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Category Archives: Fidel Herrera Beltrán

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En tanto se le sigue rascando al cochinero, más detritus arroja, confirmando el grado de descomposición política y moral que se viene viviendo en Veracruz con la llegada al poder de Fidel Herrera Beltrán y sus presuntos amafiados. Muladar del que Miguel Ángel Yunes Linares saca provecho,  alimentando lo mismo su sed de venganza que el respaldo social de la minoría que con su voto le permitiera acceder a la gubernatura de dos años.

Lo que no toma en cuenta el gobernador Yunes, es que la descomposición política preñada de corrupción, impunidad, simulación y engaño, lo mismo marca a Tirios que a Troyanos incidiendo en su contra,  en tanto la percepción en el imaginario colectivo se consolida en torno a la idea de que la alternancia en el gobierno lejos de ofrecer cambio alguno, recicla el más de lo mismo.

De esto último, la terca realidad deja constancia. La persecución del “duartismo” satisface el morbo pero no da de comer ni aliviana el clima de inseguridad.

 A Miguel Ángel Yunes se le eligió para gobernar, no para ser un pésimo gendarme incapaz lo mismo de rescatar el tiradero que el de ofrecer seguridad y confianza a la ciudadanía. Ni endereza a la alicaída administración pública a su cargo ni abate los altos índices de criminalidad que azotan a la entidad. Olvidándose de lo sustantivo que es el gobernar a una entidad federativa con más de ocho millones de habitantes cuya mayoría se debate entre pobreza y pobreza extrema.

No se trata de pedir peras al olmo. Sabido es que no está en manos del gobernante veracruzano el abatir desigualdad y pobreza. El gobierno no crea empleos,  no mejora la calidad de los salarios y, mucho menos determina la orientación de la economía en su conjunto. Empero si está obligado a generar condiciones favorables para la inversión,  ampliación y modernización  del aparato productivo, lo que obviamente no se está haciendo, antes al contrario, en tanto el énfasis del gobernador siga puesto en seguir sacando mierda de la “Caja de Pandora” de la que presume abriera, la entidad a nivel internacional no ofrece a inversionistas externos y domésticos condiciones para el rescate, reordenación y ampliación de la economía veracruzana.

No todo es responsabilidad del gobierno de la alternancia. Sabido es que a nivel nacional el horno no está para bollos. La economía mexicana está caminando al borde de la recesión. Las llevadas y traídas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto -a contracorriente impuestas-  lejos de incidir en mejorar la precaria situación le profundiza, incrementándose desigualdad, desempleo, pobreza y exclusión. Matada que fue la “gallina de los huevos de oro”, los recortes al gasto público inciden de manera notable en las arcas públicas veracruzanas, a la par que generan incertidumbre en el sector privado.

Empero, no obstante las condiciones adversas, el gobierno veracruzano cuando menos debería reconocerles, ajustando objetivos y metas por alcanzar en su tan ambicioso como inviable “Plan estatal de Desarrollo”. Así como aceptar que dado el entorno negativo lo que cuando menos esperan los veracruzanos de su gobierno es el saneamiento de las arcas públicas con el consiguiente reordenamiento de la administración y si, indudablemente, un clima de seguridad que de tranquilidad en los hogares.

A cinco meses de asumir el cargo, Miguel Ángel Yunes trepado en el ring no da señales de querer afrontar lo sustantivo. Cinco meses que cuentan mucho para un gobierno de escasos dos años de gestión. El tiempo sigue corriendo y ya en pleno proceso electoral auspiciando la guerra sucia, ante una economía eclipsada el gobernador no ofrece respuestas aceptables.

Hojas que se lleva el viento

Teniendo como marco el clima de descomposición política que priva en la entidad, la elección edilicia va. Lo que está en duda es si la gente estará dispuesta a dar su aval en las urnas a partidos y candidatos. Descontento y hartazgo social sigue dominando el panorama.

Cd. Caucel, Yucatán. Mayo 4 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Veracruz no es su gobierno…

El discurso triunfalista sin visos de sustento que caracterizara al mandato de Javier Duarte, en labios de Miguel Ángel Yunes Linares pareciera ser la tónica del “nuevo lenguaje” a imperar en Veracruz. Esperemos que la historia no se repita.

A decir de los expertos, todo ejercicio de planeación regional debe partir de una idea clara del ámbito en el cual se pretende incidir en tiempo y en espacio, bien sea para cambiarlo o modificarlo o, en su caso para consolidar logros alcanzados.  Lo cual implica contar con un diagnóstico preciso del cual partir que de sustento a un plan equilibrado, rentable, socialmente justo y éticamente responsable. Premisa que presumiblemente no se contempla en el llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo”, presentado al congreso local para su análisis y aprobación en su caso, y ampliamente cacareado por el aún gobernador electo, atribuyéndole carácter de panacea.

Afirmo lo anterior sin conocer el resultado del ejercicio a cargo de especialistas de la Universidad Veracruzana, su propósito último, variables tangibles e intangibles consideradas  y, por supuesto, estrategias, objetivos y metas concretas por alcanzar, apoyándome en un único elemento de juicio a mi alcance, a saber:

Recursos escasos y, en términos prácticos, tiempo disponible para la implementación del Plan.

El monto total de la deuda de corto plazo  del gobierno estatal, recién ha sido puesto del conocimiento de Miguel Ángel Yunes Linares por las autoridades responsables (o irresponsables) de la administración pública veracruzana, luego resulta inaudito que se proyectara el porvenir de Veracruz sin contar en el momento de la elaboración del “Plan” con el diagnóstico puntual de la disponibilidad o carencia de recursos frescos de la cual partir para implementarlo,  sino con supuestos inciertos.

Por otra parte, tampoco ha sido del conocimiento oportuno de los especialistas de la UV el monto del adeudo presente y futuro de los ayuntamientos veracruzanos, puntales pie a tierra de las finanzas públicas globales de la entidad y que, por los últimos eventos en la capital del estado, se da como un hecho que cuentan con recursos propios insuficientes para asumir las tareas que “El plan” estatal les asigne en su ámbito de competencia.

En cuanto al tiempo disponible, como variable a considerar, es tan escaso como los recursos financieros de los cuales echar mano. Dos años a no dudarlo, en un contexto nacional e internacional adverso son insuficientes para instrumentar cursos de acción que conduzcan a un proceso de crecimiento y desarrollo regional exitoso.

Luego se obvió la ley de oro de la planeación que exige conjugar lo deseable o probable a partir de lo disponible.

Partiendo de esta única consideración, doy por hecho que el llamado “plan”, carece de un diagnóstico preciso de la situación parada actual que, como punto de partida, de sustento y legitime  el ejercicio académico que Miguel Ángel Yunes califica de “histórico” y guía para el rescate de Veracruz.

Peor aún, si en un exceso de optimismo, el futuro de Veracruz se está proyectando a un horizonte de largo aliento que, trascendiendo los 24 meses de vigencia del mandato yunista, pretenda marcar rumbo y destino futuro para una entidad federativa que, hoy por hoy, acusa estancamiento y recesión tanto en lo económico como en lo social, prevaleciendo un clima de incertidumbre que adicionalmente cubre la totalidad del territorio nacional.

Esto, cuando lo procedente, siempre a mi modesto entender, es el contar pragmáticamente con una modesta estrategia bianual de salvataje de la administración pública veracruzana en sus vertientes estatal y municipal, sin aspiraciones ambiciosas de rescate e impulso al desarrollo de Veracruz, cuya materialización está fuera del alcance de la autoridad local.

Si es que se tiene claro que debemos entender por desarrollo, no puede dejarse de considerar que la crisis financiera de la administración pública es parte y no el todo de la vida económica de la entidad. Y si bien el gobierno es rector y dinamizador, es la llamada sociedad civil la que está a cargo del aparato productivo; producción, distribución de bienes y servicios y contribución a la hacienda pública dependen de la inversión privada doméstica y externa, cuyas expectativas presentes y futuras de crecimiento trascienden el marco de un gobierno estatal -por ahora fallido- que arrastra un endeudamiento jamás imaginado.

Esperemos que el Congreso local tenga la atingencia de someter el mamotreto a la consideración de todos los veracruzanos, antes de aprobarlo. Si esto es así, entonces podrán observarse todas las inconsistencias de un ejercicio, presuntamente democrático, hecho sobre las rodillas y sin mayor propósito que contar con un instrumento legalmente exigible para el nuevo gobierno.

Por lo pronto, con el instrumento legal o sin este, la tarea de rescatar ya no a Veracruz sino modestamente a la hacienda pública estatal y municipal, se ve cuesta arriba; el déficit de los recursos disponibles, incluidos los intangibles como credibilidad, confianza, aceptación y consenso social, es de tal envergadura que Miguel Ángel Yunes Linares bien podría parafrasear lo dicho por el limitado gobernador interino: “De haber sabido a lo que me enfrentaría, no hubiera aceptado ser gobernador”.

Empero, Yunes Linares aceptó y muy a su estilo muestra disposición a tomar el toro por los cuernos y eso cuenta. Para bien de Veracruz esperemos que así sea.

Hojas que se lleva el viento

Para estar a tono con el clima mediático de especulación y rumores, me pregunto si no Javier Duarte sino Fidel Herrera Beltrán ha sido el artífice de la debacle. Si lo es, al señor de Nopaltepec, gozando de absoluta impunidad no se les toca ni un pelo.

-ooo-

El responsable gubernamental de velar por la justicia es el Poder Judicial. Me pregunto, donde ha estado estos últimos doce años?.

Xalapa, Ver., 15 de noviembre de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No cabe ya ninguna duda. Nos saquearon, esta realidad es ya del dominio público. Doce años viviendo bajo un clima de simulación, engaño e impune corrupción salpicada de violencia criminal inseguridad e indefensión, arrojan resultados que hoy no sólo son motivo de indignación, también y eh aquí lo sustantivo, de un desastre en todos los órdenes de la vida económica, política y social de Veracruz. Doce años de gobiernos priístas que dejan como legado una entidad federativa de rodillas y sin visos de recuperación en el corto plazo.

Realidad inobjetable  que obliga  a reflexionar sobre lo que el futuro inmediato depara a Veracruz con el mini gobierno de dos años. ¿Será esperanzador como machaconamente insisten quienes confían en las bondades  que traerán consigo la alternancia política con un gobernador de extracción panista, o todo lo contrario?

¿Será que a los doce años de nefasto gobierno le seguirán otros dos de más de lo mismo?

Expectativas y dudas se entrecruzan, entretejiéndose y retroalimentándose entre sí. Nada hasta ahora indica que las expectativas de cambio tengan asidero creíble; tampoco las dudas se disipan. Todo, en el amplio contexto de un país en crisis,  pareciera anunciar  mayor incertidumbre en torno al que, cómo y con qué,  el nuevo gobierno estatal afrontará una realidad a todas luces adversa,  lo mismo en los terrenos de la economía que en las empantanadas aguas de un tejido social que, pese a la resistencia de amplias capas de la población que se niegan a dejarse arrastrar,  tiende a profundizar su descomposición.

El desánimo no es poca cosa, ni disminuye en sus alcances, cuando día con día, pareciera no tener fin el atascadero en que nos metieran los peores gobernantes que Veracruz ha padecido.

No bastan las buenas intenciones, voluntad política y pretendida apertura democratizadora. El reto es mayor y el tiempo juega en contra de la alternancia en una coyuntura por demás compleja; conforme pasan los días el juego entre acreedores que exigen pago oportuno y las disponibilidades del erario estatal para cumplir en tiempo y forma, topan con pared frente a los recortes presupuestales de la federación para el 2017,  conformando una nueva y no prevista circunstancia que pone en una clara desventaja al sucesor de Duarte de Ochoa.

Esto sin considerar el hecho de que Veracruz navega entre las turbulentas aguas de un régimen político caduco que a nivel nacional hace agua. Marco referencial en cuyo contexto Miguel Ángel Yunes Linares tendrá que optar entre el someterse a la estrategia autoritaria y empobrecedora del gobierno de Peña Nieto o, en su defecto, responder a las demandas crecientes de una población cansada de un atole con el dedo que ya no le satisface, incrédula y harta de políticas públicas que anticipan más corrupción, más impunidad, saqueo y pobreza que el deseable bien común.

A lo que habría que agregar que la alianza PAN-PRD está respaldada electoralmente por una minoría, insuficiente para dar soporte a una pretendida democratización de la sociedad veracruzana, acotada, como todo proceso presuntamente democratizador que fluye de la cúpula a la base, por los intereses de antigua data o de reciente creación, que determinan el quehacer gubernamental.

La minoría gobernará a las mayorías y estas, subordinadas, bailarán al son que se les toque desde palacio de gobierno ¿o transitarán contracorriente? Es una incógnita por despejar.

Nadie en sus cabales, desea que le vaya mal a Veracruz. En el barco siniestrado vamos todos. Luego lo deseable es que el por ahora gobernador electo, frene y ponga fin a tanta corrupción impune,  ineficiencia e ineficacia de una administración pública saqueada, limpie y ordene la casa y pague lo que como gobierno se debe, creando el mínimo de condiciones para un ulterior rescate que saque a la entidad de su actual postración. Empero, si dos años son pocos para la tarea, con mayor razón si a los 24 meses del nuevo gobierno, le restamos los que obligadamente se destinan a las campañas políticas del 2017 y 2018, habida cuenta de que si algo distrae y aleja a los servidores públicos de sus responsabilidades  es la grilla electoral, la especulación futurista y el todos contra todos entre partidos políticos y candidatos. Tiempos perdidos que la voluntad política y buenas intenciones del mini gobierno no subsanaran.

Luego cabe entonces anticipar negros nubarrones más que un esperanzador amanecer. Espero, deseando mejor destino para Veracruz, estar equivocado en mi percepción. El tiempo lo dirá.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 7 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Pretendiéndose curar en salud, cuando la póstula gangrenó, suena a algo así como a algo fuera de lugar. Tal es el caso de la nomenklatura  priísta que, desgarrándose las vestiduras y en nombre del combate a la corrupción hace como que hace expulsando de sus filas al primer priísta de Veracruz.

Habiendo no sólo consentido sino solapando a Javier Duarte de Ochoa en sus desaciertos y tropelías a lo largo de un sexenio, hoy, que ya se va, indignados piden  la horca para el peor gobernador que Veracruz ha padecido.  El colmo del absurdo, pero así es,  los corruptos investigan, juzgan y condenan a uno de sus más paradgmáticos correligionarios, no por su pésimo desempeño, carencia de autoridad moral y política y ganador a pulso del repudio popular, sino por no haber sabido guardar las formas exhibiendo con cinismo y descaro lo peor de la militancia tricolor.

Pero no sólo el priísmo corrupto y simulador,  la partidocracia se hace uno respondiendo no al bien común de una sociedad saqueada y harta de desatinos y corrupción impune, más bien como es ya del conocimiento público,  atendiendo a la consigna que, desde la cúpula presidencial pretende dar vida a una legislación y a un “sistema  anti corrupción” que habiendo nacida muerta, encuentra víctima propiciatoria a modo para levantar la imagen de un presidente de México hoy en el sótano.

¿O no acaso tanto la ley como el sistema no fueron diseñados, aprobados e impuestos por lo más notable y destacado de la corrupción partidocrática?

Pero no para ahí la cosa. ¿Por qué hoy y no cuando el clamor popular y el bombardeo mediático pusieran en primer plano el desastre de una administración pública a cargo de un tan inútil como perverso discípulo y ahijado de Fidel Herrera Beltrán?

Simple a mi juicio la respuesta. Peña Nieto requiere de un distractor a modo que encubra ya no sólo su propia tendencia corrupta y corruptora, también el fracaso de un régimen político caduco y en plena obsolescencia cuyas aristas más agudas de su crisis,  se expresan en un paquete económico que, para el 2017, acarreará serias consecuencias en la vida económica y social de un país en el que las mayorías empobrecidas suelen pagar los platos rotos.

Estrategia mediática de óptimos resultados en Veracruz. La cortina de humo es tal  y tan espesa, que para la audiencia el presunto castigo a un priísta saqueador tiene prioridad por sobre la realidad real de un presente y futuro económico y social al que no se le encuentran pies ni cabeza.

Devaluación en la paridad cambiaria, deterioro del salario real y pérdida de su poder adquisitivo, un aparato productivo caduco e ineficiente generador de más desempleo, inseguridad y violencia, entre otros rubros del desastre, ¿se privilegian en la jerarquización de prioridades en Veracruz? No. El juicio, desafuero y cárcel de Javier Duarte y sus achichincles no menos corruptos, primero,  lo demás es lo de menos que ya mañana dios dirá… Aunque ya sea demasiado tarde.

¿Qué nos pasa?

No cabe duda, nos guste o no, en Veracruz el PRI sigue siendo el ombligo que da vida y en torno al cual seguimos girando.  No aprendemos ni siquiera de una realidad que nos agobia.

Xalapa, Ver., septiembre 25 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Sin que ello implique el estar de acuerdo con la estrategia bajuna y perversa de echar abajo la alianza entre el PAN y el PRD para la elección del 2016 en Veracruz, por el sólo hecho de la posibilidad de que ésta pudiere designar como candidato a la minigubernatura al Lic. Yunes Linares, considerado enemigo más que adversario político para el duartismo fiel, estimo que para el electorado en general y más allá de la opinión de las militancias panistas y perredistas sobre tal coalición, se debe pensar dos veces antes de decidirse a sufragar por una alternancia que no necesariamente es garantía de progreso para Veracruz.

Si bien es cierto que conforme se acerca la fecha de las definiciones electorales para los partidos políticos contendientes, el consenso en torno a echar fuera del gobierno estatal al PRI crece y se consolida, el descontento y el hartazgo debería llevar a la población a un análisis a fondo de lo que implica el prescindir de un gobierno tricolor para substituirle por una fórmula que, en su pragmatismo a ultranza, aspira al poder por el poder mismo, sin proponerse modificar en lo sustantivo el negativo estado de cosas que hoy prevalece en la entidad.

Echar al PRI del gobierno estatal para más de lo mismo, carecería de sentido práctico para los votantes y un evidente retroceso para la vida política y social de la entidad.

Afirmo que más de lo mismo con una alternancia sustentada en una alianza PAN-PRD, porque basta con recurrir a un poco de memoria para convencernos de que los antecedentes tanto de los partidos presuntamente en vías de coaligarse como de sus posibles candidato tanto a la gubernatura como a las diputaciones locales, no son nada gratos ni prometedores para un cambio verdadero. Aún está fresca en la memoria colectiva el papel jugado por ambos institutos políticos como aliados y cómplices del PRI en el llamado “Pacto por México”, impulsando y aprobando reformas que diciéndose estructurales, han resultado excluyentes, empobrecedoras y antidemocráticas, agudizando desigualdad, polarización, pobreza y pérdida de soberanía.

Nada indica que el panismo se oponga en lo sustantivo a las políticas públicas del peñismo, como tampoco nada indica que el PRD con “los chuchos” tras bambalinas, esté dispuesto a reconocer que se equivocó al respaldar la estrategia neoliberal del régimen que preside Peña Nieto y estar dispuesto con talante autocrítico a enmendar su error.

Tanto el PAN como el PRD afirman que la alianza propuesta es pragmática y al margen de toda implicación ideológica. Lo real es que su pragmatismo es ideológico. Ambos están a favor de estrategias de mediano y largo plazo y objetivos y metas cortoplacistas neoliberales que ni en forma ni fondo se diferencian de las asumidas por el Revolucionario Institucional desde hace más de tres décadas. Se dice que agua y aceite no se mezclan, esto, si realmente se tratara de agua y aceite, empero en los hechos PRD y PAN ideológicamente representan a las corrientes más reaccionarias del espectro partidista de un régimen obsoleto y caduco. Uno pretendiendo guardar las formas que le identifican con su origen y, el otro, exhibiendo su degradación ideológica y programática que no tiene nada que ver con la izquierda reformista que le diera origen. Son lo mismo para efectos prácticos y en ello debería pensarse.

El estómago vacío y la cabeza caliente, suelen ser pésimos consejeros para una gran mayoría que viviendo al día, subordinada al poder político y económico, es víctima de enajenación y manipulación. El descontento y hartazgo es el primer paso para liberarse, tomar conciencia de ello ya es un gran avance, en tanto se tenga claro quién es el adversario y donde ubicarlo. No es simplemente el PRI o los gobiernos emanados de este Instituto político como el corrupto y fallido de Duarte de Ochoa en Veracruz. Es la partidocracia tradicional, impune y rapaz, que respaldando a un régimen que gobierna para las clases dominantes, mantiene secuestrada a la democracia representativa, haciendo de los ciudadanos simples mirones de palo en la toma de decisiones que le competen en su vida cotidiana.

Luego echar al PRI substituyéndolo por otra denominación partidista, sola o en alianza, igual o peor, no es el remedio para una entidad federativa hundida y sin expectativas de progreso.

Faltan aún seis meses para que los votantes se expresen en las urnas. Tiempo suficiente para enfriar la papa. Si se está convencido de la necesidad de una alternancia que trabaje a favor de la búsqueda de soluciones racionales y viables que enderecen el rumbo perdido, que bueno, pero no necesariamente la que ofertan PAN y PRD, opción que a mi juicio perjudicaría más que beneficiar a Veracruz.

Hojas que se lleva el viento.

En anteriores maquinazos comentamos que la descomposición del sistema de partidos, abonada con la obcecación del gobierno duartista por hacer transitar la sucesión en Veracruz por el sendero del continuismo, daría lugar a una intensa guerra sucia electoral, revolviendo más el cochinero. A unos días de distancia parece que no nos equivocamos, la bacinica ha substituido a la razón. Y aún hay más en lo que resta del camino. La elección de candidato del PRI a la gubernatura bajo el método de Convención de delegados dará
Villahermosa, Tab., 12 de diciembre de 2015.la medida.
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 Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres de a pie, votantes potenciales en Veracruz, no estaría mal el escrudiñar un poco en los fantasmas que rodean al tempraneramente descarrilado proceso de sucesión en marcha. Fantasmas como el de la infalibilidad electoral de la maquinaria priista y lo que representa en el contexto nacional, ser considerada la entidad como uno de los principales reservorios de votos para el tricolor y, por ende, para el buen éxito del proyecto transexenal del Sr. Peña a partir del 2018.

Reflexionar sobre medias verdades y medias mentiras, quizá ayude a definir la inclinación de cada quien en la elección de simpatías y apoyo que nos merecieran tanto el PRI como cada uno de los partidos políticos en el espectro electoral de Veracruz, hoy en pugna por hacerse de la mini gubernatura de dos años en el 2016.

El reservorio.

No se necesita retroceder mucho en el pasado político electoral del PRI para constatar su paulatino pero constante retroceso en lo que a sufragios efectivos se refiere. Bastaría con revisar los resultados de las últimas elección federales para confirmar que por sí mismo, sin el apalancamiento de partidos satélites, el tricolor ha perdido lo mismo hegemonía que fortaleza en la vida política de México. Veracruz no es la excepción.

Y es en este marco que vale la pena destacar el papel que, como reservorio de votos, tiene Veracruz para el PRI, para tener una idea del por qué la entidad veracruzana no figura en el ánimo presidencial, y sí en entidades federativas en las que resulta más fácil y con menor esfuerzo, consolidar posiciones ganadas que remontar cuesta arriba.

En la elección presidencial del 2,000, el priísmo veracruzano obtuvo 1, 008, 778 votos a favor de su candidato. (Cámara de diputados).

Para la elección del 2,006, el PRI -en coalición con el PVEM-, obtuvo a favor de su candidato presidencial apenas 727,638 sufragios (Cetrade/Manuel Reyna Muñoz).

En tanto que para las elecciones presidenciales de 2012, , en la que resultara triunfador de la contienda presidencial –“haiga como haiga sido”- el Sr. Enrique Peña Nieto, la votación de los veracruzanos fue de 3,577,076, de un listado nominal de 5,332,362, correspondiéndole al PRI 1,034,308 sufragios (29.49% del total), contra 1,179,327 del PAN y 765,900 del PRD (Prep). Pasando el tricolor a ser la primera minoría.

Resultados que ya para ésta última elección la numeralia electoral a favor del Revolucionario Institucional, estaba prácticamente estancada y con visos de retroceso, si consideramos el crecimiento natural del listado nominal en el estado.

Lo cual se vino a confirmar en la elección de diputados federales del 2015, en la que el PRI obtuviera apenas 697,655 sufragios (Resultados preliminares), 28% del total de la votación registrada con el 98.63 de las actas capturadas.

Lo que obviamente indica que la correlación de fuerzas políticas en la entidad registra cambios substanciales en Veracruz. Con una mayor distribución del sufragio entre todos los partidos contendientes y, por ende, una mayor pulverización de las preferencias electorales que empobrece la vida democrática en la entidad.

Esto último al margen de opiniones en las que se considera que tanto las elecciones intermedias, federales o locales, son otro cantar. O bien, que el PRI nunca pierde, gracias a su maquinaria (dinero público) y estrategias electorales aplicadas .Los números hablan de una realidad que hoy por hoy, pone en duda la eficiencia y eficacia del aparato electoral tricolor en Veracruz, quedando éstas como un fantasma más que se agita mediáticamente para desalentar en la población inclinaciones electorales favorables a la oposición.

Luego la reserva electoral de Veracruz que tanto se presume en círculos políticos y medios de comunicación afines al tricolor, es cuestionable. El reservorio no parece ser tal, antes al contrario, y es en este supuesto que habría de considerar si el legado político de Javier Duarte de Ochoa al partido al que se debe, en la elección del 2016, modificará a favor del PRI la tendencia acusada.

Para la mayoría de analistas y estudiosos de la realidad política, económica y social que hoy se vive en Veracruz, tal legado sería negativo. El capital político que aporta al partido gobernante una administración pública estatal fallida, endeudada y carente de confianza y credibilidad, lejos de favorecer representa una carga adicional al deterioro histórico del priismo en la entidad. Razón ésta por la que para quién resultare ser candidato del tricolor a la mini gubernatura de dos años, la tarea electoral previa a la elección de 2016 será cuesta arriba y a contra corriente. Al intento por ganar la gubernatura de dos años, se sumará el obligado quedar bien con Enrique Peña Nieto.

Preocupación y guerra sucia

De ahí la preocupación y miedo en el priismo veracruzano, de que en los meses venideros pudiere concretarse y consolidarse una coalición opositora integrada por el PAN y PRD, más la morralla que se les una para la elección del 2016. Esto sin considerar que en su novatez, Morena con todo el peso específico del liderazgo de López Obrador, pudiere capitalizar a su favor todo el descontento, malestar y hartazgo del votante potencial para con los partidos políticos tradicionales o “patiños” de nuevo cuño, que por comisión u omisión le han hecho el caldo gordo tanto al gobierno duartista como al partido gobernante.

Lo que configura para el futuro inmediato, la prevalencia de una intensa guerra sucia en la vida electoral de Veracruz. Guerra sin cuartel en el que PRI y gobierno estatal, desde ya ponen toda la carne en el asador, como queda asentado en el prolífico campo de los medios de comunicación orgánicamente afines al régimen actual. Confrontación pedestre que con sus asegunes, no está respaldada por cierto por los ahora punteros en el proceso interno de selección de candidatos a la gubernatura y a la diputación local, lo que abona a su favor.

Guerra sin cuartel a la que no serán ajenos los partidos y personajes opositores, en una actitud que aunque se pueda considerar como de “autodefensa”, no deja de ser cuestionable y condenable, en tanto que se suma a la conformación de un clima electoral poco propicio en la búsqueda del mejor camino para un intento legítimo y racional, de rescate de una entidad federativa que hoy vive sus peores momentos.

Confrontación electoral en la que hombres y mujeres de a pie, no pueden evitar el pensar que para el partido en el gobierno, el recurrir de último momento a la compra de votos y conciencias es parte del herramental de combate. Y a esta degradación de la política es a la que hay que combatir, con un voto razonado, de ahí la necesidad desde ya de reflexionar y hacer pesar la conciencia individual y colectiva, entendiendo que el león no es como lo pintan.

Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Dicen que autoelogio es vituperio. Acepto el riesgo.

Siempre dentro de la esfera subjetiva de la percepción me anticipe observando que negros nubarrones en la vida de la Nación anunciaban el tocar fondo de un régimen político sustentado en una partidocracia en crisis; los partidos políticos habiendo perdido confianza y credibilidad se desbarrancaban y con ellos la incipiente democracia representativa que el pueblo de México se ha dado, y así lo publique en diciembre del 2011 en un maquinazo que llevaba por título: “ ¿Crisis del régimen político en México”.

Me colgaron la etiqueta de tremendista y “contreras”. Pareció exagerado lo que en mis juicios se contradecía con una realidad en la que no pasaba nada; argumentándose que el seguro retorno del PRI ante el mal gobierno de Felipe Calderón, aseguraba el rescate del Estado-nación, afrontando con responsabilidad los estropicios de la alternancia, dando un nuevo rumbo a la economía, a la política y a la vida social del país.

Con el arribo de Enrique Peña Nieto al gobierno de la república, la integración de un gabinete federal de experimentadas chuchas cuereras y un experto economista al frente de la secretaría de hacienda, así como posteriormente la aprobación en cascada de reformas presuntamente estructurales ampliamente difundidas como panacea para sacar a México del ostracismo, mi reiterada insistencia en una crisis que sólo en la forma pareciera inexistente, fue suficiente motivo para ser objeto de burla y descalificación.

Aguanté la burla sin quitar el dedo del renglón, la crisis política percibida se profundizaba, ahora acompañada de descalabros concretos en la economía e incremento de conductas antisociales radicales que la guerra declarada de Calderón en contra de la delincuencia organizada exacerbó. Guerra que Peña Nieto continuó, con otra estrategia igual de ineficaz.

Hechos posteriores ratificaron la percepción vertida en mis maquinazos; politólogos y analistas en la prensa nacional con mayor información y mejores elementos de juicio y olfato político concentraron sus baterías en un proceso galopante de descomposición política, deterioro de la economía y malestar social. Persistiendo en quienes siguiendo llamándome “contreras” la idea de que no pasaba nada, antes al contrario, en México se respiraba un aire de seguridad, certidumbre, bonanza y prosperidad bajo la conducción priísta del país que se reflejaba en Veracruz. El PRI si sabe gobernar, me insistían.

Peña Nieto desestimó la gravedad de la crisis

En el gobierno federal el estado crítico del régimen fue desestimado, así como sobreexpuesto por el llamado “Pacto por México”. La crisis hizo crisis, arrastrando consigo a todo el régimen político en su conjunto con consecuencias directas en credibilidad y confianza en las instituciones republicanas así como en el consenso social en torno al gobierno peñista. En este marco de deterioro, Ayotzinapa jugaría el papel de detonador del descontento y hartazgo acumulado, abriéndose la caja de Pandora y exhibiendo la carencia de capacidad de respuesta del régimen político vigente para administrar el control de daños, primero, para posteriormente mostrar las llagas de una sociedad enferma paradigmáticamente conducida por una cleptocracia corrupta, voraz y sin llenadera.

El considerado “crimen de Estado” por lo acontecido en Iguala, paralizó al gobierno, enmudeció a los partidos políticos y desató una movilización social sin precedente en las últimas décadas; aflorando abiertamente en una sociedad lastimada, los signos inequívocos de la corrupción e impunidad en las altas esferas del gobierno y una resistencia creciente en la base de la pirámide poblacional. A ello siguió la brusca caída en el precio del crudo mexicano, el deterioro de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno, el recorte al presupuesto federal aprobado por el Congreso de la Unión, el estancamiento del crecimiento y la paulatina pero constante pérdida del empleo y poder adquisitivo del salario así como el punto de quiebre de las fuerzas político-electorales. Los negros nubarrones en la percepción de un tundeteclas provinciano se materializaron en una compleja y muldimensional crisis del Estado mexicano que el gobierno de Peña Nieto parece o pretende ignorar o subestimarle.

México vive hoy lo que la maestra Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI calificara como “la tormenta perfecta”. Pasada esta –cuándo, quien sabe- Es de esperarse el inevitable “tsunami” y el pago de los platos rotos por los mismos de siempre.

Mi observación no estaba del todo errada; mi percepción personal de la crisis es apenas pálido reflejo de estudios más agudos y profundos de analistas y politólogos calificados, que por diversos caminos están llegando a la conclusión de la necesidad impostergable de un proceso de rescate y renovación ya no sólo del régimen político, sino de la estructura misma del Estado mexicano como un todo, proponiendo un Congreso constituyente que dé a México una nueva Constitución Política para el Siglo XXI que de viabilidad a la refundación del Estado.

El régimen político rebasó su fecha de caducidad

Hoy día, la crisis de representación tanto de los partidos políticos como de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, ya no anida sólo en la percepción colectiva; objetivamente en hechos concretos se exhibe como tal en todo el territorio nacional. El régimen político, alcanzó su fecha de caducidad, los partidos políticos sin excepción han perdido su razón de ser, están divorciados de la sociedad con el agregado de que la llamada clase política se niega a reconocer la gravedad de una crisis con síntomas de padecimiento terminal. El Sr. Peña Nieto y sus “reformas estructurales” pagan el costo de la imprevisión, impaciencia y ausencia de un diagnóstico preciso de la realidad nacional, en medio de un torbellino que se refleja en estancamiento económico, creciente deterioro del tejido social y una movilización de hartazgo y resistencia.

No es la economía ni la crisis globalizada del neoliberalismo, como muchos piensan la que arrastra al resto en este proceso de deterioro, en México es a mi juicio, la política política que ha perdido rumbo, principios y justificada existencia. Bajo este supuesto, la elección de junio próximo no es la mejor salida para corregir el entuerto, antes al contrario, agudizará las contradicciones del régimen con resultados nada optimistas.

Con preocupación aquellos que me llamaran “contreras”, expresan el existir de un consenso cada vez más amplio de que Peña Nieto llevó a las muchachas al baile equivocado y que eso habrá de reflejarse en las urnas.

¿Y de Veracruz y su pésima administración pública?

Bajo el título: “Duarte un peligro para Veracruz” en mayo del 2010 y en plena campaña electoral del entonces candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, ya advertía que nada bueno esperaba a la entidad.

El 25 de diciembre del mismo año, ya siendo gobernador el Sr. Duarte de Ochoa, en otro maquinazo expresé que: “Javier Duarte de Ochoa está obligado a poner las barbas en remojo;  por lo que publican los medios de comunicación el joven gobernador tiende a seguir el mismo camino de su antecesor, improvisando, errando el camino, y apoyándose, con honrosas y contadas excepciones, en lo más nefasto de la llamada clase política y cúpula sindical, en aras de un inconsciente deseo de legitimarse con exacerbado protagonismo y falso triunfalismo; a sabiendas de que la situación que guardan las arcas públicas, la reducida captación y déficit fiscal que le hace dependiente en grado superlativo de las aportaciones federales, el cada vez mayor endeudamiento público, así como el deterioro creciente de la economía veracruzana, obliga a gobernar con cautela, mesura, humildad  y buen juicio”.

Rematando, en abril del 2011, ya siendo del dominio público la tendencia de la nueva administración pública veracruzana a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, bajo el título El discurso de Javier Duarte. Entre la realidad y la utopía en un maquinazo más expresé: “… La honestidad de un gobierno no sólo radica en cuidar el buen manejo de las finanzas públicas y que nadie le meta mano al erario en provecho propio. Eso es relevante, pero no substituye a la honestidad intelectual que exige el reconocer, con humildad y buen juicio, que la siempre necia realidad supera nuestras fortalezas y posibilidad de transformarle por decreto. No reconocer nuestras debilidades es engañarnos a nosotros mismos y, en su caso, como conductor de la vida política, económica y social de Veracruz, es engañar al pueblo que en usted confía.”

Percibiendo que el gobernante veracruzano transitaba ya por el delgado hilo de un triunfalismo desbocado y sin sustento, colocándose en la cúspide del arco iris ocultando o pretendiendo ignorar la realidad de la entidad y de su propia administración. “La prosperidad” consolidada, como cortina de humo mediática, pretendiendo ocultar el arribo de lo más atrasado y corrupto de la llamada clase política al gobierno de la entidad, confirmándose que el Dr. Duarte efectivamente resultaba ser y es un peligro para Veracruz.

Ya en los prolegómenos del quinto año de gobierno del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, la realidad, sí, la necia realidad se está encargando de exhibir todo el daño que un gobierno fallido puede acarrearle a una sociedad ávida de progreso, seguridad y bienestar. Hechos concretos, no palabras que se lleva el viento, así lo confirman. No me equivoque advirtiendo de la proximidad de la llegada del lobo, los números duros hablan por sí de ineficiencia, desorden administrativo y “una licuadora” financiera que no logra ocultar a los ojos de la Auditoría Superior de la Federación el saqueo de que ha sido objeto el erario público veracruzano. Mis detractores ahora coinciden en que el peor legado de Fidel Herrera Beltrán ha sido el haber impuesto a su delfín.

Si el autoelogio es vituperio, asumo el riesgo de escupir para arriba. Está confirmado que el nuevo PRI no sabe gobernar. Mis maquinazos a lo largo de los últimos seis años, han pecado de congruencia, así como de una atinada y oportuna crítica sin más ánimo que contribuir con un granito de arena a despejar el fétido ambiente político que ahoga a México y a nuestra entidad.- Xalapa, Ver., febrero 22 de 2015.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El que manda, manda y si se equivoca vuelve a mandar, sin importar cuantas veces se equivoque… Qué lejos estamos del mandar obedeciendo que propone el zapatismo. Reflexión personal.

Hace algunos meses comentaba que con la imposición de Elizabeth Morales al frente del CDE del PRI en la entidad, era de esperarse una “rebelión en la granja” al interior de este instituto político. Confirmándose mi dicho con un desatado fuego amigo, patadas bajo la mesa y una nada disimulada descalificación tanto de tirios como troyanos, duartistas y no duartistas, en una abierta y futurista lucha interna por el poder, que la señora ex alcaldesa de Xalapa no pudo ni ha podido controlar y mucho menos parar, cuando ella misma es juez y parte al aspirar a una diputación federal en el 2015.

Y en este ríspido escenario en las entrañas del tricolor en Veracruz, la crisis nacional se les dejó caer, tomándoles por sorpresa y con los pantalones en las corvas. Resultado: inmovilidad y confusión que se ha venido incrementando en la medida de que, esperando señales del primer priísta de la entidad, hasta ahora éste no daba color. Tampoco hoy se da por enterado de los graves acontecimientos que están sacudiendo al país, poniendo en jaque la unidad de su partido.

“No pasa nada”, la crisis política, social y económica ni por asomo nos toca. Y, bajo esta aventurada tesis, el PRI en Veracruz dale que dale a lo suyo, arreciando el fuego amigo con vías a los comicios del 2015 y 2016; confiando en que su mafiosa estructura, como los priístas le llaman a un corporativismo a modo, manipulación de la pobreza y compra de votos, así como dinero, mucho dinero de dudoso origen, es suficiente para enfrentar con éxito a una “oposición” venida a menos.

Y en esa estaban, con un ojo al gato y otro al garabato, cada quién cuidando lo suyo y procurando pisarle la cola al de enfrente, ajenos a una ominosa realidad nacional, cuando de sopetón, inoportuna y fríamente calculada por el círculo cercano a Fidel Herrera Beltrán, cual balde de agua fría llega al Congreso local la iniciativa de ajuste y actualización de la legislación político electoral, en la que entre otras cosas, se oficializa la idea de una gubernatura de dos años al término de la gestión del gobernante actual.

Y que se arma la batahola. ¿Gubernatura de dos años?

Clase política, priístas y no priístas, así como la prensa, oficialista y no, en un más que abierto debate rasgado de vestiduras, dimes y diretes, ruedas de prensa y el fuego amigo, directo o cruzado, a todo vapor, sacudiendo la vida política veracruzana.

Todos los partidos políticos metiendo baza, en pro o en contra de la iniciativa, haciendo bailar la perinola y deshojando la margarita, evaluando no la conveniencia o inconveniencia para la entidad de una gubernatura breve y transitoria, sino sus intereses en juego; se olvidan de 2015 y enfocan sus baterías a lo que seguramente aprobará el Congreso en los próximos días para los comicios del 2016.

Tal cual lo hemos venido señalando en nuestros maquinazos, al margen de la prioridad presidencial y de espaldas tanto a la ciudadanía como a la realidad real, de un Veracruz sufriendo el recular de una economía que ya se refleja en los bolsillos de las mayorías, nada más inoportuno e inconsecuente que imponer un capricho tras el cual se pretende ocultar el interés por dar continuidad al proyecto transexenal Herrera-Borunda.

Y ahora sí. La “rebelión en la granja” al interior del PRI, desnuda, cruda y explícita, ignorando las formas, se expresa a gritos y sombrerazos, blandiendo en un todos contra todos las bacinicas, mientras a la par la nación se desquebraja en medio de una crisis multifactorial impulsada por la presión social, la caída del precio internacional de la mezcla mexicana del petróleo exportable, la devaluación del peso, el incremento de la inflación, el deterioro de las finanzas públicas, y los palos de ciego de un gobierno para el que ya no es lo duro sino lo tupido, lo que le mantiene inmóvil e incapaz de enderezar el rumbo.

El que manda, manda y mando una absurda iniciativa al dócil y mediocre colectivo de diputados en el que el PRI y sus partidos secuaces mantienen mayoría, con la consigna de que cuanto antes, con consenso o sin este, sea aprobada. Bajo esta tónica pretextando fortalecimiento de la democracia en la entidad, en medio de la “rebelión” el CDE del PRI en Veracruz por boca de Elizabeth Morales se declara partidario de la enmienda constitucional propuesta que, por cierto, también contempla la permanencia en el cargo del procurador (de injusticias) por un período de 9 años y la criminal reelección de diputados hasta por cuatro períodos consecutivos.

Y por si fuera poco, con el posicionamiento de la cúpula del tricolor esta se confronta con las “estructuras paralelas” al partido que, bajo el control de los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla, se declaran en franca rebeldía contra la sola idea de una gubernatura bianual.

Si para algunos en Veracruz el PRI no acusaba crisis interna que diera lugar al encendido de focos rojos, no sé cómo éstos podrían calificar lo que al interior del tricolor sucede no sólo en la entidad veracruzana, sino en todo el país, reduciendo las posibilidades de que el instituto político recobre hegemonía como es del interés del Sr. Peña Nieto; ya lo apuntan recientes encuestas que indican una estrepitosa caída en las preferencias del respetable por un partido que, entre otras cosas, se opone a que se legisle en contra de la corrupción oficial.

“Rebelión en la granja tricolor”. Sí señor, en pleno proceso electoral y en medio del estancamiento y recesión de la economía así como de la crisis terminal del régimen político nacional. Y Si el Sr. Peña Nieto esperaba contar con la contribución de la entidad veracruzana para alcanzar mayoría absoluta en la Cámara baja del Congreso de la Unión para el 2015, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa ya le responde con la señal de que aquí quien manda en Veracruz, primero antepone el interés mafioso de grupo a los buenos deseos presidenciales.

Y mientras el PRI se desgarra en lucha intestina, para cada vez más amplios sectores de la sociedad veracruzana, si el próximo gobernador lo será por dos, tres, o cinco años, le tiene sin cuidado. De todas maneras a paso lento o en forma acelerada, “nos van a seguir saqueando”, es la opinión que cobra fuerza en la entidad.

Hojas que se lleva el viento

Aunque los resultados de las encuestas son apenas un pálido reflejo de la realidad, no dejan de ser indicador válido para medir las preferencias electorales en los tendidos populares. Es por ello que llama la atención el que en las últimas mediciones Morena, calladito y sin aspavientos, ya como partido político, en Veracruz está creciendo y calando hondo en el ánimo de los electores, mientras que el PRD se desdibuja, pierde presencia como opción electoral de las llamadas izquierdas institucionales y se enfrenta al rechazo público.

Ahora que si Morena quiere mantener el ritmo de crecimiento que se observa, la tarea aún pendiente a concretar en los próximos meses es el demostrar que no todos los partidos ni todos los políticos, son iguales y, para eso, no basta con denunciar e insistir en que el pueblo de México se enfrenta a una estructura de mafiosos. Más organización, más reflexión, más honestidad intelectual y visión de Estado, así como una mayor confianza en lo que se cocina en el seno del pueblo, son asignaturas pendientes.

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Compañeros Internacionales de Periodistas y Editores A.C (CONAPE), condenamos enérgicamente los lamentables hechos sucedidos a nuestro compañero VICEPRESIDENTE DE CONAPE EN ECUADOR, JORGE GUSTAVO PROAÑO RAMÍREZ, al cual le fue confiscado su equipo de trabajo por parte de LA POLICÍA DEL MUNICIPIO DE ESMERALDAS. Desde estas líneas expreso mi solidaridad para con el compañero y amigo Proaño Ramírez.

Xalapa, Ver., diciembre 14 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Todo el país ha sido cultivado con mucho esmero durante los años recientes para que se esparza en él la desobediencia y la insurrección”. José M. Murià

Gobernador de Veracruz

Gobernador de Veracruz

Estimo que en el estilo personal de gobernar cuenta, y cuenta mucho si no es que lo determina, el origen, las raíces familiares, el entorno de crecimiento y desarrollo, educación, experiencia, ambiciones personales y, sin duda, el estilo de vida a que está acostumbrado el gobernante. Salvo un excepcional garbanzo de a libra, considero que nadie en la llamada clase política escapa a esta condicionante.

No es por tanto casual el que en Veracruz suframos un gobernador como el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, cuyo estilo personal de gobernar a mi juicio acusa pobreza de atributos sólidos en su hoja de vida.

En la entidad y fuera de ésta, tal estilo es considerado mediocre y, dada la conformación de nuestra clase política en México, eso es ya decir mucho, más cuando el estilo de gobernar no se ve reforzado con una mediana visión de Estado, sensibilidad, tacto y voluntad política en el desempeño de la función para la cual fue electo. Atributos estos que se sustituyen con alegórica fantasía y triunfalismo mediático, pagado y sin sustento, al cual es aplicable la fábula del emperador desnudo.

Hombre de pocas luces

Si el gobernador veracruzano superara en algo la mediocridad y egocentrismo en su estilo personal de gobernar, habría empezado por rodearse de un equipo de funcionarios preparados, eficientes y eficaces que suplieran sus deficiencias y carencias y, además, desde el inicio de su mandat, romper el cordón umbilical que le mantiene atado a su padrino y antecesor en el ejecutivo estatal. Lejos de ello, así como se ha mantenido el lazo que le une a Fidel Herrera Beltrán, en la misma forma se rodea y hace equipo o establece relaciones de complicidad, con lo más atrasado de nuestra aldeana clase política.

Ser sensible a las necesidades del pueblo que gobierna, saber observar, valorar la realidad y escuchar para actuar en consecuencia, al fin hombre de pocas luces no se le da; sus limitaciones reflejadas en su hoja de vida no se lo permiten. Si a ello le agregamos tozudez para conservar y preservar su propia visión de una realidad inexistente, el retrato hablado está completo.

Luego es absurdo el pretender que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa sea congruente con la situación de profunda crisis que hoy día vive México. No está ni en un talante autocrítico que pudiera orientarle, ni en su estilo triunfalista de gobernar; mientras México entero sufre una crisis combinada de estancamiento económico, confusión e inmovilidad del régimen político, deterioro de un estado de derecho cuestionado, así como una movilización social sin precedentes que en la calle expresa descontento y hartazgo, para el gobernador en Veracruz se vive una próspera etapa de prosperidad, seguridad, paz social, economía boyante y en constante crecimiento, acompañada por la aceptación, credibilidad y confianza en las instituciones de los gobernados.

Si el Sr. Peña es incapaz de lograr encontrarle la punta al mecate, desbarrando y dando palos de ciego para poner a salvo ya no su personal proyecto de nación y presuntas reformas estructurales que le sustentan, sino como prioridad su mandato constitucional, en Veracruz el gobernador presume y lo divulga a los cuatro vientos, de que aquí las cosas son diferentes, aquí sí se sabe cómo gobernar.

Ya no es carencia de tacto político que exige guardar cuando menos las apariencias, sino pecado capital de incongruencia y ausencia de visión de Estado. Pasando por alto que Veracruz no sólo es parte y responde al todo nacional, sino que además contribuye en gran medida al deterioro que en todos los órdenes acusa el Estado-Nación. El análisis, diagnóstico y resultados reflejado en estadísticas oficiales divulgadas ampliamente, así lo confirma. Y aun así, el Sr. Dr. Duarte de Ochoa ni suda ni se acongoja, insistiendo cotidianamente en su visión triunfalista de una realidad que no entiende o no quiere entender. Los problemas que aquejan al presidente de la república no son problemas de la incumbencia del gobernador de Veracruz, así de simple.

Para tranquilidad de nuestra conciencia y salud mental, ya no le exijamos peras al olmo con desgastantes señalamientos, crítica y denuncias. Es tan desgastante como estéril perder el tiempo en ello cuando hay otros temas de mayor relevancia de los que ocuparse y preocuparse. Faltan dos años para que termine la pesadilla, el aguantar es la opción. ¿O existe otra?

El proceso electoral en marcha.

Y en este marco se ubica el actual proceso electoral que desembocará en la entidad con la elección de diputados federales. Proceso de capital importancia para el Sr. Peña, exigido a contar con mayoría absoluta en el Congreso de la Unión y que en la entidad veracruzana es desdeñado, privilegiándose en el orden de prioridades electorales la sucesión en el gobierno de Veracruz. ¿Falta de control de la vida política por parte del gobernador? ¿O es el no entender donde tiene puesta la prioridad electoral el presidente de México?

Lo más grave es que son las dos cosas. Ni hay control ni se entiende la señal presidencial. De otra manera los madrugadores senadores no andarían por la libre agitando e avispero, ni el fuego amigo al interior del partido gobernante estuviera poniendo en riesgo en la entidad el por cierto ya dudoso triunfo del PRI en la elección del año próximo. ¿En 2015 vamos a elegir gobernador de dos años o diputados federales? Se pregunta una población confundida.

Si el no saber gobernar es el estilo personal que prevalece, en la hoja de vida del Sr. Dr. Duarte de Ochoa está la respuesta, no hay de otra y así lo debemos aceptar para no seguir dando vueltas a la noria, exigiéndole más de lo que el gobernante puede y está dispuesto a dar.

Para estar en consonancia, pensemos en cuál en una muy flaca caballada, será la mejor opción para suceder al actual mandatario y olvidemos el desgranar la mazorca tratando de encontrar en la mediocridad de la llamada clase política, las mejores opciones para ocupar en el 2015 una curul en la Cámara baja del Congreso de la Unión. O de plano, si convencidos estamos de la inutilidad de tratar de que las cosas cambien para bien en los terrenos de la partidocracia, dejemos que se sigan haciendo bolas, gobernador, partidos y políticos, y esperemos con paciencia la hora del sumar a favor del voto de castigo.

Hojas que se lleva el viento.

Dentro de lo relativo que es lo que debemos entender por libertad, destaca el descaro del deteriorado régimen político mexicano, que nos receta una llamada ley de movilidad universal para proteger los derechos de terceros atentando contra los derechos de todos, en su esfuerzo por tapar el pozo tras el niño ahogado. Lo que no se atreven a decir explícitamente diputados, senadores y el mismo Sr. Peña, “autor” de la iniciativa, es que ante el miedo de que la movilización social tome el camino de una auténtica y legítima rebelión, están optando por el camino fácil de un estado de excepción en México que les de seguridad.

-ooo-

Para “la gente bonita” lo más destacado de la XXIV Cumbre Iberoamericana que inicia mañana en Veracruz, es el contar con la presencia del rey de España, mandatario que representa lo más rancio del trivial glamour de la aristocracia europea en el ámbito de la crisis económica, corrupción, saqueo y exclusión. Para “la prole” el referente principal indudablemente será José Mújica, presidente de la República Oriental del Uruguay, hoy por hoy paradigma mundial de gobernante honesto y comprometido con su pueblo. Dos visiones en el México dividido, polarizado y transitando por la peor crisis de Estado en los últimos cincuenta años.

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No nos esforcemos en ponerle cortinas al edificio cuyos cimientos apenas estamos pretendiendo construir. Todo a su tiempo, el cambio y transformación del país es un proceso largo, azaroso y no libre de obstáculos que exige voluntad, toma de conciencia, serenidad, trabajo, disciplina, sacrificio, noción de unidad basado en la solidaridad y respeto al pluralismo, así como visión de futuro y mucha paciencia confiando en la fortaleza de un pueblo dispuesto.

No por mucho madrugar amanece más temprano, diría mi abuela y eso cabe para quienes estén dispuestos a transformar a México poniéndolo al servicio de todos. Si no es hoy con nosotros, será mañana con las nuevas generaciones, pero será y en ello hay que confiar.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Ace

Sin pena ni gloria, entre opacidad e indiferencia el Gobernador de Veracruz rindió su IV Informe de Gobierno.

Encubierto por la euforia oficial y rechifla a Peña Nieto en los tendidos durante la inauguración de los  Juegos Centroamericanos y del Caribe, la inquietud social por el crimen de Iguala, el empantanamiento del diálogo SEP-politécnicos, la irrupción de policías en la UNAM, la inocua participación de México en la cumbre del G20 en Australia, la amenaza presidencial de recurrir a la represión como recurso de Estado,  y las últimas paladas a la tumba del PRD vertidas por su líder moral, el mensaje a los veracruzanos del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa con motivo de su IV Informe de Gobierno pasó desapercibido.

¿Así lo planeo el gobernante, o la realidad le tomó con los dedos tras la puerta?

En días anteriores ya un columnista había advertido que con informe o sin éste, la opinión sobre el anodino desempeño del gobernante veracruzano no sufriría cambio alguno. Y así está sucediendo, nadie quiere saber ya de más mensajes triunfalistas, textos amañados, cifras maquilladas y promesas de lo que debiendo ser no será. Con o sin el ominoso escenario de un país en crisis, con cortinas de humo o sin éstas, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa y su gestión al frente de la administración pública estatal, ya está etiquetado en el imaginario colectivo como el peor gobernador que Veracruz ha padecido en los últimos tiempos, superando a su antecesor, padrino  y hacedor.

La realidad que vive la entidad veracruzana de ello se ha encargado. El oneroso dispendio de recursos públicos en la proyección mediática de la imagen del gobernante, y el ya clásico aquí no pasa nada reflejado en su mensaje a la ciudadanía, no ha sido suficiente para borrar lo que ya anida en la opinión pública veracruzana desde endenantes,  como imagen de un gobierno fallido.

Antes al contrario, entre más se hace gala de triunfalismo sin sustento, mayor es la indignación y rechazo a la palabra oficial.  No es pues de extrañarse que el mensaje y el mamotreto entregado al Congreso local, no alcancen ni siquiera para cubrir las apariencias.

La glosa del IV Informe que tendrá lugar en los próximos días, será pretexto para una nueva andanada mediática onerosa y a  modo, con los mismos resultados. Dimes y diretes de diputados rojos, azules y tornasoles magnificados por la prensa oficialista no cambiarán cosa juzgada.  

A falta de pan con sustancia, el circo deportivo y el deterioro creciente del clima nacional  seguirán ocupando el primer plano en el interés de una población harta de simulación de un gobernador que, rodeado de su séquito de saqueadores, prósperamente navega  en la cresta del arco iris.

Lo grave es que se inicia un período de más de lo mismo o de algo peor  a soportar a lo largo de los 24 meses que restan para el cambio de estafeta. Y este relevo, de seguir las cosas como van, no augura nada positivo para la entidad.

Hojas que se lleva el viento

Como estaba previsto, con Juegos Centroamericanos o sin estos, la capital veracruzana, ignorada y ninguneada no mejora en lo más mínimo. Xalapa, patito feo de los gobiernos priístas seguirá padeciendo atraso económico, desempleo, pobreza extrema, pésima imagen urbana y el caos vial de todos los días. Menos mal que al alcalde Américo Zúñiga ya se le prendió el foco y pugna por recomponer el tejido social nadando de a muertito, bajo el cobijo de su inversión con recursos públicos en proyección mediática de imagen.

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Ya hay suficientes señales de que a nuestra aldeana clase política se le ha hecho grumos el engrudo frente a lo que viene con la elección federal del 2015. Habiéndose cooptado a la oposición, sin esta todo se reduce a fuego amigo al interior del PRI. La conducción programática y operativa a cargo de dos damas de dudosa reputación  en el tricolor local y el anteponer la sucesión del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a los buenos propósitos por lograr en el 2015, ha dado al traste con la brújula. Nada extraordinario en una entidad federativa en el que la mediocridad y afán de saqueo sin límite, es la constante de quienes dicen gobernar.

Y a propósito de tal afán, ya es público y sabido del incremento de enriquecimiento más que explicable de los que tuvieran vela en el entierro con motivo de la inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Está en la naturaleza del nuevo PRI el no dar paso sin huarache. Para eso están y para eso los ponen donde hay.

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Mal augurio el  que con base en la sospechosa actuación de provocadores infiltrados en la protesta social se pretenda el que los justos paguen pecados ajenos. Más sospechoso resulta el que identificados los vándalos,  la autoridad deje hacer, deje pasar de la mano de medios de comunicación que agarrando parejo juzgan y condenan por igual al justo que al pecador. Cuidado, esta consabida estrategia del viejo régimen para administrar conflictos no es nada recomendable en un horno que hoy por hoy no está para bollos.

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Censura y autocensura en el ámbito de los medios de comunicación, pretendiendo acallar la voz de un pueblo ofendido, no es el mejor camino si lo que se busca es tapar el sol con un dedo. Más temprano que tarde la realidad se impone y tanto el que censura coartando la libertad de expresión como el que se hace cómplice  guardando conveniente silencio en resguardo a su participación en el pastel, pesos más pesos menos terminan por ser exhibidos.  El pueblo perdona pero no olvida.-

Xalapa, Ver., noviembre 19 de 2014.

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