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Category Archives: Javier Duarte

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No cabe ya ninguna duda. Nos saquearon, esta realidad es ya del dominio público. Doce años viviendo bajo un clima de simulación, engaño e impune corrupción salpicada de violencia criminal inseguridad e indefensión, arrojan resultados que hoy no sólo son motivo de indignación, también y eh aquí lo sustantivo, de un desastre en todos los órdenes de la vida económica, política y social de Veracruz. Doce años de gobiernos priístas que dejan como legado una entidad federativa de rodillas y sin visos de recuperación en el corto plazo.

Realidad inobjetable  que obliga  a reflexionar sobre lo que el futuro inmediato depara a Veracruz con el mini gobierno de dos años. ¿Será esperanzador como machaconamente insisten quienes confían en las bondades  que traerán consigo la alternancia política con un gobernador de extracción panista, o todo lo contrario?

¿Será que a los doce años de nefasto gobierno le seguirán otros dos de más de lo mismo?

Expectativas y dudas se entrecruzan, entretejiéndose y retroalimentándose entre sí. Nada hasta ahora indica que las expectativas de cambio tengan asidero creíble; tampoco las dudas se disipan. Todo, en el amplio contexto de un país en crisis,  pareciera anunciar  mayor incertidumbre en torno al que, cómo y con qué,  el nuevo gobierno estatal afrontará una realidad a todas luces adversa,  lo mismo en los terrenos de la economía que en las empantanadas aguas de un tejido social que, pese a la resistencia de amplias capas de la población que se niegan a dejarse arrastrar,  tiende a profundizar su descomposición.

El desánimo no es poca cosa, ni disminuye en sus alcances, cuando día con día, pareciera no tener fin el atascadero en que nos metieran los peores gobernantes que Veracruz ha padecido.

No bastan las buenas intenciones, voluntad política y pretendida apertura democratizadora. El reto es mayor y el tiempo juega en contra de la alternancia en una coyuntura por demás compleja; conforme pasan los días el juego entre acreedores que exigen pago oportuno y las disponibilidades del erario estatal para cumplir en tiempo y forma, topan con pared frente a los recortes presupuestales de la federación para el 2017,  conformando una nueva y no prevista circunstancia que pone en una clara desventaja al sucesor de Duarte de Ochoa.

Esto sin considerar el hecho de que Veracruz navega entre las turbulentas aguas de un régimen político caduco que a nivel nacional hace agua. Marco referencial en cuyo contexto Miguel Ángel Yunes Linares tendrá que optar entre el someterse a la estrategia autoritaria y empobrecedora del gobierno de Peña Nieto o, en su defecto, responder a las demandas crecientes de una población cansada de un atole con el dedo que ya no le satisface, incrédula y harta de políticas públicas que anticipan más corrupción, más impunidad, saqueo y pobreza que el deseable bien común.

A lo que habría que agregar que la alianza PAN-PRD está respaldada electoralmente por una minoría, insuficiente para dar soporte a una pretendida democratización de la sociedad veracruzana, acotada, como todo proceso presuntamente democratizador que fluye de la cúpula a la base, por los intereses de antigua data o de reciente creación, que determinan el quehacer gubernamental.

La minoría gobernará a las mayorías y estas, subordinadas, bailarán al son que se les toque desde palacio de gobierno ¿o transitarán contracorriente? Es una incógnita por despejar.

Nadie en sus cabales, desea que le vaya mal a Veracruz. En el barco siniestrado vamos todos. Luego lo deseable es que el por ahora gobernador electo, frene y ponga fin a tanta corrupción impune,  ineficiencia e ineficacia de una administración pública saqueada, limpie y ordene la casa y pague lo que como gobierno se debe, creando el mínimo de condiciones para un ulterior rescate que saque a la entidad de su actual postración. Empero, si dos años son pocos para la tarea, con mayor razón si a los 24 meses del nuevo gobierno, le restamos los que obligadamente se destinan a las campañas políticas del 2017 y 2018, habida cuenta de que si algo distrae y aleja a los servidores públicos de sus responsabilidades  es la grilla electoral, la especulación futurista y el todos contra todos entre partidos políticos y candidatos. Tiempos perdidos que la voluntad política y buenas intenciones del mini gobierno no subsanaran.

Luego cabe entonces anticipar negros nubarrones más que un esperanzador amanecer. Espero, deseando mejor destino para Veracruz, estar equivocado en mi percepción. El tiempo lo dirá.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 7 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Javier Duarte de Ochoa

Javier Duarte de Ochoa

Tras un prolongado y madrugador pre proceso electoral 2016, formalmente arranca la contienda por la absurda minigubernatura de Veracruz que, de manera arbitraria, el congreso local le aprobara a Javier Duarte. Pre proceso que entre otras cosas, a más de desgastante, se viera descarrilado por el propio gobernante en su afán de dar continuidad al proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán. A ello se suma el estira y afloja en torno a la designación de candidatos a la diputación local que entre otras cosas, habrá de calificar la elección de gobernador.

En consecuencia y en congruencia con usos y costumbres veracruzanos, toda la atención de la llamada clase política y por lo consiguiente la prensa de la entidad, está puesta en el proceso que iniciando el pasado lunes está arropado por un clima negativo de especulación, chismes y rumores, lo mismo al interior de los partidos contendientes que al exterior de éstos. Bombardeando con dimes y diretes a un electorado potencial que, por principio mirón de palo, se mantiene al margen alimentando lo mismo desconfianza que rechazo a una actividad político electoral que no le merece credibilidad.

Incredulidad, desconfianza y rechazo que se ha ganado a pulso una partidocracia simuladora y rapaz, alejada de los intereses más caros de una ciudadanía que no se siente representada en la toma de decisiones que le competen.

Aspirantes y expectativas en el arranque

Son tantos los que queriendo alcanzar la gubernatura estatal, aspiran a la soñada nominación como candidatos por sus respectivos partidos o por la vía de candidatos independientes, y hasta sin registro oficial, que el arranque del proceso es un verdadero galimatías en el que lo único que genera en la percepción ciudadana, es que todos aspiran al poder por el poder mismo. Mucho ruido mediático y pocas nueces en el sube y baja de personajes conocidos unos y desconocidos otros para la población, que el objetivo central que debería importarnos, como es el rescate y reconstrucción de Veracruz se pierde en el río de tinta vertido para hacer pesar mediáticamente a uno u actor beligerante..

Acostumbrados a la rancia dinámica inercial del juego electoral, todo se hace girar en torno a los personajes que de manera directa o indirecta, cuentan con mayores posibilidades de éxito en su propósito. Lo mismo para ensalzarlos que para exaltarlos o denostarlos y descalificarlos, a la par que éstos, afanosamente muestran el músculo con la clásica movilización y concentración de simpatizantes y presuntos seguidores ávidos de escuchar y aplaudir el manido discurso, preñado de promesas y lugares comunes, incluído el hoy de moda que habla de crítica y distanciamiento para con el gobernador fallido.

Paradójicamente, aspirantes, seguidores y amanuenses a modo, coinciden en destacar del discurso la hueca alusión al cambio y rescate, enriquecida con la vana promesa de ejemplar castigo para los prevaricadores. Paradójico, en tanto que cambio, rescate y reconstrucción no pasan por la vía electoral ni los aspirantes se expresan con claridad en lo que para cada uno significa el sacudir a Veracruz de su marasmo y ponerlo en el camino correcto, con más ánimo de expresar lo que la audiencia quiere escuchar que de tomar con autenticidad el toro por los cuernos.

Verdadera Torre de Babel que anidada en el ruido mediático, hace de la palabra hablada o impresa cortina de humo tras la cual se oculta ausencia de voluntad política para afrontar con seriedad y al costo político implícito, las tareas que exige un proceso real de cambio y tranformación para la entidad. Lo cual dentro de la turbiedad de la contienda electoral que desembocará en la elección de julio del 2016, resulta hasta cierto punto lógico. Nadie en sus cabales se comprometería a transformar la realidad presente con un límite de tiempo acotado, en el mejor de los casos, de no más de 15 meses calendario.

Y tan es así esto último, que no hay nada que verse sobre propuestas fundadas en un diagnóstico puntual, sectorial y regional, a partir del cual trazar un curso de acción viable cuando menos para crear las condiciones necesarias para que, en los años posteriores al absurdo de dos años, se cuente lo mismo con brújula que con rumbo cierto para encauzar a la entidad en las tareas del crecimiento y desarrollo. Esto bajo la premisa de que las finanzas quebradas de la administración pública no constituirán palanca alguna para un plan o programa aceptable para limpiar el cochinero, antes al contrario.

Pero aún hay más. No basta con un buen diagnóstico del estado que guarda la vida económica y social de la entidad para sustentar un plan emergente de gobierno. A ello obligatoriamente habría que sumarle en previsión, las tendencias más generales de la estrategia neoliberal peñista que inciden o no para avanzar o retroceder y, con mayor razón, aquellas tendencias que en el marco del mundo globalizado, amenazan al todo y, por ende a las partes, con transitar por un periodo de tiempo no cuantificado de estancamiento, recesión y deterioro social que a partir del 2016, condicionan la marcha de la sociedad planetaria.

Sin este marco de referencia, sea cual fuere el llamado a gobernar a Veracruz en el mini periodo de dos años, a juicio de quien esto escribe, toda propuesta, programa o promesa no pasaría más allá de un simplista onanismo retórico y esto, es desafortunadamente lo que a estas alturas se alcanza a percibir lo mismo en partidos, coaliciones y aspirantes a candidatos que en el coro mediático. Lo cual debería parecernos grave y preocupante en tanto el futuro de Veracruz nos atañe a todos.

El V informe

Y es en este escenario turbio y desalentador que Javier Duarte de Ochoa, en un acto más de triunfalismo sin sustento y exaltada simulación, rinde su V informe de gobierno sin el mínimo de honestidad y conocimiento de causa de una realidad que le rebasa y abruma. Con el más bajo índice de aceptación, popularidad y credibilidad, el gobernante fallido se exhibirá desnudo ante sus gobernados, firmemente convencido de que vistiendo atuendo de finos hilos de oro y pedrería sin par, justifica la prosperidad de los veracruzanos que sólo anida en su mente desquiciada

Y al final del día, prolegómeno del nuevo año de mal gobierno, despilfarro, corrupción impune y desvaríos, de su V informe sólo quedará en el imaginario colectivo la interrogante de donde quedó el dinero que hoy es deuda.

Xalapa, Ver., 14 de noviembre de 2015.

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 Enrique Olivera Arce

La solidaridad nos hermana. Con reconocimiento y afecto para Aurelio Contreras Moreno. Un periodista más sufriendo los embates de lo absurdo.

Caray, en todos lados se cuecen habas y la sensación de inseguridad es la constante.

Si no es por una cosa es por otra que la sociedad no está tranquila, aunque hay de inseguridad a inseguridad, pues lo mismo tiene que ver con corrupción e impunidad y violencia desatada sea por un fenómeno natural catastrófico, o de criminalidad consecuencia del deterioro lo mismo del tejido social que del estado de derecho, que la que provoca en el ánimo de la gente un salario que no alcanza para maldita la cosa , el no tener lo suficiente para atender la salud y educación de los hijos o el pago de la hipoteca.

Sea cual fuere la causa, motivo o razón, la sensación de inseguridad o su materialización, se hace presente en todos lados y sin distingo de estrato social, militancia partidista, o lugar de residencia; haciéndose acompañar por la terca incertidumbre del no saber a ciencia cierta que nos depara el mañana, cercano o lejano pero siempre incierto y azaroso.

Como carga no deseada y de la cual no podemos desprendernos, guarda estrecha relación con el cómo y a que grado se percibe; cómo nos afecta en lo individual y colectivo, o bien, como pretendemos ignorarla para hacernos menos pesada la existencia.

Pareciera que como muchas otras cosas que no alcanzamos a entender del todo, lo más cómodo es aceptar que la inseguridad es permanente compañera de camino de la naturaleza humana. Nada es seguro, todo es incierto y vencer la percepción o sensación de inseguridad es el pan nuestro de cada día. Enfrentarla y atemperarle es el reto y tarea cotidiana.

Toda esta verborrea viene a cuento mientras leo, por un lado, que en Veracruz o en Tamaulipas la percepción de inseguridad frente a la violencia criminal, venga de donde venga y sea cual fuere su grado o intensidad, cobra prioridad en la jerarquización de preocupaciones de la gente. De esta percepción se alimenta lo mismo el discurso oficial que el río de tinta que vuelcan los medios de comunicación para estar en sintonía con las audiencias. Nada pareciera ser más importante que la amenaza desquiciante directa o indirecta de ser víctima de una violencia desbordada en la que hombres y mujeres de a pie se ven reducidos a “daño colateral”.

En tanto que, en otras latitudes, como es el caso de la sociedad yucateca, en el imaginario colectivo la amenaza que genera inseguridad, es aquella que atentando contra la salud de las personas, gira en torno al piquete de un mosquito infectado y trasmisor del dengue o más grave, de la fiebre chikungunya. Esta amenaza toca todos los hogares, pobres o ricos, ocupa un lugar privilegiado en los medios de comunicación, y es motivo de preocupación lo mismo en autoridades y partidos políticos, que entre empresarios y académicos.

Nada hoy día inquieta más a los yucatecos y a los que sin ser nacidos en estas tierras peninsulares radican en esta entidad federativa, que ser una víctima más de la chikungunya. De ese tamaño es la paranoia colectiva y de ese tamaño es la capacidad para minimizar o ignorar amenazas de otra índole, que las hay.

Luego todo es relativo y, en este mosaico plural y diverso que es México, como en la Viña del Señor, hay de todo, todo cabe, y todo es posible. Si no es el piquete de un mosquito otra cosa será, pero la inseguridad al igual que la corrupción impune, está presente y nos iguala alimentando nuestros miedos.

Hojas que se lleva el viento

Tal es nuestro estado de sumisión frente a un régimen político que nos mantiene secuestrados, que ante la catástrofe de un gobierno fallido como el de Veracruz, la sociedad espera que sea el gobierno federal el que venga al rescate poniendo a Javier Duarte a buen recaudo. El gobernante y sus marionetas lo saben y en consecuencia actúan como actúan, burlándose lo mismo de las instituciones republicanas que de la voluntad mayoritaria de una población que, en su descontento y hartazgo, es incapaz de hacer valer el papel que la democracia representativa le asigna como mandante. Que pena. Así, no tiene ningún sentido la queja, la crítica o la denuncia, si como pueblo no estamos dispuestos a considerarnos ciudadanos y actuar responsablemente tomando al toro por los cuernos.

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De lo que podemos estar seguros y no hay indicios de que las cosas sean diferentes, es que en Veracruz el proceso sucesorio que desembocará en la elección para dos años del sucesor del Sr. Duarte de Ochoa, se descarriló en medio del pantano, reduciéndose a un pedestre pleito callejero en el que de todo se vale. Ofreciendo la vida política en la entidad, a propios y extraños, nauseabundo escenario en torno al cual gravita lo mismo la crisis económica, el creciente deterioro social o las finanzas públicas quebradas de un gobierno inconsecuente y fallido. En este marco, quien parece llevar la peor parte es el partido en el gobierno, habiéndose fracturado y derrumbado gracias a los buenos oficios del gobernador, lo ganado por los senadores tricolores en su proselitismo adelantado, quedó atrás, reducido a frases hechas, falsas denuncias y afán desmedido por decir lo que los veracruzanos lastimados y ofendidos, quieren escuchar. La idea de rescate de una entidad federativa siniestrada, es letra muerta y, frente a Yunes Zorrilla y Yunes landa, Juan de los Palotes en medio del desmadre generalizado se siente con tamaños para contender por la minigubernatura. Facil, sólo hay que subir al ring de barriada y entrarle al intercambio de mordidas y piquetes de ojos.

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Ciego e insensible a todo lo largo de su vida pública, Javier Duarte de Ochoa pareciera estar despidiéndose de los veracruzanos, haciendo público su “legado histórico”.

Sin tener la menor idea de lo que sucede en su entorno y el mal que con su pésimo desempeño causara a Veracruz, el aún gobernador evidencia que el revoloteo de mariposas en su cerebro ya no le permite el afrontar su mandato con lucidez y responsabilidad. Sólo en un estado grave de insanía mental es posible afirmar que la administración pública veracruzana en los tiempos que corren es sólida y confiable. Y que ello constituye el legado que se deja a las nuevas generaciones.

Triunfalismo sin sustento en medio del desorden administrativo, endeudamiento que raya en el absurdo y corrupción impune, ha sido la constante del paso de Javier Duarte en el servicio público. Así lo registra la realidad real y así quedará inscrito en la historia de Veracruz. Este es el legado que los veracruzanos perciben, dejará el mandatario cuando de manera pública y expresa en amplios círculos de la sociedad se exige renuncie y deje el paso libre a un proceso sucesorio lo más pacífico y constructivo posible.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2015.

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J. Enrique Olivera Arce

En memoria de los próceres socialistas del agrarismo veracruzano.

Suele decirse que los toros se ven mejor de lejos. Para quien esto escribe cobra plena vigencia el decir popular cuando, desde la apacible y dinámica capital yucateca, a distancia se observa de conjunto el desgarriate que se vive en Veracruz. Si ya de sí es grave el estancamiento de una economía en la que de manera negativa inciden finanzas públicas quebradas, más grave aún resulta el que la política política lejos de contribuir a su rescate, sea un factor más en la agudización de su deterioro.

Se insiste en ver el árbol y se pierde de vista el bosque, generándose un círculo perverso en el que por sobre el interés más general de Veracruz y sus habitantes, predomina el interés coyuntural, personal o de grupo, en la búsqueda del poder por el poder, sin parar mientes que con ello lo que se está perdiendo es precisamente el poder que deviene del ejercicio de la política, cediéndole terreno a una crisis generalizada que lastima y deteriora aún más al tejido social en la entidad.

Resultando una verdadera paradoja el que en los círculos del poder político se hable de crisis, sin aceptar que se está parado sobre ella y no precisamente como un fenómeno sistémico globalizado. Como es el caso del gobernador veracruzano que sin el menor pudor nos dice que “Veracruz, está preparado ante el panorama económico mundial previsto para 2016”. Afirmación que no se puede entender como uno más de los desbarres en que incurre un mandatario tan ignorante como simulador, sin caer en la misma actitud de ligereza y estupidez de quien lo expresa.

Javier Duarte, y así a mi juicio deberíamos entenderlo, con su cortedad de miras en el discurso refleja el desconocimiento casi generalizado de lo que se debe entender en el marco de la crisis sistémica globalizada, como panorama económico mundial adverso. Tal desconocimiento a su vez implica el no reconocer que la crisis sistémica multidimensional tiempo ha que llegó para quedarse, lo mismo en México que en la entidad veracruzana y, por lo consiguiente, el no estar preparados para mayores descalabros económicos y con estos, un mayor deterioro del tejido social. Insisto, por lo que se observa y se vive día con día en la entidad veracruzana, tanto la crisis económica como sus nocivos efectos de desigualdad, pobreza y violencia, se ignora por aquellos que desde el poder público deberían prender la alerta roja y tomar medidas para paliarla.

La economía veracruzana está inmersa en una espiral crítica negativa, y no necesariamente como consecuencia de 10 años de un pésimo gobierno. Existen elementos históricos que muestran fehacientemente que el atraso, estancamiento y retroceso vienen de muy atrás, configurándose como factores estructurales y no como un fenómeno de coyuntura derivado de cuatro lustros de corrupción y saqueo en las esferas de la administración pública. Ejemplo de ello, entre otros elementos a considerar, es la quiebra de la industria azucarera, la pérdida de valor de la ganadería extensiva, y la venida a menos de la actividad pesquera predominantemente artesanal.

Esto sin considerar el estancamiento de las manufacturas, la construcción, y pérdida de dinamismo y valor cuantitativo y cualitativo de la extracción petrolera. (Leer a Hilario Barcelata Chávez).

Javier Duarte, desde su campaña como candidato a la gubernatura, lo ignoró, e impuso una visión triunfalista sin sustento, que ha mantenido a lo largo de su gestión. Bajo esta prospera premisa, la clase política en su conjunto se desentendió de la economía y perdió de vista lo importante priorizando lo superfluo. Hoy de dientes para afuera, habla de crisis, sin entenderla ni reconocerla, circunscribiéndola al ámbito de las finanzas publicas, en el marco de la política política y en el escenario de la sucesión en el gobierno de Veracruz.

El gobernador Duarte de Ochoa y quienes aspiran a sucederle, en su discurso así lo reflejan, independientemente del estado de insanía que, resultante de impotencia y ausencia de capacidad de maniobra para administrar el conflicto político de la sucesión, viene aquejando al fallido gobernante.

Así las cosas, desde lejos es posible percibir de conjunto que en Veracruz dentro del mismo costal conviven la crisis económica, la crisis política y la crisis mental de quien gobierna, haciéndose una, cada vez más profunda que atañe a todos los veracruzanos.
Lo verdaderamente grave, es que del interior del costal se pretende salga el sucesor de Javier Duarte, con lo que se cerraría el círculo perverso que irremediablemente conduce al más de lo mismo… Hasta que el cuerpo social aguante.

Hojas que se lleva el viento

El consenso cada vez más amplio y justificado en torno al tema de los normalistas de Ayotzinapa, es apenas la punta del iceberg de un movimiento generalizado de resistencia que se opone lo mismo al modelo neoliberal de país que a un régimen político caduco que se sostiene con autoritarismo, represión y violencia. La respuesta nacional a la infortunada frase del Sr. Peña, afirmándoles a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos que “está del mismo lado”, es apenas un pálido reflejo de lo que está anidando en el imaginario colectivo.

-ooo-

27 de septiembre de 2015, fecha que se inscribe en la memoria histórica como el día que formalmente, entre acarreo multitudinario, bufonadas y chistoretes, se dio sepultura a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de Veracruz y, con ello, compartiendo la misma tumba, al ideario, programa y banderas socialistas del agrarismo mexicano.

Cd. Caucel, Yuc., a 30 de septiembre de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Partiendo de la idea de que el sexenio duartista está agotado, no creo tenga sentido seguir dándole vueltas a la noria en torno al enlodado par de tenis colgados a la puerta de palacio. Hoy más que nunca los veracruzanos debemos dejar atrás el ominoso pasado reciente y poner el énfasis en lo que sigue, el rescate de un Veracruz postrado que exige de sus hijos el mejor esfuerzo, la más diáfana visión de futuro y el compromiso de sacar, entre todos, al buey de la barranca.

¿Se podrá dar este paso adelante?

Es lo que me pregunto al observar a un pueblo dividido y apático, más no por ello entregado lamiendo sus cadenas. El malestar, la indignación, el hartazgo y rechazo al actual estado de cosas en cada vez más amplios sectores de la población, mantiene viva la resistencia pero, no basta resistir, hay que pensar, proponer, rescatar lo rescatable, construir y elevarse por sobre la mediocridad de una clase política que renunciando a su papel en la búsqueda del bien común, fiel a su dinámica e intereses poco claros, nos mantiene en calidad de infantes secuestrados

Reflexión nocturna que no por simple elucubración de un tundeteclas trasnochado, deja de cobrar vigencia como uno más de los muchos buenos deseos de acompañar a Veracruz en la búsqueda de mejor destino. Es el confiar en la fuerza del nosotros por sobre la debilidad del yo, individualista, domesticado y esteril.

Como reflexión para mis adentros está bien, pero a lo nuestro.

El tratar de entender que pasa en nuestro entorno doméstico y nacional bajo el encuadre de una crisis que abarca la globalidad del mundo, no prevista por quienes nos gobiernan o deshonestamente ignorada, para hacer del saqueo paradigma de proyecto de país al que debemos someternos.

Y es en este marco que no deja de preocupar la obviedad del hecho de la imposición de reformas y políticas públicas que, a más de no estar sustentadas en un diagnóstico serio y a profundidad de lo que es México, hoy y lo que ha sido a lo largo de su historia, ignoran el pensar y el sentir de las mayorías. El triunfalismo sin sustento que perdiera al gobernador de Veracruz y el que nos ofrece Peña Nieto en su mensaje relativo al Tercer Año de mandato, lo confirma.

Haciendo caso omiso de la realidad real y de la historia que le retroalimenta, el proyecto de nación neoliberal va, al precio social que haya que pagar y sin prever las consecuencias, igual que como tampoco hubo talante previsor frente a la globalidad de un mundo y un sistema económico y social en crisis Es un catarrito temporal, dijo Cartens en su momento y, sobre esa imprevisión se dejó correr el tiempo y se pactaron con la complicidad activa de la partidocracia, las reformas presuntamente estructurales. El catarrito diagnosticado en el sexenio de Felipe Calderón, resultó ser neumonía y el parasetamol institucional aplicado desde los inicios del gobierno peñista, para la administración y control de daños, remedio equívoco e insuficiente para minimizar y paliar las consecuencias en un México que hoy por hoy se escurre entre los dedos.

Cartucheras al cañón, quepan o no quepan, dijo Peña al congreso cortesano, y las reformas van contra corriente, sin freno a la vista que se oponga a la caída. La debacle económica marcha de la mano de la profundización de la crisis institucional, acunando más desigualdad, más pobreza, más violencia, más corrupción y más impunidad, en medio de un estado de derecho que no merece credibilidad y confianza.

Contra todo y contra todos, las reformas van, insiste Peña Nieto y, en concordancia, de facto y antes de anunciado el esquema de zonas económicas especiales, el titular de la Sagarpa indica que por instrucciones de Los Pinos, las reglas de operación de los programas a su cargo, “se modificarán para bien”… buscándose “convertir los subsidios asistencialistas en incentivos a la productividad, impulsar y hacer barato el crédito, fortalecer la tecnificación de riego y la modernización del agro, innovación tecnológica e integración de cadenas de valor y ordenamientos de mercado”. Sin aclarar sobre que agro habrá de actuarse, habida cuenta de que en el México rural conviven la propiedad social y privada de la tierra, así como formas de vida tradicional y “moderna”, predominando la pulverización parcelaria, la agricultura de temporal y de autoconsumo, la pesca artesanal ribereña, la explotación irracional de nuestros bosques, así como usos y costumbres ancestrales en la producción de alimentos.

No. A espadas de esta realidad, el Estado mexicano implementará reformas tendientes a modificar la estructura agraria de México, por decreto y desde arriba, pretendiendo lograr que los productores con más saliva se traguen el pinole, excluyendo a los menos aptos y menos competitivos hoy aferrados a una parcela antieconómica que no concurre al mercado con la eficiencia y eficacia que demandan los circuitos mercantiles. El campo al servicio del mercado bajo las reglas del mercado, en la que el Estado, al margen, premiará a los ganadores, como de facto ya sucede en el sector agropecuario, forestal y pesquero “moderno”, de alta concentración de capital e innovación tecnológica.

Morelos y Zapata son historia no considerada. La tierra será de quien la trabaje bajo esquemas de dominación propios de la hacienda, ahora neoliberal, reduciéndose el papel de nuestros campesinos minifundistas, mano de obra barata, a simples siervos acasillados del gran capital doméstico y extranjero.

Y en esta escalada tendiente a borrar todo vestigio de reforma agraria cardenista (por “populista”), la política económica sometida a los designios del mercado global, se hace acompañar de una política política llamada a polarizar aún más a la sociedad mexicana. O estás con el Estado neoliberal o estás en contra y a favor del populismo de Estado, es el mensaje de Peña Nieto. No hay medias tintas, enfrentando al México bronco de los desposeídos con el México de una minoría que, respondiendo a recetas extralógicas, le apuesta a destiempo a la modernidad privatizadora y empobrecedora del primer mundo.

Y las reformas van, no hay vuelta de hoja en el proyecto transexenal pactado entre poderes fácticos y partidocracia. Cueste lo que cueste y se oponga quien se oponga es el mensaje. Hasta que la terca realidad -parafraseando a Carlos Puebla-, mande a parar haciendo prevalecer, como en los territorios libres zapatistas, el mandar, obedeciendo la voluntad del nosotros por sobre el egoísmo individualista del yo que anima y retroalimenta el proyecto peñista del absurdo.

Hojas que se lleva el viento.

Me pregunto si el deterioro del tejido social es reflejo de una clase política insensible, corta de miras y excluyente o, a la inversa, si la clase política es reflejo, consecuencia objetiva del deterioro de una sociedad conformista e incapaz por sí misma de dejar atrás el dejar hacer dejar pasar, y comprometerse por un cambio positivo que coloque al país en el camino del progreso y el bienestar equitativo para todos. Mi reflexión personal no encuentra respuesta ni está a mi alcance dilucidar en qué momento sociedad y su llamada clase política, se hicieron uno para conformar un único proceso de deterioro que en todos los órdenes se vive en México.

Mi amigo Melitón Morales Domínguez, director y propietario de la revista Análisis Político, con una experiencia de 37 años en la brega periodística, me dice que si quiero dormir a pierna suelta, a mi edad debo dejar de idealizar el bosque pensando que lo que cuelga de las matas de coco son peras y perones. Quizá tenga razón.

Xalapa, Ver., 3 de septiembre de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Esto de sumarse a la especulación y a los dimes y diretes que ocupa a los círculos políticos y medios de comunicación en torno a la sucesión del gobernador fallido en Veracruz, tiene su chiste, el secreto, a decir de los que conocen del paño, está en hacer coincidir el mensaje de nuestra particular bola de cristal con lo que la audiencia quiere escuchar, que al fin y al cabo en materia electoral todo cabe en un jarrito.

Quedando ampliamente demostrado que en el juego de adivinanzas, cualquiera puede participar sin temor a equivocarse, o todo lo contrario, pues siempre existe la opción de corregir, bien sea por un oportuno cambio de camiseta o bien, porque la audiencia giró 180 grados en sus preferencias…

Como también esta más que demostrado que una opinión favorable o adversa, para los aspirantes que sueñan con alcanzar la candidatura que les permitirá contender por la gubernatura de dos, cinco o seis años, según el caso, ni les va ni les viene. La especulación de aquí o de acullá les resbala. Estos ya tienen definida aspiración, estrategia, discurso, parafernalia y un buen de votos duros; salvo una verdadera catástrofe, no están dispuestos a enmendar la plana porque fulanito o zutanito en sus elucubraciones se orinara dentro o fuera del bacín en un legítimo intento por quedar bien con la audiencia, con el aspirante de su preferencia, o con el que paga dado el caso, como suele suceder en el aldeano quehacer periodístico.

Para el opinador, profesional o amateur, lo que cuenta es participar que por cierto, no cuesta; haciendo gala de más o menos un barniz de cultura política o, como dice un laureado columnista a sus inteligentes lectores, sabiendo conjugar el verbo en pluscuamperfecto para que el garabato guarde congruencia con artículo, adjetivo, adverbio y demás monsergas gramaticales que en los tiempos que corren ya están en franco desuso. Audacia es el juego y participar opinando en futuro perfecto es el contexto. El papel aguanta todo, audiencia y aspirantes a un cargo de elección popular también.

Tras esta brevísima introducción, en este escenario quiero decir a mis cuatro lectores (uno a favor y tres en contra) que tienen la suficiente paciencia para seguir generosamente mis maquinazos, que quien aquí especula al incursionar fuera de lo ortodoxo de la opinión generalizada de los profesionales, no necesariamente orinaba fuera del tiesto en textos anteriormente publicados, afirmando que la sucesión estaría determinada por el interés del Sr. Peña en consolidar y hacer trascender sus llamadas “reformas estructurales” –que a mi juicio no son tales sino simples recetas dictadas por los organismos financieros internacionales-, en un proyecto transexenal neoliberal, privatizador y empobrecedor. Ni compadres ni padrinazgos, tendrán cabida fuera de este propósito.

La cruda y amarga realidad presente, habla por sí misma. La designación antidemocrática de presidentes del CEN tanto del PRI como del PAN y seguramente del PRD que está por definirse, confirma que el llamado “Pacto por México” signado por el Sr. Peña y las principales fuerzas electorales de la derecha, sigue vivito y coleando. Las declaraciones cupulares de Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Anaya cerrando filas en torno al presidente y sus “reformas” neoliberales para evitar el retorno en 2018 del populismo de Estado, no tienen desperdicio. Sin medias tintas de por medio, claro y contundente el mensaje partidocrático dice al pueblo de México que contra todo, contra todos los que se opongan y a cualquier costo, el país seguirá transitando por el sendero neoliberal.

Más claro ni el agua de antaño, cristalina y potable. Las próximas elecciones de gobernadores deberán sujetarse al dictado del “Pacto por México”.

O se está con la fórmula presidencial o se está en contra y, en esta tesitura, la designación de candidatos del PRIAN y satélites, responderá a lo que más convenga al proyecto transexenal del poder real, representado formalmente en el gobierno por el Sr. Peña.

Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Anaya, serán los que en nombre del Sr. de Los Pinos dirán la última palabra en sus respectivos ámbitos partidistas. No pueden ni deben equivocarse al reagrupar el rebaño, el horno no está para bollos en un país que al borde del desastre día con día se le achica lo mismo el precio del petróleo que el presidente.

Lo paradójico es que en el caso del PRI el populismo al que se pretende combatir es la argamasa que da sustento al dinosaurio redivivo. Luego la búsqueda de la unidad en el seno del tricolor y en torno a Peña y sus reformas, será interna y de franco enfrentamiento a la dinámica inercial del asistencialismo populista y demagógico practicado por décadas. Lo que de antemano obliga a pensar que de aquí para adelante, el discurso proselitista ofreciendo y prometiendo el oro y el moro al ya volátil voto duro, entrará en franca contradicción con el propósito de unidad de un PRI que le apuesta por mandato presidencial a dejar atrás la sana distancia con quien manda en Los Pinos.

Y es en este marco en el que nos atrevemos a reiterar sin temor a equivocarnos, que por lo que toca a Veracruz, los candidatos del PRI y PAN-PRD, serán aquellos que más se identifiquen y comprometan con el proyecto peñista, al margen de padrinazgos y compadrazgos. Certeza que por cierto nos lleva a pensar que el deteriorado gobernador fallido no tocará baranda a la hora de proponer, votar o vetar, habida cuenta de que su pésimo desempeño cual cero a la izquierda, no abona nada a favor de los propósitos peñistas.

De ahí que será la tónica, intencionalidad y nivel de compromiso con las llamadas reformas estructurales del discurso, la que, para el mirón de palo en que nos ha transformado la democracia representativa simulada, sea la mejor señal de quien será el candidato de Peña Nieto-Beltrones, o de Peña Nieto-Anaya, para el mini gobierno de dos años en Veracruz en el 2016, esto como anticipo de lo que viene en el 2018.

Si nos equivocamos, no hay purrum, decía mi maestro de lenguas muertas. De eso se trata el pitorreo y especulación como sustento de la política como deporte estatal. Si la audacia es el juego en un juego arbitrado por la partidocracia y cuyo resultado final será dictado desde la cúpula de la pirámide, nuestros cuatro lectores no podrán echarnos en cara que le sacamos el bulto a opinar sobre una contienda electoral en la que como buenos ciudadanos de a pie, conjugando el verbo en pasado, presente o futuro, todos resultamos perdedores.

Hojas que se lleva el viento

El economista y político Rafael Árias insinúa que en materia electoral, todo es posible y, entre lo posible, el que una mujer, independientemente del partido que le postule, pudiera alzarse con la mini gubernatura de dos años en la entidad. El argumento, a mi juicio válido, es que las féminas de todas las clases sociales son mayoría en una sociedad regida por usos y costumbres machistas. No se puede hacer de lado que esta mayoría es cada vez más participativa, más preparada, más congruente entre lo que piensa, dice y hace en la vida pública o privada, e indudablemente mas consciente de la necesidad de enfrentar una terca realidad real cuyo mayor impacto social y económico se refleja en el creciente empobrecimiento de la familia y carencia de oportunidades para los hijos.

Lástima Margarito, le diría el clásico al maestro Árias. Las reglas del juego electoral diseñadas por una añeja partidocracia obsoleta, discriminatoria y excluyente sólo contemplan la inclusión de la mujer en actos simulados, como queda claro en la designación cupular de la Secretaría del CEN del PRI para los próximos años. Flor de ornato, diría la abuela.

Xalapa, Ver., agosto 19 de 2015.

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