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Category Archives: Pulso crítico

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La gran confusión de Trump y sus allegados es que no estamos en una época de cambios, sino del cambio de una época.-  Luis Manuel Arce Isaac

Los días transcurren, uno tras otro en suelo veracruzano sin que las aguas se  asienten. La turbulencia política en un clima de inseguridad en todos los órdenes de la vida social y económica, mantiene en ascuas a la población.

Una entidad federativa que, mereciendo mejor destino no encuentra rumbo cierto, es el pan de cada día en medio de un aciago entorno nacional e internacional adverso en el que para México, se blande lo mismo la amenaza del proteccionismo norteamericano que la recesión económica y el deterioro social.

Confundiéndose política con política electoral, la brújula gubernamental gira incesantemente en todas direcciones, perdiéndose la oportunidad de racionalizar el quehacer público en un legítimo y auténtico esfuerzo por rescatar a Veracruz de su postración.

Si nos atenemos a percepciones generadas a partir de notas y columnas periodísticas y no solo de especulaciones estériles, la terca realidad señala que no es aventurado anticipar un nuevo fracaso para una administración pública perdida entre la ausencia de visión de Estado y de recursos frescos en las arcas públicas.

Atrapado el gobierno de la alternancia entre el poder y no poder, brilla por su ausencia la honestidad intelectual suficiente para reconocer que no solo no se cuenta con una varita mágica, tampoco con claridad para encontrar la diferencia entre un pasado tortuoso y las exigencias de un presente que exige gobernar a partir de tiempo y recursos disponibles escasos.

No es pesimismo infundado ni se pretende en estas líneas asumirse como agorero del desastre. Anticipar el fracaso de la alternancia es atender a las tendencias por ahora observadas y ampliamente difundidas por la prensa en los escasos 75 días de la administración a cargo del Sr. Miguel Ángel Yunes Linares. Administración por cierto en la que parece estar ausente la alianza partidista PAN-PRD que transita en el margen, ajena a las expectativas generadas y sin mayor interés que el jaloneo electoral, con vías a la elección edilicia como prolegómeno de lo que esperan obtener en el 2018.

Percepción que a diferencia de la oficial, anida cada vez en mayor medida en amplios sectores de la población. Más de lo mismo,  dominando los temas de inseguridad, desempleo, bajos salarios, pobreza creciente, deterioro de los servicios de educación y salud, así como el de la cada vez menos accesible vivienda digna para todos.

Arropada esta percepción en un clima político preñado de un interminable perder el tiempo en una guerra sin cuartel, en la que los frentes abiertos, cual hongos se multiplican día con día.

Si lo que se pretendía con un discurso acorde con lo que la gente deseaba escuchar, era el justificar carencias y desorden administrativo como nefasto legado del saqueo y gobierno fallido de los sexenios previos, el tiro salió por la culata; el tremendismo se desinfla ante una opinión pública que se da por defraudada.

Hasta ahora, las necesidades cotidianas y el incumplimiento de lo ofertado en campaña se imponen por sobre el discurso oficial; los buenos deseos de la minoría que sufragara a favor de la alternancia van quedando atrás, desconfianza y pérdida de expectativas de cambio se generaliza.

Si el dilema es no poder en el ejercicio del poder, aún es tiempo de corregir y enderezar el rumbo, gobernando para todos sin distingo y sin prejuicios. El pasado es pasado; tan necesario como urgente es construir el presente si en algo se valora el futuro para las nuevas generaciones. Veracruz está a la espera.

Xalapa, Ver., 15 de febrero de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Por momentos el gobernador Yunes Linares pareciera estar obligado a entender que su estrategia mediática de poner en primer plano los estropicios de su antecesor, y expresar lo que la gente quiere escuchar, no está dando los resultados esperados. Antes al contrario,  se percibe que se le revierten complicando su ya compleja y difícil tarea de gobernar enderezando la nave.

No basta con que algunos sectores de la población “quieran sangre” y ser partícipes de la venganza social. Para satisfacerles, hay que contar en tiempo y forma con todos los pelos de la burra en la mano acompañando declaración mediática y denuncia al canto con pruebas fehacientes para con apego a la legalidad, y atendiendo a las exigencias del debido proceso, actuar en consecuencia hasta lograr que los responsables del brutal desaguisado estén en la cárcel. Y, por lo que se ve, el golpe anticipado que cimbraría a todo México aún está en veremos.

El tiempo se le echa encima al gobernador. Tanto ha confiado en su estrategia mediática que no contó con que Fidel Herrera pudiera dejar el Consulado de Barcelona para regresar a Veracruz a “defenderse”. Fidel no es manco ni ciego, se defenderá atacando como él sabe hacerlo,  abriéndose un frente más por atender de todos los que hasta ahora el Sr. Yunes Linares tiene agendados, obligándose a revisar su orden de prioridades en una auténtica encrucijada. O gobierna u opera políticamente para contrarrestar los mandarriazos de un Fidel que viene con todo, es la disyuntiva.

Luego a mi juicio parece acertado que mire, aunque sea de refilón, problemas de verdadero interés para quienes esperan un rescate a fondo de Veracruz y no solamente de una administración pública quebrada y sin rumbo claro. Me refiero a su visita y declaración a modo al ingenio La Gloria, en donde dialogando con los trabajadores de la factoría se comprometiera a defender la industria azucarera veracruzana ante lo que se viene con las ahora más que amenazas del presidente de EU.

¿Qué tanto es tantito? Bueno, algo es algo. Ojalá y con la misma tesitura también considere otros renglones productivos como la pequeña y mediana industria, la cafeticultura, la citricultura, la ganadería, la producción de granos básicos  y, sin duda la boca bajeada industria petrolera, pilares de la economía veracruzana en términos de empleo y aportación al producto interno bruto estatal. Renglones en los que descansa, a mi modesto entender, la verdadera situación crítica que se vive en la entidad.

Si el tiempo, factor escaso, se le escurre entre las manos al gobierno de la alternancia, luego cambiar de página es de celebrarse. Empero, vale la pena destacar que con lo que Veracruz deberá enfrentar la nueva estrategia del Sr. Trump para con México, es una economía sana y sólida más que con declaraciones que, como bien se sabe, son flor de un día.

Y para eso el gobernador y colaboradores cercanos tendrían que aceptar que el problema sustantivo del aparato productivo estatal no es de coyuntura sino de carácter estructural; habiendo tiempo atrás alcanzado su nivel de obsolescencia ya no responde a las exigencias de productividad, competitividad, tasa de ganancia y reinversión en activos que exige el mercado, generando desempleo y pobreza.

Crisis estructural que va más allá de lo local, rebasando las buenas intenciones de un gobierno de dos años que debería dedicarse simple y llanamente a rescatar y reordenar la administración pública, más que pretender enderezar entuertos geopolíticos combatiendo molinos de viento.

Luego no tiene sentido  comprometerse a defender lo indefendible frente a la andanada proteccionista del nuevo gobierno norteamericano. Más temprano que tarde, el Sr. Yunes Linares tendría que retractarse u olvidarse del compromiso.

Si no se acepta esta realidad se seguirá con la estrategia tremendista, sin más objetivo que justificar con el escándalo público incapacidad e impotencia para resolver el crucigrama.

Hojas que se lleva el viento

El programa federal de “Zonas económicas especiales” se diseñó, aprobó y se le asignaron recursos en el presupuesto de egresos 2017 como estrategia de incorporación de México al Acuerdo Transpacífico (TTP), iniciativa lanzada en el 2012 por el  gobierno de Obama para impulsar la liberación del comercio y la inversión, misma  que Donald Trump como una de sus primeras medidas de un plumazo desechó, dejando a nuestro país colgando de la brocha. Situación esta última que los gobiernos federal y estatal pretenden ignorar instalando en Coatzacoalcos una “mesa permanente de trabajo de las zonas económicas especiales” como mecanismo entre los distintos órdenes y niveles de gobierno de coordinación para la región sur de la entidad . ¿Será que a Peña Nieto les vale la decisión geopolítica adoptada por el gobierno de EU y México se irá por la libre? Si es así, ello equivale a un salto triple en el trapecio y sin red.

Es más que obligado considerar en la actual coyuntura que Veracruz seguirá entre las patas de los caballos. El pleito ramplón Yunes Linares-Herrera Beltrán toma nuevo derrotero en perjuicio de la entidad y la aspiración de cambio de los veracruzanos. Va a llover caca para rato, hay que preparar los paraguas.

Cd. Caucel, Yuc.., enero 25 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

En la entidad veracruzana su gente vive aturdida en medio de optimista esperanza y una realidad agobiante. Entre aquello a lo que se aspira, a lo que se quiere para un hoy incierto, lo que se puede con lo que se tiene y, el consabido con lo que se debe hacer, que trasciende los límites de un simple voluntarismo, para ubicarse en los terrenos de una terca realidad en lo que política, económica y éticamente consideramos como  viable y correcto para transformarle.

El gobernador en turno diciéndole a sus fans en los tendidos lo que estos quieren escuchar. Los medios de comunicación, haciéndose eco, por lo consiguiente y, en el inter, ante la indiferencia del padre,  la tía de las muchachas llevando a éstas al bailongo. Sin que el ominoso panorama de un Veracruz con crisis multidimensional y multisectorial con mayorías cada vez más pobres, merezca la menor atención.

Confusión en la que el debate está ausente, huérfano de ideas. Por sobre éstas, dominando el incierto panorama, el “Síndrome de Estocolmo” que, inoculado en nuestro ADN por el viejo régimen priísta, nos ata a paradigmas presuntamente superados, esclaviza  y determina nuestro destino, convencidos de que no existiendo política a secas que le apueste al bien común con la que comprometerse, hacemos de la política electoral razón de ser de nuestra cotidiana y domesticada existencia.

No salimos aún de una, cuando ya estamos inmersos en lo que viene, la elección de alcaldes en el 2017. En el escenario electoral se aferra la esperanza de lo que nunca llega.

Parte intrínseca de nuestro folklore, en los procesos electorales ciframos nuestras más caras expectativas de bienestar y progreso, esperando que de arriba de la pirámide la bienaventuranza descienda como Maná del cielo sobre las mayorías siempre excluidas, siempre empobrecidas.

Y con qué facilidad olvidamos el ayer para volcarnos en un futuro incierto. Entusiastas participamos en las campañas políticas, sufragamos a favor de quién habrá de privarnos de esperanza, de saquearnos hasta más allá de un límite concebible y, frustrados, retornamos al punto de partida, una nueva elección, nuevos gobernantes o representantes de elección popular que restituyan confianza, credibilidad y renovada fe en las instituciones republicanas. Círculo vicioso en el que la política, a secas como instrumento en el que confiar el bien común, está ausente, trastocada por la política-política reducida a su expresión pedestre.

Resultado de ello, hoy día transitamos de un gobierno corrupto y fallido a la llamada alternancia, simple cambio de siglas partidistas en el ejercicio de gobierno. Despotricamos en contra del que se fue dejándonos con un palmo de narices, a la par que aplaudimos y confiamos un cambio que no pasa más allá del manido discurso. Permaneciendo ajenos a lo sustantivo y confiando en lo accesorio, dejamos hacer, dejamos pasar, en espera de una nueva elección en la cual depositar la confianza perdida.

No se aprende del pasado, las lecciones recurrentes no impactan en el imaginario colectivo. El efímero presente y la expectativa de futuro promisorio, es lo que cuenta, lo vivido queda para el anecdotario popular, cerrándose el círculo perverso.

Más de lo mismo, siempre sujetos a los vaivenes de la circunstancia electoral más como invitados de piedra que como protagonistas de nuestra propia historia. Secuestrada la democracia representativa, siempre fieles al “Síndrome de Estocolmo”, por más que nos peguen siempre dispuestos a lamer la mano de los secuestradores de siempre. ¿Hasta cuándo?

Hojas que se lleva el viento

Lo afirmamos en su oportunidad. ¿Con qué ojos mí querido tuerto?

 Saqueada la hacienda pública bajo la solapadora indiferencia del gobierno de Peña Nieto, no hay dinero para paliar el temporal, ni lo habrá en suficiencia para costear en escasos dos años un mediocre rescate de la administración pública.

Hoy el gobierno de la alternancia curándose en salud descubre el hilo negro: La federación, injusta e inequitativa cierra los ojos ante nuestras carencias. En Veracruz se vive una emergencia en las finanzas públicas estatales, que requieren el sacrificio de todos para sacar al buey de la barranca.

Yunes Linares lo sabía desde endenantes, estaba consciente de ello al aceptar la candidatura al mini gobierno de dos años. Hasta el cansancio, por sí mismo o por interpósitos voceros, denunció el saqueo y conoció de la quiebra de la hacienda pública. Se comprometió en campaña a sanear las finanzas y rescatar del desastre al gobierno de Veracruz a la par que metería en la cárcel a los prevaricadores,  más en ningún momento expresara que pagarían justos por pecadores.

Hoy pide comprensión y respaldo, forzando a ocho millones de veracruzanos a comprometerse con una estrategia de austeridad y nuevos endeudamientos, sin que se diga una sola palabra sobre el trasfondo real de la crisis política, económica y social por la que transita la entidad y que a todos afecta. Sustento económico en picada, deterioro del tejido social, desigualdad, pobreza y un régimen político caduco, no figuran en la agenda del rescate. Veracruz es algo más que su gobierno.

En este espacio se puso en duda la viabilidad del llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo”, respondiendo a una lógica hoy oficialmente confirmada: no hay dinero suficiente ni siquiera para pagar completos sueldos y prestaciones de la burocracia, adeudos con proveedores y trabajadores de la educación y la salud. ¿Lo habrá para impulsar crecimiento económico y desarrollo? Exceso de optimismo, falta de previsión, o simulación sería la respuesta.

El mamotreto, instrumento legal de cajón avalado por la Universidad Veracruzana y aprobado por el Congreso, ni da razón ni advierte que para rescatar la hacienda pública,  la única salida es recurrir nuevamente a onerosos endeudamientos.

Empantanados y sin salida. Si en el pasado reciente el Sr. Yunes Linares advirtiera de lo negativo del endeudamiento creciente del gobierno de Duarte de Ochoa, hoy día sólo le queda optar por más deuda pública para salir del atolladero. Vana esperanza, afirmáramos en maquinazo anterior, la terca realidad lo confirma. Más de lo mismo; ahora bajo el manto de la alternancia la esperanza hay que afincarla en la elección del 2018.

Xalapa, Ver., diciembre 14 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

¿Por fin se libró Veracruz de un gobierno  fallido, corrupto e impune?

Para nada, la despedida de Javier Duarte ha sido un juego más en la larga cadena de simulación con la que el ahora gobernador con licencia  se ha burlado de la ingenuidad política de los veracruzanos.

Tanto la solicitud de licencia y su aceptación por parte de una Junta de notables (Junta de Coordinación Política de la Legislatura local), así como la designación “fast  track” (dedazo) de Flavino Ríos Alvarado como gobernante sustituto, no es otra cosa que  un acto de prestidigitación pactado para, hasta el último minuto de noviembre próximo, hacerle la vida imposible al gobernador electo.

Ganar tiempo, en la estrategia de desbancar a Yunes Linares es la jugada; dejar correr los días y esperar activamente que el TEPJF se pronuncie en contra del triunfo electoral del choleño  y en ello descansa el pacto acordado entre Javier y Flavino. Presión, mucha presión sobre los señores ministros y cero respaldo del gobierno estatal a las exigencias del por ahora gobernador electo y su partido.

47 días no dan para más. ¿O acaso como señalan los “fans” del ex secretario de gobierno, bastan y sobran para limpiar la casa? 

Pretender que la población acepte que la licencia de Javier Duarte responde a quedar en libertad de defenderse de lo indefendible y poner a salvo su buen nombre y el de su familia, es tanto como esperar que los veracruzanos estén ciegos y sordos para no ver ni entender la profundidad del saqueo inmisericorde e impune a lo largo de los últimos doce años. Luego la motivación que impulsara la solicitud de licencia a 48 días de concluir su mandato, es otra y no la que con todo descaro explícitamente ofreciera el defenestrado y aún “primer priista” de Veracruz en su despedida.

Si la instrucción  vino de Los Pinos, o fue una decisión que a motu propio tomara Javier Duarte, a estas alturas es irrelevante. Lo destacable es que como quedara asentado en la entrevista televisiva  con Loret de mola, para Javier Duarte la mejor defensa es el ataque, con la pretendida intención de evitar que Yunes Linares tome posesión como gobernador de Veracruz.

Estrategia perversa que si no le evita ser enjuiciado, cuando menos se lleva entre las patas al por ahora gobernador electo. Contando para ello con la complicidad no sólo de un puñado de diputados locales, también  con la de Flavino Ríos Alvarado que, como es del dominio público, no ha tenido empacho en respaldar  a Duarte atacando a Yunes Linares desde la secretaría de gobierno.

Pacto al que sin duda implícita o explícitamente  no es ajeno el propio presidente Peña, su secretario de gobernación y el sedicente dirigente nacional del PRI.

Más de lo mismo en una continuidad pactada. No se puede esperar otra cosa y sí, como ya se otea en el horizonte próximo, la puntilla para un Veracruz ofendido, lastimado e inerme ante los juegos perversos de un poder formal que sin disimulo alguno, jugando con lumbre y sin ya nada que perder, carente de autoridad moral y política le apuesta  al todo por el todo a costa de la precaria supervivencia de millones de veracruzanos.

Lo lastimoso es que estos millones, indiferentes cual mirones de palo, aún confían en un inexistente estado de derecho, dejando hacer, dejando pasar en espera de mejores tiempos… Y algunos, unos pocos, aplauden la ilegítima designación de Flavino Ríos como bateador emergente.

Hojas que se lleva el viento

Hundida la nave en nauseabundo cieno, en el colmo del absurdo el PRI en Veracruz aún le apuesta a recuperar en la elección municipal del próximo año el terreno perdido. Ajeno al pensar y al sentir de los veracruzanos, desde ya baraja sus cartas para imponerle a la militancia los mismos rostros, las mismas mañas, como si no pasara nada tras la defenestración de Javier Duarte y su camarilla delincuencial. Y en estos mismos terrenos Pepe y Héctor Yunes jalando agua para su molino. O los priístas no han evaluado la profundidad de la crisis de credibilidad y supervivencia que vive su partido en la entidad, o de plano  la derrota de junio les hizo perder la chaveta. A buen entendedor pocas palabras, Veracruz entero no quiere nada con el PRI.-

Cd. Caucel, Yuc., octubre 14 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

No cabe ya ninguna duda. Nos saquearon, esta realidad es ya del dominio público. Doce años viviendo bajo un clima de simulación, engaño e impune corrupción salpicada de violencia criminal inseguridad e indefensión, arrojan resultados que hoy no sólo son motivo de indignación, también y eh aquí lo sustantivo, de un desastre en todos los órdenes de la vida económica, política y social de Veracruz. Doce años de gobiernos priístas que dejan como legado una entidad federativa de rodillas y sin visos de recuperación en el corto plazo.

Realidad inobjetable  que obliga  a reflexionar sobre lo que el futuro inmediato depara a Veracruz con el mini gobierno de dos años. ¿Será esperanzador como machaconamente insisten quienes confían en las bondades  que traerán consigo la alternancia política con un gobernador de extracción panista, o todo lo contrario?

¿Será que a los doce años de nefasto gobierno le seguirán otros dos de más de lo mismo?

Expectativas y dudas se entrecruzan, entretejiéndose y retroalimentándose entre sí. Nada hasta ahora indica que las expectativas de cambio tengan asidero creíble; tampoco las dudas se disipan. Todo, en el amplio contexto de un país en crisis,  pareciera anunciar  mayor incertidumbre en torno al que, cómo y con qué,  el nuevo gobierno estatal afrontará una realidad a todas luces adversa,  lo mismo en los terrenos de la economía que en las empantanadas aguas de un tejido social que, pese a la resistencia de amplias capas de la población que se niegan a dejarse arrastrar,  tiende a profundizar su descomposición.

El desánimo no es poca cosa, ni disminuye en sus alcances, cuando día con día, pareciera no tener fin el atascadero en que nos metieran los peores gobernantes que Veracruz ha padecido.

No bastan las buenas intenciones, voluntad política y pretendida apertura democratizadora. El reto es mayor y el tiempo juega en contra de la alternancia en una coyuntura por demás compleja; conforme pasan los días el juego entre acreedores que exigen pago oportuno y las disponibilidades del erario estatal para cumplir en tiempo y forma, topan con pared frente a los recortes presupuestales de la federación para el 2017,  conformando una nueva y no prevista circunstancia que pone en una clara desventaja al sucesor de Duarte de Ochoa.

Esto sin considerar el hecho de que Veracruz navega entre las turbulentas aguas de un régimen político caduco que a nivel nacional hace agua. Marco referencial en cuyo contexto Miguel Ángel Yunes Linares tendrá que optar entre el someterse a la estrategia autoritaria y empobrecedora del gobierno de Peña Nieto o, en su defecto, responder a las demandas crecientes de una población cansada de un atole con el dedo que ya no le satisface, incrédula y harta de políticas públicas que anticipan más corrupción, más impunidad, saqueo y pobreza que el deseable bien común.

A lo que habría que agregar que la alianza PAN-PRD está respaldada electoralmente por una minoría, insuficiente para dar soporte a una pretendida democratización de la sociedad veracruzana, acotada, como todo proceso presuntamente democratizador que fluye de la cúpula a la base, por los intereses de antigua data o de reciente creación, que determinan el quehacer gubernamental.

La minoría gobernará a las mayorías y estas, subordinadas, bailarán al son que se les toque desde palacio de gobierno ¿o transitarán contracorriente? Es una incógnita por despejar.

Nadie en sus cabales, desea que le vaya mal a Veracruz. En el barco siniestrado vamos todos. Luego lo deseable es que el por ahora gobernador electo, frene y ponga fin a tanta corrupción impune,  ineficiencia e ineficacia de una administración pública saqueada, limpie y ordene la casa y pague lo que como gobierno se debe, creando el mínimo de condiciones para un ulterior rescate que saque a la entidad de su actual postración. Empero, si dos años son pocos para la tarea, con mayor razón si a los 24 meses del nuevo gobierno, le restamos los que obligadamente se destinan a las campañas políticas del 2017 y 2018, habida cuenta de que si algo distrae y aleja a los servidores públicos de sus responsabilidades  es la grilla electoral, la especulación futurista y el todos contra todos entre partidos políticos y candidatos. Tiempos perdidos que la voluntad política y buenas intenciones del mini gobierno no subsanaran.

Luego cabe entonces anticipar negros nubarrones más que un esperanzador amanecer. Espero, deseando mejor destino para Veracruz, estar equivocado en mi percepción. El tiempo lo dirá.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 7 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Si alguna duda quedaba sobre la crisis en México de un régimen político agotado y caduco que, habiendo tocado fondo no encuentra salida racional, baste ver lo que sucede en Veracruz para confirmarlo.

La corrupción impune niega el estado de derecho y este, en su inoperancia auspicia el dejar hacer, deja pasar ante la imposibilidad práctica de recuperar un mínimo de gobernabilidad en la entidad que le justifique. Puede más la insania de un gobernador fallido que ha perdido la razón, que la razón de Estado, ante la indiferencia del gobierno central que, desde el altiplano, contra todo y contra todos obsesionado está concentrado en imponer reformas y políticas públicas contrarias a lo que la ciudadanía espera de un buen gobierno.

A pesar de la autocensura obligada, la mayoría de los medios de comunicación veracruzanos se han soltado el pelo, ampliamente secundados por la prensa nacional exhiben la miseria de un gobierno ayuno de división de poderes en el que el titular del ejecutivo, en su afán de salvar el pellejo, tunde a palos lo que en las redes sociales se califica ya como “la piñata veracruzana”.

Para quien esto escribe, no hay necesidad de entrar en detalles; la prensa diaria, impresa o en línea está siendo pródiga en ello, dando cuenta puntualmente de hechos inéditos en la conducción de un gobierno que ya son del dominio público. En su momento y con toda anticipación, ya apuntábamos de la necesidad, como prioridad inexcusable el frenar a Duarte de Ochoa, impedir un mayor daño gracias a los coletazos de impotencia a que habría lugar de no hacerlo.

Esto último antes de iniciar el proceso electoral que desembocara en la elección del 5 de junio. Hoy a escasos 25 días de la elección la terca realidad lo confirma y justifica la opinión vertida. Habiendo sido derrotado en todos los frentes, el resultado del sufragio aceleró temor e impotencia, floreciendo lo peor de la condición humana en quien obligado estaría lo mismo a aceptar que respetar la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

La descomposición del régimen, reflejada hoy en Veracruz, está a la vista de todos. Impotencia, sectarismo, autoritarismo y resistencia a ceder terreno a reivindicaciones de necesidades sentidas y reales de la población, habla de un divorcio de Estado entre gobernantes y gobernados. La brecha entre los dos estamentos cada día es más amplia y, el gobierno lejos de escuchar y ponderar con racionalidad lo que en México se está viviendo, se concreta a amenazar a aquellas personas o movimientos sociales que piensan diferente.

Pluralismo e inclusión como norma de convivencia civilizada, quedan en simple retórica en el  discurso oficial.  Pensamiento único, cartucheras al cañón, quepan o no quepan, es lo que el régimen anhela y ofrece.

O estás con las reformas estructurales o estás en contra; estás conmigo o  en mi contra, es la bandera del Sr. Peña Nieto. No hay marcha tras afirma y es secundado en ello por sus subordinados, aprendices de brujo que no ven más allá de un presunto complot por parte de un populismo que, desde las trincheras del neoliberalismo aldeano, hay que combatir hasta erradicarlo de la mente de los mexicanos.

En tal orden de prioridades, lo demás es lo de menos. Fiel tardíamente a la consigna que en su momento dictara Washington, para Peña Nieto y su reducido grupo de iluminados, lo determinante es vencer al populismo, aquí y fuera de nuestras fronteras, en tanto que la realidad real, como se lo echara en cara el Sr. Obama, exhibe su incapacidad e ineficacia en la atención a la economía macro y micro,  y los efectos negativos en la vida de las mayorías empobrecidas de una globalización mundo en la que los poderosos perdidos en sus propias contradicciones, no saben cómo paliar su propia crisis.

Peña Nieto afirma que no ha sido omiso. Veracruz entero lo desdice. Lo que se vive hoy con los últimos coletazos de quien ya se siente tras las rejas, pudo frenarse a tiempo, hoy ya es tarde. Gobernabilidad y estado de derecho están en entredicho. Para el imaginario popular ni hay gobernador ni hay gobierno. La anarquía es un hecho. El atentar impunemente contra la integridad física del gobernador electo por parte de una organización lumpen, es apenas la punta del iceberg que está emergiendo. Lo de siempre, se va a investigar y se actuará conforme a la ley con aquel o aquellos que resulten responsables. Lo que nadie cree ni incita a confianza alguna.

Si esto no es tocar fondo, no sé a ciencia cierta cómo podría calificarse la tragedia. Ya no es gobierno, partidos o actores políticos que le representan y sostienen quienes han fracasado. Es el régimen vigente en México cuya fecha de caducidad está vencida. Tanto como para que el partido endenantes hegemónico a lo largo de más de 8 décadas, haya dejado de serle funcional.  No más clientelismo sustentado en sindicatos y organizaciones agrarias; no más paternalismo ni apapacho a la mayoría empobrecida, no más PRI en los términos históricamente conocidos. O se está con el neoliberalismo o se está con el execrado populismo, no hay más lugar a medias tintas.

Roto el pacto social que los mexicanos se dieran, la administración de conflictos está rebasada. Frente a movimientos sociales de protesta y resistencia que surgen por doquier, al régimen sólo le queda el uso de la fuerza. “El Estado soy yo”, y la población acata, se dobla o se atiene a las consecuencias, es la bandera del gobierno peñanietista. A la amenaza le sigue la represión como secuela de incapacidad e impotencia para gobernar a un país que no se entiende.

El régimen político fuera de época y sustentado en una partidocracia corrupta e indolente, ya no se corresponde con una realidad nacional en la que el gatopardismo ya no tiene cabida.

Veracruz está en sintonía. Ayuna la entidad de un gobierno respetable y respetado, el violentar lo mismo la ley que la elemental armonía social que la convivencia entre diferentes recomienda como sustento de la gobernabilidad, es la tónica. Ausencia de credibilidad y confianza en instituciones e institutos políticos, es la respuesta ciudadana ante un régimen político que ya no da más. De aquí a la anarquía sólo hay un paso.

La alternancia como solución al conflicto, no da señales de enmendar el entuerto. Si con gobiernos priístas se orilló a Veracruz al desastre, con el PAN como conductor de la administración pública, a contracorriente de la realidad nacional e internacional, sin recursos, sin el respaldo de las mayorías y con un priísmo que va por la revancha, en el marco de la crisis generalizada que como la humedad se extiende a lo largo y ancho del país, nada halagüeño debe esperarse.

Y es en este escenario crítico que nuestra aldeana clase política y sus adláteres desde los medios de comunicación, cifran sus esperanzas, las propalan y esperan sean escuchadas y atendidas, en que por la vía electoral, en el 2017 o en el 2018, cual Ave Fénix Veracruz recuperará el rumbo perdido. Falsa expectativa, ni el sistema de partidos ni el régimen político están en condiciones de lograrlo. Los canales de comunicación entre Gobierno y ciudadanos están rotos; la participación ciudadana va por lo suyo por caminos diferentes. O se apuesta a un nuevo pacto social que renueve rumbo y destino en México restableciendo la unidad de Estado, o Veracruz con o sin el mesías en turno,  profundizará su caída.

Hojas que se lleva el viento

Una vez más. Un nuevo intento del PRI en Veracruz tras la derrota, por renovarse y recuperar la hegemonía perdida. Sin aún reconocer a ciencia cierta el porqué de su derrumbe electoral, el tricolor sustenta su estrategia de renovación en un mayor protagonismo de su vieja guardia respaldada con sangre joven, entreverando generaciones. Algo así como la “Alianza generacional” que le sirviera como plataforma de despegue a Héctor Yunes Landa. Esfuerzo en vano, o el PRI se renueva en su totalidad prescindiendo de los mismos rostros, las mismas mañas y los mismos intereses creados que le orillaran a la derrota, o seguirá el mismo camino que el PRD deambulando entre las tumbas como cadáver viviente. El camino para su renovación, a mi juicio, debería ser el de la democratización plena de su vida interna. ¿Será eso posible? Es de dudarse, la democracia y participación de sus bases en la toma de decisiones no está en su naturaleza.

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Ensoberbecido por el resultado de la elección del 5 de junio, Cuitláhuac García  olvida que es gracias a López Obrador y al partido al que se debe y no a su tesitura triunfalista personal que Morena creció electoralmente en Veracruz. Se subió al ladrillo y ya se mareo, perdiendo todo viso de humildad. Jugó y perdió, así que ahora a otra cosa mariposa, o se pone a trabajar en serio en pro del fortalecimiento de la estructura partidista, auspiciando claridad programática, organización, cultura política y cercanía con movimientos sociales, o las bases se encargarán de bajarle de la nube.  Así de simple.

Mérida, Yuc.- Julio 5 del2016.

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J. Enrique Olivera Arce

Tras advertencia no hay engaño. Héctor Yunes Landa, ex candidato a la mini gubernatura de dos años en Veracruz, se dice traicionado cuando es del dominio público que se traicionó a sí mismo.

Tras un largo periplo en busca de la candidatura, contra viento y marea le fue  concedida por su partido en circunstancias tales en las que la derrota en las urnas  -y fuera de ellas-,  estaba más que cantada y, aun así, la aceptó a sabiendas de que su principal oponente no era Miguel Ángel Yunes sino el llamado primer priísta de Veracruz.

Esto en una coyuntura social y política en el que el anti priísmo se consolidaba lo mismo en Veracruz que en la mayoría del territorio nacional.  El rechazo al autoritarismo represivo y las reformas estructurales, así como políticas públicas impulsadas e impuestas  por el gobierno de Peña Nieto y el clima de corrupción impune y violencia criminal en la entidad, no dejaba lugar a dudas. En la elección del 2016 el descontento y el hartazgo social participarían protagónicamente en contra del PRI, su alianza con partidos satélites a modo y sus candidatos.

Nada que en el imaginario colectivo no anidara como oportunidad para echar al PRI del gobierno.

Yunes Landa no lo consideró así. No lo vio o no lo quiso ver, confiando en la fortaleza de una estructura partidista más virtual que real y en una estrategia electoral  a todas luces equivocada. La realidad se encargó de lo demás, reflejándose en las urnas el cinco de junio. Descontento y hartazgo, como protagonistas de primer nivel, fueron disputados por la oposición, el voto de castigo se polarizó entre la derecha y la izquierda electoral, dándole el triunfo a la alianza PAN-PRD y, de manera significativa fortaleciendo a Morena que por primera vez participara en una elección de gobernador en la entidad.

Luego en donde reside la traición. Tras advertencia no hay engaño. El senador le apostó al voto duro tradicional cargando con todo en contra sobre sus espaldas.  Pudo más el disputado voto de castigo que su escasa visión sobre una realidad que nunca quiso aceptar. Hoy ni llorar es bueno. Si acaso se puede hablar de traición,  es aquella infringida por los gobiernos priístas a una sociedad lastimada y dolida  a la que no han querido ver ni escuchar.

Paradójicamente,  con el auxilio de una prensa afín al gobernador electo, ve en Morena, López Obrador y Cuitláhuac García como responsables de un oscuro pacto con el gobernador fallido para restarle los votos necesarios para vencer a Miguel Ángel Yunes Linares en las urnas. Paradójicamente en tanto que con ello fortalece a los opositores al PRI en el camino al 2018 exhibiendo las miserias de un partido político venido a menos que, subestimando a los electores, atribuye triunfos y derrotas a pactos cupulares y no a la voluntad ciudadana.

Perdiendo el tiempo

Y mientras el senador Yunes Landa clama traición rumiando su derrota, el otro Yunes, hoy virtualmente gobernador electo, desesperado ve escurrírsele el tiempo entre los dedos, perdiendo oportunidad para la ansiada legitimización que solo puede consolidar ofreciendo respuestas contundentes al descontento y el hartazgo que le dieran el triunfo en las urnas. “El pueblo quiere sangre”, se dice, y la sangre no llega al rio. Como último recurso se dirige a Peña Nieto exigiendo justicia para Veracruz, aceptando que a nivel local no hay forma de echar a Duarte de Ochoa del gobierno y meterle a la cárcel como ha prometido. Mucho menos asegurar que los miles de millones que se dan por desaparecidos, regresen a las arcas públicas.

Obnubilado por la poca respuesta a sus palos de ciego, se olvida de lo sustantivo y se concentra en lo accesorio. La prioridad es venganza, es el discurso que la gente quiere escuchar, la crisis multisectorial y multidimensional que vive Veracruz aun habiendo tocado fondo  puede esperar.

Así, Yunes Linares lejos de concentrarse en el diseño de una estrategia de corto plazo que asegure un buen gobierno, se desgasta quemando pólvora en infiernitos. Perdiendo un tiempo valioso para los veracruzanos  de espaldas a una realidad real nacional en la que,  frente a los recortes presupuestales a que se obliga la federación y el clima social de rechazo que ello genera en la población,  en el ánimo de Peña Nieto y sus aprendices de brujo el combate a la corrupción impune es tarea secundaria, quedando en el papel como simple recurso retórico y  mediático para justificarse ante la presión y la crítica internacional.

Nada extraño para Veracruz. Perder el tiempo en grilla, especulación, chisme mediático, está inscrito en usos y costumbres de una entidad en la que la política electoral ocupa el primer lugar en el orden de prioridades. Economía y bienestar de la gente, para nuestra aldeana clase política y un buen de medios de comunicación, pasan a segundo término, siempre con la esperanza de que el poder mesiánico de quienes gobiernan,  sea garantía de salpique y prosperidad.

Hojas que se lleva el viento

¿Con qué ojos?, señalábamos en maquinazo anterior en referencia a promesas de campaña de quienes aspiraban a la mini gubernatura de dos años. La terca realidad se impone. No hay con que dar cumplimiento a lo ofertado en materia de obra y servicios públicos. Tampoco para resarcir a la Universidad Veracruzana y hacer efectiva la aportación del gobierno estatal en el esquema de autonomía aprobado por el Congreso. Yunes Linares iniciará su mandato a partir de cero en las arcas públicas, con obligaciones de pago de adeudos cuyo monto real al día de hoy se desconoce y, por si fuera poco, con aportaciones federales mermadas por los recortes anunciados por el secretario de hacienda y la inviabilidad de incrementar recursos fiscales propios. Mal augurio para los dos años de mini gobierno, descontento y hartazgo seguirán siendo protagonistas de primer nivel en un Veracruz postrado y sin visos de cambio real.

Al gobernador electo sólo le queda, para legitimarse, seguir con el juego del gato y el ratón, hasta donde la ciudadanía aguante.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No todo lo que brilla es oro. Lo afirmamos en maquinazo reciente: “¿con que ojos?”, mi querido tuerto, al referirnos a promesas de campaña que jamás en su momento  serán cumplidas por no contar en sus alforjas, quien resulte electo como mini gobernador de Veracruz, ni con tiempo suficiente ni con recursos públicos disponibles al recibir una administración pública quebrada y endeudada más que en exceso.

A lo largo de las campañas de aspirantes a la gubernatura y a la Legislatura local -la excepción hace la regla-, no ha sufrido cambio relevante en una percepción no sólo de quien estas líneas escribe, también de amplios sectores de la sociedad veracruzana. No hay dinero y un gobierno de dos años es insuficiente para incluso, solamente ocultar la basura bajo la alfombra. Así que ¿con que ojos?

Lo que sí destaca en la estrategia del “yoyo”, es que a falta de propuestas viables que equilibren disponibilidades reales con expectativas de cambio de la población, se prometan acciones de gobierno que no sólo son de la esfera federal y privada, incluyendo trasnacionales petroleras cuyas decisiones de inversión están fuera del alcance estatal, sino que incluso, van más allá de los propósitos y objetivos del modelo neoliberal que impulsa el Sr. Peña Nieto.

Y hay que hacer constar que en materia de demagógicas y utópicas promesas asistencialistas, no hay distingo partidista ni color de camiseta de los hacedores de milagros que aspiran a gobernarnos.

La burra no era arisca, reza la conseja popular. Y este saber fruto de más años de experiencia que los acumulados por el PRI en el gobierno, hoy se hace presente con especial énfasis en la ausencia de credibilidad y confianza en la política, las instituciones y los cancerberos del poder real y formal.

Promesas orientadas a lo que la gente quiere escuchar, sin sustento ni posibilidad real de conjugar lo deseable con lo posible y desconfianza y ausencia de credibilidad, se retroalimentan dialécticamente dando la medida de lo que se espera como continuidad de un gobierno corrupto y la persistencia de una sociedad que no quiere ver más allá de su ombligo.

De ahí que, compañeros de camino al fin, sociedad civil y clase política ilustran metafóricamente lo que se observa del actual proceso electoral en curso. Montados en el mismo tren, el desconfiado viajero no sabe si escoger como vecino de asiento al culto y refinado ladrón que con toda atingencia roba los calcetines sin quitar los zapatos, o aquel que burdo con descaro y cinismo le dejará descalzo.

Sin calcetines o descalzo, el viajero bajará del tren, prometiéndose a sí mismo no volver a tropezarse con la misma piedra. Vana promesa, masoquista al fin, la sociedad seguirá sin remedio lamentándose de lo que ella misma ha creado.

Hojas que se lleva el viento

La campaña de Héctor Yunes se desinfla en la capital veracruzana. El encuentro programado con intelectuales, artistas y promotores de la cultura que tendría lugar en Xalapa, fue cancelado por el coordinador de campaña del senador con licencia al considerarlo como no prioritario, dejando a los organizadores colgados de la brocha. La atención a la cultura no viste ni acarrea votos de ahí que el énfasis proselitista sea puesto en el ámbito de la pobreza y la ignorancia que sí reditúan. ¿O será que Don Héctor ya da por perdida a la capital veracruzana, eminentemente anti priista?

-ooo-

Desconcierto entre las filas de quienes en los medios de comunicación están identificados como los textoservidores de siempre. Lo mismo los que sirven al gobernante fallido que aquellos al servicio del Yunes rojo o el azul. Sin decir agua va les crecieron los enanos y hoy tienen que enfocar sin argumento alguno que valga, su diatriba en contra de Morena y su candidato sorpresa.

-ooo–

El rumor, solo eso, simple rumor, en torno a la posibilidad de la anulación de la elección de gobernador cobra fuerza en los círculos políticos y periodísticos, anotándose como un triunfo a favor de Javier Duarte y Fidel Herrera,  padrino y mentor este último del gobernante fallido. ¿Y el enorme dispendio de recursos públicos ya aplicados al proceso sucesorio qué?

Y la gente se pregunta: ¿Quién respalda a Javier Duarte que impune sigue con sus tropelías? ¿Será Peña Nieto, o acaso Osorio Chong?

Xalapa, Ver., mayo 25 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin demérito del reconocimiento y simpatía que quien esto escribe tiene para con Andrés Manuel López Obrador y lo que este representa en el despertar de las conciencias de un cada vez mayor número de mexicanos, he reiterado en mis maquinazos no estar de acuerdo con el machacón discurso en el que, por encima de un análisis a profundidad de la realidad nacional en sus diversos tonos de grises y el qué hacer para trascenderla para bien, coloca a una etérea “mafia” presuntamente encabezada por Carlos Salinas de Gortari como origen de todos los males que México padece.

Los grandes problemas nacionales son estructurales y sistémicos. Con o sin la “mafia salinista”, el México neoliberal no tiene futuro.

Aclarado esto y tras observar la tónica pedestre que dominara el “debate” que en Coatzacoalcos confrontara a seis de los 7 candidatos a la gubernatura de Veracruz, no tengo más remedio que aceptar que si la temática dominante en la guerra sucia electoral en curso, es la pátina ética y moral  de cuyo recubrimiento cada uno de los contendientes participantes presume adorna a su persona a la par que cuestiona la calidad de la de sus adversarios,  el candidato de mayor mérito ético y moral –por no tener cola visible que le pisen- es Cuitláhuac García, postulado por Morena e impulsado por López Obrador.

Corresponde al votante potencial el valorarlo.

Empero, me mantengo en lo dicho, el joven maestro universitario en el terreno de la política política aún está verde para menesteres como el enfrentarse a las chuchas cuereras de un sistema de partidos corrupto y pragmático al extremo que, de todas se las saben todas en tratándose de envolver con papel fantasía su afán último por alcanzar el poder por el poder mismo.

Frente a la retórica demagógica, consabidas mañas y mutuo baño de hediondeces de sus oponentes punteros, el candidato de Morena aún exhibe inexperiencia e ingenuidad, tanta como para dejarse llevar por la tentación de subirse al ring e involucrarse en el intercambio de lodo y detritus en una guerra sucia sin cuartel,  en detrimento del manejo de ideas, diagnóstico puntual de la realidad a la que los veracruzanos nos enfrentamos, así como propuestas concretas, viables y aceptables,  que no paren simplemente en considerar la urgente necesidad del rescate y reordenación de la administración pública a cargo del gobernador fallido,  cuando esto último es apenas una faceta más de la crisis multidimensional y multisectorial de un Veracruz postrado.

La sociedad veracruzana requiere cambios verdaderos en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de la entidad y el proponer el qué y el cómo satisfacer esta necesidad es lo que, en la medida de lo posible y viable para un gobierno de dos años -¿o año y medio?-, debería ser el énfasis de la campaña proselitista del joven candidato. Ese es el reto para Cuitláhuac.

En el entendido de que en el marco de la estrategia de un paso a la vez en una constante de aproximaciones sucesivas de Morena para la presidencial del 2018, el nuevo partido-movimiento gana aun perdiendo la elección del 2016 en Veracruz,  sacrificando a Cuitláhuac pero fortaleciendo su propuesta de gobierno, incipiente estructura y cuadros probados en distritos claves de la geografía política veracruzana.

Esto en el entendido de que por todos los medios a su alcance, Peña, como ya lo ha manifestado, no dejará que el “populismo” de López Obrador triunfando en las urnas,   dé marcha atrás a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo dominante.

Luego el adversario a vencer en esta etapa, a mi juicio no son los candidatos que postula el PRI y sus satélites o la coalición PAN-PRD, compitiendo con estos en una tan absurda como pedestre guerra de lodo, sino la desinformación, apatía y dispersión de un  electorado frustrado, lastimado y harto de más de lo mismo, ofertando el maestro García expectativas de cambio real mediante el rescate de la política política y participación consecuente de las mayorías en la construcción de un nuevo modelo de sociedad para el bien común de todos los veracruzanos. Si se puede y de eso toca a Cuitláhuac el convencer con vías a la elección presidencial del 2018,  madre de todas las batallas en la confrontación entre el modelo neoliberal de país que impulsa Peña Nieto y el reformismo progresista que propone López Obrador.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la guerra sucia electoral que se auspicia desde el gobierno del estado, llama la atención el que los candidatos a la sucesión del gobernador fallido, coincidan en propalar que cuentan con una varita mágica y,  con ésta en mano, ofertan los cuernos de la luna, caso de resultar electos.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Difícilmente se contaría con argumentos sólidos para cuestionar información, análisis y comentarios sobre el comportamiento tanto de la economía estatal como de la situación que guardan las finanzas públicas en la entidad, que periódicamente publica el el Dr. Hilario Barcelata Chávez, Coordinador del Doctorado en Finanzas Públicas de Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana.

Es tal su contundencia y acierto, que el gobierno del estado con su silencio lo reconoce y avala o, a lo más, intenta desvirtuarle con el manido discurso triunfalista sin sustento.

A partir de la información y análisis, en su artículo “Un plan de rescate económico para Veracruz” Barcelata Chávez nos dice: “Veracruz requiere urgentemente un plan de rescate para resolver la profunda crisis económica y social en que se encuentra actualmente”. Nadie podría refutarle, la necesidad de rescate a que hace referencia es más que evidente, necesaria y urgente, empero, cabe preguntarse si para ello es procedente un plan, o como señala el senador presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado, José Yunes Zorrilla, un conjunto de proyectos estratégicos regionales que de manera integral contribuyan a detonar nuestra estancada economía.

A mi juicio y a como están las cosas en los tres órdenes de gobierno, si bien un plan integral alimentado con proyectos regionales estratégicos podría contribuir al rescate, difícilmente sería la solución tendiente a enderezar el entuerto. Plan y proyectos con propósitos, objetivos y metas por alcanzar tanto en rentabilidad económica como social, toparían con el nudo gordiano de la política política.

Estimo que en la coyuntura no es la economía lo determinante. Es la política política la que acota rumbo, destino y manera de hacer las cosas, estableciendo límites y topes en el difícil arte de conjugar lo deseable con lo posible a partir de lo disponible.

Sin un cambio substancial en la vida política de la nación y de la entidad veracruzana en lo particular, la racionalidad y rigor técnico tanto de planes, programas o proyectos estratégicos, toparía con pared. Ni está en los planes del Sr. Peña Nieto someter al país a un plan nacional de desarrollo cuya integralidad contemple abatir desigualdad, pobreza y exclusión, ni la administración pública veracruzana está en condiciones, hoy y en el mañana cercano, de sanear y racionalizar su quehacer en favor del desarrollo regional compartido. El propio Dr. Barcelata Chávez, así lo deja entrever en sus comentarios.

Quizá por ello el senador Yunes Zorrilla, no hable de un plan de rescate; se queda en la necesidad de implementar proyectos estratégicos regionales, focalizados y sujetos tanto a la capacidad de emprendimiento de actores públicos y privados como al libre juego del mercado, sin un marco referencial de complementariedad determinado por las condiciones de desigualdad económica y social regional y microregional, que si necesariamente se contemplaría en un plan estatal de desarrollo que iría más allá del protocolario e inservible mamotreto que el Congreso local aprueba a cada gobernador en turno.

No hay la voluntad política para un esfuerzo real y sistemático de rescate. Todo mundo lo sabe y todo mundo está consciente de que tanto la conducción económica como la administración del presupuesto, está en manos de la corrupción impune. Amén de que la política política está permanentemente orientada al juego electoral y no a las tareas del desarrollo y bienestar de la gente. Obstáculo insalvable que confronta el interés individual de unos cuantos con la racionalidad de un proceso estratégico integral de planificación del quehacer de los veracruzanos.

Rescate sí, es ineludible pensar en ello y actuar en consecuencia, pero desde abajo, construyendo un esquema de presupuesto ingreso-gasto participativo, que micro regional y sectorialmente sume recursos, atienda necesidades y tareas del desarrollo con pleno conocimiento de causa, participación, responsabilidad compartida, así como supervisión, control y evaluación por parte de todos los sectores de la población involucrados.

La pregunta obligada: ¿Estaría nuestra clase política dispuesta y preparada para ello?
Sin el concurso de todos, el rescate y reencauzamiento de la economía veracruzana, es utopía.

Hojas que se lleva el viento

Con el sensible fallecimiento del Maestro Guillermo Héctor Zúñiga Martínez y la situación no prevista institucionalmente de quién habría de sucederle en el cargo de rector de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, el forcejeo por la sucesión viene a confirmar tanto el carácter personal del proyecto de institución de educación superior forjado en la mente del ilustre xalapeño, como el poco aprecio del gobierno estatal para una modalidad pedagógica única en su género en la entidad.

De ahí que de subsistir la institución poco o nada quedará de los propósitos, objetivos y metodología concebidos e impulsados por su creador. Para eso se necesitan tamaños, visión de futuro, conocimiento, compromiso para con Veracruz y voluntad de servir a quienes le apuestan a mejorar sus condiciones de vida mediante la educación y la cultura. Virtudes que por lo que se ve actualmente en la entidad, no se dan en maceta. La institución se burocratizará y terminará en el baúl de los recuerdos que como legado nos dejara el Maestro Zúñiga. Al tiempo.

-ooo-

Suele reventarse el hilo por lo más delgado y, paradójicamente, una entidad federativa rica en recursos naturales y humanos, bendecida geográficamente con una posición geoeconómica envidiable, esto se confirma. El régimen político vigente, agotado y vencido por sus propias contradicciones se desmorona en Veracruz. El deterioro es tal y el hilo es tan delgado, que no se avizora salida en el corto y mediano plazo a su miseria moral y política. Los veracruzanos, sin merecerlo, son testigos mudos del derrumbe.
Cd. Caucel, Yuc., mayo de 2015
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