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Category Archives: Finanzas públicas

Pulso crítico

 Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres de a pie, votantes potenciales en Veracruz, no estaría mal el escrudiñar un poco en los fantasmas que rodean al tempraneramente descarrilado proceso de sucesión en marcha. Fantasmas como el de la infalibilidad electoral de la maquinaria priista y lo que representa en el contexto nacional, ser considerada la entidad como uno de los principales reservorios de votos para el tricolor y, por ende, para el buen éxito del proyecto transexenal del Sr. Peña a partir del 2018.

Reflexionar sobre medias verdades y medias mentiras, quizá ayude a definir la inclinación de cada quien en la elección de simpatías y apoyo que nos merecieran tanto el PRI como cada uno de los partidos políticos en el espectro electoral de Veracruz, hoy en pugna por hacerse de la mini gubernatura de dos años en el 2016.

El reservorio.

No se necesita retroceder mucho en el pasado político electoral del PRI para constatar su paulatino pero constante retroceso en lo que a sufragios efectivos se refiere. Bastaría con revisar los resultados de las últimas elección federales para confirmar que por sí mismo, sin el apalancamiento de partidos satélites, el tricolor ha perdido lo mismo hegemonía que fortaleza en la vida política de México. Veracruz no es la excepción.

Y es en este marco que vale la pena destacar el papel que, como reservorio de votos, tiene Veracruz para el PRI, para tener una idea del por qué la entidad veracruzana no figura en el ánimo presidencial, y sí en entidades federativas en las que resulta más fácil y con menor esfuerzo, consolidar posiciones ganadas que remontar cuesta arriba.

En la elección presidencial del 2,000, el priísmo veracruzano obtuvo 1, 008, 778 votos a favor de su candidato. (Cámara de diputados).

Para la elección del 2,006, el PRI -en coalición con el PVEM-, obtuvo a favor de su candidato presidencial apenas 727,638 sufragios (Cetrade/Manuel Reyna Muñoz).

En tanto que para las elecciones presidenciales de 2012, , en la que resultara triunfador de la contienda presidencial –“haiga como haiga sido”- el Sr. Enrique Peña Nieto, la votación de los veracruzanos fue de 3,577,076, de un listado nominal de 5,332,362, correspondiéndole al PRI 1,034,308 sufragios (29.49% del total), contra 1,179,327 del PAN y 765,900 del PRD (Prep). Pasando el tricolor a ser la primera minoría.

Resultados que ya para ésta última elección la numeralia electoral a favor del Revolucionario Institucional, estaba prácticamente estancada y con visos de retroceso, si consideramos el crecimiento natural del listado nominal en el estado.

Lo cual se vino a confirmar en la elección de diputados federales del 2015, en la que el PRI obtuviera apenas 697,655 sufragios (Resultados preliminares), 28% del total de la votación registrada con el 98.63 de las actas capturadas.

Lo que obviamente indica que la correlación de fuerzas políticas en la entidad registra cambios substanciales en Veracruz. Con una mayor distribución del sufragio entre todos los partidos contendientes y, por ende, una mayor pulverización de las preferencias electorales que empobrece la vida democrática en la entidad.

Esto último al margen de opiniones en las que se considera que tanto las elecciones intermedias, federales o locales, son otro cantar. O bien, que el PRI nunca pierde, gracias a su maquinaria (dinero público) y estrategias electorales aplicadas .Los números hablan de una realidad que hoy por hoy, pone en duda la eficiencia y eficacia del aparato electoral tricolor en Veracruz, quedando éstas como un fantasma más que se agita mediáticamente para desalentar en la población inclinaciones electorales favorables a la oposición.

Luego la reserva electoral de Veracruz que tanto se presume en círculos políticos y medios de comunicación afines al tricolor, es cuestionable. El reservorio no parece ser tal, antes al contrario, y es en este supuesto que habría de considerar si el legado político de Javier Duarte de Ochoa al partido al que se debe, en la elección del 2016, modificará a favor del PRI la tendencia acusada.

Para la mayoría de analistas y estudiosos de la realidad política, económica y social que hoy se vive en Veracruz, tal legado sería negativo. El capital político que aporta al partido gobernante una administración pública estatal fallida, endeudada y carente de confianza y credibilidad, lejos de favorecer representa una carga adicional al deterioro histórico del priismo en la entidad. Razón ésta por la que para quién resultare ser candidato del tricolor a la mini gubernatura de dos años, la tarea electoral previa a la elección de 2016 será cuesta arriba y a contra corriente. Al intento por ganar la gubernatura de dos años, se sumará el obligado quedar bien con Enrique Peña Nieto.

Preocupación y guerra sucia

De ahí la preocupación y miedo en el priismo veracruzano, de que en los meses venideros pudiere concretarse y consolidarse una coalición opositora integrada por el PAN y PRD, más la morralla que se les una para la elección del 2016. Esto sin considerar que en su novatez, Morena con todo el peso específico del liderazgo de López Obrador, pudiere capitalizar a su favor todo el descontento, malestar y hartazgo del votante potencial para con los partidos políticos tradicionales o “patiños” de nuevo cuño, que por comisión u omisión le han hecho el caldo gordo tanto al gobierno duartista como al partido gobernante.

Lo que configura para el futuro inmediato, la prevalencia de una intensa guerra sucia en la vida electoral de Veracruz. Guerra sin cuartel en el que PRI y gobierno estatal, desde ya ponen toda la carne en el asador, como queda asentado en el prolífico campo de los medios de comunicación orgánicamente afines al régimen actual. Confrontación pedestre que con sus asegunes, no está respaldada por cierto por los ahora punteros en el proceso interno de selección de candidatos a la gubernatura y a la diputación local, lo que abona a su favor.

Guerra sin cuartel a la que no serán ajenos los partidos y personajes opositores, en una actitud que aunque se pueda considerar como de “autodefensa”, no deja de ser cuestionable y condenable, en tanto que se suma a la conformación de un clima electoral poco propicio en la búsqueda del mejor camino para un intento legítimo y racional, de rescate de una entidad federativa que hoy vive sus peores momentos.

Confrontación electoral en la que hombres y mujeres de a pie, no pueden evitar el pensar que para el partido en el gobierno, el recurrir de último momento a la compra de votos y conciencias es parte del herramental de combate. Y a esta degradación de la política es a la que hay que combatir, con un voto razonado, de ahí la necesidad desde ya de reflexionar y hacer pesar la conciencia individual y colectiva, entendiendo que el león no es como lo pintan.

Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya lío. Como de película y sin saber si reír o llorar ante un V informe de gobierno que lo mismo empina a los titulares del gabinete legal del gobierno de Veracruz, que al priísmo estatal y prensa orgánica de acompañamiento. ¿Cómo defender lo indefendible? No hay respuesta y a 48 horas escasas, toco al aún secretario de finanzas comparecer en el congreso local para confirmarlo.

No hay nada que de soporte a la exaltada pieza oratoria del domingo. No hay argumento con el que avalar el retrato hablado de una realidad que sólo existe en la mente del controvertido orador. Nada con que salir en su defensa. Nada con que convencer en los tendidos, a lo largo y ancho de Veracruz y allende sus fronteras, de que la percepción colectiva y el amargo sabor de boca que dejara en el imaginario social el mensaje político dominguero, se sustenta en el trabajo de zapa y la mala leche de los detractores de siempre y no, como debiera esperarse, en la bondad, certeza y números duros expresados por el hombre mejor informado de la entidad.

Misión imposible, ante la sublime obsesión de un servidor público que creyendo a pié juntillas en sus propias fantasías, a lo largo de una hora, ante sus escuchas, lo mismo el representante personal del Sr. Peña que invitados especiales, acarreados a modo y audiencia radial y televisiva, evidenciara desprecio a la verdad, ceguera frente a la realidad de su entorno próximo y lejano y una soberbia enfermiza que refleja un total desapego para con los veracruzanos que dice gobernar.

Sublime obsesión que para infortunio del Sr. Duarte de Ochoa, es compartida únicamente, quizá, por el amanuense por contrato que plasmara en blanco y negro sus infortunadas fantasías.

Nunca en Veracruz. Ni siquiera en tiempos de su “Alteza Serenísima”, la torcida retórica exhibiera al desnudo la pobreza moral y política de quien ejerce el poder formal por consigna, a tras mano y con distancia de por medio. Decepción incluso para el pequeño grupo de mafiosos fidelistas que aspirando a la minigubernatura de la entidad, ven frustradas sus aspiraciones anidadas en un proyecto transexenal que desbarrancara en escasos 60 minutos.

Sí. De película cuyo guión trágico cómico, de no ser por el hecho de que afecta, lastima y ofende a una gran mayoría de la población veracruzana, se hace merecedor a los más altos galardones del mundo de la farándula. Sólo en descargo del autor, cabe decir que la culpa no es del indio. Sus ínclitos compadres llevados por la ingente necesidad de quien trueca dignidad por una torta, en las urnas le dispensaran el alto honor de hacer, deshacer y fantasear a su antojo. A esta pobre gente, urgida de pan es a la que habría de reclamarle del desastre que hoy se vive en la entidad.

Sin faltar aquellos que cotidianamente tienden la ignominiosa alfombra roja de la lisonja desmedida y el ocultar en defensa de sus intereses económicos o políticos, los desvaríos de quien no ha sabido gobernar. También estos son merecedores del reclamo. No está en ellos el hoy desgarrarse las vestiduras y llorar lo que en su momento no supieron denunciar y defender, parafraseando a la madre del último Abencerraje del Califato de Granada.

Así que a lo hecho pecho y a otra cosa mariposa. Aprender de lo andado y no insistir en tropezar con la misma piedra, confiando en quienes no merecen nuestra credibilidad y confianza.

La sucesión

Con el V informe sobre el comportamiento de una realidad que no existe, se cierra toda esperanza en el corto plazo de corrección de rumbo, castigo a los prevaricadores y retorno del gobernante a la realidad que olímpicamente ignora. Si en el pasado el gobernador pasaba a ser políticamente un cero a la izquierda en cuanto se destapaba al candidato de su partido a sucederle, en esta histórica ocasión Duarte se anticipa, sentando el precedente de ser el primero en adelantarse a los designios y propósitos del CEN del PRI, mostrando la ausencia de unidad y capital político que considerar en su calidad de primer príista de Veracruz y dejando al garete el proceso sucesorio.

Escenario inédito que resta capacidad de maniobra de un PRI que en el estado ha venido a menos a lo largo de las últimas décadas, y que si ofrece como nunca, oportunidad a las fuerzas opositoras para legítimamente vencerle en buena lid. Oportunidad condicionada ya no sólo a la inteligencia y oficio político de la oposición electoral, también y de manera relevante, en el como se vinculen a la llamada sociedad civil, ofertando con responsabilidad liderazgo y un programa mínimo para una acción transformadora, en torno a lo cual se canalice descontento, hartazgo y limitadas expectativas de una mejoría por la vía de una sana alternancia en la conducción política, económica y social de la entidad. Sin esto último, no hay camino viable para sentar las bases del rescate en los escasos 15 meses de un mini gobierno de dos años.

Una alternancia que auspicie la oxigenación de la política y contribuya a la democratización del quehacer gubernamental, más que opción de venganza en el ejercicio del poder. De no ser así, la alternancia por sí y para sí no sería garantía de nada, y, para nuestro infortunio, esto último es lo que se vislumbra en los intentos de coalición electoral del PAN y el PRD, que tras un aparente realismo pragmático, se oculta oportunismo e interés cupular para cambiar de manos el manido proceso de prevaricación y corrupción impune que, de dientes para afuera, se pretende combatir. Restándole a esta postura política el mínimo de legitimidad democrática y abriéndole de nueva cuenta la puerta al execrable continuismo fidelista.

Luego procede no perder de vista que en el juego electoral, la pelota está en los terrenos de la llamada sociedad civil y no en partidos políticos que ya no más responden al interés de las mayorías y ni por asomo, por sí solos cada uno de estos, en la contienda en marcha cuentan con el suficiente caudal de votos duros para alzarse con la minigubernatura. Por lo consiguiente, si de alianzas o coaliciones se trata para echar al PRI del gobierno y acceder a una legítima alternancia, es a la llamada sociedad civil, a sus organizaciones y a sus liderazgos, el establecer términos y condiciones para que estas fructifiquen por el bien de Veracruz. La sociedad civil tiene la palabra. En esta cabe el decidir si está por el cambio o por más de lo mismo. Tiempo al tiempo.

Xalapa, Ver., 18 de noviembre de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, parece que no sólo al gobernador de Veracruz le interesa y urge desviar la atención en los tendidos, poniendo en primer termino el desbarajuste electoral por sobre los problemas de fondo que acusa la entidad. También el gobierno federal hace lo propio, ahora con el falso debate mediático de la legalización de la marihuana a partir del amparo que concediera la SCJN a cuatro individuos de una organización de la sociedad civil, quitándole presión en la opinión pública a temas torales del país, como el económico, la movilización magisterial, el affaire no resuelto de Ayotzinapa o la violencia criminal que, como la humedad, se cuela y extiende a lo largo y ancho del territorio nacional.

Cortinas de humo que, al parecer, tanto a Javier Duarte, en su caso, como al Sr. Peña les vienen como anillo al dedo para cerrar el año con el menor número de tropiezos en el imaginario colectivo.

Deuda pública y corrupción impone como corolario, pasan a segundo término en Veracruz, tocándole en suerte al presidente del CDE del PRI el ser el patiño a modo, lo mismo con su “misoginia” que con su orquestado cosquilleo mediático en los ijares de los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Landa. No sólo la prensa oficialista, también la independiente y crítica, se han ido con la finta electoral aceptando sin remilgos que el problema de Veracruz es de liquidez de una administración pública quebrada y, por tanto prácticamente insoluble y ya demasiado manoseado, y no económico como lo pusiera sobre la mesa Javier Duarte, cuando la realidad real apunta en contrario, agudizándose la crisis en el aparato productivo estatal que va de la mano con un deterioro social en crescendo.

Para el caso del Sr. Peña, por lo consiguiente. La presión de la percepción social que se refleja en un bajo nivel de aceptación del presidente, se alimenta a partir de dos temas sustantivos, el estancamiento económico y como corolario el tropiezo de las finanzas públicas, así como la inseguridad fruto de un incremento no aceptado oficialmente del accionar de la delincuencia organizada. A estos temas se agrega en lo específico el enredo de la fuga del “chapo”, el conflicto magisterial y el affaire Ayotzinapa, anidados en el imaginario colectivo e interpretado como falta de capacidad, eficacia y transparencia en el quehacer gubernamental.

Sin perder de vista que para algunos sectores mejor informados, el deterioro creciente de la industria petrolera y eléctrica nacionales, perdiendo peso específico en la conformación del presupuesto federal, acompañado de la ya imparable devaluación del peso, se considera en el ámbito de la percepción ciudadana como un fracaso de Peña Nieto en la implementación de las llamadas “reformas estructurales” como instrumentos para reactivar la economía.

De ahí que el colocar el falso debate sobre la misoginia de un político de medio pelo o legalización de la marihuana como temas de la mayor relevancia, habría que considerarles como un éxito tan coyuntural como efímero en las estrategias mediáticas tanto de Duarte como del Sr. Peña. La salida casi inmediata del secretario de gobernación, abriendo las puertas al debate en el marco previo a la cobertura informativa con motivo de la visita de Raúl Castro a México, o las declaraciones en tratándose de Veracruz de la secretaria general del CEN del PRI, Carolina Monroy y el correspondiente bombardeo mediático sobre estos temas, así lo confirman.

Lo destacable del caso es que por sobre la coyuntura cortoplacista, la terca realidad tiende a imponerse. A una cortina de humo casi de inmediato hay que sobreponerle otra sin que pueda ocultarse del todo la problemática estructural del país. Más allá de lo mediático, la percepción colectiva no quita el dedo en los renglones de que le son vitales y de atención cotidiana, como el desempleo, la desigualdad, la pobreza y y la seguridad individual y comunitaria agravados por los efectos de la crisis globalizada.

Lo grave es que ni la problemática de Veracruz ni la que acusa México en su conjunto, se resuelve mediáticamente, posponiéndose el tomar el toro por los cuernos con estrategias viables y políticas públicas para enderezar el rumbo perdido. Tanto Peña como Duarte se han atado a sí mismos las manos estando imposibilitados para cambiar de caballo a mitad del río, cediéndole terreno a la terca realidad que se les opone.

Luego tal similitud coyuntural de tesituras, no es de dudarse configuren el tejido de la misma sábana con la que ambos, Peña y Duarte, se cubren para en el caso Veracruz dejar hacer dejar pasar hasta donde el tiempo y los veracruzanos aguanten. De otra manera para quien esto escribe, opinador que no periodista, desde endenantes el gobierno federal hubiera llamado a cuentas al gobernador fallido. Y esto no sucede por más evidente que sea el agrio divorcio entre Javier Duarte, la realidad real y el hartazgo de sus gobernados.

Hojas que se lleva el viento

Con dinero, acarreos y resoplidos se intenta revivir a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos (CNC) para que el PRI pueda recuperar el voto duro en la zona rural. Vano intento, para hombres y mujeres en el agro veracruzano no viendo lo duro sino lo tupido con el abandono que padecen desde hace más de tres décadas, ni confían en dirigentes de oropel ni esperan que por la vía electoral se resuelva la compleja problemática de la producción agropecuaria, forestal y pesquera que aqueja a la entidad. Dicen que el campesino es medio tonto, pero no. Sabe bien distinguir entre liderazgos auténticos y dirigencias espurias surgidas del terreno de los explotadores de siempre.

-ooo-

Javier Duarte ya no tiene la fuerza de endenantes para someter, cooptar o comprar y manipular a los partidos que se oponen al PRI y sus señalados satélites, de ahí que ya se de como un hecho la alianza electoral entre el PAN y el PRD en Veracruz, contando con la venia de sus respectivas dirigencias nacionales como una opción viable de alternancia en la gubernatura de la entidad. Alianza que se construye al margen de identidades ideológicas y sobre el supuesto pragmático de que a partir del hartazgo social el número de votos por alcanzar en el 2016 será suficiente para vencer la estructura facciosa y estrategia al tricolor. Falso supuesto, el electorado hoy día está más despierto y para el imaginario colectivo PAN y PRD se sumaron al PRI en el llamado pacto por México, entregando la industria petrolera y eléctrica al capital internacional con la reforma energética. Los veracruzanos tampoco olvidan el papel jugado por estos partidos en la aprobación del criminal endeudamiento aprobado en el congreso local. Del plato a la boca suele caerse la sopa y otra alianza, más congruente y comprometida podría dar la sorpresa. Al tiempo.

Xalapa, Ver., 08/11/2015

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Si alguien debería saber de la relación entre política y economía, lo es sin duda el presidente de la Comisión de Hacienda del senado de la república. Con información privilegiada y hablando el mismo idioma del secretario Videgaray, José Yunes Zorrilla debe contar con elementos de juicio suficientes para afirmar con toda seguridad  que “…El país va caminando en la dirección correcta no obstante lo volátil y complicado del entorno internacional”.

Tal afirmación implica, por un lado, conocer a detalle el entorno internacional a que hace referencia y lo insoluble de una crisis globalizada que representa para el mundo entero algo más que una simple amenaza. Por el otro, antecedentes históricos, situación actual y tendencias para el futuro inmediato, tanto de la economía nacional como de las políticas públicas que animan al proyecto neoliberal de país que impulsa el Sr. Peña Nieto. Esto le coloca en el quehacer político como uno de los hombres del presidente responsables de estrategia y conducción del México de nuestros días.

Luego no habría razón para que hombres y mujeres de a pie, sin mayor conocimiento que lo que se nos ofrece mediáticamente, podamos albergar la menor duda de que el senador veracruzano está en lo cierto al afirmar que México camina en la dirección correcta. Y sin embargo, no convence, como tampoco convence en su totalidad el proyecto de país que se nos impone. Correspondiendo al propio Estado mexicano, con la información que difunde y pone a disposición de la audiencia, el alimentar desconfianza e incredulidad.

Si nos atenemos a lo que por un lado difunde el Banco de México, el INEGI, y la propia Secretaría de Hacienda, la información respecto a la marcha presente y futura de la economía nacional y su caldo de cultivo social que le arropa, es contradictoria y resta congruencia al triunfalismo que pareciera carecer de sustento, con el que se afirma que todo es miel sobre hojuelas  a pesar del entorno internacional negativo,  que condiciona sistémicamente el comportamiento de la economía y finanzas públicas de cada país, chico o grande, débil o poderoso  que sea.

Está claro y así debemos entenderlo, que el senador Yunes Zorrilla no se manda solo, como tampoco el propio Secretario de Hacienda. Su estrecha vinculación con el presidente Peña y su compromiso con el proyecto neoliberal de país, obliga, entre otras cosas, a mostrar y exaltar lo positivo de la estrategia neoliberal, ya que mostrar el lado oscuro no sería políticamente correcto. Luego el triunfalismo debe tomarse con cautela para que, en su momento, no nos agarren con los dedos tras la puerta.

Y digo que con cautela, porque el confiar en exceso en el triunfalismo gubernamental tiene consecuencias, como ha quedado demostrado en Veracruz.

Más aún, cuando es evidente que el entorno negativo internacional está más allá de las posibilidades reales del gobierno de México para paliar la crisis globalizada y sus efectos en el ámbito doméstico. Como ejemplo, bastaría saber que el peso específico de la política monetaria de USA o el precio internacional de la mezcla del crudo, es tal que como espada de Damocles, pende sobre nosotros determinando presente y futuro del quehacer económico y financiero nacional.

Y para no ir muy lejos ni meternos en honduras, también es evidente que en el terreno microeconómico, el del bolsillo cotidiano de las mayorías, el triunfalismo macroeconómico no pesa en la percepción que anida en el imaginario colectivo. A contrario sensu de la afirmación gubernamental, la realidad real se encarga de convencer a hombres y mujeres que algo anda mal en lo que se propone construir el régimen peñista. Controlada o no la inflación y la paridad cambiaria frente al US dólar, el deterioro del empleo y el poder adquisitivo del salario es creciente y permanente; la reducción del consumo familiar y el incremento de la pobreza como corolario, ya es tema cotidiano. Frente a ello no hay triunfalismo que valga.

La estrategia neoliberal es empobrecedora y excluyente, aquí, en la Unión Europea, o en China. Convencer de lo contrario en un país que arrastra a 55 millones de seres humanos en situación de pobreza y pobreza extrema, con el argumento de que gracias a las llamadas reformas estructurales,  México va por buen camino reflejándose ello en la mejoría en el nivel de vida de sus habitantes, me parece fuera de lugar.

Empero, acostumbrados ya al triunfalismo sin sustento, palabras más, palabras menos de los hombres del presidente, ni perjudican ni benefician, simplemente en el imaginario colectivo fortalecen la idea de la necesidad impostergable de cambio de rumbo.

Hojas que se lleva el viento 

Bajo el título:  Zonas económicas especiales: Nueva escalada neoliberal, el 25 de agosto del presente año comentaba en mi maquinazo que a mi entender las Zonas Económicas Especiales que propone el presidente Peña, son en esencia un paso adelante en el proyecto neoliberal del Sr. Peña, pero tambien un paso atrás para el pueblo de México. “Un giro de 180 grados tanto en la economía nacional como en las políticas públicas y la política política, que por principio de cuentas, auspiciará mayor aceleración de desigualdad y pobreza entre regiones y, al interior de cada una de éstas, polarizando y confrontando al México neoliberal “modernizante” con el México más atrasado y estancado en el subdesarrollo”.

Estimo no estar equivocado en tal apreciación. El anuncio en Puerto Chiapas del proyecto de tres zonas especiales en el sur-sureste, por su localización geográfica, potencial productivo e intencionalidad, lo dejó claro, priorizándose el interés privado por sobre el interés social más general en una estrategia de expoliación y saqueo lo mismo de recursos naturales que de pueblos enteros. Pero aún hay más, en la negociación en lo oscurito del Acuerdo Transpacífico (TPP), que signara el gobierno de México  a espaldas de la ciudadanía y a instancias del gobierno norteamericano, en el orden nacional ya se contemplaba la inserción de las Zonas Especiales de Puerto Lázaro Cárdenas, Puerto Chiapas  y el corredor Coatzacoalcos-Salina Cruz en este acuerdo multinacional que nos subordina a intereses supranacionales que se sintetizan en la frase que se le atribuye al presidente Obama: “No dejaremos a países como China escribir las reglas de la economía global”.

 Abriéndose la puerta en un acuerdo asimétrico más, a poderosas trasnacionales energéticas y alimentarias en perjuicio de la fábrica nacional, sin que mediara consulta alguna a los actores políticos, económicos y sociales por involucrar en estas regiones.

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Cuestión de enfoques. Si Juárez no hubiera muerto otro gallo cantaría, así, para el titular de Sedesol, José Antonio Meabe, si la pobreza se midiera en México en base a estándares internacionales, para nuestra tranquilidad este flagelo se abatiría en un 77 por ciento. Chingón ¿No?

Cd. Caucel, octubre 7 de 2015. 

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