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Category Archives: Gobierno de Veracruz

Pulso crítico

J.Enrique Olivera Arce

Los resultados preliminares de la elección del pasado domingo en Veracruz no son nada halagadores. Fruto de una guerra de lodo, violencia, coacción, compra de conciencias capitalizándose pobreza e ignorancia, así como el descaro de los operativos ya clásicos del “mapacherismo” electoral” a lo largo y ancho de la entidad, el proceso de elección de los 212 ayuntamientos evidenció la enorme pobreza comicial que acompaña a la crisis de un régimen político caduco.

La elección con todas sus irregularidades, presuntamente fue legal, la democracia representativa la gran perdedora y los partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, evidenciando su pérdida de empatía con y entre el electorado.

Numeralia

Contra toda previsión dadas las condiciones por las que atraviesa la entidad, de acuerdo con el 99.7% de actas registradas a las 11 horas del lunes (PREP Veracruz), la participación ciudadana apenas alcanzó el 60 por ciento del total del listado nominal oficial de 5’ 410, 589 veracruzanos con derecho a voto; obteniéndose un total de 2’ 987, 117 sufragios, de los cuales 1’ 041, 943 correspondieron a la oficialista coalición PAN-PRD provisoriamente ganadora de la contienda como primera minoría.

De lo cual se deduce que el gobierno de la alternancia cuenta en la entidad con una base social de respaldo a nivel municipal, del 32.79 %   del total de votos emitidos y del 19.25% del listado nominal. Porcentajes insuficientes para legitimarse ante una población de más de 8 millones de gobernados.

Cabe señalar que la derecha electoral nuevamente gana una elección en la entidad gracias al aporte de un PRD que en su agonía renunciara a su rol histórico de partido de izquierda en el espectro partidista. Como primera minoría la coalición ganando pierde,  en tanto que los números no le alcanzaran para alzarse con el triunfo tanto en la capital veracruzana como en ciudades densamente pobladas como Coatzacoalcos, Poza Rica, Minatitlán, Orizaba y Cosoleacaque, perdiendo incluso San Andrés Tuxtla frente a un candidato independiente.

Por cuanto al PRI, como era de esperarse confirmó su condición de segunda minoría requiriendo para ello del soporte del Verde Ecologista controlado por el “Fidelismo”, obteniendo un total de 577, 211 sufragios como coalición, equivalentes al 10.6% del listado nominal, registrando en Orizaba y Cosoleacaque sus triunfos más relevantes, cediendo la ciudad y puerto de Veracruz a la derecha oficialista con el hijo del gobernador Yunes Linares como candidato.

En términos prácticos, en cuando a densidad y concentración poblacional regional, la influencia otrora poderosa del PRI en la entidad se desdibujó.

Lo que es por demás evidente es que tanto el PAN como el PRI de haber contendido solos, sin mediar la alianza con el PRD y Verde Ecologista respectivamente, la derrota hubiese sido más que desastrosa para ambos institutos políticos.

Lo que ya no es sorpresa alguna aunque se esperaba más, es el triunfo de MORENA en 17 de los 212 municipios en contienda, destacando Xalapa, Coatzacoalcos y Minatitlán. Participando por primera vez en comicios edilicios, solo y su alma, Regeneración Nacional pisándole los talones a la coalición PRI-Verde,  queda como tercera minoría con 553 034 sufragios emitidos a su favor, 10.2% del listado nominal.

De “la morralla” y candidatos independientes, únicamente destacan Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza con el 6.9 y 6.6% de los votos emitidos.

Como se puede observar, los números hablan de una correlación de fuerzas partidistas en la entidad en la que la pérdida de hegemonía del PRI, a la par que modifica la geografía político-electoral de la entidad, refleja la pobreza comicial de un régimen político venido a menos. El divorcio entre ciudadanía y partidocracia es evidente. No hay credibilidad y confianza en los institutos políticos y los candidatos no están a la altura de la expectativas de una población lastimada, descontenta y harta de corrupción, propuestas y promesas incumplidas. Así como tampoco el gobierno de la alternancia ha logrado en seis meses de gestión recomponer el panorama, antes al contrario, auspiciador de la guerra de lodo (con la mayoría de la prensa como caja de resonancia), inhibió la concurrencia a las urnas, incurrió en la compra de conciencias con dinero público, y satanizó a sus adversarios exhibiéndolos más como enemigos que como expresión legítima de una sociedad plural.

Se cosecha lo que se siembra. Una vez emitidos los resultados definitivos de la elección, la tarea de gobernabilidad y gobernanza estará cuesta arriba para el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, con la mayoría de la población en contra y con un puñado de alcaldes que exigirán voluntad política para gobernar con piso parejo, transparencia y recursos en beneficio de sus municipios.

Esto como antesala de nuevos episodios de guerra sucia, ya que aún antes de concluir el proceso electoral del 2017 los bacinicazos rumbo al 2018 están a la orden del día. Envalentonada, la derecha electoral y su patiño negro amarillo no cejan en su intento de reducir a su mínima expresión a MORENA, a la par que desde el corazón del país, Peña Nieto y su partido, con la misma intencionalidad irán con todo para asegurar el triunfo de quien habrá de cubrirles las espaldas.

Hojas que se lleva el viento

En los municipios más pobres y excluidos de la entidad, con población en su mayoría indígena, no se aprende aún de lo vivido. Atados a los intereses caciquiles de siempre, siguen votando a sus opresores de siempre.

Xalapa, Ver., 06 de junio de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

“Un parlamento, es un parlamento, sólo bajo determinadas condiciones se convierte en una estafa, un ayuntamiento es un ayuntamiento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una cueva de ladrones, un tribunal es un tribunal, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una broma de mal gusto. No se trata, pues, de inventar algo mejor o más lúdico, creativo o transversal que los parlamentos, los ayuntamientos y los tribunales, sino de cambiar sus condiciones”. Carlos Fernández Liria

Siguiendo esta línea de pensamiento considero que es una falacia el afirmar que del triunfo de Morena en los procesos electorales devendrá en “mandar al diablo a las instituciones” republicanas. Antes al contrario, si partimos de la premisa de que el Movimiento de Regeneración Nacional y su líder histórico no son revolucionarios radicales,  sino expresión de un reformismo progresista que, cuestionando las condiciones actuales de deterioro por las que atraviesan  las instituciones que el pueblo de México se ha dado, se propone  sanear éstas y ponerlas al día para que así respondan al interés de las mayorías y no únicamente al de una élite depredadora y empobrecedora de la vida nacional, estimo que su propósito último es fortalecer y no destruir el andamiaje institucional.

Y es en esto último que se sustenta a mi modesto entender tanto la penetración en el seno de la sociedad mexicana como el respaldo  político electoral que observamos en el lopezobradorismo. La gente no desea una nueva revolución, sino dar continuidad a un proceso que  habiendo iniciado en 1810, retome el “Sentimiento de la Nación” del ideario político de  Morelos y las reivindicaciones no satisfechas enarboladas por Zapata, Villa y  los Constituyentes de 1917, alejando de la vida económica, política y social del país todo vestigio de corrupción, impunidad, simulación, depredación  y secuestro de la voluntad popular, fortaleciendo a las instituciones republicanas y no destruyéndolas, priorizando honestidad, eficiencia y eficacia como pilares del cambio deseado.

El pueblo de México no es tonto, como se le quiere ver desde la cúpula del poder y sus adlateres. El solo pensar en que estaría de acuerdo en “mandar al diablo” a las instituciones republicanas, construidas a lo largo del tiempo con sangre, sudor y lágrimas, es tanto como persistir en considerar a los mexicanos como idiotas, incapaces de discernir lo  que a sus más caros  intereses conviene aceptando sin chistar lo que bien a bien se  le concede o impone bajo el régimen de un paternalismo de Estado que, en los hechos, niega el carácter soberano de la voluntad popular.

El pueblo sabe leer entre líneas. Así, cuando López Obrador discursivamente manda al diablo a las instituciones, la gente sabe a ciencia cierta que se trata de mandar al diablo el vaciamiento de que ha sido objeto el andamiaje institucional de la nación, recuperando para sí el sentido y razón de un estado de derecho que trascendiendo los límites estrechos de lo que entendemos como gobierno, da sustento al Estado-Nación.

Más que un gobierno para todos, gobernar entre todos como lo mandata la Carta Magna, es lo que la gente estimo interpreta del discurso de MORENA. De ahí la esperanza y confianza que anima al imaginario colectivo y su voluntad de expresarlo en las urnas. Libertad, independencia, y soberanía; no más corrupción impune; que la honestidad norme la búsqueda del bien común en nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. La nación y sus instituciones republicanas  lo demandan, así quiero entenderlo.

Hojas que se lleva el viento.

¡Para Ripley! Vaya cinismo del senador yucateco Emilio Gamboa Patrón -a quien sus paisanos conocen por el mote de “El chupón”-, cuando arropado por sus pares Yunes Zorrilla y Yunes Landa, viene a Veracruz a decirnos que el PRI si sabe gobernar. “No me defiendas compadre…” Dirían los candidatos priístas a las alcaldías veracruzanas.

-ooo-

Teniendo como escenario de fondo el fracaso manifiesto de seis meses de gestión del gobierno de la alternancia (no hay nada que asegure lo contrario) así como la incapacidad del PRI para salir de su debacle,  los veracruzanos a una semana de la elección del 4 de junio velan armas dispuestos a dar la batalla en las urnas. Salvo que seamos masoquistas, es de esperarse que la mayoría le dé la espalda al PRIAN votando a favor de los candidatos de MORENA, partido al que se considera como el mejor posicionado en la contienda edilicia. Sufragar a favor del PRI o de las fórmulas postuladas por “la morralla” partidista o candidatos independientes, dividiendo y pulverizando el voto, se dice favorecerá a  la alianza PAN-PRD, apostándole a ello el gobernador Yunes Linares en su desenfrenado intento por hacerse de una base social de apoyo que dé continuidad a su proyecto familiar.

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Quienes en Veracruz habiendo tocado en la puerta equivocada, esperando encontrar en MORENA posiciones, prebendas y canonjías, toparan con pared, se ven impelidos a renunciar y buscar nuevos y más amplios derroteros en los que mojar su pambazo sea la recompensa. Nada nuevo bajo el sol. Es la “condición humana”, dicen los que confundiéndose ven el árbol y no el bosque. Lo que si resulta inédito es que por cada 2 que se van frustrados en sus intenciones,  se incorporan al lopezobradorismo 20 nuevos cuya motivación va más allá del dinero fácil. De ese tamaño es el descontento y el hartazgo.

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Mañana 31 de mayo da término la etapa de campañas del proceso electoral 2017 en Veracruz. El balón pasa a manos de los electores sin que el gobernador, partidos y candidatos contendientes, alcanzaran un marcador distinto al  ya anotado en la etapa previa.  Salvo el fraude electoral como última instancia, MORENA se levantará con el triunfo en el mayor número de los 212 municipios de la entidad y, para sorpresa de muchos, a no dudarse el PRI en alianza con el partido verde de Fidel Herrera, inercialmente quedará en segundo lugar en el tablón de resultados. El gobierno de la alternancia reducido a su mínima expresión. ¿O no es así?

Xalapa, Ver., 30 de mayo de 2013

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J. Enrique Olivera Arce

Los procesos electorales en México históricamente no son otra cosa que una cadena de esperanzas frustradas. La democracia representativa es un mito; secuestrada por un régimen de Estado surgido de una Revolución interrumpida y traicionada, responde a los intereses fácticos y no al bien común.

Partiendo de esta premisa, a mi juicio es que la vida política nacional y, en lo particular la de Veracruz, gira en torno a una cúpula elitista en la que gobierno y partidos políticos cumplen con su papel de administradores del poder real dominante,  en tanto que las mayorías cumplen su rol subordinado de simples mirones de palo.

Y es a partir de este supuesto que, a mi juicio, la descomposición de nuestra aldeana clase política da lugar a que los patos le tiren a las escopetas, bordando en el vacío en su  intento de mantener viva la relación de dominio y subordinación que se ratifica periódicamente con el sufragio.

A dos semanas de la elección de autoridades edilicias en los 212 municipios veracruzanos, la llamada clase política y la ciudadanía transitan por caminos divergentes, sin que se observe punto de encuentro alguno. El corto periodo legal de campaña y la ausencia de propuestas viables de partidos y candidatos, amén del descrédito y desconfianza que merecidamente arrastran, impide un acercamiento real entre aspirantes y electores.

Los medios de comunicación, banda trasmisora lo mismo del mensaje electoral que de la legitimización de la elección, perdidos aún en la resaca postduartista, lejos de cumplir con su misión, trivializan el quehacer político,  contribuyendo al distanciamiento entre propósitos y objetivos del poder formal y real y los votantes potenciales; profundizándose el escenario del divorcio anunciado.

La elección del 4 de junio próximo será legal, más no legitimada por una voluntad popular  sustentada en la búsqueda del bien común por una ciudadanía participativa,  informada y consciente de sus derechos y obligaciones,  como se esperaría en   una auténtica  democracia representativa.  

Y es en este marco referencial en el que estando de por medio el futuro económico y social de los veracruzanos, estos deberán optar por elegir entre avanzar por un cambio en forma y contenido que responda a expectativas de progreso y bienestar  o seguir por el camino trillado del más de lo mismo sumando eslabones a la cadena de esperanzas frustradas. 

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Hojas que se lleva el viento

El Senador José Yunes Zorrilla, encaminando sus esfuerzos hacia su postulación en el 2018 a la gubernatura de Veracruz, confía en que los miles de” priístas honorables” dispuestos a imprimirle una nueva cara al PRI en la entidad contribuyan a la restauración de la hegemonía perdida. Buen intento y loable reconocimiento a la honestidad y buena fe de los sin duda honorables priístas que habiendo cruzado el pantano sin enlodarse el plumaje, aún se cuentan por miles en Veracruz, sin embargo, Pepe Yunes olvida que esos miles fueron insuficientes para frenar el saqueo brutal a manos del duartismo. No pudieron o no quisieron, contribuyendo con su silencio y  apática indiferencia a la debacle de un PRI que hoy por hoy acusa total descrédito ante una ciudadanía que ya vive en carne propia la lección del sí se puede.

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La paradoja del momento.  En la capital veracruzana lo que queda del priísmo votará a favor del sedicente capitán, Alejandro Montano Guzmán, presuntamente impuesto y respaldado  como candidato a la alcaldía xalapeña  por el gobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares,  en el afán por frenar el por ahora imparable ascenso de MORENA, en consonancia con el acuerdo en lo oscurito de Peña Nieto, el PRIAN y el poder fáctico por evitar la instauración en el 2018 del “populismo en México”.

Xalapa, Ver., mayo 24 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Si en Francia el “populismo” de centro derecha gano la elección presidencial en segunda vuelta, no es de extrañarse que en México pueda darse el caso de que sea el “populismo” de centro izquierda,  con Morena,  el que en el 2018 se levante con el triunfo.   

La gente, aquí y en una gran parte del mundo  ya no quiere más de lo mismo. El descontento y hartazgo popular frente a los partidos políticos tradicionales es más que evidente; trátese de institutos políticos de derecha, izquierda o centro, ya no se consideran opción viable en las expectativas electorales de las mayorías.

Esto quizá explique a mi juicio, el por qué entre más se insista en descalificar a Morena o a su líder moral, más crece la empatía y aceptación del partido de nuevo cuño, surgido del Movimiento de Regeneración Nacional que diera la pelea en contra de las llamadas “reformas estructurales” que auspiciaran la privatización del petróleo y la energía eléctrica, así como la pérdida de soberanía al abrírsele las puertas a las poderosas trasnacionales de los energéticos.

Fenómeno nuevo en el que el análisis tradicional sobre el curso de una elección, ya no tiene cabida. Factores decisorios como “estructura partidista”, “voto duro”, “imagen mediática de partidos y candidatos”, entre otros, quedaron atrás. Por primera vez en la historia de este país, es la gente con sus percepciones y su participación consecuente,  la que define el curso definitorio de un proceso electoral que desembocará con la elección del sucesor de Peña Nieto.

Muy cierto que la gente suele equivocarse. Son muchos decenios en los que se votara por proyectos partidistas contrarios al interés nacional, luego de sufragarse en favor de Morena y esta decisión resultara fallida, sería una equivocación más, con la salvedad de que ello contribuiría a elevar la conciencia política de los mexicanos. Y si al contrario, los resultados obtenidos por la opción “populista” de centro izquierda fueran positivos, por primera vez en muchos años se vislumbraría como viable el anhelado cambio que la gente exige, a la par que se fortalecería la participación popular y el ejercicio del derecho ciudadano a elegir lo que más convenga al interés de las mayorías.

La moneda está en el aire y, pese a  la alianza tácita de los partidos tradicionales en contra de la muy posible elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, todo indica que la gente está comparando y diferenciando la opción de Morena con la de años de simulación, corrupción, impunidad y secuestro de la democracia representativa por oscuros intereses de la partidocracia, en un régimen caduco soportado por el PRI, PAN y la llamada “morralla” partidista.

La gente está diciendo ¡Basta!, lo mismo en el Estado de México, Nayarit, Coahuila y sin duda Veracruz. Frente al más de lo mismo y a sabiendas de que al PRI o al PAN se les puede derrotar en las urnas, ve en Morena al “rayito de esperanza”. Nos guste o no, el “populismo” está tomando las calles.

Los mexicanos no somos tontos. Sabemos que en la vida política nacional la corrupción impune es denominador común, ningún partido político se salva de esta lacra y Morena no es la excepción, empero, hay de corrupción a corrupción y la gente lo valora tras ser del dominio público aquellos extremos a los que se llegara con auténticos saqueadores  emanados de las filas priístas, panistas y perredistas. La diferencia entre Morena y los partidos tradicionales es tal, que no deja lugar a dudas entre los electores potenciales. De entre lo pésimo, lo menos peor podría ser la respuesta como se confirmara en EE. UU con Trump, o en Francia con Emmanuel Macron, electo presidente por el voto del hartazgo el pasado domingo.

Que tanto pesará el voto ciudadano frente a la orquestada andanada del PRIAN desde Los Pinos, es la interrogante. De lo que sí podríamos estar seguros es que la guerra sucia como argucia electorera, desgasta ante la opinión pública a quienes la propician, revertiéndoseles. La sociedad ya es otra y la crisis de credibilidad en las instituciones y aparatos propagandísticos al servicio del statu Quo, se deja sentir hasta en los sectores políticamente más atrasados o menos informados.

Será el tiempo el que dicte la última palabra.

Hojas que se lleva el viento

Cerrar los ojos ante una realidad contundente, también es un derecho que hay no solo que tolerar sino respetar. Bienvenidos sean los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla a una contienda que, en el 2018, se da de antemano perdida para el PRI.

Cd. Caucel, Yucatán, mayo 11 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

En tanto se le sigue rascando al cochinero, más detritus arroja, confirmando el grado de descomposición política y moral que se viene viviendo en Veracruz con la llegada al poder de Fidel Herrera Beltrán y sus presuntos amafiados. Muladar del que Miguel Ángel Yunes Linares saca provecho,  alimentando lo mismo su sed de venganza que el respaldo social de la minoría que con su voto le permitiera acceder a la gubernatura de dos años.

Lo que no toma en cuenta el gobernador Yunes, es que la descomposición política preñada de corrupción, impunidad, simulación y engaño, lo mismo marca a Tirios que a Troyanos incidiendo en su contra,  en tanto la percepción en el imaginario colectivo se consolida en torno a la idea de que la alternancia en el gobierno lejos de ofrecer cambio alguno, recicla el más de lo mismo.

De esto último, la terca realidad deja constancia. La persecución del “duartismo” satisface el morbo pero no da de comer ni aliviana el clima de inseguridad.

 A Miguel Ángel Yunes se le eligió para gobernar, no para ser un pésimo gendarme incapaz lo mismo de rescatar el tiradero que el de ofrecer seguridad y confianza a la ciudadanía. Ni endereza a la alicaída administración pública a su cargo ni abate los altos índices de criminalidad que azotan a la entidad. Olvidándose de lo sustantivo que es el gobernar a una entidad federativa con más de ocho millones de habitantes cuya mayoría se debate entre pobreza y pobreza extrema.

No se trata de pedir peras al olmo. Sabido es que no está en manos del gobernante veracruzano el abatir desigualdad y pobreza. El gobierno no crea empleos,  no mejora la calidad de los salarios y, mucho menos determina la orientación de la economía en su conjunto. Empero si está obligado a generar condiciones favorables para la inversión,  ampliación y modernización  del aparato productivo, lo que obviamente no se está haciendo, antes al contrario, en tanto el énfasis del gobernador siga puesto en seguir sacando mierda de la “Caja de Pandora” de la que presume abriera, la entidad a nivel internacional no ofrece a inversionistas externos y domésticos condiciones para el rescate, reordenación y ampliación de la economía veracruzana.

No todo es responsabilidad del gobierno de la alternancia. Sabido es que a nivel nacional el horno no está para bollos. La economía mexicana está caminando al borde de la recesión. Las llevadas y traídas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto -a contracorriente impuestas-  lejos de incidir en mejorar la precaria situación le profundiza, incrementándose desigualdad, desempleo, pobreza y exclusión. Matada que fue la “gallina de los huevos de oro”, los recortes al gasto público inciden de manera notable en las arcas públicas veracruzanas, a la par que generan incertidumbre en el sector privado.

Empero, no obstante las condiciones adversas, el gobierno veracruzano cuando menos debería reconocerles, ajustando objetivos y metas por alcanzar en su tan ambicioso como inviable “Plan estatal de Desarrollo”. Así como aceptar que dado el entorno negativo lo que cuando menos esperan los veracruzanos de su gobierno es el saneamiento de las arcas públicas con el consiguiente reordenamiento de la administración y si, indudablemente, un clima de seguridad que de tranquilidad en los hogares.

A cinco meses de asumir el cargo, Miguel Ángel Yunes trepado en el ring no da señales de querer afrontar lo sustantivo. Cinco meses que cuentan mucho para un gobierno de escasos dos años de gestión. El tiempo sigue corriendo y ya en pleno proceso electoral auspiciando la guerra sucia, ante una economía eclipsada el gobernador no ofrece respuestas aceptables.

Hojas que se lleva el viento

Teniendo como marco el clima de descomposición política que priva en la entidad, la elección edilicia va. Lo que está en duda es si la gente estará dispuesta a dar su aval en las urnas a partidos y candidatos. Descontento y hartazgo social sigue dominando el panorama.

Cd. Caucel, Yucatán. Mayo 4 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

El beneplácito social por la captura de Javier Duarte se dejó sentir en todo el territorio nacional, empero, de la mano de un justificado “sospechosismo” que ya destacados analistas políticos se han encargado de destacar y a los que Peña Nieto respondiera con un “No hay chile que les embone…”.

La crisis de credibilidad que arrastra el país, pesa más que el discurso oficial. La reacción social ante el mensaje con el que el presidente Peña Nieto pusiera de manifiesto la fuerza del régimen contra la corrupción, ejemplarizando con la las recientes capturas de los ex gobernadores de extracción priísta, Javier Duarte, de Veracruz y de Tamaulipas, Tomás Yarrignton, fue de escepticismo y de sospecha de un arreglo en lo oscurito garantizando el silencio de los detenidos.

No podía esperarse otra cosa. La credibilidad y desconfianza en las instituciones encargadas de procurar y administrar la justicia en el país, ganada a pulso por el régimen político mexicano da para mucho. Y si bien es de aplaudirse el que el gobierno haga su trabajo, la opacidad de sus acciones da lugar a duda sobre su eficiencia y eficacia.

Con mucha mayor razón cuando estas acciones se politizan, sirviendo de marco a intereses electorales en juego, como podría ser el caso de los presuntos saqueadores hoy a resguardo de las autoridades. Pareciendo que el objetivo último en tiempo y forma de las detenciones de marras es lo mismo de un acto propagandístico a favor del partido en el gobierno ante los próximos comicios en Edomex, Veracruz, Nayarit y Coahuila, que el de un gran distractor tras el cual ocultar el fracaso gubernamental tanto en el combate a la corrupción e impunidad como en materia de seguridad pública, talones de Aquiles del Estado mexicano.

Cortina de humo que más allá de las consecuencias ulteriores que ameriten los aún presuntos actos delictivos de Javier Duarte y Tomás Yarrington, también opera a favor de distraer la atención de la sociedad en lo referente al pobre desempeño de la economía nacional reflejada en el bolsillo de las mayorías empobrecidas.

Esto en el orden nacional. Por lo que toca a Veracruz, la detención del ex gobernador Duarte de Ochoa, no deja de ser parte del show mediático con el que Miguel Ángel Yunes Linares pretende justificar su empeño tanto por restablecer el estado de derecho en la entidad como del rescate de una administración pública quebrada, sin pies ni cabeza. El énfasis de la prensa estatal por destacar lo que la gente quiere escuchar, obviando la problemática toral de un Veracruz de rodillas, lo refleja.

Para empezar, no se puede ni debe pretenderse el restablecer el estado de derecho al margen de la ley. Perseguir delincuentes no está dentro de las funciones del ejecutivo estatal, como tampoco el asumirse como vocero de la Fiscalía declarando sin apego a verdad y transparencia. Y, por cuanto al rescate de la administración pública estatal, el refundir en la cárcel al ex gobernador Duarte de Ochoa ni saneará las arcas públicas ni asegura eficiencia y eficacia, mucho menos credibilidad y confianza en las instituciones veracruzanas que, hasta ahora, bajo el gobierno de la alternancia dejan mucho que desear. La corrupción, impunidad y simulación siguen siendo la constante. Nada nuevo bajo el sol.

Lo prudente sería dejar que la PGR haga su trabajo y el gobierno de Veracruz a lo suyo. El tiempo es oro y no se puede perder con el seguir quemando pólvora en infiernitos. Ya con el proceso electoral en marcha es suficiente como distractor para amainar el temporal. Empero, no se puede echar en saco roto el hecho de que el gobierno de Peña Nieto se valdrá del caso Duarte con fines electoreros. La tendencia del PRIAN pretendiendo de manera orquestada capitalizar a su favor el tema así lo indica. El gobernador Yunes Linares tendrá que aceptarlo, sumándose,  o renunciar a un  juego que sólo reditúa a su ego.

Chetumal, Q. Roo 18 de abril de 2017

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 J. Enrique Olivera Arce

  • Para AMLO, Yunes Linares simple peón en el escenario nacional

Parafraseando a Trump, el gobernador Yunes Linares  con hechos y no con palabras,  nos dice: Sí, vamos a tener una buena relación con los veracruzanos, y si no, pues no. Ya que seguramente le vale al anteponer intereses personales o de grupo a los intereses de una entidad federativa ávida de seguridad, tranquilidad, orden, bienestar y progreso.

A lo largo de 90  días escasos de su toma de posesión, ha mostrado evidentemente que su prioridad ha sido combatir con palos de ciego a fantasmas del pasado, dejando en segundo plano la encomienda sustantiva que se le asignara en las urnas: servir a Veracruz gobernando sin distingo para todos; obteniendo como corolario división y encono ya no solo entre la llamada clase política, también en el seno de una sociedad que tomando partido, se polariza en detrimento de la tan necesaria como urgente unidad en torno a objetivos comunes.

Estrategia fallida. Tanto y en todos los frentes ha insistido en justificar su impotencia  y desesperación al encontrarse atado de manos para enderezar la nave gubernamental, que todo se le revierte, profundizando su empantanada circunstancia.

El Sr. Yunes Linares cumplió en parte con su propósito explícito de destapar la Caja de Pandora, exhibiendo hasta el tuétano la cloaca en que el fidelismo-duartismo convirtiera al gobierno de Veracruz, pero ello ya  no es suficiente.

A toda acción corresponde una reacción, si mal no recuerdo hacía hincapié de manera insistente el maestro Antonio Nadal Romero allá por mis años mozos en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Ante la plausible acción propagandística de campaña del hoy gobernador la reacción de la opinión pública no se dejó esperar, las leyes de la física también operan en la naturaleza humana; la gente abrió los ojos y hoy la sociedad veracruzana es otra, más desconfiada, más incrédula, más exigente esperando del gobierno de la alternancia algo más que un estéril show mediático que no abona a un buen gobierno.

Hoy como gobernador la oportunidad de trascender se le viene escurriendo entre los dedos. Sin proyecto de cambio y transformación… Sin tiempo y sin dinero, el rescate de Veracruz desde una administración pública honesta, coherente y eficaz, queda en el tintero. Esto en el marco de un escenario nacional adverso en el que lo mismo el descrédito presidencial creciente que una economía estancada en vías de recesión, anuncian malos augurios para el país en un futuro cercano.

Veracruz no es una isla ajena al resto de la nación, por su posición geoestratégica frente al Golfo de México su gobierno no puede permanecer al margen de un contexto general que requiere el concurso de todos para paliar el temporal que se viene. Más ahora cuando la repatriación de connacionales asumida por nuestro vecino del norte, exige previsión, cordura y políticas públicas agresivas de reinserción de los migrantes al aparato productivo nacional. Ni se debe ni se puede soslayar el hecho de que Veracruz requiere de gobierno previsor ante lo que nos espera cuando ya de sí estancamiento económico y desempleo campean por todo lo alto en la entidad.

Considero que el Sr. Yunes Linares tiene que entender que no contando con el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas, está en la tesitura de tener que legitimar día con día su desempeño. Persistir en su pedestre estrategia propagandística pretendiendo imponer su estilo personal por sobre la terca realidad,  no es el camino.

En la proximidad de sus primeros cien días de gestión, a mi juicio debería valorar la situación prevaleciente y revisar su orden de prioridades antes de que sea demasiado tarde. Tiene ya encima el proceso electoral que desembocará en la elección edilicia y,  a manera de plebiscito, los veracruzanos en las urnas premiarán o castigarán el desempeño del gobierno de la alternancia con los beneficios o perjuicios que para la vida política de la entidad ello representa. En sus manos está el reencausar a su administración por los caminos que mejor convengan a Veracruz.

El tiempo cuenta y cuenta mucho, en su escasa disponibilidad para un gobierno de dos años, lo importante pesa más que la urgencia de lo personalmente deseable. En 2018, el Sr. Yunes Linares deberá entregar una administración saneada y un Veracruz pacificado, si en algo estima su proyecto de vida personal y familiar.

Hojas que se lleva el viento

López Obrador sabe lo que hace, no es “loco”, ni tonto ni improvisado. Provocar al gobernador de Veracruz y a su prole a sabiendas de que estos siendo de mecha corta y visceralmente propensos a dejarse llevar por la ira los hace vulnerables, está en su estrategia de dividir para vencer para el 2018. Yunes Linares para el Peje no es más que un peón en el ajedrez nacional, al que hay que desestabilizar y anular para lo que viene, la elección en Edomex y la gran batalla en la que habrán de enfrentarse MORENA y el PAN por la presidencia de la república.

Por lo pronto el diferendo AMLO-Miyuli ya provocó se exhiba de cuerpo entero la alianza de facto  PAN-PRI para frenar a MORENA, así como sacudiera las entrañas del PRD auspiciándose la ruptura del negro amarillo con el blanquiazul para el 2018.

-ooo-

Gracias a la reforma energética empobrecedora y entreguista, China ya tiene presencia frente a costas veracruzanas, lo que le da a la entidad una connotación geopolítica de primer orden que no se puede ignorar. Un gobierno estatal saneado, una población con pleno empleo gozando de seguridad, paz y expectativas de bienestar, estratégicamente para México deberían ser prioridad en la defensa de la soberanía nacional. Hay que ponerse las pilas.

Xalapa, Ver., 1 de marzo de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Al margen de la reiterada insistencia del economista Rafael Arias sobre la tan necesaria como urgente transparencia en el ejercicio de gobierno  e información fidedigna a la población por parte de la administración pública estatal veracruzana, rescato un tema que al alimón toca el  conocido investigador de la UV y ex servidor  público en su artículo fechado el 20 de los corrientes, el  relativo a la entrega y recepción del poder ejecutivo.

A 80 días de la toma de posesión de Don Miguel Ángel Yunes Linares, nada se ha dicho sobre el resultado final de un proceso de entrega y recepción que debió concluir al inicio del nuevo gobierno y punto de partida para la alternancia de dos años. El silencio en torno a este tema, ha sido más que evidente, desconociendo los veracruzanos  cual es el estado que guarda a la fecha cada una de las dependencias y organismos que integran el poder ejecutivo del gobierno estatal y, por lo consiguiente, conocer cuáles son las fortalezas y debilidades encontradas para,  a su vez, tener elementos suficientes para estimar el tamaño de la bronca a la que se enfrentará la actual administración en lo que resta de los dos años de gestión.

Puesto que es a partir de un diagnóstico preciso del estado que guarda la administración como la ciudadanía valorará los cursos de acción a seguir por la administración pública para corregir, cambiar o consolidar en su caso el aparato gubernamental.

A estas alturas ya no basta con conocer lo conocido en exceso sobre el saqueo y pillerías del duartismo como continuidad del fidelato. La estrategia mediática encaminada a “sacudir al país”,  cumplió su papel  y, desde el punto de vista jurídico, serán  la Fiscalía y el poder judicial los que deberán dar le seguimiento y actuar en consecuencia con los pelos de la burra en la mano.

Lo que realmente importa es el con qué se cuenta  ahora para enderezar la nave y lograr que esta arribe en el menor tiempo posible a puerto seguro. Sin esta información a disposición de la población los veracruzanos no tendremos claro ni de donde se parte ni a donde se pretende llegar, haciendo nugatorio cualquier esfuerzo por un legítimo compartir entre gobierno y gobernados en  la tarea de avanzar en el rescate de la administración pública estatal.

No se le pueden pedir peras al olmo. Sin información y transparencia somos más los “ignorantes” (De Interés Público 20/02/17 ) bordando en el vacío llevados por el chisme y la especulación que los leídos y escribidos que, interpretando correctamente lo que el señor piensa, guarda para sí o propala,  respaldan a ojos cerrados lo mismo palos de ciego que la más atinada decisión del  titular del ejecutivo estatal;  polarizándose el esfuerzo líneas arriba citado en perjuicio de una tarea que a todos compete.

Si “la ignorancia” es mala consejera, como afirma el gobernador, corresponde a la autoridad dar luz sobre el quehacer gubernamental con información clara, suficiente y sustentada para sumar más que restar en una tarea común. ¿O me equivoco?

Hojas que se lleva el viento

Vaya jugada de la rectoría de la UV en su afán de encontrar una respuesta positiva del gobierno entrante a su pretendida autonomía financiera. A sabiendas de la situación en que Yunes Linares encontraría a una administración pública saqueada, le vendió la idea de un “Plan estatal de Desarrollo” fantasioso, caro e inviable que tras ser aprobado por una legislatura novel, a escasos diez días del cambio de estafeta prácticamente se tiró a la basura,  al declarar oficialmente el gobernador el estado de emergencia de su administración por falta de los recursos mínimos necesarios para el arranque. Hoy por hoy, la realidad pone en evidencia que ante la crisis del gobierno de la alternancia no hay plan estatal de desarrollo que valga.

El “mapa” no funcionó como tal y se avanza a tropiezos, improvisando y como dicen los tabasqueños,  a la “pela vaca” sin rumbo ni brújula,  cifrando esperanzas en una reestructuración de deuda y reasignación de prioridades apenas suficiente para paliar temporalmente el temporal no previsto.

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El estruendo distractor sigue su curso. Ahora y un día después de que el diario Reforma destacara que no se concretan las denuncias en contra de Javier Duarte de Ochoa y su pandilla, sorpresivamente se catea una bodega en Córdoba, encontrándose nuevos elementos de prueba del saqueo a Veracruz, poniéndose énfasis en la presunta corresponsabilidad criminal de la ex primera dama. Más leña al fuego mientras el gobierno de la alternancia marcha al garete.

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Sin mayor elemento de prueba y con el afán de servir al que paga, conocido texto servidor ahora incrustado en el gobierno estatal y que en el pasado reciente fuera seguidor del fidelismo-duartismo y acre crítico a conveniencia de Miguel Ángel Yunes Linares, se aventó la puntada de propalar que “Fidel se montó en Morena”. De ese tamaño es el temor de que los correligionarios de López Obrador den una nueva sorpresa en Veracruz imponiéndose en las urnas en la elección de las 212 doce alcaldías veracruzanas en junio próximo.

Xalapa, Ver., febrero 21 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La gran confusión de Trump y sus allegados es que no estamos en una época de cambios, sino del cambio de una época.-  Luis Manuel Arce Isaac

Los días transcurren, uno tras otro en suelo veracruzano sin que las aguas se  asienten. La turbulencia política en un clima de inseguridad en todos los órdenes de la vida social y económica, mantiene en ascuas a la población.

Una entidad federativa que, mereciendo mejor destino no encuentra rumbo cierto, es el pan de cada día en medio de un aciago entorno nacional e internacional adverso en el que para México, se blande lo mismo la amenaza del proteccionismo norteamericano que la recesión económica y el deterioro social.

Confundiéndose política con política electoral, la brújula gubernamental gira incesantemente en todas direcciones, perdiéndose la oportunidad de racionalizar el quehacer público en un legítimo y auténtico esfuerzo por rescatar a Veracruz de su postración.

Si nos atenemos a percepciones generadas a partir de notas y columnas periodísticas y no solo de especulaciones estériles, la terca realidad señala que no es aventurado anticipar un nuevo fracaso para una administración pública perdida entre la ausencia de visión de Estado y de recursos frescos en las arcas públicas.

Atrapado el gobierno de la alternancia entre el poder y no poder, brilla por su ausencia la honestidad intelectual suficiente para reconocer que no solo no se cuenta con una varita mágica, tampoco con claridad para encontrar la diferencia entre un pasado tortuoso y las exigencias de un presente que exige gobernar a partir de tiempo y recursos disponibles escasos.

No es pesimismo infundado ni se pretende en estas líneas asumirse como agorero del desastre. Anticipar el fracaso de la alternancia es atender a las tendencias por ahora observadas y ampliamente difundidas por la prensa en los escasos 75 días de la administración a cargo del Sr. Miguel Ángel Yunes Linares. Administración por cierto en la que parece estar ausente la alianza partidista PAN-PRD que transita en el margen, ajena a las expectativas generadas y sin mayor interés que el jaloneo electoral, con vías a la elección edilicia como prolegómeno de lo que esperan obtener en el 2018.

Percepción que a diferencia de la oficial, anida cada vez en mayor medida en amplios sectores de la población. Más de lo mismo,  dominando los temas de inseguridad, desempleo, bajos salarios, pobreza creciente, deterioro de los servicios de educación y salud, así como el de la cada vez menos accesible vivienda digna para todos.

Arropada esta percepción en un clima político preñado de un interminable perder el tiempo en una guerra sin cuartel, en la que los frentes abiertos, cual hongos se multiplican día con día.

Si lo que se pretendía con un discurso acorde con lo que la gente deseaba escuchar, era el justificar carencias y desorden administrativo como nefasto legado del saqueo y gobierno fallido de los sexenios previos, el tiro salió por la culata; el tremendismo se desinfla ante una opinión pública que se da por defraudada.

Hasta ahora, las necesidades cotidianas y el incumplimiento de lo ofertado en campaña se imponen por sobre el discurso oficial; los buenos deseos de la minoría que sufragara a favor de la alternancia van quedando atrás, desconfianza y pérdida de expectativas de cambio se generaliza.

Si el dilema es no poder en el ejercicio del poder, aún es tiempo de corregir y enderezar el rumbo, gobernando para todos sin distingo y sin prejuicios. El pasado es pasado; tan necesario como urgente es construir el presente si en algo se valora el futuro para las nuevas generaciones. Veracruz está a la espera.

Xalapa, Ver., 15 de febrero de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los que saben del asunto de la guerra dicen que lo trascendente en toda conflagración bélica no es el ganar o perder una batalla sino ganar la guerra. Y si como dicen los conocedores del paño, “la guerra es la política por otros medios”, bien podría establecerse como válido que en la política electoral es quien gana la guerra y no una batalla el que a la larga se hace merecedor al triunfo.

Bajo esta lógica, y atendiendo que el pasado domingo se diera inicio formalmente a la carrera electoral que desembocará en las urnas el 4 de junio próximo con la elección de alcaldes en los 212 municipios veracruzanos, cabe considerar que el PAN-PRD y MORENA, los dos grandes contendientes a enfrentarse con relativo éxito, se encontrarán en la tesitura de ganar o perder una batalla en el largo camino de ganar la guerra.

Por ahora y en lo que toca a la vida política postduartista de la entidad, la alianza PRD superó a Morena ganando la batalla por la gubernatura de dos años, más no la guerra; debiendo refrendar su triunfo parcial en la batalla por las alcaldías veracruzanas como prolegómeno para la gran batalla del 2018.

Por su parte, MORENA estará en la obligación de ganar la batalla parcial en el presente proceso electoral si quiere aspirar al triunfo de la guerra en el 2018, alzándose con la gubernatura local y la presidencia de la república.

Siempre bajo este orden de ideas, habría que considerar si alguno de los dos grandes contendientes tiene conciencia plena del con que armas cuenta no para ganar batallas, sino de manera relevante para ganar la guerra no a nivel nacional que es otro cantar, sino en territorio veracruzano.

Y es que bajo mi punto de vista personal, bajo esta óptica habría que analizar los pros y contras en el abanico de posibilidades reales de ganar la contienda, más que en los actores que de manera destacada circunstancialmente en ella participan.

Para empezar, habría que partir de si ambas fuerzas electorales tienen en mente ganar la guerra o sólo contiendas parciales; no por la intencionalidad que en eso no hay duda, ambas aspiran a la sucesión del enterrador del PRI en la presidencia de México, pero los buenos deseos no bastan, se requiere algo más que buenas intenciones y es aquí en donde a mi juicio la alianza PAN-PRD en Veracruz está en desventaja frente a MORENA.

A la cabeza de dicho contubernio sui generis de intereses locales en el que el sol azteca va sobre la espalda del blanquiazul, se ubica al actual mini gobernador Yunes Linares, cuya visión de mediano y largo plazo es prácticamente nula al estar obsesionado más en atacar fantasmas del pasado que en gobernar con visión de futuro.

Al frente de las huestes azul-negro amarillas, no tiene nada que ofrecer a una sociedad ávida de cambios que positivamente pongan al alcance de los electores mejores condiciones de vida material, política y social. No existe, cuando menos en el discurso, un proyecto-programa de acción que apunte al mediano y largo plazo; el quehacer político se reduce a una coyuntura inmediatista en el que el objetivo último es borrar del mapa a las corrientes fidelistas y duartistas enquistadas en la administración pública estatal y municipal. Ya mañana Dios dirá.

Por el contrario, MORENA –siempre a la luz del discurso- tiene más claro que el objetivo último es ganar la guerra y no solamente batallas aisladas; ofertando al electorado lo mismo hipotéticas respuestas a la coyuntura que se vive en Veracruz que expectativas, más o menos viables de florecer, plasmadas en un nuevo proyecto de nación enmarcado por un escenario internacional fuente permanente de incertidumbre, descontento y hartazgo ciudadano; vinculando el sentir popular frente a un gobierno local transitorio, “zombi” con poco dinero en efectivo y mucha deuda e incapaz de auspiciar crecimiento y desarrollo, con el pésimo gobierno priísta de Peña Nieto que lastima lo mismo inteligencia que el bolsillo de las mayorías.

Líneas arriba insisto en que mi apreciación se sustenta en el discurso-mensaje político electoral. Los hechos concretos están aún por verse en el marco de la terca realidad, toda vez que depende en mucho el que MORENA sepa capitalizar a su favor la batalla del 2017, aglutinando a la mayoría electoral en torno a democracia e inclusión en su base militante y corriente de simpatizantes para convencer a los indecisos; implicando esto el mayor esfuerzo por seleccionar a los mejores candidatos con amplia aceptación a las gubernaturas edilicias. Y aquí es donde, a mi juicio, la marrana tuerce el rabo, cuando el discurso no se hace acompañar por una praxis congruente y consecuente menospreciando a las bases y pragmáticamente recurriendo a prácticas antidemocráticas y antipopulares presuntamente superadas, dejando en manos de Andrés Manuel López Obrador la última palabra, cuando es evidente que este desconoce antecedentes, probada militancia y nivel de compromiso para con el partido y ciudadanía de la mayoría de los que -dejándose llevar por lo que la dirigencia estatal recomienda-,  con su dedo señale como precandidatos y candidatos en su momento a contender por las alcaldías.

En las filas de MORENA ni están todos los que son ni son todos los que están, dejando abierta la puerta de acceso a oportunistas de toda laya como le consta a los veracruzanos, y en ello debe poner atención tanto el líder moral del partido-movimiento como la dirigencia nacional, evitando lastimar a una militancia auténtica que a brazo partido se ha rajado el cuero acompañando a López Obrador en la lucha por la soberanía nacional y defensa del petróleo desde el 2006.

Mostrar el músculo, evidenciando la fortaleza de MORENA frente a la alianza PAN-PRD como gobierno local,  como se observara el pasado domingo en la capital veracruzana, no basta si el objetivo último es ganar la guerra. Por si no lo sabe Andrés Manuel, un buen de veracruzanos ya aprendió a leer entre líneas; cansados y agotados están de más de lo mismo y este malestar se inicia y concreta a partir de los gobiernos municipales.

Ganar una batalla a cualquier precio puede significar el perder la guerra.

Hojas que se lleva el viento

En plena incertidumbre y a goteo las arcas públicas en materia de convenios de comunicación y propaganda, la mayoría de la prensa veracruzana añorando el pasado da palos de ciego en torno a la vida política de la entidad; aspirando entre sueños al retorno a un pasado que Yunes Linares pretende sepultar. Solo así se explica que el cada vez más estrecho círculo priísta siga figurando de manera relevante en notas de prensa y columnas políticas, dándole más importancia que la que en la realidad tiene o pretende tener. Situación inercial que habrá de reflejarse durante el Foro “Medios de comunicación, comunicadores, libertad de expresión y derecho a la información”, que se realizará los días 13 y 14 de febrero en las instalaciones del Congreso del Estado y convocado por Instituciones de educación superior, públicas y privadas de la entidad.

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Si el gobernador veracruzano Miguel Ángel Yunes Linares no alcanzó su propósito de “cimbrar a México”, Andrés Manuel lo logró con creces con tres magnas concentraciones en Michoacán, Estado de México y Veracruz en las que se ratificara el “Acuerdo político de unidad por la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México”. Confirmándose la amplia ventaja del tabasqueño rumbo al 2018 y un PRI que se desdibuja en el escenario nacional.

Y a propósito de Don Miguel Ángel, ni la burla perdona al afirmar que la prioridad de su administración es “Combatir la pobreza y el rezago social… por lo que se mejorará la calidad de vida de un millón de familias en materia de alimentación, salud, vivienda, educación y bienestar”. Ni dinero ni tiempo, tampoco claridad respecto a lo que en Veracruz representa pobreza y desigualdad, pero sí tremendismo mediático de un triunfalismo sin sustento. Javier Duarte al inicio de su mandato afirmó lo mismo, sólo que con mayor modestia, pues sólo se comprometió a reducir la pobreza en un 50%.

Xalapa, Ver., febrero 8 de 2017

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