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Category Archives: Crisis partidista

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pasada la euforia de las fiestas decembrinas y el consabido e irracional consumismo que, con pretexto de éstas,  domina a una gran parte de la población, el retorno a una realidad en la que habrá que trepar la llamada cuesta de enero ahora marcada por el alza de precios de las gasolinas, el gas LP y  la electricidad.

Reencontrarse con la realidad, nada fácil para las mayorías empobrecidas en las que hoy por hoy se ubican segmentos importantes de las clases medias que ven menguadas sus posibilidades de ascenso económico y social.

Y aún hay más. El alza generalizada de los energéticos, sumado a la devaluación de un peso que se sostiene con alfileres, traerá consigo una auténtica cascada de incrementos en los precios de todo tipo de bienes de consumo y servicios públicos, elevándose la espiral inflacionaria a niveles no previstos por los aprendices de brujo que rodean al presidente fallido. Con tiempo lo advirtió el Sr. Cartens y no fue escuchado, hoy se entiende el porqué de su renuncia anunciada.

Lo destacable es que en tanto se desliza a la baja la capacidad de compra de los ingresos de los trabajadores que sostienen la planta productiva nacional, el salario en México  no se incrementa en la proporción deseada, estrechándose el mercado interno y, por ende, el consumo de bienes y servicios que hace posible el crecimiento de una economía hoy por hoy estancada y con visos de recesión.

Escenario éste nada optimista al que la política-política da la espalda. Encapsulada dentro de los límites de la pugna electoral en la que la búsqueda del poder por el poder mismo es la constante, el sentir y el pensar de las mayorías le tiene sin cuidado. Y, por si fuera poco, rechazando el poner las barbas en remojo, se mantiene ajena a un entorno internacional hostil cuyas amenazas están a la vuelta de la esquina.

Siendo más que evidente la ampliación de la brecha entre el quehacer político de la élite gobernante y una población castigada y ofendida. El rechazo social crece y amenaza con salirse de cauce.

Partidos políticos y sus conspicuos personeros, sin más interés que llevar agua a su molino, arrastran consigo a los medios de comunicación, privilegiando en su orden de prioridades el tema electoral, desentendiéndose de lo verdaderamente relevante para el pueblo de México.  Hacedores de un marco legal propicio lo mismo para la entrega del patrimonio nacional a trasnacionales extranjeras que para acumular sobre las espaldas de  la población el costo de corrupción, desaciertos y traiciones, lejos de frenar políticas públicas que atentan contra la mayoría del pueblo empobreciéndolo y privándole de expectativas de progreso, se pierden en estériles dimes y diretes pretendiendo convencer en los tendidos que el de enfrente es el culpable del desaguisado.

Y generalizo, porque ningún partido político se salva. Incluso Morena, de nueva creación, preocupado y ocupado en el tema electoral con vías a los comicios que tendrán lugar en el presente año y la elección presidencial en el 2018, ocupa lo mismo la tribuna en el  Congreso que la plaza pública para capitalizar en provecho propio los entuertos de un gobierno fallido de origen;  proponiendo un programa sin programa que en sus alcances retóricos no conduce a nada.

En su momento lo señalamos. Cuando Morena deja de ser movimiento social para transformarse en partido político, en ese momento tácitamente acepta jugar con las canicas y bajo las reglas de sus dueños, sumándose a la partidocracia corrupta y ajena a la voluntad popular. Hoy nuestra percepción se confirma, Morena con el reformismo limitado de Andrés Manuel López como bandera, concentra su quehacer en las lides electoreras, alejándose de las demandas insatisfechas de un pueblo que resistiendo a los embates neoliberales, exige cambio de rumbo y destino. Traicionándose a sí mismo y a sus seguidores, Morena se niega a sí mismo como opción de cambio sumándose al más de lo mismo dando la espalda a millones de mexicanos que, en cada vez mayor número, transitan en la búsqueda de otras opciones no electorales, otras visiones y otros paradigmas  como respuesta y solución a una problemática nacional hoy empantanada.

Que mayor prueba de ello que el exabrupto de López Obrador, considerando que las propuestas del Congreso Nacional Indígena y el EZLN dividen el voto de la izquierda. Incapacidad para interpretar el sentir y el pensar de los otros en una sociedad plural,  o soberbia al considerar que la única opción válida para la izquierda es la electoral y,  por lo consiguiente,  Andrés Manuel es el llamado por la providencia para dirigir los destinos de la nación.

No hay diferencia. Las formas exhiben un nebuloso fondo que a todos los partidos políticos en México iguala; poniéndose en evidencia la necesidad de un cambio estructural del Estado-nación; un nuevo pacto social  que con visión de futuro  responda a las necesidades de un país que con más de ciento veinte millones de habitantes,  ya no es el mismo que surgido de la Revolución Mexicana en su momento se diera la Constitución de 1917.

Justicia social y democracia representativa auténtica, es el llamado de las campanas al vuelo. Ni con los mismos ni más de lo mismo, es la rúbrica.

Hojas que se lleva el viento

Resuelto el tema de la carga financiera de diciembre, la administración pública veracruzana acusa un respiro. Empero no todo marcha como miel sobre hojuelas, la crisis que ahora deberá enfrentar el mini gobierno de alternancia es política. El descontento social generado por el “gasolinazo” está creciendo dando marco al proceso ya iniciado de la elección municipal de 2017. PRI, PAN y PRD tendrán que asumir el costo electoral de la reforma energética de Peña. Circunstancia que abre espacios a Morena,  adversario a vencer  por la alianza tácita de los partidos políticos signatarios del llamado “Pacto por México”.

Prueba de fuego para el Sr. Yunes Linares. También lo prometido es deuda. Sin dinero y tiempo suficientes para legitimarse cumpliendo con su oferta de campaña tendrá que navegar contra la corriente en un escenario nacional adverso, a la par que en el corto plazo tendrá que someter su proyecto de gobierno a los avatares de un proceso electoral cuyos resultados se le niegan. Si llegó a la gubernatura capitalizando hartazgo social, éste último hoy por hoy lo mismo rechaza al PRI que al PAN gracias a Peña Nieto y su gasolinazo.

P.D.

Va un abrazo solidario para nuestro amigo y distinguido periodista Marco Antonio Aguirre Rodríguez, “regañado” por el gobernador Yunes Linares en el Día del Periodista” por expresar su oportuna y documentada opinión.

Cd. Caucel, Yucatán. Enero 4 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Por fin se libró Veracruz de un gobierno  fallido, corrupto e impune?

Para nada, la despedida de Javier Duarte ha sido un juego más en la larga cadena de simulación con la que el ahora gobernador con licencia  se ha burlado de la ingenuidad política de los veracruzanos.

Tanto la solicitud de licencia y su aceptación por parte de una Junta de notables (Junta de Coordinación Política de la Legislatura local), así como la designación “fast  track” (dedazo) de Flavino Ríos Alvarado como gobernante sustituto, no es otra cosa que  un acto de prestidigitación pactado para, hasta el último minuto de noviembre próximo, hacerle la vida imposible al gobernador electo.

Ganar tiempo, en la estrategia de desbancar a Yunes Linares es la jugada; dejar correr los días y esperar activamente que el TEPJF se pronuncie en contra del triunfo electoral del choleño  y en ello descansa el pacto acordado entre Javier y Flavino. Presión, mucha presión sobre los señores ministros y cero respaldo del gobierno estatal a las exigencias del por ahora gobernador electo y su partido.

47 días no dan para más. ¿O acaso como señalan los “fans” del ex secretario de gobierno, bastan y sobran para limpiar la casa? 

Pretender que la población acepte que la licencia de Javier Duarte responde a quedar en libertad de defenderse de lo indefendible y poner a salvo su buen nombre y el de su familia, es tanto como esperar que los veracruzanos estén ciegos y sordos para no ver ni entender la profundidad del saqueo inmisericorde e impune a lo largo de los últimos doce años. Luego la motivación que impulsara la solicitud de licencia a 48 días de concluir su mandato, es otra y no la que con todo descaro explícitamente ofreciera el defenestrado y aún “primer priista” de Veracruz en su despedida.

Si la instrucción  vino de Los Pinos, o fue una decisión que a motu propio tomara Javier Duarte, a estas alturas es irrelevante. Lo destacable es que como quedara asentado en la entrevista televisiva  con Loret de mola, para Javier Duarte la mejor defensa es el ataque, con la pretendida intención de evitar que Yunes Linares tome posesión como gobernador de Veracruz.

Estrategia perversa que si no le evita ser enjuiciado, cuando menos se lleva entre las patas al por ahora gobernador electo. Contando para ello con la complicidad no sólo de un puñado de diputados locales, también  con la de Flavino Ríos Alvarado que, como es del dominio público, no ha tenido empacho en respaldar  a Duarte atacando a Yunes Linares desde la secretaría de gobierno.

Pacto al que sin duda implícita o explícitamente  no es ajeno el propio presidente Peña, su secretario de gobernación y el sedicente dirigente nacional del PRI.

Más de lo mismo en una continuidad pactada. No se puede esperar otra cosa y sí, como ya se otea en el horizonte próximo, la puntilla para un Veracruz ofendido, lastimado e inerme ante los juegos perversos de un poder formal que sin disimulo alguno, jugando con lumbre y sin ya nada que perder, carente de autoridad moral y política le apuesta  al todo por el todo a costa de la precaria supervivencia de millones de veracruzanos.

Lo lastimoso es que estos millones, indiferentes cual mirones de palo, aún confían en un inexistente estado de derecho, dejando hacer, dejando pasar en espera de mejores tiempos… Y algunos, unos pocos, aplauden la ilegítima designación de Flavino Ríos como bateador emergente.

Hojas que se lleva el viento

Hundida la nave en nauseabundo cieno, en el colmo del absurdo el PRI en Veracruz aún le apuesta a recuperar en la elección municipal del próximo año el terreno perdido. Ajeno al pensar y al sentir de los veracruzanos, desde ya baraja sus cartas para imponerle a la militancia los mismos rostros, las mismas mañas, como si no pasara nada tras la defenestración de Javier Duarte y su camarilla delincuencial. Y en estos mismos terrenos Pepe y Héctor Yunes jalando agua para su molino. O los priístas no han evaluado la profundidad de la crisis de credibilidad y supervivencia que vive su partido en la entidad, o de plano  la derrota de junio les hizo perder la chaveta. A buen entendedor pocas palabras, Veracruz entero no quiere nada con el PRI.-

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El politólogo y destacado comentarista Alfredo Bielma Villnueva, se pregunta si ya se tocó fondo en Veracruz. La respuesta la tiene la ciudadanía, empero, para quien esto escribe la crisis por la que atraviesa la entidad veracruzana tocó fondo desde muy endenantes. El tiempo, once años de saqueo y mal gobierno, así como una estructura económica ineficiente e ineficaz se han encargado de ello, acompañados de un galopante deterioro social marcado por desigualdad, pobreza, desempleo e inseguridad.

Lo grave de esta situación es que no sólo no se le ve salida a la crisis, sino que incluso, se le ignora en sus aristas más agudas, posponiéndose la búsqueda de cursos de acción viables que le den respiro. Y no hablo precisamente del cambio de estafeta en el gobierno estatal, parte de esta crisis, sino del deterioro generalizado, multiregional y multisectorial, que ha puesto a Veracruz de rodillas.

Números duros lo confirman y bolsillo y percepción ciudadana lo reflejan.  A lo largo y ancho de la entidad el abandono, la pobreza y la desigualdad se enseñorean colocando a Veracruz entre los últimos lugares en los indicadores de crecimiento económico y desarrollo relativo. Si esto no es tocar fondo, no sé cómo podría considerársele.

Y aun así, sin parar mientes en la profundidad de la crisis, la clase política sin distingo de color de camiseta, de espaldas a la realidad cifra sus esperanzas en que en 18 meses escasos, el sucesor del gobernador fallido detenga el tobogán y rescate a Veracruz. Vana esperanza. Ni en dos años ni en ocho con los mismos y el más de lo mismo, el mesías más pintado, más honesto y más dispuesto,  podrá evitar morder el polvo en el intento. Esto, en tanto no se reconozca la profundidad de la crisis, se tome plena consciencia de ella y se acepte que sin la sociedad organizada y participando activamente con pleno conocimiento de causa, la vía electoral no es paliativo y mucho menos solución.

Paradójicamente, la prensa estatal llamada a poner los puntos sobre la ies advirtiendo sobre la necesidad de observar más allá de una absurda pugna electoral, no se ve en el espejo; ramplona, acomodaticia y rayando en la ignorancia se pierde en trivialidades pasando por alto lo sustantivo.

A mi juicio tiene que entenderse que el problema siendo de todos, no sólo es de gobernanza y saneamiento de administración y finanzas públicas sino fundamentalmente de una estructura económica obsoleta, ineficiente e ineficaz, en algunos casos herencia de modelos productivos decimonónicos,  que ya no se corresponde con las actuales necesidades  y expectativas de progreso de una población en constante crecimiento.

Castidad virtuosa no es solución

Reflexionando sobre este pesimista escenario y atendiendo al bombardeo mediático a que la clase política tiene sometida a la población, me recuerda a una tía ya entrada en años que, tras haber enterrado a dos maridos y en vísperas de sus terceras nupcias, ante la sociedad de su tiempo se asumía como casta y virtuosa.

De una sociedad construida sobre la hipocresía y la simulación, en la que valores y principios éticos y morales se autoproclaman ante el poder del que dirán y no en la convicción personal y colectiva de entender y ejercer la vida en común, no se puede esperar nada valedero. Si la tía de marras chocaba por su virginal simulación, lo mismo podría decirse del o los candidatos al mini gobierno de Veracruz que,  pretendiendo ganar votos,  autoproclamando limpieza y honestidad en su persona solo dan lugar a soterrada condena y chascarrillos de mal gusto.

Veracruz requiere de visión de Estado y no santurrones de parroquia, exige hombres y mujeres de buena voluntad, lo suficientemente honestos intelectualmente como para reconocer y aceptar que la crisis veracruzana les rebasa y que es la sociedad en su conjunto y no un  mesías de ocasión, la que debe afrontarla tomando al toro por los cuernos.

Hojas que se lleva el viento

Con un fructífero diálogo con el senador José Francisco Yunes Zorrilla, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, la Asociación Veracruzana de Comunicadores “Froylan Flores Cancela”,  inauguró su transitar por la vida pública de la entidad. Con la asistencia de más de 50 propietarios de medios, articulistas, columnistas, caricaturistas y reporteros gráficos, en un clima de pluralidad, tolerancia y respeto el legislador federal dio puntual respuesta a inquietudes y preguntas que se le formularan en torno a la vida política y económica de la entidad, con énfasis en la coyuntura electoral. Buen inicio de una organización gremial de la que se espera algo más que servir únicamente de pasarela para la proyección de imagen y lucimiento de políticos y servidores públicos.

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J. Enrique Olivera Arce

Sin demérito del reconocimiento y simpatía que quien esto escribe tiene para con Andrés Manuel López Obrador y lo que este representa en el despertar de las conciencias de un cada vez mayor número de mexicanos, he reiterado en mis maquinazos no estar de acuerdo con el machacón discurso en el que, por encima de un análisis a profundidad de la realidad nacional en sus diversos tonos de grises y el qué hacer para trascenderla para bien, coloca a una etérea “mafia” presuntamente encabezada por Carlos Salinas de Gortari como origen de todos los males que México padece.

Los grandes problemas nacionales son estructurales y sistémicos. Con o sin la “mafia salinista”, el México neoliberal no tiene futuro.

Aclarado esto y tras observar la tónica pedestre que dominara el “debate” que en Coatzacoalcos confrontara a seis de los 7 candidatos a la gubernatura de Veracruz, no tengo más remedio que aceptar que si la temática dominante en la guerra sucia electoral en curso, es la pátina ética y moral  de cuyo recubrimiento cada uno de los contendientes participantes presume adorna a su persona a la par que cuestiona la calidad de la de sus adversarios,  el candidato de mayor mérito ético y moral –por no tener cola visible que le pisen- es Cuitláhuac García, postulado por Morena e impulsado por López Obrador.

Corresponde al votante potencial el valorarlo.

Empero, me mantengo en lo dicho, el joven maestro universitario en el terreno de la política política aún está verde para menesteres como el enfrentarse a las chuchas cuereras de un sistema de partidos corrupto y pragmático al extremo que, de todas se las saben todas en tratándose de envolver con papel fantasía su afán último por alcanzar el poder por el poder mismo.

Frente a la retórica demagógica, consabidas mañas y mutuo baño de hediondeces de sus oponentes punteros, el candidato de Morena aún exhibe inexperiencia e ingenuidad, tanta como para dejarse llevar por la tentación de subirse al ring e involucrarse en el intercambio de lodo y detritus en una guerra sucia sin cuartel,  en detrimento del manejo de ideas, diagnóstico puntual de la realidad a la que los veracruzanos nos enfrentamos, así como propuestas concretas, viables y aceptables,  que no paren simplemente en considerar la urgente necesidad del rescate y reordenación de la administración pública a cargo del gobernador fallido,  cuando esto último es apenas una faceta más de la crisis multidimensional y multisectorial de un Veracruz postrado.

La sociedad veracruzana requiere cambios verdaderos en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de la entidad y el proponer el qué y el cómo satisfacer esta necesidad es lo que, en la medida de lo posible y viable para un gobierno de dos años -¿o año y medio?-, debería ser el énfasis de la campaña proselitista del joven candidato. Ese es el reto para Cuitláhuac.

En el entendido de que en el marco de la estrategia de un paso a la vez en una constante de aproximaciones sucesivas de Morena para la presidencial del 2018, el nuevo partido-movimiento gana aun perdiendo la elección del 2016 en Veracruz,  sacrificando a Cuitláhuac pero fortaleciendo su propuesta de gobierno, incipiente estructura y cuadros probados en distritos claves de la geografía política veracruzana.

Esto en el entendido de que por todos los medios a su alcance, Peña, como ya lo ha manifestado, no dejará que el “populismo” de López Obrador triunfando en las urnas,   dé marcha atrás a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo dominante.

Luego el adversario a vencer en esta etapa, a mi juicio no son los candidatos que postula el PRI y sus satélites o la coalición PAN-PRD, compitiendo con estos en una tan absurda como pedestre guerra de lodo, sino la desinformación, apatía y dispersión de un  electorado frustrado, lastimado y harto de más de lo mismo, ofertando el maestro García expectativas de cambio real mediante el rescate de la política política y participación consecuente de las mayorías en la construcción de un nuevo modelo de sociedad para el bien común de todos los veracruzanos. Si se puede y de eso toca a Cuitláhuac el convencer con vías a la elección presidencial del 2018,  madre de todas las batallas en la confrontación entre el modelo neoliberal de país que impulsa Peña Nieto y el reformismo progresista que propone López Obrador.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la guerra sucia electoral que se auspicia desde el gobierno del estado, llama la atención el que los candidatos a la sucesión del gobernador fallido, coincidan en propalar que cuentan con una varita mágica y,  con ésta en mano, ofertan los cuernos de la luna, caso de resultar electos.

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J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz somos tan dados a no ver más allá de nuestro propio ombligo que deteniéndonos en el árbol sin ver el bosque, terminamos por conformarnos con hacer carbón del árbol caído. Sólo de esta manera quien esto escribe se explica tanta tinta derramada en especulación y chismorreo.

Anclados en el rumor y la especulación que rodea la presunta salida de Javier Duarte de Ochoa, nos negamos a aceptar que lo que está en juego no sólo es el futuro inmediato del gobernador fallido, sino que también pesa y determina el futuro de México, habida cuenta de que Veracruz es una pieza más en el ajedrez sucesorio en el que Peña Nieto y sus propósitos y objetivos neoliberales, sustenta su proyecto transexenal.

La elección de gobernador en el 2016, es prolegómeno de la presidencial en el 2018, y así deberíamos entenderlo para enmarcar el estira y afloja en el que por sobre el interés de los veracruzanos está el interés de Enrique Peña Nieto y su grupo de aprendices de brujo. Qué conviene y que no conviene para el proyecto transexenal en juego para tomar la decisión de fincarle juicio político o forzar a Duarte de Ochoa a solicitar licencia ante el congreso local. El estirar la cuerda, reventarla, aflojarla, o dejar la decisión en manos de la voluntad unipersonal del denostado gobernante, está en manos de la presidencia y no en la presión mediática que, si bien refleja el clamor popular, no deja de representar también intereses locales personal, partidista, o de grupo.

Tampoco se puede dejar de considerar en este posible escenario, que el mini gobierno de dos años es de transición. Sea quien fuere el sucesor de Javier Duarte, más que resolver o intentar resolver la problemática económica, social y política por la que atraviesa Veracruz, tendrá como tarea crear las mejores condiciones posibles para asegurar un triunfo electoral en el 2018 favorable a la continuidad del proyecto neoliberal en curso o, en su caso, abrirle la puerta al “populismo” de la izquierda reformista que representa Morena con Andrés Manuel López Obrador. En la inteligencia de que tanto el PRI como el PAN y el PRD se inclinan por la primera opción, son parte de ella, está en su naturaleza y así lo han expresado con hechos concretos y tangibles más que con palabras.

Son dos proyectos antagónicos y no tres, los que se pondrán a la consideración del electorado en el 2018. Peña Nieto ha sido muy claro, combatirá al “populismo” con todo lo que esté a su alcance y si hoy decide sostener a Javier Duarte a expensas de la derrota del PRI en junio próximo, no será por motivos éticos o morales o por la repulsa generalizada de una población lastimada, dolida y harta de un gobierno fallido, sino porque en su aritmética política así conviene a su proyecto.

Si Peña a pesar del evidente vacío de poder en la entidad, considera a Veracruz como desechable, le tendría sin cuidado si el tránsito al 2018 es con Héctor Yunes landa o con Miguel Ángel Yunes Linares. No se puede echar en saco roto que en los últimos sexenios la entidad veracruzana dejó de ser el cacareado reservorio de votos para el PRI, toda vez que las últimas elecciones presidenciales, al margen de un abstencionismo creciente, la intención del voto favoreció a los candidatos de Acción Nacional.

De ahí que a mi juicio resulte irrelevante el que se considere que entre más tiempo pase sin que se resuelva el futuro inmediato de Javier Duarte, mayor será la pérdida de sufragios para el precandidato o candidato ya de facto, del PRI y mayores las posibilidades de triunfo de la alianza opositora con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo lamentable es el daño que Veracruz resiente ante la ambigüedad e indefinición de una decisión que ante la cercanía de la elección, en Los Pinos no se da con la claridad, autoridad y oportunidad deseable. Los coletazos y patadas de ahogado de un gobernador fallido, encuentran campo propicio para que las cosas mantengan su curso en el día a día de mal en peor, pagando los platos rotos el convidado de piedra que en una democracia real debería ser el principal protagonista.

Hojas que se lleva el viento

La carta abierta a la ciudadanía, que Javier Duarte hiciera publicar el pasado domingo en el Diario de Xalapa, asegurando que pagará hasta el último centavo a la Universidad Veracruzana, así como su discurso mañanero y triunfalista del lunes en el que insiste en que por sobre el rumor se impone la prospera realidad construida por su gobierno, pone a los veracruzanos en la disyuntiva de creer o no creer. ¿Usted estimado lector, cree o no cree en quién en el imaginario colectivo de hecho ya no es gobernador?

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J. Enrique Olivera Arce

Fiar al enemigo político la capacidad de construir un proyecto democrático y una alternativa popular es tanto como abrir el gallinero al zorro, ponerlo de vigilante, pretender que no se coma a las gallinas y luego negar la naturaleza predadora del zorro. Marcos Roitman Rosenmann

Todo indica que las precampañas de quienes aspiran a gobernar a Veracruz además de polarizar a las audiencias y fragmentar la intención del voto, también cumplen con la tarea de desviar la atención de la opinión pública, privilegiando estridente ruido mediático en torno a la crisis de gobernabilidad provocada por Javier Duarte de Ochoa, soslayando la gravedad del momento que se vive en economía y finanzas nacionales bajo el modelo neoliberal que impulsa Peña Nieto, como si la entidad fuera ajena a un desastre que nos compete a todos por igual.

Todos los aspirantes, sin excepción estiman redituable hablar de lo que en la coyuntura una mayoría considerable quiere escuchar. “La gente quiere sangre, tiene sed de venganza”, se dice entre quienes conocen del paño electoral y en ello se concentra la monotemática proselitista de descalificación oportuna de un gobierno fallido, como si toda la responsabilidad de la debacle que se vive en Veracruz fuera del hoy denostado Javier Duarte de Ochoa y, por lo consiguiente, la solución a los problemas vigentes y futuros radicaría en un nuevo estilo de gobernar y simple cambio de estafeta en la administración pública. Evadiéndose el hecho irrefutable de que dos presidentes, Felipe Calderón y Peña Nieto no sólo han tolerado sino incluso respaldado a quien se aspira a suceder.

Así, los que ayer callaron hoy se asumen médicos de cabecera de Veracruz, recetando cárcel para los prevaricadores y saqueadores a partir de un falso diagnóstico en el que lo obvio de un pésimo gobierno es punto de partida. El modelo privatizador y empobrecedor que se impulsa desde Los Pinos bajo la batuta de los poderes fácticos empresariales, no cuenta, no afecta a Veracruz, no requiere de revisión, cuestionamiento y corrección; en el discurso distractor ni es padecimiento que acuse la entidad ni merece médico, remedio y el trapito.

Evadiéndose con pleno conocimiento de causa, que el deterioro económico y social de un país en crisis en el que Veracruz no es ajeno, no sólo va de la mano del desastre financiero y de gobierno de la administración duartista, sino que incluso le antecediera a partir de los gobiernos priístas que adoptando el llamado “Consenso de Washington”, impusieran el modelo neoliberal que hoy padecemos, secundado en su momento en la alternancia panista con Vicente Fox y Felipe Calderón.

Temática tabú esta última, en tanto que por encima del interés presente y Futuro de Veracruz está el no cuestionar, confrontar o contradecir a Peña Nieto y su cohorte de aprendices de brujo, generadores de mayor desigualdad y pobreza. El interés personal y partidista por encima del interés nacional.

“De lengua me como un plato”, dice refrán popular, aplicable a la retahíla de frases hechas, medias verdades y medias mentiras. Fácil resulta hablar, ofrecer, prometer, señalando consecuencias y evadiendo origen último de la problemática multidimensional que se vive en Veracruz y en el país entero. El pueblo quiere escuchar que habrá cárcel para los saqueadores de cuello blanco, y a eso se atienen los aspirantes para ganar aceptación y sufragios, pero lo que no se escucha es que además de merecida prisión quienes han traicionado a Veracruz también deberían regresar lo que se llevaron. Mucho ruido y pocas nueces, en diferente tono y con diverso énfasis, pero el discurso distractor iguala a los aspirantes en la búsqueda del mini gobierno de dos años. Lástima le diríamos a Margarito, en primera y última instancia ello no augura otra cosa que gatopardismo. Luego cabe la interrogante: ¿estarían dispuestas las mayorías a sufragar en junio próximo a favor de partidos y candidatos que ofrecen atole con el dedo, evadiendo lo sustantivo?

¿Votaríamos a favor de la venganza, simulación y más triunfalismo sin sustento, a sabiendas de que desigualdad, pobreza e inseguridad lejos de disminuir se profundizarán con un gobierno estatal subordinado al modelo “reformador” de Peña Nieto?

A lo mejor sí, a lo mejor no, todo depende de si las mayorías hoy mirones de palo, estarían dispuestas a despertar a tiempo.

Hojas que se lleva el viento

Ramon-Castro-Ruz

Ramón Castro Ruz (“Mongo”

Ramón Castro Ruz (“Mongo”), hermano mayor de Fidel, falleció la mañana de hoy 23 a la edad de 91 años. Paradigma de amor a la tierra y al trabajo revolucionó la ganadería bovina cubana. Tuve el privilegio de recibirle en mi casa en los márgenes del río San Pedro, en el Plan Balancán-Tenosique, Tabasco y, más tarde en reciprocidad me invitó a una inolvidable velada en el Plan Especial Genético de Picadura en el que se desempeñara como Director. A su muerte ostentaba el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Descanse en paz.

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Enrique Olivera Arce

En el marco de una aberrante violencia criminal que a lo largo y ancho del territorio veracruzano tiene en jaque a la seguridad pública, los últimos coletazos de un políticamente desahuciado Javier Duarte de Ochoa incrementan descontento y hartazgo en una sociedad que, sintiéndose inerme e indefensa, no ve para cuando cambie el actual estado de cosas.

El malestar social crece y la mayoría de la llamada clase política haciendo como que la Virgen le habla, lo echa en saco roto pareciendo no importarle en la coyuntura electoral lo que la sociedad piensa y dice respecto de un gobierno fallido, así como de una partidocracia cómplice que dejando hacer, dejando pasar, le deja las manos sueltas a un Duarte de Ochoa que se regodea ofendiendo y lastimando a los veracruzanos.

Malestar que por ahora orgánicamente se expresa disperso pero que dejando entrever un justificado enojo, toma senderos que salvo contadas excepciones no contribuyen a un proceso constructivo de participación, organización y acción política consecuente. Así, el malestar social se diluye entre chistes de mal gusto, pedestre lenguaje e imágenes ofensivas en torno a quienes consideran responsables del deterioro social y económico, empezando por el titular del ejecutivo. Reflejándose en las redes sociales lo mismo tal animosidad que la ausencia en la llamada sociedad civil de instrumentos idóneos para canalizar positivamente descontento y hartazgo.

Pálido reflejo pero expresión válida al fin, de una sociedad en franca indefensión que no encontrando camino viable para frenar y sacudirse a lo que considera un pésimo gobierno y recuperar la tranquilidad y paz pública perdida, canaliza su hartazgo quemando pólvora en infiernitos.

Dice la conseja popular que en política el que se enoja pierde y a tal resultado conduce el que el insulto y la diatriba fruto del descontento substituya a ideas y propuestas constructivas. Si de echar al PRI del gobierno en la elección de junio próximo tomando como referente a más de 10 años de pésimos gobiernos emanados del tricolor, el enojo mal canalizado no es el camino, hagamos del hartazgo punto de partida para una participación responsable, organizada y consecuente en el seno de la llamada sociedad civil. Si no es hoy será mañana, pero sólo organizados en un frente único en torno a un programa mínimo que reivindique el rescate de la democracia, la paz pública y la reordenación de la vida económica de Veracruz, será viable superar el bache y salir avante.

Cierto, en la coyuntura no hay de otra que buscar la salida por la vía electoral, cifrando esperanzas en que con una administración pública renovada cambie para bien atemperando una ya insostenible situación. Empero, poco o casi nada en el espectro partidista y sus correlativas reglas del juego, se vislumbra ya no sólo una auténtica voluntad de cambio, tampoco voluntad para ofertar un programa mínimo que reivindique un gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo; el interés personal o de grupo en la cúpula de nuestra aldeana clase política no está en esa línea, antes al contrario, se privilegia la búsqueda del poder por el poder mismo desentendiéndose de aquello que más lastima, duele, indigna y enoja a la gente.

Luego esto obliga a un voto razonado en la elección de gobernador y diputados locales en junio próximo que pese y haga sentir en las urnas que más allá del justificado enojo, los veracruzanos están diciendo basta, no más las mismas desgastadas caras ni más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

Dicen que no pasa nada en Veracruz, Javier Duarte reitera que prevalece pleno estado de derecho en la entidad, pero en los medios de comunicación locales y nacionales la nota roja que registra hechos de violencia criminal en la entidad ya ocupa las primeras planas. Por algo será.

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Quienes no quieren ver que la correlación de fuerzas políticas en la sociedad veracruzana ya cambió, insisten en que la estructura, estrategia y ejército de expertos operadores forjados en las lides electorales, favorece al PRI para que este partido se alce con el triunfo en la elección del gobernador de dos años pasando por encima de descontento y hartazgo social. Si bien para la sociedad no hay tela de donde cortar frente a diversas opciones electorales que en primera y última instancia son lo mismo (no olvidemos el “Pacto por México, la aprobación de pseudo reformas estructurales empobrecedoras, la privatización de facto de las industrias petrolera y eléctrica), no se puede ignorar que en el imaginario colectivo los personeros del PRI que hoy aspiran a la gubernatura o a las diputaciones locales, en su momento por comisión u omisión avalaron con silencio cómplice todo aquello que hoy se le reclama lo mismo a Peña Nieto que al gobernador fallido de Veracruz, y eso cuenta igual o más que el andamiaje histórico del partido en el gobierno. Ya veremos de qué cuero salen más correas.

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Y a propósito de silencio cómplice, es de destacarse como Américo Zúñiga Martínez, alcalde de nuestra ciudad capital, hace como que la virgen le habla frente al clima de violencia criminal e inseguridad pública que se vive en Xalapa y sus alrededores. Eso calienta y más, cuando con recursos públicos proyecta una falsa imagen de alcalde modelo de una ciudad capital de las mejor gobernadas en el país.

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“Será un PRI con la cara y las manos limpias”: Amadeo Flores en su toma de posesión como presidente del CDE del tricolor. Retóricamente suena bien en un discurso en el que se plasma lo que a los priístas les gusta escuchar, más sin embargo la realidad real se encarga de desmentir lo dicho, ya que de aquí a junio es prácticamente imposible cambiarle la cara al caduco partido gobernante y, mucho menos, lavarle las sucias manos teñidas de sangre con las que impunemente desde el poder formal han saqueado a Veracruz. Aunque cabe el beneficio de la duda ya que es de justicia reconocer que entre tantas caras duras, también hay priístas honestos y bien intencionados que podrían hacer suyo el llamado del viejo líder.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No estando el horno para bollos en una sociedad lastimada y ofendida, con todo respeto para aquellos que aspiran al gobierno de dos años en Veracruz, el proselitismo electoral sustentado en ofertas y promesas de campaña atractivas pero poco viables para su cumplimiento, no va con los tiempos que corren. Me parece debería ser realista, intelectualmente honesto y de un gran respeto para los votantes potenciales.

Afirmo lo anterior ante el cuadro crítico que nos ofrece una crisis que en lo económico y sin tocar fondo aún, se agudiza con la caída de los precios internacionales del petróleo y la devaluación del peso frente al dólar y el euro, cancelando o posponiendo expectativas de crecimiento y desarrollo para un país que en gran medida depende del mercado externo.

Crisis económica que si bien está determinada por la “madre de todas las crisis”, en el mundo globalizado, en nuestra aldeana realidad se agrava con la enfermiza situación de unas finanzas públicas estatales quebradas y un criminal endeudamiento, que limitan toda capacidad de maniobra para hacer de la inversión pública motor del crecimiento. Estando vedado prácticamente el rescate gubernamental de obras inconclusas y, con mayor razón, el emprender otras que por su envergadura y posición estratégica fortalezcan el capital infraestructural de la entidad.

Si uno de los orígenes del pésimo gobierno de Javier Duarte fue el divorcio entre los sueños oníricos del gobernante y la realidad real, a estas alturas del partido el triunfalismo sin sustento por parte del sucesor sería el acabose, como a nivel nacional se observa el practicado por el Sr. Peña Nieto en su pretensión de convencer de que las llamadas reformas estructurales impulsan crecimiento y desarrollo, cuando la realidad muestra fehacientemente otra cosa.

Decía mi abuela que la sabiduría popular, centenaria y certera, es un antecedente que debe ser tomado en cuenta por los gobernantes, precediendo a ofertas y promesas que de antemano se sabe no serán cumplidas, pues estas más temprano que tarde se revierten. Prometer no cuesta nada, no cumplir es lo que aniquila dice la conseja y, con mayor razón, cuando estas con propósitos electorales van dirigidas a convencer a una sociedad descreída, desconfiada y harta de sexenios perdidos en los que la constante ha sido el saqueo y el desprecio a los ciudadanos.

Ofrecer lo deseable sin visión de lo posible es demagogia, más de lo mismo que la sociedad por principio rechaza.

Toda campaña política debería tener un punto de partida, la realidad real sobre la que se pretende operar. De otra forma, tomar el atajo fácil de ignorar un deterioro económico que se refleja en el bolsillo de las mayorías, desigualdad, pobreza galopante e incapacidad evidente para hacer frente a estos flagelos desde el ámbito de las finanzas públicas, pretendiendo ganar confianza y credibilidad con saliva, la engañosa palabra cae en el vacío como semilla en tierra infértil.

De ahí que a mi modesto entender, lo que procede en las campañas políticas que culminarán con la elección del gobernador de dos años y el relevo de la diputación local, es la mesura, tanto en el empleo de la palabra como en la parafernalia que suele acompañar al proselitismo. Paradójicamente, entre más elocuente y más rico en ofrecimientos y promesas sea el discurso y mayor sea el desplante en la exhibición del músculo, considero mayor será el fracaso de los candidatos en campaña frente a una sociedad más despierta e informada que, a diferencia de antaño con el viejo régimen, ya no resulta fácil engatusarle.

La sociedad sabe que terrenos pisa. Los veracruzanos no por nada vivimos escamados en un clima de incertidumbre, pretender un engaño más ofreciendo acabar con la corrupción encarcelando a los saqueadores, o retornar al sobado slogan del Veracruz granero de México, no es el camino.

Y esto va también para las militancias hartas de ser ignoradas por las cúpulas de una partidocracia corrupta y rapaz. El llamado voto duro ya no es tan duro como antaño con el viejo régimen. Si los candidatos no fueron seleccionados democráticamente por las bases ni cuentan con el mínimo de consenso, el desprecio a la militancia se revertirá en las urnas poniendo en entredicho el optimismo de una retórica triunfalista sin sustento y exhibiendo al desnudo la manida práctica de la compra de sufragios, de dignidad y de conciencias.

Toda campaña proselitista va en dos direcciones, la del emisor del mensaje y la del receptor; los votantes potenciales que hoy más que nunca, ante la realidad real con talante participativo y crítico, en el hogar, en el trabajo, en las aulas, habrán de valorar y cuestionar la palabra de los candidatos expresando la suya propia. Son otros tiempos, pesan más los hechos que la palabra fácil. Hay de aquel aspirante a gobernarnos que privilegie grandilocuencia por sobre realismo y mesura, que en las urnas recibirá el correspondiente castigo.

Hojas que se lleva el viento

La lucha de clases no está extinguida, vive en el imaginario colectivo de los pueblos oprimidos. Se equivocan quienes dándole por fallecida proclaman el fin de las ideologías, propalando la bondad del grosero pragmatismo como vía para la emancipación y retorno a la democracia perdida.-

Xalapa, Ver., enero 20 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres comunes, la percepción pesa más que cualquier intento de explicación racional de por qué ganó el PRI en Veracruz. En el imaginario colectivo parece ser obvio, sin mayor explicación, que dos factores hasta ahora no suficientemente desmentidos fueron determinantes: la tradicional compra de votos y la inducción del sufragio mediante los programas asistencialistas aplicados estratégicamente en los sectores económicamente más vulnerables.

Para los conocedores del paño electoral, con información histórica, ambos factores estaban más que previstos con bastante anterioridad a los comicios del 7 de junio en la entidad. No hay forma de que sea derrotada maquinaria y estrategia electoral, legal y extralegal del PRI, se dijo, argumentándose que de antemano se operó con eficacia ablandando y dividiendo a la oposición, a más de la oportunidad de capitalizar el amplio espectro de opciones electorales que fragmentaría y pulverizaría la intención del sufragio.

Se argumentó también que el abstencionismo y el voto nulo de castigo, operaría a favor de la estrategia tricolor.

Todo esto en el terreno de la especulación y en un primer análisis lineal previo a la elección, que se confirmaría en los hechos.

Sin embargo, hacía falta un análisis ex post más preciso, respaldado con números duros, para tener claro a nivel distrital el éxito o derrota lo mismo de la estrategia seguida que de la operación de la aplanadora priísta y, en su caso, su equivalente en los terrenos opositores en los que se confiara en el clima de descontento y hartazgo sustentado en la percepción negativa del desempeño de un gobierno fallido.

Corresponde al destacado economista Hilario Barcelata Chávez, el dar una respuesta coherente, congruente y sólida a la interrogante de por qué ganó el PRI la diputación federal en 16 distritos dejándole a sus opositores únicamente 5, repartidas entre el PAN, PRD y Morena. El también Coordinador del Doctorado en Finanzas Públicas de la Universidad Veracruzana, con números duros en exhaustivo y puntual análisis pone en contexto lo que sucedió el domingo 7 de junio.

En el ensayo de su autoría, titulado “Por qué ganó el PRI en Veracruz”, Barcelata Chávez apoyándose en el estudio realizado por la empresa Parametría, que mediante encuestas identificó las características que definen a las personas que votan por cada uno de los partidos políticos en México, para definir el “perfil del votante mexicano”; destaca y desmenuza a detalle tres factores que fueran determinantes para el pírrico triunfo del tricolor: El perfil del votante; El poder del abstencionismo y, La insensatez del voto nulo. Destacando como variables comunes el peso de la pobreza, el nivel de escolaridad, y el de ingresos de los votantes en cada uno de los 21 distritos electorales.

Mapeo electoral que coincide con el grado de desarrollo regional relativo en la entidad y el innegable estancamiento económico, educativo y cultural por el que atraviesa Veracruz. Y que sin duda, refleja también la validez de la opinión sustentada en números duros de diversos expertos, que coinciden en señalar que la entidad veracruzana vive una profunda crisis económica que repercutiendo en la vida social de la población, no es ajena al pésimo desempeño de la administración pública y al endeudamiento creciente del gobierno estatal.

Para quien escribe estas líneas, el análisis del Dr. Barcelata, por su contundencia y oportunidad, no debe ser ignorado. Más allá de propósitos y objetivos electorales, da una idea precisa de cuales deberían ser las prioridades tanto en el combate de la desigualdad y pobreza como en el rescate y fortalecimiento tanto del quehacer económico como de un tejido social en franco deterioro. Si para el PRI la pobreza e ignorancia es un aliado estratégico para sus fines, para Veracruz es un lastre que debe ser superado.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito del partido en el gobierno, se está publicitando a bombo y platillo la llamada “Escuela de cuadros” del PRI en la entidad, como medida de renovación de la estructura jerárquica de la maquinaria tricolor. Medida sustentada en la incorporación de una nueva camada de operadores electorales con mayor nivel de escolaridad y capacitación político-electoral. Sobre ello vale la pena considerar lo siguiente:

Perdida la brújula ideológica liberal con la que el PRI por más de 70 años mantuviera hegemónico rumbo y destino, y no habiendo aún asimilado los nuevos paradigmas neoliberales en que se sustenta el modelo de país que se promueve desde Los Pinos, a lo único que podría aspirar hoy día el priísmo, es a trasmitir a las nuevas generaciones de cuadros partidistas paradigmas de simulación, saqueo, corrupción, impunidad, y un cínico y descarado pragmatismo ajeno a principios y valores éticos. Está en su naturaleza y no se puede apartar del guión en su afán por sobrevivir.

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La especulación, el chisme y la descalificación a priori, ganan terreno al análisis serio de lo que Veracruz espera de su próximo gobernador, perdiéndose la oportunidad para revisar y enmendar entuerto tras entuerto en la entidad. Curiosamente, el ambiente de cotorreo que domina en el anticipado proceso sucesorio, queda restringido a los círculos políticos y periodísticos en los que por inercia y sin duda intereses creados, dan por hecho que la competencia por la gubernatura de dos años una vez más habrá de decidirse cupularmente en los círculos del poder real, ignorándose tanto lo que los votantes potenciales piensen y opinen al respecto como las siempre variables e impredecibles circunstancias políticas y sociales tanto en el ámbito nacional como local. El sonado affaire de la evasión del ahora más buscado capo del narcotráfico internacional, así como el brutal e inimaginable monto del endeudamiento del gobierno duartista, juegan en el proceso sucesorio, sumándose como un elemento más a considerar en las bolas de cristal de los adivinadores. Al tiempo.

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Al agitado cotarro de la grilla veracruzana, ahora se introduce en el tema de la sucesión el factor confusión. Como un distractor más, se auspicia mediáticamente la multiplicación de aspirantes a “candidatos independientes” a la gubernatura de 2 años en la entidad, haciéndole el juego a la estrategia priísta de dividir para vencer, sabiamente precedida por una cuestionada reforma legal que estableciendo nuevos candados para dificultar aún más el registro de los “independientes” da lugar a un falso debate. Pretendiendo con ello dar la impresión de que el partido en el gobierno teme a dicha opción electoral. El nuevo elemento distractor es muy burdo, pero no faltarán los que se vallan con la finta. Veracruz da para eso y más.

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Primero saquean a PEMEX, lo castigan fiscal y presupuestalmente hasta dejarlo en la lona y hoy día, con todo cinismo y descaro el gobierno de Peña Nieto nos dice que la empresa propiedad del Estado mexicano no tiene dinero para participar en las licitaciones de la Ronda Uno. Igual se nos dijo que no se privatizaría el petróleo, hoy en los hechos se afirma lo contrario evidenciando lo que Cuauhtemoc Cárdenas califica como traición a lesa patria.

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