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Monthly Archives: marzo 2016

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

En el marco de la tragicomedia en que un gobierno fallido arrastra a la vida política de la entidad, no deja de sorprender el que los aspirantes a la minigubernatura de dos años insistan en orinar fuera del tiesto.

Tras meses de precampaña, los aspirantes inician el proceso de registro formal de sus intenciones sin modificar un ápice la tónica triunfalista y mesiánica con la que han bombardeado a propios y extraños. El yo por delante, fuera de contexto con el que asumen ser los llamados a transformar para bien a una entidad federativa postrada y en constante deterioro en todos los órdenes, habla por sí del carácter triunfalista y sin sustento del discurso

De espaldas a un ominoso horizonte nacional e internacional en el que estancamiento y recesión sistémica es la única luz que se vislumbra al final del túnel, machaconamente reiteran su disposición de salvataje para enderezar el gran entuerto en escasos 18 meses. Yo estoy listo, yo puedo, yo estoy limpio, yo generaré miles de empleos con mejores salarios, yo protegeré a los veracruzanos de la violencia criminal, yo acabaré con corrupción e impunidad, yo aseguraré un futuro pleno de oportunidades para los jóvenes. Yo, yo y sólo yo, y nadie más, es la cantaleta de moda en el proceso electoral en marcha, como si de un solo hombre o mujer dependiera el enderezar el rumbo y retomar el sendero perdido.

En contraste, la realidad real ofrece un panorama distinto. No hay respuesta válida para una crisis sistémica global. El deterioro económico es generalizado en todo el orbe y su tendencia a profundizarse se agudiza. En México el INEGI anuncia recesión y el Banco de México advierte que las posibilidades de crecimiento y rescate del empleo son limitados. El gobierno federal aprieta el cinturón y los recortes al presupuesto son ya pan de cada día,  en detrimento de tan optimistas como infundados propósitos y objetivos de un presidente Peña al que el país se le escurre entre los dedos.

Ni a cual ir, tanto quienes aspiran a la gubernatura como los que se apuntan para el relevo de la Legislatura en funciones, cojean del mismo pie.  Cual iluminados tenedores de una varita mágica capaz de enderezar al jorobado más contrahecho, pasan por alto que la realidad real les desmiente.

Ni apego al contumaz contexto de una realidad real ni la más mínima idea de lo que siendo deseable es posible realizar en el corto período de transición. Sólo el prurito de convencer con un falso discurso a un electorado potencial que, curándose en salud por principio niega el sufragio a una partidocracia corrupta, voraz e impune que a fin de cuentas, su propósito último es mantener secuestrada a una incipiente democracia representativa.

Hoy precampañas, mañana campañas, para culminar en junio próximo con una elección que por principio para el imaginario colectivo no garantiza nada que no sea más de lo mismo.

Estimados lector@s, si buscan que alguien les cuide, les de empleo, les mejore el salario y les asegure una vida digna, no lo piense mucho, sólo voten deshojando la margarita. Para el caso es lo mismo, con  más de lo mismo te gratificará con creces el poder del yoyo.

Hojas que se lleva el viento

Indignante el que texto servidores al servicio del autismo oficial,  califiquen a la megamarcha universitaria como fruto de la manipulación político partidista del PAN, orquestada desde las sombras por Miguel Ángel Yunes Linares. Si esta burda maniobra del denostado gobernador fallido estuviera respaldada por algún viso de verdad, su difusión por diversos medios tendría que interpretarse como un flaco servicio al PRI y a sus precandidatos, al exhibir una capacidad de convocatoria y manipulación social de la alianza opositora que está muy lejos de tener. Para el grueso de la sociedad, la maniobra duartista no es otra cosa que una expresión palpable de desprecio ya no sólo a la comunidad universitaria y al respaldo que le diera la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, también a la inteligencia de los veracruzanos. Patadas de ahogado de un pseudo gobernador aferrado con desesperación a un cargo que la sociedad le niega.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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