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Category Archives: Seguridad y justicia

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin el menor asomo de respeto a la inteligencia de los veracruzanos, gobierno, partidos políticos  y medios de comunicación afines, reducen el quehacer político a un pedestre ejercicio de intercambio de dimes y diretes, chismes y especulaciones sin sustento, privándole de propósitos, objetivos y tareas trascendentes.  Haciendo prevalecer el interés coyuntural de una minoría social por sobre el interés común de una sociedad lastimada, ofendida, harta de más de lo mismo, sin rumbo claro ni timonel, que día con día acusa mayor deterioro lo mismo en su percepción de inseguridad que en sus perspectivas de bienestar y sana convivencia entre diferentes.

Los obligados a dar seguridad, certeza y expectativas de progreso, han reducido a la vida política de la entidad a un lastimero, enfermo  y larvario estado de cosas, en el que la nota dominante de cada día está llamada a profundizar más y más  en el estercolero antes que el intentar buscar una salida medianamente racional a la crisis que tiene postrado a Veracruz.

Empero, la lumpen política no es privativa de la entidad jarocha. El país entero transita por el mismo empantanado detritus fruto de la corrupción, pérdida de rumbo y ausencia de un timonel con hechura de estadista. El bien común sometido a los intereses malsanos de pandillas sin escrúpulos. Reflejando, insisto por enésima vez, el punto de quiebre de un régimen obsoleto con fecha de caducidad vencida que se hace acompañar de un modelo económico y social agotado.

Perdidas las formas, pero sobre todo el mínimo respeto a la ciudadanía, el cinismo, descaro, simulación y corrupción en todas sus manifestaciones de la llamada clase política, se impone por sobre la razón de Estado. Correspondiéndole a la sociedad en su conjunto el pagar los platos rotos en tanto que la minoría favorecida con la lumpen política a modo, no teniendo llenadera se despacha a su antojo con la cuchara grande.

Para infortunio de las mayorías, empobrecidas material y moralmente, estas se niegan a ver más allá de su ombligo. Guardando silencio cómplice o siguiéndole el juego lo mismo a la llamada clase política, que a los medios de comunicación afines cuyo interés último es hacer negocio con el morbo popular, fruto de la ignorancia o el valemadrismo cuidadosamente sembrados en la sociedad por la misma lumpen política del régimen caduco.

Y es en este marco referencial en el que se ubican los procesos electorales del 2017 y 2018. Mientras la llamada clase política y medios de comunicación afines hace su agosto hurgando como distractor entre su propio estercolero, las mayorías, salvo contadas excepciones en resistencia, se aprestan a sufragar validando con su voto la supervivencia de un régimen que ya les es ajeno. ¿Hasta cuándo?

Hojas que se lleva el viento

El que tenga limpia la cola, con autoridad política y moral que lapide la casa del vecino, caso contrario calladito se vería más bonito. ¿O no es así gobernador Yunes Linares?

La deshonestidad intelectual también es corrupción.

Cd. Caucel, Yucatán, abril 26 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 “La naturaleza política de la democracia, puede mirarse a través de tres elementos generales…: lo primero que la democracia exige es que todo su engranaje tenga como base el reconocimiento de los derechos humanos y estos cuenten con plenas garantías para su realización, pero a la vez que sirvan como limite al poder del Estado; lo segundo que haya una efectiva separación e independencia de los poderes públicos y que las leyes no sean usadas como arma política; y lo tercero que la representatividad, las autoridades tengan legitimidad y atiendan y actúen siguiendo las demandas de los diversos grupos sociales y su discurso aliente la elevación de la conciencia política y social de la ciudadanía.- Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Siguiendo esta línea de pensamiento de Restrepo Domínguez, cabe preguntarse si en nuestra incipiente democracia con las condiciones de descomposición política y social que hoy día prevalecen a lo largo y ancho del país,  Enrique Peña Nieto tiene razón cuando afirma que: “Quienes dicen que México está en crisis, es porque la tienen en la mente” (xeu.com-mx 28/03/2017).

Si la sociedad mexicana atravesara por un proceso de polarización en el que más o menos la mitad de la opinión pública percibiera que todo marcha bien, que la corrupción y la inseguridad acompañadas del desempleo, desigualdad y pobreza, únicamente anidan en la mente de quienes resistiendo se oponen a la versión oficial, la aseveración presidencial encontraría eco calificándose como acertada. Empero, la terca realidad indica que tal polarización no existe, ni los consensos se dividen por partes iguales, las mayorías no solo perciben el estado crítico del Estado mexicano, en su cotidianeidad lo viven en carne propia.

En lo político el régimen acusa una crisis terminal de principios y valores que se refleja en la ausencia de honestidad, representatividad y legitimidad en una democracia representativa secuestrada por la partidocracia, mermando credibilidad y confianza en las instituciones.

En lo económico, las reformas estructurales neoliberales impulsadas por Peña Nieto y sus aprendices de brujo, lejos de estimular crecimiento y desarrollo agudizan estancamiento y retroceso,  tanto en el aparato productivo como en unas finanzas públicas que dejaran de contar con la “gallina de los huevos de oro”.

En lo social, la inseguridad pública y criminalidad en ascenso en todas sus denominaciones, siendo el pan de cada día conviven con exclusión, salarios de hambre y desempleo creciente,  estimulando lo mismo la reproducción ampliada de la economía informal, la desigualdad y la pobreza que la migración de compatriotas que buscan en el extranjero mejores oportunidades; resultando nugatoria la obligación del Estado por preservar el reconocimiento de los derechos humanos otorgando plenas garantías para su realización.

 “No vivimos en el peor de los mundos…” afirma Peña Nieto. Pero tampoco México es el mejor cuando más de 50 millones de mexicanos carecen de la seguridad de saber a ciencia cierta si comerán mañana.

Si esto no configura la condición de crisis del Estado mexicano, efectivamente con toda certeza el Sr. Peña nieto se expresa con verdad. Luego entonces, más que reprobar su mandato cabe elevar nuestro nivel de aceptación, reconociendo que por sobre una percepción equívoca de una mayoría “ignorante” que ve moros con tranchete, debe imponerse el pensamiento lúcido, coherente y congruente de la minoría ilustrada que hoy por hoy nos conduce al despeñadero. Cuestión de enfoques.

Hojas que se lleva el viento

Mientras a Veracruz le va como en feria viviendo en plena penuria política, económica y social, nuestra aldeana expresión de la partidocracia preocupada y ocupada en la arrebatinga electoral, en una disputa de todos contra todos por ganar el derecho a colocarse donde hay… o había antes del saqueo.

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A la Confederación Nacional Campesina lo único que le queda como reminiscencia de su histórico papel como paladín del agrarismo, es el sombrero de ala ancha de sus hoy dirigentes, encumbrados terratenientes millonarios.

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El alcalde xalapeño, Américo Zúñiga, dispuesto a vender caro su apoyo al candidato del PRI al gobierno de nuestra ciudad capital, le pisa duro al acelerador rescatando el voto duro entre las organizaciones de tianguistas y vendedores ambulantes que, a últimas fechas,  les ha dado por poner sus barbas en remojo simpatizado con las propuestas de MORENA… por si acaso.

Xalapa, Ver., 29 de marzo de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No es lo mismo el adeudo a empresarios que el no pago de salarios a los trabajadores. En el primer caso el tema es de carácter mercantil, en el segundo, es una flagrante y consentida violación a un mandato constitucional. Luego no se vale que los primeros, a río revuelto, pretendan se les meta en el mismo saco en la asignación de prioridades en el proceso de pago de adeudos del gobierno estatal.

Primero lo primero y, si alcanza, ya mañana dios dirá. Así de simple, puesto que el horno no está para bollos.

Y ya que se toca el tema del cuento de nunca acabar, vale señalar que si en nombre del orden y gobernabilidad se contempla reprimir a los trabajadores inconformes, el gobierno estatal debe pensarlo dos veces, toda vez que quién está violentando el espíritu de la ley y dando lugar al desorden, es el empleador omiso y no los asalariados. Creo que esto debe quedar claro para no confundir a una ciudadanía que se dice cansada de marchas, plantones y bloqueos y a la que el por ahora gobernador electo curándose en salud responde con un llamado a evitar desorden y caos en la entidad.

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Hojas que se lleva el viento.

Más chingones que bonitos, tanto la desfondada Secretaría de  Finanzas y Planeación del gobierno estatal como el Congreso local, que por voz de sus personeros hacen gala de una simulación que ya no se corresponde con la dinámica social de una entidad federativa que, para bien o para mal, ya no es la de endenantes.  

La dependencia del ejecutivo, sin un clavo ni para papel higiénico, presenta a la LXIV Legislatura para su análisis y aprobación, en su caso, el proyecto de presupuesto de ingresos y egresos para el 2017 que, en números redondos, supera los 100 mil millones de pesos, declarando la titular de Sefiplan, Clementina Guerrero García, que  “…el proyecto está elaborado con la metodología presupuestal basada en los estados y modelos preferentemente señalados por el Instituto Mexicano de la Competitividad”.

Por su parte, la presidenta de la mesa directiva de la Legislatura local, diputada María Elisa Manterola Sáinz, siguiéndole la corriente a Doña Clementina, expresa su beneplácito ante un proyecto de presupuesto “histórico”, puntualizando que “Se buscará una concordancia entre lo propuestado y el propio  Plan Veracruzano de Desarrollo 2016-2018, que también analiza esa soberanía, toda vez que el gobernador electo, lo entregó en tiempo y forma”.

En ambos casos, se antepone protagonismo al sentido común, cayéndose en la vieja y manida fórmula del engaño y la manipulación mediática, considerándose que los veracruzanos se siguen chupando el dedo.

El proyectar un presupuesto de ingresos y egresos gubernamental, sea cual fuere la metodología seguida para su elaboración, no se puede sustentar sin una evaluación seria de la situación que guardan las finanzas públicas estatales para de ahí, como punto de partida, establecer la relación ingreso-gasto de la administración pública estatal para el periodo contemplado. Evaluación que, de acuerdo con lo declarado por la propia titular de SEFIPLAN, aún no concluye ni arroja resultados definitivos que puedan ponerse a consideración de la Secretaría de Hacienda para una negociación ulterior.

El sentido común, dada la situación que guarda una administración pública quebrada, obliga a pensar entonces que en orden de preeminencia debería jerarquizarse como prioritario primero el saber a ciencia cierta de que punto de partida estamos hablando. Más existiendo la incertidumbre respecto a la disponibilidad y montos de recursos frescos, que la federación está dispuesta a aportar como respaldo a una entidad federativa en condiciones de desastre.

En tanto la opinión pública no tenga claro lo anterior, no cabe echar las campanas al vuelo, sin conocer aún con cuanto se contará una vez descontado de los 100 mil millones presupuestados, el pago de deuda y su servicio, so pena de quedar en ridículo y seguir dándole vueltas a la noria.

También, recurriendo al sentido común, no procede afirmar que se buscará la necesaria concordancia entre el proyecto de egresos y el llamado “Plan Veracruzano de desarrollo 2016-2018”, cuando el pleno de la actual Legislatura presumiblemente aún desconoce alcances, contenido y exigencias financieras de un instrumento legal a todas luces cuestionable y aún en proceso de estudio en comisiones.

La simple lógica formal indica que primero hay que conocer la disponibilidad real de recursos para, de ahí, validar o ajustar estrategias, objetivos y metas por alcanzar en el período proyectado. Esto lo conoce a la perfección cualquier ama de casa responsable de la administración del ingreso familiar, si no quiere fracasar en el intento. No se puede programar el gastar por anticipado un dinero cuya disponibilidad futura está en veremos, salvo endeudándose y, para el caso Veracruz, es algo así como imposible, no más deuda es el sentir en el imaginario colectivo.

Todo ello en un plazo límite de apenas siete días para que tanto el proyecto de leyes de ingresos y egresos como el llamado “Plan Veracruzano de Desarrollo” sean analizados y aprobados, en su caso, por el pleno de diputados para su promulgación y vigencia. Instrumentos que a su vez, para materializarse y puesta en práctica, requieren de un aparato gubernamental hoy por hoy, ineficaz y corrupto que debe ponerse a tono con propósitos, estrategias y estilo personal de gobernar de Yunes Linares.

Esto, en un escenario social de descontento, desconfianza y hartazgo, en el que el nuevo gobierno está obligado a caminar con pies de plomo para no resbalar.

No nos engañemos ni engañemos si de oxigenar el cotarro se trata. Ya lo decía la abuela pontificando: el que mal empieza mal acaba.

Xalapa, Ver., 24 de noviembre de 2016.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Si para amplios sectores de la población el presidente Peña no se hace merecedor a confianza y credibilidad, y lo mismo podría decirse de los gobernadores, procuración y administración de justicia y partidos políticos, la pregunta obligada, a tres meses escasos de las elecciones del 2015, es ¿por qué sí se debe creer y confiar en el Instituto Nacional Electoral?

¿Es acaso entre todas las instituciones republicanas la joya de la corona, hoy fuera del alcance de la simulación y corrupción impune? ¿O es una pieza más en el juego perverso de la partidocracia en el afán de esta por mantener secuestrada y bajo control a nuestra incipiente democracia representativa?

El reto para el organismo, ya encarrilado el proceso electoral sería demostrar que efectivamente es digno de confianza y credibilidad para que, en su papel de organizador y árbitro de los comicios venideros justifique ante el pueblo de México la razón de su existencia.

Y esto, a mi juicio, por lo que se alcanza a percibir en las crónicas periodísticas, está en chino. La descomposición del régimen político conforme pasan los días se observa transita montada en un tobogán sin control, reflejándose en un estira y afloja al interior del INE en el que los partidos políticos, cada uno por su lado, pretenden imponer lo que mejor conviene a sus intereses de coyuntura, trasladando su crisis de representación a una institución presuntamente ciudadana. Poniéndose en evidencia el cada vez mayor divorcio entre la clase gobernante y las subordinadas.

La brecha se amplía y no se observan los necesarios puentes para acotarla y achicarla, antes al contrario, lo que se percibe es un conjunto de puentes rotos que entre acuerdos en lo oscurito, medias verdades y medias mentiras, acompañados de hechos concretos en la vida cotidiana de la población, no ofrecen seguridad alguna de que el divorcio en el corto plazo llegue a buen término.

Credibilidad y confianza en el régimen político e instituciones se dan por perdidas e incluso, el gobierno de Peña Nieto por conducto de su secretario de hacienda, reconoce que sin éstas no hay forma de aterrizar y concretar objetivos y metas del proyecto de país pensado y diseñado en Los Pinos. Para la cúpula empresarial esto es mala señal y ya exigen claridad y mano dura para enderezar el rumbo del país.

Entre la población el dilema entre votar y no votar en los próximos comicios, se alimenta de esta falta de confianza y credibilidad y, en el mejor de los casos, el debate deriva a los terrenos del por quién votar, cuando frente a la oferta partidocrática no hay opción; cada partido selecciona a sus candidatos de manera vertical, de arriba hacia abajo, sin consulta previa con sus bases y menos con los millones de votantes llamados a sufragar. En este escenario antidemocrático Morena no es la excepción, con una auténtica vacilada que le iguala con sus adversarios irresponsablemente recurre a “la tómbola” como fórmula de selección, supeditando la democracia partidista a pedestre lotería.

Tocaría al Instituto Nacional Electoral el poner orden y reencauzar el proceso electoral por el sendero de una auténtica democracia representativa. Y no es así. Luego el reto de muy corto plazo de restaurar confianza y credibilidad para unos comicios exitosos, parece serle inalcanzable al organismo electoral. La partidocracia impone su crisis y arrastra por un conflictivo rumbo a lo que debería ser instrumento al servicio de los votantes. Malo para México, pésimo para las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos.

Hojas que se lleva el viento

El forcejeo en el Senado de la República para sacar adelante la ley anticorrupción, refleja una pugna sin cuartel en la que cada partido ahí representado pretende imponer su propia visión e intereses en un tema de la mayor relevancia para el país. Hasta este momento, vía negociaciones en lo oscurito parece que la discusión en comisiones está llegando a su término con un aparente consenso que deberá ser ratificado en el pleno. El acuerdo, en congruencia con las condiciones generales que se viven en el país, parece estar sustentado en una expresión más de gatopardismo que se concretará en una ley sin dientes que dejará incólume a no dudar una lacra histórica que no se acabará por decreto. Borrón y cuenta nueva, no se barrerá para atrás y todos felices y contentos.

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Frente a la tormenta que azota a la administración pública veracruzana, calladito se vería más bonito el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, dejando que el área técnica de la secretaría de planeación y finanzas haga su trabajo en el arduo compromiso de justificar lo que a todas luces parece injustificable. El anticiparse expresando con optimismo que las observaciones puntuales de la Auditoría Superior de la Federación a su gobierno serán solventadas en forma y fondo a la mayor brevedad, sin realmente contarse con elementos fiables de que así será, más agita el cotarro. Y por cierto, es de llamar la atención el que no exista al interior del gobierno estatal una voz con autoridad moral y política que salga en defensa del ahora vapuleado gobernante que, en su rostro al aparecer ante los medios de comunicación afirmando que las finanzas públicas veracruzanas gozan de cabal salud, da la impresión de que para sus adentros quisiera gritar: “No me lo dejen sólo…”.- Xalapa, Ver. 26/02/2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Entre tanta simulación, engaño y descaro, ya no sabe uno si lo declarado por políticos y servidores públicos en su cotidiano bombardeo mediático de imagen personal, es broma o persistencia en considerar a los receptores del mensaje como colectivo de estúpidos.

Crónica del Poder, portal digital veracruzano, publica uno más de estos petardos mediáticos bajo el título “Xalapa será modelo en la reconstrucción del tejido social: Cristchfield Hernández”. En el cuerpo de la nota se despliega el absurdo, destacándose que nuestra ciudad capital servirá de ejemplo para replicar las Jornadas de Justicia Alternativa a los 212 consejos municipales de seguridad pública como un modelo que promueve la reconstrucción del tejido social.

Si la nota formara parte del clásico “Alicia en el País de las maravillas”, no habría purrum; para los lectores amantes del surrealismo no sería motivo de asombro, estaría dentro del contexto de la obra de Lewis Carroll. Pero, no, gobierno estatal y Ayuntamiento xalapeño lo insertan como un hecho real incidiendo en la penosa realidad de Xalapa.

El universo objetivo del modelo por aplicar se refiere a 10 colonias de los varios cientos que conforman el escenario de exclusión, pobreza, desigualdad social y económica y altos índices de abandono e inseguridad de una ciudad perdida como Xalapa. A estas 10 colonias se enfocan programas asistencialistas con carácter más de corte electorero que de búsqueda real de resolver rezagos e insuficiencias, soslayándose el hecho inobjetable de que el deterioro social no es privativo únicamente de las colonias más jodidas entre las jodidas, sino de la sociedad entera. Al igual que dicho deterioro es consecuencia histórica de políticas públicas erráticas, erróneas y sin respaldo democrático de las mayorías y no necesariamente, referidas a la problemática de seguridad pública que aqueja a toda la ciudad.

El deterioro del tejido social en nuestra ciudad capital, así como en todo el territorio estatal y nacional tiene un origen, desenvolvimiento y consecuencias multifactoriales que necesariamente deben ubicarse tanto en la esfera económica como en las políticas de exclusión, clientelismo electoral y supresión de derechos políticos y sociales que dan marco a un caldo de cultivo del que devienen conductas antisociales. Pretender que el problema del deterioro del tejido social se resuelve con el fortalecimiento de la seguridad pública basado en una simulada participación ciudadana, honestamente equivale a orinarse fuera del tiesto.

Más, si tal deterioro es percibido y ubicado en los terrenos de la población económica y socialmente más vulnerable, cuando para todo mundo está claro que dicho deterioro permea de arriba hacia abajo conforme la corrupción e impunidad entre las élites priva a la población subordinada lo mismo de bienes básicos para la supervivencia que de expectativas de vida digna. Si hubiera una real intención de promover el rescate del tejido social, se empezaría de arriba hacia abajo en la pirámide social, más no es así, todo es simulación en época electoral y complicidad del alcalde Américo Zúñiga, más preocupado por mantener una costosa política de proyección mediática de su imagen que en atacar de fondo la problemática que mantiene a la capital veracruzana en el ostracismo y abandono.

Y ya que se toca el tema del deterioro del tejido social en Xalapa, vale señalar que la autoritaria y absurda medida del Ayuntamiento de “actualizar” el catastro predial de los bienes inmuebles en el municipio, fijando unilateralmente y sin consulta previa a los interesados un valor nominal que no se corresponde con el abandono en que se tiene a la capital veracruzana, ha generado no sólo irritación en los afectados, también daños patrimoniales lesionando la economía de los xalapeños. Lo mismo podría decirse del incremento en el pago del servicio de “agua potable”, saneamiento y alcantarillado en cientos de colonias en las que el servicio prestado es deficiente o inexistente. Estos abusos no se resuelven con “Jornadas de Justicia alternativa” en comunidades en la que precisamente la justicia social está ausente y sí, exhiben el afán desmedido de cargar sobre las espaldas de la población el costo de la ineficiencia, corrupción y quebranto financiero de la administración pública municipal. Fenómeno que se hace extensivo a todos los municipios veracruzanos.

Sirvan estos comentarios para ilustrar el por qué en la capital veracruzana electoralmente el PRI ha perdido presencia y posibilidades de triunfo ante la proximidad de los comicios intermedios federales de junio próximo, obligándose este partido político al reciclaje de personaje así como de vetustas y corruptas y amañadas prácticas antidemocráticas para mantenerse en el poder, como ya se observa en las colonias periféricas y no precisamente únicamente en las 10 en las que se dice se reconstruirá un tejido social en franco deterioro.

Hojas que se lleva el viento

Irrelevante la visita presidencial a San Andrés Tuxtla, Veracruz. Discursos anodinos y parafernalia electorera priísta con el clásico acarreo y entrega de “apoyos”, porra y matraca, no fueron suficientes para desvanecer en la percepción colectiva los oscuros nubarrones que ensombrecen el horizonte mediato para una entidad federativa empobrecida con un gobierno fallido. “Veracruz próspero sin hambre” a dos años de gobierno del Sr. Peña y cuatro del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, fue la puntilla.

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Uno de los pocos lectores de quien esto escribe, enardecido comenta que exagero en mis maquinazos al colocar a toda la llamada clase política en el mismo canasto de la corrupción e impunidad, ya que México y Veracruz cuentan con políticos honorables y comprometidos con las mejores causas de la sociedad. Cuestión de enfoques, efectivamente no todos los políticos traen al cuello la etiqueta de corruptos impunes, empero las contadas y honorables excepciones confirman la regla, sin olvidar que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, bien por comisión o por omisión, puesto que el silencio cómplice o el importamadrismo dejando hacer, dejando pasar para no hacer olas y perder posición y estatus, también es manifestación de corrupción.- Xalapa, Ver., febrero 18 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 Al calor de la guerra sucia electoral con la que  la partidocracia en disputa pretende mantener la hegemonía de un grupo selecto de notables por sobre los intereses de la mayoría, todo es posible hasta el destapar no una sino varias Cajas de Pandora pretendiendo que no pasa nada. Exhibiendo  con todo descaro y cinismo el nauseabundo flagelo de la corrupción impune que tiene a este país de rodillas.

Todos contra todos, los secuestradores de la democracia representativa,  se hacen uno en la nefasta tarea gatopardista de cambiar fachadas, dejando intactos los carcomidos cimientos de un régimen político rebasado por la realidad de una sociedad que está harta del más de lo mismo.

Como si el tiempo no hubiera transcurrido ni la estructura social hubiere sufrido cambio alguno, la ramplona y corrupta llamada a sí misma clase política, de espaldas a la realidad opera electoralmente con la misma tónica y  bajo los mismos anquilosados moldes  del México de antaño. El mismo que tantos dividendos acarreara a la “familia revolucionaria” a lo largo de más de ocho décadas.

Mostrando en hechos y discursos  que no existe la más mínima voluntad de un cambio real que modifique el statu quo dominante; antes al contrario, exhibe sin pudor un manifiesto propósito de dar marcha atrás a las manecillas del reloj, en aras de consolidar privilegios y prebendas a favor del reducido grupo de notables que, por décadas, ha saqueado al país,  comprometiendo lo mismo soberanía e independencia que los escasos avances democráticos que la sociedad ha conquistado.

Vivimos los tiempos del alemanismo -me comentaba un viejo politólogo-, en el que el paradigma dominante en la política nacional era el saqueo de las arcas públicas en beneficio de familiares y amigos. Corrupción impune en todo su apogeo en el usufructo de la Revolución secuestrada e interrumpida, sin medias tintas que pudieran maquillar cinismo y descaro. De ese tamaño es el retroceso que se vive hoy día.

Basta con estar medianamente enterado de lo que la prensa nacional destaca sobre hechos irrefutables de corrupción oficial y enriquecimiento más que explicable en los círculos del poder, para constatar que nuestro experimentado amigo no sólo se queda corto en su apreciación, sino que la realidad nacional supera su dicho. Tanto que la violencia de una criminalidad desbocada y desplegada en gran parte del territorio nacional,  palidece ante el daño que la corrupción impune causa a un país que mereciera mejor destino.

La llamada delincuencia organizada está focalizada, identificada  y tipificada, sus horrendos crímenes como carta de presentación, sin justificación alguna es objeto de repudio generalizado y el abatirle está consensuado en el seno de la sociedad. No así la corrupción que anidando en la estructura del poder político, domina en todo el territorio nacional, penetra a la chita callando  bajo la cobertura de la simulación y la demagogia cual humedad a todos los rincones de la vida económica y social, causando un mayor desasosiego, incertidumbre e incontables atentados contra la integridad física y espiritual de millones de mexicanos que aquellos grupos antisociales de malandros que generando el clima de inseguridad que todos percibimos,  el Estado dice combatir a sangre y fuego.

Explicable, no justificable y condenable el terror impuesto por la llamada delincuencia organizada, pero también explicable, no justificable y condenable la conducta impune de quienes desde el poder sacrifican a las mayorías en aras de un insaciable afán de saqueo y enriquecimiento, condenando a millones de mexicanos a subsistir en condiciones de pobreza y pobreza extrema, sino es que a una muerte lenta pero segura,  privándose  de expectativas de vida digna, inclusión y progreso a las mayorías.

Ríos de tinta se han vertido para justificar la bondad de las presuntas reformas estructurales que impulsa el gobierno del Sr. Peña, a la par que se ignora o se hace de lado el que la verdadera reforma estructural que México requiere y la población demanda, es aquella que coadyuvando con el abatimiento del flagelo de la corrupción, reduzca desigualdad y pobreza fortaleciendo tejido social y  confianza en las instituciones. Esta sí reforma estructural, no se contempla en las altas esferas del poder; en las revueltas aguas ganancia de unos cuantos, los mismos que se oponen a un cambio verdadero en las estructuras políticas, económicas y sociales de un Estado que ronda peligrosamente los límites de lo fallido.

Paradigma neoliberal y crisis

Privatización del bien público y socialización del quebranto como paradigma neoliberal en boga, es lo dominante en el México de hoy. Esto en el marco de una crisis muldimensional y multisectorial del mundo globalizado que no ofrece ni encuentra salida viable en sí misma. Antes al contrario, en un proceso de profunda retroalimentación que lo mismo va del centro a la periferia que de la periferia al centro en la aldea global, profundiza crisis y contradicciones, agudizando desigualdad y pobreza en lo local.

Lo verdaderamente grave es que entre más se agudiza la crisis mayor es tanto el desaliento y resistencia de la población como la ostentación de la corrupción e impunidad que, bajo la envoltura de una riqueza mal habida, trasmina el hedor que ahoga a una sociedad en franca descomposición, sin que en la voraz partidocracia existan visos de enmendar rumbo y destino.

En este escenario cabe preguntarse si existe posibilidad alguna de retomar por la vía institucional el camino truncado de la Revolución Mexicana y sus reivindicaciones secuestradas o,  si estando inmersos en una nueva revolución silenciosa, jalonada por un cada vez mayor número de movilizaciones sociales en resistencia, es posible el poner en primer plano el objetivo trascendente de erradicar de raíz el andamiaje corrupto e impune de un régimen político que marcha de espaldas a la historia.

La respuesta viene de lo profundo de la sociedad mexicana. Desde abajo, organizado y consecuente el pueblo dirá la última palabra.

Hojas que se lleva el viento

Veracruz celebra su carnaval en medio de un estado de cosas negativo que sólo la alegría jarocha es capaz de olvidar momentáneamente para darle vuelo a la hilacha. Pasadas las carnestolendas  la resaca obligará a retomar el hilo cotidiano del descontento, desesperanza y hartazgo social que acompaña a un gobierno fallido que navega a la deriva entre el aquí no pasa nada, el atraso económico y la violencia delincuencial.- Xalapa, Ver., febrero 12 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando el descontento y hartazgo de amplios sectores de la sociedad se tiñen de rojo, ni perdón ni olvido, es el mensaje a la nación que, en contrario a los llamados del presidente Peña, está moviendo a México.

La percepción que anidando en el imaginario colectivo se objetiviza en hechos concretos, cobra día con día más amplio consenso. La nave navega al garete en medio del desconcierto de un proceso mediático de construcción fallida de administración y control de daños. El gobierno de México en sus tres órdenes que le componen, no logra recuperar confianza y credibilidad entre las mayorías de una sociedad dolida e indignada. Antes al contrario, entre más se insiste en minimizar la crisis de Estado, mayor es la convicción de que el poder público carece, además de brújula, de la necesaria y urgente voluntad política para recomponer el tiradero, empezando por aceptar la gravedad de lo que se vive en el país entero.

Inmersos ya en el proceso electoral que desembocará en los comicios de junio próximo, falto de imaginación el caduco y superado régimen político lo más que alcanza a blandir como argumento justificatorio de su torpe y errática conducta, es que no pasando nada, cuando pasa es fruto de politización, manipulación y complot desestabilizador; partiendo siempre de la premisa de que el pueblo de México, además de ignorante y falto de entendimiento, es ciego y sordo, presa fácil de manipuladores e ideologías extra lógicas relacionadas con la izquierda electoral.

El país está de cabeza. Los caricaturistas críticos lo ilustran como un país en ruinas, y para allá vamos, en tanto que los responsables del desaguisado lavándose las manos, se preocupan y ocupan por dar vialidad a un proceso electoral de antemano cuestionado, pretendiendo que no hay relación alguna entre indignación y hartazgo social con objetivos y propósitos de la democracia representativa.

No sintiendo lo duro sino lo tupido, el Sr. Peña con el índice de aceptación por los suelos (El pantano mexicano), vuelve a exhortar al olvido de lo que lastima y ofende y sí a recordar y valorar lo positivo de los logros gubernamentales. Carpetazo con borrón y cuenta nueva, para retornar al clima de expectativas y esperanzas en las bondades de sus llamadas reformas estructurales. Insensibilidad y torpeza que a su vez da marco para alentar descalificación de la protesta y movilización social, autoritarismo y represión, como ya se observa en orquestado bombardeo mediático condenando y exigiendo se aplique todo el peso de la ley a quienes promuevan o participen en marchas y protestas.

Ni perdón ni olvido, es la respuesta de un cada vez mayor número de mexicanos.

¿Sabe gobernar el PRI?

“El PRI si sabe gobernar”, se decía hasta el cansancio en la elección presidencial que sacaría al PAN de Los Pinos en alusión al mal desempeño de Vicente Fox y Felipe Calderón. Hoy día el PRI no está en condiciones de refrendarlo y, para completar el escenario, ningún partido político de los que animan el cotarro como comparsa, tendría tamaños para construir un buen gobierno. Peor aún, ratificando que no saben de sus pequeñeces y limitaciones, PRI, PAN y morralla acompañante, lejos de asumir una autocrítica constructiva, insisten en seguir dándole vueltas a la noria, profundizando su crisis de representatividad y confianza en un duelo sin cuartel blandiendo la ya clásica bacinica rebosante de improperios y descalificaciones.

Cual convidados de piedra, los mexicanos observan, reflexionan y sacan conclusiones. A la luz del desastre, convencidos ya de que el PRI no sabe gobernar, tampoco encuentran opción válida en las llamadas izquierdas o derechas del espectro partidista. Dubitativos frente al bombardeo mediático, entre la incertidumbre y el ya basta, sin condiciones para construir un auténtico, legítimo y pacífico cambio desde abajo, están a la espera de un cambio desde arriba. Milagro este último no contemplado en las esferas del poder real y sueño inalcanzable para las mayorías.

Y en esas estamos.

Hojas que se lleva el viento

Mal de muchos, consuelo de tontos, reza la conseja popular, sirviendo de marco para que la administración pública veracruzana acelere su deslizamiento en el tobogán de la ineficiencia, ineficacia y saqueo impune. Veracruz no es Guerrero o Michoacán afirma ufana nuestra aldeana clase política, y al amparo de una descomposición política y social en la mayor parte del todo nacional, se pretende pase desapercibido el pésimo desempeño del poder público en la entidad. Todo a su tiempo dice la ciudadanía, en junio ante las urnas se cobrará la factura a un PRI cuyo principal capital político reside en la imagen mediática de un gobernador que no las trae todas consigo.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Como dice la canción: “… esta flor ya no retoña, tiene muerto el corazón.”

Pudiera entenderse que toda reforma en la vida institucional del Estado mexicano se inscribe en un proyecto viable que respondiendo a necesidades concretas para avanzar en el azaroso e incierto camino del desarrollo, ésta debe a su vez atender en sus propósitos y objetivos a condicionantes también concretas, tanto en lo económico como en lo social del entorno en el que habrán de operar.

A mi juicio, estas condicionantes a considerar, a groso modo y salvo la mejor opinión de expertos y estudiosos podrían sintetizarse en:

Entorno global como contexto externo;
Condiciones internas económicas, políticas y sociales;
Confianza, credibilidad y certeza sobre la bondad de las reformas;
Respaldo consensuado de la población;
Capacidad operativa de las entidades encargadas de su implementación.

Si esto es así, cabe entonces preguntarse si tanto el proyecto de nación como las reformas neoliberales presuntamente estructurales que impulsa el presidente Peña, atienden a estas premisas para una tersa implementación, o bien, si se han pasado por alto atendiéndose únicamente a un afán voluntarista y autoritario.

A la luz de lo que la realidad ofrece en los tiempos que corren, es de considerarse que los aprendices de brujo desde la presidencia de la república, partiendo de la certeza del qué, cómo, dónde, con cuánto y con quién se contaba para sacar adelante el paquete de reformas legislativas, no dudaron en arrojarlas en cascada y casi de manera simultánea, atendiendo más a lo deseable que a su factibilidad, topándose con pared.

En lo externo, el entorno global inmerso en una crisis aún no superada, es del todo negativo y escasamente favorable; el respaldo social está muy lejos de sustentarse en un amplio consenso, antes al contrario, la sola aprobación de las reformas planteadas polarizó a la sociedad y generó malestar y rechazo, incrementándose desconfianza y credibilidad, así como duda en torno a la certeza sobre la bondad de las medidas adoptadas por el gobierno del Sr. Peña. Observándose que existe más audacia mediática e improvisación que capacidad operativa real de la administración pública en los tres órdenes de gobierno para su implementación.

A ello habría que agregarle condimentos no previstos, fruto del deterioro histórico del tejido social y de la dinámica inercial de un régimen político caduco, infiltrado hasta el tuétano por la corrupción impune.

El resultado a dos años de distancia del asalto a la presidencia de la república por el Sr. Peña, su grupo de amigos y colaboradores cercanos, así como de su partido, está a la vista. La realidad real del entorno global y del Estado-nación en lo interno, han pesado más que la intencionalidad de un proyecto de futuro sustentado a reformas que, lejos de apuntar a resolver añejos problemas estructurales como desigualdad, pobreza, corrupción e impunidad, les han profundizado a niveles críticos, agudizándose las condiciones de subdesarrollo y dependencia del exterior en que se históricamente se debate la sociedad mexicana.

Las reformas propuestas y aprobadas por el Congreso de la Unión, están quedando en el papel, en tanto que sus artífices son conducidos por la opinión pública a la picota del descrédito, destacando la vertiginosa caída del nivel de aceptación del Sr. Peña Nieto tanto en el exterior como en el entorno nacional. Si éste último en su mejor momento le fuera funcional a los poderes fácticos, hoy estorba siendo objeto de serias descalificaciones en las que va de por medio su autoridad moral y política, amén de su integridad personal como servidor público.

Tomados por sorpresa, aprendices de brujo y partidos políticos que les respaldan, el castillo de naipes se les derrumba. No estando el horno para bollos en la economía mundial, en lo interno la abrupta caída del precio del petróleo sobre el que descansa economía y finanzas públicas, echa por tierra la bondad de la panacea soñada, poniendo a México en franca indefensión, a la par que exhibe imprevisión y torpeza en el reducido cónclave de los artífices ya no de las reformas presuntamente estructurales, sino de un desastre más que anunciado.

El Congreso de la Unión se lava las manos tras aprobar la cauda de medidas económicas propuestas por la presidencia de la república. No ve, no escucha y hace de su silencio cómplice cómoda instancia para mantenerse al margen, sin el menor viso de interés por corregirle la plana al Sr. Peña y retomar el camino perdido.

Y es en este escenario en el que la partidocracia privilegia sus intereses por sobre los de la nación entera, dedicada a lo suyo, intentando mantener y acrecentar privilegios y prebendas hoy en riesgo, impulsando un proceso electoral contra corriente en el que se ignora el clima de descontento, hartazgo y resistencia de una sociedad en la que amplios y de lo más diversos sectores de antemano retiran confianza y credibilidad en partidos y candidatos. No siendo circunstancial el que por doquier surjan candidatos independientes que al margen del espectro partidista, con respaldo de la ciudadanía estén dispuestos a enfrentar la maquinaria oficial.

Esto último, en el marco de las reglas del juego político electoral. Más allá, trascendiendo los límites de la legislación electoral vigente, movimientos sociales de diversa composición, intencionalidad y reivindicaciones, proliferan a lo largo y ancho del país en franco rechazo y resistencia a institucionalidad y autoridades, poniendo en jaque a un régimen político que, como en el caso de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, se manifiesta incapaz y rebasado para manejar y controlar la fuerza de la resistencia social.

Esto, observando la punta del iceberg. Lo que no se ve o no es destacado mediáticamente, es lo que se cocina en las profundidades de una sociedad en proceso de transformación y cambio a la que la estructura actual del Estado mexicano y concomitantemente el régimen político vigente, ya no le es funcional.

Y en este caldo de cultivo de hartazgo y resistencia teñido de violencia criminal, la partidocracia confía en sus añejas estructuras y añosas mañas para sacar adelante un proceso electoral que legitime el secuestro de la democracia participativa; y tan convencida está, que sin distingo del color de la camiseta oferta a la ciudadanía un ramillete de aspirantes y candidatos para la elección de junio próximo, que siendo los mismos de siempre le apuestan al más de lo mismo.

Estando la moneda en el aire y no habiendo más que de dos sopas, la incertidumbre se apodera de la ciudadanía. Si la única salida viable al descontento y al hartazgo está en las urnas, como bien afirma López Obrador, ¿por quién votar? ¿Por los partidos y sus candidatos, o por los candidatos independientes?

La respuesta está en un proceso serio de reflexión a lo largo del escaso período de precampañas y campañas, siendo el tiempo y a tiempo el que en su momento aclare el panorama.

Hoy por hoy, de lo que se puede estar seguro es que el magro desempeño económico y el deterioro del tejido social modifican la correlación de fuerzas políticas en México, fortaleciéndose una creciente resistencia social que tomando protagonismo viene por lo suyo.- Cd. Caucel, Yucatán. Enero de 2015

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

Qué más quisiéramos que el llamado presidencial a la unidad y no a la división frente a la adversidad, que con motivo de la Navidad se trasmitiera por Cadena Nacional, fuera semilla depositada en tierra fértil.

Seguramente nadie desea que el nuevo año por iniciar dé cabida a más sobresaltos e incertidumbre en una sociedad que lastimada y ofendida, a lo largo de 2014 sufriera los embates de la penuria económica y tragedia social.

Empero, la realidad real se impone por sobre los buenos deseos. Negros nubarrones en el horizonte inmediato, anuncian para el país, antes que un clima de seguridad, certidumbre, bonanza y paz social, más de lo mismo; estado de cosas lamentable pero real y jalonado tanto por lo negativo del entorno global externo como por la incapacidad gubernamental para dar respuestas satisfactorias a la crisis que se vive.

El horizonte a la vista es de “desastre”, afirma el ex canciller Jorge Castañeda.

Y no hay elementos que permitan otear algo diferente en tanto el régimen político no esté dispuesto a cambiar para bien, abriendo paso a la transparencia, rendición de cuentas y una actitud autocrítica para reconocer que algo de extrema gravedad sí pasa en el México real.

Dos percepciones provenientes de espacios diferentes y distantes, hablan de la profundidad de la crisis. Por un lado la previsión del Banco de México para el 2015, advirtiendo que “…la rentabilidad de los proyectos derivados de la reforma energética podría reducirse por la caída de los precios internacionales del petróleo y con ello afectar el desempeño de la economía nacional”, en tanto que para el politólogo John M. Ackerman” (La Jornada), “…en lugar de levantar la cabeza y mirar a la musa de la historia en los ojos, los políticos se hunden en sus mentiras y lanzan desesperadas patadas de ahogado. Evidenciando una cultura política autoritaria y atrasada… ”.

Expresiones similares con más dejo de pesimismo que justificado optimismo, difundidas por diversos medios de comunicación, dejan constancia en la percepción colectiva de que el 2014 es un año perdido en el proceso de recuperación económica y fortalecimiento de la vida en democracia. Con este antecedente, el 2015 no será tan halagüeño ni esperanzador como es deseable.

Ausencia de autocrítica

El Sr. Peña si bien al parecer es consciente de que se enfrenta a una población dividida y polarizada y de ahí su llamado a la unidad, no acepta que su gobierno ha sido el principal factor de división y encono; al pretender imponer el pensamiento único en torno a la presunta panacea pomposamente llamada “reformas estructurales”, así como el no asumir la responsabilidad de la administración pública en sus tres órdenes de gobierno, de proporcionar seguridad y certidumbre así como expectativas reales de progreso a la sociedad.

Sin talante autocrítico e ignorando a la realidad real que se le opone, el llamado del Sr. Peña Nieto lejos de trasmitir confianza, expresa derrotismo. Incapacidad de un régimen político rebasado por la dinámica no prevista, tanto de la inercia de la llamada clase política que se niega a cambiar, como de la resistencia social que está diciendo basta al autoritarismo con el que, sin consulta previa ni amplio consenso, se pretende imponer un rumbo al país que por principio es rechazado por las mayorías.

El derrumbe de los precios del petróleo en lo externo, así como la merma en la producción nacional de hidrocarburos, sumado al deterioro creciente de un tejido social en ebullición, bastarían para percibir desde la cúpula del poder en México que el horno no está para bollos; que no basta con “llamadas a misa” para tranquilizar el cotarro y que la unidad se construye en el día a día y no se impone por decreto. No pasa nada, se insiste, prestando oídos sordos al clamor nacional.

Pretender seguir con la estrategia de tapar el sol con un dedo, ignorando que la sociedad mexicana hoy es otra, más participativa y mejor informada, pero también consciente de la necesidad de cambio, es evidente que no es el camino. No se puede construir unidad y consenso con simulación y mentira como pretende el Sr. Peña Nieto, quien con conocimiento de causa tanto en el discurso como en los hechos, evade lo sustantivo refugiándose en la presunción de vigencia plena de un estado de derecho hoy conculcado.

Al hueco discurso, las mayorías motivadas por descontento, indignación y hartazgo responden con un contundente: ¡Ni un voto al PRI!, identificando a este partido político con el desastre anunciado.

-ooo-

Ya desde las postrimerías del 2012, se advertía de la percepción creciente de una crisis del régimen político y en lo específico del subsistema de partidos políticos, que tendía a profundizarse tocando fondo, habiendo perdido credibilidad y confianza. El llamado “Pacto por México” y la puesta en venta del patrimonio de la nación lo vino a confirmar.

Hoy día, la realidad supera a la percepción, expresándose el deterioro del régimen y la pérdida de confianza en las instituciones republicanas como reflejo de una crisis de Estado que la clase política a todos los niveles se niega a reconocer.

Igual se percibía que el escenario político post electoral no era nada propicio para que el Sr. Peña Nieto impusiera la continuidad y profundización del modelo neoliberal adoptado por el país desde los tiempos de Miguel de la Madrid. Montado en su macho, ya como presidente impuso la aprobación de reformas legales encaminadas a materializar las llamadas reformas estructurales, obteniendo rechazo y división de la sociedad, polarizándole.

El destape de la cloaca a partir del crimen de Iguala, exhibiendo horror, corrupción, impunidad, cinismo y desparpajo de las élites en el poder, fue la puntilla. La protesta y rechazo social acompañó al derrumbe económico, mostrando la profundidad de la crisis multisectorial del Estado mexicano. Crisis que va más allá de la ineficacia y reformas subsiguientes y a modo de la procuración, administración de justicia y seguridad pública, como pretende hacer creer el presidente Peña en su afán por rescatar su proyecto de nación.

La panacea de las reformas llamadas estructurales quedó atrás y hoy por hoy su inviabilidad está anunciada, en un marco de distanciamiento entre gobierno, partidos políticos y una mayoría social movilizada. Marco que no admite ya recursos retóricos como el falso triunfalismo y llamados a la unidad. La sociedad exige hechos concretos, el gobierno responde con balbuceos incoherentes y la llamada clase política, haciendo como que la virgen le habla, evade la realidad refugiándose en el velar armas ante una contienda electoral que las mayorías cuestionan y descalifican de antemano.

Así las cosas, 2015 no ofrece el clima de convivencia social deseable. Sólo el optimismo basado en la confianza de la fortaleza del pueblo de México, permitirán que nuestros buenos deseos a diferencia del llamado presidencial, no caigan en suelo estéril. Confiemos en el nosotros construyendo ciudadanía en pos del rescate de la democracia.

Mérida, Yuc., 30 de diciembre de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin pena ni gloria se celebró en tierras veracruzanas la XXIV Cumbre Iberoamericana. Con importantes ausencias, legaciones de 22 países bordaron en vano con buenos propósitos en torno a una realidad global que, como bien señala José Mújica, presidente de la República Oriental del Uruguay y el único que explícitamente se solidarizó con el pueblo de México, no se puede ocultar con  el paraguas.

Cumpliéndose con la parafernalia protocolaria propia de estas estériles reuniones, el presidente Peña como anfitrión, no pudo evitar que la preocupación en el seno de la Cumbre y en el exterior de los recintos destinados para el efecto, se concentrara implícitamente en la profunda crisis que se vive en México y la incapacidad nuestro gobierno para darle un cauce satisfactorio.

La temática, como suele suceder en Cumbres de igual naturaleza, giró en torno al crecimiento, innovación y desarrollo, así como  la cooperación económica y social para la construcción de sociedades más justas. Peña Nieto le definió como la oportunidad para potenciar la riqueza en los países concurrentes, desentendiéndose de la crisis globalizada que rondando los terrenos del estancamiento y recesión,  hace nugatorios los esfuerzos neoliberales por darle salida en el marco de las reglas impuestas por las grandes potencias.

Y en este orden de cosas, la mandataria brasileña de haber asistido es la única que podría aportar algo a nuestro país en la reactivación económica, ya que con excepción de Uruguay, tanto España como la mayoría  de países iberoamericanos con mandatarios y Jefes de Estado presentes en la Cumbre, se encuentran en igualdad de condiciones críticas que México. Sin embargo, Dilma Rousseff está más comprometida con la agenda de UNASUR que con América del Norte.

Independientemente de los logros que pudieran haberse alcanzado en conversaciones bilaterales entre los mandatarios asistentes, las conclusiones generales y acuerdos específicos dados a conocer al término del encuentro, no son nada alentadoras para el bloque iberoamericano como tal. Dando la impresión de que los acuerdos signados son más buenos propósitos y lugares comunes que compromisos viables.

Propósitos como poner empeño en promover la inclusión de los sectores más marginados y de construir sociedades igualitarias, al tiempo que trabajar en estrategias para garantizar una educación universal y de calidad,  en un clima de fortalecimiento de la Conferencia Iberoamericana para una cooperación horizontal que refleje la realidad de la región, son sólo palabras de dientes para afuera cuando la prioridad real es como salir airosos de la crisis globalizada en cada uno de los países participantes.

La Cumbre satisfizo el libreto preestablecido, cumpliendo, para el presidente de México como distractor a la par que oportunidad para recuperar autoridad en el ámbito internacional. Empero, la crisis en México sigue, profundizándose bajo una dinámica en la que los tres poderes de la Unión y los tres órdenes de gobierno, están atrapados frente a una auténtica rebelión de la sociedad movilizada,  a la que no satisface ni la temática del control de daños propuesta por el Sr. Peña Nieto ni la respuesta a bote pronto tanto de los órganos de procuración de justicia como del poder legislativo.

La interrogante que flota en el aire, es: ¿Qué sigue? Cuando 2014 concluye sin restañarse aún  las heridas abiertas.

Hojas que se lleva el viento.

Habida cuenta de que el gobierno de Veracruz no tocó baranda en la organización, desarrollo y clausura de la Cumbre Iberoamericana, al titular del poder ejecutivo estatal le tocó jugar el papel marginal de convidado de piedra y, por más esfuerzos que se le acreditan por estar cerca y tomarse la foto, tanto con el Sr. Peña Nieto como con los mandatarios asistentes, su presencia careció de relevancia alguna, pese a que su vocero y coordinador de comunicación social afirmara lo contrario en sus ya clásicos anuncios de ocasión.

Salvo, claro está, el que para el presidente de México sea relevante el clima de inconformidad social que se manifestara en diversos puntos de la entidad veracruzana durante la Cumbre, dándole marco a la inocultable crisis de gobernabilidad y de inseguridad que con carácter expansivo va cubriendo la casi totalidad del territorio nacional.

-ooo-

Concluidos tanto los Juegos Centroamericanos y del Caribe como la XXIV Cumbre Iberoamericana, Veracruz retorna a su permanente estado de letargo, disponiéndose sus habitantes a terminar el año en las mejores condiciones posibles; dándose espacio para albergar un poquitín de esperanza y optimismo y pasar las fiestas decembrinas sin sobresalto que altere tranquilidad en el seno de la familia y en el ya de antemano desfondado bolsillo.

Por cierto que las comparecencias de los integrantes del gabinete del jefe ejecutivo estatal que ya también quedaran atrás, aparte de prácticamente no interesar para nada a nadie, confirmaron tanto la vacuidad del IV Informe de Gobierno del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa como la mediocridad de  diputados locales y comparecientes de entre los cuales, destaca el secretario de turismo, que se aventó la desafortunada puntada de elevar al infinito tanto el número de visitantes como derrama económica a lo largo del IV año de gobierno en la actividad bajo su responsabilidad, mereciendo la rechifla de un respetable harto de engaño y simulación.-

Xalapa, Ver., diciembre 10 de 2014.

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