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Category Archives: Crisis partidista en México

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

“Ya que no tenemos información hagamos uso de nuestra imaginación”: El privilegio de opinar, Manuel Ajenjo 

Apenas el pasado miércoles 19 de los corrientes, en un maquinazo más en torno a la sucesión en el gobierno de Veracruz, entre otras cosas argumentaba que: “Lo paradójico es que en el caso del PRI el populismo al que se pretende combatir es la argamasa que da sustento al dinosaurio redivivo. Luego la búsqueda de la unidad en el  seno del tricolor y en torno a Peña y sus reformas, será interna y de franco enfrentamiento a la dinámica inercial del asistencialismo populista y demagógico  practicado por décadas”. Tres días después reunido con los diputados electos priístas, Luís Videgaray, titular de la SHCP, anunciaba la iniciativa del Sr. Peña para crear zonas económicas especiales “…con una lógica no asistencial o remedial (sic)”,  para potenciar ventajas comparativas regionales y crear desarrollo.

Ni remedios coyunturales reactivos ni más asistencialismo en regiones focalizadas del país, como fórmula neoliberal que atendiendo a las vaivenes del mercado globalizado, generen mayor productividad y competitividad en base a ventajas comparativas, utilizando menos recursos para producir bienes y servicios en comparación con otros países y/o producir de manera más eficiente en las diversas opciones o alternativas de producción con que cuenta México en su mosaico regional.

Esto, sin duda, orientado al mercado exterior y en el marco de los tratados de libre comercio signados por el gobierno de México. Pero también, en la coyuntura, un tímido intento de los aprendices de brujo por acotar el modelo neoliberal de país a las regiones con mayor potencial “modernizante”.

Un giro de 180 grados tanto en la economía nacional como en las políticas públicas y la política política, que por principio de cuentas auspiciará mayor aceleración de desigualdad y pobreza entre regiones y, al interior de cada una de éstas, polarizando y confrontando al México neoliberal “modernizante” con el México más atrasado y estancado en el subdesarrollo.

En la jerarquización de prioridades, las de orden social estarán subordinadas a propósitos y objetivos productivistas en las regiones con mayores ventajas comparativas, en tanto que en el resto del país, con ventajas marginales, regiones enteras serán dejadas a su suerte transitando por los viejos caminos de la exclusión y el abandono.

El presupuesto federal con base cero, responderá a este “novedoso” mecanismo, favoreciendo sectorial y regionalmente a aquellos rubros de la economía que ofrezcan en el corto y mediano plazo,  mayor potencial de productividad y competividad en términos de ubicación geoeconómica, geografía, clima, disponibilidad de suelo y agua, infraestructura, recursos humanos calificados, disponibilidad de recursos financieros, innovación tecnológica y bajos salarios entre otras variables como gobernanza y paz social.

Y ni que decir de la política monetaria, adecuando la paridad cambiaria del peso frente al US Dólar  a las ventajas comparativas por potenciar.

Instrumentación y política política

Para poder instrumentar tal cambio – este sí de orden estructural-, el gobierno del Sr. Peña requiere de la más conspicua cercanía de la partidocracia, tanto para el combate frontal al populismo de Estado que se le opondría en tal propósito, como para frenar toda manifestación de resistencia social en su implementación. En lo mediato, tener una mayoría dócil y sumisa en el Congreso de la Unión para legitimar el relevo de caballo a la mitad del río, tal cual lo recomiendan los organismos financieros internacionales para salir de la profunda crisis multidimensional por la que atraviesa México.

Lo complejo del asunto es que fuera del marco legislativo en el que todo marcha como miel sobre hojuelas para Peña y su partido, la partidocracia en su conjunto no está preparada para enfrentar rechazo y resistencia al giro que pretende imprimírsele a la economía nacional. En su caso, tampoco el PRI estaría  dispuesto a sacrificar votos a cambio de respaldar en el mosaico nacional la pretendida extinción de asistencialismo y “remediación” reactiva.

Como tampoco el nivel de aceptación de un presidente que se achica día con día ante la opinión pública, da para atraer el respaldo de una amplia base social en lo que resta del sexenio para instrumentar esta nueva escalada neoliberal. Agudizándose la no correspondencia entre propósitos económicos y  política política.

Economía y sucesión en Veracruz

Así, esta nueva figura “nunca intentada en México” a decir de Luís Videgaray, para el caso de Veracruz será un elemento más a considerar en el proceso de sucesión en la gubernatura del estado,  dentro del marco de propósitos y objetivos neoliberales convenidos en el llamado “pacto por México”. Partidos y aspirantes a candidatos tendrán que conjugar economía política, economía y finanzas públicas, con la política política en un terreno para ellos inédito, atendiendo a:

  • ¿Qué fortalezas tiene y puede ofrecer Veracruz para ser incluído en el novedoso esquema de zonas económicas especiales?  
  • ¿Cuáles son sus ventajas regionales comparativas frente a otras entidades federativas que hagan merecedor a Veracruz a ser considerado en el nuevo orden de prioridades? 
  • ¿El sector primario arrastrando una agroindustria azucarera obsoleta y antieconómica? 
  • ¿La pequeña y mediana industria de transformación, descapitalizada, estancada y de espaldas a la innovación tecnológica? 

 Estas interrogantes, entre otras, que no sólo deben hacerse los aspirantes al mini gobierno de dos años, también la sociedad en su conjunto para ubicarse dentro o fuera de esta escalada neoliberal, habida cuenta de que, por decir lo menos, Veracruz atraviesa por una etapa de postración económica en la que ni productivismo ni asistencialismo en el medio rural y urbano, son respuesta exitosa a la problemática toral hasta hoy ignorada por un gobierno estatal fallido, hiperendeudado, y que día con día languidece víctima de sus propias contradicciones.

Hojas que se lleva el viento

Tanta es la opacidad y ausencia de información puntual y contundente, y tantos son los dimes y diretes y especulación poco sustentada en el tema permanentemente reciclado de la deuda pública de Veracruz que,  resumiendo, en el imaginario colectivo sólo queda  la percepción de que habiendo gato encerrado, lo que se sabe es que no se sabe nada, por lo que la cifra valedera es la mayor manejada mediáticamente. De todos modos, más o menos deuda, será la sociedad en su conjunto la que hoy, mañana o pasado mañana, pague los platos rotos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Esto de sumarse a la especulación y a los dimes y diretes que ocupa a los círculos políticos y medios de comunicación en torno a la sucesión del gobernador fallido en Veracruz, tiene su chiste, el secreto, a decir de los que conocen del paño, está en hacer coincidir el mensaje de nuestra particular bola de cristal con lo que la audiencia quiere escuchar, que al fin y al cabo en materia electoral todo cabe en un jarrito.

Quedando ampliamente demostrado que en el juego de adivinanzas, cualquiera puede participar sin temor a equivocarse, o todo lo contrario, pues siempre existe la opción de corregir, bien sea por un oportuno cambio de camiseta o bien, porque la audiencia giró 180 grados en sus preferencias…

Como también esta más que demostrado que una opinión favorable o adversa, para los aspirantes que sueñan con alcanzar la candidatura que les permitirá contender por la gubernatura de dos, cinco o seis años, según el caso, ni les va ni les viene. La especulación de aquí o de acullá les resbala. Estos ya tienen definida aspiración, estrategia, discurso, parafernalia y un buen de votos duros; salvo una verdadera catástrofe, no están dispuestos a enmendar la plana porque fulanito o zutanito en sus elucubraciones se orinara dentro o fuera del bacín en un legítimo intento por quedar bien con la audiencia, con el aspirante de su preferencia, o con el que paga dado el caso, como suele suceder en el aldeano quehacer periodístico.

Para el opinador, profesional o amateur, lo que cuenta es participar que por cierto, no cuesta; haciendo gala de más o menos un barniz de cultura política o, como dice un laureado columnista a sus inteligentes lectores, sabiendo conjugar el verbo en pluscuamperfecto para que el garabato guarde congruencia con artículo, adjetivo, adverbio y demás monsergas gramaticales que en los tiempos que corren ya están en franco desuso. Audacia es el juego y participar opinando en futuro perfecto es el contexto. El papel aguanta todo, audiencia y aspirantes a un cargo de elección popular también.

Tras esta brevísima introducción, en este escenario quiero decir a mis cuatro lectores (uno a favor y tres en contra) que tienen la suficiente paciencia para seguir generosamente mis maquinazos, que quien aquí especula al incursionar fuera de lo ortodoxo de la opinión generalizada de los profesionales, no necesariamente orinaba fuera del tiesto en textos anteriormente publicados, afirmando que la sucesión estaría determinada por el interés del Sr. Peña en consolidar y hacer trascender sus llamadas “reformas estructurales” –que a mi juicio no son tales sino simples recetas dictadas por los organismos financieros internacionales-, en un proyecto transexenal neoliberal, privatizador y empobrecedor. Ni compadres ni padrinazgos, tendrán cabida fuera de este propósito.

La cruda y amarga realidad presente, habla por sí misma. La designación antidemocrática de presidentes del CEN tanto del PRI como del PAN y seguramente del PRD que está por definirse, confirma que el llamado “Pacto por México” signado por el Sr. Peña y las principales fuerzas electorales de la derecha, sigue vivito y coleando. Las declaraciones cupulares de Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Anaya cerrando filas en torno al presidente y sus “reformas” neoliberales para evitar el retorno en 2018 del populismo de Estado, no tienen desperdicio. Sin medias tintas de por medio, claro y contundente el mensaje partidocrático dice al pueblo de México que contra todo, contra todos los que se opongan y a cualquier costo, el país seguirá transitando por el sendero neoliberal.

Más claro ni el agua de antaño, cristalina y potable. Las próximas elecciones de gobernadores deberán sujetarse al dictado del “Pacto por México”.

O se está con la fórmula presidencial o se está en contra y, en esta tesitura, la designación de candidatos del PRIAN y satélites, responderá a lo que más convenga al proyecto transexenal del poder real, representado formalmente en el gobierno por el Sr. Peña.

Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Anaya, serán los que en nombre del Sr. de Los Pinos dirán la última palabra en sus respectivos ámbitos partidistas. No pueden ni deben equivocarse al reagrupar el rebaño, el horno no está para bollos en un país que al borde del desastre día con día se le achica lo mismo el precio del petróleo que el presidente.

Lo paradójico es que en el caso del PRI el populismo al que se pretende combatir es la argamasa que da sustento al dinosaurio redivivo. Luego la búsqueda de la unidad en el seno del tricolor y en torno a Peña y sus reformas, será interna y de franco enfrentamiento a la dinámica inercial del asistencialismo populista y demagógico practicado por décadas. Lo que de antemano obliga a pensar que de aquí para adelante, el discurso proselitista ofreciendo y prometiendo el oro y el moro al ya volátil voto duro, entrará en franca contradicción con el propósito de unidad de un PRI que le apuesta por mandato presidencial a dejar atrás la sana distancia con quien manda en Los Pinos.

Y es en este marco en el que nos atrevemos a reiterar sin temor a equivocarnos, que por lo que toca a Veracruz, los candidatos del PRI y PAN-PRD, serán aquellos que más se identifiquen y comprometan con el proyecto peñista, al margen de padrinazgos y compadrazgos. Certeza que por cierto nos lleva a pensar que el deteriorado gobernador fallido no tocará baranda a la hora de proponer, votar o vetar, habida cuenta de que su pésimo desempeño cual cero a la izquierda, no abona nada a favor de los propósitos peñistas.

De ahí que será la tónica, intencionalidad y nivel de compromiso con las llamadas reformas estructurales del discurso, la que, para el mirón de palo en que nos ha transformado la democracia representativa simulada, sea la mejor señal de quien será el candidato de Peña Nieto-Beltrones, o de Peña Nieto-Anaya, para el mini gobierno de dos años en Veracruz en el 2016, esto como anticipo de lo que viene en el 2018.

Si nos equivocamos, no hay purrum, decía mi maestro de lenguas muertas. De eso se trata el pitorreo y especulación como sustento de la política como deporte estatal. Si la audacia es el juego en un juego arbitrado por la partidocracia y cuyo resultado final será dictado desde la cúpula de la pirámide, nuestros cuatro lectores no podrán echarnos en cara que le sacamos el bulto a opinar sobre una contienda electoral en la que como buenos ciudadanos de a pie, conjugando el verbo en pasado, presente o futuro, todos resultamos perdedores.

Hojas que se lleva el viento

El economista y político Rafael Árias insinúa que en materia electoral, todo es posible y, entre lo posible, el que una mujer, independientemente del partido que le postule, pudiera alzarse con la mini gubernatura de dos años en la entidad. El argumento, a mi juicio válido, es que las féminas de todas las clases sociales son mayoría en una sociedad regida por usos y costumbres machistas. No se puede hacer de lado que esta mayoría es cada vez más participativa, más preparada, más congruente entre lo que piensa, dice y hace en la vida pública o privada, e indudablemente mas consciente de la necesidad de enfrentar una terca realidad real cuyo mayor impacto social y económico se refleja en el creciente empobrecimiento de la familia y carencia de oportunidades para los hijos.

Lástima Margarito, le diría el clásico al maestro Árias. Las reglas del juego electoral diseñadas por una añeja partidocracia obsoleta, discriminatoria y excluyente sólo contemplan la inclusión de la mujer en actos simulados, como queda claro en la designación cupular de la Secretaría del CEN del PRI para los próximos años. Flor de ornato, diría la abuela.

Xalapa, Ver., agosto 19 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce
Esto no se acaba hasta que se acaba, suele afirmarse en las confrontaciones deportivas. Bueno, también el sentido común en el imaginario colectivo tiene aplicación en la vida política de un Estado-nación como México o en una entidad federativa y, para el caso de la veracruzana, nunca como hoy día cobra plena vigencia., el gobierno de Javier Duarte cae dentro de esta tesitura: El silbato de la indignación y hartazgo social dio término al encuentro. ¡Esto ya se acabó! Y a otra cosa mariposa.

Por donde se le quiera ver, sectorial o regionalmente, el sexenio en curso llegó anticipadamente a su fin. Agotado hasta sus últimas consecuencias, la pérdida de autoridad moral, política, financiera, económica, y social, así como ineptitud evidente, rebasó toda expectativa de credibilidad y confianza en un gobierno a todas luces fallido.

Nada que justifique el optimismo obligado de un Flavino Ríos, secretario de gobierno, se contempla para lo que falta en el 2015 y el sexto y último año de mandato constitucional de Javier Duarte “Aún hay tiempo”, para enderezar la nave, afirmara el funcionario público y político sureño, ante un nutrido grupo de propietarios de medios de comunicación, columnistas y algunos reporteros.

Mucho menos el optimismo de algunos sectores veracruzanos de clase media, que imbuidos más por el interés coyuntural que por honesta convicción, aún confían, primero, que el gobierno duartista pague lo que debe y, en segundo término, el cifrar esperanzas en torno a una posibilidad real de que la administración pública estatal les resarza el status económico y social perdido.

Y aún hay más, el optimismo sin sustento de los ingenuos que consideran que con abundancia de críticos y manidos señalamientos y denuncias mediáticas, corrupción impune cederá el paso a la justicia enjuiciando y encarcelando a los responsables de saqueo y desastre.

Lo perdido, perdido está, no hay vuelta de hoja. Así se colmen las cárceles de servidores públicos saqueadores, los miles de millones de pesos “extraviados”, no regresarán a las arcas públicas ni el aparato productivo se resarcirá de las pérdidas y, mucho menos, los veracruzanos mejorarán en sus condiciones de vida. Más de 10 años de saqueo inmisericorde, malos gobiernos y un aparato productivo dejado a su suerte, pesan y pesan mucho en un proceso casi irreversible de deterioro de un tejido social puesto a mansalva entre la espada y la pared.

No hay nada positivo que en lo que resta del sexenio duartista pudiera esperarse. Haciendo agua por doquier, ya se acabó.

Lo que sigue es el rescate de un Veracruz en ruinas y éste, si es que existe la disposición de afrontarlo con seriedad, Cabría entonces pensar, no sin cierto escepticismo, que en el mini gobierno de dos años, cuando menos se sienten las bases para recuperar si no las pérdidas, cuando menos el rumbo perdido. Lo cual, a mi también ya desgastado juicio y como dicen en mi pueblo, no es enchílame otra.

El contexto.

Y no es enchílame otra porque a su vez Veracruz está inserto en una realidad nacional en la que el modelo económico, social y político neoliberal que impulsa el Sr. Peña, más que como aspiración impuesta a un nuevo orden de cosas en el que las leyes del mercado se impongan por sobre la fuerza del Estado presuntamente en beneficio del bien común, se reduce a más saqueo, más corrupción y más impunidad.

Si la reforma energética, estimaran los tecnócratas aprendices de brujo -intereses norteamericanos aparte-, abriría el camino para la consolidación del modelo neoliberal, la realidad inercial del saqueo como paradigma de Estado, impone otra cosa: el obsequio de los recursos estratégicos de México al capital privado, doméstico e internacional; ampliando las oportunidades de corrupción, impunidad, enriquecimiento y acumulación individual para unos cuantos connacionales en detrimento de millones de mexicanos ahora sumidos en desigualdad, pobreza y pobreza extrema.

El mal es nacional y no es menor y en ello va implícito el agotamiento de un régimen político vigente, sin legitimidad democrática, credibilidad y confianza. Expresándose lo mismo en el desastre multidimensional veracruzano, que en una iniciativa privada sin iniciativa que, en la entidad, marcha sin visión de futuro a la zaga de una clase política aldeana ineficiente y corrupta.

Bajo este esquema imperante como contexto, nada que ofrecer a los veracruzanos para un auténtico rescate. Desigualdad, pobreza y miseria extrema, es lo que se aprecia en el horizonte inmediato y, en este panorama, miente todo aquel político que con aspiración a gobernar a la entidad, afirme con desparpajo que va a sacar al buey de la barranca.

Ni honestidad, ni preparación y capacidad que valga, parece suficiente para que un gobernador de dos años revierta la tendencia dominante. Con mayor razón, si no se está dispuesto a enfrentar al toro por los cuernos aceptando tanto la realidad real dominante como la ingente necesidad de reconstruir el aparato administrativo gubernamental y crear condiciones para una reordenación y reconversión del aparato productivo estatal, hoy por hoy obsoleto y agotado, al que irían aparejadas políticas públicas incluyentes de generación de empleos remunerativos, fortalecimiento del mercado interno y un auténtico combate desde sus causas últimas a desigualdad y pobreza. Lo cual no se vislumbra en un discurso que elude reconocer que por sobre la racionalidad económica y social que se pretende alcanzar con el proyecto de país del peñismo, objetivamente se impone la cultura del saqueo y la simulación como paradigma de Estado.

Así que ni para donde hacerse. Dejar hacer, dejar pasar; más de lo mismo hasta donde el cuerpo social aguante, para una sociedad que, a su vez, elude el compromiso de poner un alto a la corrupción impune. La dinámica de la inercia marcada por el interés coyuntural individual de sobrevivencia, opone una muralla de complicidad a la búsqueda del bien común.

Lo único que queda para quien quiera asumir que hay otras alternativas, es la resistencia del nosotros ante el avasallamiento del yo sistémico… O poner en silencio la otra mejilla.

Hojas que se lleva el viento

Mecánicamente se piensa que con la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del CEN del PRI, está asegurada la candidatura del senador Héctor Yunes Landa a la minigubernatura de Veracruz. Sin siquiera percibir que lo que en estos momentos cuenta no es el padrinazgo político sino la necesidad de un régimen en crisis de frenar su propia debacle. El país conducido por un grupo de tecnócratas neoliberales vinculado a intereses capitalistas creados, internos y externos, se le escurre entre las manos a un Sr. Peña Nieto que no ha contado con el necesario respaldo del partido gobernante, y que de hecho acepta el propio Beltrones al afirmar que la sana distancia entre el partido y el presidente no ha funcionado.

Y así es en efecto, el PRI no ha sido funcionalmente útil en la tarea de administrar el conflicto resultante de la confrontación de propósitos neoliberales modernizantes con una dinámica inercial del peso histórico de una sociedad liberal, construida con parches socializantes fruto de la Revolución Mexicana. De ahí que para solventar el déficit de control, confianza y credibilidad, el peñismo para sobrevivir tenga que recurrir a lo más rancio del priísmo salinista, “la vieja guardia de la mafia institucional”.

“Seré un presidente cercano al presidente”, afirma Manlio Fabio, interpretando esa necesidad del peñismo y, eso, como mensaje a quien quiera ponerse el saco en Veracruz, es jerarquizar como prioridad a una política política que sirva tanto a la necesidad de fortalecer al deteriorado gobierno peñista en la coyuntura, como el construir un valladar estratégico que con eficacia se oponga en el 2018 a la “amenaza populista” de López Obrador para asegurar la continuidad del proyecto de modelo de país en curso. A esta necesidad se deberá la designación del candidato priísta idoneo y no al compromiso amical entre compadres.

Necesidad a la que, por cierto, deberá poner atención una izquierda responsable para adecuarse a los nuevos tiempos.

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Y para que no haya duda de que la impunidad en México no tiene retorno, el INE declara que violar la ley no es suficiente para privar de su registro al partido verde, poniendo en evidencia la existencia de un estado de derecho a modo y conveniencia del presidente en turno. La ley de Herodes es la constante.

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Con el número 312 fechado el 12 de agosto del año en curso, el Semanario Pulso Crítico cumplirá 6 años ininterrumpidos incursionando en la Red de Redes. Fruto de un esfuerzo periodístico alternativo y ciudadano de quien esto escribe, ha dejado constancia de que si se puede cuando se quiere en el ejercicio de la libertad de expresión, decir sin ataduras y en el filo de la navaja lo que se piensa, gracias a los amplios canales de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación puestos al alcance de todos. En estos días aciagos el riesgo es alto pero vale la pena intentarlo, peor sería para un ciudadano de a pie, el cargar con el silencio cómplice que doblega y atenta contra la libertad de la palabra.

Xalapa, Ver., 9 de agosto de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Reflexión coyuntural: En la política la fidelidad tiene un altísimo costo personal y colectivo. Veracruz lo está viviendo en carne propia.

Metiendo baza en la telaraña de especulaciones y adivinanzas en torno a la sucesión del Sr. Duarte de Ochoa en el 2016, en mi maquinazo anterior ( La sucesión. Especular es el juego)  consideré como determinante, en la designación de candidato viable, el mayor o menor acercamiento y compromiso con el proyecto neoliberal que en el país impulsa el Sr. Peña Nieto. Esto referido a los partidos signatarios del llamado “Pacto por México” y en específico al PRI y al PAN, e implícitamente aunque no se mencionan, a los satelites subordinados. 

Uno de mis contados lectores, me hace la observación de que en la contienda también cuenta la participación  de la autollamada izquierda. en el juego electoral, luego no se puede ignorar.  

Indudablemente tiene razón, no obstante, mi apreciación gira en torno a los “adelantados” que, de motu propio se han lanzado al ruedo  o bien, mediáticamente señalados como aspirantes a la minigubernatura de 2 años. Y entre estos, aún no figura ningún “madrugador” que pudiere ser respaldado por los partidos de la izquierda electoral. En la inteligencia de que el PRD no entraría en esta denominación, ya que se auto descalifica en tanto se ha alineado a la derecha con el proyecto neoliberal peñista. 

Por lo que, a mi juicio, estaríamos refiriéndonos a Morena, Movimiento Ciudadano y, si acaso, al Partido del Trabajo -en vías de perder su registro-. Institutos políticos que aún no dan color sobre la posibilidad o no de una alianza formal o de facto,  nominando a un candidato único, o si se inclinan con ir solos a la elección como en su momento lo ha considerado Andrés Manuel López Obrador. 

Guardando un mínimo de congruencia, tanto Morena como Movimiento ciudadano, ambos opositores al proyecto trasexenal de Peña Nieto, solos o en alianza, en su momento tendrían que optar por un candidato afín a su carácter opositor. No sin antes sopesar que la única forma de competir con relativo éxito en la contienda, es mediante una alianza táctica en el 2016 con vías a otra, de carácter estratégico y a nivel nacional con vías a la sucesión presidencial en el 2018.  

En el marco de este supuesto, nadie de la llamada izquierda tempraneramente ha dicho esta boca es mía, independientemente de si aspiran o no a competir por la candidatura al gobierno de Veracruz. Empero, si de especular se trata,  mediáticamente se ha insinuado que la diputada federal electa por el Distrito de Coatzacoalcos, Rocío Nahle García, podría ser nominada por Morena, habida cuenta no solo de su cercanía con Andrés Manuel, sino también por su destacado papel en el Movimiento que encabezado por  el tabasqueño se aplicó en la defensa del petróleo y Soberanía Nacional en contra del proyecto privatizador que, como “reforma energética estructural”, aprobara por mayoriteo el Congreso de la Unión.

Norma Rocío Nahle García, Ingeniero Químico con especialidad en Petroquímica. y con un amplio currículum tanto en el tema energético como en el campo de la lucha social que le respalda, por acuerdo del grupo parlamentario de su partido, coordinará la bancada lopezobradorista en la LXIII Legislatura.

Cabe señalar que la diputada electa también mantiene una estrecha relación de amistad y compañerismo con la dirigencia nacional tanto de de Movimiento Ciudadano como del PT. Lo que le coloca en la tesitura de aspirar a la candidatura común de una posible alianza, aunque por ahora lejana, Morena-MC.

Fuera de Norma Rocío Nahale García, no se vislumbra en Veracruz otro personaje con tamaños suficientes para dar la pelea en contra del proyecto neoliberal, privatizador y empobrecedor de Peña Nieto y los partidos que le respaldan. Si así se dieran las cosas, la ingeniero participaría en un proceso polarizado en el que estaría en juego el destino próximo de un Veracruz que exige rescate y nuevo rumbo.

¿Qué tanto pese en la contienda veracruzana el peso específico del liderazgo social y político de López Obrador, para que la presumiblemente candidata al gobierno de dos años, competitivamente pueda dar paso a la alternancia? Eso estaría por verse, empero no hay que echar en saco roto que los veracruzanos ya no quieren más queso, sino salir –literalmente- de la ratonera.

Igual cabría la misma pregunta, referida a Dante Delgado y en relación a Movimiento Ciudadano, si capitalizando la experiencia recien vivida en Jalisco, se aplica con seriedad, coherencia y congruencia en la entidad veracruzana.

Los plazos se acortan y los aspirantes del PRI a diferencia de Nahale García, ya llevan un largo camino andado. El tiempo nos dirá si la o los candidatos de la izquierda electoral acortan la distancia.

Por lo pronto no se puede ignorar que el propio Peña Nieto ya deslindo el campo electoral: neoliberalismo a ultranza, o “la amenaza que representa el populismo”, en referencia a López Obrador, Morena un nuevo proyecto de Nación.

Este deslinde, a mi juicio, sería el marco de referencia para la contienda del 2016 y 2018 entre el PRI-AN y la autollamada izquierda electoral. Lo mismo podría decirse para la masa nacional y estatal de electores que, por ahora, solo jugando el papel de mirones de palo tiene ante sí la disyuntiva del más de lo mismo o correr el riesgo de un auténtico cambio de rumbo.

Como tampoco se puede ignorar que las circunstancias coyunturales modifican todo escenario previsible. De la semana anterior al día de hoy, con la amplia repercusión nacional e internacional de ejecución de 5 jóvenes en la ciudad de México, entre los que se encuentra un reportero grafico, así como una activista de la Universidad Veracruzana, los nomios actúan de manera determinante en contra del partido gobernante, vetando, de facto, toda posibilidad de que el gobernador Duarte de Ochoa pueda influir en su sucesión.

Quiero dejar constancia de que se especula en torno a la designación de candidatos, la elección de gobernador es otro cantar y la decisión última residirá en el Poder Judicial de la Federación.

Hojas que se lleva el viento

Sin proponérselo, el legítimo movimiento de indignación pública, solidaridad, protesta y exigencia de justicia en torno al asesinato del periodista Rubén Espinosa, la activista de la UV, Nadia Vera y 3 mujeres más, contribuyen como un distractor que aleja a la población del interés por los problemas torales de orden económico, financiero y de deterioro del tejidos social, que tienen postrada a la entidad. El peso del bombardeo de la prensa nacional e internacional se deja sentir con toda intensidad, reflejando la pérdida de aceptación y confianza en las autoridades. El ya basta de periodistas y activistas asesinados, se generaliza alimentando la sensación de inseguridad y actuando como catalizador del descontento y hartazgo social.

Sea cual fuere el resultado de la investigación y sanción a quien o quienes resulten responsables del artero crimen, lo cierto es que en el imaginario colectivo la percepción tiene peso y consecuencias políticas. El que pega primero pega dos veces y, en este penoso y condenable suceso, en Veracruz las redes sociales llevan ventaja exhibiendo la autocensura en la mayoría de la prensa estatal, en detrimento de la credibilidad en autoridades y medios locales de comunicación. El gobernador veracruzano está en la picota pública nacional e internacional y el silencio pagado no es su mejor defensa.

Desde estas líneas nuestra solidaridad con el gremio periodístico y nuestro sentido pésame a familiares y amigos cercanos de Rubén Espinoza y Nadia Vera, haciendo votos porque de una vez por todas se frene el clima de violencia y atentados contra la libertad de expresión que se deja sentir sobre comunicadores, activistas y líderes sociales veracruzanos.- Xalapa, Ver., agosto 5 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la reunión del priísmo nacional con el presidente Peña, el mandatario se pronunció en contra de los “adelantados”, manifestando que ““Hoy no hay espacios para proyectos personales. No obstante que algunos se adelantan al calendario electoral de 2018, para los priistas son tiempos de trabajar.” Esto en el contexto de la sucesión presidencial y en la necesidad de que se mantenga la unidad partidista en torno a las tareas que exige el aterrizar las llamadas reformas estructurales, pero también con el objetivo de recuperar en un esfuerzo concentrado, credibilidad y confianza en la acción de gobierno.

Para el caso de Veracruz, el contexto dentro del cual se da la sucesión del titular del ejecutivo es otro, respondiendo a tiempos electorales diferentes. Y aunque guarda relación con el proceso electoral del 2018, la elección del 2016 en la entidad atiende a circunstancias coyunturales locales muy específicas en las que pareciera no cabe el llamado presidencial a frenar aspiraciones tempraneras, dejando en libertad al gobernador Duarte de Ochoa de diseñar y operar sus propias estrategias para lograr una sucesión afín a intereses y propósitos del gobierno estatal y del propio partido gobernante.

Pienso que el Sr. Duarte así lo entiende y esta es a mi juicio la razón por la que, lejos de frenar aspiraciones tempranas, las auspicia y alienta, incluso en aquellos aspirantes ajenos al PRI para dar a los veracruzanos un mayor número de opciones electorales siguiendo la tónica de la reciente elección de diputados federales. Y, por lo que al PRI toca en lo específico, el que a mayor número de aspirantes más rico sea el rejuego en un proceso de selección en el que el más apto y más competido pueda ser el elegido como candidato a la gubernatura.

Decir que esta estrategia en lo local se contradice con el llamado presidencial, ya que lejos de fortalecer unidad genera dispersión, polarización y fuego amigo al interior del priísmo estatal, considero no es procedente; el PRI de antemano se sabe nunca está unido en las preliminares y cierra filas en las definitivas. A más de que también es público y sabido que en la coyuntura actual lo que menos priva en el partido tricolor es la unidad en torno al gobierno duartista. Luego lo que cabe es manos libres para todos los aspirantes aunque el piso de despegue sea diferenciado, más como distractor que como hándicap electoral.

Y en esas estamos, muchos son los llamados y uno solo será el escogido. El más audaz, el más preparado, el más competitivo, y el que mayores amarres tenga y consolide en el inevitable padrinazgo oficial y extraoficial.

Hay luz verde pues desde palacio, y la estampida de los búfalos se deja sentir con toda intensidad lo mismo en las cuadras priístas que en las de sus opositores. De aquí para adelante el que tenga más saliva tragará más pinole, sin perder de vista que no necesariamente el elegido será el que mayores y mejores atributos acumule, sino el que sea congruente con la estrategia trasexenal y modelo de país no del gobernador, sino del señor de las reformas estructurales que despacha en Los Pinos.

Y aquí es donde habría que poner atención en lo que se debe entender por más audaz, más capaz, más preparado y más competitivo, y a quién corresponde el calificar tales virtudes. Querámoslo o no, el llamado presidencial en el contexto del 2018, cobra entonces vigencia para el 2016 en una entidad que destaca por contar con la tercera fuerza electoral del país.

Para los intereses concretos de hombres y mujeres de a pie –si es que a estos pudiera interesarles-, el bombardeo mediático, el baño de pueblo y la parafernalia a la vieja usanza no es necesariamente la señal de quién podría ser el próximo gobernador, sino que ésta surgiría de la temática, contenido y énfasis del discurso proselitista. Lo que está en juego es la continuidad y consolidación del proyecto neoliberal del Sr. Peña y, a la búsqueda de este objetivo tendrán que avocarse todos y cada uno de los gobernadores vigentes en el 2018. Qué o no convenga a México es otro cantar.

Entre la pléyade de aspirantes los hay de diferentes tamaños y, de entre estos, los de mayor estatura indudablemente ninguno milita en la cuadra duartista aunque así se quiera aparentar. Mucho menos el que la mayoría este a la altura del objetivo de Peña Nieto para el 2018. Luego, sin mayor esfuerzo, debe entenderse que las posibilidades al interior del PRI apuntan a los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Linares y, quizá, en los terrenos de la oposición, al diputado federal panista Juan Bueno Torio si consideramos los servicios que éste ha prestado en el terreno de los grandes temas de interés nacional, en los que el PRI y el PAN juegan en la misma cancha.

Seguramente el gobernador lo sabe y de ahí su presunto respaldo al senador Héctor Yunes Landa, como el más idoneo para conciliar los intereses locales representados por su gobierno y los de Peña Nieto en el ámbito nacional. Como sabría seguramente también que el senador Yunes Zorrilla sacrificaría el interés político local en aras de la continuidad y consolidación del proyecto peñista, aún a costa de dejar mal parada a la actual administración estatal como ya se observa.

Es al PRI y a su militancia en la entidad, a quien toca en teoría decidir si se inclina por el candidato del duartismo o por el de Peña Nieto. Lo cierto es que más allá del marco teórico, pragmáticamente el peso específico del presidencialismo siendo mayor que los intereses creados locales, será el que diga la última palabra. El gobernador debería saberlo y sopesarlo, así que las “manos libres” para los aspirantes tiene un límite: no contrariarse con el proyecto peñista. Y en este supuesto, una cosa es el discurso de dientes para afuera exaltando el quehacer político y gubernamental del presidente y otra, muy distinta, es el compromiso real de respaldar el proyecto neoliberal en curso. El mensaje es claro: “Hoy no hay espacios para proyectos personales”. A los priístas y no priístas, tocaría identificar quien es el aspirante que realmente convendría a la cúpula priísta estatal a la hora de la definición.

Aunque no puede olvidarse que las circunstancias responden a coyunturas concretas. Lo que es hoy no necesariamente será mañana, pudiendo suceder imponderables no considerados, cambiando totalmente el panorama. El tiempo y la profundización de la crisis por la que atraviesa el mundo y México en particular, lo dirán.

Por lo pronto, para la mayoría de la población hay asuntos más urgentes y de mayor relevancia por atender, que perder tiempo cifrando esperanzas en una sucesión a la veracruzana que no sacará al buey de la barranca.

Hojas que se lleva el viento

Habiendo reconocido la magnitud de la pobreza en México y su incidencia en el crecimiento, el presidente Peña tiene ante sí el reto estructural más importante del Estado y, por lo consiguiente, los gobernadores son corresponsables en la tarea. Para el empresariado mexicano, el abatir el flagelo estructural requerirá de 200 años al paso que va la economía nacional. La pregunta para quienes aspirar a gobernar a Veracruz: ¿Cómo, en dos años que operativamente se reducen a 14 meses escasos, se revertiría la tendencia negativa?

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Mediáticamente la capital veracruzana se recupera de su postración gracias al buen gobierno del alcalde Américo Zúñiga. La realidad desmiente este optimista visión, Xalapa va de mal en peor lo mismo en infraestructura urbana que en servicios públicos y calidad de vida de sus habitantes. No hay inversión productiva, no hay empleo, la economía informal crece, los problemas de recoja de basura, vialidad y transporte público no se resuelven y en el caso de quienes cuentan con trabajo remunerado el salario es insuficiente para sostener una vida familiar digna. Cuestión de enfoques.

Xalapa, Ver., julio 29 de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Conforme se incrementa la profundidad de la crisis por la que atraviesa Veracruz, nadie parece estar interesado en mover un dedo para amainar la debacle económica, deterioro del tejido social y miseria política. La sociedad pareciera haber bajado la guardia, impotente para no solamente frenar la crisis, sino también para vislumbrar nuevos y más amplios derroteros. Adormilada por la machacona idea de que aquí no pasa nada, deja hacer, deja pasar, esperando que la realidad cambie por sí misma.

El valemadrismo y simulación de una administración pública corrupta, impune y financieramente desfondada, de tanto promocionarse pareciera haber contagiado a la mayoría de la población del síndrome de indiferencia frente a una realidad que tocando cotidianamente a la puerta de las familias, se anuncia como algo que llegó para quedarse.

El descontento, hartazgo y desánimo en el imaginario colectivo, lejos de canalizarse en la búsqueda de mejores y más amplios caminos para alcanzar crecimiento y desarrollo, provoca un impasse perverso en la vida social y económica de la entidad. La sociedad, impotente frente a una realidad que aún percibiéndola no se atreve a enfrentarle, acepta el más de lo mismo como si no existiera salida alguna a una crisis que habiendo tocado fondo, se revuelve y se agiganta en medio del valemadrismo.

Y es en este punto muerto en el que perdida capacidad de indignación y de reacción, la sociedad veracruzana cual mirón de palo haciendo como que la virgen le habla, deja hacer sin mayor reparo a la llamada clase política que, a sus anchas, se despacha con la cuchara grande socavando la incipiente democracia a la que como forma de vida aspiramos.

Resignación. No hay nada que se pueda hacer para enmendar lo hecho. Sólo queda cifrar esperanzas en el relevo gubernamental, con más fe ciega que convicción de que con el cambio de estafeta en la gubernatura, habrán de resolverse por sí mismo los problemas que hoy aquejan a la entidad veracruzana. Falsa ilusión, la crisis es tal y en todos los ámbitos que la oferta política de los adelantados se siembra en tierra infértil.

El contexto más general dentro del cual se da la crisis multidimensional de una entidad federativa que mereciera mejor destino, sin la participación responsable y consecuente de la población hace nugatorio todo intento por enmendar la plana. No es Veracruz, es el todo nacional que gravitando en torno a un modelo de país empobrecededor, responde más a las propuestas sistémicas del capitalismo salvaje internacional que a las necesidades concretas de impotentes mayorías.

El impasse es general. Ni para atrás ni para adelante, todo está estancado en el afán neoliberal de un Peña Nieto que cifra esperanzas de progreso en presuntas reformas que chocan con la terca realidad. De cara al mundo, más desanimo y más pobreza, es la constante.

La gente lo percibe e impotente frente a una realidad que le supera, opta por el camino facil de la indiferencia, profundizando el divorcio entre población y gobierno, auspiciando la respuesta individualista: que cada quién se rasque con sus propias uñas. Mientras no falte el pan en mi mesa, el sufrimiento ajeno me vale, el Sr. Peña y sus aprendices de brujo bien pueden hacer y deshacer.

Así, el discurso, como la parafernalia al estilo de los viejos tiempos no logra penetrar la coraza de indiferencia de una sociedad dormida. Anclada en el más de lo mismo como expectativa presente y futura, la mayoría de incipientes ciudadanos, deja hacer, deja pasar, sin esperar nada que no sea un milagro. Y en ese punto muerto, para beneplácito del gobernador fallido, el más de lo mismo de la clase política, con el respaldo de la mayoría de los medios de comunicación, actúa como eficaz distractor librándole de la picota pública. El poner nuevamente en escena el combate a muerte entre los Yunes buenos y los Yunes malos en una grosera campaña proselitista adelantada de quienes aspiran a sucederle, libra al Sr. Duarte de Ochoa de dar la cara como único responsable de entuerto tras entuerto en una entidad federativa que arrastrando la cobija .no encuentra rumbo ni destino cierto.

El no pasa nada y el valemadrismo de una administración pública desfondada, en medio del cochinero político se retroalimenta, agudizando los efectos de una crisis que no se resolverá con una gubernatura de dos años. De perdida lo que aparezca y lo que se nos oferta políticamente en Veracruz, marcha en tal tesitura. Nada en los adelantados indica posibilidad de cambio real, ampliando los terrenos del desanimo e indiferencia. Voceros oficiosos de un modelo de país que no ofrece garantías de progreso, lo más destacado de un ejército de aspirantes a la gubernatura no tiene nada sólido que ofrecer.

Paradójicamente, el que se considera puntero en la justa adelantada, nos dice que el enemigo a vencer es la pobreza, cuidándose de no aclarar que ésta es consecuencia y no causa resultado del modelo privatizador y empobrecedor de un neoliberalismo que en el mundo entero está agotado. El paradigma es Peña Nieto y en su nombre se oferta más de lo mismo, retroalimentando indiferencia, así como profundización del divorcio entre las clases subordinadas y los administradores formales del poder fáctico real que vela por los intereses sistémicos del gran capital.

La correa de trasmisión que armoniza el interés común está rota. La política como expresión objetiva del régimen que en teoría los mexicanos nos hemos dado, está fracasando en el intento. La suma de las partes arrastra al todo y en ello Veracruz no es ajeno.

En esas estamos, México y Veracruz viviendo un perverso punto muerto. Ni la clase gobernante ni los gobernados, tienen asidero confiable para romper el círculo vicioso. Unos y otros en espera del milagro coyuntural que ilumine el camino.

Hojas que se lleva el viento

Entre lo nauseabundo del fango, algunas voces clasemediaras se levantan en Veracruz, apostándole al rescate. La fórmula: más de lo mismo con un candidato a la gubernatura de dos años que desde las filas del PRI se asuma como el Mesías salvador.- Xalapa, Ver., julio 24 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Yucatán, reza el sentido común que en noches sin luna no intentes recoger una piedra en el camino, podrías embarrarte los dedos.

Con apenas una votación a su favor del 13 por ciento de la lista nominal del electorado veracruzano con derecho a sufragar, el PRI ensoberbecido confronta a la mayoría ciudadana aprobando en el Congreso local cuanta ocurrencia propone el titular del poder ejecutivo.

Asumiéndose como mayoría con un triunfo pírrico obtenido el pasado 7 de junio, la primera minoría se siente con derecho y legitimidad, para aprobar al vapor un nuevo reglamento de tránsito, inconsulto y con serias contradicciones que, por principio no se corresponde con la realidad cultural y de infraestructura urbana de los veracruzanos, no educa y si castiga y reprime, a más de que es rechazado por la población por considerársele medida recaudatoria, y no respuesta al por más de diez años problema no resuelto de movilidad urbana en las principales ciudades de la entidad.

O el nuevo Código electoral, presuntamente destinado a homologar la legislación electoral estatal con la federal, pero que, de facto resulta ser una adecuación de las reglas del juego aprobadas en el 2012 a la estrategia duartista de la sucesión en 2016; poniéndole más piedritas en el camino a la aprobación de las candidaturas independientes, y facilitándose la creación de nuevos partidos políticos locales que contribuyan a la dispersión del voto con la intención de favorecer al partido gobernante.
Y ni se diga de las iniciativas de reformas a las disposiciones legales en materia de salud pública y Código Penal, que habrá de aprobarse por mayoriteo del tricolor en la Legislatura local, con las que sin aviso y consulta previa, la administración pública pretende abatir por decreto el alcoholismo entre los jóvenes.

Medidas todas estas que para el imaginario colectivo, constituyen políticas públicas autoritarias y recaudatorias que presuntamente contribuirían a alivianar las quebradas finanzas del gobierno duartista. Mismas que no se puede ni debe contextualizárseles al margen del tempranero proceso electoral sucesorio, como distractores auspiciadores de un falso debate en perjuicio de una discusión seria y a profundidad de la problemática que en todos los órdenes acusa Veracruz.

Con o sin reformas lo mismo al Código electoral que al penal o la ley de salud, los problemas de desigualdad, pobreza, desempleo, bajos salarios, inseguridad, analfabetismo, alcoholismo y, en general, deterioro del tejido social y estancamiento económico, persistirán en el tiempo a lo largo y ancho de la entidad, en tanto no exista voluntad política y honestidad intelectual para modificar el actual estado de cosas.

Basta con leer lo que a petición de parte publica el cada vez más estrecho círculo de texto servidores al servicio del fidelismo-duartismo, para percibir propósito e intención de desviar la atención, minimizando lo urgente y necesario para rescatar de su marasmo a Veracruz.

Ante la necesidad de un diagnóstico estatal y su consecuente modelo programático de rescate, mediáticamente se privilegia el intercambio de dimes y diretes sobre las reglas del juego electoral, vialidad urbana y freno a los tragos a deshoras en lugares públicos. Lo importante y urgente se minimiza y lo trivial se impone como distractor mediático en los tendidos.

Esto como frágil y sutil vestimenta que destaque mediaticamente la fortaleza y mano firme de un gobernador –fallido- que presuntamente debería entregar en su momento cuentas claras y un estado medianamente próspero a su sucesor, pero que ha fracasado en el intento.

Vana simulación. Lo que no se hizo y logro en cuatro años y medio de mal gobierno, no se espera se logre en seis meses escasos. Ni fortaleza, autoridad política y moral en quien gobierna, ni confianza y credibilidad en el partido gobernante, es expectativa válida en el ánimo de una sociedad lastimada y defraudada para lo que resta del sexenio duartista.

Manotazos autoritarios sobre el escritorio no substituyen buen gobierno, hay que tenerlo claro. El caprichoso autoritarismo fuera de lugar y de tiempo, mañana seguramente se revertirá. Alguien terminará por embarrarse los dedos si a pedradas se insiste en abatir desencanto, frustración y hartazgo.

Luego cabe entonces para los veracruzanos el tomar conciencia de la necesidad de cambio, partiendo de valorar responsablemente y a fondo el actual estado de cosas que priva en la entidad, para actuar en consecuencia en los años venideros; haciendo caso omiso de especulación, chismes, dime y diretes, legislación y políticas públicas controvertidas inscritas en la estrategia distractora duartista para alcanzar una sucesión tersa, que favorezca la continuidad del proyecto transexenal “Herrera-Borunda”. En pocas palabras, no irse con la finta prestándose a un juego sucesorio encaminado al repudiado más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

El senador José Francisco Yunes Zorrilla considera que Veracruz requiere de un gobernante decente. No teniendo cola que le pisen, salvo haberse disciplinado tomando partido a favor de las reformas privatizadoras presuntamente estructurales del Sr. Peña, su dicho le enaltece ante la audiencia. Sin embargo, estimo que no basta ser decente para bien gobernar a Veracruz. Las Méndez eran decentes, aflojaron y se las llevaron al baile. Otros atributos son indispensables, como el compromiso con el pueblo que elije, inteligencia, congruencia y honestidad intelectual para reconocer y aceptar explícitamente la realidad que hoy día se vive en la entidad; dejando claro sin tapujos ni demagogia, qué es posible rescatar y que no, comprometiéndose a un cambio verdadero en rumbo y destino en el que el abatimiento de desigualdad, pobreza, desempleo, entre otros lastres, tengan prioridad por sobre compromisos y pactos en lo oscurito, valores entendidos, disciplina partidaria y fe ciega en un modelo de país, neoliberal y privatizador que frena crecimiento económico y desarrollo humano.

Es exigible que una persona decente encabece un gobierno ajeno a la corrupción impune, pero la decencia a secas, no impide que se ofrezca más de lo que se puede cumplir, como hasta ahora se observa en quienes aspirando a la gubernatura de dos años, no paran mientes en comprometerse en todo y con todos para ganarse a un electorado que hoy por hoy ya no cree ni en los santos reyes. Con que ojos, mi querido tuerto, si las finanzas públicas están desfondadas, es lo primero en que se piensa al escuchar el manido discurso preñado de ofertas y promesas.

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Ya que en la capital veracruzana se pretende dar gato por liebre, sustituyendo un plan racional de vialidad urbana nunca concretado, con medidas coercitivas derivadas del reglamento estatal de transito ahora reformado, sería oportuno establecer el frente de la vivienda del alcalde Zúñiga Martínez como espacio reservado a talleres mecánicos, tianguis y mercados sobre ruedas, para alivianar la vialidad en nuestra ciudad. Y siguiendo con la misma tónica, asignar a las encueradas de los 400 pueblos el frente de la residencia de Elizabeth Morales en el fraccionamiento Monte Magno, para sus patéticas exhibiciones, librando al centro histórico de su repudiada presencia.-
Cd. Caucel, Yuc., 5 de julio de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

El sorpresivo triunfo electoral de Morena en Xalapa y Coatzacoalcos, tiene necesariamente que inscribirse para su análisis no sólo en la permanencia de Andrés Manuel López Obrador en el ánimo de los votantes, como factor nacional, y el trabajo pie a tierra, casi subterráneo, de los candidatos en un caldo de cultivo estatal de descontento y rechazo social, propicio para enfrentar con relativo éxito a sus adversarios. También y de manera determinante, en una coyuntura en la que tanto el PRI como el PAN en Veracruz subestimaron a Morena a la hora de seleccionar sus candidatos.

Sin menosprecio del triunfo con el que se estrena Morena en Veracruz o de sus candidatos, así como de la capacidad vigente de convocatoria del lópezobradorismo, otro gallo cantaría si los candidatos ganadores se hubieran enfrentado a adversarios de mayor nivel y presencia, que los hay, postulados por el PRI y el PAN. Luego no cabe ni triunfalismo ni el escuchar el falso canto mediático de las sirenas, y sí, con toda responsabilidad, hacer un balance de aciertos y errores, casilla por casilla en el mapa electoral de resultados en los distritos conquistados, aprendiendo de este primer ejercicio como Instituto Político con registro nacional.

Aceptando que la magra pero suficiente votación para salir airosos, no es la suma de un voto duro propio ni consecuencia de un trabajo electoral a fondo, sino fruto de circunstancias que le favorecieran. Aprender para crecer en el marco adverso de unas reglas del juego dispuestas para obstaculizar y frenar electoralmente, a una oposición consecuente que refleje malestar, rechazo y resistencia de amplios sectores de una sociedad que, exigiendo un cambio auténtico del régimen político vigente, le apuestan a nuevas alternativas para avanzar.

Aprender de los errores y aciertos propios, pero también los de sus adversarios, su estrategia y su maquinaria electoral construida a lo largo de más de medio siglo, si es que Morena en Veracruz aspira a crecer y participar con relativo éxito en elecciones venideras. Sin perder de vista que la fuerza electoral del nuevo partido descansaría en su vinculación con la sociedad y, específicamente, en los movimientos sociales surgidos del seno de los sectores más desprotegidos a los que el partido aspira a representar, y no en una estructura burocrática remedo de la existente en prácticamente todos los partidos políticos a los que se opone y enfrenta.

El hacer suyas, sin temor, las reivindicaciones y aspiraciones de los sectores movilizados, evadiendo posiciones soberbias de dogmatismo así como prácticas clientelares o excluyentes que reproduzcan el fenómeno tribal del PRD, es a mi modesto entender el camino para Morena. Esto sustentado en un programa mínimo que sin perder de vista el amplio horizonte del largo plazo en una estrategia de transformación y cambio, en la coyuntura electoral responda a denominadores comunes que auspicien liderazgo, organicidad, unidad y congruencia en el amplio movimiento social contestatario, hoy fragmentado y disperso.

Esto, entendiendo que izquierda como etiqueta, es solo eso, una manida etiqueta y no una forma de vida partidista, colectiva e individual que se construye con participación y compromiso cotidiano entre toda la militancia, bajo los auspicios de una dirección respetuosa e incluyente.

La suma aritmética de militantes y simpatizantes no hace al todo; partido, programa, militancia y dirección es el edificio a construir en el día a día. La unidad en torno a ello es el crisol ético y moral en el que se funde la fuerza política a que se aspira. De no avanzarse en estos campos, el triunfalismo sin sustento y el ondear de banderas al paso del viento, es el camino al fracaso.

Un paso a la vez. Hay tiempos para reír y tiempos para llorar; que el trabajo cotidiano haga la diferencia. El voto llegará por añadidura.

Hojas que se lleva el viento

De los resultados de la elección del7 de junio, los votantes también tenemos mucho que aprender, asimilar la experiencia y reflexionar sobre la diferencia entre un voto mecánico y un voto razonado. El gobierno peñista, con pleno conocimiento de causa, intencionalidad y propósitos, logró su objetivo obteniendo la ansiada mayoría para Peña Nieto en la Cámara baja del Congreso de la Unión. Su estrategia de dividir y dispersar la opción electoral le funcionó; con diez opciones partidistas y “n” número de candidatos independientes, dividió a los electores; así como también le diera resultado el fortalecer la intencionalidad del sufragio a favor del PRI y sus satélites en los distritos con menor densidad de población de clase media urbana, poniendo en el asador toda la carne previamente sazonada en el medio rural con programas sociales inductivos y amenazas de cancelar beneficios. La pregunta obligada es si el voto de la pobreza a favor del PRI y sus satélites, es equiparable al beneficio tangible y medible que esperan recibir los que votaron a favor de lo mismo.

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La señal mandada por el gobernador de Veracruz de dar por cerrado el capítulo de las denuncias en contra de la corrupción y saqueo durante la gestión de Fidel Herrera y la suya propia, se hace acompañar del silencio de la Contraloría Superior de la Federación. A buen entendedor pocas palabras, de ahí que insista en que ya no hay nada que decir en torno al gobernante fallido. Seguir dándole vueltas a la noria sería necedad, pérdida de tiempo e infantilismo político. Si el pueblo acepta y confía en el borrón y cuenta nueva, que con su pan se lo coma.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el marco nacional de una profunda crisis económica, social y política, a falta de resultados tangibles se impone el triunfalismo sin sustento de un presidente Peña que da para todo, menos para enderezar la nave y darle rumbo cierto.

El proyecto neoliberal de país que el presidente propone y la mayoría de la población rechaza, hace agua por doquier, desmintiendo las absurdas y contradictorias aseveraciones sobre el crecimiento de la economía nacional, abatimiento de la violencia criminal y el respaldo social a un modelo de desarrollo privatizador avalado por el triunfo del partido gobernante en las urnas.

Aseveraciones triunfalistas enfocadas a recuperar un clima de confianza y credibilidad que persiste en ir a la baja bajo el peso de la realidad real, nunca antes tan terca como en los tiempos que bajo el gobierno del Sr. Peña nos ha tocado vivir.

Más absurdo aun cuando los números duros del Banco de México, Secretaría de Hacienda, INEGI, Coneval y el INE, desmienten tal triunfalismo. Y ni que decir de organismos internacionales que monitoreando la situación de México, colocan de hecho al país entre los que acusan menores índices de crecimiento económico y desarrollo humano.

Con la elección del domingo siete, el presidente Peña gana el control de la Cámara baja pero de hecho, da por concluido su primer trienio de mandato sin más resultados que los estampados en el papel, con la aprobación “a la pela vaca” por el Congreso de la Unión de reformas legales que no aterrizan y que si concitan rechazo y resistencia social. Para el segundo trienio, el Sr. Peña anuncia a bombo y platillo que gracias al respaldo electoral mayoritario al partido en el gobierno, su administración va a concretar las metas trazadas al inicio de su gestión.

¿Cuál respaldo social mayoritario? ¿Qué no los números duros indican que la alianza del PRI-PVEM alcanzó en la elección intermedia una votación no mayor al 14 por ciento del padrón nacional electoral?

¿Cuáles metas a concretar? ¿Acaso concluir con la privatización de lo público? ¿Hacer nugatorio un empleo decente para las nuevas generaciones?

Desigualdad y pobreza lejos de abatirse se incrementan a lo largo y ancho del país en el marco de una economía estancada, un régimen político cuestionado y un tejido social en franco deterioro. ¿Cuál es la meta a concretar en este verdadero escollo estructural?

El tiempo se le echó encima al Sr. Peña. Si en el primer trienio no se legitimara consolidando confianza y credibilidad entre sus gobernados, para el segundo podría anticiparse será perdido lo mismo para los afanes neoliberales que para las expectativas de progreso y bienestar de los mexicanos. Día con día, la movilización social se lo hará saber.

La misma clase política lo intuye. No es circunstancial el surgimiento anticipado de aspirantes a la primera magistratura del país en el 2018, indicador de una urgencia percibida por cambiar de página y explorar nuevas alternativas para el rescate y control de economía y sociedad, que por ahora se percibe se le escurren entre los dedos.

“Ya hay ansiedad porque la administración finalice. La inquietud es general. No han terminado las ansiadas reformas estructurales todavía en proceso ni se ha aliviado la tensión en que vive buena parte del país debido al crimen organizado y la debilidad microeconómica que ha pegado a las mayorías”, comenta Julio Faesler (Excélsior 20/06/2015).

Veracruz. La sucesión

Y en este escenario nada optimista, en la aldea los senadores priístas inmersos en el juego anticipado de la sucesión, propician y auspician un desborde mediático preñado de especulaciones, rumores y malos entendidos que lejos de oxigenar el clima político veracruzano, desde ya contaminan el proceso de cambio de estafeta que culminará en el 2016 con la elección de gobernador por ahora aún de dos años.

Como aspirantes a suceder al gobernador fallido, no pierden oportunidad para ventanearse, darse baños de pueblo y ofrecer lo que, de antemano se sabe difícilmente cumplirán. Encontrando en los medios de comunicación el espacio propicio para confundir más que para proponer salidas concretas a la crisis multidimensional que lo mismo vive la administración pública, que el todo de un estado que, como Veracruz, pese a su potencial no tiene para cuando salir de su postración.

La mayoría de los medios de comunicación, no pudiendo o no queriendo abordar con seriedad la temática toral de la crisis veracruzana, se hacen eco del desbocado discurso de los aspirantes priístas sin cuestionarlo; recurriendo entonces a lo que bien conocemos en la entidad: la grilla palaciega, la especulación sin sustento, la denuncia del día a día que nunca prospera, las medias verdades o medias mentiras sobre el desempeño de los personajes de marras, y hasta del fuego amigo que va poniendo piedritas en el camino a quienes queriendo solamente ser gobernadores de dos años y no enderezadores de entuertos, trotan que trotan a lo largo y ancho de la entidad prometiendo el oro y el moro.

Nada que lejos de confundir a la audiencia, apunte a respuestas congruentes y viables a la problemática estatal ni propuestas concretas para rescatar y enderezar el rumbo, lo mismo en la postrada economía que en un tejido social en franco deterioro, en el que la pobreza, el descontento y el hartazgo pesan más que la razón.

Y por si fuera poco quienes ya se asumen como sus adversarios en el 2016, también imbuidos por el afán madrugador en medio de la confusión transitan sobre lo mismo; priorizando en su orden de jerarquías el ruido mediático por sobre el obligado diagnóstico del momento que vive la entidad y las posibles respuestas que enmarcadas en un plan emergente, den viabilidad a un gobierno acotado por un tiempo límite de 24 meses escasos.

Lo más singular es que en la coyuntura, no hay nada aún para nadie. Todo se reduce a simples aspiraciones, suspiros por un anhelo tempranero y ajeno a lo que los veracruzanos piensan y viven en su cotidianidad.

Sin visión de Estado y de futuro el país y Veracruz marchan al garete. Guardadas las proporciones del caso entre lo nacional y lo local, todo apunta a sexenios perdidos en medio de un escepticismo preñado de desconfianza, incredulidad e incertidumbre, que coloca lo mismo al Sr. Peña que al Sr. Duarte entre los gobernantes en México con los índices más bajos de aceptación de las últimas décadas.

Si la elección del 2015 se toma como referente, más que motivo de triunfalismo y regocijo los números duros indican que el segundo trienio de Peña Nieto y el último año de gestión de Duarte de Ochoa, no estarán libres de tropiezos, incrementándose descontento, hartazgo y resistencia de una sociedad que para mitigar sus cuitas ya no quiere más remedios fallidos.

Hemos de insistir en que con esta carga negativa, salvo mejor opinión, los aspirantes al gobierno de dos años en Veracruz tendrán que pedalear cuesta arriba para convencer en los tendidos y, para ello, el discurso facilón, el baño de pueblo y el ostentarse como enemigos de la corrupción impune, emergiendo del mismo nido de buitres, no es garantía de triunfo ni de respuesta a la problemática veracruzana.

Lo que se espera del sucesor del gobernador Duarte de Ochoa no es un plan protocolario de desarrollo para salir del paso y basado en el mismo modelo que de dientes para afuera se pretende superar. Lo que a mi juicio deberíamos esperar es un Programa Minimalista de Rescate, integral y acotado por el brevísimo tiempo y escasez de recursos con se contará, del que se desprenderían acciones jerarquizadas y puntuales por realizar con metas medibles, consensuadas regional y sectorialmente que contribuyan a salir de la crisis.

Sobre esto último se debería debatir, y no más perder el tiempo con especulaciones sin sentido sobre si los aspirantes barrerán para atrás o sí apoyan más el pie derecho o el izquierdo, en su prolongado peregrinar.

Ganar una elección, como históricamente está demostrado, es lo de menos, si se atiende al apotegma de que en política lo que se compra con dinero es barato. Lo difícil es legitimar el triunfo y, en el caso que nos ocupa, el sacar a Veracruz del empantanado sendero en el que la llamada clase política nos tiene encajonados.

Más de lo mismo no es solución, los aspirantes al gobierno de la entidad deberían de saberlo. Éstos tienen la palabra.

Hojas que se lleva el viento

A falta de resultados que destacar de un gobierno fallido, no queda de otra que conformarse mediáticamente con calificar al Sr. Duarte de Ochoa como “el gran tejedor”, atribuyéndole extraordinarias dotes políticas para amarrar 20 diputaciones de la alianza PRI-PVEM en las elecciones del domingo siete. Sus únicos traspiés, los enanos en la sopa que ya pagan caro su osadía.

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El Congreso de la Unión al parecer y tras tentarle al agua a los camotes, dará marcha atrás a la discusión y aprobación en su caso, en el proyecto privatizador de reforma a la Ley de Aguas vigente. Caso distinto el de una privatización del vital líquido, primero en la conurbación Veracruz-Medellín y más temprano que tarde, en el resto de la entidad. El encarcelamiento del director de la empresa brasileña Odebrecht, no es impedimento para que a partir de este 31 de agosto esta empresa brasileña y Aguas de Barcelona, conjuntamente den servicio de agua potable, alcantarillado y drenaje a los municipios de Veracruz y Medellín, declaró el alcalde Ramón Poo. ¿Seguiría Xalapa, también haciendo caso omiso de la opinión de los usuarios como acostumbra Américo Zúñiga?

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Borrón y cuenta nueva en el proyecto de túnel sumergido de Coatzacoalcos. Tras el sonado fracaso y responsabilidad impune de un primer intento en el que la corrupción fue la constante, obra y operación se concesiona a Carlos Slim, elevándose el costo total a más de 5 mil millones de pesos. Veracruz aguanta esto y más. Si el gobierno no puede, Don Carlos siempre dispuesto al rescate que al fin y al cabo, los usuarios pagarán. Un ejemplo más de la impunidad en el marco del nuevo sistema de combate a la corrupción que tanto se pondera.

Xalapa, Ver., junio 20 de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si la plataforma de lanzamiento para la búsqueda de la candidatura al gobierno de Veracruz es el resultado de la elección del pasado domingo 7 de los corrientes, pedalear cuesta arriba para los aspirantes será toda una “Odisea”, habida cuenta de que llevarán a cuestas la carga negativa de un régimen político que, a nivel nacional se exhibe como caduco, corrupto e ineficaz y, en lo local la realidad incuestionable de una entidad federativa con un gobierno fallido.

Lo curioso del caso es que a tal régimen le corresponde una sociedad que no se aventura a dar el paso para renovarle, ni la clase política acepta el juicio social para cambiar por sí misma, retroalimentándose ambos entre sí estableciendo un impase que, en términos reales, da lugar a estancamiento económico, violencia criminal y mayor deterioro del tejido social.

Fenómeno que en la entidad veracruzana se confirma con los resultados de la elección de diputados señalados como delincuentes impunes.

En esas estamos y en este escenario se enmarca la sucesión en Veracruz.

Los aspirantes.

La lista de los que queriendo tienen hasta el día de hoy alguna posibilidad, se reduce a tres militantes de los dos partidos que mantienen el primero y segundo lugar en la correlación de fuerzas político electorales en la entidad, no hay más y a sólo a uno de estos les tocará intentar revertir el clima de desaliento y hartazgo de una población que ya no quiere más queso, sino salir de la ratonera en la que en la entidad le ha enclaustrado lo mismo un gobierno fallido que una partidocracia teñida de corrupción e impunidad, o bien, como hasta ahora se observa, dar continuidad a gatopardismo y corrupción impune.

Hay quien se aventura, por ingenuidad o desconocimiento de la realidad nacional, a poner sobre la mesa la idea del surgimiento de un aspirante más, el independiente o “bronco veracruzano”, pretendiendo extrapolar la experiencia vivida en Nuevo León el pasado domingo. Nada más absurdo si tomamos en cuenta que la sociedad veracruzana no está preparada para tal opción electoral, ni las condiciones políticas están dadas para que de manera espontánea surgiera un liderazgo capaz de reproducir tal experiencia, enfrentando con relativo éxito a una maquinaria electoral que capitaliza para sí desigualdad y pobreza.

Lo cierto es, siempre a mi juicio, que revertir la percepción colectiva de un gatopardismo a modo que elección tras elección receta a la población más de lo mismo con distinto ropaje, es el reto y, para ello, las manidas estrategias electoreras no son ya garantía de aceptación en una población lastimada, dolida y con más ganas que voluntad para expresar su hartazgo.

El pedalear cuesta arriba ya no se puede sustentar en vanos discursos, pedestres baños de pueblo y el caudal de promesas que nunca se van a cumplir. O se cambia o se fracasa en el intento a mitad de la cuesta y, desde ya, tal cambio debe ser una necesidad más que evidente.

Más cuando está más que sabido que dos años y nada es lo mismo, cuando de transformar una realidad adversa a la gran familia veracruzana se trata. Y cuando hablamos de la terca realidad, nos referimos al grave estado de cosas que privando en Veracruz, lo mismo está referido a la economía, al deteriorado tejido social, a un gobierno fallido que a la política política, que tocando fondo en un proceso irreversible de descomposición, contamina y arrastra a las finanzas públicas estatales y municipales.

Gobernador de dos años, ¿para qué?

En esta ocasión, pese a lo que afirman la mayoría de medios informativos, la garantía de triunfo considero no está en el padrinazgo que del centro a la periferia y a la inversa, se dice cobija a los aspirantes. En reflexión anterior señalaba que lo relevante no es el quien gana, sino para qué y con qué propósito y este debería ser el meollo del asunto, ¿para qué Veracruz requiere de un gobernador de dos años y que propósitos animarían a éste en la búsqueda del rescate de una entidad postrada, sin rumbo, sin brújula, sin liderazgo, y sin ánimo y voluntad para cambiar el actual estado de cosas?

Porque ganar una elección y encaramarse a la primera magistratura del estado es una cosa, y otra, muy distinta, el afrontar la problemática actual y actuar en consecuencia para sacar al buey del atolladero. Y esto último es lo que en la mayoría de los veracruzanos anida en su mente, cuando con toda la ligereza del mundo, no sólo se aprueba la gubernatura de dos años, también con la misma ligereza, quienes aspiran a gobernar a Veracruz lo aceptan y se asumen como el mesías que desde los confines celestiales en 24 meses bajará el maná salvador.

Y es aquí donde la marrana tuerce el rabo. Los aspirantes deberán atender a las expectativas de rescate, cambio y progreso de esas mayorías más que al respaldo cupular del flamígero dedo. Y si no es así, podrán ganar una elección pero no gobernar en el sentido y propósitos deseables para la mayoría, poniéndose en riesgo la ya de sí frágil gobernabilidad, prolongando la crisis.

Esa mayoría silenciosa no cuenta, dirán quienes ahora, tras la elección del domingo pasado, sin el más mínimo talante crítico afirman que gano la democracia en Veracruz, siendo pieza clave Javier Duarte de Ochoa y su fallida administración que con el respaldo de una minoría, le cumplió al presidente Peña, avalando las llamadas reformas estructurales (y las que siguen). Porque en efecto, en términos cuantitativos la minoría ganó 16 diputaciones federales, en tanto que quienes se le oponen con un mayor número de sufragios apenas obtuvo 5 de las 21 curules en disputa.

La lección del domingo siete

Cuestión de enfoques ya que cualitativamente los comicios no modifican en nada la percepción que alimenta Javier Duarte de Ochoa tanto de un gobierno fallido como de una economía estancada. Como tampoco en nada se reduce la crisis de credibilidad y de confianza en las instituciones republicanas.

Luego no confundir gimnasia con magnesia. Las circunstancias son cambiantes y una cosa es elegir a Juan de los Palotes en una elección intermedia para que represente a sus electores en una democracia representativa simulada, y otra, muy distinta, elegir a quien chueco o derecho gobernará los destinos de toda una entidad federativa ya de sí compleja, desigual y sin destino cierto que, a su vez, está enmarcada en una realidad nacional prendida con alfileres.

Las mayorías suelen equivocarse, pero aprenden sobre la marcha de sus propios errores enriqueciendo la memoria colectiva. El 7 de junio quedó claro que un estómago vacío y la cabeza ardiendo de descontento y hartazgo, electoralmente no son garantía de cambio; pesando más el voto del hambre, el voto esquirol y el voto mercenario bajo la conducción de una maquinaria electoral corrupta, que una voluntad de triunfo desorganizada, fragmentada y sin un programa mínimo para la acción que aglutine, una y haga pesar la necesidad común de cambio y transformación que anida en las mayorías.A la luz de los resultados del domingo siete, la lección queda en el imaginario colectivo. No es ya aceptable el que la sociedad siga siendo manipulada, mangoneada y obligada a transitar por rumbos equívocos, por una minoría que sigue apostándole al más de lo mismo.

Necesidad de cambio

¿Qué tanto aprendió la sociedad de éste traspiés? Eso está por verse pero, poco o mucho, generará condiciones inéditas para la elección de gobernador en 2016, y ello debería ser suficiente para hacer girar la bola de cristal anticipando que los por ahora aspirantes a la gubernatura ni las tienen todas consigo ni pueden proclamar a los cuatro vientos que cabalgan en corcel de hacienda. Las mayorías les dejan hacer, les observan, escuchan, miden, sin olvidar cuál es su procedencia política y el papel que jugaran en el denostado pacto por México y la aprobación de la privatización de la industria energética en lo nacional, así como en lo local el no haber movido un dedo para frenar el descalabro del gobernador fallido.

De ahí que lo menos que se espera de los suspirantes es un diagnóstico serio, realista y a fondo de la realidad veracruzana, como punto de partida en sus afanes electorales, para de ahí actuar y proponer lo que proceda para, en un tiempo acotado de dos años y en espacios específicos, actuar en consecuencia bajo el eje rector de un programa mínimo con propósitos, objetivos y metas por alcanzar, debidamente jerarquizados, priorizados y consensuados con la población. Sin este enfoque que atendería a la necesidad de cambio, que requiere de honestidad intelectual y compromiso con las mayorías, éstas serán inmunes al mensaje proselitista y se prepararán para llegado el momento cobrar facturas pendientes.

Toca a los suspirantes determinar si transitan por el camino correcto aligerando la carga o, con toda ésta sobre las espaldas, intentar remontar la cuesta. A la sociedad, por su parte, le toca definir si nuevamente le apuestan al más de lo mismo o están por trascender el actual estado de cosas que tiene postrado a Veracruz.

Hojas que se lleva el viento

Inaudito aunque nada del otro mundo. Quienes de entre la militancia perredista, no supieron o no quisieron medir los tiempos renunciando con oportunidad al partido del sol azteca y sumarse a Morena, hoy pretenden colgarse del triunfo electoral del joven ingeniero Cuitláhuac García asumiéndose como los hacedores del marco social que posibilitara la derrota de Elizabeth Morales en la capital veracruzana. Oportunistas al fin, ya buscan establecer los puentes que les permitan encaramarse al nuevo instituto político y, tanto seguir medrando a costillas del erario público como obtener ventajas futuras en el movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador. Ojo, mucho ojo, la llegada de última hora de ex perredistas a las filas de Morena, debe ponderarse con cuidado antes que estos den al traste con propósitos y objetivos de renovación y oxigenación de la vida política veracruzana.

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Y a propósito del maestro Cuitláhuac García, se equivocan tanto los que minimizan la campaña electoral que le llevara al triunfo, como los que aseguran es un improvisado al que nadie conoce en la capital veracruzana. Cuitláhuac ha venido picando piedra desde el 2006, organizando y alentando la participación ciudadana en el Movimiento Nacional de Regeneración Nacional en Veracruz. No es de gratis que cuente con toda la simpatía y confianza de Andrés Manuel, la dirigencia nacional y la militancia de Morena dándole un voto de confianza. Como él, un cada vez más amplio grupo de jóvenes y entusiastas veracruzanos trabajan con visión de futuro y voluntad de triunfo a lo largo y ancho de la entidad, no hay que perderlos de vista.

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Noé Valdez, estimado amigo y destacado periodista, falleció hoy domingo tras penosa enfermedad. Nuestro más sincero pésame a su apreciable familia. Descanse en paz.

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Interesante el proceso de democratización de la vida política en el reino de España. Los patos le tiran a las escopetas y una buena parte de las alcaldías, entre ellas las de Madrid y Barcelona, electoralmente son ganadas por una movilización social harta de corrupción y políticas públicas contrarias al legítimo interés de las mayorías. La Unión Europea bajo cuyo manto pretende cobijarse nuestro ínclito presidente Peña, se está reventando por lo más delgado, griegos, españoles y figurando ya en la agenda los franceses, están apostándole al sí podemos.

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Todo parece indicar que a los yucatecos la elección federal intermedia les tiene sin cuidado. Para elegir a sus cinco diputados federales de mayoría relativa, la mayoría voto en automático e inercialmente, favoreciendo al PRI. No así en el caso de la contienda local que motiva y moviliza a prácticamente a toda la población en edad de votar, destacando la elección de alcaldes, en especial en el ayuntamiento de Mérida en el que asentándose más del cincuenta por ciento de la población estatal, en esta ocasión el sufragio nuevamente dio la ventaja al PAN. Lo destacable es que en Yucatán a diferencia del resto del país, la participación ciudadana superó el 67%.

Xalapa, Ver., junio 14 de 2015
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