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Category Archives: alianzas electorales

Pulso crítico

  1. Enrique Olivera Arce

El fuego que arrasara la pradera a lo largo de más de 12 años se extinguió…  pero las brasas quedan.

Cambio en la administración pública estatal, pero no de régimen ni de modelo económico. Los mismos paradigmas neoliberales, la misma confrontación entre las élites y la base de la pirámide social, en el escenario de un  cambio de época global en el que el corrimiento de la izquierda electoral y el centro hacia la derecha, deja a las mayorías sin interlocutores y en franca indefensión.

 Parafraseando a Vicente Lombardo Toledano, Miguel Ángel Yunes Linares siendo polvo de aquellos lodos, no necesariamente garantiza cambio alguno de fondo que permita bajar la guardia, luego cabe que los veracruzanos ni cierren los ojos ni caminen descalzos.

Resistir y autodefensa activa, es la tarea para las mayorías empobrecidas.

Dadas las condiciones actuales por la que atraviesa la entidad veracruzana, es sano mantener el beneficio de la duda, empero este requiere de su diario cuestionamiento y/o refrendo si así procede a lo largo de los próximos 24 meses.

No dudamos de las buenas intenciones, empero no se puede hacer de lado que signos ominosos desdicen al Sr. Lic. Yunes Linares en su primer día como gobernador constitucional: en la integración del gabinete (con respetables excepciones predomina inexperiencia y el color fresa) que le acompañara a lo largo de su mandato; los excesos en su toma de protesta ante el Congreso y para colmo, la vieja práctica de verdades a medias, del acarreo y la filtración insidiosa de rumores.

Por mucho que esté comprometido con el PRD, es un despropósito mayor el que el responsable de la delicada política interna en la entidad se haga recaer en  un camaleón, oportunista, con cuestionadas relaciones oscuras con el fidelismo y traiciones para con su partido, sin experiencia probada en el servicio público  como lo es el recién titulado licenciado en derecho, Rogelio Franco Castán. Como también juzgo como equívoco el hablar de un gobierno cercano a la gente, cuando para tomar oficialmente la protesta de ley que le obliga con los veracruzanos, convierte la casa de éstos en bunker en previsión a manifestaciones y abucheos.

 Desconfianza, amenaza velada y medidas de seguridad innecesarias, la mayoría de los habitantes de la capital veracruzana ni por enterados se dieron del cambio de estafeta. Y en los informados, la indiferencia se hizo acompañar de carencia de confianza y credibilidad suficientes como para abandonar el trajín cotidiano para concurrir a un evento que se juzga de mero trámite.

La duda queda: gobierno cercano a la gente, o gobernar con el pueblo y para el pueblo.

Los veracruzanos esperan hechos no palabras ni parafernalia a modo, así se trate de escuchar lo que a juicio del nuevo gobierno y de los medios informativos que actúan como caja de resonancia la población quiere escuchar. Lo que nos lleva a considerar como vana esperanza el rescate de Veracruz, en tanto se persista en confundir a un gobierno quebrado sin autoridad moral y política con una entidad federativa cuya crisis económica y social transita por los sótanos.

Se recuperan un mil doscientos millones de pesos en inmuebles y en especie, de otros muchos miles de pesos extraviados, dice el Sr. Yunes. Se amenaza con aplicar todo el peso de la ley a los depredadores impunes, incluido Fidel Herrera, artífice del desastre, así como enderezar entuertos para un eficaz salvataje del aparato gubernamental y las finanzas públicas. Más nada se dice sobre el qué hacer, cómo y con qué, para el rescate de una economía en franco estancamiento; con desempleo, pobreza y desigualdad, rémoras estructurales que en oposición a crecimiento y desarrollo brillan por su ausencia en el discurso.

Mucho menos de la imperiosa necesidad de afrontar las amenazas del presidente electo de los EE. UU., que de materializarse,  en la entidad  impactarán en el flujo de inversión externa, empleo, remesas de nuestros coterráneos y, de manera significativa, en las actividades con mayor índice de generación de empleos y aportación al Producto Interno Bruto Estatal, como la petrolera, la azucarera, la cafeticultura y la maquila, cuya vulnerabilidad es evidente para quien lo quiere ver con objetividad.

Veracruz tocó fondo en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de su población, el verdadero problema de ello es que para salir solo se puede regresar y, para esto, se requiere visión de Estado, más que de gobierno, para rescatar lo rescatable del pasado, trazar nuevos rumbos y construir sobre bases nuevas el presente.

Y esto no figura en el discurso inicial, pasándose por alto  que la entidad no va sola; la recesión como realidad económica, la crisis de un régimen político caduco, un presidente con bajísima aceptación, e incertidumbre social respecto al futuro cercano, es escenario nacional común y es, en estas encrespadas aguas, que  habrá que navegarse.

Quedar atascados en el lodazal de la venganza, sin más visión que  el cortoplacismo de la oportunidad largamente esperada, impide ver con claridad para adelante. Sin dar vuelta de hoja y a otra cosa mariposa, seguiremos entrampados.

El cambio en el gobierno debe empezar por aceptar que la burra no era arisca… el rescate de credibilidad y confianza es prioridad compartida; si no se estrecha la distancia entre gobierno y gobernados el llamado a la unidad en torno a las tareas de todos para entre todos sacar al buey de la barranca, es sembrar en terreno estéril.

A Yunes Linares corresponde extender la mano, no el puño cerrado, para lograrlo. Esto implica sí, restablecer el estado de derecho con firmeza, pero entendiendo que por sobre el interés por sanear las finanzas públicas, encarcelar a los prevaricadores y enderezar la nave gubernamental, está el interés por el progreso y bienestar de los veracruzanos. Y a estos, corresponde el entender que sin la participación organizada y consecuente de la población en la toma de decisiones que a ella compete, es seguir dándole vueltas a la noria.

Gobierno y población de la mano con responsabilidades compartidas es la exigencia, sin ello, el nuevo gobierno transitará por los caminos trillados del fracaso anunciado.

Hojas que se lleva el viento

Ya ni llorar es bueno. Nos saquearon y el pueblo de Veracruz pagará los platos rotos. La corrupción en el servicio público, coludida con el sector empresarial no tuvo límites. Nos volverán a saquear si lejos de tomar medidas drásticas y radicales por parte de la población para evitarlo, se persiste en dejar hacer dejar pasar sin haber aprendido de lo lastimosamente vivido.

El sálvese el que pueda, rascándose cada quién con sus propias uñas, tan urgente como necesario es el erradicarlo. Nadie puede permanecer indiferente, salvo aquellos que aún no logran despertar.

Pretender construir y alcanzar la democracia plena sin construir ciudadanía, es utopía. Hacer política sin ciudadanos, es autoritarismo, alejándonos del bien común. Entendámoslo.

Xalapa, Ver., diciembre 6 de 2016.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Patético, no puede calificarse de otra manera el vano esfuerzo de los senadores veracruzanos José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, para posicionarse como los más idóneos para la gubernatura del estado en 2018.

No porque en las filas de la clase política veracruzana destaquen por su historial, por su lealtad al presidente Peña y por su empeño por desvanecer la percepción de desconfianza, carencia de credibilidad y rechazo que a pulso se ha ganado el PRI tras doce años de saqueo. No. De eso no hay duda, se registra un grado de congruencia consecuente, remar en el México de hoy contra la corriente tiene su mérito.  

El calificativo de patético como categoría política y no como expresión peyorativa con ánimo de lastimar, deviene de su ingenuidad en tanto confían en que Veracruz sigue siendo  el mismo de siempre, que la sociedad veracruzana no ha cambiado y que,  como endenantes, el desparramar espejitos y abalorios  asistencialistas y clientelares da autoridad moral y política suficiente para un borrón y cuenta nueva.

Ingenuidad reflejada en el discurso pero también en los hechos. Adelantar campaña cuando el horno no está para bollos, fingiendo demencia al pretender que se ignore el     que la nave zozobró con un PRI que presumía saber gobernar y que, con desmarcarse del “fidelato” y repetir y repetir que su lealtad está firme con Veracruz, con Peña Nieto y con el combate a la corrupción, quedan cual blancas palomas, ajenas al desastre. Sí que es ingenuidad, por decir lo menos.

Ilusos, también, en tanto creen a pie juntillas que en el ánimo de los veracruzanos Peña Nieto goza de suficiente confianza, credibilidad y aceptación como para que éste pese y determine en la elección de gobernador de la entidad veracruzana en el 2018.

Pero más aún, el pretender convencer a los veracruzanos que Peña Nieto ve por Veracruz, cuando es del dominio público que el sedicente presidente le dio la espalda a la entidad solapando a Javier Duarte en sus trapacerías. Patético.

Y por si fuera poco, cuando ajenos a la realidad del país, ignoran que para la elección presidencial en el 2018,  Peña Nieto ya no será referente  válido de triunfo para el PRI. El pueblo de México desde ya da por sentado que el mexiquense repudiado y derrotado por las mayorías, entregará la presidencia al PAN antes que cederle los bártulos  a López Obrador.

Pero eso no es todo. Patético también resulta el que algunos medios de comunicación, columnistas y opinadores, más por amistad e interés pecuniario que por convicción, sigan alentando la vana esperanza de los señores senadores sin atender al hecho de que éstos tuvieron su oportunidad y la dejaron pasar.  En el Veracruz de hoy el PRI ya no tiene cabida.

Pero bueno, como en política todo se vale, no hay peor lucha que la que no se hace, así sea bajo el amparo de recursos de los contribuyentes.

Hojas que se lleva el viento

Por respeto y consideración a la primera minoría electoral de Veracruz que, con su voto, diera el triunfo a Miguel Ángel Yunes Linares, considero prudente el conceder a este el beneficio de la duda esperando le cumpla a la entidad, más no un cheque en blanco. Al asumir la candidatura por la alianza PAN-PRD sabía a qué se enfrentaba y con qué recursos escasos contaría de alcanzar la gubernatura, así que si en algo valora su palabra, no más endeudamiento, opacidad y simulación en el manejo de la cosa pública.

-ooo-

Mudo por la sorpresa y el espanto, el clasemediero feminismo nacional que reivindica el empoderamiento de la mujer respaldando a Margarita Zavala en sus aspiraciones y propósitos futuristas, pasmado no ha sabido o no ha querido responder al Subcomandante Galeano (Marcos) quien a nombre del EZLN y el CNI, anunciara que para el 2018 los pueblos originarios propondrán como candidato a la presidencia de México a una mujer indígena. Y es que los argumentos asumidos por el zapatismo no dejan lugar a una respuesta que valga:

 “¿Le molestaría ver y escuchar un debate entre la Calderona de arriba, con sus ropas “típicas” de marcas exclusivas, y una mujer de abajo, indígena de sangre, cultura, lengua e historia? ¿Le interesaría más escuchar lo que prometa la Calderona o lo que proponga la indígena? ¿No querría asomarse a ese choque entre dos mundos?”.

¿No estarían, de un lado, la mujer de arriba, nacida y criada con todas las comodidades, educada en el sentimiento de superioridad de raza y color, cómplice y pretendida heredera de un psicópata aficionado al alcohol y a la sangre, representante de una élite que lleva a la destrucción total a una Nación, señalada por el Mandón como su vocera; y en el otro lado, una mujer que, como muchas, se forjó trabajando y luchando todos los días, a todas horas y en todos los lugares, no sólo contra un sistema que la oprime como indígena, como trabajadora y como pobre, también como mujer, que se enfrentó y ha enfrentado a un sistema reproducido a imagen y semejanza en los cerebros de los varones y de no pocas mujeres, que con todo en contra, hoy, sin saberlo todavía, tal vez tenga que representarse ya no sólo a sí misma, o a su colectivo, o a su pueblo, tribu, nación o barrio originario, también tenga que aspirar a representar a los millones de mujeres diferentes en lengua, color y raza, pero iguales en el dolor y la rebeldía?  ¿No estarían, por un lado, una mujer criolla, blanca, símbolo de la opresión, la burla, el escarnio, la impunidad, la impudicia; y del otro una mujer que tendrá que levantar su esencia indígena por encima de un racismo que permea todos los estratos sociales?  ¿No sería verdad que, sin apenas darse cuenta, dejaría usted de ser espectadora, espectador, y desearía, desde lo más profundo de sus sentimientos, que en ese debate venciera, en buena lid, la que tiene todo en contra?  ¿No aplaudiría que con esa mujer indígena ganara la razón y no la fuerza del dinero?”.

-ooo-

Y a propósito de lo anterior, ilustrativa la pobre respuesta de Andrés Manuel a la propuesta rebelde, que le coloca en los terrenos de la pugna electoral y no en los de la necesidad de un cambio auténtico para México. Lo cual es lógico, en tanto que Andrés Manuel por bien intencionado que sea, no es revolucionario sino parafraseando a López Mateos, simple hombre de “izquierda dentro de la Constitución”. Respuesta del “Peje” al EZLN y CNI, que coloca a Morena entre la espada y la pared: o lucha por el poder mesiánico del hombre cazado con el propósito de gobernar a México, o se suma al gran movimiento de resistencia anticapitalista en torno a un programa mínimo de acción unitaria como el ya delineado por los zapatistas en la tarea de transformar al país. De lo que decida depende a su vez la respuesta que de las mayorías excluidas y empobrecidas espera obtener en el 2018.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 25 de 2016.

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J. Enrique Olivera Arce

¿Por fin se libró Veracruz de un gobierno  fallido, corrupto e impune?

Para nada, la despedida de Javier Duarte ha sido un juego más en la larga cadena de simulación con la que el ahora gobernador con licencia  se ha burlado de la ingenuidad política de los veracruzanos.

Tanto la solicitud de licencia y su aceptación por parte de una Junta de notables (Junta de Coordinación Política de la Legislatura local), así como la designación “fast  track” (dedazo) de Flavino Ríos Alvarado como gobernante sustituto, no es otra cosa que  un acto de prestidigitación pactado para, hasta el último minuto de noviembre próximo, hacerle la vida imposible al gobernador electo.

Ganar tiempo, en la estrategia de desbancar a Yunes Linares es la jugada; dejar correr los días y esperar activamente que el TEPJF se pronuncie en contra del triunfo electoral del choleño  y en ello descansa el pacto acordado entre Javier y Flavino. Presión, mucha presión sobre los señores ministros y cero respaldo del gobierno estatal a las exigencias del por ahora gobernador electo y su partido.

47 días no dan para más. ¿O acaso como señalan los “fans” del ex secretario de gobierno, bastan y sobran para limpiar la casa? 

Pretender que la población acepte que la licencia de Javier Duarte responde a quedar en libertad de defenderse de lo indefendible y poner a salvo su buen nombre y el de su familia, es tanto como esperar que los veracruzanos estén ciegos y sordos para no ver ni entender la profundidad del saqueo inmisericorde e impune a lo largo de los últimos doce años. Luego la motivación que impulsara la solicitud de licencia a 48 días de concluir su mandato, es otra y no la que con todo descaro explícitamente ofreciera el defenestrado y aún “primer priista” de Veracruz en su despedida.

Si la instrucción  vino de Los Pinos, o fue una decisión que a motu propio tomara Javier Duarte, a estas alturas es irrelevante. Lo destacable es que como quedara asentado en la entrevista televisiva  con Loret de mola, para Javier Duarte la mejor defensa es el ataque, con la pretendida intención de evitar que Yunes Linares tome posesión como gobernador de Veracruz.

Estrategia perversa que si no le evita ser enjuiciado, cuando menos se lleva entre las patas al por ahora gobernador electo. Contando para ello con la complicidad no sólo de un puñado de diputados locales, también  con la de Flavino Ríos Alvarado que, como es del dominio público, no ha tenido empacho en respaldar  a Duarte atacando a Yunes Linares desde la secretaría de gobierno.

Pacto al que sin duda implícita o explícitamente  no es ajeno el propio presidente Peña, su secretario de gobernación y el sedicente dirigente nacional del PRI.

Más de lo mismo en una continuidad pactada. No se puede esperar otra cosa y sí, como ya se otea en el horizonte próximo, la puntilla para un Veracruz ofendido, lastimado e inerme ante los juegos perversos de un poder formal que sin disimulo alguno, jugando con lumbre y sin ya nada que perder, carente de autoridad moral y política le apuesta  al todo por el todo a costa de la precaria supervivencia de millones de veracruzanos.

Lo lastimoso es que estos millones, indiferentes cual mirones de palo, aún confían en un inexistente estado de derecho, dejando hacer, dejando pasar en espera de mejores tiempos… Y algunos, unos pocos, aplauden la ilegítima designación de Flavino Ríos como bateador emergente.

Hojas que se lleva el viento

Hundida la nave en nauseabundo cieno, en el colmo del absurdo el PRI en Veracruz aún le apuesta a recuperar en la elección municipal del próximo año el terreno perdido. Ajeno al pensar y al sentir de los veracruzanos, desde ya baraja sus cartas para imponerle a la militancia los mismos rostros, las mismas mañas, como si no pasara nada tras la defenestración de Javier Duarte y su camarilla delincuencial. Y en estos mismos terrenos Pepe y Héctor Yunes jalando agua para su molino. O los priístas no han evaluado la profundidad de la crisis de credibilidad y supervivencia que vive su partido en la entidad, o de plano  la derrota de junio les hizo perder la chaveta. A buen entendedor pocas palabras, Veracruz entero no quiere nada con el PRI.-

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2016

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Se ha convocado a los foros que en teoría son el punto de partida para la elaboración del “Plan Estatal de Desarrollo” que normará la acción del gobierno de dos años en Veracruz. Para los optimistas, dicho ejercicio es indicativo de apertura democrática de lo que se conoce como “alternancia”.  Así como también el que por primera vez el plan estatal no será puro rollo, mostrando el interés de la próxima administración pública veracruzana en el rescate de la entidad.

Para los pesimistas, tanto los foros respaldados por la Universidad Veracruzana como el documento que habrá de aprobar la Legislatura local, son más de lo mismo. En tanto que para el grueso de la población, ni siquiera está enterada a cabalidad de lo que entraña un compromiso gubernamental de tal naturaleza.

Para quien esto escribe, haciendo honor a la etiqueta de “contreras”, que se le colgara desde el momento mismo que en estas líneas se afirmara que Veracruz no podría cifrar sus esperanzas de bienestar y progreso con un gobernador como Javier Duarte de Ochoa, ni pesimismo ni optimismo en torno al ejercicio en cuestión. Mucho menos confianza en una intención pragmática y coyuntural presuntamente de buena voluntad y apertura democrática.

Hasta no ver no creer, cuando de conocer los resultados se trate.

Esto, porque como ya lo he señalado en maquinazos anteriores, ni se trata de un auténtico plan de desarrollo para Veracruz, ni el horizonte de planificación de dos,  u ocho años en su caso, es congruente con el nivel de atraso y rezago de una entidad federativa sin pies ni cabeza. Amén de que nadie puede asegurar que se contará con los recursos públicos y privados para respaldar propósitos, objetivos y metas por alcanzar, si efectivamente estamos hablando de alcanzar niveles superiores de crecimiento y desarrollo que, cuando menos, nos pongan a la altura de estados vecinos.

Ello, independientemente de que el entorno nacional e internacional no es nada propicio para el crecimiento económico y, mucho menos, para proponerse alcanzar objetivos y metas de desarrollo que incidan en el progreso y bienestar de las mayorías. Todo indica que lejos de avanzar se retrocede en el logro de mejores condiciones de vida para las poblaciones, ante una crisis globalizada que estando tocando fondo, al no encontrar salida satisfactoria hace pagar el costo de los platos rotos a los sectores más vulnerables de la sociedad. Ejemplos sobran. Como también sobran los que ni ven ni aceptan la realidad real. Pero así están las cosas.

De lo que sí podríamos hablar es de bajarnos de la nube, aceptando con honestidad y modestia, que no se trata de un “Plan Estatal de Desarrollo”, sino acaso de un plan o programa de gobierno para la administración pública estatal en un horizonte de dos años que, en la coyuntura actual permita encauzar con un mínimo de racionalidad y visión de Estado, tanto el rescate como la reordenación del aparato gubernamental con propósitos y objetivos viables de eficiencia, eficacia, austeridad y, por supuesto, con un alto grado de honestidad y buen juicio en el manejo de la cosa pública.

Desde luego, aceptando también que se gobernará con una  minoría que respalde la acción de gobierno. Quedando obligado el gobernador entrante a rescatar en primer término, credibilidad y confianza en las instituciones y servidores públicos, hoy prácticamente inexistente. Primero limpiar la casa y, si alcanza tiempo y recursos a otra cosa mariposa.

Y hasta ahí. Pretender otra cosa, a mi juicio, es demasiado ambicioso cuando el horno no está para bollos lo mismo en la entidad veracruzana que en el todo nacional. Con alternancia o sin esta en Veracruz, el gobierno de México en general está rebasado, sin visos de respuesta y corrección del rumbo neoliberal emprendido hace ya más de tres décadas,  exacerbado hoy día por un presidente que lejos de administrar y solucionar conflictos, los crea y se le salen de control. La sola presencia de Javier Duarte de Ochoa aún al frente del gobierno de Veracruz tras un larguísimo estira y afloja, es ejemplo de ello.  Reflejo de descomposición político administrativa del todo nacional.

Empero, hay que aceptar las cosas como son. Dejemos que optimistas y pesimistas jueguen sus cartas y esperemos resultados. Después de todo a Veracruz ya no le queda nada que perder. Si algo queda de positivo tras dos años de un gobierno panista será ganancia para los veracruzanos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Si partimos del supuesto de que en la elección de junio al voto de los simpatizantes de Miguel Ángel Yunes Linares se sumara el del descontento y hartazgo,  dando el triunfo a la alianza PAN-PRD y con ello, dar paso a la alternancia en el gobierno de Veracruz, habría entonces que considerar que ante el pedestre diferendo entre  Javier Duarte de Ochoa y su sucesor,  no son pocos los veracruzanos que hartos de dimes y diretes descalifican a ambos por igual.

“Tan malo el pinto como el colorado”, es lo que se escucha. Mermando el respaldo inicial otorgado en las urnas al hoy gobernador electo.

 Descontento y hartazgo no tienen color de camiseta. Luego el voto de castigo que beneficiara al PAN-PRD,  no necesariamente representa un cheque en blanco para Yunes Linares. Tan volátil es,  que de la noche a la mañana lo mismo puede expresar confianza en la alternancia para obtener respuesta a sus expectativas de retorno a la normalidad democrática, paz social y bienestar, que amplio rechazo caso de no cumplirse con lo que la ciudadanía espera del cambio de estafeta.

De ahí que el capital político con el que iniciará Yunes Linares su mandato, a mi juicio estará sujeto en el futuro inmediato al alza o a la baja conforme se frene o continúe  el clima de incertidumbre y malestar que aqueja a una gran mayoría de  los veracruzanos. Y este estado de ánimo, por lo que se alcanza a observar,  no necesariamente va de la mano con la oferta política, económica y social de una alternancia que, para empezar, aparentemente no cuenta con el respaldo presidencial pues de otra manera Peña Nieto ya hubiera frenado a Javier Duarte en su estrategia de defensa al costo que sea.

Oferta que habrá de concretarse en el llamado “Plan Estatal de Desarrollo” que, su momento será aprobado por la Legislatura local y, que, siempre a mi juicio, no es garantía de congruencia en la tarea de rescatar a la entidad de la situación que se viene arrastrando a lo largo de la última década.

Esto último podría confirmarse con la tónica de la orientación tecnocrática que se pretende dar al “Plan Estatal de Desarrollo”, basada en algo tan jalado de los pelos como “una economía creativa para Veracruz” (De Interés Público 2016/08/09), tesis sustentada por el  economista Francisco Montfort en su carácter de coordinador responsable de la elaboración del documento y que a todas luces está fuera de contexto ignorándose la realidad real del país y de la entidad.

A ello habría que sumarle el hecho de que en el ámbito de la política política, la alternancia no será torpedeada únicamente los partidos políticos opositores, también por el “fuego amigo” de entre las filas de un PAN dividido, así como por las naturales contradicciones de una alianza que, ante la proximidad de los comicios municipales del 2017 y la “madre de todas las batallas” en el 2018, se antoja endeble y de muy corta duración si se considera que el PRD para sobrevivir debe renunciar a sus coqueteos con la derecha e intentar rescatar su identidad como partido de izquierda electoral, dejando sólo al PAN en la tarea de gobernar.

Luego cabe  preguntarse si el gobernador electo contará con una base social sufrientemente amplia como para que durante su mandato la fiesta marche en paz. El tiempo se encargará de poner las cosas en su exacta dimensión, empero, en el presente más allá del pleito que domina el escenario mediático, la economía veracruzana sigue cuesta abajo sin visos de interés alguno por su rescate y reordenación.

Hojas que se lleva el viento

A rio revuelto ganancia de pescadores. Conforme empiezan a pesar en las espaldas de Miguel Ángel Yunes los kilos perdidos de Javier Duarte, priístas como el senador Héctor Yunes Landa ven en la crisis veracruzana oportunidad para llevar agua a su molino. El 2018 está a la vuelta de la esquina y los anhelos de revancha están a la orden del día.

No está de más insistir. Morena no debe perder tiempo subiéndose al ring mediático. La tarea de construcción de una estructura partidista desde abajo que responda a los retos del 2017 y 2018,  tiene prioridad.

Xalapa, Ver., agosto 11 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras advertencia no hay engaño. Héctor Yunes Landa, ex candidato a la mini gubernatura de dos años en Veracruz, se dice traicionado cuando es del dominio público que se traicionó a sí mismo.

Tras un largo periplo en busca de la candidatura, contra viento y marea le fue  concedida por su partido en circunstancias tales en las que la derrota en las urnas  -y fuera de ellas-,  estaba más que cantada y, aun así, la aceptó a sabiendas de que su principal oponente no era Miguel Ángel Yunes sino el llamado primer priísta de Veracruz.

Esto en una coyuntura social y política en el que el anti priísmo se consolidaba lo mismo en Veracruz que en la mayoría del territorio nacional.  El rechazo al autoritarismo represivo y las reformas estructurales, así como políticas públicas impulsadas e impuestas  por el gobierno de Peña Nieto y el clima de corrupción impune y violencia criminal en la entidad, no dejaba lugar a dudas. En la elección del 2016 el descontento y el hartazgo social participarían protagónicamente en contra del PRI, su alianza con partidos satélites a modo y sus candidatos.

Nada que en el imaginario colectivo no anidara como oportunidad para echar al PRI del gobierno.

Yunes Landa no lo consideró así. No lo vio o no lo quiso ver, confiando en la fortaleza de una estructura partidista más virtual que real y en una estrategia electoral  a todas luces equivocada. La realidad se encargó de lo demás, reflejándose en las urnas el cinco de junio. Descontento y hartazgo, como protagonistas de primer nivel, fueron disputados por la oposición, el voto de castigo se polarizó entre la derecha y la izquierda electoral, dándole el triunfo a la alianza PAN-PRD y, de manera significativa fortaleciendo a Morena que por primera vez participara en una elección de gobernador en la entidad.

Luego en donde reside la traición. Tras advertencia no hay engaño. El senador le apostó al voto duro tradicional cargando con todo en contra sobre sus espaldas.  Pudo más el disputado voto de castigo que su escasa visión sobre una realidad que nunca quiso aceptar. Hoy ni llorar es bueno. Si acaso se puede hablar de traición,  es aquella infringida por los gobiernos priístas a una sociedad lastimada y dolida  a la que no han querido ver ni escuchar.

Paradójicamente,  con el auxilio de una prensa afín al gobernador electo, ve en Morena, López Obrador y Cuitláhuac García como responsables de un oscuro pacto con el gobernador fallido para restarle los votos necesarios para vencer a Miguel Ángel Yunes Linares en las urnas. Paradójicamente en tanto que con ello fortalece a los opositores al PRI en el camino al 2018 exhibiendo las miserias de un partido político venido a menos que, subestimando a los electores, atribuye triunfos y derrotas a pactos cupulares y no a la voluntad ciudadana.

Perdiendo el tiempo

Y mientras el senador Yunes Landa clama traición rumiando su derrota, el otro Yunes, hoy virtualmente gobernador electo, desesperado ve escurrírsele el tiempo entre los dedos, perdiendo oportunidad para la ansiada legitimización que solo puede consolidar ofreciendo respuestas contundentes al descontento y el hartazgo que le dieran el triunfo en las urnas. “El pueblo quiere sangre”, se dice, y la sangre no llega al rio. Como último recurso se dirige a Peña Nieto exigiendo justicia para Veracruz, aceptando que a nivel local no hay forma de echar a Duarte de Ochoa del gobierno y meterle a la cárcel como ha prometido. Mucho menos asegurar que los miles de millones que se dan por desaparecidos, regresen a las arcas públicas.

Obnubilado por la poca respuesta a sus palos de ciego, se olvida de lo sustantivo y se concentra en lo accesorio. La prioridad es venganza, es el discurso que la gente quiere escuchar, la crisis multisectorial y multidimensional que vive Veracruz aun habiendo tocado fondo  puede esperar.

Así, Yunes Linares lejos de concentrarse en el diseño de una estrategia de corto plazo que asegure un buen gobierno, se desgasta quemando pólvora en infiernitos. Perdiendo un tiempo valioso para los veracruzanos  de espaldas a una realidad real nacional en la que,  frente a los recortes presupuestales a que se obliga la federación y el clima social de rechazo que ello genera en la población,  en el ánimo de Peña Nieto y sus aprendices de brujo el combate a la corrupción impune es tarea secundaria, quedando en el papel como simple recurso retórico y  mediático para justificarse ante la presión y la crítica internacional.

Nada extraño para Veracruz. Perder el tiempo en grilla, especulación, chisme mediático, está inscrito en usos y costumbres de una entidad en la que la política electoral ocupa el primer lugar en el orden de prioridades. Economía y bienestar de la gente, para nuestra aldeana clase política y un buen de medios de comunicación, pasan a segundo término, siempre con la esperanza de que el poder mesiánico de quienes gobiernan,  sea garantía de salpique y prosperidad.

Hojas que se lleva el viento

¿Con qué ojos?, señalábamos en maquinazo anterior en referencia a promesas de campaña de quienes aspiraban a la mini gubernatura de dos años. La terca realidad se impone. No hay con que dar cumplimiento a lo ofertado en materia de obra y servicios públicos. Tampoco para resarcir a la Universidad Veracruzana y hacer efectiva la aportación del gobierno estatal en el esquema de autonomía aprobado por el Congreso. Yunes Linares iniciará su mandato a partir de cero en las arcas públicas, con obligaciones de pago de adeudos cuyo monto real al día de hoy se desconoce y, por si fuera poco, con aportaciones federales mermadas por los recortes anunciados por el secretario de hacienda y la inviabilidad de incrementar recursos fiscales propios. Mal augurio para los dos años de mini gobierno, descontento y hartazgo seguirán siendo protagonistas de primer nivel en un Veracruz postrado y sin visos de cambio real.

Al gobernador electo sólo le queda, para legitimarse, seguir con el juego del gato y el ratón, hasta donde la ciudadanía aguante.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Una cosa es expresar lo que la gente quiere oír y otra… muy distinta, es el aprovechar la euforia en los tendidos, para legitimarse actuando en consecuencia.  Si el virtual gobernador electo no da resultados inmediatos en su propuesta de encarcelar al por ahora todavía gobernador fallido y su séquito de presuntos saqueadores,  el volátil voto de castigo que le favoreciera, con las mismas podría retirarle credibilidad y confianza.

De ahí que el Sr. Yunes Linares, a sabiendas de lo que está en juego, pretenda acelerar los tiempos  dando, por ahora, palos de ciego ignorando el protocolo legal para, en contravención a la legislación vigente,  insistir en asegurar su disposición a proceder en contra de Javier Duarte de Ochoa.

Esto, a partir de la idea de que el descontento y hartazgo contribuyera en grado sumo al por ahora gobernador electo de Veracruz.

Empero, no por mucho madrugar se amanece más temprano, reza la conseja popular.  Con un Congreso estatal cómplice -por comisión u omisión-  de aquellos contra los cuales el electo y aún no confirmado, clama y exige justicia –o venganza- en el desierto.  Sin juicio político de por medio el fallido es intocable y, para que surtiera efecto demanda penal en su contra habría que esperar a diciembre.  Más si como consta  en el imaginario colectivo, desde Los Pinos no se da la orden de proceder en contra de los presuntos saqueadores.

El tiempo transcurre y se le escurre entre los dedos a Yunes Linares. Y al paso de los días el descontento y hartazgo no encuentra respuesta que le satisfaga. Quién contra viento y marea enarbolara la bandera de la honestidad a lo largo de meses y meses -¿o años?-  de precampaña y campaña electoral, en tanto no ofrezca resultados contundentes, queda como un deshonesto intelectual si no calma a quienes en las urnas, le extendieran su voto de confianza votando en contra del PRI explicando con peras y manzanas cual es el procedimiento y plazos legales para hacer efectiva su tan cacareada promesa.

Ante el golpeteo a las puertas de palacio, tanto el secretario de gobierno como la presidenta de la mesa directiva de la Legislatura local, han dado respuesta: “hasta noviembre”, fundamentándola en lo dispuesto en lo establecido en la Constitución Política del estado libre y soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave.

Si la ley es la ley y el virtual gobernador electo pretende apegarse a ésta como lo ofreciera, hoy por hoy ésta no está a su favor y obligado está a esperar sin desesperar. Pero las circunstancias son cambiantes, para noviembre el descontento y el hartazgo que le diera el triunfo el pasado cinco de los corrientes podría estar transitando por cauces no previstos o bien el Sr. Peña determinar que la fiesta de la alternancia en Veracruz se lleve en paz con un sano borrón y cuenta nueva.

En tanto los tribunales no resuelvan impugnaciones admitidas, mesura y paciencia. No obstante, el que espera desespera y, sobre todo, los que confían en ver a Javier Duarte de Ochoa tras las rejas, ¿sabrán esperar sin desesperarse?

Hojas que se lleva el viento

Como siempre, subestimado el poder de la gente,  el PRI en Veracruz busca culpables de su derrota hasta debajo de las losas del cementerio, empero, Manlio Fabio Beltrones al renunciar a la presidencia nacional del tricolor puso los puntos sobre las ies, señalando como responsables a Peña Nieto por omiso y al corrupto gobernador fallido, generadores del descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad. Políticas públicas contrarias al sentir de las mayorías, corrupción impune, excesos  e irresponsabilidad en el ejercicio del servicio público, propiciaron y auspiciaron el voto de castigo el pasado 5 de los corrientes. Más claro ni el agua.

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Un poco de memoria. En su momento tocó al PAN con Calderón Hinojosa en la presidencia,  el generar las iniciativas de reformas estructurales que con Enrique Peña Nieto y gracias al llamado “pacto por México”, aprobara el Congreso de la Unión. Siguiendo la pauta dictada desde Washington, hoy la ultraderecha está de plácemes.

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Si lo que se pretende es tirar el agua de la bañera con todo y niño, Peña Nieto lo está logrando proponiéndose imponer su reforma educativa desmantelando a la oposición magisterial a sangre y fuego, cuando el horno no está para bollos.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A reserva de los resultados del cómputo oficial de la elección del pasado domingo, con base en los preliminares difundidos por los OPLES es posible adelantar, como un hecho por ahora irreversible, que estos se inscriben en el marco de un proceso polarizado de recomposición y redistribución de las fuerzas político electorales en México.

El país cambió y el mapa electoral para la elección presidencial en el 2018 permite delinear la hipótesis de que la contienda se dará entre el conservadurismo afín al neoliberalismo y el “populismo” representado por la nueva izquierda.

Corresponderá a los que saben del paño, el estudiar este fenómeno que, a mi juicio, confronta al modelo neoliberal impulsado por Peña Nieto y su gobierno con un movimiento emergente de masas en resistencia.

El ascenso de Morena

El ascenso meteórico de Morena en su segunda participación en un proceso electoral, no lo considero circunstancial. Si bien como instituto político es de nueva creación en el espectro partidista, no lo es así como un movimiento social más de resistencia,  anidado en amplias capas de la población que se oponen a las políticas privatizadoras y empobrecedoras que acompañan a la profundización del neoliberalismo en el país; Morena no surge por generación espontánea,  ni puede considerarse su capacidad organizativa y penetración en el seno de la sociedad únicamente por la tozudez y acción unipersonal de Andrés Manuel López Obrador.

Morena, como movimiento social, tiene un amplio camino andado, reivindicatorio de la soberanía nacional y de resistencia a la privatización de la industria energética nacional, contando con una amplia estructura de cuadros en la mayoría de las entidades federativas y, en especial, en la hoy denominada Ciudad de México, centro político del país. Viéndose fortalecido en su tránsito a partido político por el descontento y deseo implícito de resistencia lo mismo en el movimiento obrero independiente que en segmentos empobrecidos de las clases medias y comunidades originarias. Y, si bien, está obligado a sujetarse a las reglas del juego electoral impuestas por la partidocracia tradicional, no deja de responder a las expectativas de cambio del modelo neoliberal dominante.

Para un buen número de politólogos y comentaristas, representa a un populismo de izquierda, añejo, rancio y retrógrada que   en la mayor parte de América Latina,  está siendo desplazado por un nuevo concepto de modernidad política que se ajusta a las necesidades globales de crecimiento económico y desarrollo en las que se privilegia el modelo neoliberal dictado desde los centros del poder mundial. Empero, esta visión impuesta por la ideología neoliberal, minimiza y desprecia el anhelo libertario y voluntad de cambio de millones de seres humanos, víctimas de opresión, exclusión, desigualdad y hambruna de un proyecto de Estado-nación  cuyo objetivo y propósito último, es la acumulación de ganancia y reproducción ampliada  del capital al costo que sea.

Tal visión, parcial, interesada y corta de miras, subestima y estigmatiza por ello a Morena y,  en general,  a todo movimiento de masas que se oponga a las políticas públicas neoliberales, partiendo de la idea de que el pueblo de México no caerá en la trampa dejándose seducir por falsos mesías que ofertan un “populismo” decadente y opuesto a la modernidad y al desarrollo.

Esta corriente de opinión soportada en medias verdades y medias mentiras mediáticas es favorable a la derecha y al régimen peñista y su proyecto transexenal; suma votos de segmentos conservadores de las clases medias fortaleciendo electoralmente al PAN y, con ello, polariza la correlación de fuerzas políticas.

De otra manera, considero no es explicable la “sorpresa” electoral del pasado domingo; tomando con los dedos tras la puerta a un priísmo soberbio y caduco que, más por costumbre y seguidismo que por convicción propia, da soporte social al peñismo. El PAN se fortalece al igual que la izquierda electoral de nuevo cuño representada por MORENA, en tanto que el PRI habiendo dejado de serle funcional al régimen, incrementa su pérdida de hegemonía.

Veracruz

A ello, en este marco referencial, por lo que toca a Veracruz se suma el descontento y hartazgo provocado por un gobierno fallido ayuno de visión de Estado, que incurriría en manifestaciones extremas de corrupción e impunidad alejándose de todo principio de gobernabilidad y racionalidad político administrativa. Contribuyendo el sentir de las mayorías al proceso general de redistribución y polarización de las fuerzas político electorales.

Derrotado el PRI el pasado domingo en Veracruz, la pugna por el poder político se concentrará entre la derecha extrema y la emergente nueva izquierda. La derecha apoyando y respaldando el modelo neoliberal y su oponente, al movimiento cada vez más amplio de resistencia entre las clases oprimidas y empobrecidas.  Proceso en el que la derecha deberá legitimarse cumpliendo los ofrecimientos de campaña de la alianza PAN-PRD para el período 2017-2018, en tanto que MORENA tendrá como reto el construir un frente amplio de oposición y resistencia que aglutine a las fuerzas progresistas para la contienda presidencial en el 2018.

El PRI, desplazado, afirma estar llamado a sostener una oposición civilizada y racional, sin ubicarse en la nueva realidad política de la entidad. Si se pensara más allá de la coyuntura, tendría que reconocer que tras su derrota, la tarea inmediata no es hacer oposición al PAN en el gobierno, sino impedir que su “estructura” clientelar sea borrada del mapa. Si se pudo, dice la gente y, bajo esta premisa, los liderazgos espurios del sindicalismo obrero oficial, de la Liga de Comunidades Agrarias y del magisterio, sostén de viejo PRI, tienen los días contados.

Sin dientes, el partido caduco no es nada. Si de responderle a Peña Nieto se trata, el PAN en Veracruz –y no necesariamente con el PRD, cadáver insepulto- es el alfil del 2018 para la continuidad del proyecto neoliberal transexenal. Así considero lo debería entender MORENA en la entidad y actuar en consecuencia, más que perder tiempo y recursos subiéndose el ring de los reclamos y las impugnaciones. Ganó perdiendo y de ello se debe tomar conciencia para seguir avanzando.

Xalapa, Ver., junio 7 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras largos meses, más que los dos contemplados en la legislación electoral vigente, por fin concluyó la labor presuntamente proselitista de los candidatos al mini gobierno de dos años en Veracruz. Presuntamente, ya que más que atender con propuestas racionalmente viables a los votantes potenciales abonando a un ejercicio participativo y democrático,  ésta devino  en carretadas de lodo en una guerra campal de todos contra todos en la que,  paradójicamente,  la temática dominante fue la ética política y moral pública y privada, ampliando más que reduciendo la brecha entre la llamada sociedad civil y la clase política.

Tiempo, recursos públicos y paciencia de la ciudadanía, desperdiciados inútilmente,  si de fortalecer democracia y gobernabilidad se tratara, en tanto que lo que hoy día prevalece es un rechazo casi unánime a partidos, clase política y política política de cañería, confirmándose el punto de quiebre del régimen político vigente ayuno de credibilidad y confianza.

Sin árbitros legitimados y si ampliamente cuestionados, el próximo domingo los veracruzanos con mayoría de edad concurrirán a las urnas sin más elementos de juicio para decidir su voto, que la percepción negativa de la inutilidad del sufragio como vía para rescatar a Veracruz, hoy en manos de la corrupción, el saqueo, la impunidad, y el clima de inseguridad y violencia criminal que mantiene en ascuas a la población.

Nada que modifique esta percepción anidada en el imaginario colectivo. Cotidianamente confirmada en los hechos con la ausencia de gobernabilidad, consecuencia del divorcio entre sociedad civil y el peor gobierno que ha padecido Veracruz; transitando cada quién por caminos diferentes.

Y mientras se ratifica en las urnas el hecho consumado del secuestro de la democracia representativa y la voluntad popular, quien de facto para los veracruzanos es gobernador únicamente en el papel, mantiene,  con el mismo talante de valemadrismo y desprecio para con los gobernados que le caracteriza,  una situación que pareciendo insostenible no lo es, en tanto el manto de la indiferencia e  impunidad desde Los Pinos le protege y sostiene.

Lo que sigue

Empero, la guerra sucia no termina con la elección del próximo domingo. Todo indica que el intercambio de detritus va para largo. Siendo casi seguro que los comicios se van a tercios, la estrategia fidelista de tronar la elección para impedir la llegada de cualquiera de los dos Yunes en contienda,  rendirá frutos auspiciando la impugnación del proceso electoral; dejando en manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la judicialización del resultado final de la elección, o bien, la nulificación del proceso toda vez que se han acumulado suficientes elementos probatorios para su procedencia. Faltaría ver hasta dónde llega la mano que mece la cuna y que tanto interés tiene Peña Nieto en considerar a Veracruz como alfil para su proyecto neoliberal transexenal.

Lo que queda

Lo que sí, a mi juicio queda de positivo de la contienda por la mini gubernatura de dos años, es el cada vez mayor consenso en torno a la idea de que o la política política se ajusta tanto a la realidad económica y social de la entidad como a las expectativas de cambio de una sociedad dinámica, o a Veracruz se lo llevan al baile las muchachas.

No es ya no sólo deseable, sino imperativo, el que se ponga freno a la  simulación y corrupción impune que a lo largo de más de dos lustros,  domina el quehacer gubernamental y vida política en una entidad federativa que merece mejor destino. Si no es hoy, será mañana pero la toma de conciencia de la ingente necesidad de cambiar para bien, calando en el imaginario colectivo tomará como referente al actual proceso electoral en Veracruz como parte aguas en la vida política de la entidad. No más de lo mismo, no más masoquismo e indiferencia frente a los que nos compete a todos.

Hojas que se lleva el viento

Rescato del cochinero político que se ha vivido en Veracruz, la tarea que con humildad, congruencia y buen juicio, emprendiera Armando Méndez de la Luz, candidato a gobernador postulado por Movimiento Ciudadano, proponiendo el rescate de la democracia representativa en la entidad. Llamando a tomar conciencia de que la soberanía, como lo establece la carta Magna, reside en el pueblo, debiéndola ejercer éste consecuentemente  con responsabilidad, exigiendo a los mandatarios honestidad, transparencia, eficiencia y eficacia en el manejo de la cosa pública. Garbanzo de a libra que, a mi juicio, por su preparación, experiencia y realismo, resultara ser el mejor candidato de los siete contendientes que aspiran a la mini gubernatura de dos años.

Xalapa, Ver., 01/06/2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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