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Tag Archives: Autoritarismo

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

La información que en la semana en curso ha levantado ámpula, es la concerniente al conflicto que al interior de MVS, culminara con el despido de Carmen Aristegui y la salida del aire del programa informativo que conducía la destacada comunicadora e icono del periodismo independiente nacional.

Dado el clima de incredulidad y desconfianza para con todo lo que provenga del poder público que a nivel nacional prevalece, la primera reacción de la opinión pública fue de un justificado “sospechosismo” sobre una presunta intervención presidencial en la toma de la decisión adoptada por los propietarios de MVS, así como de un masivo respaldo a la conductora y su equipo de trabajo.

La percepción en el imaginario colectivo fue y sigue siendo la de un golpe más a la libertad de expresión y no un simple conflicto entre particulares como puntualiza la Segob,  considerándose que la argumentación para justificar el despido de Aristegui y su equipo de trabajo no pasa de ser un pueril pretexto tras el cual se oculta la mano presidencial.

En este nocivo clima que confronta al poder público con la ciudadanía, la opinión pública personaliza el affaire, colocando a los despedidos como víctimas de una manifestación autoritaria de un régimen político rebasado por la realidad e incapaz de recuperar confianza y credibilidad.

Observándose, sobre todo en las redes sociales, que la población percibe que más allá de  la simpatía, y solidaridad que la destacada periodista y su programa informativo concitan, está presente y es motivo de preocupación colectiva un hecho de la mayor relevancia, como una más y obvia escalada de un autoritarismo gubernamental en contra de la libertad de expresión y de la libertad de información como derechos inalienables del pueblo de México.

Escalada que no se daría en el vacío. Estaría encuadrada a mi juicio en la pérdida de confianza del poder público en una ciudadanía que el mismo presidente considera estorba por incrédula y obstáculo para el terso aterrizaje de sus reformas y consolidación del modelo de país que, cupularmente, se estima panacea idónea para abandonar las canchas del subdesarrollo.

Si esto es así, tanto el Sr. Peña como los intereses particulares que representa, no contaban para sus propósitos con el despertar de una sociedad cansada, lastimada y harta de corrupción y expoliación. Carmen Aristegui, en su carácter de mensajero, reflejando tal descontento social resulta incómoda para quienes se niegan a ver y escuchar el sonoro caminar de una realidad que ya no se puede ocultar con un dedo. Había que salir a parar y que mejor que recurrir a la manida fórmula de conflicto de intereses mercantiles entre una empresa periodística y sus subordinados.

La información periodística tiene dos puntas, la emisión y la recepción del mensaje. Es obvio que con la cancelación de un programa informativo, crítico tanto por su contenido como por su amplia cubertura a nivel nacional e internacional, se afecta a ambos extremos del mecate. Eliminado el mensajero, emisión y recepción se pliegan a los intereses del régimen. Vulnerándose de un solo tajo lo mismo la libertad de expresión que el derecho de la ciudadanía a estar bien informada, como bien lo apuntara Andrés Manuel López Obrador al meter basa en el conflicto, sugiriendo se resuelva el diferendum por medio del diálogo, ya que los espacios independientes son muy pocos en México.

Luego la supresión del programa informativo líder en MVS, va más allá de un conflicto empresarial de intereses en la que la primera perjudicada es Aristegui. Creo que así debe entenderse, como también creo debe entenderse que el pretexto aducido por la empresa de medios no es otra cosa que un mensaje por interpósita persona del gobierno peñista a la prensa nacional (como bien lo sospecha la opinión pública), acotando lo mismo el quehacer del periodismo que el ejercicio de la crítica y descalificación de la actuación gubernamental por una ciudadanía cada vez más propensa a expresar públicamente descontento, hartazgo y resistencia.

La impotencia manifiesta del régimen político para revertir incredulidad y desconfianza en favor de los propósitos y objetivos gubernamentales, habla por sí de la no aceptación de más crítica que azuce el avispero. Más si este talante crítico trasciende las fronteras nacionales y obtiene eco en el marco internacional, proyectando una imagen que pone en entredicho cualitativa y cuantitativamente desempeño y alcances reformistas del gobierno de México en su afán de apertura a la inversión extranjera y entrega del bien público al capital privado.  

MVS, Aristegui y en general la amplia audiencia que ha seguido el programa informativo en cuestión, pierden pero mayor daño acusa el ya de si deteriorado clima de incertidumbre de un México titubeante que no encuentra rumbo.

La pregunta obligada es si no estando el horno para bollos, la medida presidencial a tras mano se revertirá o no en contra del afán reformista neoliberal.

La respuesta a esta interrogante está en el aire. Empero, la ciudadanía ya suma lo que considera una afrenta,  al acumulado que Ayotzinapa pusiera al desnudo.

Libertad de expresión y libertad de empresa

Adicionalmente a todo esto que ventilado mediáticamente ya está en la calle, el conflicto de intereses que se vive al interior de MVS también pone en evidencia la confrontación entre libertad de prensa (de empresa) y libertad de expresión. La crisis por la que atraviesa el país ya no da cabida a la conciliación entre uno y otro derecho constitucional. La libertad de prensa garantiza aunque acotado por la ley, el ejercicio del periodismo como un negocio mercantil lucrativo más en la vida económico-empresarial del país, en tanto que la libertad de expresión es un derecho universal que transversalmente atañe a todos por igual, teóricamente en la vida en democracia no tiene acotación alguna,  y cuyo precio no se tasa en dinero.

MVS lo deja establecido muy claro, haciéndose eco del sentir de la industria de la comunicación y entretenimiento: la libertad de expresión termina cuando vulnera el carácter mercantil de la libertad de prensa, atentando contra los negocios e intereses de la empresa.

Conversando sobre el tema con el propietario de un medio de comunicación local que difunde el sueño duartista de que aquí no pasa nada, vamos bien, éste fue claro y contundente: “La actitud asumida por MVS en contra de Carmen Aristegui está plenamente justificada. Ningún subordinado debe o puede atentar contra los intereses de su fuente de trabajo, sin atentar contra su derecho y obligación de llevarles el pan a sus hijos. La periodista sobrepasó los límites generalmente aceptados de una sana y recíproca relación entre el poder y la prensa por lo que no le queda hacerse la mártir”. Así como también me expresara que “… eso de coartar el derecho de la población a estar bien informada es relativo cuando el programa de Aristegui sólo ha interesado a intelectuales trasnochados  o a seguidores de López Obrador”.

De esta manera, mi aldeano interlocutor plenamente consciente del terreno en que se mueve y medra, sintetiza la confrontación entre los intereses de unos cuantos por sobre los intereses más generales de la población.

En la misma tesitura estimo se encuentra la mayoría de los empresarios de la comunicación de masas en México y,  particularmente en Veracruz, entidad federativa en la que la empresa periodística tiene como fuente primaria de financiamiento al convenio propagandístico con los gobiernos estatal y municipales. Reduciéndose la libertad de expresión de los tundeteclas de a pie, reporteros y comentaristas, a lo que el poder público quiere escuchar.

Como corolario, a mi juicio considero que el “conflicto de intereses entre particulares” que nos ocupa, lleva cola y aún hay más. Lo que acontece al interior de MVS es apenas la punta de lanza en la presunta escalada. El régimen político y los poderes fácticos que mecen la cuna no cesarían en su propósito de acallar por la vía del autoritarismo la voz ciudadana de protesta y resistencia, generalizando el uso del tapaboca por todos los medios a su alcance. Que lo logren es otro cantar.

Hojas que se lleva el viento

En los círculos políticos y periodísticos cobra fuerza la idea de que el próximo gobernador de dos años en Veracruz será -contra la opinión e intereses de Fidel Herrera Beltrán y el duartismo-, un Yunes. Y en torno a esto la elección de junio próximo en la que es de esperarse que los veracruzanos se manifiesten en contra del más de lo mismo, se desdibuja por irrelevante, dando paso a un incierto futuro sobre lo que serán los procesos electorales del 2016 y 2018 en la entidad. Mucha crema a los tacos en torno a lo superfluo cuando lo sustantivo que es el derrumbe de la economía veracruzana se ignora o se pasa por alto. Por cierto, un Yunes o Juan de los Palotes, no son garantía de que en tiempo y forma se recoja oportunamente el tiradero acumulado de 10 años de pésimo gobierno. Frente a la perversa maquinaria electoral partidista, la realidad seguirá imponiéndose al aquí no pasa nada.

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Atinado mi comentario vertido el día que el diario  “La Jornada Veracruz” iniciara su aventura saliendo a la luz pública por vez primera. Con su presencia en el cotarro el periodismo veracruzano se oxigena, dejando atrás el obsoleto y rancio ejercicio que por décadas mantuviera a la población desinformada y manipulada. A partir de un antes y un después de la prensa veracruzana, como un parte aguas en sus ediciones impresa y digital este diario conducido con responsabilidad y profesionalismo por Tulio Moreno Alvarado, alienta el apostarle a un periodismo decente con elevadas miras en pro de los intereses más generales de la población, como es posible observarlo ya en publicaciones digitales alternativas que se ganan a pulso aceptación y simpatía de la audiencia veracruzana en la Internet.

Xalapa, Ver., marzo 17 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando el descontento y hartazgo de amplios sectores de la sociedad se tiñen de rojo, ni perdón ni olvido, es el mensaje a la nación que, en contrario a los llamados del presidente Peña, está moviendo a México.

La percepción que anidando en el imaginario colectivo se objetiviza en hechos concretos, cobra día con día más amplio consenso. La nave navega al garete en medio del desconcierto de un proceso mediático de construcción fallida de administración y control de daños. El gobierno de México en sus tres órdenes que le componen, no logra recuperar confianza y credibilidad entre las mayorías de una sociedad dolida e indignada. Antes al contrario, entre más se insiste en minimizar la crisis de Estado, mayor es la convicción de que el poder público carece, además de brújula, de la necesaria y urgente voluntad política para recomponer el tiradero, empezando por aceptar la gravedad de lo que se vive en el país entero.

Inmersos ya en el proceso electoral que desembocará en los comicios de junio próximo, falto de imaginación el caduco y superado régimen político lo más que alcanza a blandir como argumento justificatorio de su torpe y errática conducta, es que no pasando nada, cuando pasa es fruto de politización, manipulación y complot desestabilizador; partiendo siempre de la premisa de que el pueblo de México, además de ignorante y falto de entendimiento, es ciego y sordo, presa fácil de manipuladores e ideologías extra lógicas relacionadas con la izquierda electoral.

El país está de cabeza. Los caricaturistas críticos lo ilustran como un país en ruinas, y para allá vamos, en tanto que los responsables del desaguisado lavándose las manos, se preocupan y ocupan por dar vialidad a un proceso electoral de antemano cuestionado, pretendiendo que no hay relación alguna entre indignación y hartazgo social con objetivos y propósitos de la democracia representativa.

No sintiendo lo duro sino lo tupido, el Sr. Peña con el índice de aceptación por los suelos (El pantano mexicano), vuelve a exhortar al olvido de lo que lastima y ofende y sí a recordar y valorar lo positivo de los logros gubernamentales. Carpetazo con borrón y cuenta nueva, para retornar al clima de expectativas y esperanzas en las bondades de sus llamadas reformas estructurales. Insensibilidad y torpeza que a su vez da marco para alentar descalificación de la protesta y movilización social, autoritarismo y represión, como ya se observa en orquestado bombardeo mediático condenando y exigiendo se aplique todo el peso de la ley a quienes promuevan o participen en marchas y protestas.

Ni perdón ni olvido, es la respuesta de un cada vez mayor número de mexicanos.

¿Sabe gobernar el PRI?

“El PRI si sabe gobernar”, se decía hasta el cansancio en la elección presidencial que sacaría al PAN de Los Pinos en alusión al mal desempeño de Vicente Fox y Felipe Calderón. Hoy día el PRI no está en condiciones de refrendarlo y, para completar el escenario, ningún partido político de los que animan el cotarro como comparsa, tendría tamaños para construir un buen gobierno. Peor aún, ratificando que no saben de sus pequeñeces y limitaciones, PRI, PAN y morralla acompañante, lejos de asumir una autocrítica constructiva, insisten en seguir dándole vueltas a la noria, profundizando su crisis de representatividad y confianza en un duelo sin cuartel blandiendo la ya clásica bacinica rebosante de improperios y descalificaciones.

Cual convidados de piedra, los mexicanos observan, reflexionan y sacan conclusiones. A la luz del desastre, convencidos ya de que el PRI no sabe gobernar, tampoco encuentran opción válida en las llamadas izquierdas o derechas del espectro partidista. Dubitativos frente al bombardeo mediático, entre la incertidumbre y el ya basta, sin condiciones para construir un auténtico, legítimo y pacífico cambio desde abajo, están a la espera de un cambio desde arriba. Milagro este último no contemplado en las esferas del poder real y sueño inalcanzable para las mayorías.

Y en esas estamos.

Hojas que se lleva el viento

Mal de muchos, consuelo de tontos, reza la conseja popular, sirviendo de marco para que la administración pública veracruzana acelere su deslizamiento en el tobogán de la ineficiencia, ineficacia y saqueo impune. Veracruz no es Guerrero o Michoacán afirma ufana nuestra aldeana clase política, y al amparo de una descomposición política y social en la mayor parte del todo nacional, se pretende pase desapercibido el pésimo desempeño del poder público en la entidad. Todo a su tiempo dice la ciudadanía, en junio ante las urnas se cobrará la factura a un PRI cuyo principal capital político reside en la imagen mediática de un gobernador que no las trae todas consigo.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

Qué más quisiéramos que el llamado presidencial a la unidad y no a la división frente a la adversidad, que con motivo de la Navidad se trasmitiera por Cadena Nacional, fuera semilla depositada en tierra fértil.

Seguramente nadie desea que el nuevo año por iniciar dé cabida a más sobresaltos e incertidumbre en una sociedad que lastimada y ofendida, a lo largo de 2014 sufriera los embates de la penuria económica y tragedia social.

Empero, la realidad real se impone por sobre los buenos deseos. Negros nubarrones en el horizonte inmediato, anuncian para el país, antes que un clima de seguridad, certidumbre, bonanza y paz social, más de lo mismo; estado de cosas lamentable pero real y jalonado tanto por lo negativo del entorno global externo como por la incapacidad gubernamental para dar respuestas satisfactorias a la crisis que se vive.

El horizonte a la vista es de “desastre”, afirma el ex canciller Jorge Castañeda.

Y no hay elementos que permitan otear algo diferente en tanto el régimen político no esté dispuesto a cambiar para bien, abriendo paso a la transparencia, rendición de cuentas y una actitud autocrítica para reconocer que algo de extrema gravedad sí pasa en el México real.

Dos percepciones provenientes de espacios diferentes y distantes, hablan de la profundidad de la crisis. Por un lado la previsión del Banco de México para el 2015, advirtiendo que “…la rentabilidad de los proyectos derivados de la reforma energética podría reducirse por la caída de los precios internacionales del petróleo y con ello afectar el desempeño de la economía nacional”, en tanto que para el politólogo John M. Ackerman” (La Jornada), “…en lugar de levantar la cabeza y mirar a la musa de la historia en los ojos, los políticos se hunden en sus mentiras y lanzan desesperadas patadas de ahogado. Evidenciando una cultura política autoritaria y atrasada… ”.

Expresiones similares con más dejo de pesimismo que justificado optimismo, difundidas por diversos medios de comunicación, dejan constancia en la percepción colectiva de que el 2014 es un año perdido en el proceso de recuperación económica y fortalecimiento de la vida en democracia. Con este antecedente, el 2015 no será tan halagüeño ni esperanzador como es deseable.

Ausencia de autocrítica

El Sr. Peña si bien al parecer es consciente de que se enfrenta a una población dividida y polarizada y de ahí su llamado a la unidad, no acepta que su gobierno ha sido el principal factor de división y encono; al pretender imponer el pensamiento único en torno a la presunta panacea pomposamente llamada “reformas estructurales”, así como el no asumir la responsabilidad de la administración pública en sus tres órdenes de gobierno, de proporcionar seguridad y certidumbre así como expectativas reales de progreso a la sociedad.

Sin talante autocrítico e ignorando a la realidad real que se le opone, el llamado del Sr. Peña Nieto lejos de trasmitir confianza, expresa derrotismo. Incapacidad de un régimen político rebasado por la dinámica no prevista, tanto de la inercia de la llamada clase política que se niega a cambiar, como de la resistencia social que está diciendo basta al autoritarismo con el que, sin consulta previa ni amplio consenso, se pretende imponer un rumbo al país que por principio es rechazado por las mayorías.

El derrumbe de los precios del petróleo en lo externo, así como la merma en la producción nacional de hidrocarburos, sumado al deterioro creciente de un tejido social en ebullición, bastarían para percibir desde la cúpula del poder en México que el horno no está para bollos; que no basta con “llamadas a misa” para tranquilizar el cotarro y que la unidad se construye en el día a día y no se impone por decreto. No pasa nada, se insiste, prestando oídos sordos al clamor nacional.

Pretender seguir con la estrategia de tapar el sol con un dedo, ignorando que la sociedad mexicana hoy es otra, más participativa y mejor informada, pero también consciente de la necesidad de cambio, es evidente que no es el camino. No se puede construir unidad y consenso con simulación y mentira como pretende el Sr. Peña Nieto, quien con conocimiento de causa tanto en el discurso como en los hechos, evade lo sustantivo refugiándose en la presunción de vigencia plena de un estado de derecho hoy conculcado.

Al hueco discurso, las mayorías motivadas por descontento, indignación y hartazgo responden con un contundente: ¡Ni un voto al PRI!, identificando a este partido político con el desastre anunciado.

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Ya desde las postrimerías del 2012, se advertía de la percepción creciente de una crisis del régimen político y en lo específico del subsistema de partidos políticos, que tendía a profundizarse tocando fondo, habiendo perdido credibilidad y confianza. El llamado “Pacto por México” y la puesta en venta del patrimonio de la nación lo vino a confirmar.

Hoy día, la realidad supera a la percepción, expresándose el deterioro del régimen y la pérdida de confianza en las instituciones republicanas como reflejo de una crisis de Estado que la clase política a todos los niveles se niega a reconocer.

Igual se percibía que el escenario político post electoral no era nada propicio para que el Sr. Peña Nieto impusiera la continuidad y profundización del modelo neoliberal adoptado por el país desde los tiempos de Miguel de la Madrid. Montado en su macho, ya como presidente impuso la aprobación de reformas legales encaminadas a materializar las llamadas reformas estructurales, obteniendo rechazo y división de la sociedad, polarizándole.

El destape de la cloaca a partir del crimen de Iguala, exhibiendo horror, corrupción, impunidad, cinismo y desparpajo de las élites en el poder, fue la puntilla. La protesta y rechazo social acompañó al derrumbe económico, mostrando la profundidad de la crisis multisectorial del Estado mexicano. Crisis que va más allá de la ineficacia y reformas subsiguientes y a modo de la procuración, administración de justicia y seguridad pública, como pretende hacer creer el presidente Peña en su afán por rescatar su proyecto de nación.

La panacea de las reformas llamadas estructurales quedó atrás y hoy por hoy su inviabilidad está anunciada, en un marco de distanciamiento entre gobierno, partidos políticos y una mayoría social movilizada. Marco que no admite ya recursos retóricos como el falso triunfalismo y llamados a la unidad. La sociedad exige hechos concretos, el gobierno responde con balbuceos incoherentes y la llamada clase política, haciendo como que la virgen le habla, evade la realidad refugiándose en el velar armas ante una contienda electoral que las mayorías cuestionan y descalifican de antemano.

Así las cosas, 2015 no ofrece el clima de convivencia social deseable. Sólo el optimismo basado en la confianza de la fortaleza del pueblo de México, permitirán que nuestros buenos deseos a diferencia del llamado presidencial, no caigan en suelo estéril. Confiemos en el nosotros construyendo ciudadanía en pos del rescate de la democracia.

Mérida, Yuc., 30 de diciembre de 2014.

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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

“Antenoche fui a tu casa y me ladraron los perros/ Quise agarrar una piedra, y se me embarraron los dedos”. Bomba yucateca

La sensación de pequeñez e impotencia en los quehaceres políticos, lleva al sectarismo y al encasillamiento de capilla. Si a esto le sumamos el miedo ante lo incierto de una situación dada, que no se entiende, que no quiere entenderse, o que rebasa capacidad para afrontarla con relativa serenidad y buen juicio, a mi modesto entender ello deviene en paranoia política y esto es lo que se percibe en un régimen político agotado como el mexicano.

Paranoia política que induce a un autoritarismo defensivo e irracional, privilegiándose actitudes de intolerancia frente a fantasmagóricas imágenes que amenazan poner en riesgo seguridad y confianza.

El percibir un complot con el fin avieso de desestabilizar el país y oponerse con oscuras amenazas al proyecto de nación neoliberal que el gobierno adopta e impone pretendiendo con ello alcanzar estadios superiores de modernidad, crecimiento económico y bienestar general, sólo porque no se entiende o no se quiere aceptar que la sociedad está harta de partidocracia, corrupción, impunidad e inseguridad, no puedo sino encuadrarle en dicho padecimiento, que suele devenir en una indeseable violencia de Estado.

Lo hemos afirmado en estos modestos maquinazos. El Sr. Peña Nieto rebasado por acontecimientos por el nunca imaginados, e incapaz de generar aceptación y confianza en sus presuntas reformas estructurales como para que estas tersamente aterricen, expresa impotencia asumiendo actitudes paranoicas de intolerancia y ausencia de visión de Estado.

No encontrando más salida para administrar conflicto y crisis, que amenazar con el uso de la fuerza en defensa de su cuestionado y rechazado manojo de políticas públicas antipopulares, el control de daños por la cloaca destapada en Iguala, Gro., se le revierte y agudiza.

“El Estado soy yo” y hay de aquel o aquellos que se oponen a mi proyecto, es el mensaje, sin parar mientes en que en una sociedad plural aquejada por desigualdad y pobreza, no cabe ni es deseable el pensamiento único. El proyecto de nación impulsado por su gobierno, ni es el único ni necesariamente es el mejor. Imponerlo, bajo la premisa de que ha sido aprobado democráticamente por las diversas fuerzas políticas, cuando la opinión generalizada cuestiona a la democracia simulada, no es el mejor camino.

Empero, sin medir las consecuencias, a su voz, se suelta el desgarre de vestiduras y descalificaciones tratando de acallar ya no sólo la protesta social, sino todas las voces discordantes reflejadas en una prensa nacional e internacional que habiéndole ayer aplaudido y enseñoreado, hoy lo exhibe en la alfombra del escarnio.

Mala señal, como ya se encargaron voces calificadas de interpretar la paranoia presidencial. El más leve desliz de intolerancia y represión por parte del régimen político vigente, puede desencadenar situaciones lamentables al interior de un horno que no está para bollos.

Si de noche te ladran los perros, no intentes agarrar una piedra porque te embarras los dedos, dice una conseja popular yucateca, y en ella debería pensar el partido tricolor que, a su viejo estilo interpretando y haciendo suya la nada velada amenaza presidencial, exhibe a bote pronto intolerancia e incomprensión de la crisis, rompiendo lanzas contra “los enemigos de México” que, ocultos en el tapanco y con el pretexto de los normalistas y varios cientos más de desaparecidos y sembrados en fosas clandestinas, arman un “complot” para desestabilizar al gobierno y al país entero.

Tratar de combatir visiones fantasmales en la oscuridad de la noche con sectarismo trasnochado, podría costarle muy caro al PRI a y todo el país. La crisis es del régimen político en su conjunto, atañe a toda la clase política sin distingo partidista, así como a todos los mexicanos y así deberían entenderlo como bien lo interpreta el secretario de la Defensa Nacional, al afirmar que el problema no es del gobierno, sino que es un problema de Estado, que atañe a todos y con todos y entre todos debe buscársele solución.

Ubicar crisis, conflicto y movilización social en el terreno electoral, y en este estrecho contexto pretender minimizar los daños descalificando al adversario, es no entender génesis y desenvolvimiento histórico del descontento y el hartazgo social que hoy le explota entre los dedos al Sr. Peña, al PRI, y al régimen político en su totalidad.

Antes que embarrarse los dedos, bien harían los beligerantes priístas que hoy se desgarran las vestiduras blandiendo los palos, en ver, escuchar y sentir en carne propia el por qué una sociedad lastimada y dolida, cuyo único camino viable de protesta y resistencia es la manifestación de su descontento, toma la calle.

Sin comprenderlo con objetividad, el control de daños basado en descalificaciones y amenazas, habrá de revertírseles.

Confundir a tirios con troyanos, dejándose llevar por la imagen mediática de provocación y violencia que el mismo PRI construye y alienta, haciendo de lado que es el régimen político caduco el que está exhibiendo el alcance de su propio concepto de violencia con la barbarie que hoy todo México condena, solo expresa miedo a verse en el espejo.

Temor al reflejo de su propia pequeñez e impotencia, frente a un pueblo que está diciendo basta. Miedo a toparse de frente con el México bronco que anda en busca de histórica revancha. De ahí la histeria y paranoia frente a un conflicto anunciado que les tomara por sorpresa.

Lo hemos comentado, a mi juicio todos los partidos políticos comparten la misma tesitura. Todos, sin excepción, viendo moros con tranchete en el patio del vecino, se resisten a aceptar que son origen y consecuencia de lo que ellos mismos han construido. Hoy no pueden echar mano de la democracia como camino para administrar por la vía institucional crisis, conflicto y control de daños. La democracia simulada y secuestrada por la partidocracia, no responde en la coyuntura a sus propósitos, de ahí su miedo y de ahí su violenta reacción y su ocultar la cabeza en la arena frente a un fenómeno social y político que pone en duda su supervivencia.

Hojas que se lleva el viento

La Revolución Mexicana no está muerta. Toma un respiro para seguir adelante impulsada por la resistencia de un pueblo que reconstruye el hilo de la memoria histórica.

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Es de llamar la atención el que medios informativos no oficialistas, pongan énfasis en lo accesorio y callen ante lo sustantivo, exhibiendo la aldeana ocurrencia del secretario de gobierno de Veracruz, Erick Lagos, de armar un circo con acarreados en el Congreso local para ser aplaudido con motivo de su comparecencia en la glosa del IV Informe del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, y se pase por alto lo que el boletín oficial destaca como eje central de la participación de este mediocre funcionario menor en tribuna: “Gobernabilidad, paz social y estado de derecho durante estos cuatro años de administración”. ¡Vaya desfachatez! Y que insulto a la inteligencia de los veracruzanos.- Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2014.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Los días corren, sumando. Autoritarismo, desinformación y cortinas de humo a modo encaminadas a desviar la atención del respetable, están muy lejos de frenar la ola de indignación y protesta que invade la apacible paz social del país de aquí no pasa nada.  

La crisis política en México tiende a profundizarse. Desde el epicentro de la República los tres poderes de la Unión no le encuentran la punta al mecate. Un hasta ahora frustrado esfuerzo por encauzar el control de daños por la vía institucional, se diluye entre desgarre de vestiduras, dimes y diretes de una clase política que tardíamente intenta tomar conciencia de que el daño les concierne, y no precisamente en el ámbito electoral. 

No hay distingo partidista ni de encumbrados personajes, la ola del ¡Que se vayan todos”, a todos afecta por igual. De ahí la paranoia y el todos contra todos en el reparto de culpas. 

El presidente Peña, rebasado el primer círculo de sus colaboradores, toma el toro por los cuernos y se hace cargo de la conducción de la administración del conflicto y control de daños, así sea únicamente en los terrenos de lo mediático. 

Hace un llamando a todas las fuerzas políticas a cerrar filas en torno lo mismo a las instituciones republicanas que a un combate frontal de corrupción e impunidad. Después del niño ahogado, un nuevo pacto en previsión a “otro Ayotzinapa” que ponga en riesgo ya no a un régimen político cuya crisis parece irreversible, sino a la supervivencia del Estado mexicano como tal.  

Y en esas estamos, con la salvedad de que la correlación de las fuerzas políticas convocadas, ya no tiene como referentes a  gobernadores, partidos políticos y agrupaciones formales de la llamada sociedad civil vinculadas a la simulada democracia representativa. El México de hoy ya es otro, muy diferente al de 2013. La resistencia   social entró en escena, llamando por su lado a parar. 

La correlación de fuerzas políticas parece haber mudado a la calle. Frente a una clase política rebasada, a la defensiva, confundida e incapaz de discernir lo que en política representa el “efecto mariposa”, las fuerzas políticas reales se manifiestan en  protesta y reclamo, manifestaciones, marchas y bloqueos de una movilización social que tomando  conciencia de su fuerza, se pronuncia por resistir a los embates de un régimen político que siéndole  adverso le ofende y le lastima. 

La falsa representación popular institucional pagando el precio de su soberbia, desnuda queda frente a una resistencia ciudadana que no sabe, ni desea saber, de pactos cupulares que prolonguen en el tiempo su estatus de secuestrado por la corrupta y voraz partidocracia cuya crisis toca fondo en medio de otra crisis, la de una economía que no despega en la medida de lo deseable, ni tiene para cuando bajo el modelo neoliberal de desarrollo adoptado; incrementándose desigualdad, pobreza, exclusión y, de paso, violencia en todas sus manifestaciones. 

El llamado presidencial borda así en el vació. El equilibrio está roto. Las fuerzas políticas formales marchan en solitario, divorciadas de la fuerza real que toma la calle. 

 Son ya más quienes expresan indignación y hartazgo que quienes están a favor de mantener el nocivo clima de corrupción e impunidad. Es a los primeros a los que convendría escuchar para actuar en consecuencia convenciendo con hechos del imperio de la ley, sin distingos ni privilegios. Pretender pactar con los corruptos, no es el mejor camino para abatir impunidad y la gente lo sabe, exigiendo ¡Que se vayan todos”; mostrando en donde es que se ubica la fuerza social y política real y por donde es que hay que caminar para restañar heridas en un esfuerzo auténtico por controlar los daños.  

Y en este escenario se viven en México los prolegómenos del proceso electoral 2014-2015, destacando las carencias de visión de Estado e incapacidad de la llamada clase política para ubicarse en los tendidos. Como respuesta al control de daños propuesto por el presidente Peña, sin el menor asomo de humildad los partidos políticos anteponen su interés mafioso anticipando rotundo triunfo para sus candidatos en las urnas. Esto sin parar mientes en que de seguir las cosas como van, lo electoral pasa a ser lo que menos importe a una población adulta en su mayoría montada en la indignación, protesta y resistencia. 

El México del 2015 ya no será igual al de 2012. Ni dudarlo.

La respuesta a la actual crisis que vive México no está en las urnas. Elegir a los mismos para que todo quede igual, o peor, no es opción. El pacto social está roto, vulnerado el estado de derecho, y esto no se resuelve bajo la mecánica tradicional de la política electoral.  

El daño infringido al Estado es mayor y así debería considerarse. El control de daños requiere de cirugía también de mayor calado; debiendo contemplar la regeneración del Estado desde abajo, con la participación consecuente y responsable de las fuerzas políticas legítimas. El futuro de México está de por medio, no puede ni debe sustentarse en decisiones de barandilla que señalan culpables, pero que no resuelven el problema de fondo en un país en el que la corrupción y la impunidad lo es todo. 

Hojas que se lleva el viento 

El camino está despejado. Con la decisión de la SCJN de no avalar la consulta ciudadana sobre la reforma energética, “el andamiaje esta lísto” para acoger la inversión privada en la explotación de los recursos energéticos que algún día fueran patrimonio nacional.

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¿Y Veracruz? Muy bien gracias, todos contentos aprestándonos para asistir a una justa deportiva que en esencia nos es ajena, pero que nos da la oportunidad de valorar la importancia del circo cuando el pan escasea.  Cd. Caucel, Yucatán., Noviembre 5 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La situación que vive México va de mal en peor. Estancamiento económico, desempleo, economía informal, pobreza creciente y desigualdad galopante, acompañados de una percepción cada vez más amplia de inseguridad y deterioro del estado de derecho y tejido social, son ya pan de cada día en la mayor parte del país. A ello habría que sumar la pérdida de credibilidad en los tres órdenes de gobierno y el rechazo al proyecto neoliberal de desarrollo que impulsado desde Los Pinos, ni aterriza ni convence a las mayorías.

Esta realidad ya inocultable, choca frontalmente con los esfuerzos del Sr. Peña Nieto por encontrarle la punta al mecate en el necesario equilibrio entre política interna y política exterior. Perdido como está en el entramado de contradicciones de un país subdesarrollado y sus aspiraciones de estadista de primer mundo a encontrar un lugar destacado para México en el globalizado concierto internacional, opone a la realidad real el sueño de una realidad virtual que no pasa del oropel mediático que le ubica como cancerbero de traspatio de los intereses norteamericanos..

Incongruencia tras incongruencia, el México cotidiano de millones de mexicanos no se corresponde con el México que el Sr. Peña Nieto pretende conducir a lo que el, los poderes fácticos, y sus círculos cercanos conciben como modernidad.

Perdido en el embrollo, sin la menor idea de cómo conjugar lo deseable con lo posible, a la par que se vanagloria del papel que en política exterior le asigna el expansivo gobierno de Barack Obama, en lo interno la paranoia domina, recurriéndose a los palos de ciego en políticas públicas; así como a los palos que, en lo social, literalmente hablando, aplica en contra de quienes en el marco de la pluralidad oponiéndose en los hechos al pensamiento único, no comulgan con la visión modernizadora de Los Pinos.

Para estos últimos, la criminalización de sus actos legítimos; llámense pueblos originarios, campesinos en defensa de agua y territorio, o movimientos precaristas surgidos de una clase media empobrecida, en obvia contraposición a los acuerdos y tratados internacionales sobre derechos humanos, laborales y sociales signados por México.

En el diseño y aplicación de las reformas con las que en el terreno jurídico se consolida el proyecto neoliberal auspiciado por los gobiernos del PRI y del PAN desde hace más de tres décadas, no se consideró tanto el carácter desigual regional y sectorial del México real, como el peso específico de la inercia de una administración pública ineficiente y corrupta a la que le corresponde la responsabilidad de operar desde el gobierno el cambio deseado.

Combinados, estos factores dan al traste con la pretensión de modernidad a partir de las reformas mal llamadas estructurales. La ausencia de unidad de propósitos, visión y de esfuerzo compartido, son nugatorios, estorbando más que coadyuvar en los objetivos que persigue el régimen peñanietista.

Es en este complejo escenario en el que negándose la oscuridad de la casa, cual candil de la calle se pretende uncir a México a las aventuras militaristas con la que, bajo el amparo de las banderas de la ONU, las grandes potencias en un nuevo reparto del mundo pretenden aliviar la crisis económico financiera que distorsiona y frena la razón sistémica del capitalismo

Confrontando la política interna con la exterior en un acto coyuntural que niega la experiencia acumulada en materia de relaciones internacionales, el gobierno federal conducido por el priísmo caduco, compromete al Estado mexicano ya no sólo en sus aspiraciones de futuro, también en el presente con todos los riesgos que implica el meter activamente la nariz en conflictos ajenos.

Para justificar tan ominoso paso, se aclara que la participación de México en las zonas de conflicto, tendrá carácter humanitario en auxilio de las poblaciones afectadas por guerras absurdas, saqueo de recursos naturales y super explotación de la fuerza laboral, cuando en lo interno el humanitarismo del régimen brillando por su ausencia genera más estancamiento económico, mayor retroceso en las libertades sociales, así como desencanto y frustración de millones de mexicanos cuyo horizonte de vida no va más allá de pobreza y desigualdad.

Una incongruencia más del régimen y su partidocracia y una contradicción más en un país condenado a no salir del subdesarrollo. Así como también un paso más en el proceso histórico de dependencia y sometimiento a los intereses norteamericanos.

O se está con el gobierno de Obama o se está en contra, he ahí el dilema en el que Peña Nieto pretende construir castillos en el aire.

Hojas que se lleva el viento

Cada pueblo tiene el gobierno que merece. Sólo así se explica el que la sociedad veracruzana aplauda y justifique la supresión de derechos individuales y sociales en la entidad en aras de la comodidad de una presunta mejora en la vialidad y movilidad urbana, sin parar mientes en que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa pretende curarse en salud, evitando molestas manifestaciones de protesta durante la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, promulgando una ley de tránsito que obligara a los movimientos sociales a pedir permiso previo a la autoridad para expresarse en la vía pública. El aquí no pasa nada, será ratificado por decreto con la anuencia y aval de la propia sociedad ofendida.

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El 68 para los viejos no se olvida. Para los jóvenes, lección de compromiso para las nuevas generaciones en el largo proceso de búsqueda de cambio, transformación y progreso democrático compartido. La juventud masacrada por el PRI-gobierno no se sacrificó en vano.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Manteniendo secuestrada a una incipiente y balbuceante democracia representativa, la partidocracia pretende imponer un pensamiento único en una sociedad plural. En los tiempos que corren tal pretensión está topando con pared.

Entre más insiste en su pretensión más rechazo obtiene; sin parar mientes en que el régimen político en México sustentado en remedos de partidos políticos está agotado y que este agotamiento no sólo es resultado de la pérdida o abandono de identidad ideológica y programática, ahora substituida por un pragmatismo pedestre y ramplón teñido de simulación, corrupción, impunidad y gatopardismo, que a todos les iguala sin distingo de siglas o color de camiseta, también en lo sustantivo por el hecho evidente de que los partidos políticos no representan los intereses de una sociedad que en constante evolución, más crítica y participativa, les rebasa y desborda.

Habiéndose colocado como casta privilegiada por sobre la llamada sociedad civil, secuestrando la voluntad popular en el ejercicio de aquellos principios básicos que dan sustento a la democracia representativa que el pueblo de México se ha dado como régimen de gobierno, carecen de legitimidad ante una ciudadanía que les considera más un problemático estorbo que aliado institucional en la búsqueda de rumbo y destino cierto para el país.

Sin legitimidad no hay confianza ni credibilidad y de ahí el rechazo generalizado a esta burocracia parasitaria y corrupta hoy asumida como partidocracia, en tanto en esta se sustenta el ejercicio del poder formal en México.

Para la partidocracia su caducidad reside en la camisa de fuerza que le impone una legislación político-electoral caduca que ya no se corresponde con expectativas de manipulación y control frente a la creciente participación democrática de la sociedad actual. Y con esta cortedad de miras, dicen ajustar las reglas del juego, sin que estas modifiquen en lo sustantivo privilegios y funciones que a sí misma se asigna como instrumento fáctico al servicio del Estado. Reafirmándose la brecha entre lo que asume como representatividad democrática y las necesidades concretas de una sociedad concreta que le descalifica.

Y en este escenario, pareciere que la simulación se generaliza. Bajo el criterio de que lo importante no es ser, sino parecer, gobierno y partidos políticos hacen como que gobiernan y la ciudadanía hace como que pasivamente acepta lo que desde la cúpula del poder se le impone. Desde lo alto se cocina el despojo y traición a México y los de abajo disfrutan el mundial de futbol dejando hacer dejando pasar, intuitivamente conscientes de que deporte y recreación no tienen la culpa. La culpabilidad en el hundir al país está en otro lado.

La resistencia pasiva tiene límites.

No obstante, en México ya se dan visos de resistencia activa que hacen pensar a quien esto escribe que el agotamiento del régimen político se refleja ya en un agotamiento social de magnitudes impredecibles, en el que el simple cambio de reglas político-electorales en un juego que los dueños de las canicas controlan, no es suficiente para asegurar gobernanza y gobernabilidad.

Luego no es de extrañarse el clima de desconfianza y rechazo generado por todo lo que de espaldas a la ciudadanía los partidos políticos cocinan, implícita o explícitamente, en las diversas instancias y esferas de los tres órdenes de gobierno. Rechazo que acota ya los límites de una resistencia pasiva que sería ingenuo pensar que es eterna.

Y es en este marco referencial que a mi juicio e interpretación personal, se inscriben las reformas presuntamente estructurales que impulsa el titular del ejecutivo federal avaladas por el Congreso de la Unión y Congresos locales, secundadas acríticamente por gobiernos y clase política en la mayor parte del territorio nacional, y evidentemente cuestionadas por la percepción colectiva de una realidad terca y contundente que evidencia estancamiento económico y creciente deterioro del tejido social

Construyéndose en el imaginario popular la idea de que con las reformas de marras, gobierno y partidos políticos conspiran contra el interés más general de la sociedad. Individualizándose responsabilidades y destacando con nombre y apellido a sus presuntos incitadores; sin clara conciencia de que el tema es sistémico y no consecuencia de la voluntariedad de un Enrique Peña Nieto, Luís Videgaray Caso o de los priístas Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón en complicidad con los dirigentes nacionales del PAN y el PRD que, en primera y última instancia, son simples peones al servicio de partidocracia y poderes fácticos.

Sea esta interpretación u otra, lo cierto es que si cada cabeza es un mundo, la pretensión de imponer en México un pensamiento único acorde con el hacer y deshacer de gobierno y partidos políticos, llamando el PRIAN a cerrar filas acríticamente en torno al presidente de la república y las reformas presuntamente estructurales aprobadas por el poder legislativo, no pasará de ser una llamada a misa más. Unidad y consenso nacional requieren para su construcción del libre tránsito por caminos diferentes.

Hojas que se lleva el viento

Como estaba previsto, PAN y PRI se pronunciaron en el Senado por el despojo de la propiedad rural a favor de las empresas privadas, domésticas y externas en áreas susceptibles de explotación petrolera y de gas, configurándose un avance más en la traición a México por parte del PRIAN.

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¿”Redes sociales embusteras”, como afirma el periodista Quirino Moreno Quiza en su leída columna? Lo justo y necesario con sus asegunes es afirmar lo contrario, el instrumento o medio de comunicación no miente; si en este se expresan ideas, opiniones o conceptos alejados de una verdad siempre relativa, ello es atribuible al emisor e intencionalidad del mensaje y queda al buen juicio del receptor o lector el filtrar la información que recibe. En la apropiación social y uso de las redes en la Internet ni todo es negro ni todo es blanco, lo que cuenta y debe destacarse es que habiéndosele históricamente negado a hombres y mujeres de a pie el emitir y difundir su propio mensaje obligados a depender de intermediarios, con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) -con las limitantes que vinieran al caso habida cuenta de que las redes sociales no escapan a la lucha de clases ni a pasiones propias de la condición humana-, la expresión de las ideas y el acceso a la información se liberan democratizándose. Y, como en todo proceso social, este fenómeno de irrupción que hace de cada individuo emisor-receptor, transita gradualmente por un camino de aprendizaje y de acierto y error que con el tiempo se irá depurando. Saludo con afecto a Quirino.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Pidiéndole a Dios en días de guardar… y que les dan de palos.

Las adecuaciones a la Ley General de Educación de Veracruz son cuestiones de “semántica” y la apoyan los 19 sindicatos de trabajadores del magisterio en el estado, afirmó el presidente de la Junta de Coordinación Política, Juan Nicolás Callejas Arroyo (La Jornada Veracruz 16/04/14).

Con ello justificó el ignominioso acto de sumisión del poder legislativo al ejecutivo y de este último al presidencialismo en retorno.

Si partimos de la idea de que lo que el término semántica significa, la justificación de marras es más que simbólica, expresando el nivel de desvergüenza que hoy alcanza una pseudo representación popular ajena a lo que semánticamente deberíamos entender por democracia representativa. Sin embargo, da pie también a preguntarse si el sainete legislativo contribuye por sí mismo al objetivo de una educación de calidad en Veracruz o, significativamente apunta en sentido contrario contribuyendo al clima de hartazgo de una sociedad que ya no ve lo duro sino lo tupido.

Para quien esto escribe, ni diputado ni pedagogo, simple observador y comentarista de lo que percibe en el entorno, cabe pensar que la farsa “semántica” tiene otra lectura que va más allá de lo anecdótico,  la referida a la situación que vive México con el cuestionado e ilegítimo arribo de Peña Nieto a la presidencia de la república y, por lo consiguiente, sus reformas a bote pronto y en cascada que por desconocimiento de la historia nacional o mala fe, el Sr. Peña califica como estructurales; marco de referencia para medianamente entender la actitud servil del Congreso de Veracruz.

Para nadie es  ya un secreto que una de las condicionantes a que se enfrenta  el presidente para llevar adelante su proyecto neoliberal de despojo del capital social de los mexicanos, es, por un lado, el peso inercial de una sociedad que le  ha retirado al poder público su confianza y credibilidad, así como el comportamiento errático de una economía que no crece haciendo nugatorias las hasta ahora en el papel bondades de las susodichas reformas y, por el otro, la resistencia de gobiernos, clase política y poderes fácticos locales a las modificaciones a un statu quo afín a sus aldeanos intereses. Estas condicionantes, entre otras que sesudos analistas podrían agregar,  se combinan y retroalimentan entre sí en la mayor parte del territorio nacional, restándole capacidad de maniobra al gobierno federal.

De ahí la necesidad del Sr. Peña de priorizar el reconstruir el carácter centralista del régimen de gobierno, acotando tanto el poder como el  quehacer político, económico y social que la llamada transición democrática pusiera en manos de los gobernadores.  

Rescatar el presidencialismo otrora hegemónico como razón de Estado y el autoritarismo como medio para lograrlo, es  propósito y estrategia; aterrizar reformas y profundizar en el modelo neoliberal al costo social que sea,  el objetivo.

Para el cuestionado presidente, a mi juicio parece ser que no hay otro camino viable frente a una realidad nacional política y social que se le resiste y que objetivamente, se ve reflejada en el estancamiento económico, crisis del régimen político  y malestar de la gente.

Tarea nada fácil. En las condiciones actuales del país tanto el presidente de la república como los gobernadores se necesitan entre sí para asegurar gobernanza y gobernabilidad. Más cuando ambos órdenes de gobierno se enfrentan hoy día a la amenaza de una ola delincuencial  que a ratos les rebasa. El problema en sí es que ni uno ni otros parecen estar dispuestos a ceder en sus diferencias, generando lo mismo simulación que confusión entre órdenes de gobierno y entre poderes constitucionales, en detrimento del  mínimo de unidad nacional requerido para salir del bache.

Podría decirse que el Sr. Peña tiene razón al reclamar el fortalecimiento de un centralismo autoritario, ya que los gobiernos estatales no han estado a la altura de sus responsabilidades, antes al contrario, a lo largo de más de doce años de libertinaje han auspiciado el recrudecimiento de la corrupción, desvío de recursos, endeudamiento injustificado, pésima administración y hartazgo de la población en la mayoría si no es que en todas las entidades federativas.

Los gobiernos locales, por su parte, podrían argumentar a su favor temas de soberanía, independencia y autonomía estatal, enmarcados en el pacto federal, pero sin tener cara para negar la presunción probada del presidente de la república, como es el caso Veracruz.

Y en eso estamos, los tres órdenes de gobierno estiran la soga, tirando cada quién para su santo llevando agua a su molino respectivo, sin que los cambios legales aprobados y promulgados  logren poner pie a tierra. Lo grave es que esta situación se da al margen de una ciudadanía que pareciera no tener vela en el entierro.

Consecuencia de este estira y afloja entre federación y entidades federativas -al que la población, insisto, asiste como mirón de palo-, es un evidente retroceso en la vida política del país, pagando los platos rotos nuestra incipiente y balbucéante democracia; trayéndose hoy a colación el eterno debate nunca superado en los hechos entre federalismo y centralismo como forma de gobierno en México. Retroceso de facto que cuestiona y vulnera tanto el pacto social en que se sustenta el Estado-nación como el necesario equilibrio entre centro y periferia del poder formal en el quehacer económico y control político.

A mi modesto entender, es en este escenario que habría que ubicar la farsa legislativa que en Veracruz deja mal parado a un gobernador que se ha colocado entre la espada y la pared; obligado de dientes para afuera a someterse al mandato autoritario del centro,  deberá a su vez enfrentar localmente a una movilización magisterial exacerbada por la interpretación “semántica” de la mayoría de los diputados de lo que conviene a Veracruz en materia educativa.

Como corolario, ante la opinión pública el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa no queda bien con Peña Nieto ni con la gran familia veracruzana. Su carencia de oficio político le exhibe como incapaz de entender a que juega el presidente de México y que esperan de él los veracruzanos, al precipitarse vulnerando de facto la división de poderes y autonomía estatal no está ni con dios ni con el diablo como se pudo observar el pasado lunes en el puerto jarocho.

Hojas que se lleva el viento

“Enemigo de la familia veracruzana” es la nueva etiqueta que se le cuelga al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa. Una más al darle la espalda al pueblo que dice gobernar cediendo ante la demanda del pulpo camionero de incrementar el pasaje en el servicio de transporte público urbano y suburbano.

Lo señalamos en artículo anterior, en la relación ingreso-gasto de los trabajadores el primero ya no alcanza para atender lo segundo. El equilibrio está roto, la capacidad real de acceso de las mayorías a la llamada canasta básica, es deficitaria. El ingreso familiar es insuficiente para satisfacer todas las necesidades básicas y en este marco el gasto mensual por transporte tiene un peso significativo.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La terca realidad no nos desmiente. La crisis de un  régimen presuntamente democrático sustentado en un racimo de partidos que conforman lo que ya se etiquetó como partidocracia, tiempo ha que tocó fondo, exhibiendo públicamente sus miserias ante una ciudadanía que ya no se da por sorprendida.

La pugna facciosa al interior del PRI está al desnudo, el ignominioso ejemplo del príncipe de la basura en el D.F.,  es apenas la punta del iceberg de lo que a nivel nacional se vive en la estructura del tricolor; Veracruz no es la excepción como ha quedado ampliamente demostrado con la imposición -contra la opinión generalizada de la militancia- de Elizabeth Morales al frente del Comité Directivo Estatal.

Éste ejemplo no es privativo del PRI, en todo el sistema partidista se da, ningún instituto político con registro vigente se salva de la descomposición moral y política, corrupción, tráfico de influencias y simulación que hoy exhibe el PRI, con la diferencia de éste último que bien se ha venido guardando de exhibir sus trapitos al sol presumiendo de unidad al interior de sus filas, hasta ahora.

Lo cual no obsta para que conste ante la opinión pública que la descomposición del partido gobernante responde a un proceso permanente de corrupción, impunidad y gatopardismo. Ejemplos de ello sobran lo mismo entre dirigencias que entre presidentes de la república, gobernadores y legisladores.

Quien esto escribe se sumó oportunamente a la percepción de la profundidad de la crisis del régimen caduco que hoy la realidad pone al descubierto:

Septiembre 7 de 2010.- ¿Partidos políticos en crisis?

“Corrupción, impunidad, enriquecimiento más que explicable, demagogia y más de lo mismo, es la respuesta de los partidos políticos al cumplimiento del deber cívico y obligación ciudadana frente a las urnas. La voluntad popular  es desechada pasada la elección y el mandato ciudadano toma la forma de cheque en blanco, a disponibilidad arbitraria de los elegidos que habrán de actuar atendiendo a los intereses del partido político que les postulara.”

Octubre 25 de 2011.- México. El sistema político nacional toca fondo

“Los partidos políticos dejaron de ser funcionales a la par que el estado de derecho es letra muerta en México. El imperio de la ley no aplica para el sistema político vigente; prevaleciendo la “ley del embudo” que se maneja sin excepción al libre albedrío en todas las instancias partidistas…”

Enero 15 de 2013.- ¿Qué fuerzas políticas moverán a México?

“Aparentemente todo cambia con el PRI nuevamente en el gobierno de la república, la verdad es que todo sigue igual en un régimen de partidos políticos parchado que, en su carácter de partidocracia de hecho, se asume como  rector de la vida nacional. Ni vencedores ni vencidos, todos son iguales, todos se tapan con la misma sábana.”

Abril 4 de 2013.- Peña Nieto y la crisis partidaria

“La crisis partidista no es solo de credibilidad. Puede observarse, sin temor a equivocarse, que también es orgánica y de racionalidad instrumental. Tres lustros de inmovilidad en los procesos de alternancia y transición democrática, desarmaron fines y razón de ser del sistema de partidos en México…”

Abril 29 de 2013.- El ocaso de los partidos políticos en México

“Ayuno de credibilidad y si identificado como una partidocracia parasitaria, el sistema de partidos para la ciudadanía es hoy más un estorbo que vía para el diálogo y concertación entre gobierno y sociedad…”

No estábamos del todo equivocados.

Hay muertos que no hacen ruido…

El tricolor a lo largo de su historia supo más o menos guardar la basura bajo la alfombra, cuidando las formas exigidas por su carácter hegemónico apareciendo en público como  un partido monolítico, sin fisuras ni rupturas. En eventos previos a la elección presidencial de 1988, quedó demostrado  lo contrario, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas lo puso al descubierto auspicio desbandada y pérdida del control clientelar, iniciando una debacle de la que el PRI aún no se repone.

Hoy día, en un México diferente con una sociedad plural mejor informada y con mayores condiciones para la participación ciudadana, está demostrado que el PRI ni es monolítico ni es ya referente hegemónico de la vida política nacional, sobreviviendo de la simulación y la corrupción político- electoral.

Para el pueblo todos son iguales

Si en su momento por su carácter tribal el PRD mostrara ser el eslabón más débil entre los tres partidos mayoritarios de la cadena de un régimen caduco, exhibiendo división, guerra fraticida, encono y vulgar telaraña de intereses particulares y de grupo, en el presente con el ilegítimo mandato de Enrique Peña Nieto, el llamado pacto por México y la aprobación de presuntas reformas estructurales, tanto el PAN como el PRI ponen de manifiesto que no hay diferencia entre unos y otros, contribuyendo los tres a la profunda descomposición política del régimen que deviene en crisis y que, por su peso específico en la conducción de los destinos del país, arrastra consigo a toda la sociedad.

No teniendo cara para pretender seguir secuestrando a la democracia representativa y voluntad popular, los tres partidos mayoritarios divididos y polarizados a su interior, se desgarran las vestiduras ofreciendo el compromiso de cambiar para bien. Vano esfuerzo mediático, si como el Ave Fénix aspiran a renacer de entre las cenizas, su naturaleza lo impide. Así como nacieron entre corrupción y simulación democrática, así los mexicanos esperan pasen a mejor vida cediendo el espacio a una auténtica representación de la voluntad ciudadana.

Hojas que se lleva el viento

“El influyente diario The Washington Post se refirió a la drástica caída en los niveles de aceptación del gobierno del priista Peña Nieto. La clase media en México, expuso el periódico de la capital estadounidense, ha visto cómo los impuestos se elevan, la gasolina es más cara y también las bebidas gaseosas, casi la mitad del país se mantiene en la pobreza y la confianza del consumidor va en picada, junto con otros indicadores que muestran que a los más pobres les está yendo peor que nunca con el actual Presidente. El mayor problema es el crecimiento débil de México. El año pasado, la economía del país creció a sólo 1.1 por ciento, muy por debajo de la meta de crecimiento del 5 por ciento que Peña Nieto estableció cuando se postuló para Presidente”  ( ADN sureste 15/04/2014).

Apreciación del Washington Post que anida desde endenantes en el imaginario colectivo de los mexicanos. Alguien no está haciendo bien la tarea y este podría ser el súper secretario de hacienda Luís Videragaray Caso, que la mayor parte del tiempo se la pasa en campaña nacional e internacional promoviendo las inciertas bondades de las reformas peñistas y descuidando el apuntalar un mercado interno en constante deterioro. Sin consumo efectivo de los mexicanos no hay condiciones para la inversión, nuevos empleos, ahorro y crecimiento y esto, el flamante economista mexiquense parece ignorarlo ocupado como está en justificar lo injustificable de la alquimia neoliberal del Sr. Peña.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No podía esperarse otra cosa. Sólo la ingenuidad, corta visión o arreglo simulado  de la cúpula perredista bajo el control de “los chuchos”, le permitió al PRD confiar en que en el llamado pacto por México o en el Congreso de la Unión, las dirigencias formales o de facto del PRI y PAN hicieran honor a su palabra.

La reforma energética fue aprobada,  promulgada y entra en vigor a partir de este sábado, en tanto que el compromiso de sacar adelante la ley secundaria que normaría la consulta ciudadana, quedó en la congeladora del senado. Tengan su consulta, diría Gustavo Madero al perredismo, cuando afirmara que la consulta en los actuales términos plasmados en la Carta Magna, no aplica ni en la energética ni en el resto de las reformas ya aprobadas tanto en el Congreso de la Unión como en los correlativos de las entidades federativas.

Estaba más que visto. Cartucheras al cañón quepan o no quepan. El talante autoritario del presidente Peña anidado en lo más reaccionario de su partido, llegó para quedarse. El sólo pensar que no prosperarían las llamadas reformas estructurales por la oposición de la izquierda electoral, más que bordar en el vacío ante un hecho inminente rondaría en los terrenos de una supina estupidez política.

El subestimar la probada capacidad de maniobra del PRI-gobierno, sobrevalorar el peso social y político de las llamadas izquierdas representadas por un tribal PRD en decadencia, si no es que a estas alturas insepulto, o es ingenuidad política de la cúpula chuchista o juego perverso previamente pactado en lo oscurito con el dueño de las canicas.

El error, de motu propio o negociado, para el PRD fue el haber aceptado jugar en el llamado pacto por México, bajo las reglas impuestas por Peña Nieto y en franca oposición a la izquierda social bajo el liderazgo de López Obrador. A partir de ese momento, sacrificando lo más por lo menos, se propició y auspicio la división de la izquierda electoral, el divorcio con los movimientos sociales opositores al actual régimen, así como el freno a la inercia  del descontento y rechazo a una elección presidencial cuestionada de origen.

Sin estrategia de mediano y largo plazo, el PRD abandonó la resistencia opositora plegándose en la coyuntura a los acuerdos del pacto peñista. Participó activamente en el diseño y aprobación de las reformas laboral, educativa, de comunicaciones, financiera y hacendaria, pretendiendo frenar la energética a cambio de migajas pactadas en una reforma política que no beneficia a nadie y mucho menos a nuestra incipiente democracia.  Hoy es dado observar que no obtuvo nada a cambio, más que el desprecio de sus adversarios y el rechazo de amplios sectores de la izquierda electoral y social que sintiéndose traicionados, fijan ya fecha de caducidad al partido negro amarillo.

Las reformas van, porque así lo quiere Peña Nieto, incluida la energética, afirmáramos en artículo anterior. No procedía duda alguna al respecto. Sin objetivamente división de poderes en México no podría esperarse otra cosa de senadores y diputados sumisos, obedientes y alcahuetes. El PRD no lo entendió así o no quiso entenderlo, prestándose al juego de Peña Nieto; reduciendo a la izquierda electoral a su mínima expresión y abriendo la puerta a un nefasto bipartidismo sustentado en lo más reaccionario de la derecha, hoy representada sin distingo alguno por el PRI y, a la zaga, el PAN.

Con pacto o sin pacto, con representación en el legislativo o sin esta, el PRD ya no es nada. La historia que cotidianamente viven y escriben los pueblos ya le colocó en el basurero. Otras fuerzas, otra izquierda más conciente y consecuente, reclama ya para sí el espacio vacío aprestándose para una lucha que apenas empieza.

Las reformas ya constitucionales, son hechos consumados, verdad jurídica, dicen los que saben del paño. Movilizaciones y protestas callejeras no modifican en nada este hecho incuestionable. Pretender echarlas abajo por la vía de multitudinarios mítines callejeros, desgastante protesta social y ruido mediático, es tanto como mantenerse en la misma posición que condujera al PRD al fracaso y al ridículo, resistiendo para fortalecer al indeseable autoritarismo que deviene de la restauración del viejo régimen.

Frente a hechos consumados, legales pero no legítimos, cabe entonces el alto en el camino, la reflexión autocrítica y el reagrupamiento de la izquierda social en base a estrategias claras e incluyentes. Sin organización y militancia conciente en torno a un programa de clase que oriente y ordene para la acción consecuente, el camino de la protesta es estéril frente al autoritarismo gatopardista de una clase política insensible.

Leyes del embudo y de Herodes

“La reforma energética a la población le vale madre”, afirmara de manera contundente el dirigente nacional del PAN y a mi juicio tiene razón. Para la mayoría del pueblo de México el reformismo peñista ni le beneficia ni le perjudica en tanto no viva en carne propia sus efectos, luego se muestra indiferente en la forma percibida, atento y preocupado bajo la superficie alimenta hartazgo y descontento. Quebrado el espíritu nacionalista y de profundo sentido humanista de la reforma del 17 a la Carta Magna y con ello el pacto social que nos une,  leyes más, leyes menos, no hacen Estado de derecho.

Para la mayoría -que para la partidocracia se muestra indiferente y ajena a la trascendencia de las reformas-, bástele saber que las únicas leyes válidas y vigentes en nuestro bananero país, son la del embudo y la de Herodes. La vía electoral y concertacesiones en las Cámaras, rato ha que dejo de ser opción para el cambio verdadero y a eso se atiene.

Cuando de hecho en este país no existe ciudadanía conciente y responsable, como lo reconociera Gustavo Madero, la democracia a secas en México considerada por el Sr. Peña como madura, con el 66 % de los mexicanos en condiciones de pobreza, sin oportunidades y sin expectativas de futuro, no existe. Como no existe democracia representativa cuando senadores y diputados atienden a todo menos al interés de sus representados.

Para una izquierda responsable y con visión de largo aliento, en su laberinto reivindicar democracia construyendo ciudadanía participativa es la tarea pendiente para recuperar el camino extraviado. La lucha será ardua y prolongada y así se debería entenderse para no caer en pesimismo y desanimo.

No entenderlo así, privilegiando pragmatismo coyuntural electorero o protesta callejera sin sentido claro por sobre propósitos y objetivos de largo plazo, es a mi juicio volver a caer en el juego del dueño de canicas y reglas del juego que en el terreno legislativo empinara al PRD.- Mérida, Yuc., diciembre 21 de 2013.

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