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Category Archives: Régimen político

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la entidad veracruzana su gente vive aturdida en medio de optimista esperanza y una realidad agobiante. Entre aquello a lo que se aspira, a lo que se quiere para un hoy incierto, lo que se puede con lo que se tiene y, el consabido con lo que se debe hacer, que trasciende los límites de un simple voluntarismo, para ubicarse en los terrenos de una terca realidad en lo que política, económica y éticamente consideramos como  viable y correcto para transformarle.

El gobernador en turno diciéndole a sus fans en los tendidos lo que estos quieren escuchar. Los medios de comunicación, haciéndose eco, por lo consiguiente y, en el inter, ante la indiferencia del padre,  la tía de las muchachas llevando a éstas al bailongo. Sin que el ominoso panorama de un Veracruz con crisis multidimensional y multisectorial con mayorías cada vez más pobres, merezca la menor atención.

Confusión en la que el debate está ausente, huérfano de ideas. Por sobre éstas, dominando el incierto panorama, el “Síndrome de Estocolmo” que, inoculado en nuestro ADN por el viejo régimen priísta, nos ata a paradigmas presuntamente superados, esclaviza  y determina nuestro destino, convencidos de que no existiendo política a secas que le apueste al bien común con la que comprometerse, hacemos de la política electoral razón de ser de nuestra cotidiana y domesticada existencia.

No salimos aún de una, cuando ya estamos inmersos en lo que viene, la elección de alcaldes en el 2017. En el escenario electoral se aferra la esperanza de lo que nunca llega.

Parte intrínseca de nuestro folklore, en los procesos electorales ciframos nuestras más caras expectativas de bienestar y progreso, esperando que de arriba de la pirámide la bienaventuranza descienda como Maná del cielo sobre las mayorías siempre excluidas, siempre empobrecidas.

Y con qué facilidad olvidamos el ayer para volcarnos en un futuro incierto. Entusiastas participamos en las campañas políticas, sufragamos a favor de quién habrá de privarnos de esperanza, de saquearnos hasta más allá de un límite concebible y, frustrados, retornamos al punto de partida, una nueva elección, nuevos gobernantes o representantes de elección popular que restituyan confianza, credibilidad y renovada fe en las instituciones republicanas. Círculo vicioso en el que la política, a secas como instrumento en el que confiar el bien común, está ausente, trastocada por la política-política reducida a su expresión pedestre.

Resultado de ello, hoy día transitamos de un gobierno corrupto y fallido a la llamada alternancia, simple cambio de siglas partidistas en el ejercicio de gobierno. Despotricamos en contra del que se fue dejándonos con un palmo de narices, a la par que aplaudimos y confiamos un cambio que no pasa más allá del manido discurso. Permaneciendo ajenos a lo sustantivo y confiando en lo accesorio, dejamos hacer, dejamos pasar, en espera de una nueva elección en la cual depositar la confianza perdida.

No se aprende del pasado, las lecciones recurrentes no impactan en el imaginario colectivo. El efímero presente y la expectativa de futuro promisorio, es lo que cuenta, lo vivido queda para el anecdotario popular, cerrándose el círculo perverso.

Más de lo mismo, siempre sujetos a los vaivenes de la circunstancia electoral más como invitados de piedra que como protagonistas de nuestra propia historia. Secuestrada la democracia representativa, siempre fieles al “Síndrome de Estocolmo”, por más que nos peguen siempre dispuestos a lamer la mano de los secuestradores de siempre. ¿Hasta cuándo?

Hojas que se lleva el viento

Lo afirmamos en su oportunidad. ¿Con qué ojos mí querido tuerto?

 Saqueada la hacienda pública bajo la solapadora indiferencia del gobierno de Peña Nieto, no hay dinero para paliar el temporal, ni lo habrá en suficiencia para costear en escasos dos años un mediocre rescate de la administración pública.

Hoy el gobierno de la alternancia curándose en salud descubre el hilo negro: La federación, injusta e inequitativa cierra los ojos ante nuestras carencias. En Veracruz se vive una emergencia en las finanzas públicas estatales, que requieren el sacrificio de todos para sacar al buey de la barranca.

Yunes Linares lo sabía desde endenantes, estaba consciente de ello al aceptar la candidatura al mini gobierno de dos años. Hasta el cansancio, por sí mismo o por interpósitos voceros, denunció el saqueo y conoció de la quiebra de la hacienda pública. Se comprometió en campaña a sanear las finanzas y rescatar del desastre al gobierno de Veracruz a la par que metería en la cárcel a los prevaricadores,  más en ningún momento expresara que pagarían justos por pecadores.

Hoy pide comprensión y respaldo, forzando a ocho millones de veracruzanos a comprometerse con una estrategia de austeridad y nuevos endeudamientos, sin que se diga una sola palabra sobre el trasfondo real de la crisis política, económica y social por la que transita la entidad y que a todos afecta. Sustento económico en picada, deterioro del tejido social, desigualdad, pobreza y un régimen político caduco, no figuran en la agenda del rescate. Veracruz es algo más que su gobierno.

En este espacio se puso en duda la viabilidad del llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo”, respondiendo a una lógica hoy oficialmente confirmada: no hay dinero suficiente ni siquiera para pagar completos sueldos y prestaciones de la burocracia, adeudos con proveedores y trabajadores de la educación y la salud. ¿Lo habrá para impulsar crecimiento económico y desarrollo? Exceso de optimismo, falta de previsión, o simulación sería la respuesta.

El mamotreto, instrumento legal de cajón avalado por la Universidad Veracruzana y aprobado por el Congreso, ni da razón ni advierte que para rescatar la hacienda pública,  la única salida es recurrir nuevamente a onerosos endeudamientos.

Empantanados y sin salida. Si en el pasado reciente el Sr. Yunes Linares advirtiera de lo negativo del endeudamiento creciente del gobierno de Duarte de Ochoa, hoy día sólo le queda optar por más deuda pública para salir del atolladero. Vana esperanza, afirmáramos en maquinazo anterior, la terca realidad lo confirma. Más de lo mismo; ahora bajo el manto de la alternancia la esperanza hay que afincarla en la elección del 2018.

Xalapa, Ver., diciembre 14 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Veracruz no es su gobierno…

El discurso triunfalista sin visos de sustento que caracterizara al mandato de Javier Duarte, en labios de Miguel Ángel Yunes Linares pareciera ser la tónica del “nuevo lenguaje” a imperar en Veracruz. Esperemos que la historia no se repita.

A decir de los expertos, todo ejercicio de planeación regional debe partir de una idea clara del ámbito en el cual se pretende incidir en tiempo y en espacio, bien sea para cambiarlo o modificarlo o, en su caso para consolidar logros alcanzados.  Lo cual implica contar con un diagnóstico preciso del cual partir que de sustento a un plan equilibrado, rentable, socialmente justo y éticamente responsable. Premisa que presumiblemente no se contempla en el llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo”, presentado al congreso local para su análisis y aprobación en su caso, y ampliamente cacareado por el aún gobernador electo, atribuyéndole carácter de panacea.

Afirmo lo anterior sin conocer el resultado del ejercicio a cargo de especialistas de la Universidad Veracruzana, su propósito último, variables tangibles e intangibles consideradas  y, por supuesto, estrategias, objetivos y metas concretas por alcanzar, apoyándome en un único elemento de juicio a mi alcance, a saber:

Recursos escasos y, en términos prácticos, tiempo disponible para la implementación del Plan.

El monto total de la deuda de corto plazo  del gobierno estatal, recién ha sido puesto del conocimiento de Miguel Ángel Yunes Linares por las autoridades responsables (o irresponsables) de la administración pública veracruzana, luego resulta inaudito que se proyectara el porvenir de Veracruz sin contar en el momento de la elaboración del “Plan” con el diagnóstico puntual de la disponibilidad o carencia de recursos frescos de la cual partir para implementarlo,  sino con supuestos inciertos.

Por otra parte, tampoco ha sido del conocimiento oportuno de los especialistas de la UV el monto del adeudo presente y futuro de los ayuntamientos veracruzanos, puntales pie a tierra de las finanzas públicas globales de la entidad y que, por los últimos eventos en la capital del estado, se da como un hecho que cuentan con recursos propios insuficientes para asumir las tareas que “El plan” estatal les asigne en su ámbito de competencia.

En cuanto al tiempo disponible, como variable a considerar, es tan escaso como los recursos financieros de los cuales echar mano. Dos años a no dudarlo, en un contexto nacional e internacional adverso son insuficientes para instrumentar cursos de acción que conduzcan a un proceso de crecimiento y desarrollo regional exitoso.

Luego se obvió la ley de oro de la planeación que exige conjugar lo deseable o probable a partir de lo disponible.

Partiendo de esta única consideración, doy por hecho que el llamado “plan”, carece de un diagnóstico preciso de la situación parada actual que, como punto de partida, de sustento y legitime  el ejercicio académico que Miguel Ángel Yunes califica de “histórico” y guía para el rescate de Veracruz.

Peor aún, si en un exceso de optimismo, el futuro de Veracruz se está proyectando a un horizonte de largo aliento que, trascendiendo los 24 meses de vigencia del mandato yunista, pretenda marcar rumbo y destino futuro para una entidad federativa que, hoy por hoy, acusa estancamiento y recesión tanto en lo económico como en lo social, prevaleciendo un clima de incertidumbre que adicionalmente cubre la totalidad del territorio nacional.

Esto, cuando lo procedente, siempre a mi modesto entender, es el contar pragmáticamente con una modesta estrategia bianual de salvataje de la administración pública veracruzana en sus vertientes estatal y municipal, sin aspiraciones ambiciosas de rescate e impulso al desarrollo de Veracruz, cuya materialización está fuera del alcance de la autoridad local.

Si es que se tiene claro que debemos entender por desarrollo, no puede dejarse de considerar que la crisis financiera de la administración pública es parte y no el todo de la vida económica de la entidad. Y si bien el gobierno es rector y dinamizador, es la llamada sociedad civil la que está a cargo del aparato productivo; producción, distribución de bienes y servicios y contribución a la hacienda pública dependen de la inversión privada doméstica y externa, cuyas expectativas presentes y futuras de crecimiento trascienden el marco de un gobierno estatal -por ahora fallido- que arrastra un endeudamiento jamás imaginado.

Esperemos que el Congreso local tenga la atingencia de someter el mamotreto a la consideración de todos los veracruzanos, antes de aprobarlo. Si esto es así, entonces podrán observarse todas las inconsistencias de un ejercicio, presuntamente democrático, hecho sobre las rodillas y sin mayor propósito que contar con un instrumento legalmente exigible para el nuevo gobierno.

Por lo pronto, con el instrumento legal o sin este, la tarea de rescatar ya no a Veracruz sino modestamente a la hacienda pública estatal y municipal, se ve cuesta arriba; el déficit de los recursos disponibles, incluidos los intangibles como credibilidad, confianza, aceptación y consenso social, es de tal envergadura que Miguel Ángel Yunes Linares bien podría parafrasear lo dicho por el limitado gobernador interino: “De haber sabido a lo que me enfrentaría, no hubiera aceptado ser gobernador”.

Empero, Yunes Linares aceptó y muy a su estilo muestra disposición a tomar el toro por los cuernos y eso cuenta. Para bien de Veracruz esperemos que así sea.

Hojas que se lleva el viento

Para estar a tono con el clima mediático de especulación y rumores, me pregunto si no Javier Duarte sino Fidel Herrera Beltrán ha sido el artífice de la debacle. Si lo es, al señor de Nopaltepec, gozando de absoluta impunidad no se les toca ni un pelo.

-ooo-

El responsable gubernamental de velar por la justicia es el Poder Judicial. Me pregunto, donde ha estado estos últimos doce años?.

Xalapa, Ver., 15 de noviembre de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Frente a las turbulencias que agitan la vida política y social de Veracruz, se alza la voz   de una infinidad de medios de comunicación, columnistas, comentaristas y politólogos  que, en nombre de la verdad, la objetividad e independencia de criterio, confundimos  más que informar a una audiencia ávida de escuchar  lo que quiere  escuchar.  Anteponiendo a lo sustantivo la especulación y el rumor que rodea al sonado caso de barandilla “Veracruz, Javier Duarte y su cauda de pillastres”.  Construyendo una verdadera cortina de humo tras la que en los hechos,  se pretende ignorar u ocultar la existencia de una profunda crisis estructural que, multisectorial y multidimensionalmente lo mismo atañe a la política política que a la economía  y al tejido social.

Crisis que lejos de tocar fondo, profundiza día con día en sus alcances, conforme se pierde un tiempo valioso en el propósito de llevar hasta sus últimas consecuencias una absurda venganza social que,  en primera y última instancia no conduce en lo absoluto a resarcir el daño causado a Veracruz por una caterva de saqueadores con disfraz de servidores públicos. Concentrándose la atención en el árbol más próximo e ignorándose el bosque que se consume bajo el fuego.

La economía estatal en picada, la política política en franca descomposición reflejando los estertores de un régimen que ya no da más y un tejido social vulnerado,  en el que la desigualdad y la pobreza ahíjan y cobijan conductas contrarias al bien común. Caldo de cultivo propicio y auspiciador lo mismo de violencia criminal que de perpetuación de prácticas nefastas contrarias a la vida democrática de una sociedad hoy sometida y manipulada por espurios intereses de mafias y camarillas que, desde la administración pública,  atentan contra la sociedad en su conjunto.

Estado de cosas que, inédito y guardando la necesaria proporción en relación al acontecer nacional, no tiene cabida en la prioridad mediática ni da marco referencial para distinguir entre lo que es el saqueo a la administración pública,  con todas sus consecuencias presentes y futuras y una crisis que no es potestativa de Veracruz en tanto está presente a todo lo largo y ancho del país. México se le escurre entre los dedos al viejo régimen y el alto grado de descomposición política y social que se vive en la entidad veracruzana, es solo la punta del iceberg.

Habría que insistir, el régimen político vigente ya no da más, arrastrando consigo en su obsolescencia al todo nacional. La tragedia veracruzana lo confirma, el rumbo está extraviado,  se carece de brújula y la llamada clase política en medio de la corrupción impune, dando palos de ciego agudiza sus propias contradicciones abonando al creciente deterioro poniendo en evidencia la necesidad de un nuevo pacto social para el México del Siglo XXI.

Conocedor del paño, juez y parte, Manlio Fabio Beltrones asegura que “El problema está en el sistema político, no solamente en los hombres”, empero, no puede dejarse de considerar que son los hombres los que dan vida a un régimen político y este,  en México está podrido, la corrupción rampante anida lo mismo en los hombres que en un sistema político depredador que ya no responde a las necesidades del Estado mexicano.

Javier Duarte no es “chivo expiatorio”, como señala Andrés Manuel López Obrador. El hoy prófugo gobernador con licencia, a mi juicio es expresión viva del grado de descomposición del régimen caduco. Y aquí cabe apuntar que en medio del caos, para Veracruz el ratificado como gobernador electo y el interino que tomara la papa caliente pretendiendo salvar lo insalvable, no escapan a esta realidad que se retroalimenta lo mismo del centro a la periferia que de ésta última al centro.

El deterioro es generalizado y no hay forma de evadirlo. El mundo entero atraviesa por la misma tesitura sin que se vislumbre alguna luz al final del túnel.

Quizá por ello, los pueblos originarios agrupados en el Congreso Nacional Indígena y jalonados por el EZLN, sin ataduras que les vinculen con los intereses mafiosos de la partidocracia, llamen lo mismo a resistir que a oxigenar la vida política nacional rescatando con una participación masiva, responsable y consecuente por la vía del voto, los principios sustantivos de la democracia representativa. Llamado que no puede echarse en saco roto, si se pretende entender el estado de cosas que configura la profundidad de la crisis de un régimen político rebasado por la terca realidad.

Hojas que se lleva el viento.

Sin pena ni gloria y sin más presencia que los mismos de siempre, transcurrieron las dos horas que Enrique Ochoa Reza, presidente del CEN del PRI le dispensara a Veracruz. La renovación del partido y el combate a la corrupción, fue el tema central del manido discurso del administrador partidista designado por Peña Nieto. Lo destacable es que mientras Ochoa Reza leía la cartilla a la élite priísta veracruzana, el militante sin derechos haciendo gala de impunidad, tomó las de Villadiego presuntamente cobijado por el mismo PRI… Desconocemos su paradero, declaró el responsable de la política y seguridad interna de México. Así se las gastan.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 20 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No cabe ya ninguna duda. Nos saquearon, esta realidad es ya del dominio público. Doce años viviendo bajo un clima de simulación, engaño e impune corrupción salpicada de violencia criminal inseguridad e indefensión, arrojan resultados que hoy no sólo son motivo de indignación, también y eh aquí lo sustantivo, de un desastre en todos los órdenes de la vida económica, política y social de Veracruz. Doce años de gobiernos priístas que dejan como legado una entidad federativa de rodillas y sin visos de recuperación en el corto plazo.

Realidad inobjetable  que obliga  a reflexionar sobre lo que el futuro inmediato depara a Veracruz con el mini gobierno de dos años. ¿Será esperanzador como machaconamente insisten quienes confían en las bondades  que traerán consigo la alternancia política con un gobernador de extracción panista, o todo lo contrario?

¿Será que a los doce años de nefasto gobierno le seguirán otros dos de más de lo mismo?

Expectativas y dudas se entrecruzan, entretejiéndose y retroalimentándose entre sí. Nada hasta ahora indica que las expectativas de cambio tengan asidero creíble; tampoco las dudas se disipan. Todo, en el amplio contexto de un país en crisis,  pareciera anunciar  mayor incertidumbre en torno al que, cómo y con qué,  el nuevo gobierno estatal afrontará una realidad a todas luces adversa,  lo mismo en los terrenos de la economía que en las empantanadas aguas de un tejido social que, pese a la resistencia de amplias capas de la población que se niegan a dejarse arrastrar,  tiende a profundizar su descomposición.

El desánimo no es poca cosa, ni disminuye en sus alcances, cuando día con día, pareciera no tener fin el atascadero en que nos metieran los peores gobernantes que Veracruz ha padecido.

No bastan las buenas intenciones, voluntad política y pretendida apertura democratizadora. El reto es mayor y el tiempo juega en contra de la alternancia en una coyuntura por demás compleja; conforme pasan los días el juego entre acreedores que exigen pago oportuno y las disponibilidades del erario estatal para cumplir en tiempo y forma, topan con pared frente a los recortes presupuestales de la federación para el 2017,  conformando una nueva y no prevista circunstancia que pone en una clara desventaja al sucesor de Duarte de Ochoa.

Esto sin considerar el hecho de que Veracruz navega entre las turbulentas aguas de un régimen político caduco que a nivel nacional hace agua. Marco referencial en cuyo contexto Miguel Ángel Yunes Linares tendrá que optar entre el someterse a la estrategia autoritaria y empobrecedora del gobierno de Peña Nieto o, en su defecto, responder a las demandas crecientes de una población cansada de un atole con el dedo que ya no le satisface, incrédula y harta de políticas públicas que anticipan más corrupción, más impunidad, saqueo y pobreza que el deseable bien común.

A lo que habría que agregar que la alianza PAN-PRD está respaldada electoralmente por una minoría, insuficiente para dar soporte a una pretendida democratización de la sociedad veracruzana, acotada, como todo proceso presuntamente democratizador que fluye de la cúpula a la base, por los intereses de antigua data o de reciente creación, que determinan el quehacer gubernamental.

La minoría gobernará a las mayorías y estas, subordinadas, bailarán al son que se les toque desde palacio de gobierno ¿o transitarán contracorriente? Es una incógnita por despejar.

Nadie en sus cabales, desea que le vaya mal a Veracruz. En el barco siniestrado vamos todos. Luego lo deseable es que el por ahora gobernador electo, frene y ponga fin a tanta corrupción impune,  ineficiencia e ineficacia de una administración pública saqueada, limpie y ordene la casa y pague lo que como gobierno se debe, creando el mínimo de condiciones para un ulterior rescate que saque a la entidad de su actual postración. Empero, si dos años son pocos para la tarea, con mayor razón si a los 24 meses del nuevo gobierno, le restamos los que obligadamente se destinan a las campañas políticas del 2017 y 2018, habida cuenta de que si algo distrae y aleja a los servidores públicos de sus responsabilidades  es la grilla electoral, la especulación futurista y el todos contra todos entre partidos políticos y candidatos. Tiempos perdidos que la voluntad política y buenas intenciones del mini gobierno no subsanaran.

Luego cabe entonces anticipar negros nubarrones más que un esperanzador amanecer. Espero, deseando mejor destino para Veracruz, estar equivocado en mi percepción. El tiempo lo dirá.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 7 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pretendiéndose curar en salud, cuando la póstula gangrenó, suena a algo así como a algo fuera de lugar. Tal es el caso de la nomenklatura  priísta que, desgarrándose las vestiduras y en nombre del combate a la corrupción hace como que hace expulsando de sus filas al primer priísta de Veracruz.

Habiendo no sólo consentido sino solapando a Javier Duarte de Ochoa en sus desaciertos y tropelías a lo largo de un sexenio, hoy, que ya se va, indignados piden  la horca para el peor gobernador que Veracruz ha padecido.  El colmo del absurdo, pero así es,  los corruptos investigan, juzgan y condenan a uno de sus más paradgmáticos correligionarios, no por su pésimo desempeño, carencia de autoridad moral y política y ganador a pulso del repudio popular, sino por no haber sabido guardar las formas exhibiendo con cinismo y descaro lo peor de la militancia tricolor.

Pero no sólo el priísmo corrupto y simulador,  la partidocracia se hace uno respondiendo no al bien común de una sociedad saqueada y harta de desatinos y corrupción impune, más bien como es ya del conocimiento público,  atendiendo a la consigna que, desde la cúpula presidencial pretende dar vida a una legislación y a un “sistema  anti corrupción” que habiendo nacida muerta, encuentra víctima propiciatoria a modo para levantar la imagen de un presidente de México hoy en el sótano.

¿O no acaso tanto la ley como el sistema no fueron diseñados, aprobados e impuestos por lo más notable y destacado de la corrupción partidocrática?

Pero no para ahí la cosa. ¿Por qué hoy y no cuando el clamor popular y el bombardeo mediático pusieran en primer plano el desastre de una administración pública a cargo de un tan inútil como perverso discípulo y ahijado de Fidel Herrera Beltrán?

Simple a mi juicio la respuesta. Peña Nieto requiere de un distractor a modo que encubra ya no sólo su propia tendencia corrupta y corruptora, también el fracaso de un régimen político caduco y en plena obsolescencia cuyas aristas más agudas de su crisis,  se expresan en un paquete económico que, para el 2017, acarreará serias consecuencias en la vida económica y social de un país en el que las mayorías empobrecidas suelen pagar los platos rotos.

Estrategia mediática de óptimos resultados en Veracruz. La cortina de humo es tal  y tan espesa, que para la audiencia el presunto castigo a un priísta saqueador tiene prioridad por sobre la realidad real de un presente y futuro económico y social al que no se le encuentran pies ni cabeza.

Devaluación en la paridad cambiaria, deterioro del salario real y pérdida de su poder adquisitivo, un aparato productivo caduco e ineficiente generador de más desempleo, inseguridad y violencia, entre otros rubros del desastre, ¿se privilegian en la jerarquización de prioridades en Veracruz? No. El juicio, desafuero y cárcel de Javier Duarte y sus achichincles no menos corruptos, primero,  lo demás es lo de menos que ya mañana dios dirá… Aunque ya sea demasiado tarde.

¿Qué nos pasa?

No cabe duda, nos guste o no, en Veracruz el PRI sigue siendo el ombligo que da vida y en torno al cual seguimos girando.  No aprendemos ni siquiera de una realidad que nos agobia.

Xalapa, Ver., septiembre 25 de 2016

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J. Enrique Olivera Arce

Terca al fin, la realidad real termina por imponerse por sobre deseos, propósitos y voluntades… Y por qué no, también por sobre ofertas y promesas de campaña.

Esta mal decir se los dije, empero de alguna manera hay que recalcarlo, no estando el horno para bollos en un entorno internacional y nacional adverso, la restricción de recursos presupuestales hace prácticamente inviable la pretensión del ahora gobernador electo de rescatar en dos años plazo a Veracruz de su postración.

El peso de la nefasta herencia que en las postrimerías de su gobierno fallido deja Javier Duarte de Ochoa a Miguel Ángel Yunes Linares, prácticamente ata de manos a este último en la tarea de limpiar la casa, pagar deudas y enderezar el rumbo de la administración pública estatal, con mayor razón le invalida en propósitos y objetivos  de crecimiento económico y desarrollo que como un bien intencionado afán se propondrían en el llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo 2017-2018.

El recorte presupuestal que se anuncia para el 2017 en el gobierno federal, es la puntilla. El deterioro de las finanzas públicas nacionales conjugadas con el desastre  de las estatales, opera en contrario a los buenos deseos de un gobierno estatal de “alternancia”.

En su oportunidad lo comentamos al referirnos a las promesas de campaña de los entonces candidatos del PRI, PAN-PRD y Morena al gobierno de Veracruz: ¿Con que ojos?

https://pulsocritico.wordpress.com/2016/01/31/con-que-ojos/

A lo que habría que agregar el peso inercial del deterioro de la economía familiar en la mayoría de la sociedad veracruzana, sumando pobreza y desesperanza social al naufragio de una nave cuyo salvataje a estas alturas se antoja imposible.

Empero, no todo es pesimismo. Queda aún la opción de que el gobernador entrante logre conmover a Peña Nieto y obtenga de éste recursos adicionales no previstos en el presupuesto federal,  para paliar cuando menos los embates de la transición. Pero esto tiene un costo político y Yunes Linares muy a su pesar tendrá que pagarlo cediendo terreno al PRI, mandando al archivo muerto la pretensión de ver a Javier Duarte purgando en la cárcel  la condena por sus tropelías y agravio a los veracruzanos.

No hay de otra… ¿O sí?

La pregunta obligada entonces: ¿el recorte presupuestal federal es el principio de la derrota de la “alternancia” en Veracruz? Dejémosle la respuesta a la siempre terca realidad.

Hojas que se lleva el vient

 

Bienaventurados los pobres de espíritu, que de su mansedumbre engordarán las arcas de una iglesia  que no tiene llenadera. “Si a la vida”.

—o—

La carencia de dignidad y de vergüenza se enseñorea en la capital veracruzana. Parafraseando a Sor Juana, tal igual es el que  peca como el que paga por pecar. Lo lamentable es que la población ya se esté acostumbrando al balilongo de las desnudas de los autonombrados “400 pueblos”. ¿Dónde quedó la capacidad de indignación?

Xalapa, Ver., septiembre 16 de 2016

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Enrique Olivera Arce

Se ha convocado a los foros que en teoría son el punto de partida para la elaboración del “Plan Estatal de Desarrollo” que normará la acción del gobierno de dos años en Veracruz. Para los optimistas, dicho ejercicio es indicativo de apertura democrática de lo que se conoce como “alternancia”.  Así como también el que por primera vez el plan estatal no será puro rollo, mostrando el interés de la próxima administración pública veracruzana en el rescate de la entidad.

Para los pesimistas, tanto los foros respaldados por la Universidad Veracruzana como el documento que habrá de aprobar la Legislatura local, son más de lo mismo. En tanto que para el grueso de la población, ni siquiera está enterada a cabalidad de lo que entraña un compromiso gubernamental de tal naturaleza.

Para quien esto escribe, haciendo honor a la etiqueta de “contreras”, que se le colgara desde el momento mismo que en estas líneas se afirmara que Veracruz no podría cifrar sus esperanzas de bienestar y progreso con un gobernador como Javier Duarte de Ochoa, ni pesimismo ni optimismo en torno al ejercicio en cuestión. Mucho menos confianza en una intención pragmática y coyuntural presuntamente de buena voluntad y apertura democrática.

Hasta no ver no creer, cuando de conocer los resultados se trate.

Esto, porque como ya lo he señalado en maquinazos anteriores, ni se trata de un auténtico plan de desarrollo para Veracruz, ni el horizonte de planificación de dos,  u ocho años en su caso, es congruente con el nivel de atraso y rezago de una entidad federativa sin pies ni cabeza. Amén de que nadie puede asegurar que se contará con los recursos públicos y privados para respaldar propósitos, objetivos y metas por alcanzar, si efectivamente estamos hablando de alcanzar niveles superiores de crecimiento y desarrollo que, cuando menos, nos pongan a la altura de estados vecinos.

Ello, independientemente de que el entorno nacional e internacional no es nada propicio para el crecimiento económico y, mucho menos, para proponerse alcanzar objetivos y metas de desarrollo que incidan en el progreso y bienestar de las mayorías. Todo indica que lejos de avanzar se retrocede en el logro de mejores condiciones de vida para las poblaciones, ante una crisis globalizada que estando tocando fondo, al no encontrar salida satisfactoria hace pagar el costo de los platos rotos a los sectores más vulnerables de la sociedad. Ejemplos sobran. Como también sobran los que ni ven ni aceptan la realidad real. Pero así están las cosas.

De lo que sí podríamos hablar es de bajarnos de la nube, aceptando con honestidad y modestia, que no se trata de un “Plan Estatal de Desarrollo”, sino acaso de un plan o programa de gobierno para la administración pública estatal en un horizonte de dos años que, en la coyuntura actual permita encauzar con un mínimo de racionalidad y visión de Estado, tanto el rescate como la reordenación del aparato gubernamental con propósitos y objetivos viables de eficiencia, eficacia, austeridad y, por supuesto, con un alto grado de honestidad y buen juicio en el manejo de la cosa pública.

Desde luego, aceptando también que se gobernará con una  minoría que respalde la acción de gobierno. Quedando obligado el gobernador entrante a rescatar en primer término, credibilidad y confianza en las instituciones y servidores públicos, hoy prácticamente inexistente. Primero limpiar la casa y, si alcanza tiempo y recursos a otra cosa mariposa.

Y hasta ahí. Pretender otra cosa, a mi juicio, es demasiado ambicioso cuando el horno no está para bollos lo mismo en la entidad veracruzana que en el todo nacional. Con alternancia o sin esta en Veracruz, el gobierno de México en general está rebasado, sin visos de respuesta y corrección del rumbo neoliberal emprendido hace ya más de tres décadas,  exacerbado hoy día por un presidente que lejos de administrar y solucionar conflictos, los crea y se le salen de control. La sola presencia de Javier Duarte de Ochoa aún al frente del gobierno de Veracruz tras un larguísimo estira y afloja, es ejemplo de ello.  Reflejo de descomposición político administrativa del todo nacional.

Empero, hay que aceptar las cosas como son. Dejemos que optimistas y pesimistas jueguen sus cartas y esperemos resultados. Después de todo a Veracruz ya no le queda nada que perder. Si algo queda de positivo tras dos años de un gobierno panista será ganancia para los veracruzanos.

Xalapa, Ver., agosto 25 de 2016

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si alguna duda quedaba sobre la crisis en México de un régimen político agotado y caduco que, habiendo tocado fondo no encuentra salida racional, baste ver lo que sucede en Veracruz para confirmarlo.

La corrupción impune niega el estado de derecho y este, en su inoperancia auspicia el dejar hacer, deja pasar ante la imposibilidad práctica de recuperar un mínimo de gobernabilidad en la entidad que le justifique. Puede más la insania de un gobernador fallido que ha perdido la razón, que la razón de Estado, ante la indiferencia del gobierno central que, desde el altiplano, contra todo y contra todos obsesionado está concentrado en imponer reformas y políticas públicas contrarias a lo que la ciudadanía espera de un buen gobierno.

A pesar de la autocensura obligada, la mayoría de los medios de comunicación veracruzanos se han soltado el pelo, ampliamente secundados por la prensa nacional exhiben la miseria de un gobierno ayuno de división de poderes en el que el titular del ejecutivo, en su afán de salvar el pellejo, tunde a palos lo que en las redes sociales se califica ya como “la piñata veracruzana”.

Para quien esto escribe, no hay necesidad de entrar en detalles; la prensa diaria, impresa o en línea está siendo pródiga en ello, dando cuenta puntualmente de hechos inéditos en la conducción de un gobierno que ya son del dominio público. En su momento y con toda anticipación, ya apuntábamos de la necesidad, como prioridad inexcusable el frenar a Duarte de Ochoa, impedir un mayor daño gracias a los coletazos de impotencia a que habría lugar de no hacerlo.

Esto último antes de iniciar el proceso electoral que desembocara en la elección del 5 de junio. Hoy a escasos 25 días de la elección la terca realidad lo confirma y justifica la opinión vertida. Habiendo sido derrotado en todos los frentes, el resultado del sufragio aceleró temor e impotencia, floreciendo lo peor de la condición humana en quien obligado estaría lo mismo a aceptar que respetar la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

La descomposición del régimen, reflejada hoy en Veracruz, está a la vista de todos. Impotencia, sectarismo, autoritarismo y resistencia a ceder terreno a reivindicaciones de necesidades sentidas y reales de la población, habla de un divorcio de Estado entre gobernantes y gobernados. La brecha entre los dos estamentos cada día es más amplia y, el gobierno lejos de escuchar y ponderar con racionalidad lo que en México se está viviendo, se concreta a amenazar a aquellas personas o movimientos sociales que piensan diferente.

Pluralismo e inclusión como norma de convivencia civilizada, quedan en simple retórica en el  discurso oficial.  Pensamiento único, cartucheras al cañón, quepan o no quepan, es lo que el régimen anhela y ofrece.

O estás con las reformas estructurales o estás en contra; estás conmigo o  en mi contra, es la bandera del Sr. Peña Nieto. No hay marcha tras afirma y es secundado en ello por sus subordinados, aprendices de brujo que no ven más allá de un presunto complot por parte de un populismo que, desde las trincheras del neoliberalismo aldeano, hay que combatir hasta erradicarlo de la mente de los mexicanos.

En tal orden de prioridades, lo demás es lo de menos. Fiel tardíamente a la consigna que en su momento dictara Washington, para Peña Nieto y su reducido grupo de iluminados, lo determinante es vencer al populismo, aquí y fuera de nuestras fronteras, en tanto que la realidad real, como se lo echara en cara el Sr. Obama, exhibe su incapacidad e ineficacia en la atención a la economía macro y micro,  y los efectos negativos en la vida de las mayorías empobrecidas de una globalización mundo en la que los poderosos perdidos en sus propias contradicciones, no saben cómo paliar su propia crisis.

Peña Nieto afirma que no ha sido omiso. Veracruz entero lo desdice. Lo que se vive hoy con los últimos coletazos de quien ya se siente tras las rejas, pudo frenarse a tiempo, hoy ya es tarde. Gobernabilidad y estado de derecho están en entredicho. Para el imaginario popular ni hay gobernador ni hay gobierno. La anarquía es un hecho. El atentar impunemente contra la integridad física del gobernador electo por parte de una organización lumpen, es apenas la punta del iceberg que está emergiendo. Lo de siempre, se va a investigar y se actuará conforme a la ley con aquel o aquellos que resulten responsables. Lo que nadie cree ni incita a confianza alguna.

Si esto no es tocar fondo, no sé a ciencia cierta cómo podría calificarse la tragedia. Ya no es gobierno, partidos o actores políticos que le representan y sostienen quienes han fracasado. Es el régimen vigente en México cuya fecha de caducidad está vencida. Tanto como para que el partido endenantes hegemónico a lo largo de más de 8 décadas, haya dejado de serle funcional.  No más clientelismo sustentado en sindicatos y organizaciones agrarias; no más paternalismo ni apapacho a la mayoría empobrecida, no más PRI en los términos históricamente conocidos. O se está con el neoliberalismo o se está con el execrado populismo, no hay más lugar a medias tintas.

Roto el pacto social que los mexicanos se dieran, la administración de conflictos está rebasada. Frente a movimientos sociales de protesta y resistencia que surgen por doquier, al régimen sólo le queda el uso de la fuerza. “El Estado soy yo”, y la población acata, se dobla o se atiene a las consecuencias, es la bandera del gobierno peñanietista. A la amenaza le sigue la represión como secuela de incapacidad e impotencia para gobernar a un país que no se entiende.

El régimen político fuera de época y sustentado en una partidocracia corrupta e indolente, ya no se corresponde con una realidad nacional en la que el gatopardismo ya no tiene cabida.

Veracruz está en sintonía. Ayuna la entidad de un gobierno respetable y respetado, el violentar lo mismo la ley que la elemental armonía social que la convivencia entre diferentes recomienda como sustento de la gobernabilidad, es la tónica. Ausencia de credibilidad y confianza en instituciones e institutos políticos, es la respuesta ciudadana ante un régimen político que ya no da más. De aquí a la anarquía sólo hay un paso.

La alternancia como solución al conflicto, no da señales de enmendar el entuerto. Si con gobiernos priístas se orilló a Veracruz al desastre, con el PAN como conductor de la administración pública, a contracorriente de la realidad nacional e internacional, sin recursos, sin el respaldo de las mayorías y con un priísmo que va por la revancha, en el marco de la crisis generalizada que como la humedad se extiende a lo largo y ancho del país, nada halagüeño debe esperarse.

Y es en este escenario crítico que nuestra aldeana clase política y sus adláteres desde los medios de comunicación, cifran sus esperanzas, las propalan y esperan sean escuchadas y atendidas, en que por la vía electoral, en el 2017 o en el 2018, cual Ave Fénix Veracruz recuperará el rumbo perdido. Falsa expectativa, ni el sistema de partidos ni el régimen político están en condiciones de lograrlo. Los canales de comunicación entre Gobierno y ciudadanos están rotos; la participación ciudadana va por lo suyo por caminos diferentes. O se apuesta a un nuevo pacto social que renueve rumbo y destino en México restableciendo la unidad de Estado, o Veracruz con o sin el mesías en turno,  profundizará su caída.

Hojas que se lleva el viento

Una vez más. Un nuevo intento del PRI en Veracruz tras la derrota, por renovarse y recuperar la hegemonía perdida. Sin aún reconocer a ciencia cierta el porqué de su derrumbe electoral, el tricolor sustenta su estrategia de renovación en un mayor protagonismo de su vieja guardia respaldada con sangre joven, entreverando generaciones. Algo así como la “Alianza generacional” que le sirviera como plataforma de despegue a Héctor Yunes Landa. Esfuerzo en vano, o el PRI se renueva en su totalidad prescindiendo de los mismos rostros, las mismas mañas y los mismos intereses creados que le orillaran a la derrota, o seguirá el mismo camino que el PRD deambulando entre las tumbas como cadáver viviente. El camino para su renovación, a mi juicio, debería ser el de la democratización plena de su vida interna. ¿Será eso posible? Es de dudarse, la democracia y participación de sus bases en la toma de decisiones no está en su naturaleza.

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Ensoberbecido por el resultado de la elección del 5 de junio, Cuitláhuac García  olvida que es gracias a López Obrador y al partido al que se debe y no a su tesitura triunfalista personal que Morena creció electoralmente en Veracruz. Se subió al ladrillo y ya se mareo, perdiendo todo viso de humildad. Jugó y perdió, así que ahora a otra cosa mariposa, o se pone a trabajar en serio en pro del fortalecimiento de la estructura partidista, auspiciando claridad programática, organización, cultura política y cercanía con movimientos sociales, o las bases se encargarán de bajarle de la nube.  Así de simple.

Mérida, Yuc.- Julio 5 del2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin demérito del reconocimiento y simpatía que quien esto escribe tiene para con Andrés Manuel López Obrador y lo que este representa en el despertar de las conciencias de un cada vez mayor número de mexicanos, he reiterado en mis maquinazos no estar de acuerdo con el machacón discurso en el que, por encima de un análisis a profundidad de la realidad nacional en sus diversos tonos de grises y el qué hacer para trascenderla para bien, coloca a una etérea “mafia” presuntamente encabezada por Carlos Salinas de Gortari como origen de todos los males que México padece.

Los grandes problemas nacionales son estructurales y sistémicos. Con o sin la “mafia salinista”, el México neoliberal no tiene futuro.

Aclarado esto y tras observar la tónica pedestre que dominara el “debate” que en Coatzacoalcos confrontara a seis de los 7 candidatos a la gubernatura de Veracruz, no tengo más remedio que aceptar que si la temática dominante en la guerra sucia electoral en curso, es la pátina ética y moral  de cuyo recubrimiento cada uno de los contendientes participantes presume adorna a su persona a la par que cuestiona la calidad de la de sus adversarios,  el candidato de mayor mérito ético y moral –por no tener cola visible que le pisen- es Cuitláhuac García, postulado por Morena e impulsado por López Obrador.

Corresponde al votante potencial el valorarlo.

Empero, me mantengo en lo dicho, el joven maestro universitario en el terreno de la política política aún está verde para menesteres como el enfrentarse a las chuchas cuereras de un sistema de partidos corrupto y pragmático al extremo que, de todas se las saben todas en tratándose de envolver con papel fantasía su afán último por alcanzar el poder por el poder mismo.

Frente a la retórica demagógica, consabidas mañas y mutuo baño de hediondeces de sus oponentes punteros, el candidato de Morena aún exhibe inexperiencia e ingenuidad, tanta como para dejarse llevar por la tentación de subirse al ring e involucrarse en el intercambio de lodo y detritus en una guerra sucia sin cuartel,  en detrimento del manejo de ideas, diagnóstico puntual de la realidad a la que los veracruzanos nos enfrentamos, así como propuestas concretas, viables y aceptables,  que no paren simplemente en considerar la urgente necesidad del rescate y reordenación de la administración pública a cargo del gobernador fallido,  cuando esto último es apenas una faceta más de la crisis multidimensional y multisectorial de un Veracruz postrado.

La sociedad veracruzana requiere cambios verdaderos en todos los ámbitos de la vida social, económica y política de la entidad y el proponer el qué y el cómo satisfacer esta necesidad es lo que, en la medida de lo posible y viable para un gobierno de dos años -¿o año y medio?-, debería ser el énfasis de la campaña proselitista del joven candidato. Ese es el reto para Cuitláhuac.

En el entendido de que en el marco de la estrategia de un paso a la vez en una constante de aproximaciones sucesivas de Morena para la presidencial del 2018, el nuevo partido-movimiento gana aun perdiendo la elección del 2016 en Veracruz,  sacrificando a Cuitláhuac pero fortaleciendo su propuesta de gobierno, incipiente estructura y cuadros probados en distritos claves de la geografía política veracruzana.

Esto en el entendido de que por todos los medios a su alcance, Peña, como ya lo ha manifestado, no dejará que el “populismo” de López Obrador triunfando en las urnas,   dé marcha atrás a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo dominante.

Luego el adversario a vencer en esta etapa, a mi juicio no son los candidatos que postula el PRI y sus satélites o la coalición PAN-PRD, compitiendo con estos en una tan absurda como pedestre guerra de lodo, sino la desinformación, apatía y dispersión de un  electorado frustrado, lastimado y harto de más de lo mismo, ofertando el maestro García expectativas de cambio real mediante el rescate de la política política y participación consecuente de las mayorías en la construcción de un nuevo modelo de sociedad para el bien común de todos los veracruzanos. Si se puede y de eso toca a Cuitláhuac el convencer con vías a la elección presidencial del 2018,  madre de todas las batallas en la confrontación entre el modelo neoliberal de país que impulsa Peña Nieto y el reformismo progresista que propone López Obrador.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la guerra sucia electoral que se auspicia desde el gobierno del estado, llama la atención el que los candidatos a la sucesión del gobernador fallido, coincidan en propalar que cuentan con una varita mágica y,  con ésta en mano, ofertan los cuernos de la luna, caso de resultar electos.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

 La democracia sufre un vacío de comunicación que ha sofocado el debate y, en los hechos, negado la importancia crucial que la deliberación pública tiene para la forja de un buen gobierno”. Rolando Cordera campos

Desde hace algunas semanas, el ex diputado federal Uriel Flores Aguayo ha venido señalando la necesidad de un debate constructivo que enriquezca la vida política de Veracruz, privilegiando respeto, diálogo y confrontación de ideas y propuestas. Encomiable llamado, cuando lo que se percibe es precisamente ausencia de diálogo y debate responsable ya no sólo entre la clase política, también en el ámbito académico, en torno a los problemas torales de la entidad.

El análisis serio, de profundidad, incitando al diagnóstico del actual estado de cosas y a la formulación de propuestas viables, para el corto y mediano plazo es aislado y se pierde en el vacío. Es más importante el intercambio de dimes y diretes en torno a la definición de las candidaturas al mini gobierno de dos años, que entender y atender lo que debería ser prioritario para un Veracruz que vive una crisis dentro de otra, más amplia, como podría ser la que acusa el país en su conjunto ahora acicateada lo mismo por un acuerdo comercial asimétrico y negativo para México en la Cuenca del Pacífico, que la pretensión de llevar adelante reformas neoliberales, presuntamente estructurales, al precio que sea, incluido el uso de la fuerza.

Nada que no sea el contexto aldeano de la coyuntura electoral -descarrilada por cierto por los afanes continuistas del clan Herrera-Duarte-, preocupa y ocupa a nuestra llamada clase política y a la prensa afín a los primeros círculos del poder formal. Y es en este escenario que Flores Aguayo pierde también la brújula, al ubicar su llamado al debate en los mismos términos, circunscribiéndolo al tema o temas electorales en boga, a los dimes y diretes e incluso a confrontaciones personales, como una manera de adecentar y oxigenar el clima político electoral, sin parar mientes que con ello está contribuyendo al proyecto de regeneracionismo lampedusiano de un régimen político caduco y obsoleto.

Más de lo mismo

Cierto, entre la llamada clase política, el tema electoral es prioridad. Más no por eso debería evadirse el debate de altura sobre una temática que, guste o no, es determinante lo mismo para quienes resulten candidatos a la gubernatura y, con mayor razón, para el futuro cercano de los veracruzanos. Sea quien fuere quien resulte electo gobernador, más temprano que tarde habrá de enfrentar el escenario adverso consecuencia tanto del deterioro económico del país y de la entidad, como aquel de orden social fruto del descontento y el hartazgo que ya se asoma por sobre la superficie de encrestadas aguas.

Esto, además de una administración pública quebrada en lo administrativo y financiero, carente de credibilidad y confianza, que se revuelca en el cochinero de la corrupción impune. Quiebra financiera, moral y política cuya solución no está en manos del más pintado y con mayor razón, el intentarlo siquiera en un periodo acotado de gobierno insuficiente incluso para desenmarañar la madeja y encontrarle el hilo al mecate.

Consecuencia de tal obcecación no puede ser otra que la imprevisión y la improvisación, debiendo pagar nuevamente los platos rotos la mayoría de los veracruzanos cuyo acceso a la toma de decisiones que le competen, le está vedada. Un proceso de cambio para seguir igual, en tanto que la sucesión de antemano está amarrada al proyecto transexenal de peña Nieto.

“Es imposible debatir sin información, no hay tema y se habla al vacío…”, nos dice Flores Aguayo. Y podría tener razón. Antes de debatir hay que informarse, filtrar la información disponible separando la paja de lo sustantivo, y a eso debería contribuir la prensa, empero, a su vez esta se encuentra atada de manos ante la falta de rendición de cuentas y transparencia en el quehacer gubernamental.

Si se habla del PRI y sus enredos sucesorios, me dice un buen amigo, analista y comentarista político, es porque no hay más tela de donde cortar. Pasando por alto que más allá de dimes y diretes electoreros, la crisis multidimensional de Veracruz periodísticamente da para eso y más si hubiera compromiso con la necesidad de un cambio real.

Lo paradójico, es que Flores Aguayo privilegia la necesidad del debate, pero al mismo tiempo acepta la inviabilidad de lo que propone por falta de información fidedigna en que sustentarlo. A lo que yo agregaría, por exceso de desinformación y ausencia de interés a todos los niveles, por trascender los límites de nuestra aldeana visión de lo que debemos entender por política y lo que este corto entendimiento significa en la vida de 8 millones de veracruzanos. Pero si existiera voluntad para debatir en torno lo prioritario, la información disponible reiteradamente propalada por investigadores serios de la Universidad Veracruzana, sería más que suficiente para su inicio.

No hay tal voluntad política. Basta y sobra con lugares comunes como la frase hecha: “Veracruz, un estado que nos llama, nos convoca y exige trabajar en unidad”, para salir del paso en una coyuntura estrictamente de corte e intencionalidad electoral.

“Primero el programa” ¿Y el diagnóstico puntual qué?

Primero el programa, después el candidato, es la señal que baja de la cúpula priísta, dijera el presidente del CDE del PRI en Veracruz en un encuentro con periodistas. Si la lógica no miente, la frase es acertada, primero lo primero. ¿Más de qué programa se habla en la cúpula tricolor si no se antepone diagnóstico y debate para concertar, conciliar y establecer consenso? Y esto cabe para todos los partidos en contienda. Luego parcialmente Flores Aguayo en su cortoplacismo, tiene razón. Información y debate antes que programa y candidato en una racional jerarquización de prioridades que contribuya a enderezar el rumbo.

Hojas que se lleva el viento

El régimen político en torno al cual giran las vidas y haciendas de los mexicanos, en su obsolescencia no logra superar la etapa patriarcal antidemocrática, de exclusión y clientelar. Aún se sigue requiriendo del “dedazo” cupular para que se mueva la rueca. Se observa en todo el espectro partidista y permea al resto de la sociedad. La situación político electoral que se vive en Veracruz lo refleja, cuando lejos de que la selección de candidatos sea fruto de un proceso democrático, ésta esté condicionada a lo que desde la cúpula de la pirámide se considere como lo más conveniente. Resultado de ello, es una democracia representativa simulada y contraria a la búsqueda del bien común. Régimen patriarcal que no se atreve a dar el paso adelante legislando en torno a una auténtica y legítima reforma de Estado. El peso histórico de los intereses creados, personales y de grupo, es superior a una necesidad objetiva que requiere de urgente atención. La sociedad y un país que viven anclados en el pasado, sin eufemismos lo demandan.

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Cuando se requiere del uso de la fuerza pública y no de la fuerza de la razón para llevar adelante las presuntas reformas estructurales que le aprobara un congreso sumiso y omiso al presidente Peña, es que algo anda mal y no se hace nada para corregir el entuerto. La violencia de Estado es incapacidad para convencer, lo que deriva en impotencia sectaria del aparato gubernamental para gobernar con la razón. Con amenazas y palos, mis estimados, no se construye ni modernidad ni buen gobierno salvo en las mentes retrógradas de los aprendices de brujo.

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La mayoría de los acarreados al evento en que rindiera el senador veracruzano Pepe Yunes su informe legislativo, son los mismos de siempre, profesionales por definición y obvia necesidad. ¿Cuándo se acabará con esta indignante práctica onerosa de exhibición de un falso respaldo político? Ni construye ciudadanía ni fortalece nuestra incipiente y balbuceante democracia.

Xalapa, Ver., 01 de Diciembre de 2015.

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