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Category Archives: “Reformas estructurales”

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 “El peor error que se puede cometer es mirar el pasado con condescendencia”. Toni Doménech

Teniendo como fondo un escenario nacional de incertidumbre en los terrenos de lo económico y social, el estruendo de la batahola matraquera de mil y un huijas pronosticando el futuro, en los círculos políticos y periodísticos afines de la entidad veracruzana, especulando a cual más, se intercambian apuestas en torno a las aún no definidas candidaturas a la presidencia de la república y gubernatura estatal.

Como en el juego de “Juan Pirulero”, cada quien atendiendo a su sapiencia y dominio del ritual electoral que,  a lo largo del tiempo,  ha ido definiendo su actual descompostura, mete baza, habla de estadísticas, de circunstancias, estrategias, de estructuras partidarias, de compadrazgos y hasta de la vida privada de encumbrados personeros de la política federal y estatal, para afirmar sin empacho “quien es el bueno” para lo que viene en el 2018.

Como si el domingo primero de julio del año próximo estuviera a la vuelta de la esquina. Clásico deporte veracruzano, el de la grilla como entretenimiento y cómoda manera de pasar el tiempo. A la par que también comodina conducta de obviar lo obvio ignorando o pretendiendo ignorar que la última palabra en materia electoral corresponde a la cúspide de los poderes fácticos, siendo ésta la que determina rumbo y destino del país en función de sus intereses particulares, y no a los mirones de palo que votan pero no eligen.

Poder real por encima del institucional, que se encuentra en una encrucijada y en torno a la cual se alinean intereses: o se continúa por el camino de un modelo económico y social neoliberal presuntamente agotado o se asume el cambio de época, apostándole a un proceso de transformación acorde con las nuevas realidades del mundo globalizado. O se sigue por el mismo sendero de lento y magro crecimiento económico, finanzas y políticas  públicas insuficientes para atender las necesidades crecientes de un país que aspira a acceder al primer mundo,  y un tejido social en franca y efervescente descomposición, o se asume el riesgo de un cambio de modelo de crecimiento y desarrollo que, con todas sus consecuencias, recobre el dinamismo perdido y se eleven tasas de ganancia y acumulación a la par que se recupera control del Estado  y administración de conflictos en el seno de una sociedad que amenaza con desbordarse.

En el marco de esta encrucijada, es a mi juicio el que para el 2018, debería contemplarse propósito y fin último de la elección más compleja de que se tenga memoria en el país, y no en el tejemaneje de una partidocracia corrupta y acomodaticia que, tiempo ha habiendo dejado de responder a las necesidades políticas y sociales de la élite dominante, vive una crisis de obsolescencia.

La liturgia electoral a que se nos tenía acostumbrados, es cosa del pasado. Si queremos cuando menos tratar de entender el presente y otear lo que el futuro puede depararnos, hay que romper la burbuja. De otra manera seguiremos anclados en el limitado fondo de una realidad que ya no existe. Demos vuelta a la página y aceptemos que ya no hay huija matraquera que valga. Hay que intentar ver más allá del estrecho horizonte que nos ofrece nuestro aldeano ombligo.

Tiempo al tiempo que las piezas del rompecabezas solitas buscarán acomodo. El pueblo llano así lo entiende, clase política y ruido mediático ni le van ni le vienen cuando el día a día de la vida cotidiana lo mismo marca agravios, expectativas y esperanzas. Sabe su propio cuento y en su momento sabrá optar entre el más de lo mismo o  encaminar sus pasos hacia nuevos horizontes.

Ya mañana Dios dirá que más seguro es lo comido,  recomienda la conseja.

Hojas que se lleva el viento

El inicio en territorio rebelde en Chiapas de la campaña de propaganda y despertar de conciencias emprendido por el EZLN y el Movimiento Nacional Indígena por conducto de su vocera y aspirante a la candidatura testimonial independiente para la presidencia de la república, no se quiere ver ni escuchar. Son indígenas, que más puede pasar, se dice en el México racista y excluyente.

Xalapa, Ver., octubre 20 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pérdida de empleos y deterioro del poder adquisitivo del salario, aunado al clima de violencia criminal e inseguridad, pesan más en el ánimo del colectivo nacional que un escándalo de corrupción y saqueo que simplemente confirma lo que es de todos conocido.

Lo evidente mata especulación. Es tal el deterioro y retroceso que en todos los órdenes acusa Veracruz que el discurso especulativo de una clase política corta de miras, encabezada por el gobernador de la entidad, resulta superfluo frente a la terca realidad. Perdida en dimes y diretes en torno al destino último del saqueador de moda  y sus cómplices, no alcanzan a percibir que más importante y relevante para los veracruzanos es la incertidumbre frente a lo que el futuro nos depara que un pasado que ya se fue, que ya no está más que en el herramental con el que se manipula morbo, ignorancia  y sed de venganza en pro de oscuros intereses.

Pasado ominoso que operando como distractor, cortina de humo que pretende ocultar la terca realidad de desigualdad, pobreza, exclusión e inseguridad que acompañan a una economía que se va a pique y, frente a la cual, la incapacidad de los tres órdenes de gobierno para paliarla, es más que evidente; antes al contrario, auspiciando su profundización la ignoran o se sirven de esta para, en río revuelto, satisfacer intereses particulares o de grupo que atentan contra soberanía e independencia nacionales.

Es por ello que llama la atención el que Don Miguel Ángel Yunes Linares afirme que el “affaire” Duarte de Ochoa es tema de primer orden en la vida nacional, cuando no es así. El seguir dándole vueltas a la noria en torno al ex gobernador de Veracruz y sus presuntos cómplices, incluida esposa y amantes, cuando éste ya está a buen recaudo como “vinculado a proceso”, figura únicamente como prioridad en quien confunde venganza con buen gobierno.

Un escándalo más en suelo patrio de los muchos que empañan la vida de la nación, reflejo, insisto, del agotamiento de un régimen político caduco cuya legitimidad se cuestiona cotidianamente.

Para aquellos medianamente informados y para quienes padecen la precariedad de un salario venido a menos, en la jerarquización de prioridades está puesto el énfasis en el renglón económico. El modelo adoptado por los gobiernos neoliberales se agotó; las reformas estructurales están operando en contra, y la crisis de una economía que no crece no obtiene respuesta positiva por parte de los aprendices de brujo del gobierno central. Pérdida de empleos y deterioro del poder adquisitivo del salario, aunado al clima de violencia criminal e inseguridad, pesan más en el ánimo del colectivo nacional que un escándalo de corrupción y saqueo que simplemente confirma lo que es de todos conocido.

“El país vive una situación generalizada de desesperación…” (Orlando Delgado Selley, La Jornada 27/07/2017)

Los veracruzanos ya no se chupan el dedo. Así que a quién quiere engañar el gobernador de dos años, cuando arremetiendo contra Andrés Manuel López Obrador cuestiona a este por no darle la importancia debida al tema que no le deja dormir, afirmando que el silencio del líder de Morena es silencio cómplice resultante de la “untada” de mano que recibiera de Javier Duarte de Ochoa.

A sabiendas de lo que estaba por recibir de ganar la elección, Yunes Linares, candidato a la gubernatura de dos años, se comprometió a dar la debida atención a tres temas prioritarios: el rescate y reordenación de la administración pública estatal, el rescate de la vida económica de la entidad, y el restablecimiento de la seguridad pública.

A casi ocho meses de gestión, el gobierno de la alternancia se ha desentendido de tales prioridades. La administración con una hacienda pública quebrada y asediada por acreedores es un verdadero desbarajuste; la economía veracruzana en franca recesión agudizando su crisis, y la inseguridad ciudadana es ya pan de todos los días a la par que se incrementa el deterioro social dominando desempleo y pobreza.

Trastocado el orden de prioridades, la persecución y acoso por todos los medios disponibles a los aún presuntos saqueadores de la hacienda pública veracruzana, tienen prevalencia.

La alternancia, sin rumbo ni brújula, en vísperas de una renegociación del TLCAN en la que están en juego los principales renglones de la economía veracruzana, hoy por hoy se da por fallida, mientras el titular del ejecutivo da palos de ciego combatiendo a periodicazos fantasmas del pasado.

“Es la economía…” gobernador, tome nota.

Cd. Caucel, Yuc., 27 de julio de 2017

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Enrique Olivera Arce

Convencidos de que contender en una elección solos y su alma ya no da más, observamos el estira y afloja al interior de los partidos políticos buscando con vías a la elección del 2018, unos la alianza útil que les asegure el alcanzar lo mismo el triunfo que el poder por el poder mismo, otros el contubernio que les permita seguir uncidos al financiamiento público, sin que se dé el más mínimo asomo de aceptación de que lo que ya no funciona es el régimen político vigente; de una obsolescencia de un sistema presidencialista que, habiéndose quedado en el pasado,  habiendo perdido legitimidad  ya no se corresponde con una sociedad plural y ampliada que en su afán de búsqueda de una democracia participativa, en las actuales condiciones del país ya no encuentra rumbo cierto bajo la conducción del Estado.

Y es en este escenario en el que la vida política del país, arrastrando consigo a una depauperada economía deja de responder a las necesidades de un tejido social en franco deterioro.  Imposibilitado el Estado mexicano para administrar con eficiencia y eficacia el inevitable conflicto de clases y de grupos de poder formal y fáctico, da lugar a significativo incremento lo mismo de desigualdad, desempleo,  pobreza, inseguridad e incertidumbre, que al flagelo de la corrupción impune en todos los niveles y estratos de la población.

Sin más visión de Estado y de futuro, sin más paradigma ideológico que un burdo pragmatismo neoliberal exacerbado desde el gobierno con el auxilio de los medios de comunicación domésticos y extranjeros, así nuestra llamada clase política deambula  como zombi en torno a la política electoral sin brújula ni rumbo.

La historia no da marcha atrás. Cualquier similitud con hechos del pasado es solo eso, similitud diferenciada en tiempo y espacio que no admite como válido el lugar común de “la historia se repite”.  Lo que estamos viviendo en México es inédito, no tiene parangón con lo acontecido a lo largo de la última centuria en la historia del país. Contextos internacionales diferentes, pirámide poblacional, circunstancias específicas de coyuntura y hombres y mujeres como hacedores de la historia también diferentes,   hablan por sí de un cambio de época irrepetible que concita a un cambio tanto en la manera de concebir al Estado como en el comportamiento de una sociedad atrapada en la telaraña de un presidencialismo venido a menos,  partidocracia política corrupta y modelo económico y social neoliberal empobrecedor que desde hace más de 30 años sólo ofrece disfuncionalidad entre propósitos, objetivos y resultados.

No se puede ni debe seguirse así. El llamado social al obligado cambio es cada día más estridente, encontrando como respuesta verborrea presuntamente autocrítica de quienes desde la élite del poder ni ven ni escuchan, priorizando en su orden jerárquico de prioridades lo que conviene a intereses particulares o de grupo siempre ajenos al interés primero de las mayorías.

Y es en este marco de reflexión que ubico a los resultados de la Asamblea Estatal del PRI en Veracruz. Y si bien es cierto que la vida interna de los partidos políticos corresponde juzgarle a su propia militancia, en la medida en que ponen la ropa sucia al sol haciéndola pública y en tanto de una u otra forma incide para bien o para mal en el seno de la sociedad en su conjunto, vale el escrutinio público.

En su pretensión de ofrecer una nueva cara al electorado como un renovado PRI, aplicando la parafernalia del PRI de siempre, la Asamblea –para algunos mitin- se avocó en mesas de trabajo a hacer un recuento de éxitos y tropiezos del partido a lo largo de su historia tanto en el ámbito nacional como en la aldea, concluyendo que son más los primeros en beneficio de la sociedad a la que dicen servir que los segundos que a últimas fechas empañan el tinglado. Predominando la idea de que hay que dejar atrás el mal lastre acumulado, sobre todo en lo que a Veracruz toca, y regresar a “… enarbolar las causas nacionales y locales, las causas por las cuales lucharon sus fundadores y siguen haciéndolo los mexicanos…”

Y bla bla bla, sin un mínimo de talante autocrítico que apuntara a reconocer que de ninguna manera el PRI, o cualquier otro instituto político en México, está o estaría en condiciones de enarbolar las causas nacionales o locales por las que lucharon sus fundadores. La sociedad hoy es otra con otras necesidades, demandas y reivindicaciones; el contexto dominante es diferente al que se enfrentara el PRI en su devenir histórico  y la circunstancia, la elección del 2018 en un país en crisis, evidentemente no tendrá comparación alguna con otra en el pasado.

El crisol fundacional del PRI lo fue una Revolución social interrumpida y traicionada. Su fundación respondió a necesidades concretas del poder formal y fáctico de  la época, y su debacle hoy día está marcada por el arribo de un neoliberalismo trasnochado que substituyendo al modelo estabilizador, desde los inicios de su aplicación a finales del gobierno de López Portillo alejara al partido de las causas nacionales y, por ende, de las de los veracruzanos.

Hasta donde es dado conocer por lo publicado en la prensa, no se dio un punto de encuentro entre la crítica social, la autocrítica interna y la visión de futuro que hoy pretende el priísmo veracruzano venderle a los sufragistas. No se tiene noción o no se quiere aceptar el cambio de época, como no se acepta explícitamente que la ideología extraviada y surgida de la Revolución Mexicana quedó en el pasado; que la dominante y que por tanto delinea el quehacer partidista, presente y futuro,  es la ideología neoliberal en su vertiente pragmática, corrupta y depredadora.

¿A cuál de los dos paradigmas ideológicos contrapuestos se refieren cuando hablan de regresar a “enarbolar las causas nacionales? Cuando bien se cuidan exaltando la figura presidencial y las llamadas “reformas estructurales”, sin el más mínimo asomo de cuestionamiento al modelo neoliberal vigente que ha dado al traste con independencia, soberanía nacional, estado de derecho y justicia social.

Si la pretensión es ofertar para el 2018 a un PRI renovado, tendría que refundarse sobre nuevas bases, atendiendo a la necesidad de un nuevo Estado para una nueva sociedad. No hay de otra. El cambio de época lo reclama y exige, empezando por dejar atrás una retórica hoy carente de sentido.

Cambiar simplemente de página para seguir igual no es la respuesta.

Xalapa, Ver, julio 6 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

A la par que el presidente Peña y su canciller empecinados insisten en ver la paja en el ojo ajeno, asumiendo una postura intervencionista en el seno de la OEA que no respalda el pueblo de México, la crisis multidimensional que acusa el país se profundiza.

Acusando el nivel más bajo de aceptación de sus gobernados en los últimos 50 años del presidencialismo en México, el inquilino de Los Pinos pareciendo desentenderse de la creciente demanda de la seguridad pública ante los embates del crimen se ocupa y preocupa más por los asuntos internos de Venezuela que por asegurar gobernabilidad y gobernanza democrática en su país, incidiendo negativamente en la crisis que en todos los órdenes de la vida nacional es más que evidente.

Crisis que por cierto Peña Nieto niega, afirmando no existe más allá de una percepción de un pueblo que se niega a reconocer hechos positivos  que hablan de un país pujante, de un México que avanza a pasos firmes por la senda del desarrollo cuando la terca realidad le desmiente.

El descontento y el hartazgo crecen a lo largo y ancho del país,  y no necesariamente en el terreno político-electoral. Desigualdad, pobreza, desempleo, deterioro del tejido social y pérdida de expectativas de bienestar pesan más en el ánimo de la población que el discurso triunfalista. El consenso social en torno a la necesidad de un cambio de régimen que atraiga paz social y nuevos derroteros para el país es cada día más amplio. La gente quiere y exige un cambio y la élite política nacional no ve ni escucha.

La realidad, siempre la terca realidad, se expresa por diversos medios y caminos. La violencia desatada y sin control de los últimos días en Veracruz, es su reflejo en nuestra aldea. Nadie está ni se siente seguro ahora ni en el interior de su propia vivienda, mientras la llamada clase política del régimen caduco se preocupa y ocupa del incierto escenario electoral para el 2018.

No sólo es la inseguridad pública, también la inseguridad en el empleo, la inseguridad frente al costo de la vida que supera el poder adquisitivo del salario, o el acceso a la educación superior, entre otros factores negativos cuyos efectos se resienten cotidianamente en el seno de la familia, conforman un estado de cosas que va más a allá de la simple percepción en el imaginario colectivo y que parecieran no figurar en la agenda político-electoral, salvo en el manido discurso de la simulación de una desacreditada partidocracia.

“Tanto va el cántaro al agua…” , que el descontento y el hartazgo rebasa ya la capacidad gubernamental para contenerle. Ya no es sólo el doble poder que impone con terror la delincuencia a lo que se enfrenta el gobierno de la alternancia, la movilización de protesta ciudadana, con todo y represión en contra,  se deja sentir con toda intensidad ante la incapacidad gubernamental para atender y resolver lo que en justicia reclama la población.

El cambio es ya ineludible. O se empieza desde arriba, o  desde abajo con las consecuencias que ello implica, los veracruzanos de a pie tomarán la iniciativa. ¡Ya basta!

Hojas que se lleve el viento

Ahora sí, como anillo al dedo, no es lo mismo ser cliente que tendero. A dos días de llegar a término el séptimo mes de gestión del gobernador Yunes Linares, se da como fallida a la administración de una alternancia nacida de la alianza del PAN con el PRD, incapaz de cumplir con los ofrecimientos de una campaña electoral sustentada en la venganza política.

Tras la mampara de la violencia criminal desatada, brillan por su ausencia lo mismo rescate de la administración y finanzas públicas que de una economía en recesión. La entidad permanece postrada con pobreza y desempleo en ascenso, las finanzas públicas estatales en quiebra, la administración un desgarriate y el gobernador, como vocero de lujo de su gestión, solo atina a reafirmar su indignación ante un estado de cosas que rebasándole se le derrama.

Xalapa, Ver., 28 de junio de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

“Un parlamento, es un parlamento, sólo bajo determinadas condiciones se convierte en una estafa, un ayuntamiento es un ayuntamiento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una cueva de ladrones, un tribunal es un tribunal, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una broma de mal gusto. No se trata, pues, de inventar algo mejor o más lúdico, creativo o transversal que los parlamentos, los ayuntamientos y los tribunales, sino de cambiar sus condiciones”. Carlos Fernández Liria

Siguiendo esta línea de pensamiento considero que es una falacia el afirmar que del triunfo de Morena en los procesos electorales devendrá en “mandar al diablo a las instituciones” republicanas. Antes al contrario, si partimos de la premisa de que el Movimiento de Regeneración Nacional y su líder histórico no son revolucionarios radicales,  sino expresión de un reformismo progresista que, cuestionando las condiciones actuales de deterioro por las que atraviesan  las instituciones que el pueblo de México se ha dado, se propone  sanear éstas y ponerlas al día para que así respondan al interés de las mayorías y no únicamente al de una élite depredadora y empobrecedora de la vida nacional, estimo que su propósito último es fortalecer y no destruir el andamiaje institucional.

Y es en esto último que se sustenta a mi modesto entender tanto la penetración en el seno de la sociedad mexicana como el respaldo  político electoral que observamos en el lopezobradorismo. La gente no desea una nueva revolución, sino dar continuidad a un proceso que  habiendo iniciado en 1810, retome el “Sentimiento de la Nación” del ideario político de  Morelos y las reivindicaciones no satisfechas enarboladas por Zapata, Villa y  los Constituyentes de 1917, alejando de la vida económica, política y social del país todo vestigio de corrupción, impunidad, simulación, depredación  y secuestro de la voluntad popular, fortaleciendo a las instituciones republicanas y no destruyéndolas, priorizando honestidad, eficiencia y eficacia como pilares del cambio deseado.

El pueblo de México no es tonto, como se le quiere ver desde la cúpula del poder y sus adlateres. El solo pensar en que estaría de acuerdo en “mandar al diablo” a las instituciones republicanas, construidas a lo largo del tiempo con sangre, sudor y lágrimas, es tanto como persistir en considerar a los mexicanos como idiotas, incapaces de discernir lo  que a sus más caros  intereses conviene aceptando sin chistar lo que bien a bien se  le concede o impone bajo el régimen de un paternalismo de Estado que, en los hechos, niega el carácter soberano de la voluntad popular.

El pueblo sabe leer entre líneas. Así, cuando López Obrador discursivamente manda al diablo a las instituciones, la gente sabe a ciencia cierta que se trata de mandar al diablo el vaciamiento de que ha sido objeto el andamiaje institucional de la nación, recuperando para sí el sentido y razón de un estado de derecho que trascendiendo los límites estrechos de lo que entendemos como gobierno, da sustento al Estado-Nación.

Más que un gobierno para todos, gobernar entre todos como lo mandata la Carta Magna, es lo que la gente estimo interpreta del discurso de MORENA. De ahí la esperanza y confianza que anima al imaginario colectivo y su voluntad de expresarlo en las urnas. Libertad, independencia, y soberanía; no más corrupción impune; que la honestidad norme la búsqueda del bien común en nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. La nación y sus instituciones republicanas  lo demandan, así quiero entenderlo.

Hojas que se lleva el viento.

¡Para Ripley! Vaya cinismo del senador yucateco Emilio Gamboa Patrón -a quien sus paisanos conocen por el mote de “El chupón”-, cuando arropado por sus pares Yunes Zorrilla y Yunes Landa, viene a Veracruz a decirnos que el PRI si sabe gobernar. “No me defiendas compadre…” Dirían los candidatos priístas a las alcaldías veracruzanas.

-ooo-

Teniendo como escenario de fondo el fracaso manifiesto de seis meses de gestión del gobierno de la alternancia (no hay nada que asegure lo contrario) así como la incapacidad del PRI para salir de su debacle,  los veracruzanos a una semana de la elección del 4 de junio velan armas dispuestos a dar la batalla en las urnas. Salvo que seamos masoquistas, es de esperarse que la mayoría le dé la espalda al PRIAN votando a favor de los candidatos de MORENA, partido al que se considera como el mejor posicionado en la contienda edilicia. Sufragar a favor del PRI o de las fórmulas postuladas por “la morralla” partidista o candidatos independientes, dividiendo y pulverizando el voto, se dice favorecerá a  la alianza PAN-PRD, apostándole a ello el gobernador Yunes Linares en su desenfrenado intento por hacerse de una base social de apoyo que dé continuidad a su proyecto familiar.

-ooo-

Quienes en Veracruz habiendo tocado en la puerta equivocada, esperando encontrar en MORENA posiciones, prebendas y canonjías, toparan con pared, se ven impelidos a renunciar y buscar nuevos y más amplios derroteros en los que mojar su pambazo sea la recompensa. Nada nuevo bajo el sol. Es la “condición humana”, dicen los que confundiéndose ven el árbol y no el bosque. Lo que si resulta inédito es que por cada 2 que se van frustrados en sus intenciones,  se incorporan al lopezobradorismo 20 nuevos cuya motivación va más allá del dinero fácil. De ese tamaño es el descontento y el hartazgo.

-ooo-

Mañana 31 de mayo da término la etapa de campañas del proceso electoral 2017 en Veracruz. El balón pasa a manos de los electores sin que el gobernador, partidos y candidatos contendientes, alcanzaran un marcador distinto al  ya anotado en la etapa previa.  Salvo el fraude electoral como última instancia, MORENA se levantará con el triunfo en el mayor número de los 212 municipios de la entidad y, para sorpresa de muchos, a no dudarse el PRI en alianza con el partido verde de Fidel Herrera, inercialmente quedará en segundo lugar en el tablón de resultados. El gobierno de la alternancia reducido a su mínima expresión. ¿O no es así?

Xalapa, Ver., 30 de mayo de 2013

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J. Enrique Olivera Arce

Si en Francia el “populismo” de centro derecha gano la elección presidencial en segunda vuelta, no es de extrañarse que en México pueda darse el caso de que sea el “populismo” de centro izquierda,  con Morena,  el que en el 2018 se levante con el triunfo.   

La gente, aquí y en una gran parte del mundo  ya no quiere más de lo mismo. El descontento y hartazgo popular frente a los partidos políticos tradicionales es más que evidente; trátese de institutos políticos de derecha, izquierda o centro, ya no se consideran opción viable en las expectativas electorales de las mayorías.

Esto quizá explique a mi juicio, el por qué entre más se insista en descalificar a Morena o a su líder moral, más crece la empatía y aceptación del partido de nuevo cuño, surgido del Movimiento de Regeneración Nacional que diera la pelea en contra de las llamadas “reformas estructurales” que auspiciaran la privatización del petróleo y la energía eléctrica, así como la pérdida de soberanía al abrírsele las puertas a las poderosas trasnacionales de los energéticos.

Fenómeno nuevo en el que el análisis tradicional sobre el curso de una elección, ya no tiene cabida. Factores decisorios como “estructura partidista”, “voto duro”, “imagen mediática de partidos y candidatos”, entre otros, quedaron atrás. Por primera vez en la historia de este país, es la gente con sus percepciones y su participación consecuente,  la que define el curso definitorio de un proceso electoral que desembocará con la elección del sucesor de Peña Nieto.

Muy cierto que la gente suele equivocarse. Son muchos decenios en los que se votara por proyectos partidistas contrarios al interés nacional, luego de sufragarse en favor de Morena y esta decisión resultara fallida, sería una equivocación más, con la salvedad de que ello contribuiría a elevar la conciencia política de los mexicanos. Y si al contrario, los resultados obtenidos por la opción “populista” de centro izquierda fueran positivos, por primera vez en muchos años se vislumbraría como viable el anhelado cambio que la gente exige, a la par que se fortalecería la participación popular y el ejercicio del derecho ciudadano a elegir lo que más convenga al interés de las mayorías.

La moneda está en el aire y, pese a  la alianza tácita de los partidos tradicionales en contra de la muy posible elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, todo indica que la gente está comparando y diferenciando la opción de Morena con la de años de simulación, corrupción, impunidad y secuestro de la democracia representativa por oscuros intereses de la partidocracia, en un régimen caduco soportado por el PRI, PAN y la llamada “morralla” partidista.

La gente está diciendo ¡Basta!, lo mismo en el Estado de México, Nayarit, Coahuila y sin duda Veracruz. Frente al más de lo mismo y a sabiendas de que al PRI o al PAN se les puede derrotar en las urnas, ve en Morena al “rayito de esperanza”. Nos guste o no, el “populismo” está tomando las calles.

Los mexicanos no somos tontos. Sabemos que en la vida política nacional la corrupción impune es denominador común, ningún partido político se salva de esta lacra y Morena no es la excepción, empero, hay de corrupción a corrupción y la gente lo valora tras ser del dominio público aquellos extremos a los que se llegara con auténticos saqueadores  emanados de las filas priístas, panistas y perredistas. La diferencia entre Morena y los partidos tradicionales es tal, que no deja lugar a dudas entre los electores potenciales. De entre lo pésimo, lo menos peor podría ser la respuesta como se confirmara en EE. UU con Trump, o en Francia con Emmanuel Macron, electo presidente por el voto del hartazgo el pasado domingo.

Que tanto pesará el voto ciudadano frente a la orquestada andanada del PRIAN desde Los Pinos, es la interrogante. De lo que sí podríamos estar seguros es que la guerra sucia como argucia electorera, desgasta ante la opinión pública a quienes la propician, revertiéndoseles. La sociedad ya es otra y la crisis de credibilidad en las instituciones y aparatos propagandísticos al servicio del statu Quo, se deja sentir hasta en los sectores políticamente más atrasados o menos informados.

Será el tiempo el que dicte la última palabra.

Hojas que se lleva el viento

Cerrar los ojos ante una realidad contundente, también es un derecho que hay no solo que tolerar sino respetar. Bienvenidos sean los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla a una contienda que, en el 2018, se da de antemano perdida para el PRI.

Cd. Caucel, Yucatán, mayo 11 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

En tanto se le sigue rascando al cochinero, más detritus arroja, confirmando el grado de descomposición política y moral que se viene viviendo en Veracruz con la llegada al poder de Fidel Herrera Beltrán y sus presuntos amafiados. Muladar del que Miguel Ángel Yunes Linares saca provecho,  alimentando lo mismo su sed de venganza que el respaldo social de la minoría que con su voto le permitiera acceder a la gubernatura de dos años.

Lo que no toma en cuenta el gobernador Yunes, es que la descomposición política preñada de corrupción, impunidad, simulación y engaño, lo mismo marca a Tirios que a Troyanos incidiendo en su contra,  en tanto la percepción en el imaginario colectivo se consolida en torno a la idea de que la alternancia en el gobierno lejos de ofrecer cambio alguno, recicla el más de lo mismo.

De esto último, la terca realidad deja constancia. La persecución del “duartismo” satisface el morbo pero no da de comer ni aliviana el clima de inseguridad.

 A Miguel Ángel Yunes se le eligió para gobernar, no para ser un pésimo gendarme incapaz lo mismo de rescatar el tiradero que el de ofrecer seguridad y confianza a la ciudadanía. Ni endereza a la alicaída administración pública a su cargo ni abate los altos índices de criminalidad que azotan a la entidad. Olvidándose de lo sustantivo que es el gobernar a una entidad federativa con más de ocho millones de habitantes cuya mayoría se debate entre pobreza y pobreza extrema.

No se trata de pedir peras al olmo. Sabido es que no está en manos del gobernante veracruzano el abatir desigualdad y pobreza. El gobierno no crea empleos,  no mejora la calidad de los salarios y, mucho menos determina la orientación de la economía en su conjunto. Empero si está obligado a generar condiciones favorables para la inversión,  ampliación y modernización  del aparato productivo, lo que obviamente no se está haciendo, antes al contrario, en tanto el énfasis del gobernador siga puesto en seguir sacando mierda de la “Caja de Pandora” de la que presume abriera, la entidad a nivel internacional no ofrece a inversionistas externos y domésticos condiciones para el rescate, reordenación y ampliación de la economía veracruzana.

No todo es responsabilidad del gobierno de la alternancia. Sabido es que a nivel nacional el horno no está para bollos. La economía mexicana está caminando al borde de la recesión. Las llevadas y traídas reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto -a contracorriente impuestas-  lejos de incidir en mejorar la precaria situación le profundiza, incrementándose desigualdad, desempleo, pobreza y exclusión. Matada que fue la “gallina de los huevos de oro”, los recortes al gasto público inciden de manera notable en las arcas públicas veracruzanas, a la par que generan incertidumbre en el sector privado.

Empero, no obstante las condiciones adversas, el gobierno veracruzano cuando menos debería reconocerles, ajustando objetivos y metas por alcanzar en su tan ambicioso como inviable “Plan estatal de Desarrollo”. Así como aceptar que dado el entorno negativo lo que cuando menos esperan los veracruzanos de su gobierno es el saneamiento de las arcas públicas con el consiguiente reordenamiento de la administración y si, indudablemente, un clima de seguridad que de tranquilidad en los hogares.

A cinco meses de asumir el cargo, Miguel Ángel Yunes trepado en el ring no da señales de querer afrontar lo sustantivo. Cinco meses que cuentan mucho para un gobierno de escasos dos años de gestión. El tiempo sigue corriendo y ya en pleno proceso electoral auspiciando la guerra sucia, ante una economía eclipsada el gobernador no ofrece respuestas aceptables.

Hojas que se lleva el viento

Teniendo como marco el clima de descomposición política que priva en la entidad, la elección edilicia va. Lo que está en duda es si la gente estará dispuesta a dar su aval en las urnas a partidos y candidatos. Descontento y hartazgo social sigue dominando el panorama.

Cd. Caucel, Yucatán. Mayo 4 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Sin el menor asomo de respeto a la inteligencia de los veracruzanos, gobierno, partidos políticos  y medios de comunicación afines, reducen el quehacer político a un pedestre ejercicio de intercambio de dimes y diretes, chismes y especulaciones sin sustento, privándole de propósitos, objetivos y tareas trascendentes.  Haciendo prevalecer el interés coyuntural de una minoría social por sobre el interés común de una sociedad lastimada, ofendida, harta de más de lo mismo, sin rumbo claro ni timonel, que día con día acusa mayor deterioro lo mismo en su percepción de inseguridad que en sus perspectivas de bienestar y sana convivencia entre diferentes.

Los obligados a dar seguridad, certeza y expectativas de progreso, han reducido a la vida política de la entidad a un lastimero, enfermo  y larvario estado de cosas, en el que la nota dominante de cada día está llamada a profundizar más y más  en el estercolero antes que el intentar buscar una salida medianamente racional a la crisis que tiene postrado a Veracruz.

Empero, la lumpen política no es privativa de la entidad jarocha. El país entero transita por el mismo empantanado detritus fruto de la corrupción, pérdida de rumbo y ausencia de un timonel con hechura de estadista. El bien común sometido a los intereses malsanos de pandillas sin escrúpulos. Reflejando, insisto por enésima vez, el punto de quiebre de un régimen obsoleto con fecha de caducidad vencida que se hace acompañar de un modelo económico y social agotado.

Perdidas las formas, pero sobre todo el mínimo respeto a la ciudadanía, el cinismo, descaro, simulación y corrupción en todas sus manifestaciones de la llamada clase política, se impone por sobre la razón de Estado. Correspondiéndole a la sociedad en su conjunto el pagar los platos rotos en tanto que la minoría favorecida con la lumpen política a modo, no teniendo llenadera se despacha a su antojo con la cuchara grande.

Para infortunio de las mayorías, empobrecidas material y moralmente, estas se niegan a ver más allá de su ombligo. Guardando silencio cómplice o siguiéndole el juego lo mismo a la llamada clase política, que a los medios de comunicación afines cuyo interés último es hacer negocio con el morbo popular, fruto de la ignorancia o el valemadrismo cuidadosamente sembrados en la sociedad por la misma lumpen política del régimen caduco.

Y es en este marco referencial en el que se ubican los procesos electorales del 2017 y 2018. Mientras la llamada clase política y medios de comunicación afines hace su agosto hurgando como distractor entre su propio estercolero, las mayorías, salvo contadas excepciones en resistencia, se aprestan a sufragar validando con su voto la supervivencia de un régimen que ya les es ajeno. ¿Hasta cuándo?

Hojas que se lleva el viento

El que tenga limpia la cola, con autoridad política y moral que lapide la casa del vecino, caso contrario calladito se vería más bonito. ¿O no es así gobernador Yunes Linares?

La deshonestidad intelectual también es corrupción.

Cd. Caucel, Yucatán, abril 26 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el imaginario colectivo la percepción cobra peso político cuando la realidad, siempre la terca realidad, se encarga de confirmar lo percibido. Tal es el caso a mi juicio de la incidencia de percepciones sobrepuestas en la vida política de México y, específicamente en Veracruz,  que se objetivizan   en el quehacer cotidiano de la gente, impulsando resistencia y una cada vez mayor agudización en la descalificación del régimen político vigente y la democracia representativa que de este emana.

La pérdida de credibilidad y confianza toca ya a las instituciones republicanas, poniendo en riesgo gobernabilidad y gobernanza en amplios territorios de la nación y regiones específicas de Veracruz, en los que el doble poder marcado por una delincuencia en ascenso y un poder público corrupto e incapaz de ponerle freno,  niega la posibilidad en el corto plazo de recuperar seguridad  y paz social. Lo que para la autoridad se concibe como percepción popular sin sustento, para la población es ya realidad irrefutable, cobrando un peso político que seguramente se reflejará en los resultados electorales próximos en Edomex, Coahuila, Nayarit y Veracruz con su consiguiente impacto en la elección presidencial en 2018.

La descomposición política en las entidades federativas mencionadas, ya no es percepción anidada en “mentes calenturientas”. La corrupción e incapacidad del aparato gubernamental es obvia, la democracia representativa pende de un hilo y la partidocracia rampante pierde el control, teniendo que recurrir, como en Edomex, a lo que ya se califica por los conocedores del paño como una “elección de Estado” auspiciada por el gobierno de Peña Nieto.

En Veracruz, doce años de saqueo de las arcas públicas y la consiguiente pérdida de hegemonía del PRI en la entidad, tiene a la vida política de la entidad desquiciada, sin pies ni cabeza. El gobierno de la alternancia sin recursos, sin visión y acosado por la violencia delincuencial, se manifiesta incapaz de poner orden en el proceso electoral en curso. En un todos contra todos, aflorando las más bajas pasiones, el interés personal y de grupo se impone por sobre el bien común en la trasmisión del poder municipal en las 212 demarcaciones municipales.

La huella de Fidel Herrera y Javier Duarte contamina todo el espectro político-electoral chocando con la estrecha visión de futuro y de gobierno del Sr. Yunes Linares a quien, por cierto, sus cálculos respecto a la bondad de la alianza con el PRD han resultado fallidos; si bien los votos aportados por el PRD le permitieran ganar legalmente  la gubernatura, estos no han sido suficientes para la legitimación ante las mayorías de la alternancia como opción de gobierno. La elección en el 2016 se fue a tercios y la alianza PAN-PRD quedó en franca minoría en la correlación de fuerzas político-electorales, reflejándose en la ausencia de consensos en la conducción del proceso electoral en curso. Una cosa es ganar y otra, muy distinta, sostener el triunfo.

En términos prácticos, el PRD no aporta nada social y políticamente a la alternancia. El PAN tendrá que vérselas solo para concretar el proyecto político del Sr. Yunes Linares.

Hechos objetivos y no solo percepción aislada confirman lo que bulle  en el imaginario colectivo, definiendo intención del voto. La alternancia en Veracruz está resultando fallida;  el PRI aún no asimila la derrota del 2016 y pasivamente contra corriente espera la del 2017; el PAN a la greña en la entidad, el PRD, en franca desbandada. En tanto que MORENA no actúa en consecuencia con visión y congruencia no obstante a sabiendas de que tiene el triunfo al alcance de la mano. Esto en el marco de un clima de corrupción oficial que no cede y una violencia criminal que tiene lo mismo a la población en ascuas que a un gobernador contra la pared.

Así y en tanto los partidos políticos dominantes velan armas, el grueso de la población en espera de su oportunidad. En Junio próximo se verá que tanto peso político-electoral tiene el imaginario colectivo en condiciones atípicas como las que hoy vive México. El sufragio será nuevamente de castigo.

Hojas que se lleva el viento

En Yucatán también se cuecen habas. No obstante mantenerse a la cabeza entre las entidades federativas que acusan mayor grado de seguridad pública, paz social y armónica convivencia entre desiguales, ya empiezan a aflorar señales ominosas de corrupción oficial y colusión con particulares que ponen en entredicho al gobierno estatal de origen priísta. Ya corre el rumor de un conflicto de intereses en la ejecución de las obras de lo que será la Zona Económica Especial de Progreso, señalándose insistentemente al senador Emilio Gamboa Patrón y su grupo como parte activa.

El brutal asesinato de la Sra. Emma Gabriela Molina Canto en la capital del estado parece estar destapando la “Caja de Pandora” en la maraña de corrupción oficial y privada que vincula a Yucatán con Tabasco y Quintana Roo.

Cd. Caucel, Yuc., abril 5 de 2017.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 “La naturaleza política de la democracia, puede mirarse a través de tres elementos generales…: lo primero que la democracia exige es que todo su engranaje tenga como base el reconocimiento de los derechos humanos y estos cuenten con plenas garantías para su realización, pero a la vez que sirvan como limite al poder del Estado; lo segundo que haya una efectiva separación e independencia de los poderes públicos y que las leyes no sean usadas como arma política; y lo tercero que la representatividad, las autoridades tengan legitimidad y atiendan y actúen siguiendo las demandas de los diversos grupos sociales y su discurso aliente la elevación de la conciencia política y social de la ciudadanía.- Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Siguiendo esta línea de pensamiento de Restrepo Domínguez, cabe preguntarse si en nuestra incipiente democracia con las condiciones de descomposición política y social que hoy día prevalecen a lo largo y ancho del país,  Enrique Peña Nieto tiene razón cuando afirma que: “Quienes dicen que México está en crisis, es porque la tienen en la mente” (xeu.com-mx 28/03/2017).

Si la sociedad mexicana atravesara por un proceso de polarización en el que más o menos la mitad de la opinión pública percibiera que todo marcha bien, que la corrupción y la inseguridad acompañadas del desempleo, desigualdad y pobreza, únicamente anidan en la mente de quienes resistiendo se oponen a la versión oficial, la aseveración presidencial encontraría eco calificándose como acertada. Empero, la terca realidad indica que tal polarización no existe, ni los consensos se dividen por partes iguales, las mayorías no solo perciben el estado crítico del Estado mexicano, en su cotidianeidad lo viven en carne propia.

En lo político el régimen acusa una crisis terminal de principios y valores que se refleja en la ausencia de honestidad, representatividad y legitimidad en una democracia representativa secuestrada por la partidocracia, mermando credibilidad y confianza en las instituciones.

En lo económico, las reformas estructurales neoliberales impulsadas por Peña Nieto y sus aprendices de brujo, lejos de estimular crecimiento y desarrollo agudizan estancamiento y retroceso,  tanto en el aparato productivo como en unas finanzas públicas que dejaran de contar con la “gallina de los huevos de oro”.

En lo social, la inseguridad pública y criminalidad en ascenso en todas sus denominaciones, siendo el pan de cada día conviven con exclusión, salarios de hambre y desempleo creciente,  estimulando lo mismo la reproducción ampliada de la economía informal, la desigualdad y la pobreza que la migración de compatriotas que buscan en el extranjero mejores oportunidades; resultando nugatoria la obligación del Estado por preservar el reconocimiento de los derechos humanos otorgando plenas garantías para su realización.

 “No vivimos en el peor de los mundos…” afirma Peña Nieto. Pero tampoco México es el mejor cuando más de 50 millones de mexicanos carecen de la seguridad de saber a ciencia cierta si comerán mañana.

Si esto no configura la condición de crisis del Estado mexicano, efectivamente con toda certeza el Sr. Peña nieto se expresa con verdad. Luego entonces, más que reprobar su mandato cabe elevar nuestro nivel de aceptación, reconociendo que por sobre una percepción equívoca de una mayoría “ignorante” que ve moros con tranchete, debe imponerse el pensamiento lúcido, coherente y congruente de la minoría ilustrada que hoy por hoy nos conduce al despeñadero. Cuestión de enfoques.

Hojas que se lleva el viento

Mientras a Veracruz le va como en feria viviendo en plena penuria política, económica y social, nuestra aldeana expresión de la partidocracia preocupada y ocupada en la arrebatinga electoral, en una disputa de todos contra todos por ganar el derecho a colocarse donde hay… o había antes del saqueo.

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A la Confederación Nacional Campesina lo único que le queda como reminiscencia de su histórico papel como paladín del agrarismo, es el sombrero de ala ancha de sus hoy dirigentes, encumbrados terratenientes millonarios.

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El alcalde xalapeño, Américo Zúñiga, dispuesto a vender caro su apoyo al candidato del PRI al gobierno de nuestra ciudad capital, le pisa duro al acelerador rescatando el voto duro entre las organizaciones de tianguistas y vendedores ambulantes que, a últimas fechas,  les ha dado por poner sus barbas en remojo simpatizado con las propuestas de MORENA… por si acaso.

Xalapa, Ver., 29 de marzo de 2017

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