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Category Archives: PRI

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En abierto, sin tapujos, Peña Nieto inicia su sexto año de gestión provocando polarización y encono entre los mexicanos ante el proceso electoral 2018 que formalmente inicia en noviembre próximo.

Enrique Peña Nieto (La Jornada 03/09/2017) aseguró que hace muchos años que el país no se encontraba ante una encrucijada tan decisiva y determinante como la actual. “La disyuntiva es muy clara: seguir construyendo para hacer de México una de las potencias mundiales del siglo XXI o ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado’’. Afirmación en clara alusión al “populismo” que se dice colocaría a México en igual o peor tesitura que lo que se vive en Venezuela.

Frenar a López Obrador y Morena a cualquier costo es el propósito ya explícito del gobierno peñista y su partido, como se pusiera de manifiesto al afirmar Peña que respeta al tabasqueño pero difiere de su modelo económico, dando lugar a una orquestada andanada de descalificaciones al partido de reciente creación y su líder nacional.  Destacando las declaraciones del secretario de educación, Aurelio Nuño Mayer (La Crónica 010917),  quien llamó a los priistas “… a la unidad y a dar la batalla para que el legado del presidente Enrique Peña Nieto en materia educativa continúe en 2018 y así convertir a México en la Corea del Sur del siglo XXI y no tomar el camino que nos lleva a resultados populistas como los que vemos en Venezuela”.

Nueva versión de “López Obrador un peligro para México”, ahora sustentada en una deformada idea mediática de “populismo” y en presuntos nexos de López Obrador con el gobierno venezolano de Maduro. Ello enmarcado en la posición injerencista del gobierno de México en los asuntos internos de la nación sudamericana.

Con la diferencia de que el México de hoy no es el que gobernaran Vicente Fox y Felipe Calderón. Como tampoco la presidencia de la república y el PRI cuentan con respaldo suficiente para rescatar la hegemonía de antaño, como para pretender  arrebatarle  el posible triunfo a  un López Obrador cuya popularidad y aceptación va en ascenso.

Fruto de la impotencia y la desesperación la estrategia peñista lejos de ser exitosa no solo podría revertírsele en el último año de su gobierno, también y eso acusa extrema gravedad, el que la sociedad se polarice sumando encono entre los mexicanos cuando ya de si no estando el horno para bollos, México se debate en una espiral de violencia que cuestionando a un endeble estado de derecho, lo mismo merma gobernabilidad que capacidad para administrar un conflicto que rebasando a las instituciones republicanas tiene como caldo de cultivo desigualdad, pobreza y deterioro del tejido social en ascenso.

La mayoría del pueblo de México ya no se mueve por consigna dictada desde la cúpula de la élite. La estructura poblacional en lo social, así como la económica caracterizada por una profunda desigualdad en el ingreso, ya no se corresponde con el discurso oficial ni responde a pie juntillas a intencionalidad y propósito del poder formal y fáctico dominante, luego pretender alcanzar unidad nacional en base a una supuesta disyuntiva que equivale  a dos sopas, “o estás conmigo o estás contra mí”, oponiendo el negro al blanco sin ponderar los medios tonos, a mi juicio no solo cae en los terrenos de lo absurdo, también divide y agudiza los conflictos en un país que en su conjunto y salvo pequeñas islas que confirman la regla, sin rumbo claro, timonel y brújula, a partir de la violencia criminal impune, ronda peligrosamente el camino de la anarquía.

Atendiendo al bajo nivel de aceptación que registra Peña Nieto y su gestión, confirmado con la indiferencia de la mayoría de los mexicanos ante un V Informe de Gobierno plagado de triunfalismos sin sustento, mentiras y verdades a medias, en qué cabeza cabe, sin desvariar u optar por un autoritarismo a ultranza, el oponer como una disyuntiva que parte de premisas falsas,  la continuidad de un modelo neoliberal fracasado, entreguista y empobrecedor al retorno al pasado. ¿Cuál pasado? ¿Aquel al que el partido hegemónico con sus luces y sus sombras nos sometiera a lo largo de décadas? ¿A los gobiernos panistas de Fox y Calderón? Vaya manera tan simplista de contemplar la historia de México en aras de dar continuidad a lo que las mayorías rechazan.

México ni es Corea del Sur ni es Venezuela. Cuenta con su propia historia, su propia circunstancia en el orden nacional e internacional, pero sobre todo cuenta con un pueblo que, en las encrucijadas más álgidas de la historia nacional ha sabido encontrar su propio camino. De ahí a que viene entonces la dicotomía planteada, si no es con el propósito explícito no solo de confundir a sectores desinformados de la población, también el de encontrar un respaldo social que no se tiene, en una clase media alta que contempla como peligro a sus aspiraciones de ascenso económico y social el que López Obrador sea un Maduro más en América Latina.

El mismo juego que en Venezuela opone a la clase media alta con las mayorías populares con el resultado por todos conocido. ¿Eso es lo que queremos para México?

Insistiré una vez más: Andrés Manuel López Obrador no es el revolucionario que se sataniza; tanto el cómo Morena son simple expresión de un reformismo progresista que se identifica con el descontento y hartazgo que ha generado un régimen político obsoleto y caduco que, para una población de 130 millones de mexicanos, ya no responde a las necesidades presentes de nuestras realidades.

Ya experimentamos con el PRI y el PAN en el gobierno, por qué entonces se nos quiere negar la opción que ofrece Morena, si no es para seguir igual o peor que endenantes.

Hojas que se lleva el viento

Patética la andanada mediática del priismo en Veracruz  condenando la ausencia de democracia interna en Morena, como si el tricolor tuviera calidad política, ética  y moral para asumirse como paladín de la democracia. Despotrica contra la paja en el ojo ajeno sin tomar conciencia de la viga que nubla su tuerta visión. Todo sea por alcanzar un pedazo de pastel en el 2018.

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 3 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Más allá de la grilla palaciega y su caja de resonancia mediática, cuyo interés último es la búsqueda del poder por el poder mismo, los veracruzanos estamos obligados a exigirnos a nosotros mismos la búsqueda de soluciones concretas a la crisis que pone a Veracruz en los últimos lugares,  tanto del  quehacer económico, y desarrollo humano como de seguridad y administración de la hacienda pública.

Ya encarrilados en el proceso electoral del 2018, tenemos que aceptar que en la entidad se viven días difíciles, así como de la conseja popular que asume el que a grandes males grandes remedios. No puede esperarse que las respuestas a la problemática que se vive, nos lleguen verticalmente de arriba como “Mana” del cielo. La búsqueda de soluciones habida cuenta de la incapacidad del gobierno de la alternancia, deberían partir de la acción organizada, responsable y consecuente desde abajo y desde el seno mismo del pueblo  de Veracruz.

Días difíciles en los que, incluso, esperar una mayor participación del gobierno federal  en la tarea de rescate de la entidad, no pasa de ser una simple ilusión. El gobierno de Peña Nieto, con creces ha demostrado el  dejar a su suerte a Veracruz tras doce años de saqueo, mal gobierno y deterioro económico y social. Más ahora que, con el pretexto de una situación internacional adversa, recorta presupuestos sensibles en educación, salud y bienestar social,  y achica la participación federal a las entidades federativas.

Si el gobierno de la alternancia no puede ni quiere afrontar los problemas sustantivos de nuestra problemática aldeana, como la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la impunidad y el combate frontal al delito en cualquiera de sus manifestaciones, no podemos sentarnos a esperar el que, por la vía electoral en el 2018, se avance en la búsqueda de soluciones a una crisis que lejos de atemperarse se agudiza. El pueblo de Veracruz tendrá que aprender desde ya a rascarse con sus propias uñas, intentando sacar al buey de la barranca con participación organizada y visión de Estado para la coyuntura y el mediano plazo inexistente en el gobierno de la alternancia.

No basta la protesta, dispersa e inicua, frente al poder público, ni el rumiar a solas nuestro descontento y hartazgo. O afrontamos solidariamente nuestra responsabilidad como ciudadanos, o seguimos esperando que, invitados al festín como mirones de palo, desde la cúpula del poder político nos salpiquen con migajas.

El pueblo tiene la palabra, en nuestras manos está el impulsar el cambio, rechazando el más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

Absurdo el solo pensar que el PRI, con lavarse la cara y estirarse el pellejo, inicie un proceso de renovación. Bastaría ver quienes se asumen como avatares del renacimiento. Los mismos rostros de siempre, incluido el “gober precioso”, Fidel Herrera, Emilio Gamboa Patrón y Carlos Romero Deschamps,  las mismas mañas, el mismo clima de corrupción impune y la misma suma de intereses particulares o de grupo en perjuicio de las mayorías. Más absurdo el que conociendo el bajísimo nivel de aceptación ciudadana del primer priísta de México, Enrique Ochoa Reza propale a todo pulmón que con retoques cosméticos “… el PRI está en condiciones de ganar la Presidencia y las nueve gubernaturas priistas, así como la mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Patético y más aún el que se pretenda convencer al electorado de que en el 2018, un nuevo PRI que negándose  a rechazar al modelo neoliberal empobrecedor en curso, con nuevo maquillaje  cual Quijote habrá de combatir la corrupción hasta sus últimas consecuencias.

Casi, casi igual que Miguel Ángel Yunes Linares tras su fracaso inicial como gobernador de dos años, aun pretende vender la idea de que uno de sus vástagos, populachero y valentón, es la mejor opción para gobernar a Veracruz.

Que con su pan se lo coman.

-ooo-

A sabiendas de que se han sido utilizados prestándose al juego de la estrategia de odio y venganza impulsada por Yunes Linares, algunos medios de comunicación se sienten con derecho a seguir medrando a costillas del erario público, exigiendo se pague a la prensa-empresa como en los oscuros días de Fidel o Javier.

-ooo-

De manteles largos, nuestro buen amigo Melitón Morales Domínguez, quien en compañía de su familia y amigos cercanos, celebró el pasado viernes el arribo al 39 Aniversario de la revista “Análisis Político”. 39 años se dice fácil, pero sortear y salir avante sexenio tras sexenio y gobernador tras gobernador, sólo es posible con visión empresarial, disciplina y trabajo, mucho trabajo.

Cd. Caucel, Yuc., a 15 de agosto de 2017

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Convencidos de que contender en una elección solos y su alma ya no da más, observamos el estira y afloja al interior de los partidos políticos buscando con vías a la elección del 2018, unos la alianza útil que les asegure el alcanzar lo mismo el triunfo que el poder por el poder mismo, otros el contubernio que les permita seguir uncidos al financiamiento público, sin que se dé el más mínimo asomo de aceptación de que lo que ya no funciona es el régimen político vigente; de una obsolescencia de un sistema presidencialista que, habiéndose quedado en el pasado,  habiendo perdido legitimidad  ya no se corresponde con una sociedad plural y ampliada que en su afán de búsqueda de una democracia participativa, en las actuales condiciones del país ya no encuentra rumbo cierto bajo la conducción del Estado.

Y es en este escenario en el que la vida política del país, arrastrando consigo a una depauperada economía deja de responder a las necesidades de un tejido social en franco deterioro.  Imposibilitado el Estado mexicano para administrar con eficiencia y eficacia el inevitable conflicto de clases y de grupos de poder formal y fáctico, da lugar a significativo incremento lo mismo de desigualdad, desempleo,  pobreza, inseguridad e incertidumbre, que al flagelo de la corrupción impune en todos los niveles y estratos de la población.

Sin más visión de Estado y de futuro, sin más paradigma ideológico que un burdo pragmatismo neoliberal exacerbado desde el gobierno con el auxilio de los medios de comunicación domésticos y extranjeros, así nuestra llamada clase política deambula  como zombi en torno a la política electoral sin brújula ni rumbo.

La historia no da marcha atrás. Cualquier similitud con hechos del pasado es solo eso, similitud diferenciada en tiempo y espacio que no admite como válido el lugar común de “la historia se repite”.  Lo que estamos viviendo en México es inédito, no tiene parangón con lo acontecido a lo largo de la última centuria en la historia del país. Contextos internacionales diferentes, pirámide poblacional, circunstancias específicas de coyuntura y hombres y mujeres como hacedores de la historia también diferentes,   hablan por sí de un cambio de época irrepetible que concita a un cambio tanto en la manera de concebir al Estado como en el comportamiento de una sociedad atrapada en la telaraña de un presidencialismo venido a menos,  partidocracia política corrupta y modelo económico y social neoliberal empobrecedor que desde hace más de 30 años sólo ofrece disfuncionalidad entre propósitos, objetivos y resultados.

No se puede ni debe seguirse así. El llamado social al obligado cambio es cada día más estridente, encontrando como respuesta verborrea presuntamente autocrítica de quienes desde la élite del poder ni ven ni escuchan, priorizando en su orden jerárquico de prioridades lo que conviene a intereses particulares o de grupo siempre ajenos al interés primero de las mayorías.

Y es en este marco de reflexión que ubico a los resultados de la Asamblea Estatal del PRI en Veracruz. Y si bien es cierto que la vida interna de los partidos políticos corresponde juzgarle a su propia militancia, en la medida en que ponen la ropa sucia al sol haciéndola pública y en tanto de una u otra forma incide para bien o para mal en el seno de la sociedad en su conjunto, vale el escrutinio público.

En su pretensión de ofrecer una nueva cara al electorado como un renovado PRI, aplicando la parafernalia del PRI de siempre, la Asamblea –para algunos mitin- se avocó en mesas de trabajo a hacer un recuento de éxitos y tropiezos del partido a lo largo de su historia tanto en el ámbito nacional como en la aldea, concluyendo que son más los primeros en beneficio de la sociedad a la que dicen servir que los segundos que a últimas fechas empañan el tinglado. Predominando la idea de que hay que dejar atrás el mal lastre acumulado, sobre todo en lo que a Veracruz toca, y regresar a “… enarbolar las causas nacionales y locales, las causas por las cuales lucharon sus fundadores y siguen haciéndolo los mexicanos…”

Y bla bla bla, sin un mínimo de talante autocrítico que apuntara a reconocer que de ninguna manera el PRI, o cualquier otro instituto político en México, está o estaría en condiciones de enarbolar las causas nacionales o locales por las que lucharon sus fundadores. La sociedad hoy es otra con otras necesidades, demandas y reivindicaciones; el contexto dominante es diferente al que se enfrentara el PRI en su devenir histórico  y la circunstancia, la elección del 2018 en un país en crisis, evidentemente no tendrá comparación alguna con otra en el pasado.

El crisol fundacional del PRI lo fue una Revolución social interrumpida y traicionada. Su fundación respondió a necesidades concretas del poder formal y fáctico de  la época, y su debacle hoy día está marcada por el arribo de un neoliberalismo trasnochado que substituyendo al modelo estabilizador, desde los inicios de su aplicación a finales del gobierno de López Portillo alejara al partido de las causas nacionales y, por ende, de las de los veracruzanos.

Hasta donde es dado conocer por lo publicado en la prensa, no se dio un punto de encuentro entre la crítica social, la autocrítica interna y la visión de futuro que hoy pretende el priísmo veracruzano venderle a los sufragistas. No se tiene noción o no se quiere aceptar el cambio de época, como no se acepta explícitamente que la ideología extraviada y surgida de la Revolución Mexicana quedó en el pasado; que la dominante y que por tanto delinea el quehacer partidista, presente y futuro,  es la ideología neoliberal en su vertiente pragmática, corrupta y depredadora.

¿A cuál de los dos paradigmas ideológicos contrapuestos se refieren cuando hablan de regresar a “enarbolar las causas nacionales? Cuando bien se cuidan exaltando la figura presidencial y las llamadas “reformas estructurales”, sin el más mínimo asomo de cuestionamiento al modelo neoliberal vigente que ha dado al traste con independencia, soberanía nacional, estado de derecho y justicia social.

Si la pretensión es ofertar para el 2018 a un PRI renovado, tendría que refundarse sobre nuevas bases, atendiendo a la necesidad de un nuevo Estado para una nueva sociedad. No hay de otra. El cambio de época lo reclama y exige, empezando por dejar atrás una retórica hoy carente de sentido.

Cambiar simplemente de página para seguir igual no es la respuesta.

Xalapa, Ver, julio 6 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Frente a las turbulencias que agitan la vida política y social de Veracruz, se alza la voz   de una infinidad de medios de comunicación, columnistas, comentaristas y politólogos  que, en nombre de la verdad, la objetividad e independencia de criterio, confundimos  más que informar a una audiencia ávida de escuchar  lo que quiere  escuchar.  Anteponiendo a lo sustantivo la especulación y el rumor que rodea al sonado caso de barandilla “Veracruz, Javier Duarte y su cauda de pillastres”.  Construyendo una verdadera cortina de humo tras la que en los hechos,  se pretende ignorar u ocultar la existencia de una profunda crisis estructural que, multisectorial y multidimensionalmente lo mismo atañe a la política política que a la economía  y al tejido social.

Crisis que lejos de tocar fondo, profundiza día con día en sus alcances, conforme se pierde un tiempo valioso en el propósito de llevar hasta sus últimas consecuencias una absurda venganza social que,  en primera y última instancia no conduce en lo absoluto a resarcir el daño causado a Veracruz por una caterva de saqueadores con disfraz de servidores públicos. Concentrándose la atención en el árbol más próximo e ignorándose el bosque que se consume bajo el fuego.

La economía estatal en picada, la política política en franca descomposición reflejando los estertores de un régimen que ya no da más y un tejido social vulnerado,  en el que la desigualdad y la pobreza ahíjan y cobijan conductas contrarias al bien común. Caldo de cultivo propicio y auspiciador lo mismo de violencia criminal que de perpetuación de prácticas nefastas contrarias a la vida democrática de una sociedad hoy sometida y manipulada por espurios intereses de mafias y camarillas que, desde la administración pública,  atentan contra la sociedad en su conjunto.

Estado de cosas que, inédito y guardando la necesaria proporción en relación al acontecer nacional, no tiene cabida en la prioridad mediática ni da marco referencial para distinguir entre lo que es el saqueo a la administración pública,  con todas sus consecuencias presentes y futuras y una crisis que no es potestativa de Veracruz en tanto está presente a todo lo largo y ancho del país. México se le escurre entre los dedos al viejo régimen y el alto grado de descomposición política y social que se vive en la entidad veracruzana, es solo la punta del iceberg.

Habría que insistir, el régimen político vigente ya no da más, arrastrando consigo en su obsolescencia al todo nacional. La tragedia veracruzana lo confirma, el rumbo está extraviado,  se carece de brújula y la llamada clase política en medio de la corrupción impune, dando palos de ciego agudiza sus propias contradicciones abonando al creciente deterioro poniendo en evidencia la necesidad de un nuevo pacto social para el México del Siglo XXI.

Conocedor del paño, juez y parte, Manlio Fabio Beltrones asegura que “El problema está en el sistema político, no solamente en los hombres”, empero, no puede dejarse de considerar que son los hombres los que dan vida a un régimen político y este,  en México está podrido, la corrupción rampante anida lo mismo en los hombres que en un sistema político depredador que ya no responde a las necesidades del Estado mexicano.

Javier Duarte no es “chivo expiatorio”, como señala Andrés Manuel López Obrador. El hoy prófugo gobernador con licencia, a mi juicio es expresión viva del grado de descomposición del régimen caduco. Y aquí cabe apuntar que en medio del caos, para Veracruz el ratificado como gobernador electo y el interino que tomara la papa caliente pretendiendo salvar lo insalvable, no escapan a esta realidad que se retroalimenta lo mismo del centro a la periferia que de ésta última al centro.

El deterioro es generalizado y no hay forma de evadirlo. El mundo entero atraviesa por la misma tesitura sin que se vislumbre alguna luz al final del túnel.

Quizá por ello, los pueblos originarios agrupados en el Congreso Nacional Indígena y jalonados por el EZLN, sin ataduras que les vinculen con los intereses mafiosos de la partidocracia, llamen lo mismo a resistir que a oxigenar la vida política nacional rescatando con una participación masiva, responsable y consecuente por la vía del voto, los principios sustantivos de la democracia representativa. Llamado que no puede echarse en saco roto, si se pretende entender el estado de cosas que configura la profundidad de la crisis de un régimen político rebasado por la terca realidad.

Hojas que se lleva el viento.

Sin pena ni gloria y sin más presencia que los mismos de siempre, transcurrieron las dos horas que Enrique Ochoa Reza, presidente del CEN del PRI le dispensara a Veracruz. La renovación del partido y el combate a la corrupción, fue el tema central del manido discurso del administrador partidista designado por Peña Nieto. Lo destacable es que mientras Ochoa Reza leía la cartilla a la élite priísta veracruzana, el militante sin derechos haciendo gala de impunidad, tomó las de Villadiego presuntamente cobijado por el mismo PRI… Desconocemos su paradero, declaró el responsable de la política y seguridad interna de México. Así se las gastan.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 20 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Por fin se libró Veracruz de un gobierno  fallido, corrupto e impune?

Para nada, la despedida de Javier Duarte ha sido un juego más en la larga cadena de simulación con la que el ahora gobernador con licencia  se ha burlado de la ingenuidad política de los veracruzanos.

Tanto la solicitud de licencia y su aceptación por parte de una Junta de notables (Junta de Coordinación Política de la Legislatura local), así como la designación “fast  track” (dedazo) de Flavino Ríos Alvarado como gobernante sustituto, no es otra cosa que  un acto de prestidigitación pactado para, hasta el último minuto de noviembre próximo, hacerle la vida imposible al gobernador electo.

Ganar tiempo, en la estrategia de desbancar a Yunes Linares es la jugada; dejar correr los días y esperar activamente que el TEPJF se pronuncie en contra del triunfo electoral del choleño  y en ello descansa el pacto acordado entre Javier y Flavino. Presión, mucha presión sobre los señores ministros y cero respaldo del gobierno estatal a las exigencias del por ahora gobernador electo y su partido.

47 días no dan para más. ¿O acaso como señalan los “fans” del ex secretario de gobierno, bastan y sobran para limpiar la casa? 

Pretender que la población acepte que la licencia de Javier Duarte responde a quedar en libertad de defenderse de lo indefendible y poner a salvo su buen nombre y el de su familia, es tanto como esperar que los veracruzanos estén ciegos y sordos para no ver ni entender la profundidad del saqueo inmisericorde e impune a lo largo de los últimos doce años. Luego la motivación que impulsara la solicitud de licencia a 48 días de concluir su mandato, es otra y no la que con todo descaro explícitamente ofreciera el defenestrado y aún “primer priista” de Veracruz en su despedida.

Si la instrucción  vino de Los Pinos, o fue una decisión que a motu propio tomara Javier Duarte, a estas alturas es irrelevante. Lo destacable es que como quedara asentado en la entrevista televisiva  con Loret de mola, para Javier Duarte la mejor defensa es el ataque, con la pretendida intención de evitar que Yunes Linares tome posesión como gobernador de Veracruz.

Estrategia perversa que si no le evita ser enjuiciado, cuando menos se lleva entre las patas al por ahora gobernador electo. Contando para ello con la complicidad no sólo de un puñado de diputados locales, también  con la de Flavino Ríos Alvarado que, como es del dominio público, no ha tenido empacho en respaldar  a Duarte atacando a Yunes Linares desde la secretaría de gobierno.

Pacto al que sin duda implícita o explícitamente  no es ajeno el propio presidente Peña, su secretario de gobernación y el sedicente dirigente nacional del PRI.

Más de lo mismo en una continuidad pactada. No se puede esperar otra cosa y sí, como ya se otea en el horizonte próximo, la puntilla para un Veracruz ofendido, lastimado e inerme ante los juegos perversos de un poder formal que sin disimulo alguno, jugando con lumbre y sin ya nada que perder, carente de autoridad moral y política le apuesta  al todo por el todo a costa de la precaria supervivencia de millones de veracruzanos.

Lo lastimoso es que estos millones, indiferentes cual mirones de palo, aún confían en un inexistente estado de derecho, dejando hacer, dejando pasar en espera de mejores tiempos… Y algunos, unos pocos, aplauden la ilegítima designación de Flavino Ríos como bateador emergente.

Hojas que se lleva el viento

Hundida la nave en nauseabundo cieno, en el colmo del absurdo el PRI en Veracruz aún le apuesta a recuperar en la elección municipal del próximo año el terreno perdido. Ajeno al pensar y al sentir de los veracruzanos, desde ya baraja sus cartas para imponerle a la militancia los mismos rostros, las mismas mañas, como si no pasara nada tras la defenestración de Javier Duarte y su camarilla delincuencial. Y en estos mismos terrenos Pepe y Héctor Yunes jalando agua para su molino. O los priístas no han evaluado la profundidad de la crisis de credibilidad y supervivencia que vive su partido en la entidad, o de plano  la derrota de junio les hizo perder la chaveta. A buen entendedor pocas palabras, Veracruz entero no quiere nada con el PRI.-

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Pretendiéndose curar en salud, cuando la póstula gangrenó, suena a algo así como a algo fuera de lugar. Tal es el caso de la nomenklatura  priísta que, desgarrándose las vestiduras y en nombre del combate a la corrupción hace como que hace expulsando de sus filas al primer priísta de Veracruz.

Habiendo no sólo consentido sino solapando a Javier Duarte de Ochoa en sus desaciertos y tropelías a lo largo de un sexenio, hoy, que ya se va, indignados piden  la horca para el peor gobernador que Veracruz ha padecido.  El colmo del absurdo, pero así es,  los corruptos investigan, juzgan y condenan a uno de sus más paradgmáticos correligionarios, no por su pésimo desempeño, carencia de autoridad moral y política y ganador a pulso del repudio popular, sino por no haber sabido guardar las formas exhibiendo con cinismo y descaro lo peor de la militancia tricolor.

Pero no sólo el priísmo corrupto y simulador,  la partidocracia se hace uno respondiendo no al bien común de una sociedad saqueada y harta de desatinos y corrupción impune, más bien como es ya del conocimiento público,  atendiendo a la consigna que, desde la cúpula presidencial pretende dar vida a una legislación y a un “sistema  anti corrupción” que habiendo nacida muerta, encuentra víctima propiciatoria a modo para levantar la imagen de un presidente de México hoy en el sótano.

¿O no acaso tanto la ley como el sistema no fueron diseñados, aprobados e impuestos por lo más notable y destacado de la corrupción partidocrática?

Pero no para ahí la cosa. ¿Por qué hoy y no cuando el clamor popular y el bombardeo mediático pusieran en primer plano el desastre de una administración pública a cargo de un tan inútil como perverso discípulo y ahijado de Fidel Herrera Beltrán?

Simple a mi juicio la respuesta. Peña Nieto requiere de un distractor a modo que encubra ya no sólo su propia tendencia corrupta y corruptora, también el fracaso de un régimen político caduco y en plena obsolescencia cuyas aristas más agudas de su crisis,  se expresan en un paquete económico que, para el 2017, acarreará serias consecuencias en la vida económica y social de un país en el que las mayorías empobrecidas suelen pagar los platos rotos.

Estrategia mediática de óptimos resultados en Veracruz. La cortina de humo es tal  y tan espesa, que para la audiencia el presunto castigo a un priísta saqueador tiene prioridad por sobre la realidad real de un presente y futuro económico y social al que no se le encuentran pies ni cabeza.

Devaluación en la paridad cambiaria, deterioro del salario real y pérdida de su poder adquisitivo, un aparato productivo caduco e ineficiente generador de más desempleo, inseguridad y violencia, entre otros rubros del desastre, ¿se privilegian en la jerarquización de prioridades en Veracruz? No. El juicio, desafuero y cárcel de Javier Duarte y sus achichincles no menos corruptos, primero,  lo demás es lo de menos que ya mañana dios dirá… Aunque ya sea demasiado tarde.

¿Qué nos pasa?

No cabe duda, nos guste o no, en Veracruz el PRI sigue siendo el ombligo que da vida y en torno al cual seguimos girando.  No aprendemos ni siquiera de una realidad que nos agobia.

Xalapa, Ver., septiembre 25 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El manotazo del Sr. Peña Nieto instruyendo a la PGR para impugnar el blindaje de los gobernadores de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, a mi juicio pretende ir más allá de un interés genuino por combatir la corrupción. No es circunstancial el que casi simultáneamente imponga a Enrique Ochoa Reza como presidente del CEN del PRI.

De hecho, la medida adoptada es un claro deslinde de su gobierno con el viejo PRI, que ya constituye una pesada carga en su propósito transexenal de dar continuidad a su proyecto neoliberal de país.

La derrota en siete de doce procesos electorales estaduales en el presente año, para Peña Nieto no fue resultado de políticas públicas equivocadas de su gobierno, como lo dejara entrever Manlio Fabio Beltrones en su renuncia como dirigente nacional del tricolor. Lo atribuye a un partido político que incapaz de vender y defender con acierto y eficacia la bondad de las reformas llamadas estructurales, se ha mantenido prácticamente al margen dejando en manos de los gobernadores el respaldo a la estrategia “modernizadora” presidencial.

La semana pasada al referirme a la caducidad del régimen político en México,  señalaba que el PRI ha dejado de serle funcional al presidente. La reacción aunque tardía de Peña Nieto parece confirmarlo.

El PRI ahogado en sus propias contradicciones no está con dios ni con el diablo. Los intereses del partido en el mosaico nacional, se identifican más con  los respectivos virreyes en cada entidad federativa que con la estrategia trazada por el gobierno del Sr. Peña. No ha habido interés real del PRI para acompañar  -más allá del posicionamiento retórico del discurso mediático-, al presidente en la instrumentación y consolidación de  las reformas estructurales en que este sustenta su concepción de modelo de país al que deberíamos aspirar los mexicanos.

En Veracruz a lo largo de los últimos doce años, y con énfasis en la primera mitad del mandato Peñista, el PRI ha respondido en todo tiempo a cubrirle las espaldas al gobernador en turno en su interminable secuela de saqueo y corrupción impune, desentendiéndose de lo que para Peña Nieto es prioritario para el país.

Y si bien, omiso Peña Nieto dejó hacer, dejó pasar, el rechazo callejero cada vez más amplio a las reformas y pérdida de aceptación de su mandato reflejada en las urnas, le obliga tardíamente a reaccionar,  poniéndole un hasta aquí a tres gobernadores, entre ellos, al fallido de Veracruz que contribuyera activamente a la derrota electoral.

Sumándose a la vieja práctica de decir lo que la gente quiere escuchar para,  en su pretensión de recuperar el terreno perdido, concluir su mandato con el respaldo social y  la fuerza necesaria para imponer su proyecto transexenal.

El que no ayuda que no estorbe

Con Ochoa Reza, Peña Nieto pretende recuperar el control sobre el partido en el gobierno. O bien, dejarle morir reduciéndolo a su mínima expresión. Puesto que no hay de otra, ya que la opción de renovarle adecuándolo a los propósitos neoliberales del régimen, es tarea algo más que imposible. Los intereses creados heredados y la inercia de una corrupción que anida en todos los niveles, está inscrita en el ADN del dinosaurio viviente. A lo cual habría que sumarle el rechazo popular a una institución caduca a la que se identifica en el imaginario colectivo como  ajena a los intereses más caros de la nación.

Ante el transcurrir de un tiempo que al Sr. Peña se le escurre entre los dedos y el cada vez más amplio movimiento social de rechazo a las políticas públicas emanadas de Los Pinos, si el viejo PRI no ayuda que no estorbe. Es al parecer la conclusión a que ha llegado Peña Nieto. De ahí a mi juicio  su estate quieto presuntamente en defensa de la legislación anti corrupción que le aprobara el Congreso de la Unión.

En este escenario, la pregunta obligada es si un tecnócrata salido del pesebre de los aprendices de brujo, artífices de las reformas presuntamente estructurales, podrá recuperar ya no solamente el control del partido, sino incluso, los niveles de confianza y credibilidad en su propia militancia.

Por lo pronto, lo más execrable del PRI, como es el caso del ex gobernador Ulises Ruíz, ya brincó ante la imposición del ex director de la CFE como dirigente nacional, considerando fuera de lugar la intervención presidencial atropellando a la “nomenklatura” de la vieja guardia partidista, o, la oportunista postura de la CNC, exigiendo como moneda de cambio la vuelta al pasado en el reparto de posiciones, prebendas y canonjías clientelares.

En la aldea

En la aldea, la vida política de la entidad veracruzana, conducida por Duarte de Ochoa, se concentró en impedir la llegada a la gubernatura del enemigo número uno del fidelismo, desentendiéndose de los propósitos y objetivos que con carácter prioritario pretende alcanzar el presidente. Y peor aún, desviando, por decir lo menos, recursos federales destinados a dar soporte a la estrategia presidencial, orillando a la entidad a un palpable desastre económico y social, generador del protagonismo exacerbado del descontento y el hartazgo.

De ahí que en el imaginario colectivo pese más la impugnación de la PGR que abona a la exigencia de la renuncia de Javier Duarte, que la imposición del dirigente nacional del tricolor.

Con un PRI en los hechos descabezado en Veracruz y sin más visión que la electoral cortoplacista para lo que viene en el 2017 y 2018, lo accesorio se impone sobre el principal, los propósitos y objetivos del Sr. Peña se consideran irrelevantes ante el reto doméstico de recuperar el gobierno de Veracruz.

Faltaría ver si la alternancia con Miguel Ángel Yunes Linares, contribuye o no a lo que el presidente exige, cumpliendo con aquellas tareas a las que el PRI les diera la espalda. Si el PAN como partido en el gobierno de Veracruz cumple con las expectativas presidenciales, la opción para el relevo en el 2018 está más que cantada.

Lo que suceda en el futuro cercano, está condicionado a la realidad real, en un país en el que el descontento y el hartazgo están al límite. El no a las reformas presuntamente estructurales domina en la calle. ¿Podrá el PAN revertirlo para hacerse merecedor a la confianza del Sr. Peña? Es pregunta.

Mérida, Yuc.- Julio 13 de 2016.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

En el marco de la tragicomedia en que un gobierno fallido arrastra a la vida política de la entidad, no deja de sorprender el que los aspirantes a la minigubernatura de dos años insistan en orinar fuera del tiesto.

Tras meses de precampaña, los aspirantes inician el proceso de registro formal de sus intenciones sin modificar un ápice la tónica triunfalista y mesiánica con la que han bombardeado a propios y extraños. El yo por delante, fuera de contexto con el que asumen ser los llamados a transformar para bien a una entidad federativa postrada y en constante deterioro en todos los órdenes, habla por sí del carácter triunfalista y sin sustento del discurso

De espaldas a un ominoso horizonte nacional e internacional en el que estancamiento y recesión sistémica es la única luz que se vislumbra al final del túnel, machaconamente reiteran su disposición de salvataje para enderezar el gran entuerto en escasos 18 meses. Yo estoy listo, yo puedo, yo estoy limpio, yo generaré miles de empleos con mejores salarios, yo protegeré a los veracruzanos de la violencia criminal, yo acabaré con corrupción e impunidad, yo aseguraré un futuro pleno de oportunidades para los jóvenes. Yo, yo y sólo yo, y nadie más, es la cantaleta de moda en el proceso electoral en marcha, como si de un solo hombre o mujer dependiera el enderezar el rumbo y retomar el sendero perdido.

En contraste, la realidad real ofrece un panorama distinto. No hay respuesta válida para una crisis sistémica global. El deterioro económico es generalizado en todo el orbe y su tendencia a profundizarse se agudiza. En México el INEGI anuncia recesión y el Banco de México advierte que las posibilidades de crecimiento y rescate del empleo son limitados. El gobierno federal aprieta el cinturón y los recortes al presupuesto son ya pan de cada día,  en detrimento de tan optimistas como infundados propósitos y objetivos de un presidente Peña al que el país se le escurre entre los dedos.

Ni a cual ir, tanto quienes aspiran a la gubernatura como los que se apuntan para el relevo de la Legislatura en funciones, cojean del mismo pie.  Cual iluminados tenedores de una varita mágica capaz de enderezar al jorobado más contrahecho, pasan por alto que la realidad real les desmiente.

Ni apego al contumaz contexto de una realidad real ni la más mínima idea de lo que siendo deseable es posible realizar en el corto período de transición. Sólo el prurito de convencer con un falso discurso a un electorado potencial que, curándose en salud por principio niega el sufragio a una partidocracia corrupta, voraz e impune que a fin de cuentas, su propósito último es mantener secuestrada a una incipiente democracia representativa.

Hoy precampañas, mañana campañas, para culminar en junio próximo con una elección que por principio para el imaginario colectivo no garantiza nada que no sea más de lo mismo.

Estimados lector@s, si buscan que alguien les cuide, les de empleo, les mejore el salario y les asegure una vida digna, no lo piense mucho, sólo voten deshojando la margarita. Para el caso es lo mismo, con  más de lo mismo te gratificará con creces el poder del yoyo.

Hojas que se lleva el viento

Indignante el que texto servidores al servicio del autismo oficial,  califiquen a la megamarcha universitaria como fruto de la manipulación político partidista del PAN, orquestada desde las sombras por Miguel Ángel Yunes Linares. Si esta burda maniobra del denostado gobernador fallido estuviera respaldada por algún viso de verdad, su difusión por diversos medios tendría que interpretarse como un flaco servicio al PRI y a sus precandidatos, al exhibir una capacidad de convocatoria y manipulación social de la alianza opositora que está muy lejos de tener. Para el grueso de la sociedad, la maniobra duartista no es otra cosa que una expresión palpable de desprecio ya no sólo a la comunidad universitaria y al respaldo que le diera la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, también a la inteligencia de los veracruzanos. Patadas de ahogado de un pseudo gobernador aferrado con desesperación a un cargo que la sociedad le niega.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Fiar al enemigo político la capacidad de construir un proyecto democrático y una alternativa popular es tanto como abrir el gallinero al zorro, ponerlo de vigilante, pretender que no se coma a las gallinas y luego negar la naturaleza predadora del zorro. Marcos Roitman Rosenmann

Todo indica que las precampañas de quienes aspiran a gobernar a Veracruz además de polarizar a las audiencias y fragmentar la intención del voto, también cumplen con la tarea de desviar la atención de la opinión pública, privilegiando estridente ruido mediático en torno a la crisis de gobernabilidad provocada por Javier Duarte de Ochoa, soslayando la gravedad del momento que se vive en economía y finanzas nacionales bajo el modelo neoliberal que impulsa Peña Nieto, como si la entidad fuera ajena a un desastre que nos compete a todos por igual.

Todos los aspirantes, sin excepción estiman redituable hablar de lo que en la coyuntura una mayoría considerable quiere escuchar. “La gente quiere sangre, tiene sed de venganza”, se dice entre quienes conocen del paño electoral y en ello se concentra la monotemática proselitista de descalificación oportuna de un gobierno fallido, como si toda la responsabilidad de la debacle que se vive en Veracruz fuera del hoy denostado Javier Duarte de Ochoa y, por lo consiguiente, la solución a los problemas vigentes y futuros radicaría en un nuevo estilo de gobernar y simple cambio de estafeta en la administración pública. Evadiéndose el hecho irrefutable de que dos presidentes, Felipe Calderón y Peña Nieto no sólo han tolerado sino incluso respaldado a quien se aspira a suceder.

Así, los que ayer callaron hoy se asumen médicos de cabecera de Veracruz, recetando cárcel para los prevaricadores y saqueadores a partir de un falso diagnóstico en el que lo obvio de un pésimo gobierno es punto de partida. El modelo privatizador y empobrecedor que se impulsa desde Los Pinos bajo la batuta de los poderes fácticos empresariales, no cuenta, no afecta a Veracruz, no requiere de revisión, cuestionamiento y corrección; en el discurso distractor ni es padecimiento que acuse la entidad ni merece médico, remedio y el trapito.

Evadiéndose con pleno conocimiento de causa, que el deterioro económico y social de un país en crisis en el que Veracruz no es ajeno, no sólo va de la mano del desastre financiero y de gobierno de la administración duartista, sino que incluso le antecediera a partir de los gobiernos priístas que adoptando el llamado “Consenso de Washington”, impusieran el modelo neoliberal que hoy padecemos, secundado en su momento en la alternancia panista con Vicente Fox y Felipe Calderón.

Temática tabú esta última, en tanto que por encima del interés presente y Futuro de Veracruz está el no cuestionar, confrontar o contradecir a Peña Nieto y su cohorte de aprendices de brujo, generadores de mayor desigualdad y pobreza. El interés personal y partidista por encima del interés nacional.

“De lengua me como un plato”, dice refrán popular, aplicable a la retahíla de frases hechas, medias verdades y medias mentiras. Fácil resulta hablar, ofrecer, prometer, señalando consecuencias y evadiendo origen último de la problemática multidimensional que se vive en Veracruz y en el país entero. El pueblo quiere escuchar que habrá cárcel para los saqueadores de cuello blanco, y a eso se atienen los aspirantes para ganar aceptación y sufragios, pero lo que no se escucha es que además de merecida prisión quienes han traicionado a Veracruz también deberían regresar lo que se llevaron. Mucho ruido y pocas nueces, en diferente tono y con diverso énfasis, pero el discurso distractor iguala a los aspirantes en la búsqueda del mini gobierno de dos años. Lástima le diríamos a Margarito, en primera y última instancia ello no augura otra cosa que gatopardismo. Luego cabe la interrogante: ¿estarían dispuestas las mayorías a sufragar en junio próximo a favor de partidos y candidatos que ofrecen atole con el dedo, evadiendo lo sustantivo?

¿Votaríamos a favor de la venganza, simulación y más triunfalismo sin sustento, a sabiendas de que desigualdad, pobreza e inseguridad lejos de disminuir se profundizarán con un gobierno estatal subordinado al modelo “reformador” de Peña Nieto?

A lo mejor sí, a lo mejor no, todo depende de si las mayorías hoy mirones de palo, estarían dispuestas a despertar a tiempo.

Hojas que se lleva el viento

Ramon-Castro-Ruz

Ramón Castro Ruz (“Mongo”

Ramón Castro Ruz (“Mongo”), hermano mayor de Fidel, falleció la mañana de hoy 23 a la edad de 91 años. Paradigma de amor a la tierra y al trabajo revolucionó la ganadería bovina cubana. Tuve el privilegio de recibirle en mi casa en los márgenes del río San Pedro, en el Plan Balancán-Tenosique, Tabasco y, más tarde en reciprocidad me invitó a una inolvidable velada en el Plan Especial Genético de Picadura en el que se desempeñara como Director. A su muerte ostentaba el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Descanse en paz.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin que ello implique el estar de acuerdo con la estrategia bajuna y perversa de echar abajo la alianza entre el PAN y el PRD para la elección del 2016 en Veracruz, por el sólo hecho de la posibilidad de que ésta pudiere designar como candidato a la minigubernatura al Lic. Yunes Linares, considerado enemigo más que adversario político para el duartismo fiel, estimo que para el electorado en general y más allá de la opinión de las militancias panistas y perredistas sobre tal coalición, se debe pensar dos veces antes de decidirse a sufragar por una alternancia que no necesariamente es garantía de progreso para Veracruz.

Si bien es cierto que conforme se acerca la fecha de las definiciones electorales para los partidos políticos contendientes, el consenso en torno a echar fuera del gobierno estatal al PRI crece y se consolida, el descontento y el hartazgo debería llevar a la población a un análisis a fondo de lo que implica el prescindir de un gobierno tricolor para substituirle por una fórmula que, en su pragmatismo a ultranza, aspira al poder por el poder mismo, sin proponerse modificar en lo sustantivo el negativo estado de cosas que hoy prevalece en la entidad.

Echar al PRI del gobierno estatal para más de lo mismo, carecería de sentido práctico para los votantes y un evidente retroceso para la vida política y social de la entidad.

Afirmo que más de lo mismo con una alternancia sustentada en una alianza PAN-PRD, porque basta con recurrir a un poco de memoria para convencernos de que los antecedentes tanto de los partidos presuntamente en vías de coaligarse como de sus posibles candidato tanto a la gubernatura como a las diputaciones locales, no son nada gratos ni prometedores para un cambio verdadero. Aún está fresca en la memoria colectiva el papel jugado por ambos institutos políticos como aliados y cómplices del PRI en el llamado “Pacto por México”, impulsando y aprobando reformas que diciéndose estructurales, han resultado excluyentes, empobrecedoras y antidemocráticas, agudizando desigualdad, polarización, pobreza y pérdida de soberanía.

Nada indica que el panismo se oponga en lo sustantivo a las políticas públicas del peñismo, como tampoco nada indica que el PRD con “los chuchos” tras bambalinas, esté dispuesto a reconocer que se equivocó al respaldar la estrategia neoliberal del régimen que preside Peña Nieto y estar dispuesto con talante autocrítico a enmendar su error.

Tanto el PAN como el PRD afirman que la alianza propuesta es pragmática y al margen de toda implicación ideológica. Lo real es que su pragmatismo es ideológico. Ambos están a favor de estrategias de mediano y largo plazo y objetivos y metas cortoplacistas neoliberales que ni en forma ni fondo se diferencian de las asumidas por el Revolucionario Institucional desde hace más de tres décadas. Se dice que agua y aceite no se mezclan, esto, si realmente se tratara de agua y aceite, empero en los hechos PRD y PAN ideológicamente representan a las corrientes más reaccionarias del espectro partidista de un régimen obsoleto y caduco. Uno pretendiendo guardar las formas que le identifican con su origen y, el otro, exhibiendo su degradación ideológica y programática que no tiene nada que ver con la izquierda reformista que le diera origen. Son lo mismo para efectos prácticos y en ello debería pensarse.

El estómago vacío y la cabeza caliente, suelen ser pésimos consejeros para una gran mayoría que viviendo al día, subordinada al poder político y económico, es víctima de enajenación y manipulación. El descontento y hartazgo es el primer paso para liberarse, tomar conciencia de ello ya es un gran avance, en tanto se tenga claro quién es el adversario y donde ubicarlo. No es simplemente el PRI o los gobiernos emanados de este Instituto político como el corrupto y fallido de Duarte de Ochoa en Veracruz. Es la partidocracia tradicional, impune y rapaz, que respaldando a un régimen que gobierna para las clases dominantes, mantiene secuestrada a la democracia representativa, haciendo de los ciudadanos simples mirones de palo en la toma de decisiones que le competen en su vida cotidiana.

Luego echar al PRI substituyéndolo por otra denominación partidista, sola o en alianza, igual o peor, no es el remedio para una entidad federativa hundida y sin expectativas de progreso.

Faltan aún seis meses para que los votantes se expresen en las urnas. Tiempo suficiente para enfriar la papa. Si se está convencido de la necesidad de una alternancia que trabaje a favor de la búsqueda de soluciones racionales y viables que enderecen el rumbo perdido, que bueno, pero no necesariamente la que ofertan PAN y PRD, opción que a mi juicio perjudicaría más que beneficiar a Veracruz.

Hojas que se lleva el viento.

En anteriores maquinazos comentamos que la descomposición del sistema de partidos, abonada con la obcecación del gobierno duartista por hacer transitar la sucesión en Veracruz por el sendero del continuismo, daría lugar a una intensa guerra sucia electoral, revolviendo más el cochinero. A unos días de distancia parece que no nos equivocamos, la bacinica ha substituido a la razón. Y aún hay más en lo que resta del camino. La elección de candidato del PRI a la gubernatura bajo el método de Convención de delegados dará
Villahermosa, Tab., 12 de diciembre de 2015.la medida.
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