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Tag Archives: “Atenas Veracruzana”

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“La confianza es un factor fundamental del cemento social para la cohesión y el funcionamiento adecuado de los procesos sociales. Este bien social y público, que es la confianza, se encuentra en ruinas. Los ciudadanos no creemos en nada que venga de las autoridades y de los partidos políticos.” Juan Castaingts Teillery (El Financiero 15/05/2014)

La alcaldía xalapeña confía en la ciudadanía para el buen éxito de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en nuestra ciudad capital pero, ¿la ciudadanía confía en la alcaldía?

La profusa y costosa promoción mediática de imagen no abona a favor de Américo Zúñiga Martínez en respuesta a esta interrogante.

En ello debería reflexionar el alcalde de la capital veracruzana, antes de que sea demasiado tarde en el logro de conjunción de voluntades.

La participación ciudadana no se logra de la noche a la mañana, fruto de generación espontánea, o resultado de “un pacto” cupular y mediático, se construye cotidianamente en torno a tareas comunes, concretas y organizadas pero sobre todo, en un clima de solidaridad y confianza mutua, que lo mismo en el seno de la sociedad que entre esta y las autoridades, permita establecer un mínimo de consenso en torno a propósitos y objetivos que atañen a todos.

Clima que al día de hoy brilla por su ausencia. La sociedad no tiene confianza en sí misma como para proponerse hacer de la participación social consciente y organizada herramienta para enfrentar la problemática de la ciudad, ni el Ayuntamiento le merece confianza como para signar un pacto consensuado sustentado en compromisos comunes.

Unos y otros nos rascamos cada quién con nuestras propias uñas. Con el grado de violencia de los últimos días desconfiamos no sólo de la autoridad sino hasta del vecino.

Por su parte, la alcaldía si bien habla de pactar con la sociedad para hacer de la capital veracruzana una ciudad ordenada, limpia y atractiva para recibir dignamente a quienes nos visiten con motivo de los Juegos, tampoco la sociedad xalapeña le merece confianza como para echar a andar una estrategia de participación social en la que la población seguramente exigiría más de lo que la alcaldía está dispuesta a dar.

En tales condiciones, llegará noviembre y el tal pacto no pasará de acuerdos coyunturales y cupulares prefabricados, de nulo impacto en el propósito de rescatar a una ciudad sumida en el atraso y abandono; aún si sólo se tratara de montar un fastuoso escaparate destinado a la atención de atletas y público asistente a los eventos tan ampliamente cacareados. Lo deseable es sin duda otra cosa, pero el resultado está por verse.

El gobernador del estado ha dicho ¡Estamos listos! ¿Realmente lo estamos en la capital veracruzana?

Es de dudarse ya que si bien las instalaciones físico deportivas podrían estar en condiciones óptimas para la realización de los Juegos, la ciudad no lo está para recibir dignamente a miles de visitantes, empezando por disponibilidad suficiente de infraestructura hotelera y de servicios, transporte público decente y personal de policía y tránsito políglota y eficiente, si se toma en cuenta que la expectativa de las autoridades habla de una afluencia y concentración de visitantes extranjeros sin precedente. Esto sin hablar del tema de seguridad que por lo que se observa, va de mal en peor en la región.

El alcalde con Otero ciudadano

El alcalde seguramente sabe de la magnitud del reto y de las debilidades de la comuna. Es por ello que convoca a un pacto ciudadano que coadyuve a la tarea, consciente de que sin la participación de todos, dignificar Xalapa en un mínimo de tiempo, es prácticamente imposible.

Pero una cosa es que sea consciente y otra, muy distinta el que se haga acompañar de honestidad, voluntad política y confianza en sus gobernados como para poner en marcha la estrategia de participación social aún a costa del riesgo que ello implica. No es circunstancial que ponga su mayor interés en cooptar a los líderes de movimientos sociales de mayor presencia y peso en las colonias populares, para así asegurar participación social simulada y lleno en las graderías, sin que ello tenga el menor impacto en el rescate de Xalapa y mucho menos en construcción de ciudadanía consciente, responsable y comprometida con su ciudad capital.

Américo Zúñiga dialogará el próximo miércoles con exponentes de la llamada sociedad civil en el marco de Otero Ciudadano, Asociación propiciatoria de dialogo entre actores políticos y población. En esta ocasión seguramente el joven alcalde en su intervención pondrá énfasis en su estrategia de pacto con las cúpulas ante la proximidad de los Juegos centroamericanos y del Caribe llamando a los asistentes a unidos sumarse a la tarea, la respuesta a tal demanda más que de compromiso de dientes para afuera, será de una nueva andanada de quejas, reclamos y propuestas, así como de una enérgica demanda de información puntual en torno al Plan Municipal de Desarrollo para el cuatrienio.

Sin conocimiento público de propósitos, objetivos, tareas y metas por alcanzar, la participación ciudadana sustentada en un pacto a la palabra, se quedará en el tintero. El qué, por qué, donde, cuándo, cómo y con qué sería el punto de partida para un principio de entendimiento mutuo, sin esto en una comunidad desinformada, apática y harta de discursos y promesas, la desconfianza seguirá siendo la constante.

Hojas que se lleva el viento

Al fin jarochos. Por más esfuerzos que la autoridad realiza para dar realce a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, se queda atrás frente a un madrugador proceso electorero. No se quiere entender que primero lo primero; lo mismo se trate de los señalados como aspirantes a la gubernatura que a los que suspiran por una diputación federal deberían entenderlo así. El fuego amigo desatado y las patadas mediáticas, ponen en entredicho la prioridad de los Juegos y quien pierde es Veracruz.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 De tanto repetirse que la capital veracruzana vive de la burocracia, el comercio y las instituciones de  educación superior que  proliferan como plaga, ello ha dado en lugar común, generando una absurda resignación como si Xalapa no pudiera acceder a otras alternativas económico productivas que generen empleo, derrama económica, fortalecimiento del mercado interno y una mejor imagen de la ciudad.

 De ahí que no es de extrañarse el que a lo largo de la pésima administración municipal que encabeza la Sra. Elizabeth Morales sean motivo de preocupación y estéril debate temas tan trillados como vialidad, transporte público, seguridad, comercio informal y tratamiento de la basura. Responsabilizándose, de hecho, al gobierno municipal de desapego a su gestión en perjuicio de la población sin detenernos a revisar cuidadosamente el tamaño de la viga que en el ojo propio impide veamos más allá de nuestro ombligo.

 Sin pretender minimizar la importancia de la problemática urbana que acusa el municipio de Xalapa y la polémica a que ello da lugar y, mucho menos lo atinado de la crítica a que se ha hecho merecedora la joven y corrupta alcaldesa, con la perspectiva que da el ver los toros a distancia estimo tan fuera de lugar como inútil el dar vuelta tras vuelta en la noria, destacando lo accesorio sin tocar lo principal. Se ignora el contexto histórico y geográfico  y se pasa por alto el sustento económico en que se asienta el tan anárquico como caótico crecimiento urbano de la ciudad capital.

 Pretender superar  problemas nuevos o añejos para dar paso a una ciudad moderna, funcional, con más de medio millón de seres humanos que le habitan y otro tanto de vehículos automotores que le agobian, sin aceptar que Xalapa históricamente, por su ubicación geográfica, topografía y  diseño original como lugar de reposta de viajeros y almacenaje de mercancías camino al puerto de Veracruz, fuera concebida para un propósito específico que no se corresponde con la categoría de capital de Veracruz, asiento hoy del los gobiernos estatal y municipal,  que coyunturalmente en su momento le fuera asignada.

 Sin más plano regulador que el establecido en tiempos de la Colonia, sexenio tras sexenio los gobiernos priístas le dejaron crecer en extensión y número de habitantes de manera anárquica, atendiendo a intereses electoreros,  y sin la más mínima visión de futuro. Fenómeno que se incrementó exponencialmente con la migración de los desheredados del sector rural que, a partir del desmantelamiento del campo por las mismas autoridades, buscasen mejores oportunidades en la ciudad capital. Haciendo nugatoria con el tiempo toda posibilidad de acceso a obras y servicios públicos de manera ordenada y eficaz.

 Xalapa, “Atenas Veracruzana”, dejó de ser bucólica posta de diligencias bellamente adornada con multicolores flores y destellos culturales para pasar a “urbe cosmopolita,” con marcados cinturones de miseria, escasez de agua, colonias populares abandonadas a su suerte, sucia y con una vialidad para carretas. Un rancho grande ubicado en el corazón del Veracruz de la prosperidad, caldo de cultivo para la exclusión y discriminación social, criminalidad y la violencia que hoy lamentamos. Lo cual a estas fechas pareciera no se puede remediar, salvo mediante la drástica medida de reubicar a la ciudad en un espacio más idóneo a partir de un proyecto urbanístico integral e integrador a la altura de  los paradigmas del nuevo siglo.

 Tenemos que aceptar que Xalapa físicamente ya no tiene para donde hacerse, ni manera de que sus habitantes puedan contar con los servicios públicos que demandan, como tampoco parece ser posible que las autoridades estatal y municipal tengan el mínimo de, imaginación, voluntad y visión para una adecuada gestión del municipio. A falta de ello, lo cómodo y conveniente para las autoridades es hacer como que se hace sin hacer nada, desviando presupuestos federales, estatales y municipales a otros menesteres poco claros, por decir lo menos, en tanto sus habitantes clamamos por orden, racionalidad y una civilidad que nunca llega. A lo hecho pecho, si tiene remedio bien y, si no lo tiene, también.

 Lo que debería preocuparnos y ocuparnos es que la mayoría del más de medio millón de habitantes, como se dice reiteradamente subsiste de magros empleos y peor salario siendo presa fácil para la manipulación política que acompaña al subsidio proveniente de programas asistencialistas públicos y privados. El empleo remunerador es escaso y concentrado en pocas manos en un clima de desigualdad económica y social al que nadie se refiere.

 Las actividades económicas dominantes son insuficientes para generar la riqueza necesaria para acceder a los beneficios de “la modernidad”. Sin actividades productivas que generen empleo remunerativo, bienes de consumo y ahorro, la ciudad está ahorcada, la población en su mayoría colgada de los cerros participando como consumidor cautivo e ineficiente en un mercado con marcados desequilibrios entre oferta y demanda efectiva, condenada a sobrevivir sin expectativas de creciente bienestar.

 Si no hay fuentes de empleo industrial que dinamicen la economía regional, hay que crearlas. Sería la respuesta lógica. ¿Cómo? Con imaginación y voluntad para buscar la autosuficiencia; substituyendo importaciones que nos llegan de todos lados tanto para no depender del exterior como para equilibrar oferta y demanda de bienes de consumo e el marco del fortalecimiento del mercado interno; impulsando el efecto multiplicador de la construcción de vivienda digna e infraestructura urbana; dando valor agregado a productos agrícolas y pecuarios de la región; capitalizando la ventaja comparativa del recurso humano formado en las instituciones educativas y, dejando atrás el pesimista lugar común de que Xalapa no tiene vocación industrial, esperando que los tres órdenes de gobierno se hagan cargo.

 La tarea es de todos, los inversionistas y emprendedores por delante. Y aquí es donde la marrana tuerce el rabo. La iniciativa privada en nuestra región carece de iniciativa y de vocación emprendedora, salvo para colgarse del gobierno. Falta de visión empresarial cierra el círculo perverso. Si la inversión no llega de fuera, el capital local no asume el riesgo; atiende a lo seguro, el comercio, el agio, más escuelas patito, especulación  y  pésimos servicios en su mayoría acogidos a la economía informal, hasta saturar el mercado con una oferta mal planeada frente a una demanda que día a día pierde capacidad efectiva de compra y de consumo,  matándose a la gallina de los huevos de oro.

 Por ahí debería centrarse el debate. Cómo hacer de la capital veracruzana cuna para la inversión productiva, autosuficiente en lo económico y digna y próspera en lo social, sin necesidad de depender de programas asistencialistas oficiales u oficiosos corrupto y falaz pretexto para politizar, manipular y explotar a los más desprotegidos.

 Tela de donde cortar la hay, generando riqueza lo demás ya vendrá por añadidura Seguirle dando vueltas a la noria sin agarrar al toro por los cuernos es a mi juicio inútil. Si la alcaldesa es un estorbo, pidámosle renuncie y a otra cosa mariposa. ¿O nos resignaremos a seguir pensando que Xalapa no tiene futuro?

 Hojas que se lleva el viento

 Quienes menos pueden contribuir al rescate de Xalapa y la región son los candidatos a legisladores federales que andan por ahí presumiendo que cuentan con una varita mágica que se apellida Peña Nieto para resolver la cada vez más lastimada realidad de Veracruz, emulando a la Sra. Perlasca que con saliva a su real entender está revolucionando la actividad turística en todo el Estado.  Su imaginación y voluntad transformadora está muy por debajo de los que la ciudadanía demanda, su inicuo paso por la administración pública lo confirma. Paradójicamente entre más prometen más exhiben a los diversos gobiernos priístas por ineptos, corruptos y dejados. ¿No acaso Veracruz es un estado próspero que brilla con luz propia? Mucho ruido y pocas nueces, diría mi abuela. Mérida, Yuc., abril 25 de 2012

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