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Archivos en la Categoría: Crisis partidista en México

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La terca realidad no nos desmiente. La crisis de un  régimen presuntamente democrático sustentado en un racimo de partidos que conforman lo que ya se etiquetó como partidocracia, tiempo ha que tocó fondo, exhibiendo públicamente sus miserias ante una ciudadanía que ya no se da por sorprendida.

La pugna facciosa al interior del PRI está al desnudo, el ignominioso ejemplo del príncipe de la basura en el D.F.,  es apenas la punta del iceberg de lo que a nivel nacional se vive en la estructura del tricolor; Veracruz no es la excepción como ha quedado ampliamente demostrado con la imposición -contra la opinión generalizada de la militancia- de Elizabeth Morales al frente del Comité Directivo Estatal.

Éste ejemplo no es privativo del PRI, en todo el sistema partidista se da, ningún instituto político con registro vigente se salva de la descomposición moral y política, corrupción, tráfico de influencias y simulación que hoy exhibe el PRI, con la diferencia de éste último que bien se ha venido guardando de exhibir sus trapitos al sol presumiendo de unidad al interior de sus filas, hasta ahora.

Lo cual no obsta para que conste ante la opinión pública que la descomposición del partido gobernante responde a un proceso permanente de corrupción, impunidad y gatopardismo. Ejemplos de ello sobran lo mismo entre dirigencias que entre presidentes de la república, gobernadores y legisladores.

Quien esto escribe se sumó oportunamente a la percepción de la profundidad de la crisis del régimen caduco que hoy la realidad pone al descubierto:

Septiembre 7 de 2010.- ¿Partidos políticos en crisis?

“Corrupción, impunidad, enriquecimiento más que explicable, demagogia y más de lo mismo, es la respuesta de los partidos políticos al cumplimiento del deber cívico y obligación ciudadana frente a las urnas. La voluntad popular  es desechada pasada la elección y el mandato ciudadano toma la forma de cheque en blanco, a disponibilidad arbitraria de los elegidos que habrán de actuar atendiendo a los intereses del partido político que les postulara.”

Octubre 25 de 2011.- México. El sistema político nacional toca fondo

“Los partidos políticos dejaron de ser funcionales a la par que el estado de derecho es letra muerta en México. El imperio de la ley no aplica para el sistema político vigente; prevaleciendo la “ley del embudo” que se maneja sin excepción al libre albedrío en todas las instancias partidistas…”

Enero 15 de 2013.- ¿Qué fuerzas políticas moverán a México?

“Aparentemente todo cambia con el PRI nuevamente en el gobierno de la república, la verdad es que todo sigue igual en un régimen de partidos políticos parchado que, en su carácter de partidocracia de hecho, se asume como  rector de la vida nacional. Ni vencedores ni vencidos, todos son iguales, todos se tapan con la misma sábana.”

Abril 4 de 2013.- Peña Nieto y la crisis partidaria

“La crisis partidista no es solo de credibilidad. Puede observarse, sin temor a equivocarse, que también es orgánica y de racionalidad instrumental. Tres lustros de inmovilidad en los procesos de alternancia y transición democrática, desarmaron fines y razón de ser del sistema de partidos en México…”

Abril 29 de 2013.- El ocaso de los partidos políticos en México

“Ayuno de credibilidad y si identificado como una partidocracia parasitaria, el sistema de partidos para la ciudadanía es hoy más un estorbo que vía para el diálogo y concertación entre gobierno y sociedad…”

No estábamos del todo equivocados.

Hay muertos que no hacen ruido…

El tricolor a lo largo de su historia supo más o menos guardar la basura bajo la alfombra, cuidando las formas exigidas por su carácter hegemónico apareciendo en público como  un partido monolítico, sin fisuras ni rupturas. En eventos previos a la elección presidencial de 1988, quedó demostrado  lo contrario, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas lo puso al descubierto auspicio desbandada y pérdida del control clientelar, iniciando una debacle de la que el PRI aún no se repone.

Hoy día, en un México diferente con una sociedad plural mejor informada y con mayores condiciones para la participación ciudadana, está demostrado que el PRI ni es monolítico ni es ya referente hegemónico de la vida política nacional, sobreviviendo de la simulación y la corrupción político- electoral.

Para el pueblo todos son iguales

Si en su momento por su carácter tribal el PRD mostrara ser el eslabón más débil entre los tres partidos mayoritarios de la cadena de un régimen caduco, exhibiendo división, guerra fraticida, encono y vulgar telaraña de intereses particulares y de grupo, en el presente con el ilegítimo mandato de Enrique Peña Nieto, el llamado pacto por México y la aprobación de presuntas reformas estructurales, tanto el PAN como el PRI ponen de manifiesto que no hay diferencia entre unos y otros, contribuyendo los tres a la profunda descomposición política del régimen que deviene en crisis y que, por su peso específico en la conducción de los destinos del país, arrastra consigo a toda la sociedad.

No teniendo cara para pretender seguir secuestrando a la democracia representativa y voluntad popular, los tres partidos mayoritarios divididos y polarizados a su interior, se desgarran las vestiduras ofreciendo el compromiso de cambiar para bien. Vano esfuerzo mediático, si como el Ave Fénix aspiran a renacer de entre las cenizas, su naturaleza lo impide. Así como nacieron entre corrupción y simulación democrática, así los mexicanos esperan pasen a mejor vida cediendo el espacio a una auténtica representación de la voluntad ciudadana.

Hojas que se lleva el viento

“El influyente diario The Washington Post se refirió a la drástica caída en los niveles de aceptación del gobierno del priista Peña Nieto. La clase media en México, expuso el periódico de la capital estadounidense, ha visto cómo los impuestos se elevan, la gasolina es más cara y también las bebidas gaseosas, casi la mitad del país se mantiene en la pobreza y la confianza del consumidor va en picada, junto con otros indicadores que muestran que a los más pobres les está yendo peor que nunca con el actual Presidente. El mayor problema es el crecimiento débil de México. El año pasado, la economía del país creció a sólo 1.1 por ciento, muy por debajo de la meta de crecimiento del 5 por ciento que Peña Nieto estableció cuando se postuló para Presidente”  ( ADN sureste 15/04/2014).

Apreciación del Washington Post que anida desde endenantes en el imaginario colectivo de los mexicanos. Alguien no está haciendo bien la tarea y este podría ser el súper secretario de hacienda Luís Videragaray Caso, que la mayor parte del tiempo se la pasa en campaña nacional e internacional promoviendo las inciertas bondades de las reformas peñistas y descuidando el apuntalar un mercado interno en constante deterioro. Sin consumo efectivo de los mexicanos no hay condiciones para la inversión, nuevos empleos, ahorro y crecimiento y esto, el flamante economista mexiquense parece ignorarlo ocupado como está en justificar lo injustificable de la alquimia neoliberal del Sr. Peña.

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J. Enrique Olivera Arce

El optimismo es inaudito cuando de engañar o engañarse se trata. Llama la atención el que las autoridades hacendarias afirmen que con las reformas presuntamente estructurales que impulsa el Sr. Peña Nieto -con la complicidad de la partidocracia-, México será otro país.

¿Qué país? Nadie atina a decirnos que nuevo país debemos esperar, salvo insistir con la aplanadora mediática que se obtendrá crecimiento económico, productividad, competitividad y, por ende, mejores condiciones de vida de los mexicanos. Letanía que la realidad desmiente día con día. México no crece, antes al contrario, el estancamiento es evidente, académicos y analistas del sector privado pronostican que en el 2014 aún estamos lejos de alcanzar una meta de crecimiento superior al 3.9 %.

Más que optimista el oráculo habla de pesimismo frente a una terca realidad que en el mundo globalizado condiciona a México a jugar con las reglas y recetas que imponen los organismos financieros internacionales.

Por si esto fuera poco, un indicador más, el del ahorro y el crédito en México, señala que el dinamismo en estos rubros está a cargo de la informalidad. Más de 18 millones de usuarios confían más en operaciones no reguladas que en las instituciones bancarias. Los mexicanos ya no confían ni en su sombra y esto incide en el desempeño económico.

Así que pese a la engañifa que propalan las autoridades hacendarias, tenemos el México que conocemos y para un buen rato uno distinto al que soñamos. Más si se toma en cuenta que la corrupción e impunidad, como expresión sub cultural de los mexicanos, lejos de atemperarse cobra fuerza manifestándose a niveles de escándalo tanto en la esfera privada como en el sector público, en tanto que la desigualdad y pobreza, con carta de naturalización en el país desde siempre, se agudiza.

¿A qué le tiramos? ¿Qué país deseamos heredarle a las nuevas generaciones y con cual sueñan estas como expectativa de futuro?

Interrogantes que se quedan en el tintero. Nadie está de acuerdo con el actual, pero tampoco nadie puntualiza explícitamente cual es el deseable para actuar en consecuencia y, peor aún, no hay visos de un cambio real a la vista; conformándonos con el gatopardismo de siempre que hace de la simulación y engaño pan de todos los días, dejando hacer, dejando pasar cambiando para seguir igual.

En esta tesitura se contempla a las dichosas reformas que no aterrizando o forzadas a aterrizar contra lo que la opinión pública considera pertinente, destaca el hecho de que el propio impulsor de éstas, el Sr. Peña, espantado por los resultados de su ejercicio de aprendiz de brujo, hoy da marcha atrás en la reforma del sector de comunicaciones, proponiendo una ley secundaria que se contrapone con la reforma constitucional aprobada a jalones y estirones por el Congreso de la Unión en el 2013; dejando las cosas como estaban o peor, beneficiando al duopolio televisivo, como lo asienta el panista Javier Corral en un artículo publicado en el Universal que no tiene desperdicio.

Y por si fuera poco, en el colmo del cinismo, sin aún aprobarse por el Congreso de la Unión la legislación secundaria en materia energética, Peña Nieto ya subasta dos tercios de las reservas de petróleo y gas; potencial de hidrocarburos equivalente a la producción que ha tenido el país en los pasados 110 años según lo revelara PEMEX el pasado viernes. Obsequiando, con ello a las petroleras transnacionales interesadas en participar en el tianguis petrolero, el patrimonio nacional más valioso de la paraestatal como es el acervo acumulado de la prospección de las reservas de petróleo en el país.

Esto último, sin consulta previa ignorando al propietario de tal acervo, el pueblo de México que se asume una vez más como mirón de palo frente al despojo.

“Más vale malo por conocido que bueno por conocer” reza la conseja popular y, sin embargo, con una gran apatía nos dejamos arrastrar por lo desconocido acatando sin más, reformas neoliberales aprobadas al vapor que se imponen por sobre lo que nuestra historia y ubicación geopolítica y geoeconómica recomiendan como lo más conveniente para México en el mundo globalizado.

Aceptémoslo, con reformas o sin reformas, el México de mañana es el de siempre en tanto el pueblo de México no decida otra cosa… Y para eso falta un largo trecho por recorrer.

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J. Enrique Olivera Arce

Gobernador de Veracruz

Gobernador de Veracruz

La Auditoria Superior de la Federación (ASF) destapó la Caja de Pandora en Veracruz (La Jornada en Veracruz 24/03/2014). Una más que presunta ola de corrupción en la administración pública estatal queda al descubierto.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, por su parte alimentó rumor y especulación con el cese fulminante de dos cercanos colaboradores “por haber traicionado la confianza del gobernador”, confirmándose de hecho lo que siempre se ha negado en el discurso oficial: una pésima administración y el saqueo sin límite a lo largo del mandato de Fidel Herrera Beltrán y en lo que va del actual gobierno duartista, dio pie al déficit en obra y finanzas públicas y su correspondiente ajuste vía endeudamiento creciente.

Hoy no hay dinero en las arcas públicas estatales. Pagar quincenalmente la nómina gubernamental, atender reclamos de acreedores de corto plazo, contratistas y proveedores y cubrir servicio de la deuda es un verdadero calvario. La obra pública estatal brilla por su ausencia y se atiende a necesidades reales y sentidas de la población con saliva.

Si el gobierno de Veracruz prácticamente se sostiene con aportaciones federales al presupuesto autorizado por el Congreso local, esta fórmula no da para más. Elementos de juicio sobran para justificar la pérdida de confianza del gobierno estatal ante la federación y, por ende, tal aportación fluirá por goteo y observada con lupa, o bien, será el gobierno federal el que se haga cargo de la ejecución de obras y servicios de conformidad con su orden de prioridades y no otro.

Adicionalmente, los recursos propios sustentados en el tributo de los veracruzanos, corren el riesgo de venirse abajo. Los contribuyentes no cautivos con justa razón habrán de oponerse a seguir contribuyendo a la inversión y gasto de un gobierno corrupto. Incrementándose informalidad tanto en el aparato productivo como en servicios y consumo.

Y lo más grave. Con el destape federal de la Caja de Pandora, la desconfianza del gobierno del Sr. Peña en el gobierno de Veracruz se reflejará en la actitud por asumir de una población engañada y lastimada que no confiará más en un gobierno fallido que hace del saqueo, impunidad y simulación regla de oro de un Estado de derecho que, en la entidad, sólo existe en el papel. Gobernanza y gobernabilidad a base de saliva y bombardeo mediático, no son ya garantía para paliar el temporal; tampoco marco propicio para crecimiento y desarrollo.

Y en este escenario, en lo político sobra decir que en el 2015 y 2016 las contiendas electorales no serán miel sobre hojuelas. No se puede hacer de lado que los partidos políticos hasta ahora existentes, han sido juez y parte de la corrupción impune y desaciertos gubernamentales y ni qué decir de los senadores priístas, aspirantes naturales a suceder al Dr. Duarte de Ochoa, que avalando a éste, al desorden administrativo, y al saqueo e impunidad, propalan que en Veracruz no pasa nada.

Éstos últimos, parafraseando a conocido columnista, al igual que el gobernador veracruzano, flotan en el espacio en calidad de astronautas. Desde las alturas del espacio sideral ven llover y no se mojan; ignorando la realidad hoy destapada por la Auditoría Superior de la Federación y puesta a la libre interpretación de los veracruzanos. No ven, no escuchan, haciéndose cómplices del saqueo.

Mal momento para Veracruz. A dos años y medio del relevo del Dr. Duarte la población está indefensa frente a un gobierno fallido. Estancamiento y retroceso en todos los órdenes, pese a la panacea de las presuntamente estructurales reformas del Sr. Peña que habrían de incidir positivamente en la entidad. Lo expresado por el gobernador en la rueda de prensa del pasado lunes, son ominoso anuncio de tormenta en suelo veracruzano. Su optimismo desbordado pretendiendo seguir tapando el sol con el dedo, no oculta los negros nubarrones en el horizonte inmediato.

Destapada la Caja de Pandora, Duarte de Ochoa está llamado a poner en la cárcel a quienes han defraudado no su confianza, sino la de los veracruzanos todos, o tirar el arpa pidiendo una licencia que es hoy por hoy lo obligado como primer responsable de desorden, ineficacia y saqueo en su gobierno.

Su partido con vista al 2015 y 2016 se lo agradecería.

Hojas que se lleva el viento

Por donde se le quiera ver, la pensión universal, iniciativa de Peña Nieto y aprobada por la Cámara de Diputados, constituye un engaño mayúsculo al pueblo de México, en tanto que el seguro de desempleo un vil saqueo a los ahorros para vivienda de los trabajadores. La ley de marras, ahora por aprobarse en el Senado, sí que es el robo del siglo.

-ooo-

Ya lo dijo el santo Papa y algo de eso le toca a Xalapa: “… el desempleo es la consecuencia de un sistema económico que ya no está capacitado para crear trabajo, porque ha puesto en el centro a un ídolo que se llama dinero”. El pontífice Francisco añadió que “el trabajo es un bien de todos y tiene que estar disponible para todos”, y defendió “la dignidad de llevar el pan a casa”, instando a los sectores políticos, económicos y sociales a que favorezcan una economía basada en la “justicia y la solidaridad” que garantice a todos “la posibilidad de desarrollar un trabajo digno”.

Sin empleo y salarios dignos y remunerativos que fortalezcan capacidad real de consumo de la población, no hay crecimiento económico ni mejoramiento en la calidad de vida. Sin trabajo que ofrecer a sus habitantes, Xalapa está condenada a ser pueblo mágico en el que se sobreviva de milagro. Ojo señores planificadores.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo con las reglas del juego impuestas por la partidocracia, en materia electoral palo dado ni dios lo quita. Enrique Peña Nieto es presidente y no hay vuelta de hoja, por más que se compruebe a toro pasado que para asumirse triunfador de la elección presidencial del 2012, incurriera en falta al excederse en 12 veces el gasto de campaña autorizado. Con el estoque adentro sólo queda la satisfacción de que, en su oportunidad ante lo evidente una mayoría contestataria pusiera el grito en el cielo dándose por robada frente al fraude percibido.

Así que ni llorar es bueno. Sólo queda ante “el fraude”, ahora comprobado, del entonces candidato del PRI a la presidencia de la república, reconocer que de acuerdo a las reglas del juego vigentes su mandato es legal; pero no por ello es legítimo y, por tanto, obligado está el Sr. Peña a ganarse la confianza ciudadana con un buen desempeño.

Lo que obviamente no está haciendo al obtener en el corto tiempo de su gestión más rechazo que aceptación al imponer reformas legislativas presuntamente estructurales que, a más de impopulares, no están incidiendo positivamente en mejorías tanto en el orden económico como en un deteriorado tejido social dominado por la desigualdad, pobreza, inseguridad, corrupción y barruntos de gobernanza fallida.

Peor aún, la ilegitimidad de su mandato polariza a los mexicanos;  dividiéndoles más que acercarlos a un principio de unidad y consenso en torno a instituciones republicanas y políticas públicas, con el propósito de  impulsar crecimiento y desarrollo para salir del bache del subdesarrollo. En este escenario, las reformas aprobadas no aterrizan, perdiéndose oportunidad e ímpetus iniciales ahora reducidos a manido discurso reiterativo y ruido mediático que aleja más que acercar a la ciudadanía.

El lastre del subdesarrollo.

Tras cada traspiés legislativo y reforma planteada y aprobada, surge la necesidad de muchas más que den viabilidad a las primeras, mientras el país entero espera resultados que ni por asomo llegan.  Si bien no se le puede ni debe regatear sus hasta ahora exitosos logros en el combate a los varones de la delincuencia, éstos no son suficientes para tranquilizar el ánimo de la ciudadanía; descontento y hartazgo ya pesan más que los aún efímeros  resultados cortoplacistas del Sr. Peña.

El histórico rezago estructural se impone al ambicioso proyecto de modernización y consolidación neoliberal del mandato de un Peña Nieto  enfrentado  -parafraseando  a Vicente Fox-, hoy, hoy a la amarga realidad de patos por doquier disparándoles a las escopetas. El libre mercado como paradigma de su gobierno, no resuelve por sí lo que el lastre del subdesarrollo dependiente construye en el día a día de la pobreza y desigualdad, antes al contrario, lo agudiza.  A mayor valor de la riqueza producida, mayor en México es su concentración en pocas manos,  fórmula que traduciéndose en una  también mayor indefensión económica y social de un pueblo postrado y expoliado, hace nugatorias las reformas presuntamente estructurales por muy ambiciosas que estas sean.

Estado de derecho.

Para fortuna del PRI y sus micro satélites, la oposición perdida en sus propias contradicciones internas, dividida y confrontada en torno a las rebanadas del pastel que las reglas del juego le asignan, carece de fuerza, voluntad y autoridad moral y política para afrontar con energía lo que, en otros países medianamente civilizados sería motivo para desconocer el mandato presidencial. El excederse  en más de cuatro mil millones de pesos en gastos de campaña, además de ruin y escandaloso,  rompe con los principios de equidad,  legalidad y certeza de una elección presuntamente democrática. Con ello, el Estado de derecho se vulnera y hace de la impunidad regla de oro para un país sin ley.

Pero estamos en México. La ley es tan elástica como el titular del poder ejecutivo federal quiera y convenga. A estas alturas, Peña Nieto con el sartén por el mango, hace lo propio. Como también está en sus manos, sin oposición al frente, el ofertar a México en el tianguis internacional del capital. Está en su derecho, visto esto desde la óptica de las reglas del juego político de quienes son los dueños de las canicas.  Más no siendo legítimo, debe aceptarse que en la pseudo democracia representativa ante mirones de palo audacia es el juego  y al que no le guste es, en lenguaje coloquial, “su pedo”.

Y sobre estos últimos, que no son precisamente uno ni dos, vale la pena preguntarse si reconociendo la legalidad del mandato del Sr. Peña, pero convencidos de que carece del mínimo de legitimidad, estarían dispuestos a aceptar sumarse a un cuestionado liderazgo que más que pedir, exige e impone el peso de la autoridad para obtener magros consensos y unidad en torno a un proyecto económico y social del que se derivan reformas legislativas y políticas públicas contrarias al interés nacional y al espíritu del pacto social que el Estado mexicano se ha dado.

A toda acción corresponde una reacción.

Y en este marco, cabe preguntarse también cuál será la respuesta de una indignada, frustrada y lastimada ciudadanía  frente a las urnas en las próximas contiendas electorales,  a sabiendas del  carácter fraudulento y antidemocrático de éstas. Mi opinión es que seguramente no será favorable ni al PRI ni a sus candidatos, juzgados ya desde ahora como delincuentes electorales. Pero tampoco favorable al PAN o al PRD que cogobiernan, si es que tiene validez alguna aquella conseja popular que nos dice que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Desde ya la balanza se inclina a favor de la abstención y el voto en blanco.

Salvo, claro está, que nuevamente nos falle la memoria. Estamos en México y esto suele suceder para nuestro infortunio como país,  con harta frecuencia.

Hojas que se lleva el viento.

Si algo caracteriza al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa es su proclividad a ser políticamente inoportuno. Con la filtración de la información al diario local de mayor circulación en la capital veracruzana sobre el cese de dos connotados funcionarios públicos de primer nivel -por cierto muy cercanos anímicamente al ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y públicamente señalados por su ostentoso enriquecimiento-, el Dr. Duarte le gano la de ocho a Peña Nieto y su celebración del 78 Aniversario de la Expropiación Petrolera. Fue mayor el interés que despertara en la opinión pública veracruzana el “manotazo” que todo lo que tenía que decir el Sr. Peña en Cosoleacaque.

-ooo-

El alcalde de la capital veracruzana está invitando a la ciudadanía a participar en los foros previos a la elaboración y, en su caso, aprobación del Plan Municipal de Desarrollo. Lo que en principio suena bien, abonando a las buenas intenciones del joven Américo Zúñiga, sin embargo surgen de inmediato dudas: ¿La invitación va acompañada del diagnóstico sobre la situación que guarda el Municipio de Xalapa, que a estas alturas ya debe estar sobre el escritorio del munícipe? ¿Con cuanto contante y sonante contaría el Ayuntamiento para financiar un plan de cuatro años? Estas y otras más que surgen cuando se habla de un ambicioso plan en el que deben considerarse el qué, por qué, para qué, cómo, quién, en que tiempo  y con cuánto.

Sin un marco de referencia que centre participación y debate, una vez más se estaría bordando en el vacío y tapándole el ojo al macho con una manifestación más de simulación. Tenemos no una Xalapa, sino cuatro, con necesidades reales y sentidas de primer orden  cuya prioridad es limpiar el cochinero existente antes que hablar de grandes y ambiciosos proyectos. ¿A qué orden de prioridades deben atender entonces los participantes en el foro?, partiendo del supuesto de que hay más deudas que dinero líquido en las arcas públicas municipales. ¿Lo explicitó el alcalde xalapeño al invitar a participar?

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J. Enrique Olivera Arce

Valiéndose del hecho de que no existe oposición partidista al frente,  el gobernador Duarte de Ochoa turna a la legislatura (sin H y con minúsculas) la iniciativa de ley de armonización educativa para el estado de Veracruz y, en menos de 24 horas,  con una abstención y 2 votos en contra, los diputados pastoreados por el priísta Juan Nicolás callejas Arroyo la aprueban sin mediar nada que justifique, tanto inusitada premura como legalidad del agandalle y, mucho menos legitimidad social de dicho ordenamiento. ¡No tienen vergüenza!

Para colmo, Emilio Chuayffet, Secretario de Educación, insinúa que la aprobación de la ley estatal de marras será impugnada por la federación por contravenir lo dispuesto en la reforma educativa peñista (Sociedad 0.3, marzo 5 de 2014).

Si en el pasado para los priístas aquello de que la forma es fondo se tomaba en consideración en los actos de gobierno para taparle el ojo al macho, esto se perdió. La suerte sigue al principal y las decisiones se toman sin más con cinismo y descaro. Y así como hoy el presidente Peña deja atrás la sana distancia con su partido,  pasándose por el arco del triunfo el gobernar para y con todos a que obliga una sociedad plural, en Veracruz la desvergüenza de una dócil y ovejuna pseudo representación popular, se pasa por lo más pando a sus representados, votando al vapor, sobre las rodillas y sin el menor apego a las formas, una inconsulta ley que por principio es rechazada por el principal interesado y afectado como es el magisterio veracruzano.

Pueden cantar a los cuatro vientos que la legislación aprobada está plagada de bondades y beneficios y que sólo es rechazada por una “minoría de güevones”, pero eso no obsta para que conste  el que la ciudadanía se sienta engañada y burlada una vez más por un gobernante y sus lacayos que no dejan de pensar que gobiernan para un pueblo de menores de edad.

Y aquí cabe también calificar como lacayuno el aval al gobernador y sus diputados por parte de los espurios liderazgos oficiales y oficiosos del sindicalismo magisterial, mafia al servicio PRI-gobierno y parte sustantiva de la corrupción en el sector educativo.

Qué bueno que este vergonzoso y ofensivo desaire a la ciudadanía ocurre durante las fiestas de carnaval. Así queda exhibida la mayoría de la diputación local como lo que son: simple comparsa de simuladores que bailan al son que toque el  ahora madrugador gobernador. Ojala y esta imagen perdure en la mente de los veracruzanos para, con todo derecho de causa, den la espalda a la partidocracia en los próximos procesos electorales.

Votar ya no tiene sentido. Si el concurrir a las urnas se consideraba como la única oportunidad de expresarse en democracia frente a un régimen político caduco, autoritario y corrupto, esta oportunidad ya está cerrada.

Las formas hablan por el fondo, democracia representativa deviene en caldo de cultivo para simulación, gatopardismo, corrupción e impunidad sin el menor respeto a los votantes. Y aún hay más, aprobada la ley de marras no garantiza su cumplimiento… Al tiempo

Y a otra cosa mariposa, a propósito de dignidad.

Lamentable es que el gremio de los tundeteclas de a pie renuncien de un día para otro a su rabia y sed de justicia a cambio de un frugal desayuno invitado por el Sr. Dr. Duarte de Ochoa. Lo que hoy se ve a continuación de la rueda de prensa que el gobernador ofrece los lunes, ni es acercamiento con los periodistas ni mucho menos con los veracruzanos todos. Tampoco nueva cara del duartismo como dicen los apologistas de la prosperidad mediática; es simple y llanamente una faceta demagógica más de simulación con la que entre medias verdades y medias mentiras, el poder público pretende reconciliarse con una sociedad que acumula frustración y hartazgo.

Si los reporteros de los diversos medios de comunicación de la capital veracruzana lo que buscan para ganarse el pan de cada día es información de primera mano, no necesitan de que medie un desayuno salpicado de chistes y frivolidades para cumplir con su tarea. Básteles con “refritear” el boletín de prensa que publica la oficina de prensa en la Internet dando cuenta cotidiana de las ocurrencias de la administración pública estatal. Poco profesional, pero seguramente más digno para quienes quieran y estén dispuestos a respetarse  a sí mismos.

Hojas que se lleva el viento

El tiempo transcurre y la población observa. El beneficio de la duda otorgado al joven alcalde de la capital veracruzana, tiene límites. Desde estas líneas recordamos al Sr. Zúñiga Martínez que para cada xalapeño la ciudad empieza en su calle. Cerros de basura en las esquinas, profundos y amplios baches en calles y avenidas, talleres mecánicos y auto perreras o auto macetas a media calle, pésimo y caro servicio de transporte público, nula vigilancia nocturna, desorden en tianguis y mercados sobre ruedas e incuestionables daños a terceros por el comercio informal tolerado, no es la imagen que deseamos para una ciudad que será sede de los más deslucidos Juegos Centroamericanos y del Caribe de que se tenga memoria. Antes que costosas obras de relumbrón, a lo que la ciudadanía aspira es a una ciudad limpia, ordenada, habitable, segura  y digna para propios y extraños…  Ojo, Sr. Alcalde.

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J. Enrique Olivera Arce

Dada la situación que está viviendo la sociedad mexicana, considero de mal gusto hablar de la soga en casa del ahorcado. La sola mención de la palabra “cadáver” crispa los nervios de más de uno, quizá por ello los excluidos del PRD en la aldea, autodenominados “amarillos”  para diferenciarse de sus correligionarios “rojos” uncidos al gobierno estatal, se niegan a reconocer  públicamente que el partido del sol azteca tiempo ha es fiambre insepulto, en Veracruz cuando menos.

Si así lo hicieran, en congruencia lejos de desgastarse inútilmente en una ramplona pelea que no lucha, al interior de su instituto político, tendrían por principio de cuentas que reconocer que la fuerza electoral de la izquierda ya no está en los partidos que,  en la geometría política nacional  se asumen como exponentes, representación y voz autorizada  de los intereses de una ciudadanía opositora en desacuerdo con las políticas públicas que vulneran soberanía, democracia y bienestar de la gente.

Si su corta visión les permitiera ver más allá de lo electoral y de los beneficios personales, prebendas y canonjías  que acarrea el ejercicio de la política y el servicio público, actuarían en consecuencia identificando quienes son en la realidad los electores que materializan en las urnas sus apetitos de acceso al poder formal. Y sin embargo, no parece tengan claro que la fuerza electoral real de la izquierda electoral no radica ni en las dirigencias espurias ni en una raquítica militancia que ha sido desplazada por los movimientos sociales contestatarios que, al margen de siglas y color de camisetas partidistas, optan por la autodefensa de sus más caros intereses, lo mismo de inclusión y participación solidaria y democrática en las tareas del desarrollo nacional que en aquellos asuntos que les afectan trastocando su vida cotidiana en el seno de las comunidades que les son propias.

Defensa popular a la que los partidos autodenominados de izquierda son ajenos, como bien se constata con  las diversas movilizaciones sociales que pugnan por hacerse cuando menos escuchar por las autoridades de los tres órdenes de gobierno.

A estos movimientos sociales lo electoral les vale un cuerno. Pero sus integrantes ejercen su derecho a votar a sabiendas de que la democracia representativa es un mito, en tanto esta esté secuestrada por la partidocracia y que el gobierno en sus diversas esferas de la administración pública está para servir a los poderes fácticos y no al mandato de la voluntad ciudadana recibido en las urnas. Pero también recurren por la libre en la defensa de sus legítimos intereses.

Lo mismo les vale un rábano la pugna entre amarillos y rojos al interior del PRD en la entidad o la tribal que se da a nivel nacional, que para el caso es lo mismo. Identificado como partido palero, coparticipe en el diseño y aprobación de políticas públicas antipopulares y contrarias al interés nacional, más que como un aliado de valía al que otorgarle un voto de confianza, se le ve como un obstáculo más a enfrentar en el accidentado camino de la lucha social.

Los perredistas honestos y bien intencionados, que los hay, no quieren o no pueden ver que con la reforma política peñista, o sin esta, los dueños de las canicas son quienes por la buena o a la mala, imponen sus reglas y que, en éstas, la izquierda partidista es un mal necesario al que hay que acotar, usar y desechar cuando así convenga en oposición a la izquierda social y sus pretensiones de inclusión y participación en un juego al que no está invitada. Que, por tanto, como un bien utilitario al servicio de los poderes fáctico y formal, hay que cultivar y conservar compartiéndole clientelarmente algunas de las migajas que ofrece el servicio público a la servidumbre leal y bien portada.

Falta de visión y de ubicación política, que a esta militancia bien intencionada  le lleva a confiar y actuar en consecuencia en una confrontación electoral que no ofrece futuro y, de ahí, el que se preocupen y ocupen en dirimir diferencias internas que les restan presencia y peso en el escenario electoral; paseando de cuerpo presente  a un corrompido difunto que habiendo cumplido su ciclo en el escenario político nacional, exige ya, con urgencia, cristiana sepultura.

Tanta es su miopía que marginados de la lucha social trascendente, día con día alimentan odios y rencores al interior del partido, absurdamente a sabiendas de que en tanto la militancia no renuncie a la estructura tribal y se sacuda a “los chuchos”, todo queda en inútiles amentos.

Por cuanto a las dirigencias espurias del sol azteca, hace ya un buen tiempo que espaldas de la militancia se olvidaron del cadáver, utilizando el petate del muerto para mantener vigente la posición de dependiente utilitario  y el disfrute de prerrogativas, prebendas y canonjías que en vida le fueran concedidas al difunto.

Para la izquierda electoral no hay dilemas. Cumplió en su momento con el papel asignado por el Estado mexicano al sacar del closet a la izquierda histórica en la clandestinidad, extirpándole los dientes. Cumplido su ciclo y auto marginada de la lucha social de las mayorías empobrecidas y lastimadas, sólo le queda un camino, el de sepulturero de su propio despojo.

Hoy la sociedad es otra en un México que paradójicamente, se transforma para seguir igual en su estructura desigual y excluyente. Los tiempos presentes son para la izquierda social que, expresándose en un cada vez mayor número de movilizaciones de la más diversa índole, reclaman para sí el espacio  que venían ocupando los “partidos tradicionales de izquierda electoral”.  Y esto, pese a mi simpatía explicita para con Andrés Manuel López Obrador y su persistente llamado al cambio verdadero, va también para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), aspirante aún a partido político, en tanto no represente a la auténtica izquierda social y haga suyas, sin eufemismo, medias tintas y al margen del juego electoral,  las demandas de las mayorías hoy movilizadas;  en un programa mínimo para la acción, que incluya, unifique y de sentido con visión de largo plazo a las buenas intenciones que hoy animan a las fuerzas contestatarias de este país que se oponen al modelo neoliberal expoliador.

Hojas que se lleva el viento

No nos engañemos, la autodefensa no sólo se expresa en el ámbito de la seguridad pública, ni la mejor expresión de este fenómeno se da en terrenos michoacanos. Es una realidad nacional que cotidianamente se expresa en todos los órdenes de la vida social; los mexicanos vivimos día a día auto defendiéndonos de abusos, agravios e injusticias que derivan de un estado de derecho imperfecto, vulnerado y copado por la corrupción,  impunidad, intereses fácticos, pobreza y desigualdad e ineficiencias de un gobierno fallido. Y en este escenario, quien tiene más saliva come más pinole.- Xalapa, Ver., febrero 9 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para el dirigente nacional del PRI es un hecho irrefutable  que para el 2015 su partido se lleve carro completo en los 21 distritos electorales de Veracruz. Vistas las cosas sobre la condición que guardan los partidos opositores en la entidad, no anda tan equivocado el Sr. Camacho, no por las políticas públicas del gobierno federal y el desempeño de la actual administración pública estatal, o la designación de Elizabeth Morales como dirigente estatal como se quiere interpretar, sino por la carencia de una oposición sólida que en materia electoral pudiera impedirlo.

 Es  público y notorio que lo mismo el PAN que el PRD como opositores mayoritarios no viven su mejor momento. Pérdida de identidad, de rumbo y pugna facciosa a su interior, así como su cada vez mayor alejamiento de las necesidades reales y sentidas de la población, les imposibilitan el poder transitar en sentido contrario a las expectativas de triunfo a que hiciera referencia el ex gobernador de Edomex.

Aún en el caso de que tuviera tiempo la oposición para recomponerse, el peso específico de su pérdida de confianza y credibilidad ante un electorado mejor informado y participativo, le imposibilitaría el poder hacer un papel decoroso en la próxima contienda electoral.

Así las cosas, a mi juicio tenemos PRI para rato.

Esto si nos atenemos a las reglas del juego tradicionales, que circunscriben el comportamiento de la ciudadanía en las urnas  a un reflejo del quehacer de las diversas fuerzas político electorales en contienda. Otros factores que marginalmente pudieran entorpecer el libre tránsito del PRI en sus afanes hegemónicos, no se contemplan en el escenario triunfalista que hoy pone de relieve el Sr. Camacho.

Entre ellos, el cada vez mayor hartazgo ciudadano con respecto ya no sólo a la partidocracia y lo que políticamente esta representa para nuestra incipiente y vulnerable democracia representativa. La frustración y hartazgo ciudadano también está referenciado al comportamiento errático del Estado mexicano ante los grandes y complejos problemas nacionales que afectan, en primer término, a los sectores más débiles e indefensos de la sociedad, como es el caso de la inseguridad, corrupción, impunidad, disminución de derechos individuales y sociales, desempleo y pérdida del poder adquisitivo del salario. Frustración y hartazgo cuyo origen no se identifica con el Estado como tal sino que es atribuible al gobierno, a la administración pública en sus tres estamentos de autoridad y a la pésima imagen de los actores políticos que les encabezan.

Para la mayoría el Estado es una abstracción poco entendible. Lo concreto, cuestionable, sujeto a valoración y al alcance de todos, es el gobierno que, a su vez, se nutre del sistema prevaleciente de partidos políticos. Luego a estos, indistintamente del color de la camiseta, se le atribuyen culpas y responsabilidades.

Hoy gobierna el PRI tanto a nivel federal como en la mayoría de los estados y municipios del país. Lo que pase o deje de pasar en los meses que faltan para los comicios federales del 2015, se atribuirá a este partido y es aquí en donde el triunfalismo priísta podría topar con pared,  enfrentando un nada despreciable voto de castigo ó, en el mejor de los casos, al fantasma del abstencionismo que no mella en lo legal pero que si priva de legitimidad.

Escenario que, en el caso concreto de Veracruz es más que previsible y viable, si nos atenemos al estado de cosas  que guarda una administración pública estatal disminuida, así como evidente corrupción impune en el ámbito de de los gobiernos municipales.

Luego a mi juicio,  el triunfalismo del Sr. Camacho habría que entenderse como un gesto de cortesía para con el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, más que convicción objetiva. Porque si de algo debe estar conciente el dirigente nacional del PRI, es de un escenario adverso para su partido en el que la inseguridad ciudadana busca a quien pasarle la factura.- Xalapa, Ver., 28 de enero de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Hay muy poco talento, talante y preparación por parte de la clase política mexicana, la cual debe entender que ya estamos viviendo en una política del conocimiento, la cual expulsará paulatinamente a aquellos políticos que nunca lleguen a ser mayores de edad…”. ,  nos dice nuestro buen amigo Eduardo de la Torre Jaramillo en el artículo de su autoría François Hollande/Edgar Morin: diálogo sobre la política , insinuando que es la ignorancia y pobreza intelectual de políticos y servidores públicos el principal escollo para la modernización del quehacer político en México.

Si bien celebro el esfuerzo por reencauzar el debate en los medios privilegiando las ideas por sobre la pedestre politiquería que ahoga a Veracruz, no puedo estar de acuerdo con la afirmación simplista del destacado politólogo panista.

Recurriendo a la lógica formal, siguiendo la tónica de su análisis, tendríamos  que aceptar entonces que la corrupción e impunidad con que actúa la clase política es fruto de la ignorancia; que el subdesarrollo económico y social, así como la dependencia estructural de México del imperialismo norteamericano, es resultante de la cortedad de miras, desconocimiento de la historia nacional y escaso apego a la cultura de políticos y servidores públicos.

Lo cual no es así. Ejemplos sobran en la historia de este país de hombres y mujeres impresionantemente cultos, formados en instituciones de educación superior de renombrado prestigio internacional y que, a su paso por la política y el servicio público, hicieran gala de deplorable deshonestidad intelectual y proclividad a la corrupción, causando graves daños a la buena marcha de la nación.

En el ámbito internacional, hoy día el Sr. Francois Hollande, es ejemplo de ello, habiéndose ganado en un corto tiempo el repudio de la mayoría de sus gobernados.

Formación y conducta individual y colectiva de políticos y servidores públicos, si bien es importante no es determinante para bien o para mal en la conducción de un país o de su vida política. Por principio de cuentas, el conocimiento sin honestidad intelectual políticamente carece de valor alguno para la vida en democracia.

No se puede hacer de lado que la llamada clase política atendiendo a los intereses del gran capital, está llamada a la administración del ineludible conflicto de clases en sistema económico capitalista dominante. Y es en este marco que a mi juicio debería contextualizarse el comportamiento individual o de grupo de los actores que hacen posible la tarea.

Luego estimo no se puede sustentar un análisis serio del acontecer nacional al margen del  escenario de dependencia estructural que vincula a México con los centros sistémicos del poder real y, en lo específico, con el modelo neoliberal que nos ha sido impuesto por los organismos financieros internacionales.

Y en este marco, definir el papel del conocimiento como una variable más en la relación de dependencia entre el poder real,  la política y el ejercicio de esta por los diversos actores que en ella intervienen.

A mi modesto entender, lo que habría que preguntarse entonces es si nuestra clase política está a la altura de su cometido. Si realmente contribuye a atemperar el conflicto de clases en México o al contrario, exacerbándolo, y si está  respondiendo con eficacia a los intereses de los poderes fácticos a los que sirve en la conducción económica y social del país, bajo los términos del modelo económico neoliberal en boga.

Ubicando a la llamada clase política en su papel intrínseco de simple administrador subordinado, cuyo interés por representar y servir a la sociedad a la que se debe es secundario,  y muchas de las veces irrelevante por simulado,  así como contrario al tenor del discurso oficial como es evidente en nuestro país.

La respuesta a estas interrogantes estimo daría más luz a la comprensión del errático y contradictorio quehacer político nacional dentro del cual se inscribe la política veracruzana, y todo lo que se deriva de un régimen político caduco y en crisis, que ha perdido tanto visión de conjunto y largo aliento como apego a la realidad cotidiana de una sociedad que lo mismo pierde dinamismo económico que calidad de vida bajo los efectos del neoliberalismo.

Y en tal sentido, haciendo un paréntesis, contrariamente a lo que afirma Eduardo de la Torre, quienes más aportan a la identificación  y comprensión de tal fenómeno estructural, así como a su resistencia y rechazo, son los no pocos “amorosos” intelectuales de izquierda que se avocan al estudio, conocimiento y divulgación  de causas y nocivos efectos del modelo adoptado  por el gobierno de México para la vida económica, política y social de este país. Conocimiento  progresista que ni se ve ni se escucha en el seno de una clase política que no por ignorancia sino por intereses personales, de grupo o partidistas, se subordina al gran capital que es tanto la mano que mece la cuna como factor determinante en la representación del papel que históricamente le ha tocado jugar a México en la división mundial del trabajo.

Con todo respeto para nuestro amigo De la Torre -sin negar el peso específico de la cultura como una variable más en la complejidad multidimensional de la relación del conocimiento con la política y de esta con el poder real-, sin tener clara esta representación, contextualizada en el marco de la globalización, crisis sistémica del capitalismo y modelo neoliberal impuesto a México, a mi juicio la cultura libresca que pueda acompañar a las individualidades que conforman la llamada clase política, estimo no es determinante frente a la gran tarea de transformar a México por los amplios caminos de la democracia, el desarrollo y la justicia social.

El ejercicio de la política formal está determinado por propósitos y objetivos sistémicos trazados desde los centros del poder globalizado, “cultos” o “palurdos”, los actores políticos en todo Estado-nación a éstos están condicionados y subordinados. El “ilustrado” Francois Hollande desde la izquierda institucional francesa y el “ignorante” Enrique Peña Nieto desde la derecha en México, no son excepción.

Evadir esta realidad sobre dimensionando el papel de la educación y del conocimiento libresco en la conformación y conductas de la llamada clase política en México, a mi juicio es tanto como negar el carácter histórico y estructural de una dependencia del exterior que nos impide romper las cadenas que nos atan al subdesarrollo. Una cortina de humo más para distraer la atención sobre la problemática de fondo de la crisis de la democracia representativa, régimen político y sistema de partidos políticos en México.- Cd. Caucel, Yucatán, enero 15 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

En su breve mensaje de año nuevo, divulgado en un video por la presidencia de la república, Peña Nieto convocó al pueblo de México a que “juntos hagamos historia en el 2014”. Recalcando  que es hora de creer. Críptico mensaje del representante oficial de la clase dominante a las clases subordinadas, que para hombres y mujeres comunes no dice ni motiva a nada, salvo aceptarlo como un llamado de dientes para afuera a una conciliatoria tregua entre un pueblo y su gobierno con historias divergentes.

Con o sin el presidente Peña, con o sin la autonombrada clase política, la historia la hacen los pueblos en la cotidianeidad del día a día, sin sujetarse a plazos o fechas específicas. Si para quien ejerce el poder por mandato ciudadano el 2014 tiene algún significado en la profundización de políticas públicas neoliberales autoritariamente impuestas, no necesariamente hay coincidencia en intencionalidad y relevancia para el común de los mexicanos como para juntos, construir una historia que para estos es ajena.

Sobre la misma pista, el poder dominante marcha en sentido contrario al camino que a sí mismo con mayor o menor conciencia el pueblo llano transita como propio. Construyéndose en esa dualidad historias encontradas que coincidiendo en tiempo y espacio, una y otra se oponen, tanto en propósitos como en objetivos. La historia oficial que del devenir de México conocemos, da cuenta de tal carencia de coincidencia y unidad de propósitos e intencionalidad entre las clases dominantes y las subordinadas.

Para el Sr. Peña y los poderes fácticos, el 2013 fue un año de grandes transformaciones, un año en el que “México se atrevió a despegar”. Para hombres y mujeres comunes, en su gran mayoría fue un acumulado nefasto de deterioro económico y social que se hizo acompañar por el rechazo de senadores y diputados a una voluntad ciudadana que no se quiso ver ni escuchar.

Nada en común que permita sin más marchar juntos a lobos y corderos. Y sin embargo, el Sr. Peña nos dice que es hora de creer. ¿Creer en que? Es lo que habría que preguntarse. Si la voz presidencial nos dice que es hora de creer, reconoce por tanto que el pueblo no ha creído ni el poder público se ha hecho acreedor a credibilidad y confianza. ¿Por qué ahora sí tenemos que creer? ¿Qué ha cambiado? ¿Cuáles son esas grandes transformaciones que nos orillaran como pueblo a despegar?

Meras abstracciones que suenan más a mentira que a hechos tangibles y creíbles. A la mentira y simulación estamos acostumbrados, tanto que ya no creemos en huecos discursos de ocasión.

¿Porqué un puñado de reformas neoliberales contrarias al interés de la nación habrían de ser motivo para atrevernos a creer en lo que, por principio, del poder público desconfiamos? Cuando el mismo Sr. Peña días antes rechazando la consulta ciudadana afirmara, mintiendo, que “El diálogo, el acuerdo y la civilidad política de la democracia mexicana permitieron construir los consensos y mayorías necesarias para aprobar reformas que permitirán al país un mayor desarrollo social y crecimiento económico…”

¿Acaso estamos convencidos de la certeza de tan cínica y descarada afirmación? Honestamente estimo que no.

Como mensaje de año nuevo se vale. Todos con tal pretexto renovamos votos, deseos y propósitos, a sabiendas de que no estamos ni preparados ni dispuestos para su cabal materialización. Nos engañamos solos en tan propicia ocasión. Lo que no se vale es que la primera autoridad del país intente engañar con falsas expectativas a un pueblo que ya no cree ni en Santa Claus ni en los Reyes Magos. La realidad le desmiente y los incrédulos le abuchean, acelerando la descomposición de un sistema político obsoleto y decadente que tiene al país de rodillas. Negándose la posibilidad de juntos, pueblo y gobierno construir una historia común en el 2014.

El Sr. Peña Nieto sabe de esto último. Cumple pidiendo lo imposible;  si a su llamado no obtiene respuesta, el autoritarismo y unilateralidad es el camino. La responsabilidad entonces recaerá en quienes se nieguen a creer, que tras advertencia no hay engaño.- Cd. Caucel, Yucatán, 2 de enero de 2014.

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