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Monthly Archives: abril 2017

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El beneplácito social por la captura de Javier Duarte se dejó sentir en todo el territorio nacional, empero, de la mano de un justificado “sospechosismo” que ya destacados analistas políticos se han encargado de destacar y a los que Peña Nieto respondiera con un “No hay chile que les embone…”.

La crisis de credibilidad que arrastra el país, pesa más que el discurso oficial. La reacción social ante el mensaje con el que el presidente Peña Nieto pusiera de manifiesto la fuerza del régimen contra la corrupción, ejemplarizando con la las recientes capturas de los ex gobernadores de extracción priísta, Javier Duarte, de Veracruz y de Tamaulipas, Tomás Yarrignton, fue de escepticismo y de sospecha de un arreglo en lo oscurito garantizando el silencio de los detenidos.

No podía esperarse otra cosa. La credibilidad y desconfianza en las instituciones encargadas de procurar y administrar la justicia en el país, ganada a pulso por el régimen político mexicano da para mucho. Y si bien es de aplaudirse el que el gobierno haga su trabajo, la opacidad de sus acciones da lugar a duda sobre su eficiencia y eficacia.

Con mucha mayor razón cuando estas acciones se politizan, sirviendo de marco a intereses electorales en juego, como podría ser el caso de los presuntos saqueadores hoy a resguardo de las autoridades. Pareciendo que el objetivo último en tiempo y forma de las detenciones de marras es lo mismo de un acto propagandístico a favor del partido en el gobierno ante los próximos comicios en Edomex, Veracruz, Nayarit y Coahuila, que el de un gran distractor tras el cual ocultar el fracaso gubernamental tanto en el combate a la corrupción e impunidad como en materia de seguridad pública, talones de Aquiles del Estado mexicano.

Cortina de humo que más allá de las consecuencias ulteriores que ameriten los aún presuntos actos delictivos de Javier Duarte y Tomás Yarrington, también opera a favor de distraer la atención de la sociedad en lo referente al pobre desempeño de la economía nacional reflejada en el bolsillo de las mayorías empobrecidas.

Esto en el orden nacional. Por lo que toca a Veracruz, la detención del ex gobernador Duarte de Ochoa, no deja de ser parte del show mediático con el que Miguel Ángel Yunes Linares pretende justificar su empeño tanto por restablecer el estado de derecho en la entidad como del rescate de una administración pública quebrada, sin pies ni cabeza. El énfasis de la prensa estatal por destacar lo que la gente quiere escuchar, obviando la problemática toral de un Veracruz de rodillas, lo refleja.

Para empezar, no se puede ni debe pretenderse el restablecer el estado de derecho al margen de la ley. Perseguir delincuentes no está dentro de las funciones del ejecutivo estatal, como tampoco el asumirse como vocero de la Fiscalía declarando sin apego a verdad y transparencia. Y, por cuanto al rescate de la administración pública estatal, el refundir en la cárcel al ex gobernador Duarte de Ochoa ni saneará las arcas públicas ni asegura eficiencia y eficacia, mucho menos credibilidad y confianza en las instituciones veracruzanas que, hasta ahora, bajo el gobierno de la alternancia dejan mucho que desear. La corrupción, impunidad y simulación siguen siendo la constante. Nada nuevo bajo el sol.

Lo prudente sería dejar que la PGR haga su trabajo y el gobierno de Veracruz a lo suyo. El tiempo es oro y no se puede perder con el seguir quemando pólvora en infiernitos. Ya con el proceso electoral en marcha es suficiente como distractor para amainar el temporal. Empero, no se puede echar en saco roto el hecho de que el gobierno de Peña Nieto se valdrá del caso Duarte con fines electoreros. La tendencia del PRIAN pretendiendo de manera orquestada capitalizar a su favor el tema así lo indica. El gobernador Yunes Linares tendrá que aceptarlo, sumándose,  o renunciar a un  juego que sólo reditúa a su ego.

Chetumal, Q. Roo 18 de abril de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de Rafael Junquera Maldonado. Entrañable amigo que se nos adelantara en el camino.

Una vez definidos los candidatos de los partidos políticos – no de la ciudadanía-  a la contienda electoral que desembocará en la elección de las 212 fórmulas edilicias de la entidad, vale considerar  aspectos a mi juicio relevantes para el electorado en el camino a la decisión a tomar frente a las urnas el próximo 4 de junio.

Tanto a nivel nacional como en nuestra aldea, la sociedad ha cambiado, no es la misma la que emitirá su voto en el 2017 que la que en el pasado se sometiera electoralmente a las reglas del juego, usos y costumbres del partido hegemónico. Lo que obliga a pensar que a diferencia del pasado, para la elección edilicia en Veracruz pesará más la percepción negativa que se tiene tanto del poder público como de los partidos contendientes, que de los candidatos, independientemente de la aceptación o empatía que estos últimos generen en la ciudadanía;

En estas condiciones atípicas de la vida política nacional, el proceso electoral del 2017 en Veracruz, va más allá de la simple elección edilicia. Lo que está en juego es la elección de gobernador y la presidencial en el 2018, y a ello está encaminada sin distingos  la estrategia partidista;

La oposición al gobierno de la alternancia y sus candidatos en la contienda,   no es homogénea.  Hay de chile de dulce y de manteca. Si bien pareciera que todos los partidos opositores van en el mismo saco,  la realidad es que van juntos pero no revueltos, cada uno persigue propósitos, objetivos e intereses diferentes que les acercan o alejan, según el caso, tanto del gobierno priísta de Peña Nieto en el orden nacional como de la alianza PAN-PRD en el gobierno veracruzano. No son lo mismo el PRI y sus satélites que con sus asegunes Movimiento Ciudadano, Morena o el Partido del Trabajo.

Ideológica y programáticamente no hay diferencias de fondo en el espectro político-electoral vigente. En la visión de mediano y largo plazo propósitos, objetivos y metas por alcanzar, sin excepción toda la partidocracia se encuadra dentro del modelo neoliberal del capitalismo salvaje de nuestra época, hoy día impulsado en México por Peña Nieto y los poderes fácticos que representa.

Coyunturalmente, dominando el pragmatismo, para un horizonte de corto plazo la oferta electoral no es blanco y negro, tiene sus matices que van desde la visión conservadora de la ultraderecha que agrupa al PAN, al PRI y al PRD, que la de un reformismo más o menos progresista en forma y fondo de Morena y, quizá de  Movimiento Ciudadano, que le apuestan a un cambio en el statu quo del régimen político, económico y social dominante,  frenando políticas públicas empobrecedoras y contrarias a principios sustantivos de independencia y soberanía nacional.

Luego es en la actual coyuntura político-electoral en la que habría poner énfasis en la toma de decisiones ciudadanas frente a las urnas. Definiendo con el voto lo mismo el mantener más de lo mismo o bien, el apostarle a un cambio que, por modesto que sea, como reza la conseja popular, “algo es algo, dijo un calvo”, contribuya lo mismo a la oxigenación de la vida política,  fortaleciendo el poder ciudadano y ulterior rescate de la democracia representativa en la entidad.

Del voto razonado en la contienda en curso, dependerá el peso específico que cobre el reservorio político-electoral de Veracruz para el 2018.

La ciudadanía tiene la palabra, el balón está en su cancha.

Hojas que se lleva el viento

Más allá del diferendo verbal y mediático entre el Sr. Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador, todo parece indicar que el gobernador veracruzano está logrando poner freno a las aspiraciones de MORENA, permitiéndole cacaraquear como minoría beligerante en el Congreso local o con discursos incendiarios en la plaza pública, pero impidiéndole se fortalezca aliándose a los movimientos sociales contestatarios que, como hongos, proliferan ya a lo largo y ancho de la entidad. La amenaza ha sido clara, la injerencia de MORENA en la protesta ciudadana en sus diversas manifestaciones, será combatida con todo el peso de la ley. Obligando al partido de López Obrador a no transgredir las reglas no escritas de un juego en el que todo se vale menos agitar las ya de si encrespadas aguas del descontento y el hartazgo social.

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El senador Héctor Yunes Landa montado en su macho, insiste en llevarle la contraria a su pariente Yunes Linares. Sin contar con autoridad moral y política para juzgar los desaciertos del gobierno de la alternancia insiste en ver moros con tranchete. Incapaz de consensuar el nombramiento del fiscal anticorrupción en la comisión senatorial que preside, olvida que en materia de corrupción el PRI en Veracruz lleva la mano. Doce años de saqueo a manos de gobiernos priistas no se olvidan.

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El primer obligado a proporcionar seguridad a la población conforme a derecho es el gobierno municipal, cosa que en el caso de la capital veracruzana el alcalde Zúñiga Martínez no contempla entre sus prioridades. Habla y habla de una coordinación entre los tres niveles de gobierno en materia de seguridad pública que no existe. El Ayuntamiento xalapeño no contribuye en nada en la tarea del combate a la ola de violencia criminal que tiene en jaque a la población, por lo que no cuenta en los esfuerzos del gobierno federal y estatal por restablecer la extraviada seguridad y tranquilidad social. Los hechos desmienten a nuestro flamante alcalde.

Cd. Caucel, Yuc., abril 12 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el imaginario colectivo la percepción cobra peso político cuando la realidad, siempre la terca realidad, se encarga de confirmar lo percibido. Tal es el caso a mi juicio de la incidencia de percepciones sobrepuestas en la vida política de México y, específicamente en Veracruz,  que se objetivizan   en el quehacer cotidiano de la gente, impulsando resistencia y una cada vez mayor agudización en la descalificación del régimen político vigente y la democracia representativa que de este emana.

La pérdida de credibilidad y confianza toca ya a las instituciones republicanas, poniendo en riesgo gobernabilidad y gobernanza en amplios territorios de la nación y regiones específicas de Veracruz, en los que el doble poder marcado por una delincuencia en ascenso y un poder público corrupto e incapaz de ponerle freno,  niega la posibilidad en el corto plazo de recuperar seguridad  y paz social. Lo que para la autoridad se concibe como percepción popular sin sustento, para la población es ya realidad irrefutable, cobrando un peso político que seguramente se reflejará en los resultados electorales próximos en Edomex, Coahuila, Nayarit y Veracruz con su consiguiente impacto en la elección presidencial en 2018.

La descomposición política en las entidades federativas mencionadas, ya no es percepción anidada en “mentes calenturientas”. La corrupción e incapacidad del aparato gubernamental es obvia, la democracia representativa pende de un hilo y la partidocracia rampante pierde el control, teniendo que recurrir, como en Edomex, a lo que ya se califica por los conocedores del paño como una “elección de Estado” auspiciada por el gobierno de Peña Nieto.

En Veracruz, doce años de saqueo de las arcas públicas y la consiguiente pérdida de hegemonía del PRI en la entidad, tiene a la vida política de la entidad desquiciada, sin pies ni cabeza. El gobierno de la alternancia sin recursos, sin visión y acosado por la violencia delincuencial, se manifiesta incapaz de poner orden en el proceso electoral en curso. En un todos contra todos, aflorando las más bajas pasiones, el interés personal y de grupo se impone por sobre el bien común en la trasmisión del poder municipal en las 212 demarcaciones municipales.

La huella de Fidel Herrera y Javier Duarte contamina todo el espectro político-electoral chocando con la estrecha visión de futuro y de gobierno del Sr. Yunes Linares a quien, por cierto, sus cálculos respecto a la bondad de la alianza con el PRD han resultado fallidos; si bien los votos aportados por el PRD le permitieran ganar legalmente  la gubernatura, estos no han sido suficientes para la legitimación ante las mayorías de la alternancia como opción de gobierno. La elección en el 2016 se fue a tercios y la alianza PAN-PRD quedó en franca minoría en la correlación de fuerzas político-electorales, reflejándose en la ausencia de consensos en la conducción del proceso electoral en curso. Una cosa es ganar y otra, muy distinta, sostener el triunfo.

En términos prácticos, el PRD no aporta nada social y políticamente a la alternancia. El PAN tendrá que vérselas solo para concretar el proyecto político del Sr. Yunes Linares.

Hechos objetivos y no solo percepción aislada confirman lo que bulle  en el imaginario colectivo, definiendo intención del voto. La alternancia en Veracruz está resultando fallida;  el PRI aún no asimila la derrota del 2016 y pasivamente contra corriente espera la del 2017; el PAN a la greña en la entidad, el PRD, en franca desbandada. En tanto que MORENA no actúa en consecuencia con visión y congruencia no obstante a sabiendas de que tiene el triunfo al alcance de la mano. Esto en el marco de un clima de corrupción oficial que no cede y una violencia criminal que tiene lo mismo a la población en ascuas que a un gobernador contra la pared.

Así y en tanto los partidos políticos dominantes velan armas, el grueso de la población en espera de su oportunidad. En Junio próximo se verá que tanto peso político-electoral tiene el imaginario colectivo en condiciones atípicas como las que hoy vive México. El sufragio será nuevamente de castigo.

Hojas que se lleva el viento

En Yucatán también se cuecen habas. No obstante mantenerse a la cabeza entre las entidades federativas que acusan mayor grado de seguridad pública, paz social y armónica convivencia entre desiguales, ya empiezan a aflorar señales ominosas de corrupción oficial y colusión con particulares que ponen en entredicho al gobierno estatal de origen priísta. Ya corre el rumor de un conflicto de intereses en la ejecución de las obras de lo que será la Zona Económica Especial de Progreso, señalándose insistentemente al senador Emilio Gamboa Patrón y su grupo como parte activa.

El brutal asesinato de la Sra. Emma Gabriela Molina Canto en la capital del estado parece estar destapando la “Caja de Pandora” en la maraña de corrupción oficial y privada que vincula a Yucatán con Tabasco y Quintana Roo.

Cd. Caucel, Yuc., abril 5 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 “La naturaleza política de la democracia, puede mirarse a través de tres elementos generales…: lo primero que la democracia exige es que todo su engranaje tenga como base el reconocimiento de los derechos humanos y estos cuenten con plenas garantías para su realización, pero a la vez que sirvan como limite al poder del Estado; lo segundo que haya una efectiva separación e independencia de los poderes públicos y que las leyes no sean usadas como arma política; y lo tercero que la representatividad, las autoridades tengan legitimidad y atiendan y actúen siguiendo las demandas de los diversos grupos sociales y su discurso aliente la elevación de la conciencia política y social de la ciudadanía.- Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Siguiendo esta línea de pensamiento de Restrepo Domínguez, cabe preguntarse si en nuestra incipiente democracia con las condiciones de descomposición política y social que hoy día prevalecen a lo largo y ancho del país,  Enrique Peña Nieto tiene razón cuando afirma que: “Quienes dicen que México está en crisis, es porque la tienen en la mente” (xeu.com-mx 28/03/2017).

Si la sociedad mexicana atravesara por un proceso de polarización en el que más o menos la mitad de la opinión pública percibiera que todo marcha bien, que la corrupción y la inseguridad acompañadas del desempleo, desigualdad y pobreza, únicamente anidan en la mente de quienes resistiendo se oponen a la versión oficial, la aseveración presidencial encontraría eco calificándose como acertada. Empero, la terca realidad indica que tal polarización no existe, ni los consensos se dividen por partes iguales, las mayorías no solo perciben el estado crítico del Estado mexicano, en su cotidianeidad lo viven en carne propia.

En lo político el régimen acusa una crisis terminal de principios y valores que se refleja en la ausencia de honestidad, representatividad y legitimidad en una democracia representativa secuestrada por la partidocracia, mermando credibilidad y confianza en las instituciones.

En lo económico, las reformas estructurales neoliberales impulsadas por Peña Nieto y sus aprendices de brujo, lejos de estimular crecimiento y desarrollo agudizan estancamiento y retroceso,  tanto en el aparato productivo como en unas finanzas públicas que dejaran de contar con la “gallina de los huevos de oro”.

En lo social, la inseguridad pública y criminalidad en ascenso en todas sus denominaciones, siendo el pan de cada día conviven con exclusión, salarios de hambre y desempleo creciente,  estimulando lo mismo la reproducción ampliada de la economía informal, la desigualdad y la pobreza que la migración de compatriotas que buscan en el extranjero mejores oportunidades; resultando nugatoria la obligación del Estado por preservar el reconocimiento de los derechos humanos otorgando plenas garantías para su realización.

 “No vivimos en el peor de los mundos…” afirma Peña Nieto. Pero tampoco México es el mejor cuando más de 50 millones de mexicanos carecen de la seguridad de saber a ciencia cierta si comerán mañana.

Si esto no configura la condición de crisis del Estado mexicano, efectivamente con toda certeza el Sr. Peña nieto se expresa con verdad. Luego entonces, más que reprobar su mandato cabe elevar nuestro nivel de aceptación, reconociendo que por sobre una percepción equívoca de una mayoría “ignorante” que ve moros con tranchete, debe imponerse el pensamiento lúcido, coherente y congruente de la minoría ilustrada que hoy por hoy nos conduce al despeñadero. Cuestión de enfoques.

Hojas que se lleva el viento

Mientras a Veracruz le va como en feria viviendo en plena penuria política, económica y social, nuestra aldeana expresión de la partidocracia preocupada y ocupada en la arrebatinga electoral, en una disputa de todos contra todos por ganar el derecho a colocarse donde hay… o había antes del saqueo.

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A la Confederación Nacional Campesina lo único que le queda como reminiscencia de su histórico papel como paladín del agrarismo, es el sombrero de ala ancha de sus hoy dirigentes, encumbrados terratenientes millonarios.

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El alcalde xalapeño, Américo Zúñiga, dispuesto a vender caro su apoyo al candidato del PRI al gobierno de nuestra ciudad capital, le pisa duro al acelerador rescatando el voto duro entre las organizaciones de tianguistas y vendedores ambulantes que, a últimas fechas,  les ha dado por poner sus barbas en remojo simpatizado con las propuestas de MORENA… por si acaso.

Xalapa, Ver., 29 de marzo de 2017

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