a favor de la alianza PRI-PVEM.

Siendo el PRI-gobierno dueño de las canicas, son sus reglas las que habrán de prevalecer en el juego, y el que no le guste que tome su ropa y abandone la fiesta.

En la farándula electoral de junio próximo, el afiche deseado anunciando a Enrique Peña Nieto Vs. Descontento y hartazgo en la contienda por la mayoría absoluta en la Cámara de diputados, no se verá.

La lógica más elemental así lo indica. La estructura o maquinaria electoral construida a lo largo de más de ocho décadas no contempla competencia alguna que pueda surgir de una oposición partidista dispersa, pulverizada, sin liderazgos de peso y además, financieramente en desventaja. Y ni qué decir de los movimientos sociales, sin acceso real al juego electoral y sin posibilidad alguna de modificarle la plana al Sr. Peña en su intención de contar con mayoría legislativa absoluta que avale la profundización de su proyecto neoliberal contrario a soberanía e independencia nacional.

La voz de la experiencia parece tener razón, hay que reconocerlo. ¿Por quién van a votar los ciudadanos descontentos ya en el límite del hartazgo, para expresar por la vía electoral su deseo y voluntad de cambio? No hay opción. Se vote por quien se vote, el resultado de la elección de diputados federales a favor del PRI pareciera ya un hecho irreversible.

Luego, sin renunciar al derecho conquistado a votar y ser votados, mexicanos de a pie, hombres y mujeres comprometidos con la necesidad de cambio, están en la tesitura de tener que buscar caminos alternos que forcen al régimen a modificar un statu quo contrario al interés nacional. Caminos sólo viables si se transitan con unidad orgánica de propósitos, estrategia y táctica comunes que hagan prevalecer el peso de lo que hoy por hoy es la principal fuerza política llamada a mover a este país. Esta asignatura pendiente es la que hay que enfrentar.

El adversario no está en el circo de los enanos de enfrente sino en el seno mismo de la movilización social y combatirlo con responsabilidad, talante democrático y visión de largo plazo es la tarea. Un paso a la vez, haciendo camino al andar sin perder de vista el objetivo de rescatar a México, librándolo de las cadenas que hoy le atan a un modelo de país contrario al sentir y voluntad de los mexicanos.

Sufragar sí, mostrando masivamente el músculo como primera fuerza política de este país, con un voto razonado que exprese que la civilidad y aspiraciones democráticas no están reñidas con el descontento y el hartazgo. El PRI no es eterno y hay que hacérselo saber.

A decir de los expertos consultados en nuestra aldea, esta es una realidad que no puede ignorarse por más optimismo y confianza en la vía electoral que domine en el escenario de una movilización social de rechazo y resistencia.

En este supuesto Veracruz podría ser la excepción. El horno no está para bollos y de aquí al día de la elección podría estallar el cohete ya cebado, dejando al PRI en la estacada.

Hojas que se lleva el viento

El deterioro político, económico y social está presente en todo el país. Con mayor o menor incidencia, en todas las entidades federativas está dejando huella, ninguna está a salvo lo mismo en inseguridad, corrupción impune e ineficiencia para enderezar el rumbo. El principal obstáculo para enfrentar el deterioro creciente es el no reconocer el fenómeno y actuar en consecuencia. En la aldea, lo mismo la administración pública que partidos políticos en los cuernos de la luna; el aquí no pasa nada cuando la lumbre llega a los aparejos es cosa de todos los días. El beneplácito mediático oficial para con un estado de cosas que con números duros apunta al desastre, es inaudito. Vamos bien, la estrategia adoptada es la correcta, es la respuesta, dejando para mañana lo urgente ante lo importante de un proceso electoral ya no del 2015, sino el que viene en 2016. La sucesión del inepto Dr. Duarte de Ochoa se impone por sobre la alerta del derrumbe, sin que entre los aspirantes a la gubernatura de dos años tengan la menor idea del cómo y con qué sacar al buey de la barranca. Muchos son los que aspiran y nadie de entre ellos parece tener conciencia de que la urgencia por atender es hoy y no mañana.

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El pasado sábado se realizó el festejo del primer aniversario del portal Sociedad 3.0 con nutrida asistencia de directivos, miembros fundadores, colaboradores y amigos que brindaron expresando su beneplácito por los logros alcanzados por la empresa periodística a lo largo de los últimos 12 meses y deseándole larga vida a un portal veracruzano que en muy corto tiempo, se ha posicionado como uno de los más visitados en la WEB.- Xalapa, Ver., marzo 3 de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Si para amplios sectores de la población el presidente Peña no se hace merecedor a confianza y credibilidad, y lo mismo podría decirse de los gobernadores, procuración y administración de justicia y partidos políticos, la pregunta obligada, a tres meses escasos de las elecciones del 2015, es ¿por qué sí se debe creer y confiar en el Instituto Nacional Electoral?

¿Es acaso entre todas las instituciones republicanas la joya de la corona, hoy fuera del alcance de la simulación y corrupción impune? ¿O es una pieza más en el juego perverso de la partidocracia en el afán de esta por mantener secuestrada y bajo control a nuestra incipiente democracia representativa?

El reto para el organismo, ya encarrilado el proceso electoral sería demostrar que efectivamente es digno de confianza y credibilidad para que, en su papel de organizador y árbitro de los comicios venideros justifique ante el pueblo de México la razón de su existencia.

Y esto, a mi juicio, por lo que se alcanza a percibir en las crónicas periodísticas, está en chino. La descomposición del régimen político conforme pasan los días se observa transita montada en un tobogán sin control, reflejándose en un estira y afloja al interior del INE en el que los partidos políticos, cada uno por su lado, pretenden imponer lo que mejor conviene a sus intereses de coyuntura, trasladando su crisis de representación a una institución presuntamente ciudadana. Poniéndose en evidencia el cada vez mayor divorcio entre la clase gobernante y las subordinadas.

La brecha se amplía y no se observan los necesarios puentes para acotarla y achicarla, antes al contrario, lo que se percibe es un conjunto de puentes rotos que entre acuerdos en lo oscurito, medias verdades y medias mentiras, acompañados de hechos concretos en la vida cotidiana de la población, no ofrecen seguridad alguna de que el divorcio en el corto plazo llegue a buen término.

Credibilidad y confianza en el régimen político e instituciones se dan por perdidas e incluso, el gobierno de Peña Nieto por conducto de su secretario de hacienda, reconoce que sin éstas no hay forma de aterrizar y concretar objetivos y metas del proyecto de país pensado y diseñado en Los Pinos. Para la cúpula empresarial esto es mala señal y ya exigen claridad y mano dura para enderezar el rumbo del país.

Entre la población el dilema entre votar y no votar en los próximos comicios, se alimenta de esta falta de confianza y credibilidad y, en el mejor de los casos, el debate deriva a los terrenos del por quién votar, cuando frente a la oferta partidocrática no hay opción; cada partido selecciona a sus candidatos de manera vertical, de arriba hacia abajo, sin consulta previa con sus bases y menos con los millones de votantes llamados a sufragar. En este escenario antidemocrático Morena no es la excepción, con una auténtica vacilada que le iguala con sus adversarios irresponsablemente recurre a “la tómbola” como fórmula de selección, supeditando la democracia partidista a pedestre lotería.

Tocaría al Instituto Nacional Electoral el poner orden y reencauzar el proceso electoral por el sendero de una auténtica democracia representativa. Y no es así. Luego el reto de muy corto plazo de restaurar confianza y credibilidad para unos comicios exitosos, parece serle inalcanzable al organismo electoral. La partidocracia impone su crisis y arrastra por un conflictivo rumbo a lo que debería ser instrumento al servicio de los votantes. Malo para México, pésimo para las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos.

Hojas que se lleva el viento

El forcejeo en el Senado de la República para sacar adelante la ley anticorrupción, refleja una pugna sin cuartel en la que cada partido ahí representado pretende imponer su propia visión e intereses en un tema de la mayor relevancia para el país. Hasta este momento, vía negociaciones en lo oscurito parece que la discusión en comisiones está llegando a su término con un aparente consenso que deberá ser ratificado en el pleno. El acuerdo, en congruencia con las condiciones generales que se viven en el país, parece estar sustentado en una expresión más de gatopardismo que se concretará en una ley sin dientes que dejará incólume a no dudar una lacra histórica que no se acabará por decreto. Borrón y cuenta nueva, no se barrerá para atrás y todos felices y contentos.

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Frente a la tormenta que azota a la administración pública veracruzana, calladito se vería más bonito el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, dejando que el área técnica de la secretaría de planeación y finanzas haga su trabajo en el arduo compromiso de justificar lo que a todas luces parece injustificable. El anticiparse expresando con optimismo que las observaciones puntuales de la Auditoría Superior de la Federación a su gobierno serán solventadas en forma y fondo a la mayor brevedad, sin realmente contarse con elementos fiables de que así será, más agita el cotarro. Y por cierto, es de llamar la atención el que no exista al interior del gobierno estatal una voz con autoridad moral y política que salga en defensa del ahora vapuleado gobernante que, en su rostro al aparecer ante los medios de comunicación afirmando que las finanzas públicas veracruzanas gozan de cabal salud, da la impresión de que para sus adentros quisiera gritar: “No me lo dejen sólo…”.- Xalapa, Ver. 26/02/2015

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