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Tag Archives: Andres Manuel López Obrador

Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard

El Universal Laura Islas, 04 de abril 2011.- Alejandro Encinas arrancó formalmente su precampaña rumbo a la candidatura y elección a gobernador del estado de México, en un acto realizado en la explanada municipal de Ecatepec; por la tarde estuvo en Toluca con López Obrador, aspirante a la Presidencia de la República y líder del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Encinas a pegunta expresa de si en algún acto de su campaña se podrían juntar Ebrard y López Obrador respondió que “estuvimos en eventos distintos, una agenda distinta pero pronto nos verán juntos, junto con otros líderes históricos de partido”.

El destino del país y su desarrollo pasa necesariamente por considerar que los problemas sociales y medioambientales tienen que resolverse de manera conjunta, pues los elementos de ese binomio –la organización humana y la naturaleza- interactúan todo el tiempo y los males de uno repercuten necesariamente en el otro. La anterior fue una de las muchas conclusiones a las que se llegó en el primer día del Foro Nacional por la Regeneración Socio–Ambiental, celebrado en Cuetzalan del Progreso, Puebla,  y que hoy llegará a su fin. El acto fue convocado por la sociedad cooperativa Tosepan Titataniske, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (Conoc), contándose con la presencia de Andrés Manuel López Obrador. Ver nota completa en:  Soberanía Popular 23/03/11

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Izquierda en México

El diputado Jesús Zambrano, líder de la corriente Nueva Izquierda —que ocupa la presidencia del PRD— dijo que los permisos (licencias) no existen y que “no se puede ser perredista cuando conviene y dejarlo de ser cuando no conviene”. Expuso que el sol azteca “no tiene espíritu masoquista como para dar permisos a sus militantes para que vayan a otra trinchera y desde ahí nos disparen y golpeen… en los hechos esta división al final divide a la izquierda y termina haciéndole el juego a los que dice combatir”.

Esto en respuesta a López Obrador quien pidiera licencia a su militancia en el partido del sol azteca.

Sin apasionamiento y al margen de considerar que la dirigencia nacional del PRD no representa más a la izquierda electoral,  estimo que Zambrano tiene toda la razón. Se es o no se es, sin medias tintas como pedir licencia para combatir a su propio partido en los procesos electorales, así sea como resultado de la indudable traición de las corrientes que encabezan “los chuchos” y su alianza de facto con Calderón Hinojosa y su partido.

Ya son muchos meses (¿O años) los que han transcurrido sin que el lopezobradorismo se defina, jugando al gato y al ratón con amenazas, abiertas o veladas, de no ir ya más con “los chuchos” sin que se decida de manera evidente al rescate del partido de la Revolución Democrática y/o dar el paso lógico de romper en definitiva con el PRD y construir su propio camino más allá de los intereses electorales de coyuntura.

Tal juego da que pensar. O Andrés Manuel López Obrador “blofea” con la fuerza y estructura del movimiento que encabeza, dando por sentado que fuera del PRD no hay nada que hacer, o bien, carece de visión, estrategia y voluntad política para auspiciar que sean las propias bases partidistas las que, democráticamente, tomen el control de las dirigencias nacional y estatales rescatando lo poco que queda del partido.

Me inclino por lo segundo. López Obrador y su círculo cercano, ganados por la prisa coyuntural de pesar en la elección de Edomex y la presidencial del 2012, no ven más allá de los procesos electorales perdiendo visión de largo plazo y cayendo en el juego electorero del esteril debate sobre las alianzas que conjuntamente promueven “los chuchos” y el calderonismo, en contraposición al propósito explícito del lopezobradorismo de impulsar un proceso de cambio en México favorable a las mayorías. Sin dejar de lado que precisamente en el círculo cercano a López Obrador, paradójicamente opera el salinismo en contra de tal propósito.

De ahí que el juego del gato y el ratón, más que fortalecer al lopezobradorismo lo desgasta ante sus propios seguidores y la opinión pública en general. Asumiéndose que por encima del interés nacional prevalece en López Obrador el interés electorero de alcanzar nuevamente la candidatura de la izquierda electoral a la presidencia de la República. Perdiéndose la ventaja comparativa del tiempo como factor decisorio para influir en la población con vías a la creación de un nuevo partido político de izquierda, una vez concluida la elección presidencial del 2012.

Se es o no se es. Con alianzas con la derecha, o sin estas, López Obrador debería definirse, de una vez por todas, decidiendo si rompe o no con el PRD y no curándose en salud con una cuestionable licencia temporal.

Se está aún a tiempo para sepultar en definitiva el nauseabundo cadáver y emprender un nuevo camino alejado del oportunismo y pragmatismo tribal con que el PRD refleja la crisis generalizada del sistema electoral y partidos políticos en México.

La última palabra la tienen las propias bases perredistas y no Andrés Manuel López Obrador. ¿Se está o no se está con el PRD y su espuria dirigencia? ¿Se está o no se está a favor de la construcción de un nuevo partido de izquierda, que atienda a las nuevas condiciones de un Estado-Nación que se desmorona entre las manos de una clase política insensible, oportunista e ineficaz?

En tanto las bases no hablen, el desgaste profundizará la crisis de la izquierda electoral. Con Andrés Manuel o sin éste, una izquierda fragmentada, carente de ideología, visión de Estado, y de un programa mínimo, aceptable y consensuado que le una en el corto plazo, topará con pared tanto en la elección del Edomex como en la presidencial del 2012, facilitándole la tarea a la derecha representada lo mismo por el PAN que por el PRI.

Ya se habla de una desbandada cupular no consensuada con las bases, luego la pregunta obligada es si la militancia está de acuerdo en también pedir “licencia”, o seguirá prestándose al juego de “los chuchos” y su alianza con el PAN. Si llegase a darse el caso de una licencia masiva, debe darse por hecho que revienta anticipadamente el Partido del Sol Azteca quedando fuera de las cercanas contiendas electorales, de ahí que las “licencias” de Andrés Manuel y sus seguidores en el PRD, no tiene ninguna razón de ser.

Ya que la militancia al paso de los años no ha sido capaz de rescatar al partido, o rompe en definitiva buscándose transitar por nuevos caminos, o se seguirá con el desgastante juego del gato y el ratón que auspicia Andrés Manuel como estrategia fallida, con un muy previsible abandono del lopezobradorismo por mero cansancio. ¿Esto es lo que se quiere? Si es así, Carlos Salinas y Felipe Calderón habrán cumplido su propósito de destruir a la izquierda en México.

Lo menos que se puede esperar de la izquierda es congruencia. Se es o no se es.

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El Universal

El ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, adelantó hoy en Querétaro  que el movimiento que encabeza “muy seguramente” romperá con el Partido de la Revolución Democrática (PRD),  pues la dirigencia de este partido pactó una alianza electoral con el Partido Acción Nacional (PAN).

“Ya pactaron ir juntos en el 2012, los dirigentes del PRD con el PAN. Entonces eso es un acto de traición. Nosotros vamos con la gente, a construir una alianza amplia con los ciudadanos”, afirmó el político tabasqueño.

“Si se mantiene el contubernio con el PAN, nosotros pintamos nuestra raya. Entonces, sí habrá ruptura porque nosotros no vamos aceptar el acuerdo con el PAN”, expresó el político tabasqueño.

Sí cargué los dados contra López Obrador en 2006: Fox

Milenio

México.- Vicente Fox Quesada reconoció haber “cargado los dados” contra Andrés Manuel López Obrador en la contienda electoral de 2006 por la Presidencia de la República.

En el programa Antena Radio Primera Emisión, la pregunta directa de Mario Campos fue: “¿Cargó los dados contra López Obrador?”

“Pues claro que sí, en lo que pude, claro que sí, y es democrático; por eso lo digo yo y lo dije: fue un segundo triunfo para mí”, respondió Fox en la entrevista que se difundirá hoy y de la cual se transmitió ayer un fragmento relacionado con los comicios federales de hace cuatro años, en el último año del mandato del guanajuatense.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“O se salva en el 2012 o se muere el PRD”, afirmara con todo desparpajo (o desverguenza)  el diputado local veracruzano  Manuel Bernal, en rueda de prensa.

No se a que PRD se refiera el Sr. legislador y líder vitalicio de una amplia agrupación que, por el origen humilde y un sinnúmero de necesidades no satisfechas que les agobia, tiene presencia en las más excluidas colonias de la capital veracruzana.

¿Al PRD azul de los chuchos? ¿Al PRD negro amarillo de Marcelo Ebrard? ¿Al PRD rojo y amarillo de López Obrador? O al cadáver insepulto que por sus malos olores es objeto de repulsa en Veracruz.

Es difícil saberlo a ciencia cierta. Son tantas las corrientes, tribus, grupúsculos, capillas de dogmáticos conspiradores, y una bien engrasada maquinaria de oportunistas y vividores que conforman a un partido político que, tras un mal parto, padece endémica deformación, que identificar a unos u otros resulta ya, para todos, titánica tarea. Más fácil resultaría preguntarle al propio legislador que especificara a cual PRD se refiere y en que tribu milita, para salir de dudas. Su respuesta podría dar luz sobre el difunto  que en el 2012, dice,  resucitará de entre los muertos, por obra y gracia de Calderón Hinojosa, o ya, en definitiva, se le da cristiana sepultura por ya no responder a los intereses de la partidocracia en el poder.

En este espinoso caso del zombie perredista, el ex diputado local, Uriel Flores Aguayo, en un apretado texto, pretende sintetizar lo que a su juicio da lugar a la actual crisis de la izquierda en México;  enfatizando que si bien, a pesar de su divisionismo crónico siempre ha tenido la esperanza de un futuro mejor, “ahora pareciera que la lucha es entre los defensores del cascarón y los que levantan machetes para cortarles las cabezas a los infieles”, concluyendo que la crisis de la izquierda mexicana  tiene que ver, sobre todo, con la conducción del PRD y la candidatura presidencial del 2012.

Planteamiento que a mi modesto entender, contribuye a generar una aún mayor confusión. ¿Quiénes son los infieles a descabezar? En el caso del “cascarón”, ¿estamos hablando de un vaso medio vacío o del vaso a medio llenar?

A mi juicio no es aceptable su análisis. Se justifica, por su juventud, no habiéndole tocado vivir la etapa en la que militar en la izquierda en México bajo las banderas del ideal socialista, representaba una forma de vida, con reciedumbre en principios y valores, no pocas penurias económicas, sacrificio personal y familiar  y, por cierto,  se pagaba con persecución y cárcel, en el mejor de los casos.

Confunde a la izquierda en México, de una muy larga data de lucha en la clandestinidad y, aunque dividida por diversos enfoques, corrientes, apego a Stalin o Trotsky, simpatía con la burocracia soviética, china o cubana, organizada en capillas de notables o pequeños partidos de cuadros, se coincidía ideológicamente en sustentar teoría y praxis en la lucha por el socialismo.

Lo que el ex legislador y dirigente perredista, conoce y se refiere como “izquierda en México”, es hoy otra cosa muy diferente. Integrada en sus inicios por lo ideológicamente más atrasado de las corrientes “socialistas” y “comunistas” del país, acogiéndose a la reforma electoral, acepta renunciar a la lucha por el socialismo y competir electoralmente bajo las reglas de su tradicional enemigo de clase; sin más bagaje ideológico que un reformismo pragmático y populista. Deja de ser expresión de la izquierda auténtica y, tras varios re acomodos de corrientes y tribus clientelares, termina por ser el Partido de la Revolución Democrática que todos conocemos.

La ideología socialista deja de ser amalgama enriquecedora, sin nada que le sustituya. El oportunismo, pragmatismo y corrupción, inscritas en las reglas del juego electoral oficial, se encargan de minar, dividir  y acelerar la muerte del recién aceptado socio incómodo. A lo largo de su breve existencia, el PRD ni es partido de cuadros ni partido de masas. Es apenas un mazacote, sin pies ni cabeza, tan clientelar y corrupto como sus homólogos y, de paso,  la expresión más débil de la trilogía que, conocida ya como “partidocracia”, desde el Congreso de la Unión y las gubernaturas estatales  está hundiendo al país. Asumiéndose a conveniencia como palero del mejor postor. Con la salvedad de que una cosa es la militancia de buena fe y otra, muy diferente y nefasta, la prostituida cúpula conductora a la que se refiere nuestro buen amigo Uriel Flores.

La competencia entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, con vías al 2012, no propicia la división al interior del PRD. Además de su fragmentación de origen, la fractura que hoy se expresa entre los antagonismos de los cuadros de dirección, a favor o en contra de las alianzas con el PAN, ya estaba dada de antemano. Después del 2006, la corriente mayoritaria de “los chuchos” se arregló con Calderón Hinojosa de espaldas al partido. Hoy día tenemos a un PRD partido en dos, el azul, de la corriente dominada por Jesús Ortega y su cercana cofradía, controlado  por la derecha,  y el de los tan irreverentes como ingenuos seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que hacen mucho ruido pero aportan muy pocas nueces a la vida democrática y recuperación del partido.

Unos y otros hacen su propio juego. Marcelo Ebrard simplemente está prestándose, pragmáticamente, en su calidad de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, al juego de “los chuchos”, más por razones de gobernabilidad de una de las urbes más complejas del mundo, que por aspiraciones viables a la candidatura perredista para la contienda por la presidencia de la República. Sabe bien y a eso me atengo en mi juicio,  que su presunto competidor, o recupera la conducción del PRD en el 2011, o lo manda al diablo, llevándose consigo a la militancia que le apoya. Sin ideología definida ni compromiso programático, el pragmatismo manda.

Y eso, con perdón del diputado Bernal, no tiene relación con la aún lejana elección presidencial, cuyos resultados dependen de lo que, a juicio de los poderes fácticos, estos  consideren como su mejor camino para el México a que aspiran. Es apenas un indicio del grado de descomposición que guarda nuestro sistema de partidos políticos y la democracia representativa en México. La crisis que vive éste reventará por el eslabón más delgado, el PRD.

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Julio Hernández López

Astillero / La Jornada

Kafka electoral; El tufo del fraude; Televisa, al IFE

Era Kafka electoral. Una especie de festín burocrático menor, en esa sala de juntas de la dirección jurídica del Instituto Federal Electoral (IFE) donde se desahogaba la absurda diligencia que pretendía desentrañar si un ciudadano sin candidatura es culpable hoy de seguir luchando en desventaja y de manera pacífica por el mismo proyecto político –no necesariamente con el mismo abanderado– que en 2006 sufrió fraude a manos de un cártel institucional del que la cúpula del tal IFE fue destacada partícipe.

Obviamente no estaba Luis Carlos Ugalde –anda en Puebla, asesorando en asuntos de transparencia al equipo de transición de Rafael Moreno Valle, el gobernador electo que obedece a Elba Esther Gordillo, como lo hizo y hace el propio Ugalde–, pero su tufo estaba presente allí, en esa oficina de blancas paredes, libreros de madera barnizada, aire acondicionado y disponible proyector de transparencias. Estampas pasadas, presentes y futuras: El recuerdo del robo anterior –el que encaminó a México a la desgracia actual: el fraude como pecado original de este sexenio sangriento–, la evidencia del minimalismo de aires filibusteros de los actuales consejeros que llegaron al cargo mediante el reparto de asientos como descarado botín de partidos, y las versiones de que al relevo de fichas agotadas se encaminan personajes que son garantía de que todo siga igual de mal; por ejemplo, la consejería Televisa, a la que se dice que las Paredes del PRI han dado el visto bueno: ni más ni menos que Arely Gómez, hermana de uno de los máximos directivos de la televisora en jefe, que ya fue todopoderosa controladora de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, desde un cargo administrativo con Mariano Azuela, y luego pasó a la inútil fiscalía de delitos electorales que dejó con sentido de oportunidad para colocarse en la línea de tiradores a la renovación parcial de las plazas súper bien pagadas del que era, es y por lo visto seguirá siendo el Instituto del Fraude Electoral (en febrero de 2007, a partir de testimonios escritos allegados a esta columna, se describieron aquí los favores, abusos y tráfico de influencias que en la Corte realizó la funcionaria Gómez: en http://bit.ly/aKcqTU y  http://bit.ly/dfJbED pueden leerse las entregas relacionadas con el tema).

La diligencia justiciera comenzó a tiempo, a las 10 de la mañana, ya con seguidores del compareciente diciéndole a las puertas del IFE que no estaba solo y deshojando los mil pétalos acusatorios contra la instancia anfritriona. Como si el tabasqueño tuviera infiltrados en las oficinas que deciden dar presuntos golpes en su contra, la armazón del supuesto patíbulo acabó siendo plataforma de promoción. Así pasó también con la declaración incendiaria del licenciado Calderón al recordar sus hechuras de guerra sucia, cuando clasificó al adversario electoral de peligro para México. No hay mejores resucitadores del lopezobradorismo que sus torpes adversarios. Ellos, una y otra vez, con uno y otro lance, cual caricatura del correcaminos tabasqueño y los coyotes blanquiazules y salinos, crean las condiciones para exhibir su brevedad política y para ayudar a quien involuntariamente constituye el mayor de sus éxitos políticos: el repunte de quien siguen queriendo dar por políticamente muerto.

No iba a desperdiciar ese escenario el todavía perredista, al que acompañó una defensiva representación del Partido del Trabajo –Alberto Anaya andaba fuera de la ciudad, pero allí estaban Silvano Garay, Ricardo Cantú, Óscar González Yáñez, Herón Escobar y Jaime Cárdenas, a quien AMLO designó su representante legal–, así que, en cuanto le tocó el uso de la palabra, el tabasqueño emprendió la lectura de un discurso que podría intitularse El IFE me absolverá. Pasaron lista el fraude electoral, la mafia del poder, la resistencia civil pacífica, la lucha política legal y, desde luego, el intento de censura contra los mensajes por televisión. Y les cambió el chirrión por el chaparrito: no es él, López Obrador, quien menoscaba la imagen presidencial y degrada a las instituciones sino el mismo ocupante de Los Pinos: “Yo no daño la ‘imagen’ presidencial, la denigra quien no ha sabido estar a la altura de los anhelos del pueblo; envilece la investidura quien me acusa de ser un peligro para México, dando así el banderazo de arranque a la nueva campaña de odio y rencor en contra nuestra. En lugar de actuar como hombre de Estado y gobernar para todos los mexicanos, Calderón demuestra cotidianamente que no es más que un jefe de facción y un operador político de la oligarquía y de su guerra sucia”.

Luego pasó al detalle de su patrimonio y percepciones, obligado por el emplazamiento del IFE como si ya lo hubiera declarado culpable y debiera asomarse a sus haberes para aplicar multas o embargos: 50 mil pesos mensuales de sueldo entregado por la asociación civil Honestidad Valiente, 9 mil pesos de saldo en su única cuenta bancaria y una casa heredada en Chiapas. Pero exigió que igual claridad patrimonial se demande a Calderón, Salinas, Fox, Peña Nieto, Gordillo y Beltrones. Los trámites burocráticos continuaron. Las autoridades le devolvieron la credencial de elector solicitada para identificación. Papeles fueron firmados. Y la despedida, con Kafka en lo alto, sonriente, en espera de la sesión de consejo general de este viernes en la que cuatro de nueve de los votantes han adelantado que no continuarán con el proceso, lo que, con un sufragio más, significaría una nueva victoria del tabasqueño, construida por sus adversarios.

“Denigra la imagen presidencial quien no ha sabido estar a la altura de los anhelos y me acusa de ser un peligro para México”

El ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador rechazó haber violado el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) con la difusión de sus spots en radio y televisión. Al comparecer ante la representación jurídica del Instituto Federal Electoral (IFE), el político tabasqueño aseguró que tampoco daña la “imagen presidencial”.

Rechazó que incurra “en actos anticipados de campaña, ni me he proclamado precandidato, ni candidato, ni he llamado a votar por ningún partido de cara a los comicios de 2012”.

López Obrador subrayó que luego de lo ocurrido en 2006 conformó un movimiento de resistencia civil pacífica, el cual se ha reunido en 17 ocasiones en el Zócalo de la ciudad de México.

Recordó que en la última Asamblea Nacional del 25 de julio pasado se tomó la decisión colectiva de participar en la contienda presidencial de 2012, pero aclaró que “no se ha decidido todavía quién será nuestro candidato, pero de lo que sí estamos seguros es que buscaremos construir una mayoría nacional”.

El político se quejó de que al actuar en su contra el IFE está juzgando más sus opiniones sobre la realidad del país y tratando de cancelar su libertad de expresión y derechos ciudadanos.

Resaltó que el instituto le solicitó información sobre sus ingresos, pago de impuestos, utilidades, cuentas bancarias y otros activos circulantes.

Consideró que ello se trata de una “actitud majadera y amenazante”, pese a lo cual dio a conocer que percibe un sueldo mensual de 50 mil pesos de la Asociación Civil Honestidad Valiente, y tiene una cuenta de cheques en el banco HSBC con un saldo a la fecha de nueve mil 34 pesos.

Asimismo aclaró que no tiene tarjeta de crédito ni cuentas bancarias en el extranjero y que el año pasado pagó 178 mil 51 pesos por concepto de impuestos, además sólo tiene una casa en Palenque, Chiapas, que le fue heredada.
En la sesión que duró aproximadamente hora y media, López Obrador señaló que hay una mafia en México integrada por 16 multimillonarios, 11 políticos corruptos y tres tecnócratas que son dueños del poder económico y público, cuyo grupo -según él- fue conformado por Carlos Salinas de Gortari para perpetuarse en el poder.

Consideró que denigra la “imagen presidencial” quien no ha sabido estar a la altura de los anhelos y “me acusa de ser un peligro para México, dando así el banderazo de arranque a una nueva campaña de odio y rencor en nuestra contra”. La Cronica

Chicoloapan, Mex. Andrés Manuel López Obrador consideró que no es viable que la dirigencia nacional del PRD corrija su decisión de establecer una alianza electoral con el PAN para la renovación de la gubernatura del estado de México, porque “ya se amarraron” con Felipe Calderón. Al continuar su gira por municipios mexiquenses, el tabasqueño enfatizó en que los dirigentes perredistas “no van a poder seguir engañando, porque la militancia no quiere la alianza con la derecha, con la reacción” y, parafraseando a don Benito Juárez, recordó: “El triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

Asimismo sostuvo que sus adversarios buscan con sus alianzas que la lucha político-electoral sea entre el PRI y el PAN y con ello implantar un bipartidismo en México de derecha. “Se pasaron de la raya los dirigentes del PRD”, manifestó. La Jornada

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El ciudadano Felipe de Jesús del Sagrado Corazón Calderón Hinojosa, como cualquiera otro en nuestro país, está en plena libertad de pensar y de expresar sus ideas, por cualquier medio a su alcance, en los términos y con las limitantes que la legislación vigente establece. Luego lo que a el le venga en gana expresar no debería ser motivo de escándalo y desgarre de vestiduras, como está aconteciendo en atención a los términos en que califica al polémico político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.

Otra cosa muy distinta es que el ciudadano Calderón, en su carácter de presidente de la República en funciones, emita públicamente su opinión sobre el controvertido tema de las alianzas electorales, dando por sentado que Andrés Manuel ha sido y siga siendo “un peligro para México”, y, de paso, afirme que quienes comulgan con las ideas del tabasqueño sean “sus fanáticos”, “extremo super radical”, “especie de feligresía”, “que no tiene nada que ver con el mexicano común que trabaja, lleva a sus niños a la escuela, y quiere vivir en paz y tranquilidad”.

Para el ciudadano común, es legítimo el acogerse la libertad de expresión, derecho inalienable dispuesto por la Carta Magna que nos rige a todos por igual, sin más limitantes que aquellas que la propia ley establece. Como presidente de la República, al ciudadano que ostente tal investidura, tal libertad le está acotada, adicionalmente, social, económica y políticamente por lo que mejor  convenga a la Nación.

De ahí que habría que preguntarse si Felipe Calderón, con sus públicas declaraciones en contra de Andrés Manuel López Obrador, actuó como presidente de la República, o como ciudadano común, asumiéndose como militante beligerante de un partido político en específico, que ve en el político tabasqueño más que “un peligro para México”, una amenaza latente para las aspiraciones del PAN de mantener para sí el poder presidencial.

La respuesta la tienen los varios millones de mexicanos, incluidos senadores y diputados federales, que ya se están manifestando en contra de las afirmaciones de Felipe Calderón, al considerarse que actuó como un militante más del PAN y no como presidente de la República, en tanto contribuye a enrarecer el clima político, reactivar polarización social, e inmiscuirse en asuntos de la absoluta competencia de un sistema de partidos políticos ya de sí en franco deterioro.

Precisamente auspiciando y propiciando aquello que menos conviene a la Nación,  en un país que requiere con urgencia de unidad, concordia y estabilidad política, frente a los efectos de una crisis que tiene a México al borde de la calificación de Estado fallido, y viviéndose una situación de emergencia en gran parte de México, a consecuencia de los efectos de fenómenos naturales que lastiman a miles de familias

Andrés Manuel López Obrador en esta ocasión ha sido cauto en su respuesta. El amor al prójimo que une y no el odio y la mentira que separa y divide, son sus palabras frente a la provocación de un presidente de la República que no sabe estar a la altura y responsabilidades a que su investidura  le obliga.

Lo que no podemos asegurar es si la misma cautela y ponderada respuesta, domine en el amplio escenario de millones de esos mexicanos a los que Calderón califica como “fanáticos”, “extremo super radical”, que conforman esa “especie de feligresía”, que convencida acepta y sigue, no al hombre, con sus debilidades y fortalezas y confrontado con el sistema, sino a las ideas e intencionalidad de cambio que por todo el país difunde López Obrador, coincidentes con el sentir generalizado de un ya basta al estado de cosas que está hundiendo a México.

Porque una cosa es el hombre, el ciudadano común, con sus anhelos, contradicciones, convicciones, renovadas y legítimas  aspiraciones a ocupar la primera magistratura del país y, otra cosa son aquellas ideas que trasmite y que prenden en multitud de ciudadanos que, valorando al país que en suerte les ha tocado vivir, atienden más a lo mediato de su vida cotidiana y futuro cercano, que a la incertidumbre de un retroceso histórico ofertado por el gobierno calderonista, o un más de los mismo, ofertado por el sistema formal de partidos políticos que padecemos en México.

¿Qué es un peligro para México, a decir de Calderón? Habría que ver cual es el México que ve en Andrés Manuel una amenaza y cual México constituye para muchos, el país al borde del desastre en el que, los que menos tienen, habrán de pagar los platos rotos. Para estos últimos, Más que ver en Andrés Manuel como un peligro, lo siguen como oportunidad de una renovada esperanza de transformación y cambio. La ambivalencia del discurso de López Obrador, no lo aclara. Por un lado se asume como un reformista radical confrontando al sistema capitalista como tal, arremetiendo contra “la mafia” burguesa, doméstica y trasnacional y, por el otro, como un bien intencionado y honesto político “de izquierda”, que propone cambios sustantivos en el gobierno en beneficio del pueblo llano. Tal ambivalencia o incongruencia discursiva, indudablemente genera lo mismo rechazo que aceptación.

La verdad de las cosas es que López Obrador no es un “revolucionario radical”, en el sentido socio-histórico, tampoco un reformista al estilo de Chavez o Evo Morales. Apenas aspira a darle un rumbo cierto al futuro de un país que ha perdido la brújula, privilegiando con visión social el crecimiento, desarrollo y bienestar de los más.

En consecuencia, Felipe Calderón estaría obligado a explicar el porqué considera que el tabasqueño sea “un peligro para México, y a cual México ve amenazado con las ideas y propuestas de quien ya desde ahora,  pretende marginar de la contienda electoral del 2012.

Por lo pronto, dentro del marco de la fracasada “guerra” que bajo los auspicios y dirección de Calderón Hinojosa, desparrama miles de muertos por todo el territorio nacional, generando desconfianza, inseguridad, incertidumbre e intranquilidad social, Andrés Manuel López Obrador políticamente retoma el centro neurálgico del debate nacional sobre el futuro de México. El maridaje entre la obcecación enfermiza y ausencia de visión de Estado de Calderón y la corrupción y oportunismo del chuchismo perredista, se han encargado de que así sea.

Paréntesis aparte, a mi juicio ya es tiempo que Andrés Manuel defina su militancia partidista. No puede seguir con un pie dentro del PRD y otro fuera de su partido, sin que ello genere confusión y falsas expectativas,  a la par que inyecta, en vano, oxígeno a  una dirigencia cupular entreguista y tan reaccionaria de un partido que, en la mayor parte del país, es ya un muerto insepulto.

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