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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

“Antenoche fui a tu casa y me ladraron los perros/ Quise agarrar una piedra, y se me embarraron los dedos”. Bomba yucateca

La sensación de pequeñez e impotencia en los quehaceres políticos, lleva al sectarismo y al encasillamiento de capilla. Si a esto le sumamos el miedo ante lo incierto de una situación dada, que no se entiende, que no quiere entenderse, o que rebasa capacidad para afrontarla con relativa serenidad y buen juicio, a mi modesto entender ello deviene en paranoia política y esto es lo que se percibe en un régimen político agotado como el mexicano.

Paranoia política que induce a un autoritarismo defensivo e irracional, privilegiándose actitudes de intolerancia frente a fantasmagóricas imágenes que amenazan poner en riesgo seguridad y confianza.

El percibir un complot con el fin avieso de desestabilizar el país y oponerse con oscuras amenazas al proyecto de nación neoliberal que el gobierno adopta e impone pretendiendo con ello alcanzar estadios superiores de modernidad, crecimiento económico y bienestar general, sólo porque no se entiende o no se quiere aceptar que la sociedad está harta de partidocracia, corrupción, impunidad e inseguridad, no puedo sino encuadrarle en dicho padecimiento, que suele devenir en una indeseable violencia de Estado.

Lo hemos afirmado en estos modestos maquinazos. El Sr. Peña Nieto rebasado por acontecimientos por el nunca imaginados, e incapaz de generar aceptación y confianza en sus presuntas reformas estructurales como para que estas tersamente aterricen, expresa impotencia asumiendo actitudes paranoicas de intolerancia y ausencia de visión de Estado.

No encontrando más salida para administrar conflicto y crisis, que amenazar con el uso de la fuerza en defensa de su cuestionado y rechazado manojo de políticas públicas antipopulares, el control de daños por la cloaca destapada en Iguala, Gro., se le revierte y agudiza.

“El Estado soy yo” y hay de aquel o aquellos que se oponen a mi proyecto, es el mensaje, sin parar mientes en que en una sociedad plural aquejada por desigualdad y pobreza, no cabe ni es deseable el pensamiento único. El proyecto de nación impulsado por su gobierno, ni es el único ni necesariamente es el mejor. Imponerlo, bajo la premisa de que ha sido aprobado democráticamente por las diversas fuerzas políticas, cuando la opinión generalizada cuestiona a la democracia simulada, no es el mejor camino.

Empero, sin medir las consecuencias, a su voz, se suelta el desgarre de vestiduras y descalificaciones tratando de acallar ya no sólo la protesta social, sino todas las voces discordantes reflejadas en una prensa nacional e internacional que habiéndole ayer aplaudido y enseñoreado, hoy lo exhibe en la alfombra del escarnio.

Mala señal, como ya se encargaron voces calificadas de interpretar la paranoia presidencial. El más leve desliz de intolerancia y represión por parte del régimen político vigente, puede desencadenar situaciones lamentables al interior de un horno que no está para bollos.

Si de noche te ladran los perros, no intentes agarrar una piedra porque te embarras los dedos, dice una conseja popular yucateca, y en ella debería pensar el partido tricolor que, a su viejo estilo interpretando y haciendo suya la nada velada amenaza presidencial, exhibe a bote pronto intolerancia e incomprensión de la crisis, rompiendo lanzas contra “los enemigos de México” que, ocultos en el tapanco y con el pretexto de los normalistas y varios cientos más de desaparecidos y sembrados en fosas clandestinas, arman un “complot” para desestabilizar al gobierno y al país entero.

Tratar de combatir visiones fantasmales en la oscuridad de la noche con sectarismo trasnochado, podría costarle muy caro al PRI a y todo el país. La crisis es del régimen político en su conjunto, atañe a toda la clase política sin distingo partidista, así como a todos los mexicanos y así deberían entenderlo como bien lo interpreta el secretario de la Defensa Nacional, al afirmar que el problema no es del gobierno, sino que es un problema de Estado, que atañe a todos y con todos y entre todos debe buscársele solución.

Ubicar crisis, conflicto y movilización social en el terreno electoral, y en este estrecho contexto pretender minimizar los daños descalificando al adversario, es no entender génesis y desenvolvimiento histórico del descontento y el hartazgo social que hoy le explota entre los dedos al Sr. Peña, al PRI, y al régimen político en su totalidad.

Antes que embarrarse los dedos, bien harían los beligerantes priístas que hoy se desgarran las vestiduras blandiendo los palos, en ver, escuchar y sentir en carne propia el por qué una sociedad lastimada y dolida, cuyo único camino viable de protesta y resistencia es la manifestación de su descontento, toma la calle.

Sin comprenderlo con objetividad, el control de daños basado en descalificaciones y amenazas, habrá de revertírseles.

Confundir a tirios con troyanos, dejándose llevar por la imagen mediática de provocación y violencia que el mismo PRI construye y alienta, haciendo de lado que es el régimen político caduco el que está exhibiendo el alcance de su propio concepto de violencia con la barbarie que hoy todo México condena, solo expresa miedo a verse en el espejo.

Temor al reflejo de su propia pequeñez e impotencia, frente a un pueblo que está diciendo basta. Miedo a toparse de frente con el México bronco que anda en busca de histórica revancha. De ahí la histeria y paranoia frente a un conflicto anunciado que les tomara por sorpresa.

Lo hemos comentado, a mi juicio todos los partidos políticos comparten la misma tesitura. Todos, sin excepción, viendo moros con tranchete en el patio del vecino, se resisten a aceptar que son origen y consecuencia de lo que ellos mismos han construido. Hoy no pueden echar mano de la democracia como camino para administrar por la vía institucional crisis, conflicto y control de daños. La democracia simulada y secuestrada por la partidocracia, no responde en la coyuntura a sus propósitos, de ahí su miedo y de ahí su violenta reacción y su ocultar la cabeza en la arena frente a un fenómeno social y político que pone en duda su supervivencia.

Hojas que se lleva el viento

La Revolución Mexicana no está muerta. Toma un respiro para seguir adelante impulsada por la resistencia de un pueblo que reconstruye el hilo de la memoria histórica.

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Es de llamar la atención el que medios informativos no oficialistas, pongan énfasis en lo accesorio y callen ante lo sustantivo, exhibiendo la aldeana ocurrencia del secretario de gobierno de Veracruz, Erick Lagos, de armar un circo con acarreados en el Congreso local para ser aplaudido con motivo de su comparecencia en la glosa del IV Informe del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, y se pase por alto lo que el boletín oficial destaca como eje central de la participación de este mediocre funcionario menor en tribuna: “Gobernabilidad, paz social y estado de derecho durante estos cuatro años de administración”. ¡Vaya desfachatez! Y que insulto a la inteligencia de los veracruzanos.- Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2014.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Ace

Sin pena ni gloria, entre opacidad e indiferencia el Gobernador de Veracruz rindió su IV Informe de Gobierno.

Encubierto por la euforia oficial y rechifla a Peña Nieto en los tendidos durante la inauguración de los  Juegos Centroamericanos y del Caribe, la inquietud social por el crimen de Iguala, el empantanamiento del diálogo SEP-politécnicos, la irrupción de policías en la UNAM, la inocua participación de México en la cumbre del G20 en Australia, la amenaza presidencial de recurrir a la represión como recurso de Estado,  y las últimas paladas a la tumba del PRD vertidas por su líder moral, el mensaje a los veracruzanos del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa con motivo de su IV Informe de Gobierno pasó desapercibido.

¿Así lo planeo el gobernante, o la realidad le tomó con los dedos tras la puerta?

En días anteriores ya un columnista había advertido que con informe o sin éste, la opinión sobre el anodino desempeño del gobernante veracruzano no sufriría cambio alguno. Y así está sucediendo, nadie quiere saber ya de más mensajes triunfalistas, textos amañados, cifras maquilladas y promesas de lo que debiendo ser no será. Con o sin el ominoso escenario de un país en crisis, con cortinas de humo o sin éstas, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa y su gestión al frente de la administración pública estatal, ya está etiquetado en el imaginario colectivo como el peor gobernador que Veracruz ha padecido en los últimos tiempos, superando a su antecesor, padrino  y hacedor.

La realidad que vive la entidad veracruzana de ello se ha encargado. El oneroso dispendio de recursos públicos en la proyección mediática de la imagen del gobernante, y el ya clásico aquí no pasa nada reflejado en su mensaje a la ciudadanía, no ha sido suficiente para borrar lo que ya anida en la opinión pública veracruzana desde endenantes,  como imagen de un gobierno fallido.

Antes al contrario, entre más se hace gala de triunfalismo sin sustento, mayor es la indignación y rechazo a la palabra oficial.  No es pues de extrañarse que el mensaje y el mamotreto entregado al Congreso local, no alcancen ni siquiera para cubrir las apariencias.

La glosa del IV Informe que tendrá lugar en los próximos días, será pretexto para una nueva andanada mediática onerosa y a  modo, con los mismos resultados. Dimes y diretes de diputados rojos, azules y tornasoles magnificados por la prensa oficialista no cambiarán cosa juzgada.  

A falta de pan con sustancia, el circo deportivo y el deterioro creciente del clima nacional  seguirán ocupando el primer plano en el interés de una población harta de simulación de un gobernador que, rodeado de su séquito de saqueadores, prósperamente navega  en la cresta del arco iris.

Lo grave es que se inicia un período de más de lo mismo o de algo peor  a soportar a lo largo de los 24 meses que restan para el cambio de estafeta. Y este relevo, de seguir las cosas como van, no augura nada positivo para la entidad.

Hojas que se lleva el viento

Como estaba previsto, con Juegos Centroamericanos o sin estos, la capital veracruzana, ignorada y ninguneada no mejora en lo más mínimo. Xalapa, patito feo de los gobiernos priístas seguirá padeciendo atraso económico, desempleo, pobreza extrema, pésima imagen urbana y el caos vial de todos los días. Menos mal que al alcalde Américo Zúñiga ya se le prendió el foco y pugna por recomponer el tejido social nadando de a muertito, bajo el cobijo de su inversión con recursos públicos en proyección mediática de imagen.

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Ya hay suficientes señales de que a nuestra aldeana clase política se le ha hecho grumos el engrudo frente a lo que viene con la elección federal del 2015. Habiéndose cooptado a la oposición, sin esta todo se reduce a fuego amigo al interior del PRI. La conducción programática y operativa a cargo de dos damas de dudosa reputación  en el tricolor local y el anteponer la sucesión del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a los buenos propósitos por lograr en el 2015, ha dado al traste con la brújula. Nada extraordinario en una entidad federativa en el que la mediocridad y afán de saqueo sin límite, es la constante de quienes dicen gobernar.

Y a propósito de tal afán, ya es público y sabido del incremento de enriquecimiento más que explicable de los que tuvieran vela en el entierro con motivo de la inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Está en la naturaleza del nuevo PRI el no dar paso sin huarache. Para eso están y para eso los ponen donde hay.

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Mal augurio el  que con base en la sospechosa actuación de provocadores infiltrados en la protesta social se pretenda el que los justos paguen pecados ajenos. Más sospechoso resulta el que identificados los vándalos,  la autoridad deje hacer, deje pasar de la mano de medios de comunicación que agarrando parejo juzgan y condenan por igual al justo que al pecador. Cuidado, esta consabida estrategia del viejo régimen para administrar conflictos no es nada recomendable en un horno que hoy por hoy no está para bollos.

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Censura y autocensura en el ámbito de los medios de comunicación, pretendiendo acallar la voz de un pueblo ofendido, no es el mejor camino si lo que se busca es tapar el sol con un dedo. Más temprano que tarde la realidad se impone y tanto el que censura coartando la libertad de expresión como el que se hace cómplice  guardando conveniente silencio en resguardo a su participación en el pastel, pesos más pesos menos terminan por ser exhibidos.  El pueblo perdona pero no olvida.-

Xalapa, Ver., noviembre 19 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“El gobierno ya no puede ignorar la contradicción que existe entre el país pujante, moderno y en movimiento que se presenta al mundo, y el endeble Estado de Derecho que padece México de manera cotidiana”, CIDAC

Finalizando el mes próximo pasado escribí sobre la contradicción de un presidente de México que pretendiendo ganarse un lugar como estadista en el concierto internacional, en lo interno da palos de ciego mientras el país se le escurre entre los dedos.

De acuerdo a los últimos acontecimientos ampliamente difundidos por la prensa nacional e internacional, algo hay de eso, confirmando una percepción que gana consenso: el fracaso de Peña Nieto y sus reformas.

Señalaba que “Incongruencia tras incongruencia, el México cotidiano de millones de mexicanos no se corresponde con el México que el Sr. Peña Nieto pretende conducir a lo que el, los poderes fácticos, y sus círculos cercanos conciben como modernidad…”

La realidad lo confirma en el abigarrado mosaico nacional. La criminal masacre de normalistas en Iguala, Gro., y la ola de inconformidad y protesta que tal suceso provocara a lo largo y ancho del país, habla por sí de la existencia de dos Méxicos, el que el Sr Peña nos quiere vender con sus reformas presuntamente estructurales y el real que arrastra históricamente el peso de un subdesarrollo estructural no superado que se intenta suprimir por decreto y con una buena dosis de autoritarismo ciego.

Si. El México que llegando tarde a un neoliberalismo trasnochado se ofrece al mundo como paradigma de transformación, cambio y apertura a la modernidad, y el México bronco y profundo que, en medio de exclusión, desigualdad y la pobreza, exhibe las llagas abiertas de un subdesarrollo agravado por una constante de corrupción e impunidad que le corroe hasta los huesos.

Dos Méxicos que siendo contrarios entre sí, se entrelazan, alimentan y retroalimentan conformando como unidad indisoluble la realidad real de un país que no aprende de la historia.

El dos de octubre del 68 y el 26 de septiembre de 2014, marcan de manera indeleble el peso específico de una carga histórica de autoritarismo y violencia de Estado, en un México que secuestrado por los más oscuros intereses de un régimen político que se niega a sí mismo como instrumento de cambio y transformación, se regodea auspiciando inmovilidad y retroceso.

La contradicción se agudiza. El régimen político caduco ya no le es funcional al Estado mexicano; el subsistema de partidos políticos ya no da más ni ofrece muestras de renovarse. Entre el descrédito público, grosero pragmatismo y representación simulada, los partidos políticos nacionales y locales no cumplen ya con la función que la sociedad les asigna.

A los afanes “modernizadores” del presidente de México que exigen limpieza étnica y social para avanzar en la consolidación del modelo neoliberal de crecimiento que propone, la realidad real, la del México profundo, se le opone mostrando el puño cerrado de un pueblo que retomando memoria histórica, se organiza, moviliza y no cede en la defensa de soberanía nacional, territorio y derechos individuales y sociales conquistados a lo largo del tiempo.

Y en este proceso e agudización de contradicciones y crisis recurrentes de la vida económica, social y política, aún falta mucho por hacer para enderezar la nave, lo mismo trátese de imponer el modelo neoliberal en todas las regiones y sectores del país, que para frenar y dar para atrás a éste propósito. Los dos Méxicos, empantanados y confrontados, de seguir así las cosas habrán de vivir las páginas más ominosas de la historia moderna del país.

El PRI gobierno en su penuria moral no cejará en su intento de imponer el pensamiento único y la resistencia y protesta social irá en crescendo. Lo que hoy lamentamos calificándolo como crimen de Estado, es apenas la punta del iceberg de un Estado-Nación que en su deterioro y pérdida de rumbo cierto, todo cambia para seguir igual.

El vacío de poder y con ello la pérdida de control político y gobernanza, se hace presente en diversas regiones del país. El mismo Sr. Peña lo califica como un fenómeno grave que hay que detener, llamando a los gobernadores a cerrar filas en el fortalecimiento de las instituciones republicanas. No me lo dejen sólo, es el grito de auxilio del aprendiz de brujo, mientras el deterioro del tejido institucional y social avanza y se cuela como la humedad a todos los rincones del país.

Lo más grave es que como resultado de la agudización de las contradicciones, se derive hacia el camino de estériles luchas intestinas. Esperamos que no sea así, nadie desea en México una balcanización al estilo de Europa oriental. ¿O sí?… La interrogante queda en el aire.

Hojas que se lleva el viento

Y mientras el país decide si va al baile a invitación de las muchachas, en Veracruz su gobernador montado en la cresta del arco iris, se preocupa y ocupa del como librarse de los que “escupen para arriba”, sin la más mínima consciencia de que él es el problema.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

  • “Guerra sucia”

Corriendo la cuenta regresiva, el alcalde xalapeño se desentiende de la problemática más aguda que padece la capital veracruzana, evadiéndola y lavándose las manos dejando en manos de los gobiernos federal y estatal atención y y búsqueda de soluciones, por no ser de la competencia de la comuna una pronta y positiva respuesta. 

Seguridad pública, movilidad y vialidad, infraestructura urbana, limpia pública, transporte público, ambulantaje y caos en tianguis y mercados, entre otros, percibiéndose por la población como problemas no resueltos y de urgente atención, son el escenario local que en unas cuantas semanas servirá de marco a “los mejores Juegos Centroamericanos y del Caribe”. 

No hay suficientes recursos para paliar la situación, se insiste. Son más los problemas heredados y los que se acumulan en el presente, que la capacidad para hacerles frente con eficiencia y eficacia, pero si se cuenta con recursos de sobra para la promoción mediática de imagen del ya no tan joven Américo Zúñiga. 

A falta de resultados relevantes, imagen mediática, es el camino que a sí mismo se ha trazado.

Estando ya el evento deportivo a la vuelta de la esquina, es curioso el hecho de la poca o prácticamente nula involucración y entusiasmo de la sociedad civil, en unos Juegos que no logran su propósito distractor de alejar de la mente de los xalapeños una problemática hoy por hoy insoluble que requiriendo respuestas integrales, no acepta más parches. 

Todo mundo es consciente, menos la autoridad municipal, que el centro histórico de Xalapa, capital veracruzana, está diseñado para el tránsito de peatones y carretas, y no para un flujo vehicular de la magnitud que hoy registra la ciudad. El centro histórico, corazón de la capital siendo un verdadero nudo gordiano, colapsado afecta al resto de la mancha urbana. No obstante las recomendaciones de expertos extranjeros, movilidad y vialidad a lo largo y ancho del municipio exigen cirugía mayor y no más remedios caseros. En medio del desorden urbano, la inseguridad pública lejos de abatirse registra incrementos preocupantes, sustentado una percepción que deviene en malestar y protesta. 

También se es consciente de que la comuna de Xalapa se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado presionada por la opinión pública y, por el otro, la necesidad política de no contravenir lo que para un gobernador responsable de una administración pública estatal fallida, es prioridad mediática. Sin embargo, ello no justifica el pésimo desempeño de un alcalde que a sabiendas de las limitaciones a que se enfrentaría, prometió más de lo que hoy ofrece como resultados. 

El tiempo se acorta, la cuenta regresiva se acelera y la capital veracruzana sin respuestas que satisfagan su calidad de sede de un evento deportivo de interés si no mundial, cuando menos sí para los países centroamericanos y del Caribe. Lástima, la oportunidad de cambio y transformación con la sola designación de la capital como sede del evento, se pierde en medio de la demagogia, la grilla electoral y el hartazgo ciudadano. Xalapa seguirá siendo la peor dotada como capital estatal en la región sur sureste del país. Y a otra cosa mariposa… 

Hojas que se lleva el viento 

Apenas el miércoles pasado comentamos que se percibe un enfrentamiento entre el México de siempre, y el que pretende construir el actual régimen a partir de las reformas “estructurales” aprobadas por el Congreso de la Unión a instancias presidenciales. Las últimas noticias en el ámbito nacional lo confirman; el campesinado con su abandono, atraso y permanente deterioro así como los pueblos originarios con sus usos y costumbres,  estorban en el pretendido paso a la próspera modernidad.  

No siendo suficiente el asistencialismo oficial -hoy bajo la denominación de “Prospera”- para saciarles su hambre y mantenerles al margen,  también en paralelo se recrudece la fórmula del viejo régimen priísta de represión y, su corolario, la satanización y criminalización mediática, de todo movimiento social contestatario que atente contra el pensamiento único a que invita el Sr. peña Nieto convocando a la concordia entre diferentes, en torno a su proyecto de modelo de país.

La escalada de la guerra y la violencia institucional ya no tan silenciosa del régimen contra los pueblos originarios, contra los campesinos que defienden historia, tierra y territorio, así como contra los activistas que desde la clase media urbana se suman a la protesta y resistencia, está a la orden del día ocupando lugar destacado en la prensa no oficialista. Mexicanos enfrentados a otros mexicanos en pro y en contra de la modernidad neoliberal en un México contra México, en el marco del regreso del PRI a Los Pinos. 

Si no ayudan no estorben, es la consigna con la que se pretende justificar una nueva etapa de guerra sucia en México, en la que a la exclusión y despojo material y espiritual del “nuevo régimen” contra los olvidados de siempre, se suma la inseguridad pública creciente, en un país sin rumbo que transita al garete sin destino cierto.

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Veracruz no necesita de la gendarmería nacional, con nuestros propios recursos basta para mantener el clima de seguridad y certeza jurídica que priva en la entidad, dice su gobernador a los veracruzanos. En este marco el secretario de seguridad pública valida el uso de palos y machetes para la autodefensa de la integridad física y bienes materiales de la población. Buen retorno a la edad de las cavernas en el Veracruz de aquí no pasa nada. 

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Ha llegado el momento en que el exceso de presencia en los medios ya ni perjudica ni beneficia a los senadores priístas en su intención de alcanzar la gubernatura de Veracruz. Identificados con la traición a México, fuera del círculo estrecho de la clase política profesional y texto servidores a modo que esperan la oportunidad de llevar agua a su molino, nadie los pela. Y menos si llaman a celebrar con alegría un aniversario más de la independencia de un México que no logrando romper las ignominiosas cadenas del subdesarrollo,  la sumisión y dependencia, vende hoy soberanía, territorio y recursos nacionales al mejor postor.- Cd. Caucel, Yuc., septiembre 16 de 2014.

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José Enrique Olivera Arce

En apunte anterior consideraba a que a mi juicio el principal reto para Morena como naciente partido político, es al más corto plazo el democratizar su vida interna.  Condición sine qua non para trascender en la vida política de México.

Tras observar el comportamiento de la partidocracia dominante, cómplice en el Congreso de la Unión de la traición a México impulsada desde Los Pinos, parece que el reto planteado está fuera de lugar en un escenario en el que poco o nada tiene y puede hacer el partido naciente como oposición electoral y legislativa.

Ha quedado demostrado con  creces con un episodio de los más negros de la historia de México, que la vía institucional en el país está cerrada para una izquierda auténtica y consecuente. Luego en términos prácticos la democracia partidista, encasillada en sus propios límites termina por ser vulnerada y presa de un sistema que no acepta el libre tránsito más allá de lo permisible por sus propias reglas, objetivos y propósitos antidemocráticos.

Autoritarismo, imposición y talante antidemocrático bajo las reglas del juego de los dueños de las canicas, es el marco dominante. La voz disidente en el estrecho marco institucional cae en tierra estéril. Se legisla a modo, a conveniencia y  y en franca connivencia del PRI con el PAN, acatándose de espaldas a la voluntad popular inconsulta la consigna de un presidencialismo que vuelve por sus fueros. El debate parlamentario es letra muerta; por sobre el diálogo y razón de Estado se impone el interés de una minoría de notables ejerciendo dictatorialmente “el derecho” que deviene del secuestro de la voluntad ciudadana en una democracia representativa simulada.

A este escenario se suma por voluntad propia Morena, habiendo de entrada aceptado reglas del juego antidemocráticas que le condicionan tanto en lo electoral como en el ámbito legislativo no le es dado avanzar en un proceso de cambio verdadero. En tal condición, el nuevo partido terminará por jugar el papel de comparsa del PRI y del PAN en tanto no cuente con la mayoría en el Congreso de la Unión y su equivalente en las entidades federativas. Mayoría que teóricamente se obtiene en las urnas y que por principio le será vetada o escamoteada sujetándole a un marco jurídico que le es adverso, como está previsto en las reglas del juego que aceptara.

La única opción institucional valedera, sería cambiar tales reglas adecuándolas a las necesidades de avance y consolidación de nuestra incipiente democracia, con sustento en la participación consciente y responsable de las mayorías en un proceso ascendente de construcción de ciudadanía. Implicando ello enfrentar tanto a la partidocracia dominante como al poder público depositado en un poder ejecutivo federal contrario a los intereses más caros de la nación.

Contra la pared, aherrojado, las reglas aceptadas se lo impiden, o su comportamiento es modosito y dócil o pierde el registro y a otra cosa mariposa.

De ahí que  más allá de la imprescindible democratización partidista que asegure largo aliento a Morena, está el reconocer  por este y actuar en consecuencia, que bajo las reglas del juego aceptadas en el ámbito electoral y legislativo nació para perder.

Lo  cual implica que en su arribo a la vida política institucional requiera de algo más que el protocolario tránsito de la vía electoral para avanzar en la búsqueda del cambio verdadero que propone Andrés Manuel López Obrador, razón de ser del nuevo partido como expresión política de oposición desde las izquierdas; y ese algo más considero que es el mantener simultáneamente el carácter de partido político  y de movimiento social con una estrategia incluyente de frente amplio, haciendo suya sin sectarismo alguno la lucha reivindicatoria de las mayorías empobrecidas que se debaten entre el descontento, hartazgo y rechazo a un régimen neoliberal que “moderniza” para oprimir y vender a México. 

Sin un programa y una acción consecuente de  frente amplio que le vincule en la calle a las movilizaciones sociales, Morena, al igual que en su momento el PRD, doblaría las manos para terminar cediendo en el rejuego político electoral y legislativo dominado por la partidocracia. Ganar la calle navegando en el filo de la navaja, fortaleciéndose para pesar de manera determinante en la correlación de fuerzas con vías al rescate de la democracia representativa, es a mi juicio el camino.

Esta es mi opinión personal, faltaría ver si Morena no pierde de entrada el camino cayendo en un sectarismo de capilla como reflejo de impotencia de toda minoría electoral y parlamentaria, lo que daría al traste con lo que hoy muchos estimamos como esperanza para México. El tiempo lo dirá.

Hojas que se lleva el viento.

Tan respetable como vehemente la defensa de lo indefendible que la Sra. Doctora Zaida Alicia Lladó Castillo como priísta de cepa hace en su último artículo publicado bajo el título “Pobres o ricos, todos contamos en este país “. Está en su derecho y su vida entregada al PRI así se lo exige. El tiempo y y el fruto de la traición se encargarán de demostrar que la minoría de notables que gobierna en México navega en sentido contrario al sentir nacional, dividiendo y polarizando a los mexicanos en perjuicio del progreso y la anhelada prosperidad de un pueblo empobrecido.

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Sin necesariamente estar de acuerdo con los contenidos de los artículos autoría de la periodista Claudia Guerrero Martínez,  con ella me solidarizo y sumo a la indignación y repudio a que ha dado lugar la agresión que ésta destacada comentarista sufriera  a manos de la agrupación lumpen autodenominada “de los 400 pueblos” y liderada por Cesar del Ángel. No sólo se vulnera una vez más en Veracruz el derecho a la libertad de expresión, más grave aún, se confirma con la impunidad que el gobierno del estado brinda a esta pandilla de agresores la ausencia del Estado de Derecho en la entidad y la incapacidad de la administración pública para ofrecer seguridad y justicia a la gran familia veracruzana. Chelem, Yuc., 31/07/2014

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz, la protesta ciudadana anti-Peña se dio en las urnas

En un escenario de indiferencia popular ajena al tibio regocijo priísta, a los posicionamientos de diputados de las llamadas izquierdas, a la protesta de jóvenes violentos, y al mitin pacífico de “Morena” en el Monumento a la Revolución en la capital del país, alrededor de medio día de hoy sábado 1 de diciembre, Felipe Calderón entregó simbólicamente la presidencia de la República a su sucesor, Enrique Peña Nieto, cumpliéndose con el protocolo que mandata la Carta Magna.

El “presidente del empleo” deja el poder en un clima de claroscuros que confirma que nadie es monedita de oro. Reconocida su valía por unos y denostado por otros por lo que consideran condujera al país al borde de un Estado fallido, entrega la estafeta a un Enrique Peña Nieto igualmente aceptado por unos y rechazado por otros. Expresando ello el grado de polarización que, al margen de los partidos políticos,  priva a lo largo y ancho de México.

Sucesión presidencial y primer día de gobierno de Enrique Peña Nieto que se da en un clima de merma del Estado de derecho, deterioro del tejido social y cuestionamiento tanto de las instituciones republicanas como de la llamada clase política y el duopolio televisivo. El cambio, más que incitar a la celebración popular, ofrece barruntos de desconcierto e incertidumbre sobre el camino por transitar.

Por sobre la esperanza en la bondad de un nuevo escenario sexenal de trabajo y prosperidad, el fantasma del autoritarismo, desempleo, pérdida de calidad de vida e inseguridad de la gran familia mexicana, se otea un horizonte nada benigno para las mayorías. Escepticismo más que pesimismo se percibe en el ambiente.

La amenaza de los efectos de la crisis global, latente en diversos campos de la vida nacional, se materializa con focos rojos encendidos en la economía, con mayor énfasis en la familiar, sin que se vislumbre para el corto y mediano plazo alguna señal de blindaje efectivo frente a lo que viene.

Tiempos difíciles para México y complejo escenario a desentrañar para el presidente Peña y su mediocre gabinete . El qué hacer y el cómo hacer en lo inmediato, es la incógnita por resolver. Tanto en la coyuntura como en un horizonte de largo aliento, son muchas las prioridades, escaso presupuesto y base social de apoyo, la deuda es creciente y los reclamos rebasan ya la capacidad de respuesta eficaz de la administración pública,  lo mismo en el ámbito federal que en los estados y municipios. Por donde empezar, eh ahí el dilema para el nuevo gobierno.

Renglón aparte, 12 años de virreinato en las entidades federativas complican políticamente el panorama. Retomar el control y reordenar el ejercicio del poder en todo el territorio nacional, no va a ser fácil. Los partidos políticos, como instrumentos parcelados de control ahora al servicio de los gobiernos estatales, no fácilmente caminarán al ritmo que se les marque desde el centro renunciando a los intereses creados generados a lo largo de los displicentes mandatos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

El anuncio soportado en reformas legislativas de acabar con la manga ancha en los tres órdenes de gobierno, más que buena señal en las entidades federativas, es amenaza. Corrupción e impunidad sin dar cuenta y razón a nadie pesan mucho en el ánimo de los gobiernos locales. Alcanzar transparencia, oportuna rendición de cuentas y fortalecimiento democrático de ciudadanía, no entraba en los cálculos de la clase política de “provincia”. Se les acabó la fiesta y la música sonará en otra parte. Con el “rey muerto”, los virreyes son historia.

Restablecer el tejido social, recuperando confianza en el Estado de derecho y las instituciones, a la par que se enfrenta con visión de Estado a la crisis económica global, es el reto en lo inmediato. El presidente Peña tendrá que demostrar calidad de estadista, excelente administrador y talante democrático de su cuestionado arribo a la primera magistratura del país, conciliando los grandes temas y propósitos de su gobierno con lo que la gente espera del nuevo presidente. El México de hoy que recibe de Calderón Hinojosa así lo exige.

Hojas que se lleva el viento

No todo estuvo mal en el gobierno de Calderón Hinojosa, resultados positivos y rotundos fracasos, están en la balanza. La historia se encargará de tasarlos en su justa dimensión por lo que no proceden revanchismos a priori ni insensatas cacerías de brujas. En Veracruz es más lo que hay que agradecerle al chaparrito pelón de lentes, que lo que hay que echarle en cara. Xalapa le debe haber resuelto la demanda de más de diez años de un libramiento que aliviara a la ciudad de los riesgos del tráfico de transporte pesado por la Av. Lázaro Cárdenas, la más importante y de mayor aforo.

Con una inversión de más de cinco mil millones de pesos, con tecnología avanzada y una gran visión de futuro, el gobierno federal entregó el tramo “Perote-Corral Nuevo” de la autopista México-Veracruz, dotando a los xalapeños del ansiado libramiento, obra monumental que reduce tiempos y costos a los usuarios en los traslados lo mismo al Distrito Federal que al puerto de Veracruz. Vale la pena observar y valorar socialmente el Puente Xalapa”, portento de ingeniería a la altura del primer mundo. No se lo pierda.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Dos hechos aparentemente sin conexión alguna marcaron la semana dedicada a recordar a los héroes que nos dieron patria: la rechifla juvenil a Calderón Hinojosa y al precario presidente electo durante la ceremonia del Grito en el zócalo capitalino y, la agresión al director estatal del DIF, Antonio Neme Dib a manos de una turba enardecida en la cabecera municipal de Río Blanco, Veracruz. Estas dos manifestaciones deberían bastar al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de la entidad, para entender que el horno no está para bollos.

El Sr. no quiere aceptar que el hartazgo ciudadano obliga a irse con tiento, que su discurso machacón ofende y lastima cuando la realidad cotidianamente le desmiente. No entiende que el Veracruz de hoy, así como el país entero cambió; ya no son los tiempos en que sin mayor trámite fuera impuesto por Fidel Herrera Beltrán ni cuenta con los recursos presupuestales para irle tapando el ojo al macho. La ciudadanía está despertando de su largo letargo, no hace mella en esta el triunfalismo mediático de un gobierno ineficiente, ineficaz e incapaz de conducir con decoro y buen juicio a los veracruzanos. Más que anuncios fallidos, como bien lo apunta Alfredo Bielma en su leída columna, el pueblo quiere hechos tangibles, seguridad pública a la altura de las circunstancias, obra pública que enriquezca la vida social y productiva y, sin duda, honestidad y transparencia en la esfera gubernamental.

Mal hace el senador José Yunes Zorrilla en avalar y proponer se reproduzca a nivel nacional un programa como “Adelante”, que no pasa de buenos deseos a modo para proyectar la imagen de un gobernador que se descalifica a sí mismo, tratando de convencer a los veracruzanos de lo que la realidad niega. Veracruz marcha a la zaga lo mismo en materia económica que en seguridad, tranquilidad y calidad de vida de sus habitantes. “Adelante”, como quedara expuesto en Río Blanco con el seguro popular, habla de un asistencialismo fallido, su bondad se reduce a lo expuesto en el discurso oficial y la nota mediática del día.

Más que encubrir con fines futuristas al Sr. Dr. Duarte de Ochoa, los senadores veracruzanos, que en el Congreso de la Unión están llamados a ver por los intereses del estado, están obligados a expresarse con verdad reconociendo el atraso, e inmovilismo de la entidad federativa que dicen representar así como la simulación del gobierno duartista y actuar en consecuencia. Así lo exigen los electores que contra corriente les dispensaran el beneficio de la duda en las urnas.

Veracruz ya no es priísta, más que así se manifieste en la integración del Congreso local. Al partido tricolor pie a tierra se le oponen otras fuerzas políticas que el gobernante está obligado a reconocer, tolerar y respetar. Gobierna una sociedad plural y así debe entenderlo. Reprimir a un puñado de jóvenes que bajo la bandera de #yosoy132, haciendo uso de sus derechos individuales y sociales expresaran su inconformidad, no guarda congruencia con su repicar de campanas llamando a la unidad y, mucho menos, con su afirmación de que Veracruz marcha a la vanguardia en materia de procuración y administración de justicia.

La represión como instrumento de gobierno expresa debilidad e impotencia, fruto de absurdo y maniqueo sectarismo dogmático. Veracruz no es ya más el PRI, insisto. La derrota del presidente electo en territorio veracruzano lo dice con claridad. Al Sr. Dr. Duarte de Ochoa debe caerle el veinte y dedicar su escasa experiencia y capacidad a intentar gobernar para todos, si acaso está en su ánimo contribuir a la legitimación del Sr. Peña.

Hoy fue Río Blanco, cuna de la Revolución Mexicana. En Veracruz y en todo el territorio nacional, el horno no está para bollos, el hartazgo político, el estómago vació y la percepción de inseguridad y pérdida de expectativas de bienestar en amplios sectores de la población, son combustible propicio en épocas de sequía. No debe auspiciarse que con autoritarismo e intolerancia se incendie la pradera.

Hojas que se lleva el viento

Mal inicio de la anticipada tournée de Peña Nieto en América Latina. La aceptación, reconocimiento, autoridad y liderazgo en el ámbito internacional se construyen y se ganan, no se inventan.  Con un mensaje a favor del libre comercio el precario Sr. Peña se presenta con las manos vacías ante los gobernantes de la mayoría de países latinoamericanos que han rechazado el camino del neoliberalismo. Cd. Caucel, Yuc., 19/09/2012

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Informador

Gobernador de Veracruz

CIUDAD DE MÉXICO (19/OCT/2011).-La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) promovió ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una acción de inconstitucionalidad para impugnar el artículo 373 del Código penal de Veracruz que contempla el delito de Perturbación del orden público. En su demanda, la CNDH argumenta que esa disposición es inconstitucional porque es contraria a los derechos de legalidad, seguridad jurídica, exacta aplicación de la ley penal y libertad de expresión, tuteladas en la Constitución federal y en diversos tratados internacionales suscritos por México.

Congreso de Veracruz

 Comunicado de prensa

Se reformó código penal para tipificar el delito de perturbación del orden público

El Congreso de Veracruz aprobó adicionar un Capítulo III al Título XXII, así como el artículo 373 del Código Penal del Estado, a fin de tipificar el delito de perturbación del orden público. 

De esta manera, se establece que a quien, por cualquier medio, afirme falsamente la existencia de aparatos explosivos u otros; de ataques con armas de fuego; o de sustancias químicas, biológicas o tóxicas que puedan causar daño a la salud, ocasionando la perturbación del orden público, se le impondrá prisión de uno a cuatro años y multa de quinientos a mil días de salario, atendiendo a la alarma o perturbación del orden efectivamente producida. 

Cabe destacar que los elementos del tipo delictivo se constriñen a la falsedad de la afirmación y a la intención de perturbar el orden público, con absoluta independencia del medio que se emplee, puesto que no se trata de criminalizar el uso de cualquier medio de expresión o comunicación, sino la intención de alterar el orden, la falsedad de la información y la causación efectiva de una perturbación, de la cual dependerá la sanción que deba imponerse.

Nota: De acuerdo con el comunicado, basta que a juicio de las autoridades se alegue algo tan subjetivo como la “intención”, para que se configure el delito. Esto es sumamente grave, poniendo al gobierno de Veracruz en el camino de la represión de la crítica o protesta social.

De interés público

Emilio Cárdenas Escobosa 

De no suceder algo extraordinario este martes el Congreso del estado habrá de aprobar la iniciativa del gobernador Javier Duarte por el que se tipifica el delito de perturbación del orden público, salida legal al alud de críticas por los cargos con que se detuvo y sometió a proceso a dos personas que haciendo un uso libérrimo para unos o irresponsable para otros de las redes sociales, se dieron a la tarea de reproducir mensajes y alertas por unos supuestos hechos de violencia –que resultaron falsos-  que amenazaban la seguridad de escolares y de la población de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río el pasado 25 de agosto.

Este episodio ha dado lugar a múltiples señalamientos en contra del acto de autoridad, de interpretaciones sobre los límites a la libertad de expresión, de justificaciones sobre el imperativo de publicitar sucesos que de otra forma son reservados y escondidos cual documento oficial, de explicaciones de abogados y penalistas sobre la necesidad de sancionar conductas que causaron alarma y pánico en paterfamilias y ciudadanos, de columnas y comentarios de comunicadores que critican acremente cualquier intento de regular lo que se dice en medios públicos como son las redes sociales.

El mar de posiciones que se han vertido al respecto, negativas las más para la imagen gubernamental, llevaron finalmente a la administración estatal a buscar la manera de atenuar la condena pública y buscar una salida jurídica a este embrollo. Salida que encontraron en la tipificación de un nuevo delito que tendrá una penalidad menor y por ende permitirá aplicarlo a los twitteros bajo proceso, quienes podrán solicitar su libertad bajo caución y por ende aceptar su culpabilidad en el hecho. Ello, desde luego, en el entendido que sus abogados decidan acogerse a la nueva norma y dejar de lado el camino seguido hasta ahora de buscar la protección de la justicia federal.

Lo relevante de esta sui géneris forma de sacar las castañas de la lumbre es que con la nueva tipificación penal, de la que han señalado con amplitud los voceros oficiales y oficiosos que no se trata en modo alguno de restringir o amenazar la libertad de expresión, nos remite a una historia que los mexicanos de la segunda mitad del siglo XX conocen muy bien: cuando existió el delito de disolución social, en el famoso artículo 145 del Código Penal mexicano que según diversos juristas fue utilizado para tipificar derechos como delitos.

Desde luego que la reforma que se propone al Código Penal veracruzano hace énfasis en que se imputará el delito de perturbación del orden social a quien cause alarma a través de afirmaciones falsas referentes a la existencia de situaciones como la colocación de bombas o explosivos, la realización de ataques con armas de fuego u otras similares que causan alarma, desasosiego, pánico o movilizaciones de personas de manera descontrolada y anárquica en virtud del temor de que ellas o sus seres queridos puedan ser víctimas de un atentado violento que ponga en peligro sus vidas o su integridad física. Y que se requiere además que la perturbación ocurra en los hechos, con lo cual queda claro que no se sanciona la expresión realizada, sino el efectivo daño causado, como señala la exposición de motivos.

No obstante, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y eso es lo que pasó en el México de los años cuarenta cuando se estableció  el delito de disolución social en un contexto y con objetivos muy distintos a los que habría de servir al final y que llevó a la persecución de cientos de disidentes del monolítico régimen político de aquellos tiempos.

Recordemos que esta norma surgió en una época muy compleja para la seguridad nacional del país como fue el inicio de la Segunda Guerra Mundial, por lo que en el año de 1941 el entonces Presidente Manuel Ávila Camacho envía una iniciativa al Congreso de la Unión, que adicionaba el delito de espionaje en tiempos de paz y creaba, en el artículo 145 del Código Penal, el tristemente célebre delito de disolución social, que a la letra decía:

“Se aplicará  prisión de dos a seis años, al extranjero o nacional mexicano, que en forma hablada o escrita o por cualquier otro medio realice propaganda política entre extranjeros o entre nacionales mexicanos, difundiendo ideas, programas o normas de acción de cualquier gobierno extranjero que perturbe el orden público o afecte la soberanía del estado mexicano.

Se perturba el orden público, cuando los actos determinados en el párrafo anterior, tiendan a producir rebelión, sedición, asonada o motín.

Se afecta la Soberanía Nacional cuando dichos actos puedan poner en peligro la integridad territorial de la República, obstaculicen el funcionamiento de sus instituciones legítimas o propaguen el desacato de parte de los nacionales mexicanos a sus deberes cívicos. . . ”

Era evidente en el texto del artículo que la iniciativa de Ávila Camacho tenía como objetivo central preparar a la nación para la inminente conflagración mundial y la consecuente amenaza nazi-fascista en México.

No obstante, pasados los peligros de la amenaza externa, el delito de disolución otorgó a los funcionarios responsables de perseguir y juzgar los delitos de total discrecionalidad para sancionar conductas que son legales en toda sociedad. Así, en las décadas posteriores se echó mano de esa acusación para perseguir a la población por realizar actos pacíficos de resistencia civil o manifestaciones públicas para defensa de sus derechos sociales y colectivos.

Con esa arma, desde la segunda mitad de la década de los cincuenta el gobierno federal se dio a la tarea de combatir con toda la fuerza del estado los movimientos de médicos, electricistas, petroleros, telegrafistas, maestros, y a los protagonistas de la gran huelga ferrocarrilera de 1958-59, cuyos principales dirigentes, Demetrio Vallejo y Valentín Campa, fueron encarcelados y sentenciados a 16 años de prisión acusados, ¿sabe de qué?, pues del delito de disolución social.

De entre los mexicanos célebres por haber purgado penas por ese delito figuran, además de los líderes históricos del movimiento ferrocarrilero, el pintor David Alfaro Siqueiros y el periodista Filomeno Mata, condenados en 1960 a ocho años de cárcel y que habrían de ser indultados años después.

Escribe Carlos Monsiváis en un artículo publicado en El Universal en el año 2006 a propósito de las voces que alertaban de las intenciones del naciente gobierno de Felipe Calderón de revivir el delito de disolución social: “¿De qué se acusa en 1960 a Siqueiros y al periodista Filomeno Mata, ‘culpables’ de discursos demoledores, denuncias de la antidemocracia y exigencia de libertad de los presos políticos? La PGR los encausa por los delitos de disolución social, injurias contra agentes de la autoridad, resistencia de particulares, ataque peligroso y portación de arma prohibida. (Les falta añadir ‘pensamientos impuros no clasificados’)”.

En 1968 el movimiento estudiantil precisamente tuvo como una de sus demandas centrales la derogación de los Artículos 145 y 145 Bis del Código Penal. Y fue eso lo que llevó a la cárcel a decenas de estudiantes, acusados de una larguísima lista de delitos, entre ellos, el que pedían fuera derogado. No obstante, para diversos analistas, el Movimiento del 68 más allá de constituir el punto de partida de las posteriores transformaciones del régimen y de nuestra vida democrática, tuvo como uno de sus productos notables el trastocar el orden jurídico mexicano con la derogación, en 1970, de los artículos que comprendían la tipificación del delito de disolución social.

¿Cuál es la enseñanza de esta historia? Que el terreno que se pisa cuando se deja al arbitrio de la autoridad la interpretación de cuestiones subjetivas como alterar el orden, perturbar la paz pública o causar alarma entraña peligros reales para las libertades democráticas.

Lo menos que se debe preguntar es ¿quién va a decidir qué es o no una alarma o lo que estaría perturbando la convivencia? Si la realidad cotidiana es de por sí alarmante y perturba la tranquilidad de cualquiera, entonces hablar de esa realidad ¿será motivo para que se encarcele a cualquiera que reseñe, informe, twittee o haga la crónica espontánea de los días aciagos que vivimos? Lo mismo puede decirse del criterio que se aplicará para determinar cuándo un comentario o una noticia son alarmantes o cuando son realistas? Eso es lo que complicado y peligroso, en su caso.

Lo relevante es, al final, que los nuevos tipos delictivos que se crean o los que estén en camino de establecerse dada la delicada situación que se vive en materia de seguridad pública no sirvan en lo absoluto para dar vestidura de legalidad a decisiones autoritarias presentes o futuras. Que no se parta de un objetivo que puede ser respaldado por muchos, como lo fue en 1941 el establecimiento del delito de disolución social ante la amenaza de la guerra, y termine, como en el periodo 1958-1969, en justificación legal para persecución y encarcelamiento de disidentes.

Lo ideal –siempre lo ideal- es pugnar en todo caso porque el gobierno amplíe el abanico de libertades, los espacios de expresión y se deje atrás la creencia de que lo mejor para el minusvalorado ciudadano es darle solo la “verdad oficial” y asegurarse por la vía de la amenaza legal de que no hay de otra.

La tolerancia con lo diverso, con otras voces, con las protestas e inconformidades sociales en las plazas públicas, en las redes sociales, en los medios de comunicación, que son naturales y explicables en un entorno de crisis institucional, de seguridades y certezas respecto al futuro amenazadas o canceladas, es siempre la mejor receta y el camino menos sinuoso para conectar con los gobernados.

La historia deja lecciones que deben rescatarse y experiencias que bajo ninguna circunstancia debemos repetir.

Solo la tolerancia, la verdad y la justicia sin artificios nos harán libres.

jecesco@hotmail.com

www.cronicadelpoder.com 

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