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Category Archives: Crisis alimentaria

 

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No está de más insistir en que el rescate de Veracruz debe contemplarse con una visión integral y de futuro, participativa e incluyente. El desempeño de la administración pública, hoy desastrosa y sin rumbo, es importante en la coyuntura, pero no lo es todo por más que se considere su brutal endeudamiento como limitante para la buena marcha del estado.

La crisis de Veracruz, dentro de otra crisis que ya es global, es estructural y tiene carácter histórico. Es la crisis de obsolescencia de una sociedad cuya economía ya no da para más bajo las actuales condiciones de un sistema de producción y acumulación de capital caduco.

Desigualdad, pobreza y exclusión en el medio rural, así como una creciente precarización en el medio urbano, son la constante regional y sectorialmente a lo largo y ancho del territorio veracruzano. El aparato productivo estatal demanda con urgencia un proceso profundo de actualización tecnológica, innovación, reordenación y anclaje a una realidad nacional e internacional que reiteradamente nos hemos propuesto ignorar. No podemos seguir engañándonos con la falsa premisa de un Veracruz cuya prosperidad descansa en la fortaleza de un potencial pródigo en recursos naturales y el denodado esfuerzo de sus habitantes, cuando la realidad exhibe atraso y retroceso.

Tampoco podemos seguirle la corriente a quienes vaticinan bienestar y progreso a partir de las llamadas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto, cuando la realidad indica que estas más que incidir positivamente en la economía estatal, profundizan su crisis, generando desempleo, capacidad instalada ociosa, descapitalización del aparato productivo y pérdida de expectativas y confianza en el futuro.

Estamos ya en pleno proceso electoral y la ciudadanía no conoce un diagnóstico serio, regional y sectorial, en el que pudiera sustentarse la propuesta de gobierno de todos y cada uno de quienes aspiran a la gubernatura de dos años. Anclados estos en lugares comunes y el ya desgastado discurso amenaza de encarcelar a los prevaricadores, pasan por alto que la problemática toral de la entidad es de carácter estructural y no de coyuntura por más que esta esté marcada por 11 años o más de un pésimo desempeño de gobiernos estatales corruptos e ineficientes.

Hablar de rescate sin atender el fenómeno económico, es insistir en el más de lo mismo, sin atacar origen y consecuencias de estancamiento, retroceso y deterioro del aparato productivo y tejido social, que van de la mano anidados en una estructura productiva que ha dejado de responder a las necesidades vitales de la población.

Bastaría observar, a manera de ejemplo, a una industria azucarera sustentada en fábricas chatarra con zonas de abastecimiento de materia prima, asentadas en suelos empobrecidos por un monocultivo sostenido por más de dos siglos de las que dependen productores permanentemente subsidiados. O el amplio litoral veracruzano sin presencia de una industria pesquera moderna, generadora de efectos económicos multiplicadores, respaldada por una industria naval acorde a nuestro potencial marítimo. La lista de ejemplos es larga de enumerar, pero que conforman, determinan y explican el por qué lejos de avanzar retrocedemos.

Curándose en salud la dirigencia estatal del PRI afirma que en dos años no es posible hacerlo todo. Sabia reflexión de quien descubriendo el agua tibia, no tiene ni la más mínima idea de lo que Veracruz requiere para salir de su marasmo. Antes que descubrir el hilo negro, tiene que aclararse que se entiende por el todo y cuál de las partes de ese todo, debería privilegiarse en el orden de prioridades del minigobierno.

Hasta donde es posible escudriñar entre tantos pedestres dimes y diretes, nuestra aldeana clase política no tiene la respuesta. La expectativa para los electores no puede ser otra que más de lo mismo, independientemente del color de la camiseta de quienes aspiran a suceder al corrupto gobernador fallido y a ocupar un lugar en la renovación de la cohorte de prevaricadores y simuladores en el Congreso estatal, cuando no habiendo voluntad de cambio la motivación dominante es el saqueo.

Hojas que se lleva el viento

Exhumando el cadáver con propósitos eminentemente electorales, a mi juicio es la interpretación correcta que debería considerarse ante la conmemoración anual de la revolución agraria en México por una organización que, como la Confederación Nacional Campesina (CNC) y las Ligas estatales de comunidades agrarias y sindicatos campesinos afines, interrumpieran y traicionaran el proceso de reforma agraria integral que impulsara la Revolución Mexicana. Simulación y oportunismo que en el marco de un PRI venido a menos, requiere en épocas electorales de lo que queda del clientelismo rural. Más ahora, en el que el neoliberalismo paulatina y contundentemente desmantela y privatiza la propiedad social de la tierra y sus frutos. En respuesta a esta fingida exaltación a los mejores principios y valores de la lucha agraria, el campesinado mexicano va tomando conciencia de que llegó la hora de abandonar el tren.

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Con más de cuatro millones de pesos mensuales que presuntamente son pagados a medios periodísticos por el Ayuntamiento de Xalapa, el alcalde, Américo Zúñiga Martínez no logra remontar la imagen negativa que de su desempeño perciben amplios sectores de la población en la capital veracruzana. El impacto de la promoción personal en medios, prácticamente viene siendo nulo ante los problemas no resueltos por el ex secretario de Trabajo del gobierno estatal.

Cómplice por omisión del clima de inseguridad que se vive en Xalapa, el joven alcalde evade su responsabilidad, dejando en manos de la autoridad estatal la protección de una ciudadanía que se percibe a sí misma como en estado de indefensión ante la violencia criminal que se ha venido apoderando de la capital veracruzana.

Así como también es responsable por omiso ante el problema creciente de la vialidad, deterioro de la infraestructura urbana, invasión de espacios públicos por el comercio informal y ni qué decir del constante crecimiento anárquico de la mancha urbana que genera rezago y pésima calidad de los servicios públicos.

Siendo evidente que rebasado por una realidad inocultable, la imagen pública el Ayuntamiento xalapeño no se corresponde con la imagen mediática de eficiencia, eficacia y atención a la ciudadanía, que día con día un buen número de medios informativos abonan a favor de Américo Zúñiga. Luego el dispendio de recursos públicos destinados al rubro de comunicación social resulta gravoso para un Ayuntamiento con disponibilidades financieras escasas y, con mayor razón en un 2016 que amenaza con sequía en las finanzas públicas de los tres órdenes de gobierno.

Calladito, el alcalde sería menos gravoso para los contribuyentes, a más de no forzar la obligada comparación entre imagen mediática y desempeño real, que poco abona en favor de quien aspira a una senaduría.

El dispendio de recursos públicos en proyección de imagen personal, cuando el cuerpo de bomberos de nuestra ciudad capital sobrevive en la indigencia, debería decirnos algo.

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Ya inmersos en un atípico proceso electoral que desembocará con la elección del gobernador de dos años, resulta por demás incongruente y patético el que el Consejo General del Organismo Público Local Electoral (OPLE) Veracruz, encargado de la organización, seguimiento y control del ejercicio comicial, esté envuelto en dimes y diretes, jaloneos, fuego amigo y arbitraria interpretación del marco legal, incrementando, desconfianza y carencia de credibilidad en la legalidad de las próximas elecciones que ya han hecho verano en el imaginario colectivo. Se explica tal situación en un régimen político que vive una crisis terminal, pero no se justifica de ninguna manera si se pretende llevar la fiesta en paz.

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Siempre en el marco de la elección que tendrá lugar en junio del presenta año, también resulta por demás patético el observar la enorme distancia que existe entre un presidente nacional del PRI que afirma que su partido trabaja para generar mejores gobernantes, y su contraparte en el CDE tricolor en Veracruz, que se afana en destruir con actitudes porriles la ya de si desgastada imagen de lo que los veracruzanos perciben de un gobierno emanado del tricolor.

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La interrogante de moda: ¿El PRI de Héctor Yunes Landa es el mismo que el que en la entidad encabeza Javier Duarte de Ochoa? Las respuestas se dividen y polarizan. Y por cierto, el soñador veracruzano que aspira a gobernarnos, afirma que gracias a las reformas legislativas de última generación que el Congreso de la Unión le aprobara al Sr. Peña, “la cuesta de enero” será leve para los veracruzanos. Baja el precio de las gasolinas, sube el precio del gas doméstico y de los productos de la canasta básica alimentaria y no alimentaria. ¿Dónde está el gane para los ciudadanos de a pie?

Cd. Caucel, Yuc. Enero 6 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En política lo que se ve, es.. Anónimo

En medio de una profunda crisis de aceptación social y credibilidad, el gobernador de Veracruz se resguarda con patadas de ahogado que ponen en condiciones de alto riesgo ya no solo la ya de frágil condición que guardan tanto la economía como la hacienda pública estatal, también la gobernabilidad y la paz pública Patadas de ahogado de un gobernador fallido que, con la complicidad de un poder legislativo abyecto y el silencio del judicial, colman ya el hartazgo de una sociedad lastimada y dolida.

Esto a ciencia y paciencia de una población que, como invitado de piedra, no tiene ni voz ni voto en una democracia simulada, en la que una minoría privilegiada y corrupta se despacha con la cuchara grande con toda impunidad, haciendo y deshaciendo a su antojo ante el silencio masoquista de las mayorías.

Pálido reflejo de la crisis de representatividad que acusa en el entorno más amplio del contexto nacional el régimen político vigente -sustentado en una partidocracia voraz, insensible, corrupta- por principio obsoleto por obvia caducidad de su función social y política, Veracruz se debate en su propio lodo.

Crisis veracruzana que la mayoría de los medios de comunicación en la entidad parecen ignorar, o bien le descartan en su agenda de negocios, atendiendo más a sus intereses coyunturales cortoplacistas que a la función que la sociedad le tiene encomendada.

Se dice que el hilo se revienta por lo más delgado y Veracruz se encuentra ya en tal tesitura como parte del todo nacional, exhibiendo la podredumbre de las póstulas que afloran en el cuerpo económico, político y social de la entidad. Si Veracruz en el pasado destacara por su pujanza económica, su fortaleza política al servicio de gobernabilidad y gobernanza del partido detentador del poder formal, y un tejido social proclive a la cultura y el progreso, hoy por hoy no es ni la sombra de lo que endenantes fue. Así lo asienta la estadística oficial, lo percibe la población y lo ratifica una clase política ramplona, rapaz y acomodaticia, que se resiste a aceptar su flagrante divorcio con la llamada sociedad civil, renunciando a la salvaguarda de las mejores causas de la sociedad veracruzana.

Lo paradójico de esta situación es que percibiéndolo, una inmensa mayoría de la población en Veracruz deja hacer deja pasar, avalando con su silencio y ausencia de ciudadanía responsable y consecuente, todo aquello que por principio le afecta y lastima. “Palo dado ni Dios lo quita”, dice para sus adentros la víctima del desorden, el saqueo y la corrupción oficial impune, haciendo gala de un enorme sentimiento de resignación frente a lo que presumiblemente no está en sus manos remediar. Y de eso se vale quienes gobiernan profundizando el lamentable y desastroso estado de cosas que tiene postrada a la entidad.

Y aún más paradójico, el observar que la mayoría de los medios de comunicación y sus “formadores de opinión”, presuntamente mejor informados que la audiencia a la que dicen servir con verdad y objetividad, toma el rábano por las hojas, destacando lo accesorio y callando lo sustantivo; contribuyendo por comisión u omisión al deterioro generalizado de una entidad federativa que debiera tener mejor destino.

El que paga manda y, con este criterio empresarial, la prensa, salvo contadas y honrosas excepciones, dice lo que el régimen corrupto quiere escuchar y propalar. Sin parar mientes en que la terca realidad real desmiente a la palabra escrita. O, en el mejor de los casos, contribuyendo inconscientemente con cortinas de humo sustentadas y alimentadas con rumores, chismes y maledicencias en torno a la grilla que no política, en el quehacer gubernamental y partidista; constituyéndose en juez y parte de la crisis del régimen y agotamiento de la administración duartista en la entidad.

En este escenario pedestre, sociedad, gobierno, política y prensa son a la par víctima y victimarios de sus propias contradicciones. Y es en este marco que la posibilidad del tan necesario como urgente rescate de la buena marcha de Veracruz, se aleja cada vez más en un ominoso horizonte dejando camino libre al más de lo mismo.

¿Hasta cuando? Es lo que debería preguntarse una sociedad que con más visos de masoquista que de protagonista activo de su destino presente y futuro, es parte del problema y no de una esperada solución al círculo perverso que nos ahoga.

Hojas que se lleva el viento

Estando constituido el gobierno de Veracruz por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, ninguno se salva en el perverso quehacer cotidiano por el que transita el desastre generalizado de la entidad. Los tres poderes se cubren con la misma sábana, haciendo nugatorio todo esfuerzo de la población por hacer valer el escuálido y maltrecho estado de derecho. La democracia representativa está secuestrada y el principio de soberanía popular vulnerado. Y sin embargo, lo aceptamos como algo natural y con ello somos felices, compartiendo con Duarte de Ochoa la tan distante como ilusoria prosperidad que nos motiva a seguir avalando en las urnas al dinosaurio tricolor y sus espurios satélites.

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No podemos ni debemos olvidar que el PRI en Veracruz electoralmente es primera minoría, representando en el Congreso local a su voto duro y a un reducido número de veracruzanos apáticos o mal informados. A nadie más, luego la aprobación por mayoriteo del tricolor de la aberrante iniciativa de Javier Duarte, de endeudar de por vida a los veracruzanos con una cuestionable “reestructuración de la deuda pública”, no cuenta con el reconocimiento y aval de la mayoría del electorado. Vale la pena refrescar la memoria para actuar en consecuencia y negarse a la posibilidad del triunfo del tricolor en los comicios venideros.

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Si no fuera porque el PRI es parte del gobierno y lo que a su interior acontece nos afecta a todos, su enlodado acontecer cotidiano en Veracruz no debería de ocuparnos y mucho menos preocuparnos, salvo para tomar nota de sus debilidades y atacarlo en las urnas donde más le duele, negándole el sufragio a sus candidato en elecciones venideras. La descalificación de las dos corrientes mayoritarias encabezadas por Yunes Landa y Yunes Zorrilla por parte de Duarte de Ochoa y el presidente estatal del tricolor, debería ser una más que obvia ventaja para la oposición, empero, hasta esta opción nos es negada en tanto no se percibe una oposición responsable y capaz de una alianza con la ciudadanía y ofertar un programa mínimo unitario tendiente a revertir el actual estado de cosas. Más de lo mismo es lo que se espera.

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A mis cuatro lectores: El Semanario en línea “Pulso crítico”, por razones de índole financiera y técnica está temporalmente suspendido en la Web. Esperamos que a la mayor brevedad quede subsanado el problema. Gracias por su comprensión.

Xalapa, Ver., 29/10/2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Partiendo de la idea de que el sexenio duartista está agotado, no creo tenga sentido seguir dándole vueltas a la noria en torno al enlodado par de tenis colgados a la puerta de palacio. Hoy más que nunca los veracruzanos debemos dejar atrás el ominoso pasado reciente y poner el énfasis en lo que sigue, el rescate de un Veracruz postrado que exige de sus hijos el mejor esfuerzo, la más diáfana visión de futuro y el compromiso de sacar, entre todos, al buey de la barranca.

¿Se podrá dar este paso adelante?

Es lo que me pregunto al observar a un pueblo dividido y apático, más no por ello entregado lamiendo sus cadenas. El malestar, la indignación, el hartazgo y rechazo al actual estado de cosas en cada vez más amplios sectores de la población, mantiene viva la resistencia pero, no basta resistir, hay que pensar, proponer, rescatar lo rescatable, construir y elevarse por sobre la mediocridad de una clase política que renunciando a su papel en la búsqueda del bien común, fiel a su dinámica e intereses poco claros, nos mantiene en calidad de infantes secuestrados

Reflexión nocturna que no por simple elucubración de un tundeteclas trasnochado, deja de cobrar vigencia como uno más de los muchos buenos deseos de acompañar a Veracruz en la búsqueda de mejor destino. Es el confiar en la fuerza del nosotros por sobre la debilidad del yo, individualista, domesticado y esteril.

Como reflexión para mis adentros está bien, pero a lo nuestro.

El tratar de entender que pasa en nuestro entorno doméstico y nacional bajo el encuadre de una crisis que abarca la globalidad del mundo, no prevista por quienes nos gobiernan o deshonestamente ignorada, para hacer del saqueo paradigma de proyecto de país al que debemos someternos.

Y es en este marco que no deja de preocupar la obviedad del hecho de la imposición de reformas y políticas públicas que, a más de no estar sustentadas en un diagnóstico serio y a profundidad de lo que es México, hoy y lo que ha sido a lo largo de su historia, ignoran el pensar y el sentir de las mayorías. El triunfalismo sin sustento que perdiera al gobernador de Veracruz y el que nos ofrece Peña Nieto en su mensaje relativo al Tercer Año de mandato, lo confirma.

Haciendo caso omiso de la realidad real y de la historia que le retroalimenta, el proyecto de nación neoliberal va, al precio social que haya que pagar y sin prever las consecuencias, igual que como tampoco hubo talante previsor frente a la globalidad de un mundo y un sistema económico y social en crisis Es un catarrito temporal, dijo Cartens en su momento y, sobre esa imprevisión se dejó correr el tiempo y se pactaron con la complicidad activa de la partidocracia, las reformas presuntamente estructurales. El catarrito diagnosticado en el sexenio de Felipe Calderón, resultó ser neumonía y el parasetamol institucional aplicado desde los inicios del gobierno peñista, para la administración y control de daños, remedio equívoco e insuficiente para minimizar y paliar las consecuencias en un México que hoy por hoy se escurre entre los dedos.

Cartucheras al cañón, quepan o no quepan, dijo Peña al congreso cortesano, y las reformas van contra corriente, sin freno a la vista que se oponga a la caída. La debacle económica marcha de la mano de la profundización de la crisis institucional, acunando más desigualdad, más pobreza, más violencia, más corrupción y más impunidad, en medio de un estado de derecho que no merece credibilidad y confianza.

Contra todo y contra todos, las reformas van, insiste Peña Nieto y, en concordancia, de facto y antes de anunciado el esquema de zonas económicas especiales, el titular de la Sagarpa indica que por instrucciones de Los Pinos, las reglas de operación de los programas a su cargo, “se modificarán para bien”… buscándose “convertir los subsidios asistencialistas en incentivos a la productividad, impulsar y hacer barato el crédito, fortalecer la tecnificación de riego y la modernización del agro, innovación tecnológica e integración de cadenas de valor y ordenamientos de mercado”. Sin aclarar sobre que agro habrá de actuarse, habida cuenta de que en el México rural conviven la propiedad social y privada de la tierra, así como formas de vida tradicional y “moderna”, predominando la pulverización parcelaria, la agricultura de temporal y de autoconsumo, la pesca artesanal ribereña, la explotación irracional de nuestros bosques, así como usos y costumbres ancestrales en la producción de alimentos.

No. A espadas de esta realidad, el Estado mexicano implementará reformas tendientes a modificar la estructura agraria de México, por decreto y desde arriba, pretendiendo lograr que los productores con más saliva se traguen el pinole, excluyendo a los menos aptos y menos competitivos hoy aferrados a una parcela antieconómica que no concurre al mercado con la eficiencia y eficacia que demandan los circuitos mercantiles. El campo al servicio del mercado bajo las reglas del mercado, en la que el Estado, al margen, premiará a los ganadores, como de facto ya sucede en el sector agropecuario, forestal y pesquero “moderno”, de alta concentración de capital e innovación tecnológica.

Morelos y Zapata son historia no considerada. La tierra será de quien la trabaje bajo esquemas de dominación propios de la hacienda, ahora neoliberal, reduciéndose el papel de nuestros campesinos minifundistas, mano de obra barata, a simples siervos acasillados del gran capital doméstico y extranjero.

Y en esta escalada tendiente a borrar todo vestigio de reforma agraria cardenista (por “populista”), la política económica sometida a los designios del mercado global, se hace acompañar de una política política llamada a polarizar aún más a la sociedad mexicana. O estás con el Estado neoliberal o estás en contra y a favor del populismo de Estado, es el mensaje de Peña Nieto. No hay medias tintas, enfrentando al México bronco de los desposeídos con el México de una minoría que, respondiendo a recetas extralógicas, le apuesta a destiempo a la modernidad privatizadora y empobrecedora del primer mundo.

Y las reformas van, no hay vuelta de hoja en el proyecto transexenal pactado entre poderes fácticos y partidocracia. Cueste lo que cueste y se oponga quien se oponga es el mensaje. Hasta que la terca realidad -parafraseando a Carlos Puebla-, mande a parar haciendo prevalecer, como en los territorios libres zapatistas, el mandar, obedeciendo la voluntad del nosotros por sobre el egoísmo individualista del yo que anima y retroalimenta el proyecto peñista del absurdo.

Hojas que se lleva el viento.

Me pregunto si el deterioro del tejido social es reflejo de una clase política insensible, corta de miras y excluyente o, a la inversa, si la clase política es reflejo, consecuencia objetiva del deterioro de una sociedad conformista e incapaz por sí misma de dejar atrás el dejar hacer dejar pasar, y comprometerse por un cambio positivo que coloque al país en el camino del progreso y el bienestar equitativo para todos. Mi reflexión personal no encuentra respuesta ni está a mi alcance dilucidar en qué momento sociedad y su llamada clase política, se hicieron uno para conformar un único proceso de deterioro que en todos los órdenes se vive en México.

Mi amigo Melitón Morales Domínguez, director y propietario de la revista Análisis Político, con una experiencia de 37 años en la brega periodística, me dice que si quiero dormir a pierna suelta, a mi edad debo dejar de idealizar el bosque pensando que lo que cuelga de las matas de coco son peras y perones. Quizá tenga razón.

Xalapa, Ver., 3 de septiembre de 2015

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

“Ya que no tenemos información hagamos uso de nuestra imaginación”: El privilegio de opinar, Manuel Ajenjo 

Apenas el pasado miércoles 19 de los corrientes, en un maquinazo más en torno a la sucesión en el gobierno de Veracruz, entre otras cosas argumentaba que: “Lo paradójico es que en el caso del PRI el populismo al que se pretende combatir es la argamasa que da sustento al dinosaurio redivivo. Luego la búsqueda de la unidad en el  seno del tricolor y en torno a Peña y sus reformas, será interna y de franco enfrentamiento a la dinámica inercial del asistencialismo populista y demagógico  practicado por décadas”. Tres días después reunido con los diputados electos priístas, Luís Videgaray, titular de la SHCP, anunciaba la iniciativa del Sr. Peña para crear zonas económicas especiales “…con una lógica no asistencial o remedial (sic)”,  para potenciar ventajas comparativas regionales y crear desarrollo.

Ni remedios coyunturales reactivos ni más asistencialismo en regiones focalizadas del país, como fórmula neoliberal que atendiendo a las vaivenes del mercado globalizado, generen mayor productividad y competitividad en base a ventajas comparativas, utilizando menos recursos para producir bienes y servicios en comparación con otros países y/o producir de manera más eficiente en las diversas opciones o alternativas de producción con que cuenta México en su mosaico regional.

Esto, sin duda, orientado al mercado exterior y en el marco de los tratados de libre comercio signados por el gobierno de México. Pero también, en la coyuntura, un tímido intento de los aprendices de brujo por acotar el modelo neoliberal de país a las regiones con mayor potencial “modernizante”.

Un giro de 180 grados tanto en la economía nacional como en las políticas públicas y la política política, que por principio de cuentas auspiciará mayor aceleración de desigualdad y pobreza entre regiones y, al interior de cada una de éstas, polarizando y confrontando al México neoliberal “modernizante” con el México más atrasado y estancado en el subdesarrollo.

En la jerarquización de prioridades, las de orden social estarán subordinadas a propósitos y objetivos productivistas en las regiones con mayores ventajas comparativas, en tanto que en el resto del país, con ventajas marginales, regiones enteras serán dejadas a su suerte transitando por los viejos caminos de la exclusión y el abandono.

El presupuesto federal con base cero, responderá a este “novedoso” mecanismo, favoreciendo sectorial y regionalmente a aquellos rubros de la economía que ofrezcan en el corto y mediano plazo,  mayor potencial de productividad y competividad en términos de ubicación geoeconómica, geografía, clima, disponibilidad de suelo y agua, infraestructura, recursos humanos calificados, disponibilidad de recursos financieros, innovación tecnológica y bajos salarios entre otras variables como gobernanza y paz social.

Y ni que decir de la política monetaria, adecuando la paridad cambiaria del peso frente al US Dólar  a las ventajas comparativas por potenciar.

Instrumentación y política política

Para poder instrumentar tal cambio – este sí de orden estructural-, el gobierno del Sr. Peña requiere de la más conspicua cercanía de la partidocracia, tanto para el combate frontal al populismo de Estado que se le opondría en tal propósito, como para frenar toda manifestación de resistencia social en su implementación. En lo mediato, tener una mayoría dócil y sumisa en el Congreso de la Unión para legitimar el relevo de caballo a la mitad del río, tal cual lo recomiendan los organismos financieros internacionales para salir de la profunda crisis multidimensional por la que atraviesa México.

Lo complejo del asunto es que fuera del marco legislativo en el que todo marcha como miel sobre hojuelas para Peña y su partido, la partidocracia en su conjunto no está preparada para enfrentar rechazo y resistencia al giro que pretende imprimírsele a la economía nacional. En su caso, tampoco el PRI estaría  dispuesto a sacrificar votos a cambio de respaldar en el mosaico nacional la pretendida extinción de asistencialismo y “remediación” reactiva.

Como tampoco el nivel de aceptación de un presidente que se achica día con día ante la opinión pública, da para atraer el respaldo de una amplia base social en lo que resta del sexenio para instrumentar esta nueva escalada neoliberal. Agudizándose la no correspondencia entre propósitos económicos y  política política.

Economía y sucesión en Veracruz

Así, esta nueva figura “nunca intentada en México” a decir de Luís Videgaray, para el caso de Veracruz será un elemento más a considerar en el proceso de sucesión en la gubernatura del estado,  dentro del marco de propósitos y objetivos neoliberales convenidos en el llamado “pacto por México”. Partidos y aspirantes a candidatos tendrán que conjugar economía política, economía y finanzas públicas, con la política política en un terreno para ellos inédito, atendiendo a:

  • ¿Qué fortalezas tiene y puede ofrecer Veracruz para ser incluído en el novedoso esquema de zonas económicas especiales?  
  • ¿Cuáles son sus ventajas regionales comparativas frente a otras entidades federativas que hagan merecedor a Veracruz a ser considerado en el nuevo orden de prioridades? 
  • ¿El sector primario arrastrando una agroindustria azucarera obsoleta y antieconómica? 
  • ¿La pequeña y mediana industria de transformación, descapitalizada, estancada y de espaldas a la innovación tecnológica? 

 Estas interrogantes, entre otras, que no sólo deben hacerse los aspirantes al mini gobierno de dos años, también la sociedad en su conjunto para ubicarse dentro o fuera de esta escalada neoliberal, habida cuenta de que, por decir lo menos, Veracruz atraviesa por una etapa de postración económica en la que ni productivismo ni asistencialismo en el medio rural y urbano, son respuesta exitosa a la problemática toral hasta hoy ignorada por un gobierno estatal fallido, hiperendeudado, y que día con día languidece víctima de sus propias contradicciones.

Hojas que se lleva el viento

Tanta es la opacidad y ausencia de información puntual y contundente, y tantos son los dimes y diretes y especulación poco sustentada en el tema permanentemente reciclado de la deuda pública de Veracruz que,  resumiendo, en el imaginario colectivo sólo queda  la percepción de que habiendo gato encerrado, lo que se sabe es que no se sabe nada, por lo que la cifra valedera es la mayor manejada mediáticamente. De todos modos, más o menos deuda, será la sociedad en su conjunto la que hoy, mañana o pasado mañana, pague los platos rotos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Como si ya estuvieran rindiendo frutos tanto la Financiera Nacional de Desarrollo lanzada por el Sr. Peña, como la inversión anunciada por este del orden de 338,669 millones de pesos para el presenta año, se echan las campanas al vuelo y se da por hecho que con ello se resuelve el problema de atraso y abandono del campo mexicano, sin parar mientes en que la problemática que acusan los sectores agropecuario, forestal y pesquero no es sólo de dinero o de financiamiento barato.

Ignorándose el carácter dual de la economía rural que establece sustanciales diferencias culturales y tecnológicas entre la economía de mercado y la de autoconsumo sustentada en la milpa, práctica ancestral dominante en el territorio nacional que da identidad y arraigo a la tierra al campesinado.

Como tampoco se toma en consideración que a estas alturas del año, tales anuncios no pueden tener otra intención que dorarles la píldora a hombres y mujeres del agro con vías a las elecciones del 2015. Pretendiéndose ablandar a una población rural que viendo en la reforma energética una seria amenaza a sus intereses presentes y futuros es proclive al voto de castigo.

El contar con un programa nacional de financiamiento enfocado al sector rural y nada es lo mismo, si se trata de rescatar a la economía agraria de este país. Por experiencia se sabe que la atención al campo debe ser integral o se abona al fracaso; así como también está demostrado que el escollo toral a la capitalización y crecimiento de la economía rural no reside en la producción y productividad sino en la relación asimétrica de los productores con el mercado. El TLCAN como antecedente cercano lo confirma.

Sin corregir el problema estructural de dicha relación, entre más dinero se invierta en la producción primaria mayor es la transferencia neta de capital del campo a los monopolios agroalimentarios y agroindustriales. Resultando siempre perdedor el eslabón más débil de la cadena productiva, el campesino minifundista o el pescador artesanal.

Adicionalmente, sin infraestructura, organización de la producción, organización social de los productores, asistencia técnica e innovación tecnológica no hay financiamiento, por muy barato que éste sea, que asegure incrementos a la producción y rentabilidad de la inversión aplicada. Paso inicial que no se contempla, de acuerdo a lo anunciado.

Luego ello obliga a pensar en que la medida gubernamental derivará en más programas asistencialistas, sin mayor propósito implícito que, por un lado, la manipulación del sector rural para que no ofrezca resistencia o se oponga al despojo ya previsto en la reforma energética, allanándole el camino a las poderosas empresas trasnacionales y, por el otro, avanzar en el proceso “modernizador” de privatización de la propiedad social iniciado durante el régimen salinista.

No es nada circunstancial el que simultáneamente al anuncio de la puesta en marcha del programa de financiamiento, en el marco de la plenaria de la Confederación Nacional Campesina el Sr. Peña hiciera hincapié en que “la reforma energética puede significar nuevas fuentes de ingresos para los propietarios o titulares de terrenos, en los casos en que se extraiga gas o petróleo de sus tierras… porque recibirán una contraprestación justa, y además transparente a los ojos de todos”. Como tampoco es circunstancial el mensaje del senador Manuel Cota Jiménez ungido como secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de la CNC, pretendiendo atar al campesinado a la panacea reformista y neoliberal del presidente de la república.

Lo cual indica por donde se pretende transitar en una nueva relación entre gobierno y campesinado (inicio de la revolución verde para la CNC). Sin perder de vista que ante la proximidad del proceso electoral del 2015, Peña Nieto y su partido requieren del rescate y reconstrucción del andamiaje clientelar en el sector rural.

En nuestro entorno más próximo, Veracruz, es aún más preocupante el tañer de las campanas por políticos, pseudo líderes agrarios y textoservidores. Ni el gobierno estatal ni los productores agrícolas, pecuarios, forestales y pesqueros, salvo limitadas y muy focalizadas excepciones, están preparados para involucrarse en el corto plazo en las acciones del programa a cargo de la Financiera Nacional de Desarrollo; la carencia de autoridad y liderazgo, la quiebra evidente de la industria azucarera, el abandono de los cultivos de granos básicos y las condiciones oligopólicas del mercado de leche y cárnicos, así como el bajísimo nivel tecnológico de la pesca artesanal constituye un lastre que no se borra por decreto.

Y, sin mayor análisis, no puede echarse en saco roto que en la entidad los productores en su gran mayoría están organizados para votar y no para producir de manera planificada y sistemática, luego el programa nacional de marras por principio de cuentas se politizará y se partidizará, constituyendo un buen pretexto para fortalecer la estructura electoral del PRI a la par que un buen botín para la corrupción dominante.

Tampoco debería ignorarse que el campesinado tiene memoria histórica que se fortalece con agravios cotidianos. El primer paso entonces sería el recuperar confianza y credibilidad en la acción de gobierno, lo que en las condiciones actuales de descontento y rechazo, con la Espada de Damocles pendiendo sobre el régimen de propiedad social de la tierra, parafraseando al Sr. Peña, “no será fácil”; tampoco se puede asegurar para cuando rinda frutos el sueño guajiro de incorporar al campo mexicano a lo que los intereses del mercado globalizado demandan.

Pero no hay mal que por bien no venga, si se oferta crédito suficiente y barato hay que tomarle la palabra al gobierno, ya mañana Dios dirá a favor del quien se vota, si se paga el crédito, se va a fondo perdido o a cartera vencida. La burra no era arisca…

Hojas que se lleva el viento

La celebración del Sr. peña Nieto por sus 24 meses de gestión al frente de la Presidencia de la República seguramente no será compartida por los invitados de piedra, millones de mexicanos que si bien pudieren aceptar que en los dos sexenios panistas el país acusó inmovilidad legislativa, no pueden pasar por alto que en la actual administración priísta es el gobierno en su totalidad quien padece inmovilidad crónica. 20 meses de falso debate, aprobación sin consulta a la ciudadanía de las reformas peñistas y el sepultar de una vez por todas a la Revolución Mexicana privatizando los bienes de la nación,  es de lo único que se puede presumir. Infraestructura, economía, seguridad y bienestar social conforman un escenario de deterioro, estancamiento y retroceso que de entrada, descalifican al Sr. Peña y su gestión.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La participación de la industria naval veracruzana en la construcción de flota menor de Pemex, sin duda es una buena noticia. 30 años de capacidad instalada en franco desuso no son cualquier cosa, si tomamos en cuenta el efecto multiplicador de una actividad que requiere de tecnología, materia prima, suministros y equipo y, sin duda, de mano de obra especializada con alto nivel de calificación.

Y si la industria naval asentada en el puerto de Veracruz a lo largo de tres décadas vegetara de espaldas al mar, habría que preguntarse entonces cuantas décadas atrás nuestra entidad se ha manifestado ajena al potencial que nos ofrece un litoral de más de 700 kilómetros de extensión. Si de aprovechar nuestros recursos costeros se trata, que mejor que hacerlo por la vía inmobiliaria y una incipiente industria sin chimeneas, negocios presuntamente más lucrativos y con recuperación casi inmediata del capital invertido, sin importar si estas actividades atenten contra el medio ambiente y sean altamente vulnerables a los caprichos de la naturaleza.

Para quien esto escribe, a vuela pájaro, baste señalar que cuando se habla y festina de la activación de la industria naval veracruzana, lejos se está de considerar a esta actividad como un renglón sustantivo del comercio marítimo de cabotaje y de la pesca de altamar, y de cómo podría incidir en incrementos de producción, productividad, abatimiento de costos y derrama económica en un marco de integralidad en el aprovechamiento de nuestros recursos costeros.

Industria pesquera

Se ha hablado mucho de la importancia que la pesca tiene en la economía veracruzana; se ha presumido del aporte veracruzano al mercado y consumo de alimentos pero, en realidad, lejos estamos de aprovechar toda su potencialidad. Nuestra pesca se sustenta en actividades ribereñas y acuacultura rústica en aguas interiores que, en términos latos se reduce a una actividad primaria, meramente extractiva y muy lejos del status deseable de una industria próspera, tecnológicamente avanzada con un impresionante efecto multiplicador sustentando a otras ramas industriales afines, diversificación productiva, protección del medio ambiente y expansión del empleo tanto en cantidad como en calificación.

Correspondería a los expertos dar cuenta del desempeño de la actividad pesquera en la entidad y de cómo esta incide en la economía estatal, trátese lo mismo de inversión, composición del capital, capacidad instalada, empleo y volúmenes de producción que a su vez, inciden en ingreso y calidad de vida de quienes participan de los beneficios de esta actividad.

Sin embargo, muy poco podrían hablar de las actividades concurrentes que le dan soporte.
Veracruz no cuenta en cantidad y calidad con una industria naval que distribuida a lo largo del litoral surta de embarcaciones de mediana altura y de altura a la actividad pesquera.

Tampoco se conoce de empresas productoras de avíos y artes de pesca o de volúmenes importantes de financiamiento bancario refaccionario y de avío a los productores. Siendo también prácticamente nula la presencia a lo largo del litoral de una red integral de frío para la conservación y transformación, así como de transporte especializado que aporten a una mejor calidad de los productos pesqueros en el mercado nacional e internacional.

La sola inexistencia de este soporte, habla por sí de que en pesca, a diferencia de otras entidades federativas lo mismo en el litoral del Golfo de México que en el del Pacífico o mar Caribe, estamos en pañales desaprovechando nuestro potencial y especulando siempre de espaldas al mar de la riqueza de nuestras costas.

Que mayor prueba que el considerar a la actividad pesquera veracruzana como renglón productivo marginal, ajena a la promoción industrial y atendida como patito feo por una dependencia ineficiente e ineficaz como la Sedarpa, incapaz esta de encauzar por mejores caminos a la pesca artesanal ribereña y a una acuacultura incipiente y tecnológicamente atrasada.

Lo paradójico es que Veracruz ha contado desde hace varias décadas con la carrera de ingeniería naval de la UV, con escuelas técnicas pesqueras a nivel de bachillerato y con un Instituto Tecnológico del Mar, cuyo potencial ha sido miserablemente desaprovechado y peor aún, ignorado por las autoridades en sus fastuosos programas de promoción económica.

Recuerdo bien que ya en tiempos del presidente Ruíz Cortines se hablaba de la marcha al mar. No pasó de un slogan de moda para la entidad veracruzana. En sexenios posteriores se creó la planta industrial de Productos Pesqueros Mexicanos en Alvarado, correspondiendo a los lugareños y al gobierno estatal el dejarle morir. Con el presidente López Portillo se dotó a las cooperativas veracruzanas de barcos camaroneros de median altura, crédito, asistencia técnica y canales de comercialización nacionales y en el exterior -respaldados por Productos Pesqueros Mexicanos y Ocean Garden-, hoy estas naves yacen hundidas en la laguna de Alvarado.

Es obvio y de todos conocido que Veracruz no está aprovechando las ventajas comparativas que le ofrece su exuberante potencial en recursos naturales, clima, población y ubicación geográfica. Baste señalar que el peso específico en la economía agraria veracruzana descansa en el monocultivo de la caña de azúcar -empobrecedor del suelo, con muy bajos índices de productividad- , así como el proceso industrial de la gramínea, obsoleto, en decadencia y permanentemente subsidiado, son una pequeña muestra de ello y, ni qué decir de una ganadería extensiva depredadora del medio ambiente, tecnológicamente atrasada e inserta en un mercado volátil que frena reinversión y expectativas de mejoría para los productores. El permanente ignorar por décadas a la industria pesquera y su rico potencial a lo largo de más de 700 kilómetros del litoral veracruzano, lo confirman.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la celebración del Día de la Libertad de Expresión, se teje fino en la transformación de “tigres de papel” en confortable zalea para amortiguar los pasos de los adelantados por los escabrosos senderos de la simulación y el engaño.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Si las sociedades son suficientemente aptas para vivir, vivirán, y está bien que sea así. Si no son lo suficientemente aptas, morirán, y es mejor que mueran”. Herbert Spencer

La ex perredista y ahora secretaria de desarrollo social, Rosario Robles, no se manda sola. Responde al mandato del Sr. Peña, luego la decisión anunciada por la funcionaria de suprimir el apoyo de “oportunidades” a madres que tengan más de tres hijos, así como el lugar seleccionado para tal anuncio, una región nayarita donde habitan las etnias coras, huicholes y tepehuanos, es más que simbólico. Con ello se pone de manifiesto el fracaso del asistencialismo oficial para abatir hambre y pobreza; abandono de pueblos originarios a su suerte y, fracaso del proceso educativo en México largamente acariciado como herramienta de transformación y cambio para abandonar los terrenos del subdesarrollo.

De manera explícita igualmente se exhibe el propósito último del régimen priísta de evadir la carga de más del 50 por ciento de los mexicanos en condiciones de pobreza y pobreza extrema, en su objetivo de concentrar los esfuerzos gubernamentales en la búsqueda de incrementos de productividad y competitividad que se dice exige al país el mercado mundial globalizado.

A decir de la Sra. Robles, “… 60 por ciento de la población en situación de pobreza se encuentra en las zonas urbanas, diseminada principalmente en las periferias de las ciudades; por ello la aplicación de programas sociales se ha extendido también a estas zonas que ya se consideran marginadas”. Más claro ni el agua, se trata de una estrategia de chantaje, imponiendo control natal y sometiendo la capacidad reproductiva de la mujer a políticas públicas discriminatorias aplicadas a las familias pobres y marginadas.

Se puede estar o no de acuerdo en que el asistencialismo oficial, auspiciado por requerimientos clientelares electorales, no contribuye a resolver el problema estructural de la desigualdad y pobreza, antes al contrario, hace de los destinatarios dependientes del subsidio mano de obra inerte, incapaz por sí misma de aportar a las tareas del crecimiento económico y desarrollo en la medida en que lo demanda el mercado, más ello no justifica el que, por decreto y sin decir agua va, se corte de tajo y de manera autoritaria un paliativo que por décadas ha tenido en última instancia como único beneficiario a una clase política corrupta que vive de y para el saqueo.

No se puede hacer de lado que en respuesta a problemas estructurales históricos, como desigualdad y pobreza, ha sido el propio gobierno federal el que instituyera el caritativo asistencialismo social, generando entre los “beneficiarios” una cultura de dependencia que ya tiene arraigo en las generaciones presentes de la población marginada. Hoy las consecuencias están a la vista, la pobreza y pobreza extrema campean en todo el territorio nacional acompañadas de una brutal desigualdad que inciden en el desempeño de una economía lastrada por un mercado interno restringido, sin capacidad real de compra de más del 50% de los mexicanos.

Castrar a los pobres, solución neoliberal.

La decisión del gobierno de Peña Nieto puede tener muchas lecturas de acuerdo al cristal con que se mire. Para quien esto escribe, la medida anunciada asume postulados capitalistas de Darwinismo social; más que sumar divide, polarizando, confrontando y poniendo en franca competencia por la supervivencia a quienes el sistema considera aptos para cumplir con los objetivos de incremento de productividad y competitividad -que demanda el mercado mundial globalizado-, y los mexicanos que lejos de aportar, estorban a tales propósitos. Una medida más del régimen peñista que condena a priori a morir de hambre a las familias que dependiendo del subsidio oficial para sobrevivir, en suerte hayan procreado más de tres hijos. ¿Qué van a hacer las madres cuya única esperanza de tener un ingreso para atender sus necesidades básicas se sustentara en tener más hijos? ¿Desprenderse de los que le sobren para seguir contando con la caridad oficial?

La pobreza no sólo sobra en el México neoliberal, también estorba lo mismo en la ciudad que en el campo para los fines de expansión y dominio del capital. ¿Cómo se le ocurre a Peña Nieto frenar su crecimiento a niveles de reposición de la fuerza de trabajo? Controlando la natalidad con políticas públicas de exterminio. A eso nos conduce el fascista modelo neoliberal de desarrollo. A falta de guerras intestinas de poda genocida, castrar a los pobres.

¿A eso queríamos llegar permitiendo el retorno del PRI a la presidencia?

Dejo la respuesta a la conciencia de los lectores.

Hojas que se lleva el viento.

Con los contenidos de la iniciativa de leyes secundarias en materia energética presentada al Congreso por el Sr. Peña, salió ya a relucir el peine despejando las dudas. El petróleo y gas propiedad de la nación se privatizan, la renta petrolera de los mexicanos será compartida con la iniciativa privada, nacional o extranjera.

A decir de los secretarios de hacienda y de energía, los posibles beneficios para el pueblo de México se harán visibles, si los hay, en el mediano y largo plazo, condicionados en que para entonces los combustibles fósiles no hayan caído en desuso gracias al avance tecnológico en el aprovechamiento de otras alternativas de generación de energía.

Lo mismo ocurrirá con la generación de energía eléctrica y, de paso, con el agua como recurso asociado.
Para que esta propuesta del presidente Peña se materialice, se requerirá del aval de la partidocracia en el Congreso. Lo cual sin duda tendrá lugar una vez logrado el equilibrio de intereses entre los tres partidos mayoritarios, sin importar lo que el pueblo de México pueda opinar al respecto.

Y en este clima de mansedumbre y complicidad, nuestros flamantes senadores veracruzanos hacen labor de proselitismo electoral afirmando que con las reformas del Sr. Peña ya se sienten en el bolsillo de los mexicanos los primeros beneficios.

-ooo-

Ya no es ingenuidad o falta de oficio político que pudiera justificar en el presente la grosera conducta del gobernador de Veracruz para con el pueblo que dice gobernar. Lo por él expresado y profusamente divulgado por la Coordinación de Comunicación social de la administración pública estatal el primero de mayo del mes en curso, es simple y llanamente un insulto más a la inteligencia de los veracruzanos, así como manifestación explícita de valemadrismo del gobernante ante la grave situación de desempleo y pérdida del valor adquisitivo del salario que aqueja a la entidad. Júzguelo usted mismo estimado lector:
Xalapa, Ver., 01 de mayo de 2013.- El gobernador Javier Duarte de Ochoa encabezó el desfile conmemorativo por el 127 aniversario del Día Internacional del Trabajo, en el que participaron más de 50 mil trabajadores de diversos gremios del estado. “Con más de 230 mil empleos generados en dos años, un crecimiento económico que dobla la media nacional y plena paz laboral, consolidaremos a Veracruz como el estado de los trabajadores…”, apuntó el Gobernador y destacó que en su administración 230 mil familias hoy ya tienen ingresos, certidumbre, estabilidad y arraigo.- Comunicado oficial

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Hechos reales, opacidad oficial, desinformación, rumor, especulación y leyenda urbana, conforman coctel perverso que a más de construir difusa percepción ciudadana sobre el clima de inseguridad que se vive en gran parte del país, genera un estado real de temor, miedo y ansiedad en las personas, lo que psicológicamente bloquea en el imaginario colectivo el tomar conciencia de que existe otro tipo de inseguridad e incertidumbre de mayores consecuencias para la ya ahora mayoría de una población azotada por la pobreza : el no saber si se comerá mañana.

Pasando a segundo plano el hecho de que el ingreso diario no es suficiente para cubrir todos los gastos familiares del día, y privilegiándose la idea de que el solo salir a la calle puede ser razón suficiente para ser una víctima más de una criminalidad presuntamente desbordada.

Fenómeno al que no son ajenos diversos medios de comunicación impresa o electrónica, o las ahora muy de moda redes sociales en la Internet, que sobredimensionando hechos y rumores capitalizan morbo e ignorancia; contribuyendo a desviar la atención sobre lo que sí es un verdadero problema estructural para México, pobreza y desigualdad que se abaten sobre algo más del 50 por ciento de la población total de este país.

El subsistir con salarios de hambre, Odisea.

Un rápido vistazo a las estadísticas oficiales y, sobre todo, a lo que las amas de casa expresan, anuncia a voz en cuello que el costo de la canasta básica está muy por arriba de las disponibilidades monetarias familiares; estas son ya insuficientes para afrontar la situación que se vive en eso que los especialistas llaman microeconomía.

En el caso de quienes están empleados, percibiendo en su gran mayoría entre uno y un máximo de 5 salarios mínimos por día, cuando el sólo subsistir ya es verdadera Odisea el sostener una familia toma cariz de tragedia.

Sumados los gastos imprescindibles en vivienda, transporte, energía eléctrica, agua entubada, educación, vestido, calzado, salud y alimentación –en este orden de prioridades- , para la mayoría de las familias mexicanas la relación ingreso-gasto mensual es deficitaria, debiendo recurrir al crédito, la mayor de las veces leonino, que a la larga no resuelve el problema y si resulta impagable.

Ahorro familiar.

En estas condiciones, la posibilidad de destinar parte del ingreso al ahorro familiar es algo menos que imposible. El apretarse hoy el cinturón para darse la oportunidad de acceder a un futuro con mejores condiciones de vida, es ya sueño guajiro entre los pobres y entre una clase media paulatinamente empobrecida.

Es por ello que me resulta del todo inapropiado que el Sr. Senador José Francisco Yunes Zorrilla hable de que en el poder legislativo se trabaje en la protección del ahorro de las familias.

¿Cuál ahorro?

Me pregunto y pregunto a mis estimados lectores, cuando la lógica más elemental nos indica que más que ahorro lo que tenemos en lo individual y colectivo es un proceso permanente de deterioro de la capacidad real de compra de los consumidores, descapitalización y pérdida de expectativas de progreso, que pone a los trabajadores con un pie en inaceptables condiciones de pobreza. Ya no digamos aquellos mexicanos que desempleados han perdido toda esperanza de salir de la condición de pobreza extrema.

El Sr. Senador podría argumentar que en el caso de los trabajadores formales, estos cuentan con el ahorro para el retiro y para vivienda que suma aportaciones del propio trabajador, el patrón y el gobierno, permitiéndose separar un pequeño excedente para capitalizarlo en una Caja de ahorro popular para atender imprevistos.

Nadie creería semejante especie, cuando está visto que el modelo neoliberal expoliador que el Sr. Peña insiste en profundizar con sus reformas presuntamente estructurales, en términos reales mantiene el esquema de salarios de hambre congelados y además, no tiene contemplado el acceso a una vivienda y una vejez digna para la mayoría de quienes entregan su vida trabajando para un patrón.

Y ni qué decir de las personas de la tercera edad, pobres y desempleados a los que los legisladores les conceden como apoyo gubernamental en el programa “70 y más”, 30 pesos diarios pagaderos cada tres meses para irla pasando.

Luego hablar de ahorro familiar en casa del ahorcado, resulta una soberana grosería. Más cuando la voz proviene de alguien que nunca ha sabido de lo que es estirar el salario para sostener a una familia.

Más seguro lo comido, ya mañana algún dios dirá. En ello radica la principal amenaza a la seguridad del individuo. Inseguridad ante un mañana incierto y el estar negado hoy a tener un empleo remunerativo y sostener dignamente a una familia ya no es rumor, especulación o leyenda urbana, la terca realidad se impone en un presente en el que la vida no vale nada para millones de mexicanos.

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J. Enrique Olivera Arce

Peña Nieto no es monedita de oro, como se pudo observar en los resultados de la elección presidencial del 2012. Sin embargo, habiendo iniciado su mandato con un afán renovador que por principio de cuentas apuntaba a un combate real a la corrupción,  se ganó el beneficio de la duda, sobre todo, en amplios sectores de clase media impactados por la defenestración y encarcelamiento de “la maestra”, Elba Esther Gordillo.

Hoy día las cosas son diferentes, el presidente Peña acusa un notable descenso en popularidad, el beneficio de la duda se ha perdido y sus reformas presuntamente estructurales, como el mismo afirma, encuentran resistencia y rechazo en amplios sectores de la población.

Entre errores propios del “aprendizaje” de inicio de sexenio, arrastre no previsto de inercias nocivas de usos y costumbres políticas, y un entorno internacional negativo, la falta de claridad de rumbo y destino propició un sub ejercicio presupuestal a lo largo de 9 meses del orden de 28 mil millones de pesos,  que impactó en la vida económica de las entidades federativas y, por ende, en el conjunto de la economía nacional, generándose un clima de estancamiento y desaceleración cercano a la recesión que ya impacta, a su vez, en la economía familiar.

Caldo de cultivo para el descontento y protesta ciudadana, que enmarca el rechazo a las reformas laboral, de comunicaciones, educativa y fiscal propuestas por el titular del ejecutivo federal.’ Así como el estira y afloja en el Congreso de la Unión por una reforma electoral que pretende modificar sin consenso,  reglas del juego  para la partidocracia.

Esto como prolegómeno a la “madre de todas las batallas”, la reforma energética, que en sus propósitos y alcances no del todo explicitados,  más que sumar divide lo mismo a las fuerzas político-electorales, que a las élites empresariales, academia y a una escéptica opinión pública poco informada pero perspicaz en sus percepciones.

Ante la proximidad del Primer Informe de Gobierno del Sr. Peña, las cosas no le pintan como este deseara y, en su frustración e impotencia, se obliga a sí mismo a imponer más que a convencer, mostrándose proclive a un autoritarismo que, de entrada, genera más rechazo y resistencia social a leyes y políticas públicas reformistas que se derivan de modificaciones constitucionales que viene aprobando un Congreso  pusilánime, sometido tanto al poder ejecutivo como a intereses coyunturales partidistas.

En este escenario de deterioro económico con pinceladas de inseguridad e ingobernabilidad en diversas regiones del país, el presidente Peña anuncia una más de sus reformas en cascada, la del sector agropecuario, sin tener claro que con la continuidad de la contrarreforma salinista en el campo, se mete en camisa de once varas.

Si bien México está ávido de incrementos substanciales en productividad y rentabilidad de la fábrica nacional para hacerle frente al mercado mundial en condiciones de los mínimos de competitividad que este exige, no se puede aplicar tabla rasa en aplicación de políticas públicas neoliberales en un sector en el que la desigualdad social, económica, tecnológica e incluso orográfica, climática y ecológica, es la constante.

El afirmar que se buscaría pasar de los subsidios a los incentivos productivos, buscando poner al día las normas y reglamentos del sector para incentivar las inversiones, combatir la pobreza, generar más empleos y elevar su productividad, como lo comentara el Sr. Peña con diputados de su partido, sin tener a mano un diagnóstico socio-histórico de la conformación estructural del campo mexicano, es a mi juicio un paso al vacío.

A lo largo de más de 70 años el  PRI-gobierno, en congruencia con su traición a los postulados de la Revolución Mexicana, con una Reforma Agraria más ambiciosa en el papel que en los hechos, lo intentó todo, valiéndose de diversas fórmulas, unas extralógicas y otras de manufactura nacional, contando con lo mejor del pensamiento agrario que, teórica y pragmáticamente estuviera a disposición del régimen. El PRI topó con pared al igual que en su momento, con la alternancia aconteciera con el PAN en el poder.

La contrarreforma salinista  continuada con Zedillo, lo único que logró fue profundizar las contradicciones propias del sector, agudizándose desigualdad, pobreza y abandono de la producción en el campo mexicano.

De que la estrategia asistencialista que substituyera al paternalismo populista, con fines más electoreros que de racionalidad productiva, ha sido un fracaso, no hay duda. La fórmula no funcionó, salvo para incrementar corrupción. Debe por tanto someterse a una revisión estricta para actuar en consecuencia. Se requiere una reforma sí, pero de fondo, que incida a profundidad en la estructura agraria y productiva del campo mexicano  pero, por favor, sin pensar en Monsanto, sus semillas transgénicas y su control de la producción y del mercado, como beneficiario directo.

Y este nuevo capítulo de una reforma agraria inacabada, traicionada y vuelta a traicionar por la revolución hecha gobierno, considero no puede ser otro que aquel que surja tanto de un diagnóstico preciso, regional, micro regional y por cuencas hidrológicas de la realidad del campo mexicano, pero sobre todo, de un nuevo pacto social incluyente en el medio rural, que con visión de largo aliento   y voluntad política, convenga en que no es ya posible que el campo mexicano continúe transfiriendo capital neto vía políticas de precios de alimentos y materias primas, al hoy magro desarrollo nacional.

Si profesores, sindicatos, pequeños, medianos y grandes empresarios, están brincando de la sartén al comal con lo que ya se aprobara en materia de reformas presuntamente estructurales, no quiero imaginarme lo que sucedería, no estando el horno para bollos, si a continuación de la reforma energética, diputados y senadores le entraran a una reforma agropecuaria como la que pretende el Sr. Peña. Este debe pensarlo dos veces antes de que se le incendie la pradera en su afán modernizador y transformador, que no es otro que darle oxígeno a un neoliberalismo trasnochado cuyo fracaso histórico transita a lo largo y ancho de los llamados países del primer mundo.

Hojas que se lleva el viento

El gobernador veracruzano les modificó la plana a sus críticos. Personalmente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, ante la cúpula de la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN), aclaró que las 600 empresas de nueva creación en el trienio en curso, no son MIPYMES, sino grandes empresas aportadoras de multimillonarias inversiones en dólares y generadoras de más de 200 mil nuevos empleos. Las MIPYMES ordinarias de nueva creación, para ser precisos mencionó, ascienden a 8,400.

Como en su momento Fidel Herrera respondiera a la crítica por sus presuntos logros en materia de construcción de un titipuchal de puentes, si no las han visto, búsquenlas, que 9,000 empresas de nueva creación no se pueden esconder bajo la alfombra.- Xalapa, Ver., noviembre 13 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Habiéndose puesto de moda por la presidencia de la república el combate frontal a la pobreza en su expresión más aguda, como es el hambre y sus negativas secuelas, sobre todo en la población infantil, la administración pública en sus tres órdenes de gobierno hace como que hace sin que su accionar apunte a las raíces mismas del problema.

El asistencialismo como eje sustantivo de la guerra contra el hambre, con todo y que está demostrada su ineficacia y fracaso, fruto de la inercia pero también de la ausencia de visión de futuro e integralidad, sigue demostrando lo inútil de destinar esfuerzos y recursos en políticas públicas que nacen muertas.

Y peor aún, ante la ineficiencia e ineficacia, se opta por la simulación y el triunfalismo sin sustento, como es el caso de Veracruz.

A más de dos años de iniciado el programa “Adelante”, cuyo propósito explícito fuera abatir la pobreza en un 50 % de la población objetivo, ha quedado en simplemente propósito de legitimación de un gobernante impuesto, con el objetivo de incidir en un cuadro estadístico que coloca a la entidad entre las que cuentan con los municipios  más pobres con altos índices de pobreza extrema.

Los resultados, por más que se festinen, son tan pobres o más que la pobreza que se pretende abatir. Se podrá incidir mínimamente en las estadísticas pero en la realidad, tras generarse falsas expectativas, indica que la pobreza crece en lugar de disminuir. El asistencialismo y la simulación reafirman el carácter de objeto y no sujeto de crecimiento y desarrollo a la población objetivo.

Ni se incrementa la inversión productiva y el empleo remunerado en la economía formal, ni mucho menos mejora el nivel sustentable de ingresos reales y alimentación en las comunidades y municipios inicialmente señalados como objetivos del programa.

Es por ello que llama la atención que ahora, con el Sr. peña como presidente, el DIF hable de un nuevo programa que substituye al anterior, sin que se cuente con una evaluación de acciones y resultados alcanzados a lo largo de casi tres años. Salvo el poner como ejemplo mediático al municipio de Mixtla de Altamirano. ¿Qué se logro? ¿Qué no funcionó? Es lo de menos, lo importante es estar a tono con la moda.

“Adiós a la pobreza”, nuevo programa con la misma estrategia, sobre los mismos municipios que la estadística señala como los de mayores índices de pobreza extrema.

Y llama la atención porque días antes de divulgarse con tono triunfalista el inicio del nuevo programa de combate a la pobreza, el DIF en el estado aseveró que no tiene ni idea de cuantos niños veracruzanos encontrándose en condición de pobreza extrema, padecen hambre y desnutrición.

Indicando lo anterior que se carece de un diagnóstico puntual sobre el cual operar, sustentando un plan integral que de razón de propósitos, estrategia, objetivos, metas y mecanismos de evaluación y control de resultados.

Más de lo mismo, con parafernalia mediática diferente. Sólo que ahora en tiempos electorales, desnudando los propósitos implícitos de un programa asistencialista que, incidiendo entre los más pobres, asegure el voto de la miseria a favor del partido del Gobernador.

Digno de un panorama kafkiano, la percepción que se tiene es que son más los recursos públicos que se invierten en la parafernalia mediático propagandística que en un efectivo combate a la pobreza y abatimiento del hambre. Recursos humanos, materiales, financieros, respaldados por campañas publicitarias en prensa y TV, sirven de cortina de humo para ocultar ineficiencia, ineficacia y, porque no decirlo, corrupción e impunidad.

Toda una estrategia de simulación en pro de ganarse la buena voluntad del presidente Peña, sumándose a la campaña nacional contra el hambre, mientras la pobreza crece en Veracruz, se incrementa desigualdad y disminuye calidad de vida entre la población más vulnerable.

Ya habrá quien, entre los estudiosos de los problemas torales de la entidad, de cuenta pormenorizada, con pelos y señales, de cuanto se ha invertido y cuales son los resultados en los municipios más emblemáticos de la pobreza y pobreza extrema en la entidad. Por ahora, queda la percepción, que no por subjetiva deja de tener impacto político y social para un gobierno cuyo estandarte es la simulación.

Hojas que se lleva el viento

¿Con qué autoridad legal, política y moral el llamado “Pacto por México” atenderá y dará solución a las demandas del magisterio contestatario? Con la autoridad de facto que le da ser engendro presidencial. Así de simple.

-ooo-

La estrategia electoral a cargo de Fidel Herrera para la elección de diputados locales y alcaldes ahora de 4 años, parece estar haciendo agua. Arrinconada en la cúpula de la oficina del  secretario particular del Sr. Duarte de Ochoa y del CDE del PRI, es víctima del fuego amigo.

Dos senadores de la República que ven amenazado su futuro y el control del Congreso ahora en manos de los alemanistas con quien mece la cuna desde una diputación federal, torpedean bajo el agua los arreglos copulares cuyo propósito es dar continuidad al proyecto transexenal del  fidelismo.

Al parecer Fidel perdió terreno y, con él, su ahijado y discípulo, dando lugar a un todos contra todos al interior del tricolor, obligando al gobernador a tratar de hacerse fuerte en sus municipios consentidos: Tuxpan, Córdoba y Boca del Río, en los que deposita su confianza con vías a su sucesión. Aunque quienes se dicen conocedores del paño, pese a los arreglos en lo oscurito del secretario de gobierno, ya dan por perdida la plaza de Córdoba para el PRI. Xalapa, Ver., abril 10 de 2013.

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