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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

En la política estatal como en el clima, la primavera inicia lloviendo sobre mojado.

Tanto se ha abusado de la crítica, el cuestionamiento y la denuncia mediática de lo que en lo interno y externo abruma a una administración pública estatal que con el Sr. Javier Duarte de Ochoa ha venido transitando sin rumbo, sin brújula y sin proyecto claro y contundente, que todo lo que pudiera decirse está dicho y todo lo que pudiera tener de punible a la luz de un auténtico Estado de derecho, “ni perjudica ni beneficia sino todo lo contrario”.

No pasa nada ni pasará, el fracaso de un gobierno, corrupción impune y simulación compartida, vacunados.

Crítica y denuncia al paso del tiempo, se transformó para la opinión pública en un lugar común irrelevante. A lo hecho pecho, indiferencia y cinismo en los de arriba, rabia e impotencia en los de abajo, es la triste y terca realidad que hoy se vive en Veracruz.

Frente a lo reiterativo nada pasa y si pasa, el hilo se revienta por lo más delgado, se castiga a quien agarra la pata y se premia a quien la mata. La corrupción impune se impone por sobre lo que la gente pudiere pensar sobre una administración pública fallida.

Si acaso, este lugar común sirve al interés partidista en un año electoral y/o al anticipado proselitismo con vías a las elecciones del 2016 y 2018. Utilizado como herramental mediático de descalificación y posicionamiento de tal o cual actor en el ánimo de votantes potenciales.

En tanto que la crítica fundamentada, denuncia, señalamiento, especulación y denuncia no hacen la menor mella en los círculos del poder público estatal, no contribuyendo a una sana autocrítica del gobernador para corregir y enderezar el rumbo, si contribuyen a una mayor opacidad, al cinismo y descaro, operando a favor de un gatopardismo en el que el más de lo mismo se impone, desgastando todo intento bien intencionado de los veracruzanos por salvar el bache de una crisis económica y social que se profundiza.

La nula atención gubernamental a marchas, plantones, ignominiosa desnudez femenina en la vía pública, y exigencias de diversos sectores de la población, es otro lugar común que no sirve para otra cosa que justificar el talante crítico que la audiencia espera de los medios de comunicación. Ni se observa ni se escucha, bajo el manido criterio o estrategia mediática de una administración pública convencida de que ocultar la realidad con un dedo es sinónimo de gobernabilidad. Aquí no pasa nada y, si pasa, que mejor que achacar el entuerto a la caída del precio del petróleo, el recorte presupuestal federal, o al descalabro del peso frente al US dólar. La quiebra financiera, moral y política que en el gobierno del Sr. Duarte de Ochoa se vive, se ventila ante la opinión pública como consecuencia de factores externos y no como ineficiencia, improvisación, ignorancia y evidente corrupción; la irritación por la paja en el ojo ajeno es mayor que la ceguera que la viga en el propio impide aquilatar el peso de una necia realidad.

La cuantiosa deuda nunca aclarada, el triunfalismo sin sustento, la quiebra de las arcas públicas, la incapacidad para llevar a Veracruz a buen puerto, no cuentan, no existen en el catálogo de problemas e insuficiencias del gobierno a cargo del Sr. Duarte de Ochoa. Corrupción, opacidad e impunidad sólo anidan en la mente aviesa de los agoreros del desastre, o es tema intrínsecamente argumentado con fines electorales.

En este escenario en el que los lugares comunes cierran un círculo perverso, Veracruz se debate entre la incertidumbre y la duda, esperando una respuesta clara y contundente a una compleja problemática en la que más allá de los escollos nacionales, consecuencia de una crisis global mucho más amplia que la simple ineficacia de un gobierno que transita por senderos equívocos, se genera y sustenta hoy día lo mismo en la ausencia de gobierno que en la omnipresente corrupción e impunidad que campeando en todo lo alto califica la gestión del Sr. Duarte de Ochoa.

¿Qué sigue?

Se pregunta la gente, a la par que expresa un no más a crítica, cuestionamiento y denuncia estériles, esperando una respuesta válida al ¿qué hacer? para retomar rumbo.

No más discurso y especulación sobre un oscuro pasado, es la exigencia popular a partidos, clase política y medios de comunicación, cuando ya no se puede desandar lo andado. Los veracruzanos quieren luz al final del túnel no ramplonas “reingenierías” ni promesas de hacer valer el peso de una ley que no sea la de Herodes para limpia el cochinero. Ya nos jodieron, ¿qué hacer para que no nos vuelvan a joder?

No queda otro camino que el de propuestas viables enriquecidas con participación responsable y consecuente de todos. Respuestas concretas al ¿qué hacer?, surgidas desde abajo y con el peso político que la sociedad otorga a quienes comprometidos están por rescatar democracia, bien común y buen gobierno. Propuestas ciudadanas para salir del bache, aquí, hoy y no para un mañana incierto, es el reclamo.

¿Estarían dispuestos los veracruzanos a afrontar el reto? Por el bien de todos, espero que así sea.

Hojas que se lleva el viento.

Más que anticipado el “destape” por interpósita persona del senador Yunes Zorrilla para la candidatura priísta al gobierno de dos años, tras igual número de años de un obvio proselitismo que más que fortalecerle en sus aspiraciones, lo ha venido exhibiendo ante la opinión pública como uno más de los aprendices de brujo que bajo paradigmas neoliberales han hundido a México. Co artífice como presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado, lo mismo de “reformas estructurales” que no inciden en los problemas estructurales sustantivos que históricamente arrastra el país, como de políticas públicas equívocas y fallidas que más que combatir y abatir desigualdad y pobreza, conducen economía y empleo al despeñadero, nada nuevo y relevante para enderezar rumbo en la entidad oferta a los veracruzanos. Más de lo mismo, si acaso, prolongando la agonía de un Veracruz que exige mejor destino.

Lo reitero, con un Yunes, rojo, azul o tornasol, o un Juan de los Palotes, dos años no son suficientes para barrer bajo la alfombra, restaurar solvencia en las arcas públicas y corregir rumbo para recobrar confianza y credibilidad en el hoy fallido gobierno veracruzano. Con su tempranero destape “Pepe” Yunes avala hoy y no mañana el perverso juego transexenal de Herrera-Duarte, reflejado en la anti popular gubernatura de dos años para un Veracruz tendido en la lona. Seis años o nada, debería ser en congruencia a lo que le apuesten quienes realmente estén dispuestos a servir con honestidad y buen juicio a los veracruzanos todos.

-ooo-

“Desde el Ayuntamiento de Xalapa impulsamos una política incluyente, con perspectiva de género, para fortalecer los derechos y valores de las mujeres en nuestra sociedad”, afirma Américo Zúñiga Martínez, alcalde de Xalapa. Quizá por esa política incluyente es que tolera en nuestra ciudad capital el bochornoso e indigno espectáculo de Cesar del Ángel y sus pupilas desnudas en la vía pública.

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