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Category Archives: Alternancia

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícil entender en que momento la cantidad de descontento se transformó en calidad de protesta abierta, oponiendo la resistencia del populismo de los más a los menos que se benefician del neoliberalismo excluyente y empobrecedor.

En maquinazo anterior comentaba que “En la elección edilicia ningún partido o coalición contendiente, con sus pírricos triunfos obtuvo el aval mayoritario de los ciudadanos (o aspirantes a serlo) que les legitime; todos sin excepción representan a minorías segmentadas y dispersas…”

Opinión sobre los comicios veracruzanos que de acuerdo a notas periodísticas coincide con lo acontecido en el estado de México con la elección de gobernador, señalándose que ningún partido contendiente obtuvo mayoría absoluta lo que, consecuentemente, pone sobre la mesa el tema de la segunda vuelta electoral si se aspira a un mínimo de legitimidad democrática.

Tema por demás controvertido en las actuales circunstancias de un país en crisis en el que la pérdida de confianza y credibilidad lo mismo en partidos políticos que en instituciones electorales, plantea la necesidad ya no de un ajuste del régimen político sino la renovación de este mediante un nuevo pacto social.

Los partidos tradicionales tendrán que aprender a encontrarse con la gente o de lo contrario tendrán que dar paso a nuevas formaciones políticas.

Esto si consideramos que con la actual estructura electoral, sus reglas escritas y no escritas,  ya no da como para que un partido político o coalición en primera o segunda vuelta, alcance el 50 por ciento más uno del listado nominal oficial. A lo sumo, alcanzaría el 50 por ciento más uno del total de sufragios emitidos, retornándose al punto de partida, la ausencia de legitimidad democrática del gobierno en un país plural de más de 120 millones de habitantes.

De ahí que,  a mi juicio,  en la actual coyuntura y ante la proximidad del proceso electoral del 2018, resulte estéril debatir la propuesta del PAN y mucho más, el que el Congreso de la Unión aprobara una reforma constitucional de tal envergadura como la segunda vuelta antes de la elección presidencial. Reduciéndose el tema a un asunto meramente electorero, llamado a impulsar desde ya alianzas o coaliciones encaminadas a sumar cuantitativamente el mayor número de sufragios, como si el ganar o perder la elección fuera una simple operación aritmética y no cualitativamente de certeza, confianza y credibilidad de un electorado hoy por hoy desilusionado.

Hasta donde se alcanza a observar, la polarización político-electoral entre MORENA y los partidos “del régimen” -como les califica López Obrador-, lejos de menguar va en aumento y sin visos de atemperarse. Lo que no se resolvería con una segunda vuelta, salvo con una alianza abierta entre el PAN y PRI con vías a lograr el 50 por ciento más uno del total de sufragios a emitir. Y vuelta a lo mismo que se pretende subsanar con la reforma constitucional al calce, cambiando para seguir igual.

Salvo que MORENA diera un paso a la izquierda, buscando alianzas estratégicas con los cada vez más amplios movimientos sociales indígenas y campesinos que se resisten al modelo neoliberal excluyente y empobrecedor, lo que se ve cuesta arriba toda vez que Andrés Manuel le tiene miedo a lo desconocido.

Situación esta última que, con diferente motivación, obliga tanto al PRI como a MORENA a rechazar de entrada la posibilidad de que la iniciativa del PAN progrese en el Congreso y sea aplicable en la elección presidencial del 2018.

Por lo que toca a Veracruz para la elección de gobernador en 2018 cabe el mismo razonamiento, surgiendo la interrogante en torno a una posible alianza entre PAN-PRD y el PRI para vencer a MORENA en segunda vuelta. ¿Estaría dispuesto el gobernador Yunes Linares a darle oxígeno a un PRI que no logra desembarazarse de su oscuro  pasado de Fidelismo-Duartismo? Estaría por verse cuando en los estertores de la fallida administración peñista la instrucción vertical desde la Presidencia de la República equivaldría a un llamado más a misa.

Todo lo anterior en un escenario tanto de descomposición del régimen político vigente como de un hartazgo social en ascenso que, interactuando, juegan en contra de un consenso aceptable tendiente únicamente a satisfacer intereses facciosos de una partidocracia corrupta,  y no a buscar el bien común en el seno de una sociedad que se debate entre un pasado ominoso y un futuro incierto.

Sin embargo, todo es posible cuando para el régimen vigente, lo que menos cuenta es el consenso social en torno a la legitimidad democrática.

Habría que ver si con la irrupción del EZLN y Consejo Nacional Indígena en la política electoral, no cambian los escenarios.

Hojas que se lleva el viento

Observando el mundo al revés el senador Héctor Yunes Landa afirma que: la reforma educativa constituye un salto de época y acierto del gobierno de México, cuando la realidad dice lo contrario: ante el salto de época la reforma educativa es un desacierto del gobierno de México. Pifia irrelevante habida cuenta de que Don Héctor ya es cartucho quemado… Y siguiéndole los pasos su par, José Yunes Zorrilla que se va quedando sin asideros sólidos entre los más destacados aprendices de brujo de Peña Nieto, mandados por consigna de EE.UU. a quemarse interviniendo en un estéril intento por modificar la política interna venezolana.

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En nuestra tradicional y aldeana clase política veracruzana, aún no se asimila el que MORENA asuma el gobierno de la ciudad capital. De ahí que por todos los medios pretenda reafirmar sus lazos de interés mutuo con el mayor número de tundeteclas para una orquestada descalificación del alcalde electo. Tarea en la que el PRI lleva mano frente al PAN-PRD como resultado de su influencia inercial sobre una prensa que patalea por sobrevivir. Está por verse si los electores están dispuestos a respaldar o a darle la espalda a quien eligieran para la alcaldía. También está por verse si el periodismo ciudadano que se expresa en las redes sociales logra imponerse por sobre la orquestada andanada mediática oficial y oficiosa.

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Suele afirmarse que la historia la escriben los vencedores y es a la luz de este lugar común, que resulta patético observar que los perdedores propalen que la historia recomienda como única alternativa válida para el 2018 en México, el que la gente siga votando por un PRI “que si sabe gobernar”.

“Sin pueblo no hay historia, no hay historia que escribir ni cambio que esperar…” Ramzy Baroud

Xalapa, Ver., 20 de junio de 2017

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Pulso crítico

J.Enrique Olivera Arce

Los resultados preliminares de la elección del pasado domingo en Veracruz no son nada halagadores. Fruto de una guerra de lodo, violencia, coacción, compra de conciencias capitalizándose pobreza e ignorancia, así como el descaro de los operativos ya clásicos del “mapacherismo” electoral” a lo largo y ancho de la entidad, el proceso de elección de los 212 ayuntamientos evidenció la enorme pobreza comicial que acompaña a la crisis de un régimen político caduco.

La elección con todas sus irregularidades, presuntamente fue legal, la democracia representativa la gran perdedora y los partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, evidenciando su pérdida de empatía con y entre el electorado.

Numeralia

Contra toda previsión dadas las condiciones por las que atraviesa la entidad, de acuerdo con el 99.7% de actas registradas a las 11 horas del lunes (PREP Veracruz), la participación ciudadana apenas alcanzó el 60 por ciento del total del listado nominal oficial de 5’ 410, 589 veracruzanos con derecho a voto; obteniéndose un total de 2’ 987, 117 sufragios, de los cuales 1’ 041, 943 correspondieron a la oficialista coalición PAN-PRD provisoriamente ganadora de la contienda como primera minoría.

De lo cual se deduce que el gobierno de la alternancia cuenta en la entidad con una base social de respaldo a nivel municipal, del 32.79 %   del total de votos emitidos y del 19.25% del listado nominal. Porcentajes insuficientes para legitimarse ante una población de más de 8 millones de gobernados.

Cabe señalar que la derecha electoral nuevamente gana una elección en la entidad gracias al aporte de un PRD que en su agonía renunciara a su rol histórico de partido de izquierda en el espectro partidista. Como primera minoría la coalición ganando pierde,  en tanto que los números no le alcanzaran para alzarse con el triunfo tanto en la capital veracruzana como en ciudades densamente pobladas como Coatzacoalcos, Poza Rica, Minatitlán, Orizaba y Cosoleacaque, perdiendo incluso San Andrés Tuxtla frente a un candidato independiente.

Por cuanto al PRI, como era de esperarse confirmó su condición de segunda minoría requiriendo para ello del soporte del Verde Ecologista controlado por el “Fidelismo”, obteniendo un total de 577, 211 sufragios como coalición, equivalentes al 10.6% del listado nominal, registrando en Orizaba y Cosoleacaque sus triunfos más relevantes, cediendo la ciudad y puerto de Veracruz a la derecha oficialista con el hijo del gobernador Yunes Linares como candidato.

En términos prácticos, en cuando a densidad y concentración poblacional regional, la influencia otrora poderosa del PRI en la entidad se desdibujó.

Lo que es por demás evidente es que tanto el PAN como el PRI de haber contendido solos, sin mediar la alianza con el PRD y Verde Ecologista respectivamente, la derrota hubiese sido más que desastrosa para ambos institutos políticos.

Lo que ya no es sorpresa alguna aunque se esperaba más, es el triunfo de MORENA en 17 de los 212 municipios en contienda, destacando Xalapa, Coatzacoalcos y Minatitlán. Participando por primera vez en comicios edilicios, solo y su alma, Regeneración Nacional pisándole los talones a la coalición PRI-Verde,  queda como tercera minoría con 553 034 sufragios emitidos a su favor, 10.2% del listado nominal.

De “la morralla” y candidatos independientes, únicamente destacan Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza con el 6.9 y 6.6% de los votos emitidos.

Como se puede observar, los números hablan de una correlación de fuerzas partidistas en la entidad en la que la pérdida de hegemonía del PRI, a la par que modifica la geografía político-electoral de la entidad, refleja la pobreza comicial de un régimen político venido a menos. El divorcio entre ciudadanía y partidocracia es evidente. No hay credibilidad y confianza en los institutos políticos y los candidatos no están a la altura de la expectativas de una población lastimada, descontenta y harta de corrupción, propuestas y promesas incumplidas. Así como tampoco el gobierno de la alternancia ha logrado en seis meses de gestión recomponer el panorama, antes al contrario, auspiciador de la guerra de lodo (con la mayoría de la prensa como caja de resonancia), inhibió la concurrencia a las urnas, incurrió en la compra de conciencias con dinero público, y satanizó a sus adversarios exhibiéndolos más como enemigos que como expresión legítima de una sociedad plural.

Se cosecha lo que se siembra. Una vez emitidos los resultados definitivos de la elección, la tarea de gobernabilidad y gobernanza estará cuesta arriba para el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, con la mayoría de la población en contra y con un puñado de alcaldes que exigirán voluntad política para gobernar con piso parejo, transparencia y recursos en beneficio de sus municipios.

Esto como antesala de nuevos episodios de guerra sucia, ya que aún antes de concluir el proceso electoral del 2017 los bacinicazos rumbo al 2018 están a la orden del día. Envalentonada, la derecha electoral y su patiño negro amarillo no cejan en su intento de reducir a su mínima expresión a MORENA, a la par que desde el corazón del país, Peña Nieto y su partido, con la misma intencionalidad irán con todo para asegurar el triunfo de quien habrá de cubrirles las espaldas.

Hojas que se lleva el viento

En los municipios más pobres y excluidos de la entidad, con población en su mayoría indígena, no se aprende aún de lo vivido. Atados a los intereses caciquiles de siempre, siguen votando a sus opresores de siempre.

Xalapa, Ver., 06 de junio de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Un parlamento, es un parlamento, sólo bajo determinadas condiciones se convierte en una estafa, un ayuntamiento es un ayuntamiento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una cueva de ladrones, un tribunal es un tribunal, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una broma de mal gusto. No se trata, pues, de inventar algo mejor o más lúdico, creativo o transversal que los parlamentos, los ayuntamientos y los tribunales, sino de cambiar sus condiciones”. Carlos Fernández Liria

Siguiendo esta línea de pensamiento considero que es una falacia el afirmar que del triunfo de Morena en los procesos electorales devendrá en “mandar al diablo a las instituciones” republicanas. Antes al contrario, si partimos de la premisa de que el Movimiento de Regeneración Nacional y su líder histórico no son revolucionarios radicales,  sino expresión de un reformismo progresista que, cuestionando las condiciones actuales de deterioro por las que atraviesan  las instituciones que el pueblo de México se ha dado, se propone  sanear éstas y ponerlas al día para que así respondan al interés de las mayorías y no únicamente al de una élite depredadora y empobrecedora de la vida nacional, estimo que su propósito último es fortalecer y no destruir el andamiaje institucional.

Y es en esto último que se sustenta a mi modesto entender tanto la penetración en el seno de la sociedad mexicana como el respaldo  político electoral que observamos en el lopezobradorismo. La gente no desea una nueva revolución, sino dar continuidad a un proceso que  habiendo iniciado en 1810, retome el “Sentimiento de la Nación” del ideario político de  Morelos y las reivindicaciones no satisfechas enarboladas por Zapata, Villa y  los Constituyentes de 1917, alejando de la vida económica, política y social del país todo vestigio de corrupción, impunidad, simulación, depredación  y secuestro de la voluntad popular, fortaleciendo a las instituciones republicanas y no destruyéndolas, priorizando honestidad, eficiencia y eficacia como pilares del cambio deseado.

El pueblo de México no es tonto, como se le quiere ver desde la cúpula del poder y sus adlateres. El solo pensar en que estaría de acuerdo en “mandar al diablo” a las instituciones republicanas, construidas a lo largo del tiempo con sangre, sudor y lágrimas, es tanto como persistir en considerar a los mexicanos como idiotas, incapaces de discernir lo  que a sus más caros  intereses conviene aceptando sin chistar lo que bien a bien se  le concede o impone bajo el régimen de un paternalismo de Estado que, en los hechos, niega el carácter soberano de la voluntad popular.

El pueblo sabe leer entre líneas. Así, cuando López Obrador discursivamente manda al diablo a las instituciones, la gente sabe a ciencia cierta que se trata de mandar al diablo el vaciamiento de que ha sido objeto el andamiaje institucional de la nación, recuperando para sí el sentido y razón de un estado de derecho que trascendiendo los límites estrechos de lo que entendemos como gobierno, da sustento al Estado-Nación.

Más que un gobierno para todos, gobernar entre todos como lo mandata la Carta Magna, es lo que la gente estimo interpreta del discurso de MORENA. De ahí la esperanza y confianza que anima al imaginario colectivo y su voluntad de expresarlo en las urnas. Libertad, independencia, y soberanía; no más corrupción impune; que la honestidad norme la búsqueda del bien común en nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. La nación y sus instituciones republicanas  lo demandan, así quiero entenderlo.

Hojas que se lleva el viento.

¡Para Ripley! Vaya cinismo del senador yucateco Emilio Gamboa Patrón -a quien sus paisanos conocen por el mote de “El chupón”-, cuando arropado por sus pares Yunes Zorrilla y Yunes Landa, viene a Veracruz a decirnos que el PRI si sabe gobernar. “No me defiendas compadre…” Dirían los candidatos priístas a las alcaldías veracruzanas.

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Teniendo como escenario de fondo el fracaso manifiesto de seis meses de gestión del gobierno de la alternancia (no hay nada que asegure lo contrario) así como la incapacidad del PRI para salir de su debacle,  los veracruzanos a una semana de la elección del 4 de junio velan armas dispuestos a dar la batalla en las urnas. Salvo que seamos masoquistas, es de esperarse que la mayoría le dé la espalda al PRIAN votando a favor de los candidatos de MORENA, partido al que se considera como el mejor posicionado en la contienda edilicia. Sufragar a favor del PRI o de las fórmulas postuladas por “la morralla” partidista o candidatos independientes, dividiendo y pulverizando el voto, se dice favorecerá a  la alianza PAN-PRD, apostándole a ello el gobernador Yunes Linares en su desenfrenado intento por hacerse de una base social de apoyo que dé continuidad a su proyecto familiar.

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Quienes en Veracruz habiendo tocado en la puerta equivocada, esperando encontrar en MORENA posiciones, prebendas y canonjías, toparan con pared, se ven impelidos a renunciar y buscar nuevos y más amplios derroteros en los que mojar su pambazo sea la recompensa. Nada nuevo bajo el sol. Es la “condición humana”, dicen los que confundiéndose ven el árbol y no el bosque. Lo que si resulta inédito es que por cada 2 que se van frustrados en sus intenciones,  se incorporan al lopezobradorismo 20 nuevos cuya motivación va más allá del dinero fácil. De ese tamaño es el descontento y el hartazgo.

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Mañana 31 de mayo da término la etapa de campañas del proceso electoral 2017 en Veracruz. El balón pasa a manos de los electores sin que el gobernador, partidos y candidatos contendientes, alcanzaran un marcador distinto al  ya anotado en la etapa previa.  Salvo el fraude electoral como última instancia, MORENA se levantará con el triunfo en el mayor número de los 212 municipios de la entidad y, para sorpresa de muchos, a no dudarse el PRI en alianza con el partido verde de Fidel Herrera, inercialmente quedará en segundo lugar en el tablón de resultados. El gobierno de la alternancia reducido a su mínima expresión. ¿O no es así?

Xalapa, Ver., 30 de mayo de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En tanto se le sigue rascando al cochinero, más detritus arroja, confirmando el grado de descomposición política y moral que se viene viviendo en Veracruz con la llegada al poder de Fidel Herrera Beltrán y sus presuntos amafiados. Muladar del que Miguel Ángel Yunes Linares saca provecho,  alimentando lo mismo su sed de venganza que el respaldo social de la minoría que con su voto le permitiera acceder a la gubernatura de dos años.

Lo que no toma en cuenta el gobernador Yunes, es que la descomposición política preñada de corrupción, impunidad, simulación y engaño, lo mismo marca a Tirios que a Troyanos incidiendo en su contra,  en tanto la percepción en el imaginario colectivo se consolida en torno a la idea de que la alternancia en el gobierno lejos de ofrecer cambio alguno, recicla el más de lo mismo.

De esto último, la terca realidad deja constancia. La persecución del “duartismo” satisface el morbo pero no da de comer ni aliviana el clima de inseguridad.

 A Miguel Ángel Yunes se le eligió para gobernar, no para ser un pésimo gendarme incapaz lo mismo de rescatar el tiradero que el de ofrecer seguridad y confianza a la ciudadanía. Ni endereza a la alicaída administración pública a su cargo ni abate los altos índices de criminalidad que azotan a la entidad. Olvidándose de lo sustantivo que es el gobernar a una entidad federativa con más de ocho millones de habitantes cuya mayoría se debate entre pobreza y pobreza extrema.

No se trata de pedir peras al olmo. Sabido es que no está en manos del gobernante veracruzano el abatir desigualdad y pobreza. El gobierno no crea empleos,  no mejora la calidad de los salarios y, mucho menos determina la orientación de la economía en su conjunto. Empero si está obligado a generar condiciones favorables para la inversión,  ampliación y modernización  del aparato productivo, lo que obviamente no se está haciendo, antes al contrario, en tanto el énfasis del gobernador siga puesto en seguir sacando mierda de la “Caja de Pandora” de la que presume abriera, la entidad a nivel internacional no ofrece a inversionistas externos y domésticos condiciones para el rescate, reordenación y ampliación de la economía veracruzana.

No todo es responsabilidad del gobierno de la alternancia. Sabido es que a nivel nacional el horno no está para bollos. La economía mexicana está caminando al borde de la recesión. Las llevadas y traídas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto -a contracorriente impuestas-  lejos de incidir en mejorar la precaria situación le profundiza, incrementándose desigualdad, desempleo, pobreza y exclusión. Matada que fue la “gallina de los huevos de oro”, los recortes al gasto público inciden de manera notable en las arcas públicas veracruzanas, a la par que generan incertidumbre en el sector privado.

Empero, no obstante las condiciones adversas, el gobierno veracruzano cuando menos debería reconocerles, ajustando objetivos y metas por alcanzar en su tan ambicioso como inviable “Plan estatal de Desarrollo”. Así como aceptar que dado el entorno negativo lo que cuando menos esperan los veracruzanos de su gobierno es el saneamiento de las arcas públicas con el consiguiente reordenamiento de la administración y si, indudablemente, un clima de seguridad que de tranquilidad en los hogares.

A cinco meses de asumir el cargo, Miguel Ángel Yunes trepado en el ring no da señales de querer afrontar lo sustantivo. Cinco meses que cuentan mucho para un gobierno de escasos dos años de gestión. El tiempo sigue corriendo y ya en pleno proceso electoral auspiciando la guerra sucia, ante una economía eclipsada el gobernador no ofrece respuestas aceptables.

Hojas que se lleva el viento

Teniendo como marco el clima de descomposición política que priva en la entidad, la elección edilicia va. Lo que está en duda es si la gente estará dispuesta a dar su aval en las urnas a partidos y candidatos. Descontento y hartazgo social sigue dominando el panorama.

Cd. Caucel, Yucatán. Mayo 4 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El beneplácito social por la captura de Javier Duarte se dejó sentir en todo el territorio nacional, empero, de la mano de un justificado “sospechosismo” que ya destacados analistas políticos se han encargado de destacar y a los que Peña Nieto respondiera con un “No hay chile que les embone…”.

La crisis de credibilidad que arrastra el país, pesa más que el discurso oficial. La reacción social ante el mensaje con el que el presidente Peña Nieto pusiera de manifiesto la fuerza del régimen contra la corrupción, ejemplarizando con la las recientes capturas de los ex gobernadores de extracción priísta, Javier Duarte, de Veracruz y de Tamaulipas, Tomás Yarrignton, fue de escepticismo y de sospecha de un arreglo en lo oscurito garantizando el silencio de los detenidos.

No podía esperarse otra cosa. La credibilidad y desconfianza en las instituciones encargadas de procurar y administrar la justicia en el país, ganada a pulso por el régimen político mexicano da para mucho. Y si bien es de aplaudirse el que el gobierno haga su trabajo, la opacidad de sus acciones da lugar a duda sobre su eficiencia y eficacia.

Con mucha mayor razón cuando estas acciones se politizan, sirviendo de marco a intereses electorales en juego, como podría ser el caso de los presuntos saqueadores hoy a resguardo de las autoridades. Pareciendo que el objetivo último en tiempo y forma de las detenciones de marras es lo mismo de un acto propagandístico a favor del partido en el gobierno ante los próximos comicios en Edomex, Veracruz, Nayarit y Coahuila, que el de un gran distractor tras el cual ocultar el fracaso gubernamental tanto en el combate a la corrupción e impunidad como en materia de seguridad pública, talones de Aquiles del Estado mexicano.

Cortina de humo que más allá de las consecuencias ulteriores que ameriten los aún presuntos actos delictivos de Javier Duarte y Tomás Yarrington, también opera a favor de distraer la atención de la sociedad en lo referente al pobre desempeño de la economía nacional reflejada en el bolsillo de las mayorías empobrecidas.

Esto en el orden nacional. Por lo que toca a Veracruz, la detención del ex gobernador Duarte de Ochoa, no deja de ser parte del show mediático con el que Miguel Ángel Yunes Linares pretende justificar su empeño tanto por restablecer el estado de derecho en la entidad como del rescate de una administración pública quebrada, sin pies ni cabeza. El énfasis de la prensa estatal por destacar lo que la gente quiere escuchar, obviando la problemática toral de un Veracruz de rodillas, lo refleja.

Para empezar, no se puede ni debe pretenderse el restablecer el estado de derecho al margen de la ley. Perseguir delincuentes no está dentro de las funciones del ejecutivo estatal, como tampoco el asumirse como vocero de la Fiscalía declarando sin apego a verdad y transparencia. Y, por cuanto al rescate de la administración pública estatal, el refundir en la cárcel al ex gobernador Duarte de Ochoa ni saneará las arcas públicas ni asegura eficiencia y eficacia, mucho menos credibilidad y confianza en las instituciones veracruzanas que, hasta ahora, bajo el gobierno de la alternancia dejan mucho que desear. La corrupción, impunidad y simulación siguen siendo la constante. Nada nuevo bajo el sol.

Lo prudente sería dejar que la PGR haga su trabajo y el gobierno de Veracruz a lo suyo. El tiempo es oro y no se puede perder con el seguir quemando pólvora en infiernitos. Ya con el proceso electoral en marcha es suficiente como distractor para amainar el temporal. Empero, no se puede echar en saco roto el hecho de que el gobierno de Peña Nieto se valdrá del caso Duarte con fines electoreros. La tendencia del PRIAN pretendiendo de manera orquestada capitalizar a su favor el tema así lo indica. El gobernador Yunes Linares tendrá que aceptarlo, sumándose,  o renunciar a un  juego que sólo reditúa a su ego.

Chetumal, Q. Roo 18 de abril de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el imaginario colectivo la percepción cobra peso político cuando la realidad, siempre la terca realidad, se encarga de confirmar lo percibido. Tal es el caso a mi juicio de la incidencia de percepciones sobrepuestas en la vida política de México y, específicamente en Veracruz,  que se objetivizan   en el quehacer cotidiano de la gente, impulsando resistencia y una cada vez mayor agudización en la descalificación del régimen político vigente y la democracia representativa que de este emana.

La pérdida de credibilidad y confianza toca ya a las instituciones republicanas, poniendo en riesgo gobernabilidad y gobernanza en amplios territorios de la nación y regiones específicas de Veracruz, en los que el doble poder marcado por una delincuencia en ascenso y un poder público corrupto e incapaz de ponerle freno,  niega la posibilidad en el corto plazo de recuperar seguridad  y paz social. Lo que para la autoridad se concibe como percepción popular sin sustento, para la población es ya realidad irrefutable, cobrando un peso político que seguramente se reflejará en los resultados electorales próximos en Edomex, Coahuila, Nayarit y Veracruz con su consiguiente impacto en la elección presidencial en 2018.

La descomposición política en las entidades federativas mencionadas, ya no es percepción anidada en “mentes calenturientas”. La corrupción e incapacidad del aparato gubernamental es obvia, la democracia representativa pende de un hilo y la partidocracia rampante pierde el control, teniendo que recurrir, como en Edomex, a lo que ya se califica por los conocedores del paño como una “elección de Estado” auspiciada por el gobierno de Peña Nieto.

En Veracruz, doce años de saqueo de las arcas públicas y la consiguiente pérdida de hegemonía del PRI en la entidad, tiene a la vida política de la entidad desquiciada, sin pies ni cabeza. El gobierno de la alternancia sin recursos, sin visión y acosado por la violencia delincuencial, se manifiesta incapaz de poner orden en el proceso electoral en curso. En un todos contra todos, aflorando las más bajas pasiones, el interés personal y de grupo se impone por sobre el bien común en la trasmisión del poder municipal en las 212 demarcaciones municipales.

La huella de Fidel Herrera y Javier Duarte contamina todo el espectro político-electoral chocando con la estrecha visión de futuro y de gobierno del Sr. Yunes Linares a quien, por cierto, sus cálculos respecto a la bondad de la alianza con el PRD han resultado fallidos; si bien los votos aportados por el PRD le permitieran ganar legalmente  la gubernatura, estos no han sido suficientes para la legitimación ante las mayorías de la alternancia como opción de gobierno. La elección en el 2016 se fue a tercios y la alianza PAN-PRD quedó en franca minoría en la correlación de fuerzas político-electorales, reflejándose en la ausencia de consensos en la conducción del proceso electoral en curso. Una cosa es ganar y otra, muy distinta, sostener el triunfo.

En términos prácticos, el PRD no aporta nada social y políticamente a la alternancia. El PAN tendrá que vérselas solo para concretar el proyecto político del Sr. Yunes Linares.

Hechos objetivos y no solo percepción aislada confirman lo que bulle  en el imaginario colectivo, definiendo intención del voto. La alternancia en Veracruz está resultando fallida;  el PRI aún no asimila la derrota del 2016 y pasivamente contra corriente espera la del 2017; el PAN a la greña en la entidad, el PRD, en franca desbandada. En tanto que MORENA no actúa en consecuencia con visión y congruencia no obstante a sabiendas de que tiene el triunfo al alcance de la mano. Esto en el marco de un clima de corrupción oficial que no cede y una violencia criminal que tiene lo mismo a la población en ascuas que a un gobernador contra la pared.

Así y en tanto los partidos políticos dominantes velan armas, el grueso de la población en espera de su oportunidad. En Junio próximo se verá que tanto peso político-electoral tiene el imaginario colectivo en condiciones atípicas como las que hoy vive México. El sufragio será nuevamente de castigo.

Hojas que se lleva el viento

En Yucatán también se cuecen habas. No obstante mantenerse a la cabeza entre las entidades federativas que acusan mayor grado de seguridad pública, paz social y armónica convivencia entre desiguales, ya empiezan a aflorar señales ominosas de corrupción oficial y colusión con particulares que ponen en entredicho al gobierno estatal de origen priísta. Ya corre el rumor de un conflicto de intereses en la ejecución de las obras de lo que será la Zona Económica Especial de Progreso, señalándose insistentemente al senador Emilio Gamboa Patrón y su grupo como parte activa.

El brutal asesinato de la Sra. Emma Gabriela Molina Canto en la capital del estado parece estar destapando la “Caja de Pandora” en la maraña de corrupción oficial y privada que vincula a Yucatán con Tabasco y Quintana Roo.

Cd. Caucel, Yuc., abril 5 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si bien la crisis por la que atraviesan las finanzas públicas estatales y municipales en la entidad veracruzana merecen especial atención por parte de las autoridades responsables, no puede hacerse de lado que todo esfuerzo gubernamental tendiente a paliarla en la actual coyuntura, está contaminado por intereses específicos partidistas encaminados al proceso electoral en curso y, sin duda, a los que vienen en el 2018. Verlo de otra manera sería pecar de ingenuo.

De ahí que el estira y afloja entre el Poder Ejecutivo Estatal, el Congreso local y partidos políticos a favor y en contra del proceso de renegociación de la deuda pública, tengan una connotación eminentemente político-electoral que, para nuestro infortunio, está cada vez más alejada de la búsqueda de soluciones coherentes y viables al problema toral de Veracruz que es una economía estancada y con visos recesivos,  cuyo impacto en la población se observa en una agudización estructural de desigualdad, desempleo, pobreza e inseguridad.

En este marco, se tiende a confundir la crisis multidimensional de Veracruz con la que coyunturalmente en el orden financiero y administrativo aqueja a la administración pública. Y si bien, ambas se retroalimentan interactuando entre sí, a diferencia de la primera, la segunda no es determinante en la conformación de la problemática sustantiva de Veracruz. Más si no se toma en cuenta que ambas manifestaciones críticas para la entidad están inmersas en otra mayor de un país que, en su conjunto, el efecto Trump le tomara por sorpresa, descomponiendo todo el escenario en el que el gobierno federal sustentara su visión de futuro.

Escenario global en el que el rescate de las finanzas públicas veracruzanas para el poder central es aleatorio, en tanto que para el partido de Peña Nieto de antemano electoralmente la entidad ha perdido hegemonía y relevancia, como también estimo juzga que coyunturalmente en su orden de prioridades, la problemática de la economía en la aldea requiere de medidas de fondo que por ahora no está en manos de la federación emprender.

Lo anterior conduce a pensar que si bien el titular del ejecutivo veracruzano lograra en segunda vuelta que el Congreso local con el visto bueno del PRI aprobara su iniciativa de reestructuración, ello no es garantía de que ésta tenga lugar en los plazos y  las mejores condiciones deseables. Como tampoco el que con el ahora presunto respiro, se rescate a una alicaída administración pública estatal; mucho menos el que ésta logre avances significativos en atemperar la crisis estructural que mantiene postrada a la entidad.

Adicionalmente, a escasos 80 días de la elección edilicia, la presión de los actuales alcaldes para que se les restituya lo que alegan les adeuda el gobierno estatal incidirá en el propio proceso electoral, constituyéndose en un escollo más para que el gobierno de la alternancia pueda sacar al buey de la barranca. Habida cuenta de que antes de los comicios ya con la aprobación del presupuesto 2017 diferido, no habrá pretexto para dejar de atender a los alcaldes salientes.

En este marco transcurrirán los primeros seis meses del mandato del Sr. Yunes Linares, a la par que pasada la elección edilicia, toda la carne en el asador tendrá que ponerse en la anticipada carrera para los procesos electorales del 2018.

Los tiempos seguirán jugando en contra del Sr. Yunes Linares; las promesas sustantivas de campaña seguirán en el tintero y, por lo consiguiente, la atención a las expectativas de cambio de una población cada vez más exigente, seguirán anidando en un clima de frustración y descontento creciente. No olvidemos que lo prometido también es deuda y que gracias a las redes sociales la gente todos los días vota.

No se puede ni se debe seguir meando fuera del tiesto sin que haya consecuencias.

Obras son amores. Ya entonces se verá a quién se juzgará como “enemigo del bienestar de los veracruzanos”.

Hojas que se lleva el viento

Gastada la capacidad de asombro e indignación de una población lastimada y dolida, para amplios sectores de la sociedad veracruzana la inseguridad y violencia criminal, siendo el pan de cada día, se toma como algo tan inevitable como irrelevante. De otra manera no se explica uno el cómo es posible que la población se muestre indiferente ante el creciente número de inhumaciones clandestinas, ejecuciones, asesinato de periodistas, extorsión  y privación ilegal de la libertad en la entidad; hechos que por principio quedan impunes. Da tristeza y rabia el observar como Veracruz es calificado de la peor manera lo mismo por la prensa nacional e internacional que por los organismos defensores de los derechos humanos, como uno de los peores lugares para vivir. En cualquier otro país medianamente civilizado, hechos como los descritos en los medios de comunicación darían lugar a diversas expresiones de indignación y exigencia de justicia plena por parte de la población movilizada que, para nuestro infortunio, ni por asomo se dan en Veracruz.

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No se puede esperar paz social, sana convivencia y respeto  entre diferentes cuando desde la cúspide del poder político en Veracruz se auspicia el odio y la confrontación estéril. El gobernador de dos años lejos de propiciar el diálogo político civilizado y la conciliación en el ejercicio de la administración del conflicto, pone más leña al fuego polarizando a las diversas fuerzas político-electorales.

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En menos de 72 horas el Congreso veracruzano pasó de la gloria a la ignominia. Si bien el no a una iniciativa del ejecutivo se consideró en su momento un hito histórico, la diputación priísta y sus adláteres menores al corregir su voto en la segunda vuelta, dando el ansiado si a la renegociación de la deuda pública confirmaron el estado de sumisión del Poder Legislativo a los caprichos del Ejecutivo. Lástima, tanto brinco para seguir igual.

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Para los conocedores del paño, el voto del PRI a favor de la reestructuración de la deuda pública veracruzana como respuesta a la catástrofe apocalíptica anunciada por el gobernador caso de reincidirse en la negativa de aprobación, incidirá positivamente en las expectativas electorales del tricolor,  sobre todo en la elección del alcalde de la capital veracruzana, asegurándose el triunfo de José Alejandro Montano, ex secretario de Seguridad Pública en el gobierno de Miguel Alemán. El PAN tendrá que corresponderle al PRI por el favor recibido si está en su intención el frenar a MORENA reduciendo al partido de López Obrador  a su mínima expresión, por abajo del PRD.

Opinión respetable viniendo de verdaderas chuchas cuereras, pero cuestionable si a mi modesto entender, se considera que atípicamente en el proceso electoral en marcha pesarán más a la hora de la elección las siglas y no los candidatos postulados. El hartazgo y la pérdida de credibilidad, como en la anterior contienda electoral, seguirán jugando en contra del PRI saqueador y, de refilón, ahora en contra de la alianza PAN-PRD por no cumplir con lo ofertado en campaña.  El tiempo, más que la bola de cristal, será quien diga la última palabra.

Xalapa, Ver., marzo 22 de 2017.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Me pregunto si para aquellos que en la elección para gobernador de dos años votaran por la alianza PAN-PRD, cifrando sus esperanzas en un cambio orientado al rescate de una administración pública quebrada por un gobierno corrupto y fallido, hoy a cien días de la toma de posesión del Sr. Miguel Ángel Yunes Linares estos mismos electores guardan las mismas expectativas de cambio y de progreso con las que concurrieran a las urnas el año próximo pasado.

La respuesta está a flor de labios de estos esperanzados electores. Sólo ellos podrán afirmar a ciencia cierta, si su voto contribuyera a un cambio tangible en propósitos y objetivos del gobierno de la alternancia, o, por el contrario, su respuesta es negativa.

Empero, más allá de la respuesta explícita, para el observador cuenta lo que se percibe; más si se considera que socialmente toda percepción conlleva un alto contenido político que por sí mismo refleja el estado de ánimo de la sociedad. Y, en este caso concreto, todo pareciera indicar que existen más dudas que respuestas. El gobierno de la alternancia no responde aún a las expectativas de esa minoría social que sufragara a favor de la alianza y éstas se mantienen a la expectativa,  estando muy lejos de respaldar el quehacer de la administración en lo que va del mandato del Sr. Yunes Linares.

El beneficio de la duda que inspirara en la gente un nuevo gobierno dispuesto a imprimir cambios significativos en la tarea de rescatar a la administración pública veracruzana, se diluye e incluso, los partidos políticos que como tales llevaran al triunfo electoral a la alianza expresan públicamente más escepticismo que confianza; las dirigencias partidistas tanto en el ámbito nacional como en la aldea, guardan silencio y están dejando solo en el atolladero al gobernador al imponerse una ominosa realidad por sobre expectativas y esperanzas.

Más ahora, ya inmersos en el proceso electoral en el que los intereses personales y de grupo pesan más que interés y voluntad política de un gobernante empantanado en sus propias contradicciones. Miguel Ángel Yunes Linares está solo tanto en su combate contra fantasmas del pasado que en la difícil tarea de gobernar.

Se dice que ello es resultado de su estilo personal de gobernar, que está en su naturaleza pelearse contra todos y por todo. En justicia habría que insistir que por encima de tal consideración, están los factores adversos que, lo mismo en el entorno internacional que nacional y sin duda en nuestra propia entidad federativa se oponen a un terso rescate de la administración pública veracruzana; a todos consta que la federación respalda a Veracruz de dientes para afuera, dejó hacer y deshacer a su antojo a la pandilla de depredadores y hoy consiente impunidad y olvido forzando al gobernador a aceptar que en el régimen político vigente todo cambio es para permanecer igual.

Igualmente me pregunto si las mayorías que votaran en contra de la alternancia, lo hicieran para mantener el statu quo apostándole nuevamente al dejar hacer dejar pasar o, por el contrario, conscientes de que con la alianza Pan-PRD el esperado cambio y rescate de la administración pública estaría vedado, saliendo de guatemala para entrar a guatepeor. Esto sin contar en que para muchos el sufragar en contra, inercialmente mantendría la hegemonía priísta en la innoble tarea de gobernar saqueando pero salpicando.

El cómo esta mayoría lo mismo se mantiene indiferente que apostándole al más de lo mismo,  aceptando sin chistar las candidaturas partidistas a los gobiernos municipales que notablemente apuntan hacia un retorno al pasado, también para el observador se percibe poco o nulo respaldo al gobierno de la alternancia como opción de buen gobierno, manteniéndose al margen o bien, socavando con su silencio, en el mejor de los casos, la tarea que se echara a cuestas el gobernador de dos años.

Si esto es así, tanto para la minoría como para las mayorías, la base social de apoyo y respaldo en que se sustentaría el gobierno de la alternancia, a cien días de mandato para efectos prácticos podría afirmarse que es nula; cayendo en suelo estéril la semilla de unidad, compromiso y esfuerzo solidario que el gobernador reclama de la ciudadanía.

Cada quien para su santo, es la tónica dominante en el seno de una sociedad escéptica que aún no logra asimilar el cómo es que dejara que una pandilla de delincuentes diera al traste con una administración pública, arrastrando consigo a toda la entidad.

Así las cosas, pasarán otros cien días y otros más sin que el ansiado cambio y rescate se concrete; antes al contrario, el pronóstico es que las cosas irán para peor, incrementándose el deterioro político, económico y social en demérito de gobernabilidad y gobernanza en la entidad y, por lo consiguiente del bienestar de los veracruzanos. En todos está el dejar hacer dejar pasar nuevamente, o hacer posible el cambio desde abajo gobernando con una participación responsable a quienes gobiernan. Llegó la hora de rescatar la política y con ello la democracia representativa. Mañana será demasiado tarde.

El que calle hoy no tendrá cara para reclamar mañana.

Hojas que se lleva el viento

Histórico.  Para Ripley, la mayoría en el Congreso Veracruzano le dijo no a la solicitud del gobernador  de reestructuración de la deuda pública. La razón se impuso por sobre el voluntarismo de Yunes Linares complicando el arranque del gobierno de la alternancia.

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Escudado en un mediocre y triste desempeño como senador de la república, Héctor Yunes Landa más en un afán protagónico que con la intención de aportar algo positivo a la turbulenta vida política de la entidad, sin más  y en referencia a los primeros cien días del gobierno de la alternancia, afirma que a Veracruz le iba mejor con Javier Duarte. A él sin duda, para los veracruzanos tal aberrante aseveración sonó, con perdón de mis cuatro lectores, como mentada de madre. Por muy que el gobierno de Yunes Linares apunte a ser una administración fallida más, no puede comparar ésta con el inmisericorde saqueo impune, cinismo y desvergüenza del fidelismo-duartismo sin pecar de demagogo. Y aun así guarda la absurda esperanza de alcanzar en el 2018 la nominación como candidato del PRI al gobierno de la entidad. Aunque como andan las cosas de descuajaringadas en el seno de la partidocracia, todo es posible.

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Y a propósito de la partidocracia, en su expresión aldeana en su momento señalamos que el Movimiento de Regeneración Nacional al transformarse en partido político aceptaba tácitamente someterse a las reglas del juego de los dueños de las canicas, sumándose al juego de la partidocracia, sus contradicciones, mañas y trastupijes electorales, renunciando a sus orígenes. Lo que se observa en su participación como instituto político de interés público en el proceso electoral en curso, confirma nuestra aseveración; Morena, con sus asegunes,  ya es un partido más, bailando al ritmo de la descomposición política en la que Veracruz es nítida expresión del “desmadre nacional” de un régimen político que pide a gritos ser colocado en el basurero de la historia.

Xalapa, Ver., marzo 15 de 2017

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

En las agitadas aguas de un Veracruz sin pies ni cabeza, montado a lomo de caballo va el proceso electoral 2017 que desembocará en la elección de autoridades edilicias en los 212 municipios de la entidad. Inmersas en este proceso, entre indiferencia y escepticismo las mayorías empobrecidas cumpliendo con su papel cual mirones de palo, invitados de piedra a la fiesta, contemplan como el régimen político vigente se desmorona, víctima de sus propias contradicciones fruto de corrupción sin límite, ausencia de visión de futuro y un cada vez más marcado distanciamiento entre instituciones y ciudadanía.

Descomposición política y carencia de expectativas de progreso y bienestar de una sociedad estancada en el tiempo, van de la mano; dando marco a un proceso electoral con resultados hoy día impredecibles.

Y si bien la grilla electoral ha sido para Veracruz lo que las telenovelas son para una gran mayoría de amas de casa, punto de fuga para substraerse de una realidad agobiante, distractor a modo y  generadora de falsos sueños, sendero de reafirmación del ser y  búsqueda incesante de un estatus económico y social que nunca llega,  la realidad, siempre la terca realidad, se impone por sobre toda esperanza de cambio y transformación.

El tiempo transcurre dejando un más de lo mismo acunado en la demagogia, la especulación, el chisme y la diatriba como antesala de la frustración y el desengaño. El síndrome electorero no va más, la sociedad abrió los ojos, como distractor a modo la elección de fórmulas edilicias bajo la conducción de una partidocracia infame está agotada. La conciencia de la necesidad de cambio desde abajo se refleja en el vacío en el que como escenario dominante la población ofrece a los titiriteros de siempre.

El llamado voto duro partidista es cosa del pasado. Ante la indiferencia social,  los indecisos cobran fuerza inusitada, modificando día con día la correlación de las fuerzas político-electorales a la vez que otras fuerzas, desde la humildad de los de abajo, los sin voz construyen un andamiaje diferente; el participar y resistir contemplándose a sí mismos como sujetos sociales y no más objeto de manipulación,  da otra connotación a un proceso electoral en el que las élites círculos cercanos  y aspirantes a las alcaldías son ajenos.

Hoy Veracruz no es el de ayer. La sociedad es otra y lo que quedó atrás, atrás quedo, acaso  para el anecdotario o para aprender de lo vivido. Repensar a la entidad y en esta tesitura, repensar el papel del Municipio Libre con sentido comunitario y visión de futuro es el reto. Democracia representativa sin democracia participativa es seguir dándole vueltas a la noria, más de lo mismo, cambiando para seguir igual  y así lo está entendiendo el elector potencial. De ahí el desconcierto,  lo mismo del gobierno en turno que de una partidocracia que se desdibuja; la incapacidad de las élites políticas  para proporcionar seguridad, auspiciar empleo, mejores salarios, vivienda digna y atención universal a la salud, hace nugatorio el discurso electorero de aspirantes y candidatos plagado de ofertas y promesas que no pasan del papel.

Lo sustantivo queda en el tintero, la pobreza, desigualdad y ausencia de expectativas de cambio y de progreso no se resuelven con una demagógica política-política que ignora el sustrato económico que determina la crisis multidimensional por la que atraviesa la entidad. La clase política no ve ni escucha, las mayorías, las invitadas a la fiesta comicial lo sienten en carne propia, bastando con esculcar en el fondo del bolsillo.

Especular sobre cuál de todos, partidos, aspirantes y suspirantes, es el mejor en la contienda sin atender a una nueva correlación de fuerzas que se construye desde abajo, es bordar en el vacío.

Tiempo al tiempo, el régimen político vigente, caduco e incapaz de reconstruirse a sí mismo, en sus entrañas madura su caída. El pueblo espera, si no es hoy será mañana, nada es eterno más no por ello la resignación es el camino. Al tiempo hay que ayudarle con un ganchito, con otro y con otro; sin participación responsable, consecuente y organizada el plazo de espera se prolonga. Una vez más, más de lo mismo, ¿hasta cuándo?

Las mayorías empobrecidas tienen la respuesta.

Hojas que se lleva el viento

El PRI de Peña Nieto y Enrique Ochoa Reza, en Veracruz resurgiendo desde lo más profundo de la cloaca, sin más voto duro que los autollamados “400 pueblos”. Habiendo perdido todo, designa como su vocero al hijo de Cesar del Ángel.

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Cien días en el haber del nuevo gobierno veracruzano de la alternancia. Mucho ruido y pocas nueces. Son más las preguntas que se hacen los electores que las respuestas contundentes que les saquen de dudas. PAN y PRD guardan silencio.

Xalapa, Ver., marzo 8 de 2017

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

  • Para AMLO, Yunes Linares simple peón en el escenario nacional

Parafraseando a Trump, el gobernador Yunes Linares  con hechos y no con palabras,  nos dice: Sí, vamos a tener una buena relación con los veracruzanos, y si no, pues no. Ya que seguramente le vale al anteponer intereses personales o de grupo a los intereses de una entidad federativa ávida de seguridad, tranquilidad, orden, bienestar y progreso.

A lo largo de 90  días escasos de su toma de posesión, ha mostrado evidentemente que su prioridad ha sido combatir con palos de ciego a fantasmas del pasado, dejando en segundo plano la encomienda sustantiva que se le asignara en las urnas: servir a Veracruz gobernando sin distingo para todos; obteniendo como corolario división y encono ya no solo entre la llamada clase política, también en el seno de una sociedad que tomando partido, se polariza en detrimento de la tan necesaria como urgente unidad en torno a objetivos comunes.

Estrategia fallida. Tanto y en todos los frentes ha insistido en justificar su impotencia  y desesperación al encontrarse atado de manos para enderezar la nave gubernamental, que todo se le revierte, profundizando su empantanada circunstancia.

El Sr. Yunes Linares cumplió en parte con su propósito explícito de destapar la Caja de Pandora, exhibiendo hasta el tuétano la cloaca en que el fidelismo-duartismo convirtiera al gobierno de Veracruz, pero ello ya  no es suficiente.

A toda acción corresponde una reacción, si mal no recuerdo hacía hincapié de manera insistente el maestro Antonio Nadal Romero allá por mis años mozos en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Ante la plausible acción propagandística de campaña del hoy gobernador la reacción de la opinión pública no se dejó esperar, las leyes de la física también operan en la naturaleza humana; la gente abrió los ojos y hoy la sociedad veracruzana es otra, más desconfiada, más incrédula, más exigente esperando del gobierno de la alternancia algo más que un estéril show mediático que no abona a un buen gobierno.

Hoy como gobernador la oportunidad de trascender se le viene escurriendo entre los dedos. Sin proyecto de cambio y transformación… Sin tiempo y sin dinero, el rescate de Veracruz desde una administración pública honesta, coherente y eficaz, queda en el tintero. Esto en el marco de un escenario nacional adverso en el que lo mismo el descrédito presidencial creciente que una economía estancada en vías de recesión, anuncian malos augurios para el país en un futuro cercano.

Veracruz no es una isla ajena al resto de la nación, por su posición geoestratégica frente al Golfo de México su gobierno no puede permanecer al margen de un contexto general que requiere el concurso de todos para paliar el temporal que se viene. Más ahora cuando la repatriación de connacionales asumida por nuestro vecino del norte, exige previsión, cordura y políticas públicas agresivas de reinserción de los migrantes al aparato productivo nacional. Ni se debe ni se puede soslayar el hecho de que Veracruz requiere de gobierno previsor ante lo que nos espera cuando ya de sí estancamiento económico y desempleo campean por todo lo alto en la entidad.

Considero que el Sr. Yunes Linares tiene que entender que no contando con el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas, está en la tesitura de tener que legitimar día con día su desempeño. Persistir en su pedestre estrategia propagandística pretendiendo imponer su estilo personal por sobre la terca realidad,  no es el camino.

En la proximidad de sus primeros cien días de gestión, a mi juicio debería valorar la situación prevaleciente y revisar su orden de prioridades antes de que sea demasiado tarde. Tiene ya encima el proceso electoral que desembocará en la elección edilicia y,  a manera de plebiscito, los veracruzanos en las urnas premiarán o castigarán el desempeño del gobierno de la alternancia con los beneficios o perjuicios que para la vida política de la entidad ello representa. En sus manos está el reencausar a su administración por los caminos que mejor convengan a Veracruz.

El tiempo cuenta y cuenta mucho, en su escasa disponibilidad para un gobierno de dos años, lo importante pesa más que la urgencia de lo personalmente deseable. En 2018, el Sr. Yunes Linares deberá entregar una administración saneada y un Veracruz pacificado, si en algo estima su proyecto de vida personal y familiar.

Hojas que se lleva el viento

López Obrador sabe lo que hace, no es “loco”, ni tonto ni improvisado. Provocar al gobernador de Veracruz y a su prole a sabiendas de que estos siendo de mecha corta y visceralmente propensos a dejarse llevar por la ira los hace vulnerables, está en su estrategia de dividir para vencer para el 2018. Yunes Linares para el Peje no es más que un peón en el ajedrez nacional, al que hay que desestabilizar y anular para lo que viene, la elección en Edomex y la gran batalla en la que habrán de enfrentarse MORENA y el PAN por la presidencia de la república.

Por lo pronto el diferendo AMLO-Miyuli ya provocó se exhiba de cuerpo entero la alianza de facto  PAN-PRI para frenar a MORENA, así como sacudiera las entrañas del PRD auspiciándose la ruptura del negro amarillo con el blanquiazul para el 2018.

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Gracias a la reforma energética empobrecedora y entreguista, China ya tiene presencia frente a costas veracruzanas, lo que le da a la entidad una connotación geopolítica de primer orden que no se puede ignorar. Un gobierno estatal saneado, una población con pleno empleo gozando de seguridad, paz y expectativas de bienestar, estratégicamente para México deberían ser prioridad en la defensa de la soberanía nacional. Hay que ponerse las pilas.

Xalapa, Ver., 1 de marzo de 2017.

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