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Category Archives: Neoliberalismo

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Conforme pasan los días estoy más convencido de que lo reiterativo del discurso de un Javier Duarte en sus patadas de ahogado, así como el de Yunes Linares, avivando el fuego en contra del gobernador fallido, la crítica, la denuncia y las mentadas de madre en las redes sociales, lejos de contribuir al rescate de Veracruz, le hunden más; haciendo las veces de cortina de humo, distractora en el proceso de toma de conciencia de los veracruzanos de la necesidad de pensar más en la crisis estructural que se vive y las medidas concretas para sacar a la entidad de su atraso y postración, que en una venganza social, puesto que no es otra cosa, en contra de los saqueadores que a lo largo de casi 12 años dispusieran a su antojo del erario público.

En primera y última instancia, de prosperar el espíritu de venganza encarcelando a los responsables del saqueo, esto no necesariamente significa que se van a recuperar los miles de millones de pesos que se presume fueron a dar al bolsillo personal de nefastos servidores públicos. Tampoco y no hay nada que pruebe lo contrario, se recuperará el tiempo perdido y, mucho menos, se rescatará a una economía estatal que a nivel nacional ocupa los primeros lugares en deterioro del aparato productivo.

Habría que insistir en la necesidad de repensar a Veracruz. No es posible seguir contemplándole con los ojos de un ayer que siendo historia no se corresponde con la realidad presente, como tampoco con las expectativas que para el futuro se plantea una sociedad insatisfecha y harta del más de lo mismo.

Veracruz y el entorno nacional e internacional dentro del cual la entidad se desenvuelve, se enfrentan a un cambio de época que ha tomado al mundo con los dedos tras la puerta. La profunda crisis sistémica de un neoliberalismo empobrecedor, aceleró la descomposición económica, política y social del capitalismo a nivel planetario, habiendo fallado, hasta ahora, las más de las teorías y fórmulas propuestas para su rescate y continuidad. La fractura en la Unión Europea, las elecciones presidenciales en USA y el interminable conflicto bélico en el Medio Oriente, dan cuenta de ello, conformándose una nueva realidad global que a su vez exige nuevos paradigmas en todos los órdenes.

Tan profunda es la crisis sistémica que, para algunos estudiosos, ésta tiene ya carácter civilizatorio. Lo que la humanidad entiende como civilización está en jaque planteándose cambios estructurales profundos que le oxigenen. Cambios que van más allá de los paradigmas vigentes vinculados tanto a la concepción decimonónica del Estado como de la vinculación a los avatares del mercado.

En esta encrucijada se encuentra Veracruz, viviendo una crisis multidimensional y multisectorial que ha tocado fondo. No sólo en la política política que incide en la descomposición de la administración pública y sus saqueadas finanzas, también y con carácter determinante en las políticas social y económica, íntimamente imbricadas que al igual que un aparato productivo obsoleto e ineficaz, ya no se corresponden con las demandas de una mayoría empobrecida.

De ahí que, a mi juicio, el futuro inmediato demanda de los veracruzanos serenidad y reflexión constructiva orientadas al rescate del todo y no únicamente de un gobierno estatal que, en sus tres vertientes, ejecutiva, legislativa y judicial, está corrompido hasta el tuétano.

Entendiendo que especulaciones, dimes y diretes, intercambio de acusaciones entre el gobernador saliente y el electo, o bien la venganza social hasta sus últimas consecuencias, son distractores que sólo conducen a una pérdida lo mismo de un tiempo valioso que de oportunidad de tomar conciencia plena de la necesidad de cambio y ajuste a la nueva época.

Ya nos saquearon a la vista de todos. Dejamos hacer, dejamos pasar sin inmutarnos. Con cárcel o sin esta para ladrones y prevaricadores, lo perdido está perdido. Ni se va a reponer el tiempo ni el dinero extraviado retornará a la hacienda pública. Así que para qué tanto brinco. Más que denuncias, críticas exacerbadas y mentadas de madre, lo conducente es priorizar la participación activa, responsable y consecuente exigiendo con oportunidad a la administración entrante, lo mismo transparencia y rendición de cuentas en todos los ámbitos de gobierno que políticas públicas acordes con los tiempos que se viven.

Es tiempo de dejar atrás la democracia secuestrada. No más el dejar hacer, dejar pasar, conformándonos con ser mirones de palo. Apostémosle a la participación, resistencia solidaria y el cambio necesario.

Xalapa, Ver., agosto 20 de 2016.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El manotazo del Sr. Peña Nieto instruyendo a la PGR para impugnar el blindaje de los gobernadores de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, a mi juicio pretende ir más allá de un interés genuino por combatir la corrupción. No es circunstancial el que casi simultáneamente imponga a Enrique Ochoa Reza como presidente del CEN del PRI.

De hecho, la medida adoptada es un claro deslinde de su gobierno con el viejo PRI, que ya constituye una pesada carga en su propósito transexenal de dar continuidad a su proyecto neoliberal de país.

La derrota en siete de doce procesos electorales estaduales en el presente año, para Peña Nieto no fue resultado de políticas públicas equivocadas de su gobierno, como lo dejara entrever Manlio Fabio Beltrones en su renuncia como dirigente nacional del tricolor. Lo atribuye a un partido político que incapaz de vender y defender con acierto y eficacia la bondad de las reformas llamadas estructurales, se ha mantenido prácticamente al margen dejando en manos de los gobernadores el respaldo a la estrategia “modernizadora” presidencial.

La semana pasada al referirme a la caducidad del régimen político en México,  señalaba que el PRI ha dejado de serle funcional al presidente. La reacción aunque tardía de Peña Nieto parece confirmarlo.

El PRI ahogado en sus propias contradicciones no está con dios ni con el diablo. Los intereses del partido en el mosaico nacional, se identifican más con  los respectivos virreyes en cada entidad federativa que con la estrategia trazada por el gobierno del Sr. Peña. No ha habido interés real del PRI para acompañar  -más allá del posicionamiento retórico del discurso mediático-, al presidente en la instrumentación y consolidación de  las reformas estructurales en que este sustenta su concepción de modelo de país al que deberíamos aspirar los mexicanos.

En Veracruz a lo largo de los últimos doce años, y con énfasis en la primera mitad del mandato Peñista, el PRI ha respondido en todo tiempo a cubrirle las espaldas al gobernador en turno en su interminable secuela de saqueo y corrupción impune, desentendiéndose de lo que para Peña Nieto es prioritario para el país.

Y si bien, omiso Peña Nieto dejó hacer, dejó pasar, el rechazo callejero cada vez más amplio a las reformas y pérdida de aceptación de su mandato reflejada en las urnas, le obliga tardíamente a reaccionar,  poniéndole un hasta aquí a tres gobernadores, entre ellos, al fallido de Veracruz que contribuyera activamente a la derrota electoral.

Sumándose a la vieja práctica de decir lo que la gente quiere escuchar para,  en su pretensión de recuperar el terreno perdido, concluir su mandato con el respaldo social y  la fuerza necesaria para imponer su proyecto transexenal.

El que no ayuda que no estorbe

Con Ochoa Reza, Peña Nieto pretende recuperar el control sobre el partido en el gobierno. O bien, dejarle morir reduciéndolo a su mínima expresión. Puesto que no hay de otra, ya que la opción de renovarle adecuándolo a los propósitos neoliberales del régimen, es tarea algo más que imposible. Los intereses creados heredados y la inercia de una corrupción que anida en todos los niveles, está inscrita en el ADN del dinosaurio viviente. A lo cual habría que sumarle el rechazo popular a una institución caduca a la que se identifica en el imaginario colectivo como  ajena a los intereses más caros de la nación.

Ante el transcurrir de un tiempo que al Sr. Peña se le escurre entre los dedos y el cada vez más amplio movimiento social de rechazo a las políticas públicas emanadas de Los Pinos, si el viejo PRI no ayuda que no estorbe. Es al parecer la conclusión a que ha llegado Peña Nieto. De ahí a mi juicio  su estate quieto presuntamente en defensa de la legislación anti corrupción que le aprobara el Congreso de la Unión.

En este escenario, la pregunta obligada es si un tecnócrata salido del pesebre de los aprendices de brujo, artífices de las reformas presuntamente estructurales, podrá recuperar ya no solamente el control del partido, sino incluso, los niveles de confianza y credibilidad en su propia militancia.

Por lo pronto, lo más execrable del PRI, como es el caso del ex gobernador Ulises Ruíz, ya brincó ante la imposición del ex director de la CFE como dirigente nacional, considerando fuera de lugar la intervención presidencial atropellando a la “nomenklatura” de la vieja guardia partidista, o, la oportunista postura de la CNC, exigiendo como moneda de cambio la vuelta al pasado en el reparto de posiciones, prebendas y canonjías clientelares.

En la aldea

En la aldea, la vida política de la entidad veracruzana, conducida por Duarte de Ochoa, se concentró en impedir la llegada a la gubernatura del enemigo número uno del fidelismo, desentendiéndose de los propósitos y objetivos que con carácter prioritario pretende alcanzar el presidente. Y peor aún, desviando, por decir lo menos, recursos federales destinados a dar soporte a la estrategia presidencial, orillando a la entidad a un palpable desastre económico y social, generador del protagonismo exacerbado del descontento y el hartazgo.

De ahí que en el imaginario colectivo pese más la impugnación de la PGR que abona a la exigencia de la renuncia de Javier Duarte, que la imposición del dirigente nacional del tricolor.

Con un PRI en los hechos descabezado en Veracruz y sin más visión que la electoral cortoplacista para lo que viene en el 2017 y 2018, lo accesorio se impone sobre el principal, los propósitos y objetivos del Sr. Peña se consideran irrelevantes ante el reto doméstico de recuperar el gobierno de Veracruz.

Faltaría ver si la alternancia con Miguel Ángel Yunes Linares, contribuye o no a lo que el presidente exige, cumpliendo con aquellas tareas a las que el PRI les diera la espalda. Si el PAN como partido en el gobierno de Veracruz cumple con las expectativas presidenciales, la opción para el relevo en el 2018 está más que cantada.

Lo que suceda en el futuro cercano, está condicionado a la realidad real, en un país en el que el descontento y el hartazgo están al límite. El no a las reformas presuntamente estructurales domina en la calle. ¿Podrá el PAN revertirlo para hacerse merecedor a la confianza del Sr. Peña? Es pregunta.

Mérida, Yuc.- Julio 13 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras advertencia no hay engaño. Héctor Yunes Landa, ex candidato a la mini gubernatura de dos años en Veracruz, se dice traicionado cuando es del dominio público que se traicionó a sí mismo.

Tras un largo periplo en busca de la candidatura, contra viento y marea le fue  concedida por su partido en circunstancias tales en las que la derrota en las urnas  -y fuera de ellas-,  estaba más que cantada y, aun así, la aceptó a sabiendas de que su principal oponente no era Miguel Ángel Yunes sino el llamado primer priísta de Veracruz.

Esto en una coyuntura social y política en el que el anti priísmo se consolidaba lo mismo en Veracruz que en la mayoría del territorio nacional.  El rechazo al autoritarismo represivo y las reformas estructurales, así como políticas públicas impulsadas e impuestas  por el gobierno de Peña Nieto y el clima de corrupción impune y violencia criminal en la entidad, no dejaba lugar a dudas. En la elección del 2016 el descontento y el hartazgo social participarían protagónicamente en contra del PRI, su alianza con partidos satélites a modo y sus candidatos.

Nada que en el imaginario colectivo no anidara como oportunidad para echar al PRI del gobierno.

Yunes Landa no lo consideró así. No lo vio o no lo quiso ver, confiando en la fortaleza de una estructura partidista más virtual que real y en una estrategia electoral  a todas luces equivocada. La realidad se encargó de lo demás, reflejándose en las urnas el cinco de junio. Descontento y hartazgo, como protagonistas de primer nivel, fueron disputados por la oposición, el voto de castigo se polarizó entre la derecha y la izquierda electoral, dándole el triunfo a la alianza PAN-PRD y, de manera significativa fortaleciendo a Morena que por primera vez participara en una elección de gobernador en la entidad.

Luego en donde reside la traición. Tras advertencia no hay engaño. El senador le apostó al voto duro tradicional cargando con todo en contra sobre sus espaldas.  Pudo más el disputado voto de castigo que su escasa visión sobre una realidad que nunca quiso aceptar. Hoy ni llorar es bueno. Si acaso se puede hablar de traición,  es aquella infringida por los gobiernos priístas a una sociedad lastimada y dolida  a la que no han querido ver ni escuchar.

Paradójicamente,  con el auxilio de una prensa afín al gobernador electo, ve en Morena, López Obrador y Cuitláhuac García como responsables de un oscuro pacto con el gobernador fallido para restarle los votos necesarios para vencer a Miguel Ángel Yunes Linares en las urnas. Paradójicamente en tanto que con ello fortalece a los opositores al PRI en el camino al 2018 exhibiendo las miserias de un partido político venido a menos que, subestimando a los electores, atribuye triunfos y derrotas a pactos cupulares y no a la voluntad ciudadana.

Perdiendo el tiempo

Y mientras el senador Yunes Landa clama traición rumiando su derrota, el otro Yunes, hoy virtualmente gobernador electo, desesperado ve escurrírsele el tiempo entre los dedos, perdiendo oportunidad para la ansiada legitimización que solo puede consolidar ofreciendo respuestas contundentes al descontento y el hartazgo que le dieran el triunfo en las urnas. “El pueblo quiere sangre”, se dice, y la sangre no llega al rio. Como último recurso se dirige a Peña Nieto exigiendo justicia para Veracruz, aceptando que a nivel local no hay forma de echar a Duarte de Ochoa del gobierno y meterle a la cárcel como ha prometido. Mucho menos asegurar que los miles de millones que se dan por desaparecidos, regresen a las arcas públicas.

Obnubilado por la poca respuesta a sus palos de ciego, se olvida de lo sustantivo y se concentra en lo accesorio. La prioridad es venganza, es el discurso que la gente quiere escuchar, la crisis multisectorial y multidimensional que vive Veracruz aun habiendo tocado fondo  puede esperar.

Así, Yunes Linares lejos de concentrarse en el diseño de una estrategia de corto plazo que asegure un buen gobierno, se desgasta quemando pólvora en infiernitos. Perdiendo un tiempo valioso para los veracruzanos  de espaldas a una realidad real nacional en la que,  frente a los recortes presupuestales a que se obliga la federación y el clima social de rechazo que ello genera en la población,  en el ánimo de Peña Nieto y sus aprendices de brujo el combate a la corrupción impune es tarea secundaria, quedando en el papel como simple recurso retórico y  mediático para justificarse ante la presión y la crítica internacional.

Nada extraño para Veracruz. Perder el tiempo en grilla, especulación, chisme mediático, está inscrito en usos y costumbres de una entidad en la que la política electoral ocupa el primer lugar en el orden de prioridades. Economía y bienestar de la gente, para nuestra aldeana clase política y un buen de medios de comunicación, pasan a segundo término, siempre con la esperanza de que el poder mesiánico de quienes gobiernan,  sea garantía de salpique y prosperidad.

Hojas que se lleva el viento

¿Con qué ojos?, señalábamos en maquinazo anterior en referencia a promesas de campaña de quienes aspiraban a la mini gubernatura de dos años. La terca realidad se impone. No hay con que dar cumplimiento a lo ofertado en materia de obra y servicios públicos. Tampoco para resarcir a la Universidad Veracruzana y hacer efectiva la aportación del gobierno estatal en el esquema de autonomía aprobado por el Congreso. Yunes Linares iniciará su mandato a partir de cero en las arcas públicas, con obligaciones de pago de adeudos cuyo monto real al día de hoy se desconoce y, por si fuera poco, con aportaciones federales mermadas por los recortes anunciados por el secretario de hacienda y la inviabilidad de incrementar recursos fiscales propios. Mal augurio para los dos años de mini gobierno, descontento y hartazgo seguirán siendo protagonistas de primer nivel en un Veracruz postrado y sin visos de cambio real.

Al gobernador electo sólo le queda, para legitimarse, seguir con el juego del gato y el ratón, hasta donde la ciudadanía aguante.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para unos ¿ganó el PAN o perdió el PRI?

En tanto que para otros Morena ganó perdiendo y el gran perdedor fue el PRD.

Gano Veracruz, dicen los más.

Parafraseando a Ramón de Campoamor, en el momento que se vive en Veracruz nada es verdad ni mentira, todo se ve de acuerdo al cristal con se mira. Ante la incertidumbre de un futuro incierto, todos somos ganadores a la par que perdedores. Como a cada quién le fue en el circo electoral en cada quien se alberga la miel del triunfo o el vinagre de la derrota cuando, al fin y al cabo, ganadores o perdedores, todos vamos en el mismo barco.

Si la esperanza muere al último, que ello nos sirva de consuelo. Ya vendrán tiempos mejores.

Y si en este mundo traidor, soñar con un Veracruz mejor todo es un sueño, sea verdad o sea mentira, nada nos impide construir nuestra propia realidad. No por nada la imaginación no tiene límites.

¿Y la realidad real, crisol cotidiano de nuestra desventura?

Unos ganando perdieron y otros, perdiendo ganaron. Veracruz hoy está postrado, de rodillas y sin expectativas de cambio real. Vana ilusión, necesidades sentidas no son necesariamente necesidades reales para salir de la postración.

“Es la economía, estúpido”, dijeran con acierto. No es lo mismo escuchar lo que queremos escuchar que callar para engañar. El pueblo quiere sangre que en eso del comer, ya mañana dios dirá.

El divorcio entre la llamada sociedad civil, como mandante, y clase política, como mandataria, es más que evidente en el remedo de democracia que priva no sólo en Veracruz, también en todo México y, sin duda en el resto del mundo. Ello define nuestra realidad política, económica y social real y el alcance de nuestros sueños, expectativas y desventuras. Ni somos ni no somos, a la luz del cristal con que se mira Veracruz ni es de todos ni de la minoría que gobierna para la minoría.

Reconciliación

Los llamados a la conciliación y al evitar la polarización de la sociedad, están enfocados a calmar los ánimos de los rijosos, los políticos, incluyendo los expresados por el Sr. Peña Nieto y el gobernador de papel. A la llamada sociedad civil ni le va ni le viene; ni mucho menos es tema de preocupación. Ni el odio ni el encono divide a los veracruzanos de a pie, como para ser destinatarios de los demagógicos llamados.

La diversidad de opiniones, puntos de vista y posicionamiento de los votantes respecto a partidos y candidatos en pugna, pasada la elección en eso queda, recuperando las aguas su nivel y a otra cosa mariposa. Al fin y al cabo, sea cual fueren ganones o perdedores, en la toma de decisiones que nos afectan a todos, somos simples convidados de piedra.

Cumplimiento de propuestas y promesas de campaña habrán de reducirse a aquello que dentro de lo posible, esté en el ánimo y voluntad política de quien ajeno a la voluntad popular, haga gobierno.

Así las cosas, no teniendo caso el que en el seno de la llamada sociedad civil el encono alimente negativamente la relación familiar o de amistad, extendamos la mano al otro, convencidos de que siendo adversarios, pese a la insidia de una guerra sucia, jamás nos vimos como enemigos.

Ni perdón ni olvido

Otra cosa es el agravio que la sociedad acusa respecto a los actos de un gobierno fallido y de un gobernador que nunca estuvo a la altura de sus responsabilidades. Ahí sí, ni reconciliación ni olvido. Cuidado y se lleva adelante la farsa de  desvirtuar resultados de la elección; el hartazgo y descontento social podría tomar color de hormiga. Se votó para elegir un gobierno diferente, eficiente y eficaz, voltear la tortilla cupularmente para favorecer a uno u otro candidato, a gobernador o a diputado local, sí que despertaría en las mayorías irracional encono y sed de venganza. Cuidado.

A lo hecho pecho, se votó y la autoridad electoral dio un resultado que los sufragantes dan por bueno. Si hubo fraude, y los escépticos lo dan por hecho, ni modo, hoy por hoy el arroz ya se coció, para que tantas vueltas estando el suelo tan parejo. ¿O se trata de ponerle más leña al fuego incendiando  la pradera?

Lo que queda para la historia

Lo relevante en el ánimo colectivo es que de buena fe y con un alto sentido de civilidad y voluntad de participar, el 54 por ciento de los electores potenciales en la entidad, acudieron a las urnas no solo a votar, también a expresar el sentir de cada quien respecto a las instituciones, la política y los políticos, así como el deseo implícito de contribuir al cambio que Veracruz exige de su gobierno.

La tarea era echar del gobierno al PRI. Anhelo de los hartos e inconformes. Si se pudo. Haiga sido como haiga sido, acierto o error en la elección, el voto ciudadano inclinándose a favor de la alternancia hizo valer su propósito. Para bien o para peor, descontento y hartazgo pudieron más que la estructura mafiosa de un partido político que, por más de 80 años, ha mantenido secuestrada en su provecho a una incipiente y endeble democracia representativa. El futuro inmediato aún no está escrito. La realidad real tiene por encargo la última palabra.

¿Cheque en blanco o beneficio de la duda?

Pasada la elección y contándose ya con un gobernador electo que, “haiga sido como haiga sido”  capitalizó en su favor el voto del descontento de amplios sectores de votantes -numéricamente mayor que el voto duro del PAN-PRD-, la sociedad civil debería reflexionar sobre la conveniencia de extenderle un cheque en blanco a Miguel Ángel Yunes Linares, o concederle el beneficio de la duda.

Siendo tanto o más los ofrecimientos de campaña que las necesidades sentidas de una población agraviada y ninguneada, el gobernador entrante tiene ante sí el reto de desvanecer tal descontento y hartazgo, cumpliéndole para legitimarse ya no sólo a sus electores sino a los veracruzanos todos sin distingo de camiseta. De no cumplir o cuando menos dado el tiempo perentorio para ello, sentar las bases para un auténtico cambio en la conducción de la cosa pública, el malestar social ira en crescendo poniéndose en riesgo una vez más la paz social y la gobernabilidad.

Corresponderá a la sociedad el evaluar desempeño y compromiso en los primeros seis meses del nuevo gobierno en la entidad, separando hechos concretos de la paja mediática del discurso triunfalista y sin sustento. Alternancia no es garantía, recordemos a Fox y Calderón.

Esto por lo que toca a lo local. En cuanto a factores externos que sin duda también inciden en el ánimo de la población, como es el caso de la imposición de las reformas llamadas estructurales del gobierno federal, que han generado mayor desigualdad, pobreza y exclusión, habría que partir de la idea de que el gobernador electo no es suicida. Se deberá en todo tiempo más que los partidos que le postularan y a los veracruzanos, al presidente Peña. De eso a mi juicio no cabe la menor duda. Luego el reto a enfrentar reside en el cómo conciliar el interés más general de los veracruzanos con la mano que meciendo la cuna meterá basa desde Los Pinos. Habida cuenta de la dependencia política y presupuestal que Veracruz guarda respecto a la federación.

Conciliación exigida y negociación obligada. De lo contrario, descontento y hartazgo no perderán presencia en la entidad. Y aquí cabe preguntarse si Miguel Ángel Yunes Linares está a favor o en contra de las reformas energética, educativa, laboral, o de salud, cuya incidencia en la entidad es manifiesta contribuyendo a favor o en contra del desempeño económico y social de los veracruzanos. Así cómo hasta donde contará con arrestos y capacidad personal y de gobierno para cumplirle a cabalidad a los veracruzanos sin distanciarse de las políticas públicas neoliberales bajo su responsabilidad en Veracruz.

Hojas que se lleva el viento

Una cosa es Juan Domínguez y otra, muy distinta… El PRI si bien fue vapuleado electoralmente el pasado domingo, no está muerto. El dinosaurio, al iniciar el 2017 seguirá siendo primera minoría, gobernando para efectos prácticos en más de la mitad del territorio nacional, amén de contar con la titularidad del poder ejecutivo federal. La votación del domingo 5 en contra del tricolor no es suficiente para darle vuelta a la tortilla, así que no hay que cantar victoria por anticipado. Si en el ánimo colectivo está el echar al PRI del gobierno en México, hace falta algo más que triunfos parciales en las entidades federativas, incluida la capital del país. Los partidos que se le oponen en el 2018 tendrán que echar mano, más que del justificado hartazgo y descontento en amplios sectores de la población, de una ardua tarea de información, politización y organización en los terrenos de las clases medias,  para dar paso a una auténtica alternancia sustentada en el voto razonado de las mayorías. Si el estómago vacío electoralmente es mal consejero, el hígado enardecido es aún peor cuando de construir un cambio verdadero se trata.

El cambio tiene un costo. Asumámoslo racionalmente con visión de largo aliento.

Xalapa, Ver., 12 de junio del 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A reserva de los resultados del cómputo oficial de la elección del pasado domingo, con base en los preliminares difundidos por los OPLES es posible adelantar, como un hecho por ahora irreversible, que estos se inscriben en el marco de un proceso polarizado de recomposición y redistribución de las fuerzas político electorales en México.

El país cambió y el mapa electoral para la elección presidencial en el 2018 permite delinear la hipótesis de que la contienda se dará entre el conservadurismo afín al neoliberalismo y el “populismo” representado por la nueva izquierda.

Corresponderá a los que saben del paño, el estudiar este fenómeno que, a mi juicio, confronta al modelo neoliberal impulsado por Peña Nieto y su gobierno con un movimiento emergente de masas en resistencia.

El ascenso de Morena

El ascenso meteórico de Morena en su segunda participación en un proceso electoral, no lo considero circunstancial. Si bien como instituto político es de nueva creación en el espectro partidista, no lo es así como un movimiento social más de resistencia,  anidado en amplias capas de la población que se oponen a las políticas privatizadoras y empobrecedoras que acompañan a la profundización del neoliberalismo en el país; Morena no surge por generación espontánea,  ni puede considerarse su capacidad organizativa y penetración en el seno de la sociedad únicamente por la tozudez y acción unipersonal de Andrés Manuel López Obrador.

Morena, como movimiento social, tiene un amplio camino andado, reivindicatorio de la soberanía nacional y de resistencia a la privatización de la industria energética nacional, contando con una amplia estructura de cuadros en la mayoría de las entidades federativas y, en especial, en la hoy denominada Ciudad de México, centro político del país. Viéndose fortalecido en su tránsito a partido político por el descontento y deseo implícito de resistencia lo mismo en el movimiento obrero independiente que en segmentos empobrecidos de las clases medias y comunidades originarias. Y, si bien, está obligado a sujetarse a las reglas del juego electoral impuestas por la partidocracia tradicional, no deja de responder a las expectativas de cambio del modelo neoliberal dominante.

Para un buen número de politólogos y comentaristas, representa a un populismo de izquierda, añejo, rancio y retrógrada que   en la mayor parte de América Latina,  está siendo desplazado por un nuevo concepto de modernidad política que se ajusta a las necesidades globales de crecimiento económico y desarrollo en las que se privilegia el modelo neoliberal dictado desde los centros del poder mundial. Empero, esta visión impuesta por la ideología neoliberal, minimiza y desprecia el anhelo libertario y voluntad de cambio de millones de seres humanos, víctimas de opresión, exclusión, desigualdad y hambruna de un proyecto de Estado-nación  cuyo objetivo y propósito último, es la acumulación de ganancia y reproducción ampliada  del capital al costo que sea.

Tal visión, parcial, interesada y corta de miras, subestima y estigmatiza por ello a Morena y,  en general,  a todo movimiento de masas que se oponga a las políticas públicas neoliberales, partiendo de la idea de que el pueblo de México no caerá en la trampa dejándose seducir por falsos mesías que ofertan un “populismo” decadente y opuesto a la modernidad y al desarrollo.

Esta corriente de opinión soportada en medias verdades y medias mentiras mediáticas es favorable a la derecha y al régimen peñista y su proyecto transexenal; suma votos de segmentos conservadores de las clases medias fortaleciendo electoralmente al PAN y, con ello, polariza la correlación de fuerzas políticas.

De otra manera, considero no es explicable la “sorpresa” electoral del pasado domingo; tomando con los dedos tras la puerta a un priísmo soberbio y caduco que, más por costumbre y seguidismo que por convicción propia, da soporte social al peñismo. El PAN se fortalece al igual que la izquierda electoral de nuevo cuño representada por MORENA, en tanto que el PRI habiendo dejado de serle funcional al régimen, incrementa su pérdida de hegemonía.

Veracruz

A ello, en este marco referencial, por lo que toca a Veracruz se suma el descontento y hartazgo provocado por un gobierno fallido ayuno de visión de Estado, que incurriría en manifestaciones extremas de corrupción e impunidad alejándose de todo principio de gobernabilidad y racionalidad político administrativa. Contribuyendo el sentir de las mayorías al proceso general de redistribución y polarización de las fuerzas político electorales.

Derrotado el PRI el pasado domingo en Veracruz, la pugna por el poder político se concentrará entre la derecha extrema y la emergente nueva izquierda. La derecha apoyando y respaldando el modelo neoliberal y su oponente, al movimiento cada vez más amplio de resistencia entre las clases oprimidas y empobrecidas.  Proceso en el que la derecha deberá legitimarse cumpliendo los ofrecimientos de campaña de la alianza PAN-PRD para el período 2017-2018, en tanto que MORENA tendrá como reto el construir un frente amplio de oposición y resistencia que aglutine a las fuerzas progresistas para la contienda presidencial en el 2018.

El PRI, desplazado, afirma estar llamado a sostener una oposición civilizada y racional, sin ubicarse en la nueva realidad política de la entidad. Si se pensara más allá de la coyuntura, tendría que reconocer que tras su derrota, la tarea inmediata no es hacer oposición al PAN en el gobierno, sino impedir que su “estructura” clientelar sea borrada del mapa. Si se pudo, dice la gente y, bajo esta premisa, los liderazgos espurios del sindicalismo obrero oficial, de la Liga de Comunidades Agrarias y del magisterio, sostén de viejo PRI, tienen los días contados.

Sin dientes, el partido caduco no es nada. Si de responderle a Peña Nieto se trata, el PAN en Veracruz –y no necesariamente con el PRD, cadáver insepulto- es el alfil del 2018 para la continuidad del proyecto neoliberal transexenal. Así considero lo debería entender MORENA en la entidad y actuar en consecuencia, más que perder tiempo y recursos subiéndose el ring de los reclamos y las impugnaciones. Ganó perdiendo y de ello se debe tomar conciencia para seguir avanzando.

Xalapa, Ver., junio 7 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras largos meses, más que los dos contemplados en la legislación electoral vigente, por fin concluyó la labor presuntamente proselitista de los candidatos al mini gobierno de dos años en Veracruz. Presuntamente, ya que más que atender con propuestas racionalmente viables a los votantes potenciales abonando a un ejercicio participativo y democrático,  ésta devino  en carretadas de lodo en una guerra campal de todos contra todos en la que,  paradójicamente,  la temática dominante fue la ética política y moral pública y privada, ampliando más que reduciendo la brecha entre la llamada sociedad civil y la clase política.

Tiempo, recursos públicos y paciencia de la ciudadanía, desperdiciados inútilmente,  si de fortalecer democracia y gobernabilidad se tratara, en tanto que lo que hoy día prevalece es un rechazo casi unánime a partidos, clase política y política política de cañería, confirmándose el punto de quiebre del régimen político vigente ayuno de credibilidad y confianza.

Sin árbitros legitimados y si ampliamente cuestionados, el próximo domingo los veracruzanos con mayoría de edad concurrirán a las urnas sin más elementos de juicio para decidir su voto, que la percepción negativa de la inutilidad del sufragio como vía para rescatar a Veracruz, hoy en manos de la corrupción, el saqueo, la impunidad, y el clima de inseguridad y violencia criminal que mantiene en ascuas a la población.

Nada que modifique esta percepción anidada en el imaginario colectivo. Cotidianamente confirmada en los hechos con la ausencia de gobernabilidad, consecuencia del divorcio entre sociedad civil y el peor gobierno que ha padecido Veracruz; transitando cada quién por caminos diferentes.

Y mientras se ratifica en las urnas el hecho consumado del secuestro de la democracia representativa y la voluntad popular, quien de facto para los veracruzanos es gobernador únicamente en el papel, mantiene,  con el mismo talante de valemadrismo y desprecio para con los gobernados que le caracteriza,  una situación que pareciendo insostenible no lo es, en tanto el manto de la indiferencia e  impunidad desde Los Pinos le protege y sostiene.

Lo que sigue

Empero, la guerra sucia no termina con la elección del próximo domingo. Todo indica que el intercambio de detritus va para largo. Siendo casi seguro que los comicios se van a tercios, la estrategia fidelista de tronar la elección para impedir la llegada de cualquiera de los dos Yunes en contienda,  rendirá frutos auspiciando la impugnación del proceso electoral; dejando en manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la judicialización del resultado final de la elección, o bien, la nulificación del proceso toda vez que se han acumulado suficientes elementos probatorios para su procedencia. Faltaría ver hasta dónde llega la mano que mece la cuna y que tanto interés tiene Peña Nieto en considerar a Veracruz como alfil para su proyecto neoliberal transexenal.

Lo que queda

Lo que sí, a mi juicio queda de positivo de la contienda por la mini gubernatura de dos años, es el cada vez mayor consenso en torno a la idea de que o la política política se ajusta tanto a la realidad económica y social de la entidad como a las expectativas de cambio de una sociedad dinámica, o a Veracruz se lo llevan al baile las muchachas.

No es ya no sólo deseable, sino imperativo, el que se ponga freno a la  simulación y corrupción impune que a lo largo de más de dos lustros,  domina el quehacer gubernamental y vida política en una entidad federativa que merece mejor destino. Si no es hoy, será mañana pero la toma de conciencia de la ingente necesidad de cambiar para bien, calando en el imaginario colectivo tomará como referente al actual proceso electoral en Veracruz como parte aguas en la vida política de la entidad. No más de lo mismo, no más masoquismo e indiferencia frente a los que nos compete a todos.

Hojas que se lleva el viento

Rescato del cochinero político que se ha vivido en Veracruz, la tarea que con humildad, congruencia y buen juicio, emprendiera Armando Méndez de la Luz, candidato a gobernador postulado por Movimiento Ciudadano, proponiendo el rescate de la democracia representativa en la entidad. Llamando a tomar conciencia de que la soberanía, como lo establece la carta Magna, reside en el pueblo, debiéndola ejercer éste consecuentemente  con responsabilidad, exigiendo a los mandatarios honestidad, transparencia, eficiencia y eficacia en el manejo de la cosa pública. Garbanzo de a libra que, a mi juicio, por su preparación, experiencia y realismo, resultara ser el mejor candidato de los siete contendientes que aspiran a la mini gubernatura de dos años.

Xalapa, Ver., 01/06/2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya dilema para el electorado veracruzano. No votar o de, entre los peores, sufragar por el menos peor. Y no es para menos, el descompuesto proceso electoral que en unos días culminará con la elección del mini gobernador de dos años y el relevo en la Legislatura local, nos coloca a hombres y mujeres de a pie en tal tesitura.

Copados entre dos fuegos, en el medio de una insensata guerra de lodo financiada con recursos públicos, no hay opción válida que soportada en propuestas realistas y viables, permita avizorar la más mínima señal del cambio que los veracruzanos exigen.

Ya en la recta final del proceso, la guerra sucia electoral ahora telefónicamente se traslada a los hogares veracruzanos, que joda. Huérfanos de madre operadores políticos sin distingo de color de camiseta, insensibles no respetan hora ni merecido descanso familiar para trasmitir sus nauseabundos mensajes.

Considerándonos retrasados mentales o bien, los candidatos designados por los partidos políticos están dispuestos a jugarse el todo por el todo para convencer a los votantes potenciales de que no vale la pena perderse el descanso dominical cumpliendo con el deber cívico de sufragar el próximo 5 de junio. Vaya manera de inhibir el voto.

Esto aparejado a una campaña de miedo, filtrando el rumor de posible violencia a lo largo del ejercicio comicial, bajo el supuesto de que a menor número de votos los resultados del sufragio se definirán por el llamado voto duro de partidos y candidatos contendientes. Supuesta estrategia que teóricamente beneficiaría a quienes, cual la marquesa de la historia, saben cómo mover el abanico en menesteres electorales clandestinos históricamente aplicados. Tocaría a la ciudadanía caer o no en el garlito.

Lo cierto es que no se puede dejar en el tintero es el que con justificada razón existe un consenso casi unánime de que Veracruz padece el peor gobernador de su historia, y casi unánime también es que hasta donde se tiene memoria,  nunca se había vivido un proceso electoral tan pedestre, ofensivo y a todas luces  repugnante que sin duda invita al abstencionismo o, en su caso al voto nulo.

Voto duro

Más allá de la lectura de la bola de cristal o la especulación, lo que sí se puede ya establecer como seguro a tres semanas del ejercicio comicial, es que la elección de gobernador se irá a tercios, con muy poca diferencia numérica  entre los tres candidatos punteros y en la que el llamado voto duro o clientelar, poco podrá aportar a la contienda; el clientelismo electoral cada vez es menos tal y al interior de los partidos no existe consenso consolidado respecto a los candidatos postulados de espaldas a las militancias. Correspondiendo al amplio segmento de los indecisos el definir el resultado de la elección.

Empero, no se puede ni debe echarse en saco roto el peso del voto duro de Morena, partido de alcance nacional de nueva creación cuya militancia, seguidores de AMLO  y simpatizantes de vieja data, se enriquece e incrementa tanto por un natural rechazo a las políticas públicas del gobierno federal peñista como por el descontento y hartazgo generado por un gobierno estatal fallido y corrupto. Voto duro  en crescendo que responde más a  posicionamientos ideológicos en el imaginario colectivo que a un pragmatismo coyuntural referido a una elección de orden local dominada por intereses creados; posicionamiento que objetivamente se concreta en un justificado rechazo histórico a todo lo que huela al PRI, al PAN y al PRD, en la lucha social de resistencia frente a reformas neoliberales presuntamente estructurales que privatizadoras y empobrecedoras,  atentan contra la soberanía y patrimonio nacional, el empleo, la educación y salud  pública así como  el bien común.

A la par que cuenta y cuenta mucho en la conformación del voto duro de Morena el descontento y hartazgo en amplios sectores de la sociedad veracruzana frente al abandono infraestructural y productivo, endeudamiento gubernamental,  desempleo,  precarización de las clases medias urbana y rural, así como un ineficiente e ineficaz combate a la delincuencia. El 5 de junio se verá si es tal o el descontento y hartazgo  queda en simple  llamarada de petate.

Pegar donde más duele

Quedaría entonces el hacer de tripas corazón y pegarle a nuestra clase política donde más le duele, derrotándoles en las urnas mediante una copiosa votación asumiendo una actitud responsable, reflexiva, congruente con lo que se está viviendo, que demuestre fehacientemente que la sociedad ha cambiado, que la población se asume más participativa e informada y dispuesta a recuperar para sí la democracia electoral secuestrada. La cita es en las urnas.

Con la elección ya a la vuelta de la esquina, solo queda el asumir que en esta ocasión y dado el clima de rechazo que ha generado el proceso en curso, la ciudadanía sabrá poner freno antes y durante el ejercicio comicial al más que anunciado fraude electoral con el que el gobierno estatal pretende justificarse ante Peña Nieto.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sepultadas por el lodo, si alguna vez existieron, han quedado propuestas concretas sobre el qué hacer, cómo y con qué encauzar el rescate de Veracruz. Para vergüenza de todos, la sociedad veracruzana se ha dejado envolver por una guerra de intercambio de detritus ético y moral, en un proceso electoral que, desde sus orígenes y a 20 días escasos de la elección del sucesor del gobernador fallido, no ha aportado nada positivo que merezca destacarse a un ejercicio presuntamente democrático. Lo único que deja en la ciudadanía es un mal sabor de boca al constatarse el desprecio a la inteligencia de los veracruzanos por parte de una clase política corrupta, oportunista y ajena a los más caros intereses de una entidad federativa hoy postrada y sin esperanzas.

Nadie se salva. Unos por comisión y otros por omisión, partidos y candidatos a la gubernatura han exhibido públicamente sus miserias, evadiendo el necesario compromiso para con la búsqueda de soluciones viables a la problemática toral de un Veracruz que se desliza en el tobogán de la desigualdad,  la pobreza, la inseguridad y pérdida de expectativas de bienestar y progreso.

La sola posibilidad de un cambio para bien por la vía electoral, no se vislumbra. Los electores están frente a la disyuntiva de elegir de entre los peores al menos peor, siempre en el marco del más de lo mismo resultado de un régimen político caduco que ya transita por los caminos de la obsolescencia.

Incluso Morena, partido de nueva creación, se ubica en tal tesitura.  Su candidato no logra substraerse  del lastre de una más que justificada pérdida de confianza y credibilidad en la política, en los partidos políticos y en una llamada clase política que no ve más allá de los intereses personales o de grupo, motivo y razón de su quehacer social.

Lo comentamos en el pasado reciente. Un movimiento social de largo aliento, como el de regeneración nacional, una vez transformado en partido político queda sujeto a las reglas del juego de la partidocracia dominante; atado de manos y en un proceso constante de alejamiento de su origen como ente social de lucha y resistencia frente a un neoliberalismo que no por encontrarse en agonía como expresión del capitalismo salvaje del siglo XXI, ceja en sus propósitos privatizadores y empobrecedores de las mayorías.

Señalábamos que la elección del 2016 habría que considerarla como prolegómeno de la del 2018, en la que se enfrentaría un nuevo proyecto de nación impulsado por Morena al modelo neoliberal transexenal de Peña Nieto. A la luz de lo que se vive hoy día en Veracruz, deterioro galopante de la vida económica y social acompañado de niveles inéditos de descomposición política, tal confrontación se desdibuja en todo el ámbito nacional, pareciendo que todo se reduce a simple ajuste mafioso de cuentas en las altas esferas de una partidocracia al servicio de los poderes fácticos, trasnacionales, domésticos e incluso aldeanos cacicazgos.

Ya no es la búsqueda del poder por el poder mismo, ahora todo indica que la manzana de la discordia es el botín en una insana competencia por la acumulación de riqueza entre la llamada clase política y los detentadores del poder real, el capital especulativo. El pragmatismo coyuntural se impone por sobre tareas de Estado de largo aliento; subordinándose el bien común al afán desmedido de lucro marcado por el libre mercado que todo trastoca.

En este pesimista escenario,  el próximo 5 de junio los electores, hoy simples convidados de piedra, habrán de enfrentarse a su propio nivel de consciencia y voluntad de cambio actuando en consecuencia en las urnas; de cómo se vote  dependerá no necesariamente un cambio para bien, este está descartado de antemano, sino fundamentalmente,  el que la ciudadanía pueda expresarse libremente manifestando su rechazo al actual estado de cosas y su deseo implícito de intervenir en la toma de decisiones en todo aquello que le compete.

Si hasta el cansancio se ha dicho basta, que sea en las urnas en el que el descontento y el hartazgo cobren vigencia plena de manera consecuente. Será el sufragio mayoritario el que determine si los veracruzanos nos conformamos con el más de lo mismo o estamos dispuestos a participar en favor de un proceso de transformación y cambio que saque a la entidad de su actual marasmo. Determinación que implícitamente conlleva el no permitir que una vez más la voluntad popular sea escamoteada y manipulada por los delincuentes electorales de siempre; desde ya hay que preservar el derecho a la libre elección evitando la intromisión del clásico “mapache” y su compra de conciencias. No más explotación electoral de pobreza e ignorancia, de la ciudadanía depende.

Hojas que se lleva el viento

Ignorantes, calificó Duarte de Ochoa a quienes se oponen a la criminalización del aborto. Y en la misma frecuencia, Héctor Yunes Landa, candidato del PRI y sus satélites a la mini gubernatura de dos años, se declara a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte, doblando las manos frente al poder eclesiástico e identificándose con lo más retrógrado y conservador del PAN, así como rompiendo generacionalmente con la juventud progresista de la entidad. En un tema tan controversial, el senador con licencia calladito se hubiera visto más bonito.- Xalapa, Ver. 12/05/2016

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J. Enrique Olivera Arce

El politólogo y destacado comentarista Alfredo Bielma Villnueva, se pregunta si ya se tocó fondo en Veracruz. La respuesta la tiene la ciudadanía, empero, para quien esto escribe la crisis por la que atraviesa la entidad veracruzana tocó fondo desde muy endenantes. El tiempo, once años de saqueo y mal gobierno, así como una estructura económica ineficiente e ineficaz se han encargado de ello, acompañados de un galopante deterioro social marcado por desigualdad, pobreza, desempleo e inseguridad.

Lo grave de esta situación es que no sólo no se le ve salida a la crisis, sino que incluso, se le ignora en sus aristas más agudas, posponiéndose la búsqueda de cursos de acción viables que le den respiro. Y no hablo precisamente del cambio de estafeta en el gobierno estatal, parte de esta crisis, sino del deterioro generalizado, multiregional y multisectorial, que ha puesto a Veracruz de rodillas.

Números duros lo confirman y bolsillo y percepción ciudadana lo reflejan.  A lo largo y ancho de la entidad el abandono, la pobreza y la desigualdad se enseñorean colocando a Veracruz entre los últimos lugares en los indicadores de crecimiento económico y desarrollo relativo. Si esto no es tocar fondo, no sé cómo podría considerársele.

Y aun así, sin parar mientes en la profundidad de la crisis, la clase política sin distingo de color de camiseta, de espaldas a la realidad cifra sus esperanzas en que en 18 meses escasos, el sucesor del gobernador fallido detenga el tobogán y rescate a Veracruz. Vana esperanza. Ni en dos años ni en ocho con los mismos y el más de lo mismo, el mesías más pintado, más honesto y más dispuesto,  podrá evitar morder el polvo en el intento. Esto, en tanto no se reconozca la profundidad de la crisis, se tome plena consciencia de ella y se acepte que sin la sociedad organizada y participando activamente con pleno conocimiento de causa, la vía electoral no es paliativo y mucho menos solución.

Paradójicamente, la prensa estatal llamada a poner los puntos sobre la ies advirtiendo sobre la necesidad de observar más allá de una absurda pugna electoral, no se ve en el espejo; ramplona, acomodaticia y rayando en la ignorancia se pierde en trivialidades pasando por alto lo sustantivo.

A mi juicio tiene que entenderse que el problema siendo de todos, no sólo es de gobernanza y saneamiento de administración y finanzas públicas sino fundamentalmente de una estructura económica obsoleta, ineficiente e ineficaz, en algunos casos herencia de modelos productivos decimonónicos,  que ya no se corresponde con las actuales necesidades  y expectativas de progreso de una población en constante crecimiento.

Castidad virtuosa no es solución

Reflexionando sobre este pesimista escenario y atendiendo al bombardeo mediático a que la clase política tiene sometida a la población, me recuerda a una tía ya entrada en años que, tras haber enterrado a dos maridos y en vísperas de sus terceras nupcias, ante la sociedad de su tiempo se asumía como casta y virtuosa.

De una sociedad construida sobre la hipocresía y la simulación, en la que valores y principios éticos y morales se autoproclaman ante el poder del que dirán y no en la convicción personal y colectiva de entender y ejercer la vida en común, no se puede esperar nada valedero. Si la tía de marras chocaba por su virginal simulación, lo mismo podría decirse del o los candidatos al mini gobierno de Veracruz que,  pretendiendo ganar votos,  autoproclamando limpieza y honestidad en su persona solo dan lugar a soterrada condena y chascarrillos de mal gusto.

Veracruz requiere de visión de Estado y no santurrones de parroquia, exige hombres y mujeres de buena voluntad, lo suficientemente honestos intelectualmente como para reconocer y aceptar que la crisis veracruzana les rebasa y que es la sociedad en su conjunto y no un  mesías de ocasión, la que debe afrontarla tomando al toro por los cuernos.

Hojas que se lleva el viento

Con un fructífero diálogo con el senador José Francisco Yunes Zorrilla, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, la Asociación Veracruzana de Comunicadores “Froylan Flores Cancela”,  inauguró su transitar por la vida pública de la entidad. Con la asistencia de más de 50 propietarios de medios, articulistas, columnistas, caricaturistas y reporteros gráficos, en un clima de pluralidad, tolerancia y respeto el legislador federal dio puntual respuesta a inquietudes y preguntas que se le formularan en torno a la vida política y económica de la entidad, con énfasis en la coyuntura electoral. Buen inicio de una organización gremial de la que se espera algo más que servir únicamente de pasarela para la proyección de imagen y lucimiento de políticos y servidores públicos.

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J. Enrique Olivera Arce

Entre hombres y mujeres, ciudadanos de a pie, poco o nada se ha querido entender que, en la realidad electoral veracruzana ningún partido político, tradicional, o de nuevo cuño, con registro nacional o local, puede asumirse como mayoritario. Sin excepción en el espectro partidista y en relación tanto al total del padrón electoral, lista nominal o sumatoria total de votos emitidos, son minoría y, con tal carácter, deben considerarse.

Ninguno por sí mismo tiene una base social de apoyo que rebase escasamente el 15 por ciento del total del padrón vigente o  alrededor del 20 por ciento de los votos emitidos en los últimos comicios federales o locales. El abstencionismo, votos nulos o la opción de candidatos sin registro, se han encargado de ello. De ahí, la necesidad de las alianzas o coaliciones electorales si en la democracia electoral  simulada se quiere alcanzar un mínimo de legitimidad para taparle el ojo al macho.

Esta es la realidad electoral, sometida a las reglas del juego que la partidocracia se ha dado para mantener secuestrada y bajo control tanto a la voluntad popular como a la democracia representativa. Reglas del juego, legales o extralegales que, por cierto, dicta el dueño de las canicas, el partido que gobierna,  previo acuerdo con los opositores.

Esta es la razón, a mi juicio, de la necesidad que tiene el votante potencial de no dejarse engañar tanto por encuestas, “chafas” o más o menos serias y fundamentadas, como con aseveraciones de candidatos que se asumen como depositarios de la aceptación e intención del voto de las mayorías cuando la realidad es otra.

Esto último sin considerar que a mayor número de partidos contendientes, más ahora,  candidatos independientes y la opción de los sin registro, la dispersión y fragmentación del sufragio se ve incrementada favoreciendo a la minoría que obtiene más votos; basta con un voto para ganar, dicen las reglas del juego vigentes. En tales términos, la elección sería legal, pero democráticamente ilegítima. Quién se levante con el triunfo gobernará o representará a la ciudadanía en el Poder Legislativo con el respaldo de una minoría en tanto que la mayoría ciudadana queda al margen y sin voz.

Observo que no son pocos los que invitan al voto razonado; deteniéndose en la calidad individual o colectiva de partidos y personajes, sus antecedentes, promesas de campaña o estructura y estrategia electoral, eso está bien, más no es suficiente si de por medio se ignora la legitimidad democrática que se vulnera a partir de  reglas del juego que, en México, no contemplan el que para llegar a ocupar un cargo de elección popular se requiere de más de la mitad del total de votos emitidos.

Así es como gobernantes, senadores y diputados, en este país gobiernan con y para las minorías en franco sometimiento de la voluntad soberana de las mayorías.

¿Qué hacer entonces para contrarrestar electoralmente  fórmulas legales pero ilegítimas?

Bueno, para los que saben del paño, lo ideal para contrarrestar el amañado orden legal y obtener un mínimo deseable de legitimidad democrática, es incrementar en las urnas el número de sufragios a emitir. A mayor número de votos mayor será la probabilidad de que el partido o coalición de partidos y sus candidatos postulados tengan un mayor respaldo social. En la inteligencia de que en Veracruz y atendiendo al espectro partidista en la elección de junio próximo, existen partidos políticos y remedo de partidos políticos o candidatos independientes que participan en el proceso con el fin último de dispersar y pulverizar el sufragio, como medida estratégica del gobierno estatal para beneficiar a la primera minoría asegurando su continuidad como partido gobernante.

Esta opinión de los que saben, implica, por un lado, reducir al máximo posible el abstencionismo; inclinar la intención del voto a favor de las opciones minoritarias con mayor posibilidad de triunfo, y dar la espalda en las urnas lo mismo a los partidos “paleros” –“zombis”, les llama Rafael Árias- que a candidatos independientes o sin registro.

Si esto es así, la continuidad del más de lo mismo o de la búsqueda de un cambio más o menos auténtico, dependerá de una cuantiosa votación a favor o en contra de estas dos alternativas electorales polarizadas,  eligiendo a una primera minoría que responda a la intencionalidad del sufragio emitido.

Correspondería entonces a los votantes y no a quien esto escribe, el identificar qué partido, coalición o candidato se encuentra en la tesitura tanto de alcanzar en las urnas  la calidad cuantitativa de primera minoría, como de ofertar la mejor opción para el futuro inmediato de Veracruz. La última palabra en este supuesto la tendría la ciudadanía.

Voto informado y  razonado sí, pero reconociendo que se parte de una realidad electoral que no se puede ni debe ignorar en nuestra deformada democracia.

Hojas que se lleva el viento

Identificar a un candidato químicamente puro, honesto, bien intencionado y comprometido con las mayorías, es tanto cuanto más que imposible. Está en la naturaleza del régimen político vigente el que los políticos profesionales antepongan el interés personal o de facción al bien común. De ahí que el problema a dilucidar por los votantes potenciales no sea de carácter ético o moral, eso debe descartarse, lo determinante para inclinar la intención del sufragio y actuar en consecuencia en junio próximo, a mi juicio, está en percibir quién o quienes estarían dispuestos con el concurso de todos, a encontrar los mejores caminos para iniciar la reconstrucción de un Veracruz hoy saqueado y en crisis.

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