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Category Archives: Crisis partidista en México

Pulso crítico

J, Enrique Olivera Arce

“El respeto al derecho ajeno es la paz”. Paradigma liberal atribuible al presidente Juárez en el que más allá de conceptualizaciones legaloides, se sustentaría el endeble estado de derecho en México,  dando lugar a principios no escritos de gobernabilidad y gobernanza basados en el respeto y tolerancia,  lo mismo entre diferentes que entre gobernados y gobernantes.

Esto, habida cuenta de que clases dominantes y subordinadas convienen en reconocerse como tales, en un pacto social de no agresión que asegure un mínimo de condiciones para una convivencia civilizada, democrática, pacífica, tolerante e incluyente, basada en el respeto sacralizado a la propiedad privada de los medios de producción.

Empero, la realidad real suele desmentir tales supuestos.  Imponiéndose en la vida cotidiana no solamente intolerancia dogmática y ausencia de respeto entre diferentes, también gobernanza y gobernabilidad sustentados en autoritarismo, prepotencia y abuso de autoridad que desdibujan los límites que,  en el derecho público y privado, dan marco de referencia al pacto social convenido.

¿Dónde empieza el derecho de unos y otros, el propio y los que nos son ajenos? La obligación de respeto mutuo se diluye lo mismo entre ciudadanos de a pie que entre gobernantes y gobernados, poniéndose en entredicho el clima de paz a que en teoría debería dar lugar a una sana y pacífica convivencia social; prevaleciendo la violencia en sus diversas manifestaciones, empezando por la que el propio Estado ejerce sobre los ciudadanos. Así, el estado de derecho es letra muerta. Prevaleciendo la ley del  más fuerte. La del embudo y, coloquialmente la más socorrida, la “Ley de  Herodes”.

Y en esas andamos. Lego no debería ser motivo de extrañeza el que en México resulte más cómodo pedir perdón que pedir permiso, caminando de la mano corrupción e impunidad, siempre bajo la premisa de la subordinación de los más al poder dominante, sea este de naturaleza económica o política.

Por sobre el estado de derecho, usos y costumbres. Laxa justicia para quienes detentan el poder y, todo el rigor de la ley a los subordinados.

En éste escenario, la lógica del poder opresor se impone sobre el respeto al derecho ajeno entre diferentes,  y al reconocimiento general al pacto social de no agresión que cobra carácter lo mismo de fetiche que de mito, en la subjetividad de la vida cotidiana.

Pareciendo de lo más normal lo mismo el enriquecimiento ilícito que el pedir perdón por agravios legal y éticamente  injustificables. Tanto o más cuando se trata de quienes primeros obligados al respeto pleno al estado de derecho, como es el caso del presidente Peña Nieto, optan por la comodidad del perdón y el olvido.

Se perdona pero no se olvida en las lides del amor. O en este terreno de la pasión humana, se olvida pero perdonar, ¡jamás!

Lo que extrapolado a la vida pública, bajo el mandato de la “Ley de Herodes”, carece de sentido. Se perdona y se olvida, no hay de otra, salvo estar dispuesto a sufrir las consecuencias como ya sucede con aquellos que, en el ejercicio periodístico, “extralimitándose” destaparan la “Caja de Pandora” investigando sobre los turbios orígenes de “La casita Blanca” de la familia presidencial.

Pecata minuta, dirían los veracruzanos, frente a la cauda de corrupción, impunidad y agravio a la sociedad que arrastra el peor gobernador que la entidad ha padecido. La “Casa blanca” de la familia Peña, no es nada frente a miles de millones de pesos de los contribuyentes, extraviados en el doble fondo de las arcas públicas.        

Ni perdón ni olvido, dice Veracruz entero, azuzado por su gobernador electo. Javier Duarte y compinches partícipes del saqueo, lo menos que merecen es cárcel. A todos ellos el peso de una  ley que para Peña Nieto y el poder fáctico que le sostiene, es letra muerta.

Si el presidente, impune  espera  perdón y olvido por errores cometidos  y agravio al pueblo de México, perdón y olvido para los desmanes de Duarte de Ochoa están en la misma tesitura. Con que cara Peña Nieto establecería distingo alguno, salvo el recurrir a la “Ley del embudo”, reventando el hilo por lo más delgado.

Chuburná Puerto, Yuc., 22 de julio de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El manotazo del Sr. Peña Nieto instruyendo a la PGR para impugnar el blindaje de los gobernadores de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, a mi juicio pretende ir más allá de un interés genuino por combatir la corrupción. No es circunstancial el que casi simultáneamente imponga a Enrique Ochoa Reza como presidente del CEN del PRI.

De hecho, la medida adoptada es un claro deslinde de su gobierno con el viejo PRI, que ya constituye una pesada carga en su propósito transexenal de dar continuidad a su proyecto neoliberal de país.

La derrota en siete de doce procesos electorales estaduales en el presente año, para Peña Nieto no fue resultado de políticas públicas equivocadas de su gobierno, como lo dejara entrever Manlio Fabio Beltrones en su renuncia como dirigente nacional del tricolor. Lo atribuye a un partido político que incapaz de vender y defender con acierto y eficacia la bondad de las reformas llamadas estructurales, se ha mantenido prácticamente al margen dejando en manos de los gobernadores el respaldo a la estrategia “modernizadora” presidencial.

La semana pasada al referirme a la caducidad del régimen político en México,  señalaba que el PRI ha dejado de serle funcional al presidente. La reacción aunque tardía de Peña Nieto parece confirmarlo.

El PRI ahogado en sus propias contradicciones no está con dios ni con el diablo. Los intereses del partido en el mosaico nacional, se identifican más con  los respectivos virreyes en cada entidad federativa que con la estrategia trazada por el gobierno del Sr. Peña. No ha habido interés real del PRI para acompañar  -más allá del posicionamiento retórico del discurso mediático-, al presidente en la instrumentación y consolidación de  las reformas estructurales en que este sustenta su concepción de modelo de país al que deberíamos aspirar los mexicanos.

En Veracruz a lo largo de los últimos doce años, y con énfasis en la primera mitad del mandato Peñista, el PRI ha respondido en todo tiempo a cubrirle las espaldas al gobernador en turno en su interminable secuela de saqueo y corrupción impune, desentendiéndose de lo que para Peña Nieto es prioritario para el país.

Y si bien, omiso Peña Nieto dejó hacer, dejó pasar, el rechazo callejero cada vez más amplio a las reformas y pérdida de aceptación de su mandato reflejada en las urnas, le obliga tardíamente a reaccionar,  poniéndole un hasta aquí a tres gobernadores, entre ellos, al fallido de Veracruz que contribuyera activamente a la derrota electoral.

Sumándose a la vieja práctica de decir lo que la gente quiere escuchar para,  en su pretensión de recuperar el terreno perdido, concluir su mandato con el respaldo social y  la fuerza necesaria para imponer su proyecto transexenal.

El que no ayuda que no estorbe

Con Ochoa Reza, Peña Nieto pretende recuperar el control sobre el partido en el gobierno. O bien, dejarle morir reduciéndolo a su mínima expresión. Puesto que no hay de otra, ya que la opción de renovarle adecuándolo a los propósitos neoliberales del régimen, es tarea algo más que imposible. Los intereses creados heredados y la inercia de una corrupción que anida en todos los niveles, está inscrita en el ADN del dinosaurio viviente. A lo cual habría que sumarle el rechazo popular a una institución caduca a la que se identifica en el imaginario colectivo como  ajena a los intereses más caros de la nación.

Ante el transcurrir de un tiempo que al Sr. Peña se le escurre entre los dedos y el cada vez más amplio movimiento social de rechazo a las políticas públicas emanadas de Los Pinos, si el viejo PRI no ayuda que no estorbe. Es al parecer la conclusión a que ha llegado Peña Nieto. De ahí a mi juicio  su estate quieto presuntamente en defensa de la legislación anti corrupción que le aprobara el Congreso de la Unión.

En este escenario, la pregunta obligada es si un tecnócrata salido del pesebre de los aprendices de brujo, artífices de las reformas presuntamente estructurales, podrá recuperar ya no solamente el control del partido, sino incluso, los niveles de confianza y credibilidad en su propia militancia.

Por lo pronto, lo más execrable del PRI, como es el caso del ex gobernador Ulises Ruíz, ya brincó ante la imposición del ex director de la CFE como dirigente nacional, considerando fuera de lugar la intervención presidencial atropellando a la “nomenklatura” de la vieja guardia partidista, o, la oportunista postura de la CNC, exigiendo como moneda de cambio la vuelta al pasado en el reparto de posiciones, prebendas y canonjías clientelares.

En la aldea

En la aldea, la vida política de la entidad veracruzana, conducida por Duarte de Ochoa, se concentró en impedir la llegada a la gubernatura del enemigo número uno del fidelismo, desentendiéndose de los propósitos y objetivos que con carácter prioritario pretende alcanzar el presidente. Y peor aún, desviando, por decir lo menos, recursos federales destinados a dar soporte a la estrategia presidencial, orillando a la entidad a un palpable desastre económico y social, generador del protagonismo exacerbado del descontento y el hartazgo.

De ahí que en el imaginario colectivo pese más la impugnación de la PGR que abona a la exigencia de la renuncia de Javier Duarte, que la imposición del dirigente nacional del tricolor.

Con un PRI en los hechos descabezado en Veracruz y sin más visión que la electoral cortoplacista para lo que viene en el 2017 y 2018, lo accesorio se impone sobre el principal, los propósitos y objetivos del Sr. Peña se consideran irrelevantes ante el reto doméstico de recuperar el gobierno de Veracruz.

Faltaría ver si la alternancia con Miguel Ángel Yunes Linares, contribuye o no a lo que el presidente exige, cumpliendo con aquellas tareas a las que el PRI les diera la espalda. Si el PAN como partido en el gobierno de Veracruz cumple con las expectativas presidenciales, la opción para el relevo en el 2018 está más que cantada.

Lo que suceda en el futuro cercano, está condicionado a la realidad real, en un país en el que el descontento y el hartazgo están al límite. El no a las reformas presuntamente estructurales domina en la calle. ¿Podrá el PAN revertirlo para hacerse merecedor a la confianza del Sr. Peña? Es pregunta.

Mérida, Yuc.- Julio 13 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si alguna duda quedaba sobre la crisis en México de un régimen político agotado y caduco que, habiendo tocado fondo no encuentra salida racional, baste ver lo que sucede en Veracruz para confirmarlo.

La corrupción impune niega el estado de derecho y este, en su inoperancia auspicia el dejar hacer, deja pasar ante la imposibilidad práctica de recuperar un mínimo de gobernabilidad en la entidad que le justifique. Puede más la insania de un gobernador fallido que ha perdido la razón, que la razón de Estado, ante la indiferencia del gobierno central que, desde el altiplano, contra todo y contra todos obsesionado está concentrado en imponer reformas y políticas públicas contrarias a lo que la ciudadanía espera de un buen gobierno.

A pesar de la autocensura obligada, la mayoría de los medios de comunicación veracruzanos se han soltado el pelo, ampliamente secundados por la prensa nacional exhiben la miseria de un gobierno ayuno de división de poderes en el que el titular del ejecutivo, en su afán de salvar el pellejo, tunde a palos lo que en las redes sociales se califica ya como “la piñata veracruzana”.

Para quien esto escribe, no hay necesidad de entrar en detalles; la prensa diaria, impresa o en línea está siendo pródiga en ello, dando cuenta puntualmente de hechos inéditos en la conducción de un gobierno que ya son del dominio público. En su momento y con toda anticipación, ya apuntábamos de la necesidad, como prioridad inexcusable el frenar a Duarte de Ochoa, impedir un mayor daño gracias a los coletazos de impotencia a que habría lugar de no hacerlo.

Esto último antes de iniciar el proceso electoral que desembocara en la elección del 5 de junio. Hoy a escasos 25 días de la elección la terca realidad lo confirma y justifica la opinión vertida. Habiendo sido derrotado en todos los frentes, el resultado del sufragio aceleró temor e impotencia, floreciendo lo peor de la condición humana en quien obligado estaría lo mismo a aceptar que respetar la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

La descomposición del régimen, reflejada hoy en Veracruz, está a la vista de todos. Impotencia, sectarismo, autoritarismo y resistencia a ceder terreno a reivindicaciones de necesidades sentidas y reales de la población, habla de un divorcio de Estado entre gobernantes y gobernados. La brecha entre los dos estamentos cada día es más amplia y, el gobierno lejos de escuchar y ponderar con racionalidad lo que en México se está viviendo, se concreta a amenazar a aquellas personas o movimientos sociales que piensan diferente.

Pluralismo e inclusión como norma de convivencia civilizada, quedan en simple retórica en el  discurso oficial.  Pensamiento único, cartucheras al cañón, quepan o no quepan, es lo que el régimen anhela y ofrece.

O estás con las reformas estructurales o estás en contra; estás conmigo o  en mi contra, es la bandera del Sr. Peña Nieto. No hay marcha tras afirma y es secundado en ello por sus subordinados, aprendices de brujo que no ven más allá de un presunto complot por parte de un populismo que, desde las trincheras del neoliberalismo aldeano, hay que combatir hasta erradicarlo de la mente de los mexicanos.

En tal orden de prioridades, lo demás es lo de menos. Fiel tardíamente a la consigna que en su momento dictara Washington, para Peña Nieto y su reducido grupo de iluminados, lo determinante es vencer al populismo, aquí y fuera de nuestras fronteras, en tanto que la realidad real, como se lo echara en cara el Sr. Obama, exhibe su incapacidad e ineficacia en la atención a la economía macro y micro,  y los efectos negativos en la vida de las mayorías empobrecidas de una globalización mundo en la que los poderosos perdidos en sus propias contradicciones, no saben cómo paliar su propia crisis.

Peña Nieto afirma que no ha sido omiso. Veracruz entero lo desdice. Lo que se vive hoy con los últimos coletazos de quien ya se siente tras las rejas, pudo frenarse a tiempo, hoy ya es tarde. Gobernabilidad y estado de derecho están en entredicho. Para el imaginario popular ni hay gobernador ni hay gobierno. La anarquía es un hecho. El atentar impunemente contra la integridad física del gobernador electo por parte de una organización lumpen, es apenas la punta del iceberg que está emergiendo. Lo de siempre, se va a investigar y se actuará conforme a la ley con aquel o aquellos que resulten responsables. Lo que nadie cree ni incita a confianza alguna.

Si esto no es tocar fondo, no sé a ciencia cierta cómo podría calificarse la tragedia. Ya no es gobierno, partidos o actores políticos que le representan y sostienen quienes han fracasado. Es el régimen vigente en México cuya fecha de caducidad está vencida. Tanto como para que el partido endenantes hegemónico a lo largo de más de 8 décadas, haya dejado de serle funcional.  No más clientelismo sustentado en sindicatos y organizaciones agrarias; no más paternalismo ni apapacho a la mayoría empobrecida, no más PRI en los términos históricamente conocidos. O se está con el neoliberalismo o se está con el execrado populismo, no hay más lugar a medias tintas.

Roto el pacto social que los mexicanos se dieran, la administración de conflictos está rebasada. Frente a movimientos sociales de protesta y resistencia que surgen por doquier, al régimen sólo le queda el uso de la fuerza. “El Estado soy yo”, y la población acata, se dobla o se atiene a las consecuencias, es la bandera del gobierno peñanietista. A la amenaza le sigue la represión como secuela de incapacidad e impotencia para gobernar a un país que no se entiende.

El régimen político fuera de época y sustentado en una partidocracia corrupta e indolente, ya no se corresponde con una realidad nacional en la que el gatopardismo ya no tiene cabida.

Veracruz está en sintonía. Ayuna la entidad de un gobierno respetable y respetado, el violentar lo mismo la ley que la elemental armonía social que la convivencia entre diferentes recomienda como sustento de la gobernabilidad, es la tónica. Ausencia de credibilidad y confianza en instituciones e institutos políticos, es la respuesta ciudadana ante un régimen político que ya no da más. De aquí a la anarquía sólo hay un paso.

La alternancia como solución al conflicto, no da señales de enmendar el entuerto. Si con gobiernos priístas se orilló a Veracruz al desastre, con el PAN como conductor de la administración pública, a contracorriente de la realidad nacional e internacional, sin recursos, sin el respaldo de las mayorías y con un priísmo que va por la revancha, en el marco de la crisis generalizada que como la humedad se extiende a lo largo y ancho del país, nada halagüeño debe esperarse.

Y es en este escenario crítico que nuestra aldeana clase política y sus adláteres desde los medios de comunicación, cifran sus esperanzas, las propalan y esperan sean escuchadas y atendidas, en que por la vía electoral, en el 2017 o en el 2018, cual Ave Fénix Veracruz recuperará el rumbo perdido. Falsa expectativa, ni el sistema de partidos ni el régimen político están en condiciones de lograrlo. Los canales de comunicación entre Gobierno y ciudadanos están rotos; la participación ciudadana va por lo suyo por caminos diferentes. O se apuesta a un nuevo pacto social que renueve rumbo y destino en México restableciendo la unidad de Estado, o Veracruz con o sin el mesías en turno,  profundizará su caída.

Hojas que se lleva el viento

Una vez más. Un nuevo intento del PRI en Veracruz tras la derrota, por renovarse y recuperar la hegemonía perdida. Sin aún reconocer a ciencia cierta el porqué de su derrumbe electoral, el tricolor sustenta su estrategia de renovación en un mayor protagonismo de su vieja guardia respaldada con sangre joven, entreverando generaciones. Algo así como la “Alianza generacional” que le sirviera como plataforma de despegue a Héctor Yunes Landa. Esfuerzo en vano, o el PRI se renueva en su totalidad prescindiendo de los mismos rostros, las mismas mañas y los mismos intereses creados que le orillaran a la derrota, o seguirá el mismo camino que el PRD deambulando entre las tumbas como cadáver viviente. El camino para su renovación, a mi juicio, debería ser el de la democratización plena de su vida interna. ¿Será eso posible? Es de dudarse, la democracia y participación de sus bases en la toma de decisiones no está en su naturaleza.

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Ensoberbecido por el resultado de la elección del 5 de junio, Cuitláhuac García  olvida que es gracias a López Obrador y al partido al que se debe y no a su tesitura triunfalista personal que Morena creció electoralmente en Veracruz. Se subió al ladrillo y ya se mareo, perdiendo todo viso de humildad. Jugó y perdió, así que ahora a otra cosa mariposa, o se pone a trabajar en serio en pro del fortalecimiento de la estructura partidista, auspiciando claridad programática, organización, cultura política y cercanía con movimientos sociales, o las bases se encargarán de bajarle de la nube.  Así de simple.

Mérida, Yuc.- Julio 5 del2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A reserva de los resultados del cómputo oficial de la elección del pasado domingo, con base en los preliminares difundidos por los OPLES es posible adelantar, como un hecho por ahora irreversible, que estos se inscriben en el marco de un proceso polarizado de recomposición y redistribución de las fuerzas político electorales en México.

El país cambió y el mapa electoral para la elección presidencial en el 2018 permite delinear la hipótesis de que la contienda se dará entre el conservadurismo afín al neoliberalismo y el “populismo” representado por la nueva izquierda.

Corresponderá a los que saben del paño, el estudiar este fenómeno que, a mi juicio, confronta al modelo neoliberal impulsado por Peña Nieto y su gobierno con un movimiento emergente de masas en resistencia.

El ascenso de Morena

El ascenso meteórico de Morena en su segunda participación en un proceso electoral, no lo considero circunstancial. Si bien como instituto político es de nueva creación en el espectro partidista, no lo es así como un movimiento social más de resistencia,  anidado en amplias capas de la población que se oponen a las políticas privatizadoras y empobrecedoras que acompañan a la profundización del neoliberalismo en el país; Morena no surge por generación espontánea,  ni puede considerarse su capacidad organizativa y penetración en el seno de la sociedad únicamente por la tozudez y acción unipersonal de Andrés Manuel López Obrador.

Morena, como movimiento social, tiene un amplio camino andado, reivindicatorio de la soberanía nacional y de resistencia a la privatización de la industria energética nacional, contando con una amplia estructura de cuadros en la mayoría de las entidades federativas y, en especial, en la hoy denominada Ciudad de México, centro político del país. Viéndose fortalecido en su tránsito a partido político por el descontento y deseo implícito de resistencia lo mismo en el movimiento obrero independiente que en segmentos empobrecidos de las clases medias y comunidades originarias. Y, si bien, está obligado a sujetarse a las reglas del juego electoral impuestas por la partidocracia tradicional, no deja de responder a las expectativas de cambio del modelo neoliberal dominante.

Para un buen número de politólogos y comentaristas, representa a un populismo de izquierda, añejo, rancio y retrógrada que   en la mayor parte de América Latina,  está siendo desplazado por un nuevo concepto de modernidad política que se ajusta a las necesidades globales de crecimiento económico y desarrollo en las que se privilegia el modelo neoliberal dictado desde los centros del poder mundial. Empero, esta visión impuesta por la ideología neoliberal, minimiza y desprecia el anhelo libertario y voluntad de cambio de millones de seres humanos, víctimas de opresión, exclusión, desigualdad y hambruna de un proyecto de Estado-nación  cuyo objetivo y propósito último, es la acumulación de ganancia y reproducción ampliada  del capital al costo que sea.

Tal visión, parcial, interesada y corta de miras, subestima y estigmatiza por ello a Morena y,  en general,  a todo movimiento de masas que se oponga a las políticas públicas neoliberales, partiendo de la idea de que el pueblo de México no caerá en la trampa dejándose seducir por falsos mesías que ofertan un “populismo” decadente y opuesto a la modernidad y al desarrollo.

Esta corriente de opinión soportada en medias verdades y medias mentiras mediáticas es favorable a la derecha y al régimen peñista y su proyecto transexenal; suma votos de segmentos conservadores de las clases medias fortaleciendo electoralmente al PAN y, con ello, polariza la correlación de fuerzas políticas.

De otra manera, considero no es explicable la “sorpresa” electoral del pasado domingo; tomando con los dedos tras la puerta a un priísmo soberbio y caduco que, más por costumbre y seguidismo que por convicción propia, da soporte social al peñismo. El PAN se fortalece al igual que la izquierda electoral de nuevo cuño representada por MORENA, en tanto que el PRI habiendo dejado de serle funcional al régimen, incrementa su pérdida de hegemonía.

Veracruz

A ello, en este marco referencial, por lo que toca a Veracruz se suma el descontento y hartazgo provocado por un gobierno fallido ayuno de visión de Estado, que incurriría en manifestaciones extremas de corrupción e impunidad alejándose de todo principio de gobernabilidad y racionalidad político administrativa. Contribuyendo el sentir de las mayorías al proceso general de redistribución y polarización de las fuerzas político electorales.

Derrotado el PRI el pasado domingo en Veracruz, la pugna por el poder político se concentrará entre la derecha extrema y la emergente nueva izquierda. La derecha apoyando y respaldando el modelo neoliberal y su oponente, al movimiento cada vez más amplio de resistencia entre las clases oprimidas y empobrecidas.  Proceso en el que la derecha deberá legitimarse cumpliendo los ofrecimientos de campaña de la alianza PAN-PRD para el período 2017-2018, en tanto que MORENA tendrá como reto el construir un frente amplio de oposición y resistencia que aglutine a las fuerzas progresistas para la contienda presidencial en el 2018.

El PRI, desplazado, afirma estar llamado a sostener una oposición civilizada y racional, sin ubicarse en la nueva realidad política de la entidad. Si se pensara más allá de la coyuntura, tendría que reconocer que tras su derrota, la tarea inmediata no es hacer oposición al PAN en el gobierno, sino impedir que su “estructura” clientelar sea borrada del mapa. Si se pudo, dice la gente y, bajo esta premisa, los liderazgos espurios del sindicalismo obrero oficial, de la Liga de Comunidades Agrarias y del magisterio, sostén de viejo PRI, tienen los días contados.

Sin dientes, el partido caduco no es nada. Si de responderle a Peña Nieto se trata, el PAN en Veracruz –y no necesariamente con el PRD, cadáver insepulto- es el alfil del 2018 para la continuidad del proyecto neoliberal transexenal. Así considero lo debería entender MORENA en la entidad y actuar en consecuencia, más que perder tiempo y recursos subiéndose el ring de los reclamos y las impugnaciones. Ganó perdiendo y de ello se debe tomar conciencia para seguir avanzando.

Xalapa, Ver., junio 7 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras largos meses, más que los dos contemplados en la legislación electoral vigente, por fin concluyó la labor presuntamente proselitista de los candidatos al mini gobierno de dos años en Veracruz. Presuntamente, ya que más que atender con propuestas racionalmente viables a los votantes potenciales abonando a un ejercicio participativo y democrático,  ésta devino  en carretadas de lodo en una guerra campal de todos contra todos en la que,  paradójicamente,  la temática dominante fue la ética política y moral pública y privada, ampliando más que reduciendo la brecha entre la llamada sociedad civil y la clase política.

Tiempo, recursos públicos y paciencia de la ciudadanía, desperdiciados inútilmente,  si de fortalecer democracia y gobernabilidad se tratara, en tanto que lo que hoy día prevalece es un rechazo casi unánime a partidos, clase política y política política de cañería, confirmándose el punto de quiebre del régimen político vigente ayuno de credibilidad y confianza.

Sin árbitros legitimados y si ampliamente cuestionados, el próximo domingo los veracruzanos con mayoría de edad concurrirán a las urnas sin más elementos de juicio para decidir su voto, que la percepción negativa de la inutilidad del sufragio como vía para rescatar a Veracruz, hoy en manos de la corrupción, el saqueo, la impunidad, y el clima de inseguridad y violencia criminal que mantiene en ascuas a la población.

Nada que modifique esta percepción anidada en el imaginario colectivo. Cotidianamente confirmada en los hechos con la ausencia de gobernabilidad, consecuencia del divorcio entre sociedad civil y el peor gobierno que ha padecido Veracruz; transitando cada quién por caminos diferentes.

Y mientras se ratifica en las urnas el hecho consumado del secuestro de la democracia representativa y la voluntad popular, quien de facto para los veracruzanos es gobernador únicamente en el papel, mantiene,  con el mismo talante de valemadrismo y desprecio para con los gobernados que le caracteriza,  una situación que pareciendo insostenible no lo es, en tanto el manto de la indiferencia e  impunidad desde Los Pinos le protege y sostiene.

Lo que sigue

Empero, la guerra sucia no termina con la elección del próximo domingo. Todo indica que el intercambio de detritus va para largo. Siendo casi seguro que los comicios se van a tercios, la estrategia fidelista de tronar la elección para impedir la llegada de cualquiera de los dos Yunes en contienda,  rendirá frutos auspiciando la impugnación del proceso electoral; dejando en manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la judicialización del resultado final de la elección, o bien, la nulificación del proceso toda vez que se han acumulado suficientes elementos probatorios para su procedencia. Faltaría ver hasta dónde llega la mano que mece la cuna y que tanto interés tiene Peña Nieto en considerar a Veracruz como alfil para su proyecto neoliberal transexenal.

Lo que queda

Lo que sí, a mi juicio queda de positivo de la contienda por la mini gubernatura de dos años, es el cada vez mayor consenso en torno a la idea de que o la política política se ajusta tanto a la realidad económica y social de la entidad como a las expectativas de cambio de una sociedad dinámica, o a Veracruz se lo llevan al baile las muchachas.

No es ya no sólo deseable, sino imperativo, el que se ponga freno a la  simulación y corrupción impune que a lo largo de más de dos lustros,  domina el quehacer gubernamental y vida política en una entidad federativa que merece mejor destino. Si no es hoy, será mañana pero la toma de conciencia de la ingente necesidad de cambiar para bien, calando en el imaginario colectivo tomará como referente al actual proceso electoral en Veracruz como parte aguas en la vida política de la entidad. No más de lo mismo, no más masoquismo e indiferencia frente a los que nos compete a todos.

Hojas que se lleva el viento

Rescato del cochinero político que se ha vivido en Veracruz, la tarea que con humildad, congruencia y buen juicio, emprendiera Armando Méndez de la Luz, candidato a gobernador postulado por Movimiento Ciudadano, proponiendo el rescate de la democracia representativa en la entidad. Llamando a tomar conciencia de que la soberanía, como lo establece la carta Magna, reside en el pueblo, debiéndola ejercer éste consecuentemente  con responsabilidad, exigiendo a los mandatarios honestidad, transparencia, eficiencia y eficacia en el manejo de la cosa pública. Garbanzo de a libra que, a mi juicio, por su preparación, experiencia y realismo, resultara ser el mejor candidato de los siete contendientes que aspiran a la mini gubernatura de dos años.

Xalapa, Ver., 01/06/2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No todo lo que brilla es oro. Lo afirmamos en maquinazo reciente: “¿con que ojos?”, mi querido tuerto, al referirnos a promesas de campaña que jamás en su momento  serán cumplidas por no contar en sus alforjas, quien resulte electo como mini gobernador de Veracruz, ni con tiempo suficiente ni con recursos públicos disponibles al recibir una administración pública quebrada y endeudada más que en exceso.

A lo largo de las campañas de aspirantes a la gubernatura y a la Legislatura local -la excepción hace la regla-, no ha sufrido cambio relevante en una percepción no sólo de quien estas líneas escribe, también de amplios sectores de la sociedad veracruzana. No hay dinero y un gobierno de dos años es insuficiente para incluso, solamente ocultar la basura bajo la alfombra. Así que ¿con que ojos?

Lo que sí destaca en la estrategia del “yoyo”, es que a falta de propuestas viables que equilibren disponibilidades reales con expectativas de cambio de la población, se prometan acciones de gobierno que no sólo son de la esfera federal y privada, incluyendo trasnacionales petroleras cuyas decisiones de inversión están fuera del alcance estatal, sino que incluso, van más allá de los propósitos y objetivos del modelo neoliberal que impulsa el Sr. Peña Nieto.

Y hay que hacer constar que en materia de demagógicas y utópicas promesas asistencialistas, no hay distingo partidista ni color de camiseta de los hacedores de milagros que aspiran a gobernarnos.

La burra no era arisca, reza la conseja popular. Y este saber fruto de más años de experiencia que los acumulados por el PRI en el gobierno, hoy se hace presente con especial énfasis en la ausencia de credibilidad y confianza en la política, las instituciones y los cancerberos del poder real y formal.

Promesas orientadas a lo que la gente quiere escuchar, sin sustento ni posibilidad real de conjugar lo deseable con lo posible y desconfianza y ausencia de credibilidad, se retroalimentan dialécticamente dando la medida de lo que se espera como continuidad de un gobierno corrupto y la persistencia de una sociedad que no quiere ver más allá de su ombligo.

De ahí que, compañeros de camino al fin, sociedad civil y clase política ilustran metafóricamente lo que se observa del actual proceso electoral en curso. Montados en el mismo tren, el desconfiado viajero no sabe si escoger como vecino de asiento al culto y refinado ladrón que con toda atingencia roba los calcetines sin quitar los zapatos, o aquel que burdo con descaro y cinismo le dejará descalzo.

Sin calcetines o descalzo, el viajero bajará del tren, prometiéndose a sí mismo no volver a tropezarse con la misma piedra. Vana promesa, masoquista al fin, la sociedad seguirá sin remedio lamentándose de lo que ella misma ha creado.

Hojas que se lleva el viento

La campaña de Héctor Yunes se desinfla en la capital veracruzana. El encuentro programado con intelectuales, artistas y promotores de la cultura que tendría lugar en Xalapa, fue cancelado por el coordinador de campaña del senador con licencia al considerarlo como no prioritario, dejando a los organizadores colgados de la brocha. La atención a la cultura no viste ni acarrea votos de ahí que el énfasis proselitista sea puesto en el ámbito de la pobreza y la ignorancia que sí reditúan. ¿O será que Don Héctor ya da por perdida a la capital veracruzana, eminentemente anti priista?

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Desconcierto entre las filas de quienes en los medios de comunicación están identificados como los textoservidores de siempre. Lo mismo los que sirven al gobernante fallido que aquellos al servicio del Yunes rojo o el azul. Sin decir agua va les crecieron los enanos y hoy tienen que enfocar sin argumento alguno que valga, su diatriba en contra de Morena y su candidato sorpresa.

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El rumor, solo eso, simple rumor, en torno a la posibilidad de la anulación de la elección de gobernador cobra fuerza en los círculos políticos y periodísticos, anotándose como un triunfo a favor de Javier Duarte y Fidel Herrera,  padrino y mentor este último del gobernante fallido. ¿Y el enorme dispendio de recursos públicos ya aplicados al proceso sucesorio qué?

Y la gente se pregunta: ¿Quién respalda a Javier Duarte que impune sigue con sus tropelías? ¿Será Peña Nieto, o acaso Osorio Chong?

Xalapa, Ver., mayo 25 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya dilema para el electorado veracruzano. No votar o de, entre los peores, sufragar por el menos peor. Y no es para menos, el descompuesto proceso electoral que en unos días culminará con la elección del mini gobernador de dos años y el relevo en la Legislatura local, nos coloca a hombres y mujeres de a pie en tal tesitura.

Copados entre dos fuegos, en el medio de una insensata guerra de lodo financiada con recursos públicos, no hay opción válida que soportada en propuestas realistas y viables, permita avizorar la más mínima señal del cambio que los veracruzanos exigen.

Ya en la recta final del proceso, la guerra sucia electoral ahora telefónicamente se traslada a los hogares veracruzanos, que joda. Huérfanos de madre operadores políticos sin distingo de color de camiseta, insensibles no respetan hora ni merecido descanso familiar para trasmitir sus nauseabundos mensajes.

Considerándonos retrasados mentales o bien, los candidatos designados por los partidos políticos están dispuestos a jugarse el todo por el todo para convencer a los votantes potenciales de que no vale la pena perderse el descanso dominical cumpliendo con el deber cívico de sufragar el próximo 5 de junio. Vaya manera de inhibir el voto.

Esto aparejado a una campaña de miedo, filtrando el rumor de posible violencia a lo largo del ejercicio comicial, bajo el supuesto de que a menor número de votos los resultados del sufragio se definirán por el llamado voto duro de partidos y candidatos contendientes. Supuesta estrategia que teóricamente beneficiaría a quienes, cual la marquesa de la historia, saben cómo mover el abanico en menesteres electorales clandestinos históricamente aplicados. Tocaría a la ciudadanía caer o no en el garlito.

Lo cierto es que no se puede dejar en el tintero es el que con justificada razón existe un consenso casi unánime de que Veracruz padece el peor gobernador de su historia, y casi unánime también es que hasta donde se tiene memoria,  nunca se había vivido un proceso electoral tan pedestre, ofensivo y a todas luces  repugnante que sin duda invita al abstencionismo o, en su caso al voto nulo.

Voto duro

Más allá de la lectura de la bola de cristal o la especulación, lo que sí se puede ya establecer como seguro a tres semanas del ejercicio comicial, es que la elección de gobernador se irá a tercios, con muy poca diferencia numérica  entre los tres candidatos punteros y en la que el llamado voto duro o clientelar, poco podrá aportar a la contienda; el clientelismo electoral cada vez es menos tal y al interior de los partidos no existe consenso consolidado respecto a los candidatos postulados de espaldas a las militancias. Correspondiendo al amplio segmento de los indecisos el definir el resultado de la elección.

Empero, no se puede ni debe echarse en saco roto el peso del voto duro de Morena, partido de alcance nacional de nueva creación cuya militancia, seguidores de AMLO  y simpatizantes de vieja data, se enriquece e incrementa tanto por un natural rechazo a las políticas públicas del gobierno federal peñista como por el descontento y hartazgo generado por un gobierno estatal fallido y corrupto. Voto duro  en crescendo que responde más a  posicionamientos ideológicos en el imaginario colectivo que a un pragmatismo coyuntural referido a una elección de orden local dominada por intereses creados; posicionamiento que objetivamente se concreta en un justificado rechazo histórico a todo lo que huela al PRI, al PAN y al PRD, en la lucha social de resistencia frente a reformas neoliberales presuntamente estructurales que privatizadoras y empobrecedoras,  atentan contra la soberanía y patrimonio nacional, el empleo, la educación y salud  pública así como  el bien común.

A la par que cuenta y cuenta mucho en la conformación del voto duro de Morena el descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad veracruzana frente al abandono infraestructural y productivo, endeudamiento gubernamental,  desempleo,  precarización de las clases medias urbana y rural, así como un ineficiente e ineficaz combate a la delincuencia. El 5 de junio se verá si es tal o el descontento y hartazgo  queda en simple  llamarada de petate.

Pegar donde más duele

Quedaría entonces el hacer de tripas corazón y pegarle a nuestra clase política donde más le duele, derrotándoles en las urnas mediante una copiosa votación asumiendo una actitud responsable, reflexiva, congruente con lo que se está viviendo, que demuestre fehacientemente que la sociedad ha cambiado, que la población se asume más participativa e informada y dispuesta a recuperar para sí la democracia electoral secuestrada. La cita es en las urnas.

Con la elección ya a la vuelta de la esquina, solo queda el asumir que en esta ocasión y dado el clima de rechazo que ha generado el proceso en curso, la ciudadanía sabrá poner freno antes y durante el ejercicio comicial al más que anunciado fraude electoral con el que el gobierno estatal pretende justificarse ante Peña Nieto.

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J. Enrique Olivera Arce

Sepultadas por el lodo, si alguna vez existieron, han quedado propuestas concretas sobre el qué hacer, cómo y con qué encauzar el rescate de Veracruz. Para vergüenza de todos, la sociedad veracruzana se ha dejado envolver por una guerra de intercambio de detritus ético y moral, en un proceso electoral que, desde sus orígenes y a 20 días escasos de la elección del sucesor del gobernador fallido, no ha aportado nada positivo que merezca destacarse a un ejercicio presuntamente democrático. Lo único que deja en la ciudadanía es un mal sabor de boca al constatarse el desprecio a la inteligencia de los veracruzanos por parte de una clase política corrupta, oportunista y ajena a los más caros intereses de una entidad federativa hoy postrada y sin esperanzas.

Nadie se salva. Unos por comisión y otros por omisión, partidos y candidatos a la gubernatura han exhibido públicamente sus miserias, evadiendo el necesario compromiso para con la búsqueda de soluciones viables a la problemática toral de un Veracruz que se desliza en el tobogán de la desigualdad,  la pobreza, la inseguridad y pérdida de expectativas de bienestar y progreso.

La sola posibilidad de un cambio para bien por la vía electoral, no se vislumbra. Los electores están frente a la disyuntiva de elegir de entre los peores al menos peor, siempre en el marco del más de lo mismo resultado de un régimen político caduco que ya transita por los caminos de la obsolescencia.

Incluso Morena, partido de nueva creación, se ubica en tal tesitura.  Su candidato no logra substraerse  del lastre de una más que justificada pérdida de confianza y credibilidad en la política, en los partidos políticos y en una llamada clase política que no ve más allá de los intereses personales o de grupo, motivo y razón de su quehacer social.

Lo comentamos en el pasado reciente. Un movimiento social de largo aliento, como el de regeneración nacional, una vez transformado en partido político queda sujeto a las reglas del juego de la partidocracia dominante; atado de manos y en un proceso constante de alejamiento de su origen como ente social de lucha y resistencia frente a un neoliberalismo que no por encontrarse en agonía como expresión del capitalismo salvaje del siglo XXI, ceja en sus propósitos privatizadores y empobrecedores de las mayorías.

Señalábamos que la elección del 2016 habría que considerarla como prolegómeno de la del 2018, en la que se enfrentaría un nuevo proyecto de nación impulsado por Morena al modelo neoliberal transexenal de Peña Nieto. A la luz de lo que se vive hoy día en Veracruz, deterioro galopante de la vida económica y social acompañado de niveles inéditos de descomposición política, tal confrontación se desdibuja en todo el ámbito nacional, pareciendo que todo se reduce a simple ajuste mafioso de cuentas en las altas esferas de una partidocracia al servicio de los poderes fácticos, trasnacionales, domésticos e incluso aldeanos cacicazgos.

Ya no es la búsqueda del poder por el poder mismo, ahora todo indica que la manzana de la discordia es el botín en una insana competencia por la acumulación de riqueza entre la llamada clase política y los detentadores del poder real, el capital especulativo. El pragmatismo coyuntural se impone por sobre tareas de Estado de largo aliento; subordinándose el bien común al afán desmedido de lucro marcado por el libre mercado que todo trastoca.

En este pesimista escenario,  el próximo 5 de junio los electores, hoy simples convidados de piedra, habrán de enfrentarse a su propio nivel de consciencia y voluntad de cambio actuando en consecuencia en las urnas; de cómo se vote  dependerá no necesariamente un cambio para bien, este está descartado de antemano, sino fundamentalmente,  el que la ciudadanía pueda expresarse libremente manifestando su rechazo al actual estado de cosas y su deseo implícito de intervenir en la toma de decisiones en todo aquello que le compete.

Si hasta el cansancio se ha dicho basta, que sea en las urnas en el que el descontento y el hartazgo cobren vigencia plena de manera consecuente. Será el sufragio mayoritario el que determine si los veracruzanos nos conformamos con el más de lo mismo o estamos dispuestos a participar en favor de un proceso de transformación y cambio que saque a la entidad de su actual marasmo. Determinación que implícitamente conlleva el no permitir que una vez más la voluntad popular sea escamoteada y manipulada por los delincuentes electorales de siempre; desde ya hay que preservar el derecho a la libre elección evitando la intromisión del clásico “mapache” y su compra de conciencias. No más explotación electoral de pobreza e ignorancia, de la ciudadanía depende.

Hojas que se lleva el viento

Ignorantes, calificó Duarte de Ochoa a quienes se oponen a la criminalización del aborto. Y en la misma frecuencia, Héctor Yunes Landa, candidato del PRI y sus satélites a la mini gubernatura de dos años, se declara a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte, doblando las manos frente al poder eclesiástico e identificándose con lo más retrógrado y conservador del PAN, así como rompiendo generacionalmente con la juventud progresista de la entidad. En un tema tan controversial, el senador con licencia calladito se hubiera visto más bonito.- Xalapa, Ver. 12/05/2016

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J. Enrique Olivera Arce

Entre hombres y mujeres, ciudadanos de a pie, poco o nada se ha querido entender que, en la realidad electoral veracruzana ningún partido político, tradicional, o de nuevo cuño, con registro nacional o local, puede asumirse como mayoritario. Sin excepción en el espectro partidista y en relación tanto al total del padrón electoral, lista nominal o sumatoria total de votos emitidos, son minoría y, con tal carácter, deben considerarse.

Ninguno por sí mismo tiene una base social de apoyo que rebase escasamente el 15 por ciento del total del padrón vigente o  alrededor del 20 por ciento de los votos emitidos en los últimos comicios federales o locales. El abstencionismo, votos nulos o la opción de candidatos sin registro, se han encargado de ello. De ahí, la necesidad de las alianzas o coaliciones electorales si en la democracia electoral  simulada se quiere alcanzar un mínimo de legitimidad para taparle el ojo al macho.

Esta es la realidad electoral, sometida a las reglas del juego que la partidocracia se ha dado para mantener secuestrada y bajo control tanto a la voluntad popular como a la democracia representativa. Reglas del juego, legales o extralegales que, por cierto, dicta el dueño de las canicas, el partido que gobierna,  previo acuerdo con los opositores.

Esta es la razón, a mi juicio, de la necesidad que tiene el votante potencial de no dejarse engañar tanto por encuestas, “chafas” o más o menos serias y fundamentadas, como con aseveraciones de candidatos que se asumen como depositarios de la aceptación e intención del voto de las mayorías cuando la realidad es otra.

Esto último sin considerar que a mayor número de partidos contendientes, más ahora,  candidatos independientes y la opción de los sin registro, la dispersión y fragmentación del sufragio se ve incrementada favoreciendo a la minoría que obtiene más votos; basta con un voto para ganar, dicen las reglas del juego vigentes. En tales términos, la elección sería legal, pero democráticamente ilegítima. Quién se levante con el triunfo gobernará o representará a la ciudadanía en el Poder Legislativo con el respaldo de una minoría en tanto que la mayoría ciudadana queda al margen y sin voz.

Observo que no son pocos los que invitan al voto razonado; deteniéndose en la calidad individual o colectiva de partidos y personajes, sus antecedentes, promesas de campaña o estructura y estrategia electoral, eso está bien, más no es suficiente si de por medio se ignora la legitimidad democrática que se vulnera a partir de  reglas del juego que, en México, no contemplan el que para llegar a ocupar un cargo de elección popular se requiere de más de la mitad del total de votos emitidos.

Así es como gobernantes, senadores y diputados, en este país gobiernan con y para las minorías en franco sometimiento de la voluntad soberana de las mayorías.

¿Qué hacer entonces para contrarrestar electoralmente  fórmulas legales pero ilegítimas?

Bueno, para los que saben del paño, lo ideal para contrarrestar el amañado orden legal y obtener un mínimo deseable de legitimidad democrática, es incrementar en las urnas el número de sufragios a emitir. A mayor número de votos mayor será la probabilidad de que el partido o coalición de partidos y sus candidatos postulados tengan un mayor respaldo social. En la inteligencia de que en Veracruz y atendiendo al espectro partidista en la elección de junio próximo, existen partidos políticos y remedo de partidos políticos o candidatos independientes que participan en el proceso con el fin último de dispersar y pulverizar el sufragio, como medida estratégica del gobierno estatal para beneficiar a la primera minoría asegurando su continuidad como partido gobernante.

Esta opinión de los que saben, implica, por un lado, reducir al máximo posible el abstencionismo; inclinar la intención del voto a favor de las opciones minoritarias con mayor posibilidad de triunfo, y dar la espalda en las urnas lo mismo a los partidos “paleros” –“zombis”, les llama Rafael Árias- que a candidatos independientes o sin registro.

Si esto es así, la continuidad del más de lo mismo o de la búsqueda de un cambio más o menos auténtico, dependerá de una cuantiosa votación a favor o en contra de estas dos alternativas electorales polarizadas,  eligiendo a una primera minoría que responda a la intencionalidad del sufragio emitido.

Correspondería entonces a los votantes y no a quien esto escribe, el identificar qué partido, coalición o candidato se encuentra en la tesitura tanto de alcanzar en las urnas  la calidad cuantitativa de primera minoría, como de ofertar la mejor opción para el futuro inmediato de Veracruz. La última palabra en este supuesto la tendría la ciudadanía.

Voto informado y  razonado sí, pero reconociendo que se parte de una realidad electoral que no se puede ni debe ignorar en nuestra deformada democracia.

Hojas que se lleva el viento

Identificar a un candidato químicamente puro, honesto, bien intencionado y comprometido con las mayorías, es tanto cuanto más que imposible. Está en la naturaleza del régimen político vigente el que los políticos profesionales antepongan el interés personal o de facción al bien común. De ahí que el problema a dilucidar por los votantes potenciales no sea de carácter ético o moral, eso debe descartarse, lo determinante para inclinar la intención del sufragio y actuar en consecuencia en junio próximo, a mi juicio, está en percibir quién o quienes estarían dispuestos con el concurso de todos, a encontrar los mejores caminos para iniciar la reconstrucción de un Veracruz hoy saqueado y en crisis.

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Enrique Olivera Arce

Contrastando con el quehacer compulsivo de una llamada clase política inmersa en la guerra de lodo, la mayoría de la población en la entidad veracruzana vive su día a día comprometida con los avatares de una cotidianeidad cada vez más incierta y azarosa, sintiéndose ajena a lo que la partidocracia disputa en el proceso electoral en curso.

El bombardeo mediático no cesa, los tiempos de campaña se acortan y el mensaje de los candidatos contendientes no prende entre los veracruzanos, juzgándosele poco alentador frente al reto de rescatar a Veracruz lo mismo del desastre económico que de la corrupción impune que permea en todos los niveles de la administración pública.

No hay que ir muy lejos para percibirlo. Basta escuchar a familiares y amistades cercanas; a lo que se comenta en los centros de trabajo o lugares públicos de esparcimiento, para constatarlo. El peso de la vida cotidiana se impone por sobre el interés que podría o debería despertar el proceso político que desembocará con la elección del gobernador de dos años y el relevo de la Legislatura local. A lo sumo, se privilegia el comentario sobre el hartazgo que provoca el bajuno perfil del proceso en curso con vanas promesas de campaña alejadas de la realidad circundante, así como de dimes y diretes cargados de detritus que se intercambian partidos y candidatos, en una guerra de todos contra todos en la que el gobierno estatal no es ajeno y en la que la mayoría de los medios informativos son también actores beligerantes a conveniencia.

Si en los círculos políticos y periodísticos pragmáticamente  preocupa y ocupa el destino final de la contienda electoral, para el grueso de la población, mirón de palo al fin en una democracia simulada, el incierto final pareciera le tiene sin cuidado que, al fin y al cabo, el triunfo para unos u otros, buenos, malos o feos,  no es garantía alguna del tan necesario como urgente cambio que la entidad exige. Más de lo mismo entre los mismos, no motiva participación y compromiso de las mayorías para con un proceso electoral que naciera viciado de origen.

Confirmándose en Veracruz la no correspondencia entre el régimen político nacional vigente y las expectativas presentes y futuras de una sociedad en la que el descontento y el hartazgo le ha abierto los ojos. La ausencia de credibilidad y confianza en el régimen y  las instituciones de que de él dimanan, así como en el sistema de partidos políticos que le soporta, es ya denominador común en una población que no confía ni espera más de una democracia representativa secuestrada, dominada y controlada por mafiosas estructuras en las que la corrupción impune es su mejor carta de presentación.

Ya no es sólo reflejo del todo nacional  lo que se vive en Veracruz. La cloaca en que se ha transformado la vida política de la entidad es parte viva y actuante de un Estado-nación que habiendo perdido rumbo y destino, se sustenta en un régimen político que tocando ya a las puertas de la obsolescencia ni ve ni escucha lo que la realidad demanda.

Si queremos una democracia viva y actuante como sustrato del cual partir para el rescate y transformación de Veracruz, la tarea de todos empieza por rescatar la política política y,  este esfuerzo, no pasa ni por el actual proceso electoral ni por la llamada clase política y adláteres convenientemente comprometidos con el statu quo, está en el día a día con la participación y voluntad colectiva por incorporar a nuestra vida cotidiana el interés por el bien común, con el compromiso de arrojar a la partidocracia corrupta y larvaria al basurero de la historia. Basta ya de dar vuelta tras vuelta en el perverso círculo vicioso de una improductiva noria que no conduce a nada.

Hojas que se lleva el viento

Al presentar ante el Pleno del Senado el dictamen con proyecto de decreto por el que se expide la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales y se adiciona el artículo 9 de la Ley General de Bienes Nacionales, el presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado de la República, José  Yunes Zorrilla, aseveró que este instrumento legal propiciará condiciones de convergencia económica en favor de la población que habita el sur y centro del país sin perjuicio para el resto de los mexicanos. Afirmación del legislador priísta que debemos guardarla convenientemente en el morral de los recuerdos, como una expresión más de medias verdades y medias mentiras en la escalada del proyecto neoliberal que, impulsado desde Washington, pretende oponer el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), al proceso de integración regional de América Latina. Las comunidades indígenas asentadas en el sur-sureste de México más temprano que tarde desmentirán al legislador veracruzano, denunciando mayor desigualdad, pobreza, exclusión, discriminación, intolerancia y despojo de sus territorios a consecuencia del propósito último de las Zonas Económicas Especiales.

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La lógica de la guerra sucia electoral en Veracruz: “Estás conmigo o estás con Javier Duarte y sus mapaches”. Y bajo esta premisa el candidato, candidata o partido político que mayor cantidad de mierda en contra de sus adversarios esparza a lo largo y ancho de la entidad será el ganador de la contienda.

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