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Category Archives: Crisis partidista

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de Rafael Junquera Maldonado. Entrañable amigo que se nos adelantara en el camino.

Una vez definidos los candidatos de los partidos políticos – no de la ciudadanía-  a la contienda electoral que desembocará en la elección de las 212 fórmulas edilicias de la entidad, vale considerar  aspectos a mi juicio relevantes para el electorado en el camino a la decisión a tomar frente a las urnas el próximo 4 de junio.

Tanto a nivel nacional como en nuestra aldea, la sociedad ha cambiado, no es la misma la que emitirá su voto en el 2017 que la que en el pasado se sometiera electoralmente a las reglas del juego, usos y costumbres del partido hegemónico. Lo que obliga a pensar que a diferencia del pasado, para la elección edilicia en Veracruz pesará más la percepción negativa que se tiene tanto del poder público como de los partidos contendientes, que de los candidatos, independientemente de la aceptación o empatía que estos últimos generen en la ciudadanía;

En estas condiciones atípicas de la vida política nacional, el proceso electoral del 2017 en Veracruz, va más allá de la simple elección edilicia. Lo que está en juego es la elección de gobernador y la presidencial en el 2018, y a ello está encaminada sin distingos  la estrategia partidista;

La oposición al gobierno de la alternancia y sus candidatos en la contienda,   no es homogénea.  Hay de chile de dulce y de manteca. Si bien pareciera que todos los partidos opositores van en el mismo saco,  la realidad es que van juntos pero no revueltos, cada uno persigue propósitos, objetivos e intereses diferentes que les acercan o alejan, según el caso, tanto del gobierno priísta de Peña Nieto en el orden nacional como de la alianza PAN-PRD en el gobierno veracruzano. No son lo mismo el PRI y sus satélites que con sus asegunes Movimiento Ciudadano, Morena o el Partido del Trabajo.

Ideológica y programáticamente no hay diferencias de fondo en el espectro político-electoral vigente. En la visión de mediano y largo plazo propósitos, objetivos y metas por alcanzar, sin excepción toda la partidocracia se encuadra dentro del modelo neoliberal del capitalismo salvaje de nuestra época, hoy día impulsado en México por Peña Nieto y los poderes fácticos que representa.

Coyunturalmente, dominando el pragmatismo, para un horizonte de corto plazo la oferta electoral no es blanco y negro, tiene sus matices que van desde la visión conservadora de la ultraderecha que agrupa al PAN, al PRI y al PRD, que la de un reformismo más o menos progresista en forma y fondo de Morena y, quizá de  Movimiento Ciudadano, que le apuestan a un cambio en el statu quo del régimen político, económico y social dominante,  frenando políticas públicas empobrecedoras y contrarias a principios sustantivos de independencia y soberanía nacional.

Luego es en la actual coyuntura político-electoral en la que habría poner énfasis en la toma de decisiones ciudadanas frente a las urnas. Definiendo con el voto lo mismo el mantener más de lo mismo o bien, el apostarle a un cambio que, por modesto que sea, como reza la conseja popular, “algo es algo, dijo un calvo”, contribuya lo mismo a la oxigenación de la vida política,  fortaleciendo el poder ciudadano y ulterior rescate de la democracia representativa en la entidad.

Del voto razonado en la contienda en curso, dependerá el peso específico que cobre el reservorio político-electoral de Veracruz para el 2018.

La ciudadanía tiene la palabra, el balón está en su cancha.

Hojas que se lleva el viento

Más allá del diferendo verbal y mediático entre el Sr. Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador, todo parece indicar que el gobernador veracruzano está logrando poner freno a las aspiraciones de MORENA, permitiéndole cacaraquear como minoría beligerante en el Congreso local o con discursos incendiarios en la plaza pública, pero impidiéndole se fortalezca aliándose a los movimientos sociales contestatarios que, como hongos, proliferan ya a lo largo y ancho de la entidad. La amenaza ha sido clara, la injerencia de MORENA en la protesta ciudadana en sus diversas manifestaciones, será combatida con todo el peso de la ley. Obligando al partido de López Obrador a no transgredir las reglas no escritas de un juego en el que todo se vale menos agitar las ya de si encrespadas aguas del descontento y el hartazgo social.

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El senador Héctor Yunes Landa montado en su macho, insiste en llevarle la contraria a su pariente Yunes Linares. Sin contar con autoridad moral y política para juzgar los desaciertos del gobierno de la alternancia insiste en ver moros con tranchete. Incapaz de consensuar el nombramiento del fiscal anticorrupción en la comisión senatorial que preside, olvida que en materia de corrupción el PRI en Veracruz lleva la mano. Doce años de saqueo a manos de gobiernos priistas no se olvidan.

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El primer obligado a proporcionar seguridad a la población conforme a derecho es el gobierno municipal, cosa que en el caso de la capital veracruzana el alcalde Zúñiga Martínez no contempla entre sus prioridades. Habla y habla de una coordinación entre los tres niveles de gobierno en materia de seguridad pública que no existe. El Ayuntamiento xalapeño no contribuye en nada en la tarea del combate a la ola de violencia criminal que tiene en jaque a la población, por lo que no cuenta en los esfuerzos del gobierno federal y estatal por restablecer la extraviada seguridad y tranquilidad social. Los hechos desmienten a nuestro flamante alcalde.

Cd. Caucel, Yuc., abril 12 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el imaginario colectivo la percepción cobra peso político cuando la realidad, siempre la terca realidad, se encarga de confirmar lo percibido. Tal es el caso a mi juicio de la incidencia de percepciones sobrepuestas en la vida política de México y, específicamente en Veracruz,  que se objetivizan   en el quehacer cotidiano de la gente, impulsando resistencia y una cada vez mayor agudización en la descalificación del régimen político vigente y la democracia representativa que de este emana.

La pérdida de credibilidad y confianza toca ya a las instituciones republicanas, poniendo en riesgo gobernabilidad y gobernanza en amplios territorios de la nación y regiones específicas de Veracruz, en los que el doble poder marcado por una delincuencia en ascenso y un poder público corrupto e incapaz de ponerle freno,  niega la posibilidad en el corto plazo de recuperar seguridad  y paz social. Lo que para la autoridad se concibe como percepción popular sin sustento, para la población es ya realidad irrefutable, cobrando un peso político que seguramente se reflejará en los resultados electorales próximos en Edomex, Coahuila, Nayarit y Veracruz con su consiguiente impacto en la elección presidencial en 2018.

La descomposición política en las entidades federativas mencionadas, ya no es percepción anidada en “mentes calenturientas”. La corrupción e incapacidad del aparato gubernamental es obvia, la democracia representativa pende de un hilo y la partidocracia rampante pierde el control, teniendo que recurrir, como en Edomex, a lo que ya se califica por los conocedores del paño como una “elección de Estado” auspiciada por el gobierno de Peña Nieto.

En Veracruz, doce años de saqueo de las arcas públicas y la consiguiente pérdida de hegemonía del PRI en la entidad, tiene a la vida política de la entidad desquiciada, sin pies ni cabeza. El gobierno de la alternancia sin recursos, sin visión y acosado por la violencia delincuencial, se manifiesta incapaz de poner orden en el proceso electoral en curso. En un todos contra todos, aflorando las más bajas pasiones, el interés personal y de grupo se impone por sobre el bien común en la trasmisión del poder municipal en las 212 demarcaciones municipales.

La huella de Fidel Herrera y Javier Duarte contamina todo el espectro político-electoral chocando con la estrecha visión de futuro y de gobierno del Sr. Yunes Linares a quien, por cierto, sus cálculos respecto a la bondad de la alianza con el PRD han resultado fallidos; si bien los votos aportados por el PRD le permitieran ganar legalmente  la gubernatura, estos no han sido suficientes para la legitimación ante las mayorías de la alternancia como opción de gobierno. La elección en el 2016 se fue a tercios y la alianza PAN-PRD quedó en franca minoría en la correlación de fuerzas político-electorales, reflejándose en la ausencia de consensos en la conducción del proceso electoral en curso. Una cosa es ganar y otra, muy distinta, sostener el triunfo.

En términos prácticos, el PRD no aporta nada social y políticamente a la alternancia. El PAN tendrá que vérselas solo para concretar el proyecto político del Sr. Yunes Linares.

Hechos objetivos y no solo percepción aislada confirman lo que bulle  en el imaginario colectivo, definiendo intención del voto. La alternancia en Veracruz está resultando fallida;  el PRI aún no asimila la derrota del 2016 y pasivamente contra corriente espera la del 2017; el PAN a la greña en la entidad, el PRD, en franca desbandada. En tanto que MORENA no actúa en consecuencia con visión y congruencia no obstante a sabiendas de que tiene el triunfo al alcance de la mano. Esto en el marco de un clima de corrupción oficial que no cede y una violencia criminal que tiene lo mismo a la población en ascuas que a un gobernador contra la pared.

Así y en tanto los partidos políticos dominantes velan armas, el grueso de la población en espera de su oportunidad. En Junio próximo se verá que tanto peso político-electoral tiene el imaginario colectivo en condiciones atípicas como las que hoy vive México. El sufragio será nuevamente de castigo.

Hojas que se lleva el viento

En Yucatán también se cuecen habas. No obstante mantenerse a la cabeza entre las entidades federativas que acusan mayor grado de seguridad pública, paz social y armónica convivencia entre desiguales, ya empiezan a aflorar señales ominosas de corrupción oficial y colusión con particulares que ponen en entredicho al gobierno estatal de origen priísta. Ya corre el rumor de un conflicto de intereses en la ejecución de las obras de lo que será la Zona Económica Especial de Progreso, señalándose insistentemente al senador Emilio Gamboa Patrón y su grupo como parte activa.

El brutal asesinato de la Sra. Emma Gabriela Molina Canto en la capital del estado parece estar destapando la “Caja de Pandora” en la maraña de corrupción oficial y privada que vincula a Yucatán con Tabasco y Quintana Roo.

Cd. Caucel, Yuc., abril 5 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si bien la crisis por la que atraviesan las finanzas públicas estatales y municipales en la entidad veracruzana merecen especial atención por parte de las autoridades responsables, no puede hacerse de lado que todo esfuerzo gubernamental tendiente a paliarla en la actual coyuntura, está contaminado por intereses específicos partidistas encaminados al proceso electoral en curso y, sin duda, a los que vienen en el 2018. Verlo de otra manera sería pecar de ingenuo.

De ahí que el estira y afloja entre el Poder Ejecutivo Estatal, el Congreso local y partidos políticos a favor y en contra del proceso de renegociación de la deuda pública, tengan una connotación eminentemente político-electoral que, para nuestro infortunio, está cada vez más alejada de la búsqueda de soluciones coherentes y viables al problema toral de Veracruz que es una economía estancada y con visos recesivos,  cuyo impacto en la población se observa en una agudización estructural de desigualdad, desempleo, pobreza e inseguridad.

En este marco, se tiende a confundir la crisis multidimensional de Veracruz con la que coyunturalmente en el orden financiero y administrativo aqueja a la administración pública. Y si bien, ambas se retroalimentan interactuando entre sí, a diferencia de la primera, la segunda no es determinante en la conformación de la problemática sustantiva de Veracruz. Más si no se toma en cuenta que ambas manifestaciones críticas para la entidad están inmersas en otra mayor de un país que, en su conjunto, el efecto Trump le tomara por sorpresa, descomponiendo todo el escenario en el que el gobierno federal sustentara su visión de futuro.

Escenario global en el que el rescate de las finanzas públicas veracruzanas para el poder central es aleatorio, en tanto que para el partido de Peña Nieto de antemano electoralmente la entidad ha perdido hegemonía y relevancia, como también estimo juzga que coyunturalmente en su orden de prioridades, la problemática de la economía en la aldea requiere de medidas de fondo que por ahora no está en manos de la federación emprender.

Lo anterior conduce a pensar que si bien el titular del ejecutivo veracruzano lograra en segunda vuelta que el Congreso local con el visto bueno del PRI aprobara su iniciativa de reestructuración, ello no es garantía de que ésta tenga lugar en los plazos y  las mejores condiciones deseables. Como tampoco el que con el ahora presunto respiro, se rescate a una alicaída administración pública estatal; mucho menos el que ésta logre avances significativos en atemperar la crisis estructural que mantiene postrada a la entidad.

Adicionalmente, a escasos 80 días de la elección edilicia, la presión de los actuales alcaldes para que se les restituya lo que alegan les adeuda el gobierno estatal incidirá en el propio proceso electoral, constituyéndose en un escollo más para que el gobierno de la alternancia pueda sacar al buey de la barranca. Habida cuenta de que antes de los comicios ya con la aprobación del presupuesto 2017 diferido, no habrá pretexto para dejar de atender a los alcaldes salientes.

En este marco transcurrirán los primeros seis meses del mandato del Sr. Yunes Linares, a la par que pasada la elección edilicia, toda la carne en el asador tendrá que ponerse en la anticipada carrera para los procesos electorales del 2018.

Los tiempos seguirán jugando en contra del Sr. Yunes Linares; las promesas sustantivas de campaña seguirán en el tintero y, por lo consiguiente, la atención a las expectativas de cambio de una población cada vez más exigente, seguirán anidando en un clima de frustración y descontento creciente. No olvidemos que lo prometido también es deuda y que gracias a las redes sociales la gente todos los días vota.

No se puede ni se debe seguir meando fuera del tiesto sin que haya consecuencias.

Obras son amores. Ya entonces se verá a quién se juzgará como “enemigo del bienestar de los veracruzanos”.

Hojas que se lleva el viento

Gastada la capacidad de asombro e indignación de una población lastimada y dolida, para amplios sectores de la sociedad veracruzana la inseguridad y violencia criminal, siendo el pan de cada día, se toma como algo tan inevitable como irrelevante. De otra manera no se explica uno el cómo es posible que la población se muestre indiferente ante el creciente número de inhumaciones clandestinas, ejecuciones, asesinato de periodistas, extorsión  y privación ilegal de la libertad en la entidad; hechos que por principio quedan impunes. Da tristeza y rabia el observar como Veracruz es calificado de la peor manera lo mismo por la prensa nacional e internacional que por los organismos defensores de los derechos humanos, como uno de los peores lugares para vivir. En cualquier otro país medianamente civilizado, hechos como los descritos en los medios de comunicación darían lugar a diversas expresiones de indignación y exigencia de justicia plena por parte de la población movilizada que, para nuestro infortunio, ni por asomo se dan en Veracruz.

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No se puede esperar paz social, sana convivencia y respeto  entre diferentes cuando desde la cúspide del poder político en Veracruz se auspicia el odio y la confrontación estéril. El gobernador de dos años lejos de propiciar el diálogo político civilizado y la conciliación en el ejercicio de la administración del conflicto, pone más leña al fuego polarizando a las diversas fuerzas político-electorales.

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En menos de 72 horas el Congreso veracruzano pasó de la gloria a la ignominia. Si bien el no a una iniciativa del ejecutivo se consideró en su momento un hito histórico, la diputación priísta y sus adláteres menores al corregir su voto en la segunda vuelta, dando el ansiado si a la renegociación de la deuda pública confirmaron el estado de sumisión del Poder Legislativo a los caprichos del Ejecutivo. Lástima, tanto brinco para seguir igual.

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Para los conocedores del paño, el voto del PRI a favor de la reestructuración de la deuda pública veracruzana como respuesta a la catástrofe apocalíptica anunciada por el gobernador caso de reincidirse en la negativa de aprobación, incidirá positivamente en las expectativas electorales del tricolor,  sobre todo en la elección del alcalde de la capital veracruzana, asegurándose el triunfo de José Alejandro Montano, ex secretario de Seguridad Pública en el gobierno de Miguel Alemán. El PAN tendrá que corresponderle al PRI por el favor recibido si está en su intención el frenar a MORENA reduciendo al partido de López Obrador  a su mínima expresión, por abajo del PRD.

Opinión respetable viniendo de verdaderas chuchas cuereras, pero cuestionable si a mi modesto entender, se considera que atípicamente en el proceso electoral en marcha pesarán más a la hora de la elección las siglas y no los candidatos postulados. El hartazgo y la pérdida de credibilidad, como en la anterior contienda electoral, seguirán jugando en contra del PRI saqueador y, de refilón, ahora en contra de la alianza PAN-PRD por no cumplir con lo ofertado en campaña.  El tiempo, más que la bola de cristal, será quien diga la última palabra.

Xalapa, Ver., marzo 22 de 2017.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Me pregunto si para aquellos que en la elección para gobernador de dos años votaran por la alianza PAN-PRD, cifrando sus esperanzas en un cambio orientado al rescate de una administración pública quebrada por un gobierno corrupto y fallido, hoy a cien días de la toma de posesión del Sr. Miguel Ángel Yunes Linares estos mismos electores guardan las mismas expectativas de cambio y de progreso con las que concurrieran a las urnas el año próximo pasado.

La respuesta está a flor de labios de estos esperanzados electores. Sólo ellos podrán afirmar a ciencia cierta, si su voto contribuyera a un cambio tangible en propósitos y objetivos del gobierno de la alternancia, o, por el contrario, su respuesta es negativa.

Empero, más allá de la respuesta explícita, para el observador cuenta lo que se percibe; más si se considera que socialmente toda percepción conlleva un alto contenido político que por sí mismo refleja el estado de ánimo de la sociedad. Y, en este caso concreto, todo pareciera indicar que existen más dudas que respuestas. El gobierno de la alternancia no responde aún a las expectativas de esa minoría social que sufragara a favor de la alianza y éstas se mantienen a la expectativa,  estando muy lejos de respaldar el quehacer de la administración en lo que va del mandato del Sr. Yunes Linares.

El beneficio de la duda que inspirara en la gente un nuevo gobierno dispuesto a imprimir cambios significativos en la tarea de rescatar a la administración pública veracruzana, se diluye e incluso, los partidos políticos que como tales llevaran al triunfo electoral a la alianza expresan públicamente más escepticismo que confianza; las dirigencias partidistas tanto en el ámbito nacional como en la aldea, guardan silencio y están dejando solo en el atolladero al gobernador al imponerse una ominosa realidad por sobre expectativas y esperanzas.

Más ahora, ya inmersos en el proceso electoral en el que los intereses personales y de grupo pesan más que interés y voluntad política de un gobernante empantanado en sus propias contradicciones. Miguel Ángel Yunes Linares está solo tanto en su combate contra fantasmas del pasado que en la difícil tarea de gobernar.

Se dice que ello es resultado de su estilo personal de gobernar, que está en su naturaleza pelearse contra todos y por todo. En justicia habría que insistir que por encima de tal consideración, están los factores adversos que, lo mismo en el entorno internacional que nacional y sin duda en nuestra propia entidad federativa se oponen a un terso rescate de la administración pública veracruzana; a todos consta que la federación respalda a Veracruz de dientes para afuera, dejó hacer y deshacer a su antojo a la pandilla de depredadores y hoy consiente impunidad y olvido forzando al gobernador a aceptar que en el régimen político vigente todo cambio es para permanecer igual.

Igualmente me pregunto si las mayorías que votaran en contra de la alternancia, lo hicieran para mantener el statu quo apostándole nuevamente al dejar hacer dejar pasar o, por el contrario, conscientes de que con la alianza Pan-PRD el esperado cambio y rescate de la administración pública estaría vedado, saliendo de guatemala para entrar a guatepeor. Esto sin contar en que para muchos el sufragar en contra, inercialmente mantendría la hegemonía priísta en la innoble tarea de gobernar saqueando pero salpicando.

El cómo esta mayoría lo mismo se mantiene indiferente que apostándole al más de lo mismo,  aceptando sin chistar las candidaturas partidistas a los gobiernos municipales que notablemente apuntan hacia un retorno al pasado, también para el observador se percibe poco o nulo respaldo al gobierno de la alternancia como opción de buen gobierno, manteniéndose al margen o bien, socavando con su silencio, en el mejor de los casos, la tarea que se echara a cuestas el gobernador de dos años.

Si esto es así, tanto para la minoría como para las mayorías, la base social de apoyo y respaldo en que se sustentaría el gobierno de la alternancia, a cien días de mandato para efectos prácticos podría afirmarse que es nula; cayendo en suelo estéril la semilla de unidad, compromiso y esfuerzo solidario que el gobernador reclama de la ciudadanía.

Cada quien para su santo, es la tónica dominante en el seno de una sociedad escéptica que aún no logra asimilar el cómo es que dejara que una pandilla de delincuentes diera al traste con una administración pública, arrastrando consigo a toda la entidad.

Así las cosas, pasarán otros cien días y otros más sin que el ansiado cambio y rescate se concrete; antes al contrario, el pronóstico es que las cosas irán para peor, incrementándose el deterioro político, económico y social en demérito de gobernabilidad y gobernanza en la entidad y, por lo consiguiente del bienestar de los veracruzanos. En todos está el dejar hacer dejar pasar nuevamente, o hacer posible el cambio desde abajo gobernando con una participación responsable a quienes gobiernan. Llegó la hora de rescatar la política y con ello la democracia representativa. Mañana será demasiado tarde.

El que calle hoy no tendrá cara para reclamar mañana.

Hojas que se lleva el viento

Histórico.  Para Ripley, la mayoría en el Congreso Veracruzano le dijo no a la solicitud del gobernador  de reestructuración de la deuda pública. La razón se impuso por sobre el voluntarismo de Yunes Linares complicando el arranque del gobierno de la alternancia.

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Escudado en un mediocre y triste desempeño como senador de la república, Héctor Yunes Landa más en un afán protagónico que con la intención de aportar algo positivo a la turbulenta vida política de la entidad, sin más  y en referencia a los primeros cien días del gobierno de la alternancia, afirma que a Veracruz le iba mejor con Javier Duarte. A él sin duda, para los veracruzanos tal aberrante aseveración sonó, con perdón de mis cuatro lectores, como mentada de madre. Por muy que el gobierno de Yunes Linares apunte a ser una administración fallida más, no puede comparar ésta con el inmisericorde saqueo impune, cinismo y desvergüenza del fidelismo-duartismo sin pecar de demagogo. Y aun así guarda la absurda esperanza de alcanzar en el 2018 la nominación como candidato del PRI al gobierno de la entidad. Aunque como andan las cosas de descuajaringadas en el seno de la partidocracia, todo es posible.

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Y a propósito de la partidocracia, en su expresión aldeana en su momento señalamos que el Movimiento de Regeneración Nacional al transformarse en partido político aceptaba tácitamente someterse a las reglas del juego de los dueños de las canicas, sumándose al juego de la partidocracia, sus contradicciones, mañas y trastupijes electorales, renunciando a sus orígenes. Lo que se observa en su participación como instituto político de interés público en el proceso electoral en curso, confirma nuestra aseveración; Morena, con sus asegunes,  ya es un partido más, bailando al ritmo de la descomposición política en la que Veracruz es nítida expresión del “desmadre nacional” de un régimen político que pide a gritos ser colocado en el basurero de la historia.

Xalapa, Ver., marzo 15 de 2017

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

En las agitadas aguas de un Veracruz sin pies ni cabeza, montado a lomo de caballo va el proceso electoral 2017 que desembocará en la elección de autoridades edilicias en los 212 municipios de la entidad. Inmersas en este proceso, entre indiferencia y escepticismo las mayorías empobrecidas cumpliendo con su papel cual mirones de palo, invitados de piedra a la fiesta, contemplan como el régimen político vigente se desmorona, víctima de sus propias contradicciones fruto de corrupción sin límite, ausencia de visión de futuro y un cada vez más marcado distanciamiento entre instituciones y ciudadanía.

Descomposición política y carencia de expectativas de progreso y bienestar de una sociedad estancada en el tiempo, van de la mano; dando marco a un proceso electoral con resultados hoy día impredecibles.

Y si bien la grilla electoral ha sido para Veracruz lo que las telenovelas son para una gran mayoría de amas de casa, punto de fuga para substraerse de una realidad agobiante, distractor a modo y  generadora de falsos sueños, sendero de reafirmación del ser y  búsqueda incesante de un estatus económico y social que nunca llega,  la realidad, siempre la terca realidad, se impone por sobre toda esperanza de cambio y transformación.

El tiempo transcurre dejando un más de lo mismo acunado en la demagogia, la especulación, el chisme y la diatriba como antesala de la frustración y el desengaño. El síndrome electorero no va más, la sociedad abrió los ojos, como distractor a modo la elección de fórmulas edilicias bajo la conducción de una partidocracia infame está agotada. La conciencia de la necesidad de cambio desde abajo se refleja en el vacío en el que como escenario dominante la población ofrece a los titiriteros de siempre.

El llamado voto duro partidista es cosa del pasado. Ante la indiferencia social,  los indecisos cobran fuerza inusitada, modificando día con día la correlación de las fuerzas político-electorales a la vez que otras fuerzas, desde la humildad de los de abajo, los sin voz construyen un andamiaje diferente; el participar y resistir contemplándose a sí mismos como sujetos sociales y no más objeto de manipulación,  da otra connotación a un proceso electoral en el que las élites círculos cercanos  y aspirantes a las alcaldías son ajenos.

Hoy Veracruz no es el de ayer. La sociedad es otra y lo que quedó atrás, atrás quedo, acaso  para el anecdotario o para aprender de lo vivido. Repensar a la entidad y en esta tesitura, repensar el papel del Municipio Libre con sentido comunitario y visión de futuro es el reto. Democracia representativa sin democracia participativa es seguir dándole vueltas a la noria, más de lo mismo, cambiando para seguir igual  y así lo está entendiendo el elector potencial. De ahí el desconcierto,  lo mismo del gobierno en turno que de una partidocracia que se desdibuja; la incapacidad de las élites políticas  para proporcionar seguridad, auspiciar empleo, mejores salarios, vivienda digna y atención universal a la salud, hace nugatorio el discurso electorero de aspirantes y candidatos plagado de ofertas y promesas que no pasan del papel.

Lo sustantivo queda en el tintero, la pobreza, desigualdad y ausencia de expectativas de cambio y de progreso no se resuelven con una demagógica política-política que ignora el sustrato económico que determina la crisis multidimensional por la que atraviesa la entidad. La clase política no ve ni escucha, las mayorías, las invitadas a la fiesta comicial lo sienten en carne propia, bastando con esculcar en el fondo del bolsillo.

Especular sobre cuál de todos, partidos, aspirantes y suspirantes, es el mejor en la contienda sin atender a una nueva correlación de fuerzas que se construye desde abajo, es bordar en el vacío.

Tiempo al tiempo, el régimen político vigente, caduco e incapaz de reconstruirse a sí mismo, en sus entrañas madura su caída. El pueblo espera, si no es hoy será mañana, nada es eterno más no por ello la resignación es el camino. Al tiempo hay que ayudarle con un ganchito, con otro y con otro; sin participación responsable, consecuente y organizada el plazo de espera se prolonga. Una vez más, más de lo mismo, ¿hasta cuándo?

Las mayorías empobrecidas tienen la respuesta.

Hojas que se lleva el viento

El PRI de Peña Nieto y Enrique Ochoa Reza, en Veracruz resurgiendo desde lo más profundo de la cloaca, sin más voto duro que los autollamados “400 pueblos”. Habiendo perdido todo, designa como su vocero al hijo de Cesar del Ángel.

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Cien días en el haber del nuevo gobierno veracruzano de la alternancia. Mucho ruido y pocas nueces. Son más las preguntas que se hacen los electores que las respuestas contundentes que les saquen de dudas. PAN y PRD guardan silencio.

Xalapa, Ver., marzo 8 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pasada la euforia de las fiestas decembrinas y el consabido e irracional consumismo que, con pretexto de éstas,  domina a una gran parte de la población, el retorno a una realidad en la que habrá que trepar la llamada cuesta de enero ahora marcada por el alza de precios de las gasolinas, el gas LP y  la electricidad.

Reencontrarse con la realidad, nada fácil para las mayorías empobrecidas en las que hoy por hoy se ubican segmentos importantes de las clases medias que ven menguadas sus posibilidades de ascenso económico y social.

Y aún hay más. El alza generalizada de los energéticos, sumado a la devaluación de un peso que se sostiene con alfileres, traerá consigo una auténtica cascada de incrementos en los precios de todo tipo de bienes de consumo y servicios públicos, elevándose la espiral inflacionaria a niveles no previstos por los aprendices de brujo que rodean al presidente fallido. Con tiempo lo advirtió el Sr. Cartens y no fue escuchado, hoy se entiende el porqué de su renuncia anunciada.

Lo destacable es que en tanto se desliza a la baja la capacidad de compra de los ingresos de los trabajadores que sostienen la planta productiva nacional, el salario en México  no se incrementa en la proporción deseada, estrechándose el mercado interno y, por ende, el consumo de bienes y servicios que hace posible el crecimiento de una economía hoy por hoy estancada y con visos de recesión.

Escenario éste nada optimista al que la política-política da la espalda. Encapsulada dentro de los límites de la pugna electoral en la que la búsqueda del poder por el poder mismo es la constante, el sentir y el pensar de las mayorías le tiene sin cuidado. Y, por si fuera poco, rechazando el poner las barbas en remojo, se mantiene ajena a un entorno internacional hostil cuyas amenazas están a la vuelta de la esquina.

Siendo más que evidente la ampliación de la brecha entre el quehacer político de la élite gobernante y una población castigada y ofendida. El rechazo social crece y amenaza con salirse de cauce.

Partidos políticos y sus conspicuos personeros, sin más interés que llevar agua a su molino, arrastran consigo a los medios de comunicación, privilegiando en su orden de prioridades el tema electoral, desentendiéndose de lo verdaderamente relevante para el pueblo de México.  Hacedores de un marco legal propicio lo mismo para la entrega del patrimonio nacional a trasnacionales extranjeras que para acumular sobre las espaldas de  la población el costo de corrupción, desaciertos y traiciones, lejos de frenar políticas públicas que atentan contra la mayoría del pueblo empobreciéndolo y privándole de expectativas de progreso, se pierden en estériles dimes y diretes pretendiendo convencer en los tendidos que el de enfrente es el culpable del desaguisado.

Y generalizo, porque ningún partido político se salva. Incluso Morena, de nueva creación, preocupado y ocupado en el tema electoral con vías a los comicios que tendrán lugar en el presente año y la elección presidencial en el 2018, ocupa lo mismo la tribuna en el  Congreso que la plaza pública para capitalizar en provecho propio los entuertos de un gobierno fallido de origen;  proponiendo un programa sin programa que en sus alcances retóricos no conduce a nada.

En su momento lo señalamos. Cuando Morena deja de ser movimiento social para transformarse en partido político, en ese momento tácitamente acepta jugar con las canicas y bajo las reglas de sus dueños, sumándose a la partidocracia corrupta y ajena a la voluntad popular. Hoy nuestra percepción se confirma, Morena con el reformismo limitado de Andrés Manuel López como bandera, concentra su quehacer en las lides electoreras, alejándose de las demandas insatisfechas de un pueblo que resistiendo a los embates neoliberales, exige cambio de rumbo y destino. Traicionándose a sí mismo y a sus seguidores, Morena se niega a sí mismo como opción de cambio sumándose al más de lo mismo dando la espalda a millones de mexicanos que, en cada vez mayor número, transitan en la búsqueda de otras opciones no electorales, otras visiones y otros paradigmas  como respuesta y solución a una problemática nacional hoy empantanada.

Que mayor prueba de ello que el exabrupto de López Obrador, considerando que las propuestas del Congreso Nacional Indígena y el EZLN dividen el voto de la izquierda. Incapacidad para interpretar el sentir y el pensar de los otros en una sociedad plural,  o soberbia al considerar que la única opción válida para la izquierda es la electoral y,  por lo consiguiente,  Andrés Manuel es el llamado por la providencia para dirigir los destinos de la nación.

No hay diferencia. Las formas exhiben un nebuloso fondo que a todos los partidos políticos en México iguala; poniéndose en evidencia la necesidad de un cambio estructural del Estado-nación; un nuevo pacto social  que con visión de futuro  responda a las necesidades de un país que con más de ciento veinte millones de habitantes,  ya no es el mismo que surgido de la Revolución Mexicana en su momento se diera la Constitución de 1917.

Justicia social y democracia representativa auténtica, es el llamado de las campanas al vuelo. Ni con los mismos ni más de lo mismo, es la rúbrica.

Hojas que se lleva el viento

Resuelto el tema de la carga financiera de diciembre, la administración pública veracruzana acusa un respiro. Empero no todo marcha como miel sobre hojuelas, la crisis que ahora deberá enfrentar el mini gobierno de alternancia es política. El descontento social generado por el “gasolinazo” está creciendo dando marco al proceso ya iniciado de la elección municipal de 2017. PRI, PAN y PRD tendrán que asumir el costo electoral de la reforma energética de Peña. Circunstancia que abre espacios a Morena,  adversario a vencer  por la alianza tácita de los partidos políticos signatarios del llamado “Pacto por México”.

Prueba de fuego para el Sr. Yunes Linares. También lo prometido es deuda. Sin dinero y tiempo suficientes para legitimarse cumpliendo con su oferta de campaña tendrá que navegar contra la corriente en un escenario nacional adverso, a la par que en el corto plazo tendrá que someter su proyecto de gobierno a los avatares de un proceso electoral cuyos resultados se le niegan. Si llegó a la gubernatura capitalizando hartazgo social, éste último hoy por hoy lo mismo rechaza al PRI que al PAN gracias a Peña Nieto y su gasolinazo.

P.D.

Va un abrazo solidario para nuestro amigo y distinguido periodista Marco Antonio Aguirre Rodríguez, “regañado” por el gobernador Yunes Linares en el Día del Periodista” por expresar su oportuna y documentada opinión.

Cd. Caucel, Yucatán. Enero 4 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Por fin se libró Veracruz de un gobierno  fallido, corrupto e impune?

Para nada, la despedida de Javier Duarte ha sido un juego más en la larga cadena de simulación con la que el ahora gobernador con licencia  se ha burlado de la ingenuidad política de los veracruzanos.

Tanto la solicitud de licencia y su aceptación por parte de una Junta de notables (Junta de Coordinación Política de la Legislatura local), así como la designación “fast  track” (dedazo) de Flavino Ríos Alvarado como gobernante sustituto, no es otra cosa que  un acto de prestidigitación pactado para, hasta el último minuto de noviembre próximo, hacerle la vida imposible al gobernador electo.

Ganar tiempo, en la estrategia de desbancar a Yunes Linares es la jugada; dejar correr los días y esperar activamente que el TEPJF se pronuncie en contra del triunfo electoral del choleño  y en ello descansa el pacto acordado entre Javier y Flavino. Presión, mucha presión sobre los señores ministros y cero respaldo del gobierno estatal a las exigencias del por ahora gobernador electo y su partido.

47 días no dan para más. ¿O acaso como señalan los “fans” del ex secretario de gobierno, bastan y sobran para limpiar la casa? 

Pretender que la población acepte que la licencia de Javier Duarte responde a quedar en libertad de defenderse de lo indefendible y poner a salvo su buen nombre y el de su familia, es tanto como esperar que los veracruzanos estén ciegos y sordos para no ver ni entender la profundidad del saqueo inmisericorde e impune a lo largo de los últimos doce años. Luego la motivación que impulsara la solicitud de licencia a 48 días de concluir su mandato, es otra y no la que con todo descaro explícitamente ofreciera el defenestrado y aún “primer priista” de Veracruz en su despedida.

Si la instrucción  vino de Los Pinos, o fue una decisión que a motu propio tomara Javier Duarte, a estas alturas es irrelevante. Lo destacable es que como quedara asentado en la entrevista televisiva  con Loret de mola, para Javier Duarte la mejor defensa es el ataque, con la pretendida intención de evitar que Yunes Linares tome posesión como gobernador de Veracruz.

Estrategia perversa que si no le evita ser enjuiciado, cuando menos se lleva entre las patas al por ahora gobernador electo. Contando para ello con la complicidad no sólo de un puñado de diputados locales, también  con la de Flavino Ríos Alvarado que, como es del dominio público, no ha tenido empacho en respaldar  a Duarte atacando a Yunes Linares desde la secretaría de gobierno.

Pacto al que sin duda implícita o explícitamente  no es ajeno el propio presidente Peña, su secretario de gobernación y el sedicente dirigente nacional del PRI.

Más de lo mismo en una continuidad pactada. No se puede esperar otra cosa y sí, como ya se otea en el horizonte próximo, la puntilla para un Veracruz ofendido, lastimado e inerme ante los juegos perversos de un poder formal que sin disimulo alguno, jugando con lumbre y sin ya nada que perder, carente de autoridad moral y política le apuesta  al todo por el todo a costa de la precaria supervivencia de millones de veracruzanos.

Lo lastimoso es que estos millones, indiferentes cual mirones de palo, aún confían en un inexistente estado de derecho, dejando hacer, dejando pasar en espera de mejores tiempos… Y algunos, unos pocos, aplauden la ilegítima designación de Flavino Ríos como bateador emergente.

Hojas que se lleva el viento

Hundida la nave en nauseabundo cieno, en el colmo del absurdo el PRI en Veracruz aún le apuesta a recuperar en la elección municipal del próximo año el terreno perdido. Ajeno al pensar y al sentir de los veracruzanos, desde ya baraja sus cartas para imponerle a la militancia los mismos rostros, las mismas mañas, como si no pasara nada tras la defenestración de Javier Duarte y su camarilla delincuencial. Y en estos mismos terrenos Pepe y Héctor Yunes jalando agua para su molino. O los priístas no han evaluado la profundidad de la crisis de credibilidad y supervivencia que vive su partido en la entidad, o de plano  la derrota de junio les hizo perder la chaveta. A buen entendedor pocas palabras, Veracruz entero no quiere nada con el PRI.-

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El politólogo y destacado comentarista Alfredo Bielma Villnueva, se pregunta si ya se tocó fondo en Veracruz. La respuesta la tiene la ciudadanía, empero, para quien esto escribe la crisis por la que atraviesa la entidad veracruzana tocó fondo desde muy endenantes. El tiempo, once años de saqueo y mal gobierno, así como una estructura económica ineficiente e ineficaz se han encargado de ello, acompañados de un galopante deterioro social marcado por desigualdad, pobreza, desempleo e inseguridad.

Lo grave de esta situación es que no sólo no se le ve salida a la crisis, sino que incluso, se le ignora en sus aristas más agudas, posponiéndose la búsqueda de cursos de acción viables que le den respiro. Y no hablo precisamente del cambio de estafeta en el gobierno estatal, parte de esta crisis, sino del deterioro generalizado, multiregional y multisectorial, que ha puesto a Veracruz de rodillas.

Números duros lo confirman y bolsillo y percepción ciudadana lo reflejan.  A lo largo y ancho de la entidad el abandono, la pobreza y la desigualdad se enseñorean colocando a Veracruz entre los últimos lugares en los indicadores de crecimiento económico y desarrollo relativo. Si esto no es tocar fondo, no sé cómo podría considerársele.

Y aun así, sin parar mientes en la profundidad de la crisis, la clase política sin distingo de color de camiseta, de espaldas a la realidad cifra sus esperanzas en que en 18 meses escasos, el sucesor del gobernador fallido detenga el tobogán y rescate a Veracruz. Vana esperanza. Ni en dos años ni en ocho con los mismos y el más de lo mismo, el mesías más pintado, más honesto y más dispuesto,  podrá evitar morder el polvo en el intento. Esto, en tanto no se reconozca la profundidad de la crisis, se tome plena consciencia de ella y se acepte que sin la sociedad organizada y participando activamente con pleno conocimiento de causa, la vía electoral no es paliativo y mucho menos solución.

Paradójicamente, la prensa estatal llamada a poner los puntos sobre la ies advirtiendo sobre la necesidad de observar más allá de una absurda pugna electoral, no se ve en el espejo; ramplona, acomodaticia y rayando en la ignorancia se pierde en trivialidades pasando por alto lo sustantivo.

A mi juicio tiene que entenderse que el problema siendo de todos, no sólo es de gobernanza y saneamiento de administración y finanzas públicas sino fundamentalmente de una estructura económica obsoleta, ineficiente e ineficaz, en algunos casos herencia de modelos productivos decimonónicos,  que ya no se corresponde con las actuales necesidades  y expectativas de progreso de una población en constante crecimiento.

Castidad virtuosa no es solución

Reflexionando sobre este pesimista escenario y atendiendo al bombardeo mediático a que la clase política tiene sometida a la población, me recuerda a una tía ya entrada en años que, tras haber enterrado a dos maridos y en vísperas de sus terceras nupcias, ante la sociedad de su tiempo se asumía como casta y virtuosa.

De una sociedad construida sobre la hipocresía y la simulación, en la que valores y principios éticos y morales se autoproclaman ante el poder del que dirán y no en la convicción personal y colectiva de entender y ejercer la vida en común, no se puede esperar nada valedero. Si la tía de marras chocaba por su virginal simulación, lo mismo podría decirse del o los candidatos al mini gobierno de Veracruz que,  pretendiendo ganar votos,  autoproclamando limpieza y honestidad en su persona solo dan lugar a soterrada condena y chascarrillos de mal gusto.

Veracruz requiere de visión de Estado y no santurrones de parroquia, exige hombres y mujeres de buena voluntad, lo suficientemente honestos intelectualmente como para reconocer y aceptar que la crisis veracruzana les rebasa y que es la sociedad en su conjunto y no un  mesías de ocasión, la que debe afrontarla tomando al toro por los cuernos.

Hojas que se lleva el viento

Con un fructífero diálogo con el senador José Francisco Yunes Zorrilla, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, la Asociación Veracruzana de Comunicadores “Froylan Flores Cancela”,  inauguró su transitar por la vida pública de la entidad. Con la asistencia de más de 50 propietarios de medios, articulistas, columnistas, caricaturistas y reporteros gráficos, en un clima de pluralidad, tolerancia y respeto el legislador federal dio puntual respuesta a inquietudes y preguntas que se le formularan en torno a la vida política y económica de la entidad, con énfasis en la coyuntura electoral. Buen inicio de una organización gremial de la que se espera algo más que servir únicamente de pasarela para la proyección de imagen y lucimiento de políticos y servidores públicos.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin demérito del reconocimiento y simpatía que quien esto escribe tiene para con Andrés Manuel López Obrador y lo que este representa en el despertar de las conciencias de un cada vez mayor número de mexicanos, he reiterado en mis maquinazos no estar de acuerdo con el machacón discurso en el que, por encima de un análisis a profundidad de la realidad nacional en sus diversos tonos de grises y el qué hacer para trascenderla para bien, coloca a una etérea “mafia” presuntamente encabezada por Carlos Salinas de Gortari como origen de todos los males que México padece.

Los grandes problemas nacionales son estructurales y sistémicos. Con o sin la “mafia salinista”, el México neoliberal no tiene futuro.

Aclarado esto y tras observar la tónica pedestre que dominara el “debate” que en Coatzacoalcos confrontara a seis de los 7 candidatos a la gubernatura de Veracruz, no tengo más remedio que aceptar que si la temática dominante en la guerra sucia electoral en curso, es la pátina ética y moral  de cuyo recubrimiento cada uno de los contendientes participantes presume adorna a su persona a la par que cuestiona la calidad de la de sus adversarios,  el candidato de mayor mérito ético y moral –por no tener cola visible que le pisen- es Cuitláhuac García, postulado por Morena e impulsado por López Obrador.

Corresponde al votante potencial el valorarlo.

Empero, me mantengo en lo dicho, el joven maestro universitario en el terreno de la política política aún está verde para menesteres como el enfrentarse a las chuchas cuereras de un sistema de partidos corrupto y pragmático al extremo que, de todas se las saben todas en tratándose de envolver con papel fantasía su afán último por alcanzar el poder por el poder mismo.

Frente a la retórica demagógica, consabidas mañas y mutuo baño de hediondeces de sus oponentes punteros, el candidato de Morena aún exhibe inexperiencia e ingenuidad, tanta como para dejarse llevar por la tentación de subirse al ring e involucrarse en el intercambio de lodo y detritus en una guerra sucia sin cuartel,  en detrimento del manejo de ideas, diagnóstico puntual de la realidad a la que los veracruzanos nos enfrentamos, así como propuestas concretas, viables y aceptables,  que no paren simplemente en considerar la urgente necesidad del rescate y reordenación de la administración pública a cargo del gobernador fallido,  cuando esto último es apenas una faceta más de la crisis multidimensional y multisectorial de un Veracruz postrado.

La sociedad veracruzana requiere cambios verdaderos en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de la entidad y el proponer el qué y el cómo satisfacer esta necesidad es lo que, en la medida de lo posible y viable para un gobierno de dos años -¿o año y medio?-, debería ser el énfasis de la campaña proselitista del joven candidato. Ese es el reto para Cuitláhuac.

En el entendido de que en el marco de la estrategia de un paso a la vez en una constante de aproximaciones sucesivas de Morena para la presidencial del 2018, el nuevo partido-movimiento gana aun perdiendo la elección del 2016 en Veracruz,  sacrificando a Cuitláhuac pero fortaleciendo su propuesta de gobierno, incipiente estructura y cuadros probados en distritos claves de la geografía política veracruzana.

Esto en el entendido de que por todos los medios a su alcance, Peña, como ya lo ha manifestado, no dejará que el “populismo” de López Obrador triunfando en las urnas,   dé marcha atrás a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo dominante.

Luego el adversario a vencer en esta etapa, a mi juicio no son los candidatos que postula el PRI y sus satélites o la coalición PAN-PRD, compitiendo con estos en una tan absurda como pedestre guerra de lodo, sino la desinformación, apatía y dispersión de un  electorado frustrado, lastimado y harto de más de lo mismo, ofertando el maestro García expectativas de cambio real mediante el rescate de la política política y participación consecuente de las mayorías en la construcción de un nuevo modelo de sociedad para el bien común de todos los veracruzanos. Si se puede y de eso toca a Cuitláhuac el convencer con vías a la elección presidencial del 2018,  madre de todas las batallas en la confrontación entre el modelo neoliberal de país que impulsa Peña Nieto y el reformismo progresista que propone López Obrador.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la guerra sucia electoral que se auspicia desde el gobierno del estado, llama la atención el que los candidatos a la sucesión del gobernador fallido, coincidan en propalar que cuentan con una varita mágica y,  con ésta en mano, ofertan los cuernos de la luna, caso de resultar electos.

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J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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