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Category Archives: Religión

En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

El mundo está patas arriba,  bombardeado lo mismo por meteoritos venidos del cosmos que por una red de corrupción, egoísmo e irracionalidad  de una sociedad que ha perdido rumbo y destino. Como dice Melitón Morales, Director propietario de la revista “Análisis Político”, “Todo está descomponido, en el  árbol que daba moras ahora se cosechan guayabas,  hasta el lenguaje con el que nos comunicamos va de mal en peor”.

Basta una mirada a las múltiples ventanas de la  Torre de Babel que cobija a los medios de comunicación para perder toda perspectiva de futuro. En la cotidianidad  de la noticia no hay nada alentador que en cualquier rincón del planeta llame a confirmar que la raza humana en su animal evolución, alcanzara ya la madurez que le exige su prestado inquilinato en la tierra.

Todos contra todos y contra todo, en un absurdo individualismo en el que la competencia es norma de conducta a asumir por todos, y la acumulación de riqueza religión impuesta por quienes entre más tienen más quieren.

Pesimista panorama en el que hasta el faro de luz que iluminara el camino espiritual de millones de seres humanos, se apaga entre corrupción e impunidad. La renuncia y sus motivos del Papa Benedicto XVI,  a su papel de pastor del rebaño humano e intérprete de la verdad divina, da la medida de la pérdida de principios y valores éticos y morales sustento de humana y solidaria convivencia de la especie animal, autocalificada como superior. Pero también confirma que la medida de todas las cosas es la condición humana que fiel a sus orígenes, frente  a una realidad abrumadora que no comprendiéndola, atribuye el alfa y el omega a unos dioses que hoy pareciendo negársele, dan pie al sálvese quien pueda.

La supervivencia del yo frente a la tragedia de los otros en un cíclico retorno a la adoración del “Becerro de oro”; Dios terrenal que todo lo puede, esperanza viva de una felicidad que se recrea en la ambición egoísta lo mismo de quien nada tiene que de aquel que lo tiene todo. El fin justifica los medios, la felicidad ilusoria al costo que sea, por sobre lo que sea. El ser, domeñado por el tener como expresión material del querer y el poder ser,  habla de la derrota espiritual de la raza humana. Víctima y victimario de su propio destino.

Frente a la incertidumbre, nada es creíble, nadie cree más allá de su fortaleza individual para sobrevivir en un mundo que es arrastrado al desastre. El nosotros solidario no existe o no sabe encontrar el camino para expresarse. Iglesias, Estados-Nación, gobiernos, partidos políticos, perdidos en esa vorágine de egoísmo, corrupción e impunidad, no son más paradigma de unidad y de cohesión social. La ley de la selva pareciera ser presente y futuro.

Todo está mal. Las piezas del rompecabezas no encajan en su sitio, sin que nadie pueda señalar a ciencia cierta donde la humanidad perdió el camino. Las manecillas del reloj de la dialéctica del desarrollo caminan en sentido contrario. El hambre de miles de millones anuncia el retorno a los primeros tiempos. Nada es más caro que lo que no se tiene, de un bocado depende el vivir o morir, obtenerlo a cualquier costo es el precio a pagar en un mundo en el que el hombre contra lo humano se vuelca en contra del planeta que transitoriamente nos cobija. ¿Será este el principio del fin de la civilización que anunciaran las profecías? ¿O acaso el anuncio de un nuevo amanecer?

Xalapa, Ver., 27 de febrero de 2013

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Mientras los halcones de la guerra persistan en poner en riesgo la seguridad mundial y gobiernos y banqueros no le encuentren salida a la crisis sistémica globalizada, lo que nos ofrece el futuro es poco halagador. Sin embargo, como se dice, la esperanza muere al último.  De ahí que en medio de un panorama incierto, nos aferremos a nuestros buenos deseos, para uno y para todos, con un renovado optimismo en que el año que recibimos, a diferencia del anterior, traerá torta bajo el brazo.

Que bueno, salvo que nuestro esperanzador optimismo se cifre en enterrar la cabeza bajo la arena y no en la valoración de una realidad en la que, como sociedad y en lo personal, estamos inscritos. El levantar el rostro en medio de la tormenta podría acarrearnos nada gratas sorpresas.

Por lo pronto, al margen de nuestros buenos deseos de bienestar y prosperidad, los malos augurios se dejan sentir en el inicio del nuevo año. Ya en pleno proceso electoral el presidente Calderón deja en manos de Dios la esperanza salvadora ante la incapacidad humana para desfacer sus propios entuertos, al mismo tiempo la bancada del PRI en la Cámara baja, auspicia reformas constitucionales que eliminan candados de control a las organizaciones eclesiásticas, haciendo permisible que se metan hasta la cocina en la vida pública de la Nación.

Esto, como ya lo han analizado y comentado expertos en la materia, reviste a mi juicio extrema gravedad. No estando el horno para bollos, el agregar el condimento religioso  al desmadre de un régimen político en crisis, crispa los nervios en los tendidos. Perdida la confianza en la institucionalidad se cae en actitudes de anárquica autodefensa, depositándola cada quien en el santo de su devoción o en la capilla dogmática y sectaria de su preferencia. Incidiendo negativamente en todo esfuerzo de cohesión del tejido social y unidad en torno a la atención de los grandes problemas nacionales.

La participación social y política se substituye con la oración, responsabilizando a Dios lo mismo de la reparación de entuertos presentes como en el devenir del mundo y de la Nación, mientras los pastores de rebaños enteros se uncen a la carreta de la corrupción.

Nuestra historia patria da cuenta de adonde puede llevarnos el mezclar lo divino con las tareas mundanas en la lucha por el poder. No se puede poner más leña al fuego atentando contra un ya de por sí cuestionado Estado laico de derecho.

Paradójicamente, el movimiento nacional que encabeza López Obrador llama al despertar de la sociedad, a la par que confundiendo amor al prójimo, solidaridad con los menos favorecidos y profundo amor a México,  genera una corriente de opinión  cada vez más cercana a los postulados de las tribus neo cristianas que, cual hongos en tierra fértil, proliferan por doquier en detrimento del tejido social. Amor en el Dios dogmático, perdón a los agravios, ofreciendo a nuestros enemigos la otra mejilla como respuesta al mundano sufrimiento.

Todo sea en nombre y a cuenta del triunfo en la elección de julio próximo. El fin justifica los medios. El sometimiento a los designios del Señor de una sociedad inerme y agachona, definirá el resultado del sufragio, calculan los estrategas electorales de partidos, coaliciones y candidatos, sin advertir que están destapando la “Caja de Pandora”. Mérida, Yuc.- Enero 4 de 2012

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Ciudad de México.- El obispo Samuel Ruiz murió hoy a causa de complicaciones en su salud, confirmó Pablo Romo, colaborador cercano del prelado.

Desde hace varios años, el obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, padecía diabetes y problemas respiratorios que se le complicaron y derivaron en una neumonía que lo mantuvo en terapia intensiva desde el viernes de la semana pasada.

Desde el pasado mes de noviembre, su estado de salud decayó tanto que incluso, a los obispos reunidos en la Conferencia del Episcopado mexicano oraron por su salud. De ahí, el obispo Samuel Ruiz constantemente tuvo recaídas y entró al hospital en varias ocasiones. De Querétaro, en donde vivía, fue trasladado en la ciudad de México y estaba internado Hospital Ángeles del Pedregal. Milenio

El Financiero en línea 25/04/09


Round celestial

México, 25 de abril.- La guerra contra el narcotráfico empieza a costarle al presidente Calderón más de lo que él mismo hubiera podido pensar. Además del desgaste ya notorio, de la imagen de las fuerzas armadas y la poca credibilidad de la sociedad en los resultados que se reportan, su gobierno ahora enfrenta fuertes cuestionamientos por parte de jerarcas católicos, un sector tradicionalmente identificado con el partido de la derecha.

Tras el dislate de la Procuraduría General de la República con su afirmación de que el obispo de Durango tendría que presentar denuncia formal para que la policía pueda ir tras el “Chapo” Guzmán, presumiblemente avecindado “más adelante de Guanaceví”, el clero mexicano criticó fuerte y claramente la estrategia anticrimen del gobierno.

La Conferencia del Episcopado en pleno apoyó la declaración del arzobispo de Durango señalando que no fue irresponsable y luego, en voz del obispo de Saltillo, Raúl Vera, cuestionó severamente los resultados de la guerra del gobierno contra el crimen organizado.

Vera dijo que en esta lucha contra las mafias no se ha tocado a los políticos coludidos con la “estructura que soporta al narcotráfico”.

Lo que nunca se hubiera esperado que dijera un prelado, el obispo de Saltillo lo expresó en señalamientos que revelan desencuentros entre la cúpula de la iglesia y el actual gobierno. El país vive ya un “terrorismo puro” y una “ausencia de autoridad” que le permite a las organizaciones del narcotráfico actuar con total impunidad, denunció quien hace unos años fuera obispo coadjutor de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, cuyo titular era ni más ni menos, Samuel Ruiz García.

Vera, quien se ha caracterizado desde aquella época; y ahora más, como obispo titular de la Diócesis de Saltillo; salió a la palestra, o mejor dicho, a la calle, después de un pleno del Episcopado Mexicano, para irse prácticamente a la yugular del gobierno calderonista con esta afirmación: “la corrupción dentro del Estado mexicano es algo que no se está tocando”

Qué casualidad -exclamó el obispo Vera, respaldando a su homólogo de Durango- que las únicas que no saben (dónde está El Chapo) son las autoridades; “o sea la impunidad nos viene de la ausencia de autoridad”.

Más claro, ni el agua bendita.

Pero si todavía quedara alguna duda, el obispo Vera, quien desde luego no hablaba a título personal, sino por la organización episcopal, fue más a fondo al afirmar categóricamente que el presidente tiene que darse cuenta de que su famosa guerra contra el narcotráfico es un fracaso.

Sobre la exigencia de la PGR al obispo de Durango, de presentar formal denuncia sobre el paradero de el “Chapo”, Vera precisó que los sacerdotes guardan el secreto de confesión y agregó que no es papel de la iglesia andar denunciando a criminales. Para eso, los ciudadanos pagan sus impuestos, para que el gobierno persiga y detenga a los delincuentes y así garantice seguridad a la población, sentenció.

Mientras, la secretaría de Gobernación envió un documento a los diputados del PAN en el que se les informa que de diciembre de 2006 al 24 de febrero de 2009 han sido detenidos 43 mil 609 personas vinculadas con el narcotráfico, de los cuales 5 son capos.

Seguramente, con este documento la SEGOB quiso ponderar el éxito de la lucha contra el crimen organizado, para que los diputados de Acción Nacional hagan lo propio en el Congreso, pero sin querer queriendo, les da la razón a los prelados, porque ¿solamente 5 capos?

¿O sea, que los 43 mil 604 restantes son narquitos o carne de cañón?

Rosaura Cruz de Gante

Periodista, consultora en comunicación. Becaria de la OEA en el diplomado “Ética Periodística en las Américas”. Comentarista en Radio Fórmula, 1470 AM. Ex presidenta del Club Primera Plana

Por: Gabriela Rodríguez

Es lamentable constatar que la Iglesia católica y el Estado están traicionando su misión; dos instituciones creadas para defender los derechos humanos se han convertido en lo contrario: encubridoras de violadores.


Dos hechos actuales muestran un mismo estilo de manejar el poder: la aparición de una hija del fundador de los Legionarios de Cristo y la investigación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre las víctimas de San Salvador Atenco. Múltiples violaciones y abusos sexuales perpetrados por personal eclesial y policial (e involucrado en drogas) han sido denunciadas públicamente y las víctimas reciben silencio e impunidad como respuesta de las más altas autoridades: el Papa, el gobernador del estado de México, el jefe de la Policía Federal Preventiva prefieren encubrir a los agresores y culpar a las víctimas, a fin de proteger “la imagen institucional”. En el primer caso se llegó a hablar de un complot contra el Vaticano (¡duro!, casi suena como el complot de AMLO) contra las instituciones democráticas; en el segundo, hay presos políticos.


El caso de los Legionarios es paradigmático. A fines de los años 90, una docena de seminaristas denunciaron ante los medios haber sido víctimas de abuso sexual de su líder religioso cuando eran púberes, tras enfrentar más de 20 años el silencio y la impunidad como respuesta a sus denuncias dentro del sistema jurídico de la Iglesia. Sin embargo, el papa Juan Pablo II nunca dejó de considerar a Marcial Maciel líder ejemplar para la juventud y, junto con los cardenales y el pontífice actual, bloquearon durante años el juicio contra él; “es mejor que ocho hombres inocentes sufran injusticia y no que miles de fieles pierdan la fe” (Fernando M. González, Marcial Maciel, Tusquets, 2006).


Ya como sumo pontífice en 2006, Benedicto XVI hizo válidas hasta cierto punto el sinnúmero de acusaciones de pederastia y toxicomanía, invitando a Maciel “a una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público”. Maciel no fue sometido a un proceso canónico ni secular como corresponde a cualquier delincuente, ahí actuó la lógica de proteger a la institución, ante todo, y amparar a los más leales, así sea necesario denigrar a las víctimas.


Los Legionarios apenas reconocieron por primera vez los crímenes de su fundador ante la prueba viviente de los abusos sexuales: una hija. La misma que ha amenazado con publicar un libro sobre su vida y la de su padre, a quien a veces le gustaban las niñas, y sobre su madre, violada a los 15 años por Maciel, quien entonces tenía 68 años.


El portavoz de la orden en Roma, Paolo Scarafoni, admitió: “estamos sorprendidos, entristecidos y desconcertados. No podemos negar la existencia de esos hechos, pero no deseamos entrar en más detalles por respeto a la privacidad de las personas afectadas”.


Ninguna referencia a los anteriores escándalos y es indignante que hasta la fecha, ni el Papa ni el actual director general de la orden ni Norberto Rivera ni Juan Sandoval Íñiguez hayan pedido perdón por haber calumniado tan gravemente a José Barba Martín, Juan José Vaca, H.A., José Antonio Pérez Olvera, Arturo Jurado, Alejandro Espinoza Alcalá, Félix Alarcón, Saúl Barrales, Miguel Díaz Rivera, Francisco González Parga, a tantos que sufrieron heridas en lo más íntimo de su masculinidad, y que se tragaron la vergüenza para hablar ante los medios y tratar de frenar los crímenes de la red de pederastas de ese ejército de soldados de Cristo, enfrentando a quien todavía concentraba todo el poder y los privilegios de las elites eclesiales, empresariales y políticas.


Esperamos que los ministros de la SCJN no encubran a los violadores de derechos humanos ni las agresiones sexuales a 31 mujeres de Atenco. De otra manera confirmarán la tesis de Roderic Camp (Cruce de espadas: política y religión en México, Siglo XXI, 1998), quien encontró que la influencia más importante del catolicismo en las sociedades latinoamericanas se produce en el ámbito de los valores y de la tradición orgánico estatista: “promueve un cierto estilo de educación política divulgando valores aprendidos en la interacción entre las autoridades laicas y las eclesiásticas, que comprenden la deferencia, la obediencia y el respeto a la jerarquía […] Otra área de influencia potencial es la educación de la elite a través de las preparatorias e instituciones universitarias, llega a una comunidad dirigente pequeña, pero influyente”; citada en el mismo texto, Larisa Lomnitz: “Asuntos como la moralidad familiar, la posición de los individuos dentro de la familia, la autoridad, la economía y la ideología política sólo se pueden entender y explicar adecuadamente desde el punto de vista del catolicismo”.


El encubrimiento termina deteriorando “la imagen institucional” o ¿quién cree hoy en la jerarquía eclesiástica, en los partidos políticos, en el Instituto Federal Electoral?


gabriela_afluentes@prodigy.net.mx

La Jornada 13/02/09

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