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Monthly Archives: abril 2016

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin demérito del reconocimiento y simpatía que quien esto escribe tiene para con Andrés Manuel López Obrador y lo que este representa en el despertar de las conciencias de un cada vez mayor número de mexicanos, he reiterado en mis maquinazos no estar de acuerdo con el machacón discurso en el que, por encima de un análisis a profundidad de la realidad nacional en sus diversos tonos de grises y el qué hacer para trascenderla para bien, coloca a una etérea “mafia” presuntamente encabezada por Carlos Salinas de Gortari como origen de todos los males que México padece.

Los grandes problemas nacionales son estructurales y sistémicos. Con o sin la “mafia salinista”, el México neoliberal no tiene futuro.

Aclarado esto y tras observar la tónica pedestre que dominara el “debate” que en Coatzacoalcos confrontara a seis de los 7 candidatos a la gubernatura de Veracruz, no tengo más remedio que aceptar que si la temática dominante en la guerra sucia electoral en curso, es la pátina ética y moral  de cuyo recubrimiento cada uno de los contendientes participantes presume adorna a su persona a la par que cuestiona la calidad de la de sus adversarios,  el candidato de mayor mérito ético y moral –por no tener cola visible que le pisen- es Cuitláhuac García, postulado por Morena e impulsado por López Obrador.

Corresponde al votante potencial el valorarlo.

Empero, me mantengo en lo dicho, el joven maestro universitario en el terreno de la política política aún está verde para menesteres como el enfrentarse a las chuchas cuereras de un sistema de partidos corrupto y pragmático al extremo que, de todas se las saben todas en tratándose de envolver con papel fantasía su afán último por alcanzar el poder por el poder mismo.

Frente a la retórica demagógica, consabidas mañas y mutuo baño de hediondeces de sus oponentes punteros, el candidato de Morena aún exhibe inexperiencia e ingenuidad, tanta como para dejarse llevar por la tentación de subirse al ring e involucrarse en el intercambio de lodo y detritus en una guerra sucia sin cuartel,  en detrimento del manejo de ideas, diagnóstico puntual de la realidad a la que los veracruzanos nos enfrentamos, así como propuestas concretas, viables y aceptables,  que no paren simplemente en considerar la urgente necesidad del rescate y reordenación de la administración pública a cargo del gobernador fallido,  cuando esto último es apenas una faceta más de la crisis multidimensional y multisectorial de un Veracruz postrado.

La sociedad veracruzana requiere cambios verdaderos en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de la entidad y el proponer el qué y el cómo satisfacer esta necesidad es lo que, en la medida de lo posible y viable para un gobierno de dos años -¿o año y medio?-, debería ser el énfasis de la campaña proselitista del joven candidato. Ese es el reto para Cuitláhuac.

En el entendido de que en el marco de la estrategia de un paso a la vez en una constante de aproximaciones sucesivas de Morena para la presidencial del 2018, el nuevo partido-movimiento gana aun perdiendo la elección del 2016 en Veracruz,  sacrificando a Cuitláhuac pero fortaleciendo su propuesta de gobierno, incipiente estructura y cuadros probados en distritos claves de la geografía política veracruzana.

Esto en el entendido de que por todos los medios a su alcance, Peña, como ya lo ha manifestado, no dejará que el “populismo” de López Obrador triunfando en las urnas,   dé marcha atrás a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo dominante.

Luego el adversario a vencer en esta etapa, a mi juicio no son los candidatos que postula el PRI y sus satélites o la coalición PAN-PRD, compitiendo con estos en una tan absurda como pedestre guerra de lodo, sino la desinformación, apatía y dispersión de un  electorado frustrado, lastimado y harto de más de lo mismo, ofertando el maestro García expectativas de cambio real mediante el rescate de la política política y participación consecuente de las mayorías en la construcción de un nuevo modelo de sociedad para el bien común de todos los veracruzanos. Si se puede y de eso toca a Cuitláhuac el convencer con vías a la elección presidencial del 2018,  madre de todas las batallas en la confrontación entre el modelo neoliberal de país que impulsa Peña Nieto y el reformismo progresista que propone López Obrador.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la guerra sucia electoral que se auspicia desde el gobierno del estado, llama la atención el que los candidatos a la sucesión del gobernador fallido, coincidan en propalar que cuentan con una varita mágica y,  con ésta en mano, ofertan los cuernos de la luna, caso de resultar electos.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Contrastando con el quehacer compulsivo de una llamada clase política inmersa en la guerra de lodo, la mayoría de la población en la entidad veracruzana vive su día a día comprometida con los avatares de una cotidianeidad cada vez más incierta y azarosa, sintiéndose ajena a lo que la partidocracia disputa en el proceso electoral en curso.

El bombardeo mediático no cesa, los tiempos de campaña se acortan y el mensaje de los candidatos contendientes no prende entre los veracruzanos, juzgándosele poco alentador frente al reto de rescatar a Veracruz lo mismo del desastre económico que de la corrupción impune que permea en todos los niveles de la administración pública.

No hay que ir muy lejos para percibirlo. Basta escuchar a familiares y amistades cercanas; a lo que se comenta en los centros de trabajo o lugares públicos de esparcimiento, para constatarlo. El peso de la vida cotidiana se impone por sobre el interés que podría o debería despertar el proceso político que desembocará con la elección del gobernador de dos años y el relevo de la Legislatura local. A lo sumo, se privilegia el comentario sobre el hartazgo que provoca el bajuno perfil del proceso en curso con vanas promesas de campaña alejadas de la realidad circundante, así como de dimes y diretes cargados de detritus que se intercambian partidos y candidatos, en una guerra de todos contra todos en la que el gobierno estatal no es ajeno y en la que la mayoría de los medios informativos son también actores beligerantes a conveniencia.

Si en los círculos políticos y periodísticos pragmáticamente  preocupa y ocupa el destino final de la contienda electoral, para el grueso de la población, mirón de palo al fin en una democracia simulada, el incierto final pareciera le tiene sin cuidado que, al fin y al cabo, el triunfo para unos u otros, buenos, malos o feos,  no es garantía alguna del tan necesario como urgente cambio que la entidad exige. Más de lo mismo entre los mismos, no motiva participación y compromiso de las mayorías para con un proceso electoral que naciera viciado de origen.

Confirmándose en Veracruz la no correspondencia entre el régimen político nacional vigente y las expectativas presentes y futuras de una sociedad en la que el descontento y el hartazgo le ha abierto los ojos. La ausencia de credibilidad y confianza en el régimen y  las instituciones de que de él dimanan, así como en el sistema de partidos políticos que le soporta, es ya denominador común en una población que no confía ni espera más de una democracia representativa secuestrada, dominada y controlada por mafiosas estructuras en las que la corrupción impune es su mejor carta de presentación.

Ya no es sólo reflejo del todo nacional  lo que se vive en Veracruz. La cloaca en que se ha transformado la vida política de la entidad es parte viva y actuante de un Estado-nación que habiendo perdido rumbo y destino, se sustenta en un régimen político que tocando ya a las puertas de la obsolescencia ni ve ni escucha lo que la realidad demanda.

Si queremos una democracia viva y actuante como sustrato del cual partir para el rescate y transformación de Veracruz, la tarea de todos empieza por rescatar la política política y,  este esfuerzo, no pasa ni por el actual proceso electoral ni por la llamada clase política y adláteres convenientemente comprometidos con el statu quo, está en el día a día con la participación y voluntad colectiva por incorporar a nuestra vida cotidiana el interés por el bien común, con el compromiso de arrojar a la partidocracia corrupta y larvaria al basurero de la historia. Basta ya de dar vuelta tras vuelta en el perverso círculo vicioso de una improductiva noria que no conduce a nada.

Hojas que se lleva el viento

Al presentar ante el Pleno del Senado el dictamen con proyecto de decreto por el que se expide la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales y se adiciona el artículo 9 de la Ley General de Bienes Nacionales, el presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado de la República, José  Yunes Zorrilla, aseveró que este instrumento legal propiciará condiciones de convergencia económica en favor de la población que habita el sur y centro del país sin perjuicio para el resto de los mexicanos. Afirmación del legislador priísta que debemos guardarla convenientemente en el morral de los recuerdos, como una expresión más de medias verdades y medias mentiras en la escalada del proyecto neoliberal que, impulsado desde Washington, pretende oponer el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), al proceso de integración regional de América Latina. Las comunidades indígenas asentadas en el sur-sureste de México más temprano que tarde desmentirán al legislador veracruzano, denunciando mayor desigualdad, pobreza, exclusión, discriminación, intolerancia y despojo de sus territorios a consecuencia del propósito último de las Zonas Económicas Especiales.

-ooo-

La lógica de la guerra sucia electoral en Veracruz: “Estás conmigo o estás con Javier Duarte y sus mapaches”. Y bajo esta premisa el candidato, candidata o partido político que mayor cantidad de mierda en contra de sus adversarios esparza a lo largo y ancho de la entidad será el ganador de la contienda.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Teniendo como escenario el intento del gobierno norteamericano por rescatar hegemonía en la conducción de la economía política latinoamericana (viajes de Obama a Cuba y Argentina), fortaleciendo la participación continental en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) en detrimento de los esfuerzos por integrar una comunidad latinoamericana al margen de los organismos financieros internacionales y en los que México es ajeno, los procesos electorales 2016 en nuestro país, como prolegómeno de la presidencial en 2018, necesariamente, a mi juicio, tendrán que ubicarse en los terrenos de la continuidad del modelo neoliberal o en su defecto, en un cambio de rumbo en el que se privilegie soberanía, autodeterminación económica, seguridad, paz social y bienestar palpable para la gran mayoría de la población.

Lo que en sí da lugar a una polarización política que habrá de reflejarse en las urnas.

En esta marco de referencia, para el caso específico de la sucesión en Veracruz, no sólo pesaría en la elección la opinión generalizada de rechazo al desempeño fallido de Javier Duarte de Ochoa y la complicidad del PRI por comisión u omisión, también con carácter determinante el rechazo al modelo neoliberal, entreguista y empobrecedor que impulsa el presidente Peña.

Separar ambos factores, privilegiando el primero e ignorando el efecto electoral del magro desempeño del gobierno federal en materia económica y social en el seno de la sociedad, como es fácil observar sólo conduce al empantanamiento de la vida política de la entidad y a la pérdida de perspectiva en lo que debería ser el tan necesario como urgente rescate de Veracruz. Ambos factores, rechazo al desempeño de Duarte y a las reformas presuntamente estructurales de Peña, van de la mano, se interactúan y complementan como un todo en el que en primera y última instancia lo que determina propósitos y objetivos en la elección del 2016, es el interés estratégico del gobierno federal por dar continuidad en el 2018 al modelo y proyecto de país que anida en la mente de Peña Nieto, su círculo de aprendices de brujo más cercano, así como en los intereses concretos de los poderes fácticos domésticos y externos.

Lo que implicaría, para ambos procesos electorales,  una confrontación al interior de la sociedad mexicana lejana a la idea de unidad nacional basada en un artificioso consenso que anteponga avances modernizadores por sobre estancamiento, retroceso, desigualdad, pobreza y deterioro del tejidos social, como el que propone conciliatoriamente  José Narro Robles, ex rector de la UNAM y actualmente secretario de salud.

O se está por la continuidad del modelo neoliberal o por un cambio que responda ya no sólo a los intereses últimos del país, sino incluso al clima de descontento y hartazgo que prevalece respecto al gobierno presidido por Peña Nieto y  a una partidocracia dominada por el PRI y el PAN que le secunda.  Tocaría hipotéticamente a los votantes potenciales inclinar la balanza a favor o en contra de la continuidad o el cambio de rumbo y no, necesariamente, quedar anclados en el anecdotario electoral que día con día construyen los actores políticos que aspiran a gobernar a nuestra postrada entidad federativa. Candidatos a gobernador o a diputados locales, frente a la estrategia electoral peñista son a mi juicio irrelevantes si no se inscriben y ubican en uno u otro de los dos polos opuestos y confrontados, toda vez que no hay lugar para un centrismo conciliador que ofrezca una tercera vía.

Esto al margen de indicadores presentes de deterioro y caótico desempeño de los organismos electorales en la entidad, presumiblemente bajo el control del gobierno duartista y que configuran vicios de origen del actual proceso electoral, así como del escenario de guerra sucia  que se da lo mismo entre contendientes quede manera abierta o bajo la mesa, al interior de los partidos participantes, configurándose una justificada  percepción en el imaginario colectivo de que con elecciones o sin estas,  Veracruz seguirá deslizándose por el tobogán de la descomposición política y social en detrimento del necesario y urgente rescate de su vida económica. Percepción que puede desembocar en un abstencionismo sin precedentes o al voto irracional de castigo. Tendencia nada favorable a un cambio verdadero y sí al temido más de lo mismo con la continuidad del saqueo, frivolidad, simulación y corrupción impune que deja como legado el fallido gobernador Duarte de Ochoa.

Por lo pronto, ya en pleno arranque de las campañas políticas, usos y costumbres ancestrales en materia electoral parecen imponerse por sobre todo viso de racionalidad democrática y respuesta a una crisis que no termina de tocar fondo. Se piensa que los votantes potenciales quieren venganza y a eso se reduce la oferta electoral. Nada cambia, todo sigue igual en un perverso círculo vicioso que nadie se atreve a romper.

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