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Category Archives: Andres Manuel López Obrador

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Me pregunto si para aquellos que en la elección para gobernador de dos años votaran por la alianza PAN-PRD, cifrando sus esperanzas en un cambio orientado al rescate de una administración pública quebrada por un gobierno corrupto y fallido, hoy a cien días de la toma de posesión del Sr. Miguel Ángel Yunes Linares estos mismos electores guardan las mismas expectativas de cambio y de progreso con las que concurrieran a las urnas el año próximo pasado.

La respuesta está a flor de labios de estos esperanzados electores. Sólo ellos podrán afirmar a ciencia cierta, si su voto contribuyera a un cambio tangible en propósitos y objetivos del gobierno de la alternancia, o, por el contrario, su respuesta es negativa.

Empero, más allá de la respuesta explícita, para el observador cuenta lo que se percibe; más si se considera que socialmente toda percepción conlleva un alto contenido político que por sí mismo refleja el estado de ánimo de la sociedad. Y, en este caso concreto, todo pareciera indicar que existen más dudas que respuestas. El gobierno de la alternancia no responde aún a las expectativas de esa minoría social que sufragara a favor de la alianza y éstas se mantienen a la expectativa,  estando muy lejos de respaldar el quehacer de la administración en lo que va del mandato del Sr. Yunes Linares.

El beneficio de la duda que inspirara en la gente un nuevo gobierno dispuesto a imprimir cambios significativos en la tarea de rescatar a la administración pública veracruzana, se diluye e incluso, los partidos políticos que como tales llevaran al triunfo electoral a la alianza expresan públicamente más escepticismo que confianza; las dirigencias partidistas tanto en el ámbito nacional como en la aldea, guardan silencio y están dejando solo en el atolladero al gobernador al imponerse una ominosa realidad por sobre expectativas y esperanzas.

Más ahora, ya inmersos en el proceso electoral en el que los intereses personales y de grupo pesan más que interés y voluntad política de un gobernante empantanado en sus propias contradicciones. Miguel Ángel Yunes Linares está solo tanto en su combate contra fantasmas del pasado que en la difícil tarea de gobernar.

Se dice que ello es resultado de su estilo personal de gobernar, que está en su naturaleza pelearse contra todos y por todo. En justicia habría que insistir que por encima de tal consideración, están los factores adversos que, lo mismo en el entorno internacional que nacional y sin duda en nuestra propia entidad federativa se oponen a un terso rescate de la administración pública veracruzana; a todos consta que la federación respalda a Veracruz de dientes para afuera, dejó hacer y deshacer a su antojo a la pandilla de depredadores y hoy consiente impunidad y olvido forzando al gobernador a aceptar que en el régimen político vigente todo cambio es para permanecer igual.

Igualmente me pregunto si las mayorías que votaran en contra de la alternancia, lo hicieran para mantener el statu quo apostándole nuevamente al dejar hacer dejar pasar o, por el contrario, conscientes de que con la alianza Pan-PRD el esperado cambio y rescate de la administración pública estaría vedado, saliendo de guatemala para entrar a guatepeor. Esto sin contar en que para muchos el sufragar en contra, inercialmente mantendría la hegemonía priísta en la innoble tarea de gobernar saqueando pero salpicando.

El cómo esta mayoría lo mismo se mantiene indiferente que apostándole al más de lo mismo,  aceptando sin chistar las candidaturas partidistas a los gobiernos municipales que notablemente apuntan hacia un retorno al pasado, también para el observador se percibe poco o nulo respaldo al gobierno de la alternancia como opción de buen gobierno, manteniéndose al margen o bien, socavando con su silencio, en el mejor de los casos, la tarea que se echara a cuestas el gobernador de dos años.

Si esto es así, tanto para la minoría como para las mayorías, la base social de apoyo y respaldo en que se sustentaría el gobierno de la alternancia, a cien días de mandato para efectos prácticos podría afirmarse que es nula; cayendo en suelo estéril la semilla de unidad, compromiso y esfuerzo solidario que el gobernador reclama de la ciudadanía.

Cada quien para su santo, es la tónica dominante en el seno de una sociedad escéptica que aún no logra asimilar el cómo es que dejara que una pandilla de delincuentes diera al traste con una administración pública, arrastrando consigo a toda la entidad.

Así las cosas, pasarán otros cien días y otros más sin que el ansiado cambio y rescate se concrete; antes al contrario, el pronóstico es que las cosas irán para peor, incrementándose el deterioro político, económico y social en demérito de gobernabilidad y gobernanza en la entidad y, por lo consiguiente del bienestar de los veracruzanos. En todos está el dejar hacer dejar pasar nuevamente, o hacer posible el cambio desde abajo gobernando con una participación responsable a quienes gobiernan. Llegó la hora de rescatar la política y con ello la democracia representativa. Mañana será demasiado tarde.

El que calle hoy no tendrá cara para reclamar mañana.

Hojas que se lleva el viento

Histórico.  Para Ripley, la mayoría en el Congreso Veracruzano le dijo no a la solicitud del gobernador  de reestructuración de la deuda pública. La razón se impuso por sobre el voluntarismo de Yunes Linares complicando el arranque del gobierno de la alternancia.

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Escudado en un mediocre y triste desempeño como senador de la república, Héctor Yunes Landa más en un afán protagónico que con la intención de aportar algo positivo a la turbulenta vida política de la entidad, sin más  y en referencia a los primeros cien días del gobierno de la alternancia, afirma que a Veracruz le iba mejor con Javier Duarte. A él sin duda, para los veracruzanos tal aberrante aseveración sonó, con perdón de mis cuatro lectores, como mentada de madre. Por muy que el gobierno de Yunes Linares apunte a ser una administración fallida más, no puede comparar ésta con el inmisericorde saqueo impune, cinismo y desvergüenza del fidelismo-duartismo sin pecar de demagogo. Y aun así guarda la absurda esperanza de alcanzar en el 2018 la nominación como candidato del PRI al gobierno de la entidad. Aunque como andan las cosas de descuajaringadas en el seno de la partidocracia, todo es posible.

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Y a propósito de la partidocracia, en su expresión aldeana en su momento señalamos que el Movimiento de Regeneración Nacional al transformarse en partido político aceptaba tácitamente someterse a las reglas del juego de los dueños de las canicas, sumándose al juego de la partidocracia, sus contradicciones, mañas y trastupijes electorales, renunciando a sus orígenes. Lo que se observa en su participación como instituto político de interés público en el proceso electoral en curso, confirma nuestra aseveración; Morena, con sus asegunes,  ya es un partido más, bailando al ritmo de la descomposición política en la que Veracruz es nítida expresión del “desmadre nacional” de un régimen político que pide a gritos ser colocado en el basurero de la historia.

Xalapa, Ver., marzo 15 de 2017

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

  • Para AMLO, Yunes Linares simple peón en el escenario nacional

Parafraseando a Trump, el gobernador Yunes Linares  con hechos y no con palabras,  nos dice: Sí, vamos a tener una buena relación con los veracruzanos, y si no, pues no. Ya que seguramente le vale al anteponer intereses personales o de grupo a los intereses de una entidad federativa ávida de seguridad, tranquilidad, orden, bienestar y progreso.

A lo largo de 90  días escasos de su toma de posesión, ha mostrado evidentemente que su prioridad ha sido combatir con palos de ciego a fantasmas del pasado, dejando en segundo plano la encomienda sustantiva que se le asignara en las urnas: servir a Veracruz gobernando sin distingo para todos; obteniendo como corolario división y encono ya no solo entre la llamada clase política, también en el seno de una sociedad que tomando partido, se polariza en detrimento de la tan necesaria como urgente unidad en torno a objetivos comunes.

Estrategia fallida. Tanto y en todos los frentes ha insistido en justificar su impotencia  y desesperación al encontrarse atado de manos para enderezar la nave gubernamental, que todo se le revierte, profundizando su empantanada circunstancia.

El Sr. Yunes Linares cumplió en parte con su propósito explícito de destapar la Caja de Pandora, exhibiendo hasta el tuétano la cloaca en que el fidelismo-duartismo convirtiera al gobierno de Veracruz, pero ello ya  no es suficiente.

A toda acción corresponde una reacción, si mal no recuerdo hacía hincapié de manera insistente el maestro Antonio Nadal Romero allá por mis años mozos en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Ante la plausible acción propagandística de campaña del hoy gobernador la reacción de la opinión pública no se dejó esperar, las leyes de la física también operan en la naturaleza humana; la gente abrió los ojos y hoy la sociedad veracruzana es otra, más desconfiada, más incrédula, más exigente esperando del gobierno de la alternancia algo más que un estéril show mediático que no abona a un buen gobierno.

Hoy como gobernador la oportunidad de trascender se le viene escurriendo entre los dedos. Sin proyecto de cambio y transformación… Sin tiempo y sin dinero, el rescate de Veracruz desde una administración pública honesta, coherente y eficaz, queda en el tintero. Esto en el marco de un escenario nacional adverso en el que lo mismo el descrédito presidencial creciente que una economía estancada en vías de recesión, anuncian malos augurios para el país en un futuro cercano.

Veracruz no es una isla ajena al resto de la nación, por su posición geoestratégica frente al Golfo de México su gobierno no puede permanecer al margen de un contexto general que requiere el concurso de todos para paliar el temporal que se viene. Más ahora cuando la repatriación de connacionales asumida por nuestro vecino del norte, exige previsión, cordura y políticas públicas agresivas de reinserción de los migrantes al aparato productivo nacional. Ni se debe ni se puede soslayar el hecho de que Veracruz requiere de gobierno previsor ante lo que nos espera cuando ya de sí estancamiento económico y desempleo campean por todo lo alto en la entidad.

Considero que el Sr. Yunes Linares tiene que entender que no contando con el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas, está en la tesitura de tener que legitimar día con día su desempeño. Persistir en su pedestre estrategia propagandística pretendiendo imponer su estilo personal por sobre la terca realidad,  no es el camino.

En la proximidad de sus primeros cien días de gestión, a mi juicio debería valorar la situación prevaleciente y revisar su orden de prioridades antes de que sea demasiado tarde. Tiene ya encima el proceso electoral que desembocará en la elección edilicia y,  a manera de plebiscito, los veracruzanos en las urnas premiarán o castigarán el desempeño del gobierno de la alternancia con los beneficios o perjuicios que para la vida política de la entidad ello representa. En sus manos está el reencausar a su administración por los caminos que mejor convengan a Veracruz.

El tiempo cuenta y cuenta mucho, en su escasa disponibilidad para un gobierno de dos años, lo importante pesa más que la urgencia de lo personalmente deseable. En 2018, el Sr. Yunes Linares deberá entregar una administración saneada y un Veracruz pacificado, si en algo estima su proyecto de vida personal y familiar.

Hojas que se lleva el viento

López Obrador sabe lo que hace, no es “loco”, ni tonto ni improvisado. Provocar al gobernador de Veracruz y a su prole a sabiendas de que estos siendo de mecha corta y visceralmente propensos a dejarse llevar por la ira los hace vulnerables, está en su estrategia de dividir para vencer para el 2018. Yunes Linares para el Peje no es más que un peón en el ajedrez nacional, al que hay que desestabilizar y anular para lo que viene, la elección en Edomex y la gran batalla en la que habrán de enfrentarse MORENA y el PAN por la presidencia de la república.

Por lo pronto el diferendo AMLO-Miyuli ya provocó se exhiba de cuerpo entero la alianza de facto  PAN-PRI para frenar a MORENA, así como sacudiera las entrañas del PRD auspiciándose la ruptura del negro amarillo con el blanquiazul para el 2018.

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Gracias a la reforma energética empobrecedora y entreguista, China ya tiene presencia frente a costas veracruzanas, lo que le da a la entidad una connotación geopolítica de primer orden que no se puede ignorar. Un gobierno estatal saneado, una población con pleno empleo gozando de seguridad, paz y expectativas de bienestar, estratégicamente para México deberían ser prioridad en la defensa de la soberanía nacional. Hay que ponerse las pilas.

Xalapa, Ver., 1 de marzo de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los que saben del asunto de la guerra dicen que lo trascendente en toda conflagración bélica no es el ganar o perder una batalla sino ganar la guerra. Y si como dicen los conocedores del paño, “la guerra es la política por otros medios”, bien podría establecerse como válido que en la política electoral es quien gana la guerra y no una batalla el que a la larga se hace merecedor al triunfo.

Bajo esta lógica, y atendiendo que el pasado domingo se diera inicio formalmente a la carrera electoral que desembocará en las urnas el 4 de junio próximo con la elección de alcaldes en los 212 municipios veracruzanos, cabe considerar que el PAN-PRD y MORENA, los dos grandes contendientes a enfrentarse con relativo éxito, se encontrarán en la tesitura de ganar o perder una batalla en el largo camino de ganar la guerra.

Por ahora y en lo que toca a la vida política postduartista de la entidad, la alianza PRD superó a Morena ganando la batalla por la gubernatura de dos años, más no la guerra; debiendo refrendar su triunfo parcial en la batalla por las alcaldías veracruzanas como prolegómeno para la gran batalla del 2018.

Por su parte, MORENA estará en la obligación de ganar la batalla parcial en el presente proceso electoral si quiere aspirar al triunfo de la guerra en el 2018, alzándose con la gubernatura local y la presidencia de la república.

Siempre bajo este orden de ideas, habría que considerar si alguno de los dos grandes contendientes tiene conciencia plena del con que armas cuenta no para ganar batallas, sino de manera relevante para ganar la guerra no a nivel nacional que es otro cantar, sino en territorio veracruzano.

Y es que bajo mi punto de vista personal, bajo esta óptica habría que analizar los pros y contras en el abanico de posibilidades reales de ganar la contienda, más que en los actores que de manera destacada circunstancialmente en ella participan.

Para empezar, habría que partir de si ambas fuerzas electorales tienen en mente ganar la guerra o sólo contiendas parciales; no por la intencionalidad que en eso no hay duda, ambas aspiran a la sucesión del enterrador del PRI en la presidencia de México, pero los buenos deseos no bastan, se requiere algo más que buenas intenciones y es aquí en donde a mi juicio la alianza PAN-PRD en Veracruz está en desventaja frente a MORENA.

A la cabeza de dicho contubernio sui generis de intereses locales en el que el sol azteca va sobre la espalda del blanquiazul, se ubica al actual mini gobernador Yunes Linares, cuya visión de mediano y largo plazo es prácticamente nula al estar obsesionado más en atacar fantasmas del pasado que en gobernar con visión de futuro.

Al frente de las huestes azul-negro amarillas, no tiene nada que ofrecer a una sociedad ávida de cambios que positivamente pongan al alcance de los electores mejores condiciones de vida material, política y social. No existe, cuando menos en el discurso, un proyecto-programa de acción que apunte al mediano y largo plazo; el quehacer político se reduce a una coyuntura inmediatista en el que el objetivo último es borrar del mapa a las corrientes fidelistas y duartistas enquistadas en la administración pública estatal y municipal. Ya mañana Dios dirá.

Por el contrario, MORENA –siempre a la luz del discurso- tiene más claro que el objetivo último es ganar la guerra y no solamente batallas aisladas; ofertando al electorado lo mismo hipotéticas respuestas a la coyuntura que se vive en Veracruz que expectativas, más o menos viables de florecer, plasmadas en un nuevo proyecto de nación enmarcado por un escenario internacional fuente permanente de incertidumbre, descontento y hartazgo ciudadano; vinculando el sentir popular frente a un gobierno local transitorio, “zombi” con poco dinero en efectivo y mucha deuda e incapaz de auspiciar crecimiento y desarrollo, con el pésimo gobierno priísta de Peña Nieto que lastima lo mismo inteligencia que el bolsillo de las mayorías.

Líneas arriba insisto en que mi apreciación se sustenta en el discurso-mensaje político electoral. Los hechos concretos están aún por verse en el marco de la terca realidad, toda vez que depende en mucho el que MORENA sepa capitalizar a su favor la batalla del 2017, aglutinando a la mayoría electoral en torno a democracia e inclusión en su base militante y corriente de simpatizantes para convencer a los indecisos; implicando esto el mayor esfuerzo por seleccionar a los mejores candidatos con amplia aceptación a las gubernaturas edilicias. Y aquí es donde, a mi juicio, la marrana tuerce el rabo, cuando el discurso no se hace acompañar por una praxis congruente y consecuente menospreciando a las bases y pragmáticamente recurriendo a prácticas antidemocráticas y antipopulares presuntamente superadas, dejando en manos de Andrés Manuel López Obrador la última palabra, cuando es evidente que este desconoce antecedentes, probada militancia y nivel de compromiso para con el partido y ciudadanía de la mayoría de los que -dejándose llevar por lo que la dirigencia estatal recomienda-,  con su dedo señale como precandidatos y candidatos en su momento a contender por las alcaldías.

En las filas de MORENA ni están todos los que son ni son todos los que están, dejando abierta la puerta de acceso a oportunistas de toda laya como le consta a los veracruzanos, y en ello debe poner atención tanto el líder moral del partido-movimiento como la dirigencia nacional, evitando lastimar a una militancia auténtica que a brazo partido se ha rajado el cuero acompañando a López Obrador en la lucha por la soberanía nacional y defensa del petróleo desde el 2006.

Mostrar el músculo, evidenciando la fortaleza de MORENA frente a la alianza PAN-PRD como gobierno local,  como se observara el pasado domingo en la capital veracruzana, no basta si el objetivo último es ganar la guerra. Por si no lo sabe Andrés Manuel, un buen de veracruzanos ya aprendió a leer entre líneas; cansados y agotados están de más de lo mismo y este malestar se inicia y concreta a partir de los gobiernos municipales.

Ganar una batalla a cualquier precio puede significar el perder la guerra.

Hojas que se lleva el viento

En plena incertidumbre y a goteo las arcas públicas en materia de convenios de comunicación y propaganda, la mayoría de la prensa veracruzana añorando el pasado da palos de ciego en torno a la vida política de la entidad; aspirando entre sueños al retorno a un pasado que Yunes Linares pretende sepultar. Solo así se explica que el cada vez más estrecho círculo priísta siga figurando de manera relevante en notas de prensa y columnas políticas, dándole más importancia que la que en la realidad tiene o pretende tener. Situación inercial que habrá de reflejarse durante el Foro “Medios de comunicación, comunicadores, libertad de expresión y derecho a la información”, que se realizará los días 13 y 14 de febrero en las instalaciones del Congreso del Estado y convocado por Instituciones de educación superior, públicas y privadas de la entidad.

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Si el gobernador veracruzano Miguel Ángel Yunes Linares no alcanzó su propósito de “cimbrar a México”, Andrés Manuel lo logró con creces con tres magnas concentraciones en Michoacán, Estado de México y Veracruz en las que se ratificara el “Acuerdo político de unidad por la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México”. Confirmándose la amplia ventaja del tabasqueño rumbo al 2018 y un PRI que se desdibuja en el escenario nacional.

Y a propósito de Don Miguel Ángel, ni la burla perdona al afirmar que la prioridad de su administración es “Combatir la pobreza y el rezago social… por lo que se mejorará la calidad de vida de un millón de familias en materia de alimentación, salud, vivienda, educación y bienestar”. Ni dinero ni tiempo, tampoco claridad respecto a lo que en Veracruz representa pobreza y desigualdad, pero sí tremendismo mediático de un triunfalismo sin sustento. Javier Duarte al inicio de su mandato afirmó lo mismo, sólo que con mayor modestia, pues sólo se comprometió a reducir la pobreza en un 50%.

Xalapa, Ver., febrero 8 de 2017

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Patético, no puede calificarse de otra manera el vano esfuerzo de los senadores veracruzanos José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, para posicionarse como los más idóneos para la gubernatura del estado en 2018.

No porque en las filas de la clase política veracruzana destaquen por su historial, por su lealtad al presidente Peña y por su empeño por desvanecer la percepción de desconfianza, carencia de credibilidad y rechazo que a pulso se ha ganado el PRI tras doce años de saqueo. No. De eso no hay duda, se registra un grado de congruencia consecuente, remar en el México de hoy contra la corriente tiene su mérito.  

El calificativo de patético como categoría política y no como expresión peyorativa con ánimo de lastimar, deviene de su ingenuidad en tanto confían en que Veracruz sigue siendo  el mismo de siempre, que la sociedad veracruzana no ha cambiado y que,  como endenantes, el desparramar espejitos y abalorios  asistencialistas y clientelares da autoridad moral y política suficiente para un borrón y cuenta nueva.

Ingenuidad reflejada en el discurso pero también en los hechos. Adelantar campaña cuando el horno no está para bollos, fingiendo demencia al pretender que se ignore el     que la nave zozobró con un PRI que presumía saber gobernar y que, con desmarcarse del “fidelato” y repetir y repetir que su lealtad está firme con Veracruz, con Peña Nieto y con el combate a la corrupción, quedan cual blancas palomas, ajenas al desastre. Sí que es ingenuidad, por decir lo menos.

Ilusos, también, en tanto creen a pie juntillas que en el ánimo de los veracruzanos Peña Nieto goza de suficiente confianza, credibilidad y aceptación como para que éste pese y determine en la elección de gobernador de la entidad veracruzana en el 2018.

Pero más aún, el pretender convencer a los veracruzanos que Peña Nieto ve por Veracruz, cuando es del dominio público que el sedicente presidente le dio la espalda a la entidad solapando a Javier Duarte en sus trapacerías. Patético.

Y por si fuera poco, cuando ajenos a la realidad del país, ignoran que para la elección presidencial en el 2018,  Peña Nieto ya no será referente  válido de triunfo para el PRI. El pueblo de México desde ya da por sentado que el mexiquense repudiado y derrotado por las mayorías, entregará la presidencia al PAN antes que cederle los bártulos  a López Obrador.

Pero eso no es todo. Patético también resulta el que algunos medios de comunicación, columnistas y opinadores, más por amistad e interés pecuniario que por convicción, sigan alentando la vana esperanza de los señores senadores sin atender al hecho de que éstos tuvieron su oportunidad y la dejaron pasar.  En el Veracruz de hoy el PRI ya no tiene cabida.

Pero bueno, como en política todo se vale, no hay peor lucha que la que no se hace, así sea bajo el amparo de recursos de los contribuyentes.

Hojas que se lleva el viento

Por respeto y consideración a la primera minoría electoral de Veracruz que, con su voto, diera el triunfo a Miguel Ángel Yunes Linares, considero prudente el conceder a este el beneficio de la duda esperando le cumpla a la entidad, más no un cheque en blanco. Al asumir la candidatura por la alianza PAN-PRD sabía a qué se enfrentaba y con qué recursos escasos contaría de alcanzar la gubernatura, así que si en algo valora su palabra, no más endeudamiento, opacidad y simulación en el manejo de la cosa pública.

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Mudo por la sorpresa y el espanto, el clasemediero feminismo nacional que reivindica el empoderamiento de la mujer respaldando a Margarita Zavala en sus aspiraciones y propósitos futuristas, pasmado no ha sabido o no ha querido responder al Subcomandante Galeano (Marcos) quien a nombre del EZLN y el CNI, anunciara que para el 2018 los pueblos originarios propondrán como candidato a la presidencia de México a una mujer indígena. Y es que los argumentos asumidos por el zapatismo no dejan lugar a una respuesta que valga:

 “¿Le molestaría ver y escuchar un debate entre la Calderona de arriba, con sus ropas “típicas” de marcas exclusivas, y una mujer de abajo, indígena de sangre, cultura, lengua e historia? ¿Le interesaría más escuchar lo que prometa la Calderona o lo que proponga la indígena? ¿No querría asomarse a ese choque entre dos mundos?”.

¿No estarían, de un lado, la mujer de arriba, nacida y criada con todas las comodidades, educada en el sentimiento de superioridad de raza y color, cómplice y pretendida heredera de un psicópata aficionado al alcohol y a la sangre, representante de una élite que lleva a la destrucción total a una Nación, señalada por el Mandón como su vocera; y en el otro lado, una mujer que, como muchas, se forjó trabajando y luchando todos los días, a todas horas y en todos los lugares, no sólo contra un sistema que la oprime como indígena, como trabajadora y como pobre, también como mujer, que se enfrentó y ha enfrentado a un sistema reproducido a imagen y semejanza en los cerebros de los varones y de no pocas mujeres, que con todo en contra, hoy, sin saberlo todavía, tal vez tenga que representarse ya no sólo a sí misma, o a su colectivo, o a su pueblo, tribu, nación o barrio originario, también tenga que aspirar a representar a los millones de mujeres diferentes en lengua, color y raza, pero iguales en el dolor y la rebeldía?  ¿No estarían, por un lado, una mujer criolla, blanca, símbolo de la opresión, la burla, el escarnio, la impunidad, la impudicia; y del otro una mujer que tendrá que levantar su esencia indígena por encima de un racismo que permea todos los estratos sociales?  ¿No sería verdad que, sin apenas darse cuenta, dejaría usted de ser espectadora, espectador, y desearía, desde lo más profundo de sus sentimientos, que en ese debate venciera, en buena lid, la que tiene todo en contra?  ¿No aplaudiría que con esa mujer indígena ganara la razón y no la fuerza del dinero?”.

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Y a propósito de lo anterior, ilustrativa la pobre respuesta de Andrés Manuel a la propuesta rebelde, que le coloca en los terrenos de la pugna electoral y no en los de la necesidad de un cambio auténtico para México. Lo cual es lógico, en tanto que Andrés Manuel por bien intencionado que sea, no es revolucionario sino parafraseando a López Mateos, simple hombre de “izquierda dentro de la Constitución”. Respuesta del “Peje” al EZLN y CNI, que coloca a Morena entre la espada y la pared: o lucha por el poder mesiánico del hombre cazado con el propósito de gobernar a México, o se suma al gran movimiento de resistencia anticapitalista en torno a un programa mínimo de acción unitaria como el ya delineado por los zapatistas en la tarea de transformar al país. De lo que decida depende a su vez la respuesta que de las mayorías excluidas y empobrecidas espera obtener en el 2018.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 25 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Una cosa es expresar lo que la gente quiere oír y otra… muy distinta, es el aprovechar la euforia en los tendidos, para legitimarse actuando en consecuencia.  Si el virtual gobernador electo no da resultados inmediatos en su propuesta de encarcelar al por ahora todavía gobernador fallido y su séquito de presuntos saqueadores,  el volátil voto de castigo que le favoreciera, con las mismas podría retirarle credibilidad y confianza.

De ahí que el Sr. Yunes Linares, a sabiendas de lo que está en juego, pretenda acelerar los tiempos  dando, por ahora, palos de ciego ignorando el protocolo legal para, en contravención a la legislación vigente,  insistir en asegurar su disposición a proceder en contra de Javier Duarte de Ochoa.

Esto, a partir de la idea de que el descontento y hartazgo contribuyera en grado sumo al por ahora gobernador electo de Veracruz.

Empero, no por mucho madrugar se amanece más temprano, reza la conseja popular.  Con un Congreso estatal cómplice -por comisión u omisión-  de aquellos contra los cuales el electo y aún no confirmado, clama y exige justicia –o venganza- en el desierto.  Sin juicio político de por medio el fallido es intocable y, para que surtiera efecto demanda penal en su contra habría que esperar a diciembre.  Más si como consta  en el imaginario colectivo, desde Los Pinos no se da la orden de proceder en contra de los presuntos saqueadores.

El tiempo transcurre y se le escurre entre los dedos a Yunes Linares. Y al paso de los días el descontento y hartazgo no encuentra respuesta que le satisfaga. Quién contra viento y marea enarbolara la bandera de la honestidad a lo largo de meses y meses -¿o años?-  de precampaña y campaña electoral, en tanto no ofrezca resultados contundentes, queda como un deshonesto intelectual si no calma a quienes en las urnas, le extendieran su voto de confianza votando en contra del PRI explicando con peras y manzanas cual es el procedimiento y plazos legales para hacer efectiva su tan cacareada promesa.

Ante el golpeteo a las puertas de palacio, tanto el secretario de gobierno como la presidenta de la mesa directiva de la Legislatura local, han dado respuesta: “hasta noviembre”, fundamentándola en lo dispuesto en lo establecido en la Constitución Política del estado libre y soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave.

Si la ley es la ley y el virtual gobernador electo pretende apegarse a ésta como lo ofreciera, hoy por hoy ésta no está a su favor y obligado está a esperar sin desesperar. Pero las circunstancias son cambiantes, para noviembre el descontento y el hartazgo que le diera el triunfo el pasado cinco de los corrientes podría estar transitando por cauces no previstos o bien el Sr. Peña determinar que la fiesta de la alternancia en Veracruz se lleve en paz con un sano borrón y cuenta nueva.

En tanto los tribunales no resuelvan impugnaciones admitidas, mesura y paciencia. No obstante, el que espera desespera y, sobre todo, los que confían en ver a Javier Duarte de Ochoa tras las rejas, ¿sabrán esperar sin desesperarse?

Hojas que se lleva el viento

Como siempre, subestimado el poder de la gente,  el PRI en Veracruz busca culpables de su derrota hasta debajo de las losas del cementerio, empero, Manlio Fabio Beltrones al renunciar a la presidencia nacional del tricolor puso los puntos sobre las ies, señalando como responsables a Peña Nieto por omiso y al corrupto gobernador fallido, generadores del descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad. Políticas públicas contrarias al sentir de las mayorías, corrupción impune, excesos  e irresponsabilidad en el ejercicio del servicio público, propiciaron y auspiciaron el voto de castigo el pasado 5 de los corrientes. Más claro ni el agua.

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Un poco de memoria. En su momento tocó al PAN con Calderón Hinojosa en la presidencia,  el generar las iniciativas de reformas estructurales que con Enrique Peña Nieto y gracias al llamado “pacto por México”, aprobara el Congreso de la Unión. Siguiendo la pauta dictada desde Washington, hoy la ultraderecha está de plácemes.

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Si lo que se pretende es tirar el agua de la bañera con todo y niño, Peña Nieto lo está logrando proponiéndose imponer su reforma educativa desmantelando a la oposición magisterial a sangre y fuego, cuando el horno no está para bollos.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, era lógico esperarlo. La dinámica inercial del viejo régimen puede más que la sensatez y el buen juicio en el proceso electoral en marcha, como se puede observar en la tónica del discurso de quienes aspiran al gobierno de dos años en Veracruz.

Las mismas mañas, los mismos vicios que apuntan a considerar a los votantes potenciales como menores de edad, incapaces de pensar y discernir sobre lo que ven, escuchan y perciben lo mismo en el discurso proselitista que en la parafernalia en la que se cobija la demagógica retórica. Nada que indique disposición a considerar que los tiempos que corren ya no son los mismos que aquellos en los que engañar y manipular a la audiencia era el camino para sumar adhesiones y sufragios, como tampoco hay visos de una aceptación tácita de una realidad real que indica que Veracruz y el mundo han trascendido el tiempo, ya no son los mismos.

Más en un Veracruz, entidad federativa en la que el repudio a la élite gobernante va de la mano con el descontento y hartazgo de una población dañada, lastimada e incrédula en la que su vida cotidiana está preñada de inseguridad e incertidumbre. La sociedad veracruzana ha cambiado, toma conciencia de su cotidiano existir y de sus necesidades reales y sentidas, las que no ve reflejadas en propuestas descontextualizadas y ajenas a la realidad real.
Una frase de campaña de uno de los aspirantes lo dice todo: “Dos años bastan…”, sin parar mientes en quien la expresara, que no sólo el daño infringido a Veracruz por un gobierno fallido, también el deterioro económico y del tejido social al paso del tiempo, son de tal magnitud que no dos, sino acaso 10 o más años son necesarios para enderezar entuertos y restablecer normalidad, confianza y certidumbre en el futuro.

Esto, sin considerar como contexto más general, que Veracruz es parte de un todo nacional que con la instauración del modelo neoliberal de país por los últimos gobiernos a lo largo de más de tres décadas, no escapa a la pérdida de expectativas de crecimiento con bienestar y desarrollo con justicia social para las mayorías.

Desigualdad, pobreza e inseguridad, como constante es el fruto perverso de este modelo y todos vamos en el mismo barco. Contexto que profundiza y agudiza la inviabilidad de conjugar con éxito en el menor tiempo posible lo deseable con lo posible. Luego en este marco de referencia, dos años de gobierno no bastan para reencontrar el camino perdido; cuantimás si a nivel nacional el gobierno priísta con Peña Nieto a la cabeza, no sólo no tiene intención de cancelar el modelo privatizador y empobrecedor en curso, sino todo lo contrario, insiste en llevar las presuntas reformas estructurales hasta sus últimas consecuencias.

Con este escenario como referencia, a mi juicio, insisto, no todo lo que los aspirantes consideran quiere la gente escuchar, tiene visos de verdad, reduciéndose a simple expresión demagógica ajena a lo que los veracruzanos esperan de una renovada administración pública estatal.

Certeza o demagogia, que los veracruzanos juzguen por sí mismos antes de emitir su voto en junio próximo.

Hojas que se lleva el viento

Según anuncia el senador José Yunes Zorrilla, la minuta de la Cámara de Diputados referente a la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales y la adición al artículo noveno de Bienes Nacionales, será dictaminada en las primeras semanas del mes de marzo. Una escalada neoliberal más que responde a compromisos con los poderes fácticos, domésticos y externos, y no a las necesidades reales de la mayoría de los mexicanos. Y aún hay más, Peña Nieto anuncia que en 2017 le recetará a México otra andanada de las llamadas reformas estructurales, privatizadoras y empobrecedoras como corresponde al modelo de país impuesto por los organismos financieros internacionales. Esto en el marco de un escenario de crisis global insoluble y barruntos nacionales de recesión y retroceso económico que anuncia más despidos, más pobreza y más desigualdad. ¿Aguantaremos los mexicanos más de esta sopa?

-ooo-

Gracias a una argucia legal los partidos políticos que contienden por la minigubernatura de dos años en Veracruz, evaden la veda electoral y reciben recursos frescos del erario público para actividades proselitistas, utilizando “patiños” como precandidatos simulando una competencia democrática a su interior que no es tal, toda vez que ya está definido quién en definitiva les abanderara en la justa. Ni hablar, es la partidocracia la que hace las reglas del juego esperando que los electores potenciales se traguen el garlito. Y luego acusan a López Obrador de crear “Juanitos”.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

México no ha logrado pasar de un modelo de manufactura maquiladora a uno de creación de valor industrial, reconoció el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso durante su participación en la Reunión Anual de Industriales 2015 de la Concamin (La Jornada ).

Con esta afirmación parece que el titular de Hacienda por fin descubrió el hilo negro de una realidad que no se puede modificar con el simple hecho de promulgar reformas “estructurales” para adecuar a México a los requerimientos del mundo globalizado.

“Hay dos Méxicos: uno dinámico, que compite con el mundo con industrias crecientes, y un sur del país que se ha venido rezagando y quedando atrás”, afirmó el funcionario, aceptando que no se puede tener una visión homogénea y dar trato igual entre desiguales, sectorial y regionalmente, en un país que estructuralmente conforma un auténtico mosaico de diversidades en el que el común denominador es precisamente la desigualdad.

Mosaico en el que históricamente intereses creados y particularidades de cada una de las piezas que le conforman, responde de manera diferente a expectativas de progreso y modernidad y en el que no caben, por lo consiguiente, políticas públicas tendientes a una homogeneización por decreto, como pretende el presidente Peña.

Para algunas regiones y sectores productivos, “productividad, competitividad, formación de talento y encadenamiento productivo”, tienen significado relevante dentro del marco de la economía neoliberal de mercado, en tanto que para otras, son discurso inerte o que, en su defecto, se perciben como una verdadera amenaza a un histórico statu quo de acumulación de capital, sustentado en un modelo arcaico de explotación de los recursos humanos y naturales.
Amén de la natural resistencia de las comunidades humanas a todo proceso de cambio que implique modificación a sus formas, costumbres y tradiciones de existencia.

Se han requerido tres años de topes contra la pared, para aceptar que el modelo neoliberal de modernización y homogeneización de los procesos productivos existentes, regional y sectorialmente, no camina en tanto no contemple políticas públicas diferenciadas y de gradual aplicación, acordes con el mosaico de realidades por transformar.

No es circunstancial el hecho de que la mayor resistencia a la reforma educativa, se de en el marco de las regiones con el mayor atraso económico relativo y cuyas poblaciones, aún se aferren a modos de producción hoy considerados “arcaicos” para el neoliberalismo. La reforma se pretende imponer por igual a todo el sistema educativo nacional, sin considerar asimetrías dominantes entre regiones y sectores productivos que determinan la vida cotidiana de millones de mexicanos.

De ahí que resulte interesante aunque insuficiente y posiblemente contraproducente, la postura asumida por el secretario de Hacienda, planteando la necesidad de una política industrial de nueva generación que de paso a un nuevo modelo productivo. Y digo que posiblemente contraproducente, porque el problema de fondo que es la desigualdad y asimetría entre regiones, se sometería nuevamente a los conceptos neoliberales de eficiencia, eficacia y competitividad en el marco de la economía de mercado; desestimando el papel del Estado como promotor, inductor y rector de un proceso de cambio que constituyendo en sí una verdadera revolución, requiere de algo más que el libre juego de las fuerzas productivas, o decretos cupulares que en el papel quedan como buenos deseos.

Lo grave para el país es que en su impaciencia, el gobierno peñista se inclina por substituir este proceso interno de cambio y transformación, por el cómodo camino de una amplia apertura a capital, recursos humanos y tecnológicos a empresas extranjeras, como aunque aún de manera incipiente, ya está teniendo lugar de manera evidente en diversas regiones del país. Sobreponiendo a rajatabla el “modelo modernizador” en territorios y economías locales consideradas por el peñismo como “atrasadas”, en perjuicio de comunidades enteras aferradas a costumbres y tradiciones, como es el caso de los pueblos originarios. Deslegitimando las presuntas buenas intenciones de nuestros aprendices de brujos.

Situación ésta última, generadora de resistencias y conflictos que poniendo en riesgo paz social y unidad nacional, acentúan aún más desigualdades y diferencias entre regiones y sectores productivos. Luego cabe cautela y prudencia, dando tiempo al tiempo sin esperar que en los próximos tres años con una visión cortoplacista, un México homogéneo tenga plena cabida en el mercado globalizado.
Y aquí es donde cabría la interrogante: ¿Estará dispuesto Peña Nieto a transitar con paciencia y prudencia a lo largo del segundo tercio de su mandato?

Más temprano que tarde tendremos la respuesta.

Hojas que se lleva el viento

Era de esperarse. A lo largo de un año de proselitismo madrugador a los senadores priístas veracruzanos no sólo ya se les desgastó el discurso, sino que se les está haciendo grumos el engrudo a unos días de definirse la candidatura al minigobierno de dos años, enfrentando, como punteros, a una andanada de fuego amigo que ha fragmentado y polarizado internamente al tricolor. Al final del día, afirmara Javier Duarte, lo que prevalecerá será la unidad y el PRI nuevamente se levantará con el triunfo. Por cierto, Duarte así lo aseguro en su encuentro con integrantes de la Asociación de Periodistas de Veracruz “Noé Valdez”, considerando que con el crecimiento de Morena en Veracruz, se dividirá el voto opositor y la elección de su sucesor se irá a tercios, favoreciendo a su partido, por lo que en esta ocasión no tiene reparo en una alianza entre el PAN y el PRD.

Buenos deseos del gobernante bajo su óptica triunfalista. La realidad es que pese a la aceitada maquinaria electoral del PRI, si este partido se equivoca en la selección de candidatos y si Morena mantiene el paso que trae, avanzando a paso firme con inteligencia e inclusión, la por ahora incierta alianza entre el PAN y PRD no será suficiente para inclinar la balanza a favor del tricolor. Dejemos al tiempo la última palabra.

-ooo-

Javier Duarte de Ochoa no desmintió lo expresado por Arturo Reyes Isidoro en su columna “Prosa aprisa”. Simplemente aclaró en la Casa Veracruz, que un “chismosín” hizo público lo por él expresado en corto y entre amigos. No es una declaración pública del gobernador de Veracruz que infrinja las disposiciones legales en materia electoral, aclaró. Para su infortunio, palo dado ni Dios lo quita y lo expresado entre amigos tuvo ya repercusiones en el descarrilado proceso electoral 2016.

Xalapa, Ver., diciembre 5 de 2015
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Pulso crítico

 Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres de a pie, votantes potenciales en Veracruz, no estaría mal el escrudiñar un poco en los fantasmas que rodean al tempraneramente descarrilado proceso de sucesión en marcha. Fantasmas como el de la infalibilidad electoral de la maquinaria priista y lo que representa en el contexto nacional, ser considerada la entidad como uno de los principales reservorios de votos para el tricolor y, por ende, para el buen éxito del proyecto transexenal del Sr. Peña a partir del 2018.

Reflexionar sobre medias verdades y medias mentiras, quizá ayude a definir la inclinación de cada quien en la elección de simpatías y apoyo que nos merecieran tanto el PRI como cada uno de los partidos políticos en el espectro electoral de Veracruz, hoy en pugna por hacerse de la mini gubernatura de dos años en el 2016.

El reservorio.

No se necesita retroceder mucho en el pasado político electoral del PRI para constatar su paulatino pero constante retroceso en lo que a sufragios efectivos se refiere. Bastaría con revisar los resultados de las últimas elección federales para confirmar que por sí mismo, sin el apalancamiento de partidos satélites, el tricolor ha perdido lo mismo hegemonía que fortaleza en la vida política de México. Veracruz no es la excepción.

Y es en este marco que vale la pena destacar el papel que, como reservorio de votos, tiene Veracruz para el PRI, para tener una idea del por qué la entidad veracruzana no figura en el ánimo presidencial, y sí en entidades federativas en las que resulta más fácil y con menor esfuerzo, consolidar posiciones ganadas que remontar cuesta arriba.

En la elección presidencial del 2,000, el priísmo veracruzano obtuvo 1, 008, 778 votos a favor de su candidato. (Cámara de diputados).

Para la elección del 2,006, el PRI -en coalición con el PVEM-, obtuvo a favor de su candidato presidencial apenas 727,638 sufragios (Cetrade/Manuel Reyna Muñoz).

En tanto que para las elecciones presidenciales de 2012, , en la que resultara triunfador de la contienda presidencial –“haiga como haiga sido”- el Sr. Enrique Peña Nieto, la votación de los veracruzanos fue de 3,577,076, de un listado nominal de 5,332,362, correspondiéndole al PRI 1,034,308 sufragios (29.49% del total), contra 1,179,327 del PAN y 765,900 del PRD (Prep). Pasando el tricolor a ser la primera minoría.

Resultados que ya para ésta última elección la numeralia electoral a favor del Revolucionario Institucional, estaba prácticamente estancada y con visos de retroceso, si consideramos el crecimiento natural del listado nominal en el estado.

Lo cual se vino a confirmar en la elección de diputados federales del 2015, en la que el PRI obtuviera apenas 697,655 sufragios (Resultados preliminares), 28% del total de la votación registrada con el 98.63 de las actas capturadas.

Lo que obviamente indica que la correlación de fuerzas políticas en la entidad registra cambios substanciales en Veracruz. Con una mayor distribución del sufragio entre todos los partidos contendientes y, por ende, una mayor pulverización de las preferencias electorales que empobrece la vida democrática en la entidad.

Esto último al margen de opiniones en las que se considera que tanto las elecciones intermedias, federales o locales, son otro cantar. O bien, que el PRI nunca pierde, gracias a su maquinaria (dinero público) y estrategias electorales aplicadas .Los números hablan de una realidad que hoy por hoy, pone en duda la eficiencia y eficacia del aparato electoral tricolor en Veracruz, quedando éstas como un fantasma más que se agita mediáticamente para desalentar en la población inclinaciones electorales favorables a la oposición.

Luego la reserva electoral de Veracruz que tanto se presume en círculos políticos y medios de comunicación afines al tricolor, es cuestionable. El reservorio no parece ser tal, antes al contrario, y es en este supuesto que habría de considerar si el legado político de Javier Duarte de Ochoa al partido al que se debe, en la elección del 2016, modificará a favor del PRI la tendencia acusada.

Para la mayoría de analistas y estudiosos de la realidad política, económica y social que hoy se vive en Veracruz, tal legado sería negativo. El capital político que aporta al partido gobernante una administración pública estatal fallida, endeudada y carente de confianza y credibilidad, lejos de favorecer representa una carga adicional al deterioro histórico del priismo en la entidad. Razón ésta por la que para quién resultare ser candidato del tricolor a la mini gubernatura de dos años, la tarea electoral previa a la elección de 2016 será cuesta arriba y a contra corriente. Al intento por ganar la gubernatura de dos años, se sumará el obligado quedar bien con Enrique Peña Nieto.

Preocupación y guerra sucia

De ahí la preocupación y miedo en el priismo veracruzano, de que en los meses venideros pudiere concretarse y consolidarse una coalición opositora integrada por el PAN y PRD, más la morralla que se les una para la elección del 2016. Esto sin considerar que en su novatez, Morena con todo el peso específico del liderazgo de López Obrador, pudiere capitalizar a su favor todo el descontento, malestar y hartazgo del votante potencial para con los partidos políticos tradicionales o “patiños” de nuevo cuño, que por comisión u omisión le han hecho el caldo gordo tanto al gobierno duartista como al partido gobernante.

Lo que configura para el futuro inmediato, la prevalencia de una intensa guerra sucia en la vida electoral de Veracruz. Guerra sin cuartel en el que PRI y gobierno estatal, desde ya ponen toda la carne en el asador, como queda asentado en el prolífico campo de los medios de comunicación orgánicamente afines al régimen actual. Confrontación pedestre que con sus asegunes, no está respaldada por cierto por los ahora punteros en el proceso interno de selección de candidatos a la gubernatura y a la diputación local, lo que abona a su favor.

Guerra sin cuartel a la que no serán ajenos los partidos y personajes opositores, en una actitud que aunque se pueda considerar como de “autodefensa”, no deja de ser cuestionable y condenable, en tanto que se suma a la conformación de un clima electoral poco propicio en la búsqueda del mejor camino para un intento legítimo y racional, de rescate de una entidad federativa que hoy vive sus peores momentos.

Confrontación electoral en la que hombres y mujeres de a pie, no pueden evitar el pensar que para el partido en el gobierno, el recurrir de último momento a la compra de votos y conciencias es parte del herramental de combate. Y a esta degradación de la política es a la que hay que combatir, con un voto razonado, de ahí la necesidad desde ya de reflexionar y hacer pesar la conciencia individual y colectiva, entendiendo que el león no es como lo pintan.

Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el respeto y admiración que me inspira Andrés Manuel López Obrador, me tomo la libertad de manifestar no estar de acuerdo con la postura electorera que asumiera el pasado sábado en su visita a Xalapa, capital de Veracruz.

A mi juicio, a más de no tocar la problemática de fondo que acusa Veracruz, en la que deuda pública y percepción de inseguridad no son todo, con ligereza se inserta en el proceso electoral adelantado que desembocará con la elección de gobernador en 2016, sumando a Morena a los dimes y diretes, especulación y chismorreo que, como distractor, mantiene ocupados y preocupados lo mismo a suspirantes de todos sabores y colores, que a la clase política en su conjunto y mayoría de medios de comunicación.

A mi entender el eje central de los problemas que aquejan a Veracruz es una economía estancada y con visos ya recurrentes de recesión. Su rescate va más allá de buenas intenciones y posturas electoreras.

Y si bien es cierto que en esta crítica realidad incide negativamente una administración pública ineficiente, corrupta, moral y financieramente quebrada, es mayor el peso específico de un aparato productivo obsoleto y reacio tanto al cambio como a la innovación tecnológica. Situación que exige propuestas concretas y viables y no discursos sobre lo que electoralmente ofrece un futuro incierto.

El ex candidato presidencial y líder moral de Morena no lo ve así, pensando en términos de votos y preparación de una plataforma de despegue para una nueva nominación como candidato presidencial en el 2018. De ahí que, sin mediar talante democrático, sin más y sin consulta previa a las bases del partido en la entidad, insinúe, por decir lo menos, la posibilidad de que Cuitláhuac García, actual diputado federal por el distrito de Xalapa urbano, sea el indicado para contender en la búsqueda de la gubernatura veracruzana de dos años en el 2016

Reconozco la valía del joven diputado y así lo he manifestado en mis maquinazos, empero no lo considero a la altura de lo que Veracruz requiere para sentar las bases de su rescate. Mucho menos si anticipadamente, como quedara asentado el pasado fin de semana, lo lanzan a un proceso de desgaste mediático sin contar con capacidad y experiencia suficiente como para alternar competitivamente con los aspirantes rojos y azules descalificados por Andrés Manuel, a priori y con desconocimiento de la realidad electoral de Veracruz.

En maquinazos anteriores he considerado que antes de proponer candidato para hacerse cargo de abanderar a Morena en la contienda por la sucesión en Veracruz, el nuevo partido político deberá hacer un análisis exhaustivo de por qué y bajo que condiciones Morena ganó la diputación federal en Xalapa y Coatzacoalcos; valorando no sólo el peso indiscutible de la figura y liderazgo de Andrés Manuel, también, entre otras cosas, el hecho objetivo de la participación ciudadana que sin militar o simpatizar con un partido en especial, optara por castigar al partido gobernante.

Sin este análisis exhaustivo, identificando y reconociendo fortalezas y debilidades en el marco de la política electoral veracruzana, la actitud asumida por el ex candidato presidencial lanzando al ruedo al novel diputado federal, suena más a voluntarismo sin conocimiento de causa en la cúpula de Morena, que resultado de una ponderación democrática sustentada en la consulta de la base del partido-movimiento. Esto, a mi juicio resta y divide, más que sumar y multiplicar en un proceso de crecimiento y consolidación de Morena como partido político tanto en Veracruz como en el resto del país. Lo cual me parece equívoco y contraproducente para las aspiraciones del propio López Obrador y, lo más grave, para las expectativas de cambio de las fuerzas progresistas.

Veracruz no es Xalapa urbano ni Cuitláhuac siendo estatalmente un desconocido, es Morena. El mosaico multiregional estatal es más complejo, lo mismo electoralmente que en la vida económica y social de los veracruzanos en su cotidianeidad, como para encasillar la realidad política de manera simplista en la percepción de inseguridad, indignación, frustración y hartazgo que anima a una sociedad lastimada y dolida que quiere respuestas y no voluntariedad discursiva.

La reciente elección de diputados federales lo dejó claro. El clima de violencia y corrupción impune, así como el descontento y hartazgo, no pesaron lo suficiente en el electorado como para derrotar a la maquinaria del partido gobernante y sus satélites, alzándose como triunfadores en la contienda aquellos más señalados por la opinión pública como saqueadores de la hacienda pública.

El hartazgo social por sí mismo no gana elecciones. Sin Liderazgo, unidad, y participación consecuente, el descontento se fragmenta y diluye en las urnas, favoreciendo a un adversario político que dictando las reglas del juego, es además el dueño de las canicas.

Honestamente considero que Andrés Manuel en el tema electoral veracruzano se equivoca. No puede anticipar vísperas asegurando el triunfo de Morena en el 2016 con Cuitláhuac García, sin valorar con humildad la fuerza electoral, real y supuesta del partido-movimiento en la entidad. La manera como los medios de comunicación interpretaron el mensaje, lo dice todo, colocando a la militancia del nuevo partido como sumisos acatadores del dedazo voluntarioso y cupular del “Mesías”.

Para bien de la oposición progresista en Veracruz, ojalá y rectifique.

Xalapa, Ver., septiembre 14 de 2015.

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