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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Fiar al enemigo político la capacidad de construir un proyecto democrático y una alternativa popular es tanto como abrir el gallinero al zorro, ponerlo de vigilante, pretender que no se coma a las gallinas y luego negar la naturaleza predadora del zorro. Marcos Roitman Rosenmann

Todo indica que las precampañas de quienes aspiran a gobernar a Veracruz además de polarizar a las audiencias y fragmentar la intención del voto, también cumplen con la tarea de desviar la atención de la opinión pública, privilegiando estridente ruido mediático en torno a la crisis de gobernabilidad provocada por Javier Duarte de Ochoa, soslayando la gravedad del momento que se vive en economía y finanzas nacionales bajo el modelo neoliberal que impulsa Peña Nieto, como si la entidad fuera ajena a un desastre que nos compete a todos por igual.

Todos los aspirantes, sin excepción estiman redituable hablar de lo que en la coyuntura una mayoría considerable quiere escuchar. “La gente quiere sangre, tiene sed de venganza”, se dice entre quienes conocen del paño electoral y en ello se concentra la monotemática proselitista de descalificación oportuna de un gobierno fallido, como si toda la responsabilidad de la debacle que se vive en Veracruz fuera del hoy denostado Javier Duarte de Ochoa y, por lo consiguiente, la solución a los problemas vigentes y futuros radicaría en un nuevo estilo de gobernar y simple cambio de estafeta en la administración pública. Evadiéndose el hecho irrefutable de que dos presidentes, Felipe Calderón y Peña Nieto no sólo han tolerado sino incluso respaldado a quien se aspira a suceder.

Así, los que ayer callaron hoy se asumen médicos de cabecera de Veracruz, recetando cárcel para los prevaricadores y saqueadores a partir de un falso diagnóstico en el que lo obvio de un pésimo gobierno es punto de partida. El modelo privatizador y empobrecedor que se impulsa desde Los Pinos bajo la batuta de los poderes fácticos empresariales, no cuenta, no afecta a Veracruz, no requiere de revisión, cuestionamiento y corrección; en el discurso distractor ni es padecimiento que acuse la entidad ni merece médico, remedio y el trapito.

Evadiéndose con pleno conocimiento de causa, que el deterioro económico y social de un país en crisis en el que Veracruz no es ajeno, no sólo va de la mano del desastre financiero y de gobierno de la administración duartista, sino que incluso le antecediera a partir de los gobiernos priístas que adoptando el llamado “Consenso de Washington”, impusieran el modelo neoliberal que hoy padecemos, secundado en su momento en la alternancia panista con Vicente Fox y Felipe Calderón.

Temática tabú esta última, en tanto que por encima del interés presente y Futuro de Veracruz está el no cuestionar, confrontar o contradecir a Peña Nieto y su cohorte de aprendices de brujo, generadores de mayor desigualdad y pobreza. El interés personal y partidista por encima del interés nacional.

“De lengua me como un plato”, dice refrán popular, aplicable a la retahíla de frases hechas, medias verdades y medias mentiras. Fácil resulta hablar, ofrecer, prometer, señalando consecuencias y evadiendo origen último de la problemática multidimensional que se vive en Veracruz y en el país entero. El pueblo quiere escuchar que habrá cárcel para los saqueadores de cuello blanco, y a eso se atienen los aspirantes para ganar aceptación y sufragios, pero lo que no se escucha es que además de merecida prisión quienes han traicionado a Veracruz también deberían regresar lo que se llevaron. Mucho ruido y pocas nueces, en diferente tono y con diverso énfasis, pero el discurso distractor iguala a los aspirantes en la búsqueda del mini gobierno de dos años. Lástima le diríamos a Margarito, en primera y última instancia ello no augura otra cosa que gatopardismo. Luego cabe la interrogante: ¿estarían dispuestas las mayorías a sufragar en junio próximo a favor de partidos y candidatos que ofrecen atole con el dedo, evadiendo lo sustantivo?

¿Votaríamos a favor de la venganza, simulación y más triunfalismo sin sustento, a sabiendas de que desigualdad, pobreza e inseguridad lejos de disminuir se profundizarán con un gobierno estatal subordinado al modelo “reformador” de Peña Nieto?

A lo mejor sí, a lo mejor no, todo depende de si las mayorías hoy mirones de palo, estarían dispuestas a despertar a tiempo.

Hojas que se lleva el viento

Ramon-Castro-Ruz

Ramón Castro Ruz (“Mongo”

Ramón Castro Ruz (“Mongo”), hermano mayor de Fidel, falleció la mañana de hoy 23 a la edad de 91 años. Paradigma de amor a la tierra y al trabajo revolucionó la ganadería bovina cubana. Tuve el privilegio de recibirle en mi casa en los márgenes del río San Pedro, en el Plan Balancán-Tenosique, Tabasco y, más tarde en reciprocidad me invitó a una inolvidable velada en el Plan Especial Genético de Picadura en el que se desempeñara como Director. A su muerte ostentaba el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Descanse en paz.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin que ello implique el estar de acuerdo con la estrategia bajuna y perversa de echar abajo la alianza entre el PAN y el PRD para la elección del 2016 en Veracruz, por el sólo hecho de la posibilidad de que ésta pudiere designar como candidato a la minigubernatura al Lic. Yunes Linares, considerado enemigo más que adversario político para el duartismo fiel, estimo que para el electorado en general y más allá de la opinión de las militancias panistas y perredistas sobre tal coalición, se debe pensar dos veces antes de decidirse a sufragar por una alternancia que no necesariamente es garantía de progreso para Veracruz.

Si bien es cierto que conforme se acerca la fecha de las definiciones electorales para los partidos políticos contendientes, el consenso en torno a echar fuera del gobierno estatal al PRI crece y se consolida, el descontento y el hartazgo debería llevar a la población a un análisis a fondo de lo que implica el prescindir de un gobierno tricolor para substituirle por una fórmula que, en su pragmatismo a ultranza, aspira al poder por el poder mismo, sin proponerse modificar en lo sustantivo el negativo estado de cosas que hoy prevalece en la entidad.

Echar al PRI del gobierno estatal para más de lo mismo, carecería de sentido práctico para los votantes y un evidente retroceso para la vida política y social de la entidad.

Afirmo que más de lo mismo con una alternancia sustentada en una alianza PAN-PRD, porque basta con recurrir a un poco de memoria para convencernos de que los antecedentes tanto de los partidos presuntamente en vías de coaligarse como de sus posibles candidato tanto a la gubernatura como a las diputaciones locales, no son nada gratos ni prometedores para un cambio verdadero. Aún está fresca en la memoria colectiva el papel jugado por ambos institutos políticos como aliados y cómplices del PRI en el llamado “Pacto por México”, impulsando y aprobando reformas que diciéndose estructurales, han resultado excluyentes, empobrecedoras y antidemocráticas, agudizando desigualdad, polarización, pobreza y pérdida de soberanía.

Nada indica que el panismo se oponga en lo sustantivo a las políticas públicas del peñismo, como tampoco nada indica que el PRD con “los chuchos” tras bambalinas, esté dispuesto a reconocer que se equivocó al respaldar la estrategia neoliberal del régimen que preside Peña Nieto y estar dispuesto con talante autocrítico a enmendar su error.

Tanto el PAN como el PRD afirman que la alianza propuesta es pragmática y al margen de toda implicación ideológica. Lo real es que su pragmatismo es ideológico. Ambos están a favor de estrategias de mediano y largo plazo y objetivos y metas cortoplacistas neoliberales que ni en forma ni fondo se diferencian de las asumidas por el Revolucionario Institucional desde hace más de tres décadas. Se dice que agua y aceite no se mezclan, esto, si realmente se tratara de agua y aceite, empero en los hechos PRD y PAN ideológicamente representan a las corrientes más reaccionarias del espectro partidista de un régimen obsoleto y caduco. Uno pretendiendo guardar las formas que le identifican con su origen y, el otro, exhibiendo su degradación ideológica y programática que no tiene nada que ver con la izquierda reformista que le diera origen. Son lo mismo para efectos prácticos y en ello debería pensarse.

El estómago vacío y la cabeza caliente, suelen ser pésimos consejeros para una gran mayoría que viviendo al día, subordinada al poder político y económico, es víctima de enajenación y manipulación. El descontento y hartazgo es el primer paso para liberarse, tomar conciencia de ello ya es un gran avance, en tanto se tenga claro quién es el adversario y donde ubicarlo. No es simplemente el PRI o los gobiernos emanados de este Instituto político como el corrupto y fallido de Duarte de Ochoa en Veracruz. Es la partidocracia tradicional, impune y rapaz, que respaldando a un régimen que gobierna para las clases dominantes, mantiene secuestrada a la democracia representativa, haciendo de los ciudadanos simples mirones de palo en la toma de decisiones que le competen en su vida cotidiana.

Luego echar al PRI substituyéndolo por otra denominación partidista, sola o en alianza, igual o peor, no es el remedio para una entidad federativa hundida y sin expectativas de progreso.

Faltan aún seis meses para que los votantes se expresen en las urnas. Tiempo suficiente para enfriar la papa. Si se está convencido de la necesidad de una alternancia que trabaje a favor de la búsqueda de soluciones racionales y viables que enderecen el rumbo perdido, que bueno, pero no necesariamente la que ofertan PAN y PRD, opción que a mi juicio perjudicaría más que beneficiar a Veracruz.

Hojas que se lleva el viento.

En anteriores maquinazos comentamos que la descomposición del sistema de partidos, abonada con la obcecación del gobierno duartista por hacer transitar la sucesión en Veracruz por el sendero del continuismo, daría lugar a una intensa guerra sucia electoral, revolviendo más el cochinero. A unos días de distancia parece que no nos equivocamos, la bacinica ha substituido a la razón. Y aún hay más en lo que resta del camino. La elección de candidato del PRI a la gubernatura bajo el método de Convención de delegados dará
Villahermosa, Tab., 12 de diciembre de 2015.la medida.
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 Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres de a pie, votantes potenciales en Veracruz, no estaría mal el escrudiñar un poco en los fantasmas que rodean al tempraneramente descarrilado proceso de sucesión en marcha. Fantasmas como el de la infalibilidad electoral de la maquinaria priista y lo que representa en el contexto nacional, ser considerada la entidad como uno de los principales reservorios de votos para el tricolor y, por ende, para el buen éxito del proyecto transexenal del Sr. Peña a partir del 2018.

Reflexionar sobre medias verdades y medias mentiras, quizá ayude a definir la inclinación de cada quien en la elección de simpatías y apoyo que nos merecieran tanto el PRI como cada uno de los partidos políticos en el espectro electoral de Veracruz, hoy en pugna por hacerse de la mini gubernatura de dos años en el 2016.

El reservorio.

No se necesita retroceder mucho en el pasado político electoral del PRI para constatar su paulatino pero constante retroceso en lo que a sufragios efectivos se refiere. Bastaría con revisar los resultados de las últimas elección federales para confirmar que por sí mismo, sin el apalancamiento de partidos satélites, el tricolor ha perdido lo mismo hegemonía que fortaleza en la vida política de México. Veracruz no es la excepción.

Y es en este marco que vale la pena destacar el papel que, como reservorio de votos, tiene Veracruz para el PRI, para tener una idea del por qué la entidad veracruzana no figura en el ánimo presidencial, y sí en entidades federativas en las que resulta más fácil y con menor esfuerzo, consolidar posiciones ganadas que remontar cuesta arriba.

En la elección presidencial del 2,000, el priísmo veracruzano obtuvo 1, 008, 778 votos a favor de su candidato. (Cámara de diputados).

Para la elección del 2,006, el PRI -en coalición con el PVEM-, obtuvo a favor de su candidato presidencial apenas 727,638 sufragios (Cetrade/Manuel Reyna Muñoz).

En tanto que para las elecciones presidenciales de 2012, , en la que resultara triunfador de la contienda presidencial –“haiga como haiga sido”- el Sr. Enrique Peña Nieto, la votación de los veracruzanos fue de 3,577,076, de un listado nominal de 5,332,362, correspondiéndole al PRI 1,034,308 sufragios (29.49% del total), contra 1,179,327 del PAN y 765,900 del PRD (Prep). Pasando el tricolor a ser la primera minoría.

Resultados que ya para ésta última elección la numeralia electoral a favor del Revolucionario Institucional, estaba prácticamente estancada y con visos de retroceso, si consideramos el crecimiento natural del listado nominal en el estado.

Lo cual se vino a confirmar en la elección de diputados federales del 2015, en la que el PRI obtuviera apenas 697,655 sufragios (Resultados preliminares), 28% del total de la votación registrada con el 98.63 de las actas capturadas.

Lo que obviamente indica que la correlación de fuerzas políticas en la entidad registra cambios substanciales en Veracruz. Con una mayor distribución del sufragio entre todos los partidos contendientes y, por ende, una mayor pulverización de las preferencias electorales que empobrece la vida democrática en la entidad.

Esto último al margen de opiniones en las que se considera que tanto las elecciones intermedias, federales o locales, son otro cantar. O bien, que el PRI nunca pierde, gracias a su maquinaria (dinero público) y estrategias electorales aplicadas .Los números hablan de una realidad que hoy por hoy, pone en duda la eficiencia y eficacia del aparato electoral tricolor en Veracruz, quedando éstas como un fantasma más que se agita mediáticamente para desalentar en la población inclinaciones electorales favorables a la oposición.

Luego la reserva electoral de Veracruz que tanto se presume en círculos políticos y medios de comunicación afines al tricolor, es cuestionable. El reservorio no parece ser tal, antes al contrario, y es en este supuesto que habría de considerar si el legado político de Javier Duarte de Ochoa al partido al que se debe, en la elección del 2016, modificará a favor del PRI la tendencia acusada.

Para la mayoría de analistas y estudiosos de la realidad política, económica y social que hoy se vive en Veracruz, tal legado sería negativo. El capital político que aporta al partido gobernante una administración pública estatal fallida, endeudada y carente de confianza y credibilidad, lejos de favorecer representa una carga adicional al deterioro histórico del priismo en la entidad. Razón ésta por la que para quién resultare ser candidato del tricolor a la mini gubernatura de dos años, la tarea electoral previa a la elección de 2016 será cuesta arriba y a contra corriente. Al intento por ganar la gubernatura de dos años, se sumará el obligado quedar bien con Enrique Peña Nieto.

Preocupación y guerra sucia

De ahí la preocupación y miedo en el priismo veracruzano, de que en los meses venideros pudiere concretarse y consolidarse una coalición opositora integrada por el PAN y PRD, más la morralla que se les una para la elección del 2016. Esto sin considerar que en su novatez, Morena con todo el peso específico del liderazgo de López Obrador, pudiere capitalizar a su favor todo el descontento, malestar y hartazgo del votante potencial para con los partidos políticos tradicionales o “patiños” de nuevo cuño, que por comisión u omisión le han hecho el caldo gordo tanto al gobierno duartista como al partido gobernante.

Lo que configura para el futuro inmediato, la prevalencia de una intensa guerra sucia en la vida electoral de Veracruz. Guerra sin cuartel en el que PRI y gobierno estatal, desde ya ponen toda la carne en el asador, como queda asentado en el prolífico campo de los medios de comunicación orgánicamente afines al régimen actual. Confrontación pedestre que con sus asegunes, no está respaldada por cierto por los ahora punteros en el proceso interno de selección de candidatos a la gubernatura y a la diputación local, lo que abona a su favor.

Guerra sin cuartel a la que no serán ajenos los partidos y personajes opositores, en una actitud que aunque se pueda considerar como de “autodefensa”, no deja de ser cuestionable y condenable, en tanto que se suma a la conformación de un clima electoral poco propicio en la búsqueda del mejor camino para un intento legítimo y racional, de rescate de una entidad federativa que hoy vive sus peores momentos.

Confrontación electoral en la que hombres y mujeres de a pie, no pueden evitar el pensar que para el partido en el gobierno, el recurrir de último momento a la compra de votos y conciencias es parte del herramental de combate. Y a esta degradación de la política es a la que hay que combatir, con un voto razonado, de ahí la necesidad desde ya de reflexionar y hacer pesar la conciencia individual y colectiva, entendiendo que el león no es como lo pintan.

Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vaya lío. Como de película y sin saber si reír o llorar ante un V informe de gobierno que lo mismo empina a los titulares del gabinete legal del gobierno de Veracruz, que al priísmo estatal y prensa orgánica de acompañamiento. ¿Cómo defender lo indefendible? No hay respuesta y a 48 horas escasas, toco al aún secretario de finanzas comparecer en el congreso local para confirmarlo.

No hay nada que de soporte a la exaltada pieza oratoria del domingo. No hay argumento con el que avalar el retrato hablado de una realidad que sólo existe en la mente del controvertido orador. Nada con que salir en su defensa. Nada con que convencer en los tendidos, a lo largo y ancho de Veracruz y allende sus fronteras, de que la percepción colectiva y el amargo sabor de boca que dejara en el imaginario social el mensaje político dominguero, se sustenta en el trabajo de zapa y la mala leche de los detractores de siempre y no, como debiera esperarse, en la bondad, certeza y números duros expresados por el hombre mejor informado de la entidad.

Misión imposible, ante la sublime obsesión de un servidor público que creyendo a pié juntillas en sus propias fantasías, a lo largo de una hora, ante sus escuchas, lo mismo el representante personal del Sr. Peña que invitados especiales, acarreados a modo y audiencia radial y televisiva, evidenciara desprecio a la verdad, ceguera frente a la realidad de su entorno próximo y lejano y una soberbia enfermiza que refleja un total desapego para con los veracruzanos que dice gobernar.

Sublime obsesión que para infortunio del Sr. Duarte de Ochoa, es compartida únicamente, quizá, por el amanuense por contrato que plasmara en blanco y negro sus infortunadas fantasías.

Nunca en Veracruz. Ni siquiera en tiempos de su “Alteza Serenísima”, la torcida retórica exhibiera al desnudo la pobreza moral y política de quien ejerce el poder formal por consigna, a tras mano y con distancia de por medio. Decepción incluso para el pequeño grupo de mafiosos fidelistas que aspirando a la minigubernatura de la entidad, ven frustradas sus aspiraciones anidadas en un proyecto transexenal que desbarrancara en escasos 60 minutos.

Sí. De película cuyo guión trágico cómico, de no ser por el hecho de que afecta, lastima y ofende a una gran mayoría de la población veracruzana, se hace merecedor a los más altos galardones del mundo de la farándula. Sólo en descargo del autor, cabe decir que la culpa no es del indio. Sus ínclitos compadres llevados por la ingente necesidad de quien trueca dignidad por una torta, en las urnas le dispensaran el alto honor de hacer, deshacer y fantasear a su antojo. A esta pobre gente, urgida de pan es a la que habría de reclamarle del desastre que hoy se vive en la entidad.

Sin faltar aquellos que cotidianamente tienden la ignominiosa alfombra roja de la lisonja desmedida y el ocultar en defensa de sus intereses económicos o políticos, los desvaríos de quien no ha sabido gobernar. También estos son merecedores del reclamo. No está en ellos el hoy desgarrarse las vestiduras y llorar lo que en su momento no supieron denunciar y defender, parafraseando a la madre del último Abencerraje del Califato de Granada.

Así que a lo hecho pecho y a otra cosa mariposa. Aprender de lo andado y no insistir en tropezar con la misma piedra, confiando en quienes no merecen nuestra credibilidad y confianza.

La sucesión

Con el V informe sobre el comportamiento de una realidad que no existe, se cierra toda esperanza en el corto plazo de corrección de rumbo, castigo a los prevaricadores y retorno del gobernante a la realidad que olímpicamente ignora. Si en el pasado el gobernador pasaba a ser políticamente un cero a la izquierda en cuanto se destapaba al candidato de su partido a sucederle, en esta histórica ocasión Duarte se anticipa, sentando el precedente de ser el primero en adelantarse a los designios y propósitos del CEN del PRI, mostrando la ausencia de unidad y capital político que considerar en su calidad de primer príista de Veracruz y dejando al garete el proceso sucesorio.

Escenario inédito que resta capacidad de maniobra de un PRI que en el estado ha venido a menos a lo largo de las últimas décadas, y que si ofrece como nunca, oportunidad a las fuerzas opositoras para legítimamente vencerle en buena lid. Oportunidad condicionada ya no sólo a la inteligencia y oficio político de la oposición electoral, también y de manera relevante, en el como se vinculen a la llamada sociedad civil, ofertando con responsabilidad liderazgo y un programa mínimo para una acción transformadora, en torno a lo cual se canalice descontento, hartazgo y limitadas expectativas de una mejoría por la vía de una sana alternancia en la conducción política, económica y social de la entidad. Sin esto último, no hay camino viable para sentar las bases del rescate en los escasos 15 meses de un mini gobierno de dos años.

Una alternancia que auspicie la oxigenación de la política y contribuya a la democratización del quehacer gubernamental, más que opción de venganza en el ejercicio del poder. De no ser así, la alternancia por sí y para sí no sería garantía de nada, y, para nuestro infortunio, esto último es lo que se vislumbra en los intentos de coalición electoral del PAN y el PRD, que tras un aparente realismo pragmático, se oculta oportunismo e interés cupular para cambiar de manos el manido proceso de prevaricación y corrupción impune que, de dientes para afuera, se pretende combatir. Restándole a esta postura política el mínimo de legitimidad democrática y abriéndole de nueva cuenta la puerta al execrable continuismo fidelista.

Luego procede no perder de vista que en el juego electoral, la pelota está en los terrenos de la llamada sociedad civil y no en partidos políticos que ya no más responden al interés de las mayorías y ni por asomo, por sí solos cada uno de estos, en la contienda en marcha cuentan con el suficiente caudal de votos duros para alzarse con la minigubernatura. Por lo consiguiente, si de alianzas o coaliciones se trata para echar al PRI del gobierno y acceder a una legítima alternancia, es a la llamada sociedad civil, a sus organizaciones y a sus liderazgos, el establecer términos y condiciones para que estas fructifiquen por el bien de Veracruz. La sociedad civil tiene la palabra. En esta cabe el decidir si está por el cambio o por más de lo mismo. Tiempo al tiempo.

Xalapa, Ver., 18 de noviembre de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, parece que no sólo al gobernador de Veracruz le interesa y urge desviar la atención en los tendidos, poniendo en primer termino el desbarajuste electoral por sobre los problemas de fondo que acusa la entidad. También el gobierno federal hace lo propio, ahora con el falso debate mediático de la legalización de la marihuana a partir del amparo que concediera la SCJN a cuatro individuos de una organización de la sociedad civil, quitándole presión en la opinión pública a temas torales del país, como el económico, la movilización magisterial, el affaire no resuelto de Ayotzinapa o la violencia criminal que, como la humedad, se cuela y extiende a lo largo y ancho del territorio nacional.

Cortinas de humo que, al parecer, tanto a Javier Duarte, en su caso, como al Sr. Peña les vienen como anillo al dedo para cerrar el año con el menor número de tropiezos en el imaginario colectivo.

Deuda pública y corrupción impone como corolario, pasan a segundo término en Veracruz, tocándole en suerte al presidente del CDE del PRI el ser el patiño a modo, lo mismo con su “misoginia” que con su orquestado cosquilleo mediático en los ijares de los senadores Yunes Zorrilla y Yunes Landa. No sólo la prensa oficialista, también la independiente y crítica, se han ido con la finta electoral aceptando sin remilgos que el problema de Veracruz es de liquidez de una administración pública quebrada y, por tanto prácticamente insoluble y ya demasiado manoseado, y no económico como lo pusiera sobre la mesa Javier Duarte, cuando la realidad real apunta en contrario, agudizándose la crisis en el aparato productivo estatal que va de la mano con un deterioro social en crescendo.

Para el caso del Sr. Peña, por lo consiguiente. La presión de la percepción social que se refleja en un bajo nivel de aceptación del presidente, se alimenta a partir de dos temas sustantivos, el estancamiento económico y como corolario el tropiezo de las finanzas públicas, así como la inseguridad fruto de un incremento no aceptado oficialmente del accionar de la delincuencia organizada. A estos temas se agrega en lo específico el enredo de la fuga del “chapo”, el conflicto magisterial y el affaire Ayotzinapa, anidados en el imaginario colectivo e interpretado como falta de capacidad, eficacia y transparencia en el quehacer gubernamental.

Sin perder de vista que para algunos sectores mejor informados, el deterioro creciente de la industria petrolera y eléctrica nacionales, perdiendo peso específico en la conformación del presupuesto federal, acompañado de la ya imparable devaluación del peso, se considera en el ámbito de la percepción ciudadana como un fracaso de Peña Nieto en la implementación de las llamadas “reformas estructurales” como instrumentos para reactivar la economía.

De ahí que el colocar el falso debate sobre la misoginia de un político de medio pelo o legalización de la marihuana como temas de la mayor relevancia, habría que considerarles como un éxito tan coyuntural como efímero en las estrategias mediáticas tanto de Duarte como del Sr. Peña. La salida casi inmediata del secretario de gobernación, abriendo las puertas al debate en el marco previo a la cobertura informativa con motivo de la visita de Raúl Castro a México, o las declaraciones en tratándose de Veracruz de la secretaria general del CEN del PRI, Carolina Monroy y el correspondiente bombardeo mediático sobre estos temas, así lo confirman.

Lo destacable del caso es que por sobre la coyuntura cortoplacista, la terca realidad tiende a imponerse. A una cortina de humo casi de inmediato hay que sobreponerle otra sin que pueda ocultarse del todo la problemática estructural del país. Más allá de lo mediático, la percepción colectiva no quita el dedo en los renglones de que le son vitales y de atención cotidiana, como el desempleo, la desigualdad, la pobreza y y la seguridad individual y comunitaria agravados por los efectos de la crisis globalizada.

Lo grave es que ni la problemática de Veracruz ni la que acusa México en su conjunto, se resuelve mediáticamente, posponiéndose el tomar el toro por los cuernos con estrategias viables y políticas públicas para enderezar el rumbo perdido. Tanto Peña como Duarte se han atado a sí mismos las manos estando imposibilitados para cambiar de caballo a mitad del río, cediéndole terreno a la terca realidad que se les opone.

Luego tal similitud coyuntural de tesituras, no es de dudarse configuren el tejido de la misma sábana con la que ambos, Peña y Duarte, se cubren para en el caso Veracruz dejar hacer dejar pasar hasta donde el tiempo y los veracruzanos aguanten. De otra manera para quien esto escribe, opinador que no periodista, desde endenantes el gobierno federal hubiera llamado a cuentas al gobernador fallido. Y esto no sucede por más evidente que sea el agrio divorcio entre Javier Duarte, la realidad real y el hartazgo de sus gobernados.

Hojas que se lleva el viento

Con dinero, acarreos y resoplidos se intenta revivir a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos (CNC) para que el PRI pueda recuperar el voto duro en la zona rural. Vano intento, para hombres y mujeres en el agro veracruzano no viendo lo duro sino lo tupido con el abandono que padecen desde hace más de tres décadas, ni confían en dirigentes de oropel ni esperan que por la vía electoral se resuelva la compleja problemática de la producción agropecuaria, forestal y pesquera que aqueja a la entidad. Dicen que el campesino es medio tonto, pero no. Sabe bien distinguir entre liderazgos auténticos y dirigencias espurias surgidas del terreno de los explotadores de siempre.

-ooo-

Javier Duarte ya no tiene la fuerza de endenantes para someter, cooptar o comprar y manipular a los partidos que se oponen al PRI y sus señalados satélites, de ahí que ya se de como un hecho la alianza electoral entre el PAN y el PRD en Veracruz, contando con la venia de sus respectivas dirigencias nacionales como una opción viable de alternancia en la gubernatura de la entidad. Alianza que se construye al margen de identidades ideológicas y sobre el supuesto pragmático de que a partir del hartazgo social el número de votos por alcanzar en el 2016 será suficiente para vencer la estructura facciosa y estrategia al tricolor. Falso supuesto, el electorado hoy día está más despierto y para el imaginario colectivo PAN y PRD se sumaron al PRI en el llamado pacto por México, entregando la industria petrolera y eléctrica al capital internacional con la reforma energética. Los veracruzanos tampoco olvidan el papel jugado por estos partidos en la aprobación del criminal endeudamiento aprobado en el congreso local. Del plato a la boca suele caerse la sopa y otra alianza, más congruente y comprometida podría dar la sorpresa. Al tiempo.

Xalapa, Ver., 08/11/2015

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Pulso crítico

 Enrique Olivera Arce

La solidaridad nos hermana. Con reconocimiento y afecto para Aurelio Contreras Moreno. Un periodista más sufriendo los embates de lo absurdo.

Caray, en todos lados se cuecen habas y la sensación de inseguridad es la constante.

Si no es por una cosa es por otra que la sociedad no está tranquila, aunque hay de inseguridad a inseguridad, pues lo mismo tiene que ver con corrupción e impunidad y violencia desatada sea por un fenómeno natural catastrófico, o de criminalidad consecuencia del deterioro lo mismo del tejido social que del estado de derecho, que la que provoca en el ánimo de la gente un salario que no alcanza para maldita la cosa , el no tener lo suficiente para atender la salud y educación de los hijos o el pago de la hipoteca.

Sea cual fuere la causa, motivo o razón, la sensación de inseguridad o su materialización, se hace presente en todos lados y sin distingo de estrato social, militancia partidista, o lugar de residencia; haciéndose acompañar por la terca incertidumbre del no saber a ciencia cierta que nos depara el mañana, cercano o lejano pero siempre incierto y azaroso.

Como carga no deseada y de la cual no podemos desprendernos, guarda estrecha relación con el cómo y a que grado se percibe; cómo nos afecta en lo individual y colectivo, o bien, como pretendemos ignorarla para hacernos menos pesada la existencia.

Pareciera que como muchas otras cosas que no alcanzamos a entender del todo, lo más cómodo es aceptar que la inseguridad es permanente compañera de camino de la naturaleza humana. Nada es seguro, todo es incierto y vencer la percepción o sensación de inseguridad es el pan nuestro de cada día. Enfrentarla y atemperarle es el reto y tarea cotidiana.

Toda esta verborrea viene a cuento mientras leo, por un lado, que en Veracruz o en Tamaulipas la percepción de inseguridad frente a la violencia criminal, venga de donde venga y sea cual fuere su grado o intensidad, cobra prioridad en la jerarquización de preocupaciones de la gente. De esta percepción se alimenta lo mismo el discurso oficial que el río de tinta que vuelcan los medios de comunicación para estar en sintonía con las audiencias. Nada pareciera ser más importante que la amenaza desquiciante directa o indirecta de ser víctima de una violencia desbordada en la que hombres y mujeres de a pie se ven reducidos a “daño colateral”.

En tanto que, en otras latitudes, como es el caso de la sociedad yucateca, en el imaginario colectivo la amenaza que genera inseguridad, es aquella que atentando contra la salud de las personas, gira en torno al piquete de un mosquito infectado y trasmisor del dengue o más grave, de la fiebre chikungunya. Esta amenaza toca todos los hogares, pobres o ricos, ocupa un lugar privilegiado en los medios de comunicación, y es motivo de preocupación lo mismo en autoridades y partidos políticos, que entre empresarios y académicos.

Nada hoy día inquieta más a los yucatecos y a los que sin ser nacidos en estas tierras peninsulares radican en esta entidad federativa, que ser una víctima más de la chikungunya. De ese tamaño es la paranoia colectiva y de ese tamaño es la capacidad para minimizar o ignorar amenazas de otra índole, que las hay.

Luego todo es relativo y, en este mosaico plural y diverso que es México, como en la Viña del Señor, hay de todo, todo cabe, y todo es posible. Si no es el piquete de un mosquito otra cosa será, pero la inseguridad al igual que la corrupción impune, está presente y nos iguala alimentando nuestros miedos.

Hojas que se lleva el viento

Tal es nuestro estado de sumisión frente a un régimen político que nos mantiene secuestrados, que ante la catástrofe de un gobierno fallido como el de Veracruz, la sociedad espera que sea el gobierno federal el que venga al rescate poniendo a Javier Duarte a buen recaudo. El gobernante y sus marionetas lo saben y en consecuencia actúan como actúan, burlándose lo mismo de las instituciones republicanas que de la voluntad mayoritaria de una población que, en su descontento y hartazgo, es incapaz de hacer valer el papel que la democracia representativa le asigna como mandante. Que pena. Así, no tiene ningún sentido la queja, la crítica o la denuncia, si como pueblo no estamos dispuestos a considerarnos ciudadanos y actuar responsablemente tomando al toro por los cuernos.

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De lo que podemos estar seguros y no hay indicios de que las cosas sean diferentes, es que en Veracruz el proceso sucesorio que desembocará en la elección para dos años del sucesor del Sr. Duarte de Ochoa, se descarriló en medio del pantano, reduciéndose a un pedestre pleito callejero en el que de todo se vale. Ofreciendo la vida política en la entidad, a propios y extraños, nauseabundo escenario en torno al cual gravita lo mismo la crisis económica, el creciente deterioro social o las finanzas públicas quebradas de un gobierno inconsecuente y fallido. En este marco, quien parece llevar la peor parte es el partido en el gobierno, habiéndose fracturado y derrumbado gracias a los buenos oficios del gobernador, lo ganado por los senadores tricolores en su proselitismo adelantado, quedó atrás, reducido a frases hechas, falsas denuncias y afán desmedido por decir lo que los veracruzanos lastimados y ofendidos, quieren escuchar. La idea de rescate de una entidad federativa siniestrada, es letra muerta y, frente a Yunes Zorrilla y Yunes landa, Juan de los Palotes en medio del desmadre generalizado se siente con tamaños para contender por la minigubernatura. Facil, sólo hay que subir al ring de barriada y entrarle al intercambio de mordidas y piquetes de ojos.

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Ciego e insensible a todo lo largo de su vida pública, Javier Duarte de Ochoa pareciera estar despidiéndose de los veracruzanos, haciendo público su “legado histórico”.

Sin tener la menor idea de lo que sucede en su entorno y el mal que con su pésimo desempeño causara a Veracruz, el aún gobernador evidencia que el revoloteo de mariposas en su cerebro ya no le permite el afrontar su mandato con lucidez y responsabilidad. Sólo en un estado grave de insanía mental es posible afirmar que la administración pública veracruzana en los tiempos que corren es sólida y confiable. Y que ello constituye el legado que se deja a las nuevas generaciones.

Triunfalismo sin sustento en medio del desorden administrativo, endeudamiento que raya en el absurdo y corrupción impune, ha sido la constante del paso de Javier Duarte en el servicio público. Así lo registra la realidad real y así quedará inscrito en la historia de Veracruz. Este es el legado que los veracruzanos perciben, dejará el mandatario cuando de manera pública y expresa en amplios círculos de la sociedad se exige renuncie y deje el paso libre a un proceso sucesorio lo más pacífico y constructivo posible.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de los próceres socialistas del agrarismo veracruzano.

Suele decirse que los toros se ven mejor de lejos. Para quien esto escribe cobra plena vigencia el decir popular cuando, desde la apacible y dinámica capital yucateca, a distancia se observa de conjunto el desgarriate que se vive en Veracruz. Si ya de sí es grave el estancamiento de una economía en la que de manera negativa inciden finanzas públicas quebradas, más grave aún resulta el que la política política lejos de contribuir a su rescate, sea un factor más en la agudización de su deterioro.

Se insiste en ver el árbol y se pierde de vista el bosque, generándose un círculo perverso en el que por sobre el interés más general de Veracruz y sus habitantes, predomina el interés coyuntural, personal o de grupo, en la búsqueda del poder por el poder, sin parar mientes que con ello lo que se está perdiendo es precisamente el poder que deviene del ejercicio de la política, cediéndole terreno a una crisis generalizada que lastima y deteriora aún más al tejido social en la entidad.

Resultando una verdadera paradoja el que en los círculos del poder político se hable de crisis, sin aceptar que se está parado sobre ella y no precisamente como un fenómeno sistémico globalizado. Como es el caso del gobernador veracruzano que sin el menor pudor nos dice que “Veracruz, está preparado ante el panorama económico mundial previsto para 2016”. Afirmación que no se puede entender como uno más de los desbarres en que incurre un mandatario tan ignorante como simulador, sin caer en la misma actitud de ligereza y estupidez de quien lo expresa.

Javier Duarte, y así a mi juicio deberíamos entenderlo, con su cortedad de miras en el discurso refleja el desconocimiento casi generalizado de lo que se debe entender en el marco de la crisis sistémica globalizada, como panorama económico mundial adverso. Tal desconocimiento a su vez implica el no reconocer que la crisis sistémica multidimensional tiempo ha que llegó para quedarse, lo mismo en México que en la entidad veracruzana y, por lo consiguiente, el no estar preparados para mayores descalabros económicos y con estos, un mayor deterioro del tejido social. Insisto, por lo que se observa y se vive día con día en la entidad veracruzana, tanto la crisis económica como sus nocivos efectos de desigualdad, pobreza y violencia, se ignora por aquellos que desde el poder público deberían prender la alerta roja y tomar medidas para paliarla.

La economía veracruzana está inmersa en una espiral crítica negativa, y no necesariamente como consecuencia de 10 años de un pésimo gobierno. Existen elementos históricos que muestran fehacientemente que el atraso, estancamiento y retroceso vienen de muy atrás, configurándose como factores estructurales y no como un fenómeno de coyuntura derivado de cuatro lustros de corrupción y saqueo en las esferas de la administración pública. Ejemplo de ello, entre otros elementos a considerar, es la quiebra de la industria azucarera, la pérdida de valor de la ganadería extensiva, y la venida a menos de la actividad pesquera predominantemente artesanal.

Esto sin considerar el estancamiento de las manufacturas, la construcción, y pérdida de dinamismo y valor cuantitativo y cualitativo de la extracción petrolera. (Leer a Hilario Barcelata Chávez).

Javier Duarte, desde su campaña como candidato a la gubernatura, lo ignoró, e impuso una visión triunfalista sin sustento, que ha mantenido a lo largo de su gestión. Bajo esta prospera premisa, la clase política en su conjunto se desentendió de la economía y perdió de vista lo importante priorizando lo superfluo. Hoy de dientes para afuera, habla de crisis, sin entenderla ni reconocerla, circunscribiéndola al ámbito de las finanzas publicas, en el marco de la política política y en el escenario de la sucesión en el gobierno de Veracruz.

El gobernador Duarte de Ochoa y quienes aspiran a sucederle, en su discurso así lo reflejan, independientemente del estado de insanía que, resultante de impotencia y ausencia de capacidad de maniobra para administrar el conflicto político de la sucesión, viene aquejando al fallido gobernante.

Así las cosas, desde lejos es posible percibir de conjunto que en Veracruz dentro del mismo costal conviven la crisis económica, la crisis política y la crisis mental de quien gobierna, haciéndose una, cada vez más profunda que atañe a todos los veracruzanos.
Lo verdaderamente grave, es que del interior del costal se pretende salga el sucesor de Javier Duarte, con lo que se cerraría el círculo perverso que irremediablemente conduce al más de lo mismo… Hasta que el cuerpo social aguante.

Hojas que se lleva el viento

El consenso cada vez más amplio y justificado en torno al tema de los normalistas de Ayotzinapa, es apenas la punta del iceberg de un movimiento generalizado de resistencia que se opone lo mismo al modelo neoliberal de país que a un régimen político caduco que se sostiene con autoritarismo, represión y violencia. La respuesta nacional a la infortunada frase del Sr. Peña, afirmándoles a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos que “está del mismo lado”, es apenas un pálido reflejo de lo que está anidando en el imaginario colectivo.

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27 de septiembre de 2015, fecha que se inscribe en la memoria histórica como el día que formalmente, entre acarreo multitudinario, bufonadas y chistoretes, se dio sepultura a la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de Veracruz y, con ello, compartiendo la misma tumba, al ideario, programa y banderas socialistas del agrarismo mexicano.

Cd. Caucel, Yuc., a 30 de septiembre de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres comunes, la percepción pesa más que cualquier intento de explicación racional de por qué ganó el PRI en Veracruz. En el imaginario colectivo parece ser obvio, sin mayor explicación, que dos factores hasta ahora no suficientemente desmentidos fueron determinantes: la tradicional compra de votos y la inducción del sufragio mediante los programas asistencialistas aplicados estratégicamente en los sectores económicamente más vulnerables.

Para los conocedores del paño electoral, con información histórica, ambos factores estaban más que previstos con bastante anterioridad a los comicios del 7 de junio en la entidad. No hay forma de que sea derrotada maquinaria y estrategia electoral, legal y extralegal del PRI, se dijo, argumentándose que de antemano se operó con eficacia ablandando y dividiendo a la oposición, a más de la oportunidad de capitalizar el amplio espectro de opciones electorales que fragmentaría y pulverizaría la intención del sufragio.

Se argumentó también que el abstencionismo y el voto nulo de castigo, operaría a favor de la estrategia tricolor.

Todo esto en el terreno de la especulación y en un primer análisis lineal previo a la elección, que se confirmaría en los hechos.

Sin embargo, hacía falta un análisis ex post más preciso, respaldado con números duros, para tener claro a nivel distrital el éxito o derrota lo mismo de la estrategia seguida que de la operación de la aplanadora priísta y, en su caso, su equivalente en los terrenos opositores en los que se confiara en el clima de descontento y hartazgo sustentado en la percepción negativa del desempeño de un gobierno fallido.

Corresponde al destacado economista Hilario Barcelata Chávez, el dar una respuesta coherente, congruente y sólida a la interrogante de por qué ganó el PRI la diputación federal en 16 distritos dejándole a sus opositores únicamente 5, repartidas entre el PAN, PRD y Morena. El también Coordinador del Doctorado en Finanzas Públicas de la Universidad Veracruzana, con números duros en exhaustivo y puntual análisis pone en contexto lo que sucedió el domingo 7 de junio.

En el ensayo de su autoría, titulado “Por qué ganó el PRI en Veracruz”, Barcelata Chávez apoyándose en el estudio realizado por la empresa Parametría, que mediante encuestas identificó las características que definen a las personas que votan por cada uno de los partidos políticos en México, para definir el “perfil del votante mexicano”; destaca y desmenuza a detalle tres factores que fueran determinantes para el pírrico triunfo del tricolor: El perfil del votante; El poder del abstencionismo y, La insensatez del voto nulo. Destacando como variables comunes el peso de la pobreza, el nivel de escolaridad, y el de ingresos de los votantes en cada uno de los 21 distritos electorales.

Mapeo electoral que coincide con el grado de desarrollo regional relativo en la entidad y el innegable estancamiento económico, educativo y cultural por el que atraviesa Veracruz. Y que sin duda, refleja también la validez de la opinión sustentada en números duros de diversos expertos, que coinciden en señalar que la entidad veracruzana vive una profunda crisis económica que repercutiendo en la vida social de la población, no es ajena al pésimo desempeño de la administración pública y al endeudamiento creciente del gobierno estatal.

Para quien escribe estas líneas, el análisis del Dr. Barcelata, por su contundencia y oportunidad, no debe ser ignorado. Más allá de propósitos y objetivos electorales, da una idea precisa de cuales deberían ser las prioridades tanto en el combate de la desigualdad y pobreza como en el rescate y fortalecimiento tanto del quehacer económico como de un tejido social en franco deterioro. Si para el PRI la pobreza e ignorancia es un aliado estratégico para sus fines, para Veracruz es un lastre que debe ser superado.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito del partido en el gobierno, se está publicitando a bombo y platillo la llamada “Escuela de cuadros” del PRI en la entidad, como medida de renovación de la estructura jerárquica de la maquinaria tricolor. Medida sustentada en la incorporación de una nueva camada de operadores electorales con mayor nivel de escolaridad y capacitación político-electoral. Sobre ello vale la pena considerar lo siguiente:

Perdida la brújula ideológica liberal con la que el PRI por más de 70 años mantuviera hegemónico rumbo y destino, y no habiendo aún asimilado los nuevos paradigmas neoliberales en que se sustenta el modelo de país que se promueve desde Los Pinos, a lo único que podría aspirar hoy día el priísmo, es a trasmitir a las nuevas generaciones de cuadros partidistas paradigmas de simulación, saqueo, corrupción, impunidad, y un cínico y descarado pragmatismo ajeno a principios y valores éticos. Está en su naturaleza y no se puede apartar del guión en su afán por sobrevivir.

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La especulación, el chisme y la descalificación a priori, ganan terreno al análisis serio de lo que Veracruz espera de su próximo gobernador, perdiéndose la oportunidad para revisar y enmendar entuerto tras entuerto en la entidad. Curiosamente, el ambiente de cotorreo que domina en el anticipado proceso sucesorio, queda restringido a los círculos políticos y periodísticos en los que por inercia y sin duda intereses creados, dan por hecho que la competencia por la gubernatura de dos años una vez más habrá de decidirse cupularmente en los círculos del poder real, ignorándose tanto lo que los votantes potenciales piensen y opinen al respecto como las siempre variables e impredecibles circunstancias políticas y sociales tanto en el ámbito nacional como local. El sonado affaire de la evasión del ahora más buscado capo del narcotráfico internacional, así como el brutal e inimaginable monto del endeudamiento del gobierno duartista, juegan en el proceso sucesorio, sumándose como un elemento más a considerar en las bolas de cristal de los adivinadores. Al tiempo.

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Al agitado cotarro de la grilla veracruzana, ahora se introduce en el tema de la sucesión el factor confusión. Como un distractor más, se auspicia mediáticamente la multiplicación de aspirantes a “candidatos independientes” a la gubernatura de 2 años en la entidad, haciéndole el juego a la estrategia priísta de dividir para vencer, sabiamente precedida por una cuestionada reforma legal que estableciendo nuevos candados para dificultar aún más el registro de los “independientes” da lugar a un falso debate. Pretendiendo con ello dar la impresión de que el partido en el gobierno teme a dicha opción electoral. El nuevo elemento distractor es muy burdo, pero no faltarán los que se vallan con la finta. Veracruz da para eso y más.

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Primero saquean a PEMEX, lo castigan fiscal y presupuestalmente hasta dejarlo en la lona y hoy día, con todo cinismo y descaro el gobierno de Peña Nieto nos dice que la empresa propiedad del Estado mexicano no tiene dinero para participar en las licitaciones de la Ronda Uno. Igual se nos dijo que no se privatizaría el petróleo, hoy en los hechos se afirma lo contrario evidenciando lo que Cuauhtemoc Cárdenas califica como traición a lesa patria.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el marco nacional de una profunda crisis económica, social y política, a falta de resultados tangibles se impone el triunfalismo sin sustento de un presidente Peña que da para todo, menos para enderezar la nave y darle rumbo cierto.

El proyecto neoliberal de país que el presidente propone y la mayoría de la población rechaza, hace agua por doquier, desmintiendo las absurdas y contradictorias aseveraciones sobre el crecimiento de la economía nacional, abatimiento de la violencia criminal y el respaldo social a un modelo de desarrollo privatizador avalado por el triunfo del partido gobernante en las urnas.

Aseveraciones triunfalistas enfocadas a recuperar un clima de confianza y credibilidad que persiste en ir a la baja bajo el peso de la realidad real, nunca antes tan terca como en los tiempos que bajo el gobierno del Sr. Peña nos ha tocado vivir.

Más absurdo aun cuando los números duros del Banco de México, Secretaría de Hacienda, INEGI, Coneval y el INE, desmienten tal triunfalismo. Y ni que decir de organismos internacionales que monitoreando la situación de México, colocan de hecho al país entre los que acusan menores índices de crecimiento económico y desarrollo humano.

Con la elección del domingo siete, el presidente Peña gana el control de la Cámara baja pero de hecho, da por concluido su primer trienio de mandato sin más resultados que los estampados en el papel, con la aprobación “a la pela vaca” por el Congreso de la Unión de reformas legales que no aterrizan y que si concitan rechazo y resistencia social. Para el segundo trienio, el Sr. Peña anuncia a bombo y platillo que gracias al respaldo electoral mayoritario al partido en el gobierno, su administración va a concretar las metas trazadas al inicio de su gestión.

¿Cuál respaldo social mayoritario? ¿Qué no los números duros indican que la alianza del PRI-PVEM alcanzó en la elección intermedia una votación no mayor al 14 por ciento del padrón nacional electoral?

¿Cuáles metas a concretar? ¿Acaso concluir con la privatización de lo público? ¿Hacer nugatorio un empleo decente para las nuevas generaciones?

Desigualdad y pobreza lejos de abatirse se incrementan a lo largo y ancho del país en el marco de una economía estancada, un régimen político cuestionado y un tejido social en franco deterioro. ¿Cuál es la meta a concretar en este verdadero escollo estructural?

El tiempo se le echó encima al Sr. Peña. Si en el primer trienio no se legitimara consolidando confianza y credibilidad entre sus gobernados, para el segundo podría anticiparse será perdido lo mismo para los afanes neoliberales que para las expectativas de progreso y bienestar de los mexicanos. Día con día, la movilización social se lo hará saber.

La misma clase política lo intuye. No es circunstancial el surgimiento anticipado de aspirantes a la primera magistratura del país en el 2018, indicador de una urgencia percibida por cambiar de página y explorar nuevas alternativas para el rescate y control de economía y sociedad, que por ahora se percibe se le escurren entre los dedos.

“Ya hay ansiedad porque la administración finalice. La inquietud es general. No han terminado las ansiadas reformas estructurales todavía en proceso ni se ha aliviado la tensión en que vive buena parte del país debido al crimen organizado y la debilidad microeconómica que ha pegado a las mayorías”, comenta Julio Faesler (Excélsior 20/06/2015).

Veracruz. La sucesión

Y en este escenario nada optimista, en la aldea los senadores priístas inmersos en el juego anticipado de la sucesión, propician y auspician un desborde mediático preñado de especulaciones, rumores y malos entendidos que lejos de oxigenar el clima político veracruzano, desde ya contaminan el proceso de cambio de estafeta que culminará en el 2016 con la elección de gobernador por ahora aún de dos años.

Como aspirantes a suceder al gobernador fallido, no pierden oportunidad para ventanearse, darse baños de pueblo y ofrecer lo que, de antemano se sabe difícilmente cumplirán. Encontrando en los medios de comunicación el espacio propicio para confundir más que para proponer salidas concretas a la crisis multidimensional que lo mismo vive la administración pública, que el todo de un estado que, como Veracruz, pese a su potencial no tiene para cuando salir de su postración.

La mayoría de los medios de comunicación, no pudiendo o no queriendo abordar con seriedad la temática toral de la crisis veracruzana, se hacen eco del desbocado discurso de los aspirantes priístas sin cuestionarlo; recurriendo entonces a lo que bien conocemos en la entidad: la grilla palaciega, la especulación sin sustento, la denuncia del día a día que nunca prospera, las medias verdades o medias mentiras sobre el desempeño de los personajes de marras, y hasta del fuego amigo que va poniendo piedritas en el camino a quienes queriendo solamente ser gobernadores de dos años y no enderezadores de entuertos, trotan que trotan a lo largo y ancho de la entidad prometiendo el oro y el moro.

Nada que lejos de confundir a la audiencia, apunte a respuestas congruentes y viables a la problemática estatal ni propuestas concretas para rescatar y enderezar el rumbo, lo mismo en la postrada economía que en un tejido social en franco deterioro, en el que la pobreza, el descontento y el hartazgo pesan más que la razón.

Y por si fuera poco quienes ya se asumen como sus adversarios en el 2016, también imbuidos por el afán madrugador en medio de la confusión transitan sobre lo mismo; priorizando en su orden de jerarquías el ruido mediático por sobre el obligado diagnóstico del momento que vive la entidad y las posibles respuestas que enmarcadas en un plan emergente, den viabilidad a un gobierno acotado por un tiempo límite de 24 meses escasos.

Lo más singular es que en la coyuntura, no hay nada aún para nadie. Todo se reduce a simples aspiraciones, suspiros por un anhelo tempranero y ajeno a lo que los veracruzanos piensan y viven en su cotidianidad.

Sin visión de Estado y de futuro el país y Veracruz marchan al garete. Guardadas las proporciones del caso entre lo nacional y lo local, todo apunta a sexenios perdidos en medio de un escepticismo preñado de desconfianza, incredulidad e incertidumbre, que coloca lo mismo al Sr. Peña que al Sr. Duarte entre los gobernantes en México con los índices más bajos de aceptación de las últimas décadas.

Si la elección del 2015 se toma como referente, más que motivo de triunfalismo y regocijo los números duros indican que el segundo trienio de Peña Nieto y el último año de gestión de Duarte de Ochoa, no estarán libres de tropiezos, incrementándose descontento, hartazgo y resistencia de una sociedad que para mitigar sus cuitas ya no quiere más remedios fallidos.

Hemos de insistir en que con esta carga negativa, salvo mejor opinión, los aspirantes al gobierno de dos años en Veracruz tendrán que pedalear cuesta arriba para convencer en los tendidos y, para ello, el discurso facilón, el baño de pueblo y el ostentarse como enemigos de la corrupción impune, emergiendo del mismo nido de buitres, no es garantía de triunfo ni de respuesta a la problemática veracruzana.

Lo que se espera del sucesor del gobernador Duarte de Ochoa no es un plan protocolario de desarrollo para salir del paso y basado en el mismo modelo que de dientes para afuera se pretende superar. Lo que a mi juicio deberíamos esperar es un Programa Minimalista de Rescate, integral y acotado por el brevísimo tiempo y escasez de recursos con se contará, del que se desprenderían acciones jerarquizadas y puntuales por realizar con metas medibles, consensuadas regional y sectorialmente que contribuyan a salir de la crisis.

Sobre esto último se debería debatir, y no más perder el tiempo con especulaciones sin sentido sobre si los aspirantes barrerán para atrás o sí apoyan más el pie derecho o el izquierdo, en su prolongado peregrinar.

Ganar una elección, como históricamente está demostrado, es lo de menos, si se atiende al apotegma de que en política lo que se compra con dinero es barato. Lo difícil es legitimar el triunfo y, en el caso que nos ocupa, el sacar a Veracruz del empantanado sendero en el que la llamada clase política nos tiene encajonados.

Más de lo mismo no es solución, los aspirantes al gobierno de la entidad deberían de saberlo. Éstos tienen la palabra.

Hojas que se lleva el viento

A falta de resultados que destacar de un gobierno fallido, no queda de otra que conformarse mediáticamente con calificar al Sr. Duarte de Ochoa como “el gran tejedor”, atribuyéndole extraordinarias dotes políticas para amarrar 20 diputaciones de la alianza PRI-PVEM en las elecciones del domingo siete. Sus únicos traspiés, los enanos en la sopa que ya pagan caro su osadía.

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El Congreso de la Unión al parecer y tras tentarle al agua a los camotes, dará marcha atrás a la discusión y aprobación en su caso, en el proyecto privatizador de reforma a la Ley de Aguas vigente. Caso distinto el de una privatización del vital líquido, primero en la conurbación Veracruz-Medellín y más temprano que tarde, en el resto de la entidad. El encarcelamiento del director de la empresa brasileña Odebrecht, no es impedimento para que a partir de este 31 de agosto esta empresa brasileña y Aguas de Barcelona, conjuntamente den servicio de agua potable, alcantarillado y drenaje a los municipios de Veracruz y Medellín, declaró el alcalde Ramón Poo. ¿Seguiría Xalapa, también haciendo caso omiso de la opinión de los usuarios como acostumbra Américo Zúñiga?

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Borrón y cuenta nueva en el proyecto de túnel sumergido de Coatzacoalcos. Tras el sonado fracaso y responsabilidad impune de un primer intento en el que la corrupción fue la constante, obra y operación se concesiona a Carlos Slim, elevándose el costo total a más de 5 mil millones de pesos. Veracruz aguanta esto y más. Si el gobierno no puede, Don Carlos siempre dispuesto al rescate que al fin y al cabo, los usuarios pagarán. Un ejemplo más de la impunidad en el marco del nuevo sistema de combate a la corrupción que tanto se pondera.

Xalapa, Ver., junio 20 de 2015

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

Lo relevante no es el quien ganó, sino para que y con qué propósito.

Dada la complejidad de la elección del domingo próximo pasado, a lo que habría que agregar la contaminación, por decir lo menos, que sufriera el proceso comicial de elección de diputados federales desde sus inicios, salvo para los expertos que conocen del paño y sus “inteligentes audiencias”, la interpretación de sus resultados para hombres y mujeres comunes resulta ser un verdadero reto. Quizá por ello amplios sectores de la población optan por lo más simple y entendible: ni son confiables ni modifican para bien el grave estado de cosas que aqueja a un país gobernado por un presidente que no inspira credibilidad y confianza.

Posiblemente se  tenga razón al optar por lo más simple, dejando que la partidocracia y sus adláteres se haga bolas en el análisis acucioso del resultado y sus consecuencias futuras para sus particulares intereses, o bien, para justificar ante la audiencia el porqué de su derrota tras haber aprobado nuevas reglas de un juego electoral que no respeta.

¿Derrota? Sí, los números hablan. La elección, con sus asegunes, podrá ser legal a la luz de la legislación vigente que la misma partidocracia se ha dado, pero de ninguna manera es legítima a la luz de un mínimo de normalidad democrática. Una elección financiada con alrededor de 8 mil millones de pesos tomados del erario público, ni arrojó los resultados deseados de un fortalecimiento de la base social de apoyo para un presidente cuestionado, ni mucho menos, recuperó certidumbre, confianza, y credibilidad en el régimen político, representatividad democrática e instituciones republicanas. Esto, para quien escribe estas líneas no puede calificarse sino como una derrota.

Debiendo destacarse que en toda elección  democrática de representantes de la voluntad popular, lo relevante no es quien ganó sino para qué y con que propósito.

Veamos.

Los números que por ahora arroja el “Programa de Resultados electorales preliminares” (PREP), en su simplicidad que no necesariamente en su confiabilidad, nos dicen que con el 93.19% de las actas contabilizadas, de un total de 77, 913, 406 votantes potenciales listados en el Padrón federal vigente, hicieron valer su derecho al voto 36, 623, 125 ciudadanos; cifra de sufragios que representa el 47.5 % del total mencionado en tanto que 41, 290, 281 ciudadanos se abstuvieron de votar. Es decir, el 52.5% de los votantes potenciales se quedó en casita ajeno al juego electoral.

Hay mucha tela de donde cortar para explicar o justificar el fenómeno del abstencionismo. Lo cierto es que este se dio y peso en el resultado final de la elección, quedando a juicio de los propios votantes el juzgarle. Aunque cabe señalar que en política el hubiera no existe como para saber a ciencia cierta cuál hubiere sido el resultado con una mayor participación ciudadana. Empero, con los números en la mano, si se puede colegir que en una democracia medianamente decente menos del 50% de participación en las urnas no legitima una elección, por legal que esta sea, salvo en el remedo que vivimos en México.

Puede argumentarse cualquier cosa, como el que en toda elección intermedia es de esperarse poco interés en los votantes potenciales, lo cierto es que objetivamente tal desinterés responde a algo específico y a la partidocracia corresponde el revertirlo. En esta ocasión, el INE y los partidos políticos fracasaron en el intento, exhibiendo la vulnerabilidad de un régimen político carente de legitimidad democrática.

Aunque no puede dejarse de lado que se cumplió con el propósito de asegurar una mayoría dócil en la Cámara baja para los fines del proyecto neoliberal de Peña Nieto.

Por cuanto a los resultados de la votación, siempre siguiendo los números del PREP, el partido que resultara beneficiado con el mayor número de votos -de acuerdo con las actas contabilizadas en el momento de escribir este artículo-, fue el PRI, con un total de 10, 660, 241 sufragios. Votación a su favor que representa el 13.58 % del total nacional del padrón y el 29.10% de los votos emitidos en la elección. Porcentajes que ni uno ni otro dan visos de legitimidad al pírrico triunfo, ni deberían dar lugar al triunfalismo desplegado por el partido tricolor.

Sumada la votación del PRI con la de su satélite, el Verde Ecologista, el PREP arroja un total de 13, 248, 129 sufragios. Cifra menor al total de la sumatoria de votos a favor de sus adversarios y votos nulos, que ascendió a 23, 374, 996. Razón ésta por lo que el Revolucionario Institucional no alcanza la calificación de partido mayoritario y si, de una cuestionada primera minoría, en la correlación de fuerzas político-electorales en contienda. Todos los partidos que integran la partidocracia, son minoría en este país y ninguno alcanza el mínimo de legitimidad que toda elección en democracia exige.

Hasta aquí la numeralia electoral que arroja la elección nacional de diputados del pasado domingo 7. Que cada quien de acuerdo a su interés y posibilidades, la analice, juzgue y califique, antes o después de conocido el cómputo final que no definitivo, puesto que existen impugnaciones en puerta que tendrá que dirimir el Tribunal Superior Electoral del Poder Judicial de la Federación e, incluso, la Suprema Corte de Justicia de la nación.

Las cifras son públicas y están al alcance de todos.

“Sospechosismo” en Veracruz

Para el caso de Veracruz, sólo acierto por el momento a destacar que el triunfador de la elección fue el “sospechosismo”. Al calor de la noche pudieron pasar muchas cosas como para revertir una tendencia a todas luces contraria al partido en el gobierno y la gente así lo percibe, cuando los números finales benefician de manera más que escandalosa a los candidatos priístas más cuestionados del cotejo e incluso, señalados por la opinión pública como presuntos coparticipes de la quiebra moral, política y financiera del gobierno de la entidad.

No puede pasarse por alto también que:

Morena, de nueva creación, en el primer proceso electoral al que concurre, y a menos de un año de haber obtenido su registro como partido, se coloca ya en la entidad como la tercera fuerza electoral. Ganando con apenas 26, 368 votos la diputación en el Distrito Xalapa Urbano en la capital veracruzana, tomando con los dedos tras la puerta tanto al PRI como al gobierno del estado, que ignoraron o subestimaron lo mismo la inercia del efecto López Obrador y la transferencia de gran parte del voto duro perredista al nuevo instituto político, como el  claro rechazo al PRI, al PAN, al PRD y a la morralla de viejo y nuevo cuño que anima a los xalapeños. 

El voto efectivo de sectores participativos y bien informados de la población urbana xalapeña, es suficiente para nulificar la estrategia electoral, pedestre y antidemocrática del partido gobernante y su “aceitada” maquinaria. 

Como corolario y fuera del menú,  la candidata derrotada fue víctima tanto de su propia soberbia como del fuego amigo de sus correligionarios priístas. Un PRI dividido se unió y operó en contra de la candidatura de Elizabeth Morales, ex diputada federal, ex alcaldesa de Xalapa y ex presidente del CDE del tricolor, dejándole sola en los tendidos a diferencia del apoyo brindado a los “cochinitos” respaldados por Duarte de Ochoa y su padrino y mentor.

La elección de diputados federales para la ciudadanía concluyó. La pelota ahora está en el terreno institucional de árbitros y calificadores, pero eso no obsta para que conste que, de acuerdo a “usos y costumbres” de los veracruzanos, termina un proceso electoral y, de inmediato, inicia otro para no perder la aviada. Hoy a un día después del evento comicial del domingo siete, ya está en marcha el proceso que desembocará en el 2016 con la elección del sucesor del gobernador fallido.

 Hojas que se lleva el viento

El evento comicial en Veracruz dejó en claro que para la vida política de la entidad,  la crítica y denuncia mediática carecen de peso y efectividad en materia electoral en un régimen que,  premiando corrupción e impunidad, el estado de derecho no cuenta. El más de lo mismo entre los mismos, es la constante.

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La mayoría de los medios de comunicación son extensión de la partidocracia rampante, por lo que para amplios sectores de la población en Veracruz y en tratándose de la libertad de expresión, consideran no hay nada que celebrarle a los tundeteclas. Razón ésta quizá, por la que el festejo del “Día de la libertad de expresión” se reduce a los variopintos “Clubs de Tobi”, en los que se reconoce y premia a lo más selecto de su cofradía.-

Xalapa, Ver., 8 de junio de 2015.

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