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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Se ha convocado a los foros que en teoría son el punto de partida para la elaboración del “Plan Estatal de Desarrollo” que normará la acción del gobierno de dos años en Veracruz. Para los optimistas, dicho ejercicio es indicativo de apertura democrática de lo que se conoce como “alternancia”.  Así como también el que por primera vez el plan estatal no será puro rollo, mostrando el interés de la próxima administración pública veracruzana en el rescate de la entidad.

Para los pesimistas, tanto los foros respaldados por la Universidad Veracruzana como el documento que habrá de aprobar la Legislatura local, son más de lo mismo. En tanto que para el grueso de la población, ni siquiera está enterada a cabalidad de lo que entraña un compromiso gubernamental de tal naturaleza.

Para quien esto escribe, haciendo honor a la etiqueta de “contreras”, que se le colgara desde el momento mismo que en estas líneas se afirmara que Veracruz no podría cifrar sus esperanzas de bienestar y progreso con un gobernador como Javier Duarte de Ochoa, ni pesimismo ni optimismo en torno al ejercicio en cuestión. Mucho menos confianza en una intención pragmática y coyuntural presuntamente de buena voluntad y apertura democrática.

Hasta no ver no creer, cuando de conocer los resultados se trate.

Esto, porque como ya lo he señalado en maquinazos anteriores, ni se trata de un auténtico plan de desarrollo para Veracruz, ni el horizonte de planificación de dos,  u ocho años en su caso, es congruente con el nivel de atraso y rezago de una entidad federativa sin pies ni cabeza. Amén de que nadie puede asegurar que se contará con los recursos públicos y privados para respaldar propósitos, objetivos y metas por alcanzar, si efectivamente estamos hablando de alcanzar niveles superiores de crecimiento y desarrollo que, cuando menos, nos pongan a la altura de estados vecinos.

Ello, independientemente de que el entorno nacional e internacional no es nada propicio para el crecimiento económico y, mucho menos, para proponerse alcanzar objetivos y metas de desarrollo que incidan en el progreso y bienestar de las mayorías. Todo indica que lejos de avanzar se retrocede en el logro de mejores condiciones de vida para las poblaciones, ante una crisis globalizada que estando tocando fondo, al no encontrar salida satisfactoria hace pagar el costo de los platos rotos a los sectores más vulnerables de la sociedad. Ejemplos sobran. Como también sobran los que ni ven ni aceptan la realidad real. Pero así están las cosas.

De lo que sí podríamos hablar es de bajarnos de la nube, aceptando con honestidad y modestia, que no se trata de un “Plan Estatal de Desarrollo”, sino acaso de un plan o programa de gobierno para la administración pública estatal en un horizonte de dos años que, en la coyuntura actual permita encauzar con un mínimo de racionalidad y visión de Estado, tanto el rescate como la reordenación del aparato gubernamental con propósitos y objetivos viables de eficiencia, eficacia, austeridad y, por supuesto, con un alto grado de honestidad y buen juicio en el manejo de la cosa pública.

Desde luego, aceptando también que se gobernará con una  minoría que respalde la acción de gobierno. Quedando obligado el gobernador entrante a rescatar en primer término, credibilidad y confianza en las instituciones y servidores públicos, hoy prácticamente inexistente. Primero limpiar la casa y, si alcanza tiempo y recursos a otra cosa mariposa.

Y hasta ahí. Pretender otra cosa, a mi juicio, es demasiado ambicioso cuando el horno no está para bollos lo mismo en la entidad veracruzana que en el todo nacional. Con alternancia o sin esta en Veracruz, el gobierno de México en general está rebasado, sin visos de respuesta y corrección del rumbo neoliberal emprendido hace ya más de tres décadas,  exacerbado hoy día por un presidente que lejos de administrar y solucionar conflictos, los crea y se le salen de control. La sola presencia de Javier Duarte de Ochoa aún al frente del gobierno de Veracruz tras un larguísimo estira y afloja, es ejemplo de ello.  Reflejo de descomposición político administrativa del todo nacional.

Empero, hay que aceptar las cosas como son. Dejemos que optimistas y pesimistas jueguen sus cartas y esperemos resultados. Después de todo a Veracruz ya no le queda nada que perder. Si algo queda de positivo tras dos años de un gobierno panista será ganancia para los veracruzanos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2016

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