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Tag Archives: Ayuntamiento de Xalapa

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Entre tanta simulación, engaño y descaro, ya no sabe uno si lo declarado por políticos y servidores públicos en su cotidiano bombardeo mediático de imagen personal, es broma o persistencia en considerar a los receptores del mensaje como colectivo de estúpidos.

Crónica del Poder, portal digital veracruzano, publica uno más de estos petardos mediáticos bajo el título “Xalapa será modelo en la reconstrucción del tejido social: Cristchfield Hernández”. En el cuerpo de la nota se despliega el absurdo, destacándose que nuestra ciudad capital servirá de ejemplo para replicar las Jornadas de Justicia Alternativa a los 212 consejos municipales de seguridad pública como un modelo que promueve la reconstrucción del tejido social.

Si la nota formara parte del clásico “Alicia en el País de las maravillas”, no habría purrum; para los lectores amantes del surrealismo no sería motivo de asombro, estaría dentro del contexto de la obra de Lewis Carroll. Pero, no, gobierno estatal y Ayuntamiento xalapeño lo insertan como un hecho real incidiendo en la penosa realidad de Xalapa.

El universo objetivo del modelo por aplicar se refiere a 10 colonias de los varios cientos que conforman el escenario de exclusión, pobreza, desigualdad social y económica y altos índices de abandono e inseguridad de una ciudad perdida como Xalapa. A estas 10 colonias se enfocan programas asistencialistas con carácter más de corte electorero que de búsqueda real de resolver rezagos e insuficiencias, soslayándose el hecho inobjetable de que el deterioro social no es privativo únicamente de las colonias más jodidas entre las jodidas, sino de la sociedad entera. Al igual que dicho deterioro es consecuencia histórica de políticas públicas erráticas, erróneas y sin respaldo democrático de las mayorías y no necesariamente, referidas a la problemática de seguridad pública que aqueja a toda la ciudad.

El deterioro del tejido social en nuestra ciudad capital, así como en todo el territorio estatal y nacional tiene un origen, desenvolvimiento y consecuencias multifactoriales que necesariamente deben ubicarse tanto en la esfera económica como en las políticas de exclusión, clientelismo electoral y supresión de derechos políticos y sociales que dan marco a un caldo de cultivo del que devienen conductas antisociales. Pretender que el problema del deterioro del tejido social se resuelve con el fortalecimiento de la seguridad pública basado en una simulada participación ciudadana, honestamente equivale a orinarse fuera del tiesto.

Más, si tal deterioro es percibido y ubicado en los terrenos de la población económica y socialmente más vulnerable, cuando para todo mundo está claro que dicho deterioro permea de arriba hacia abajo conforme la corrupción e impunidad entre las élites priva a la población subordinada lo mismo de bienes básicos para la supervivencia que de expectativas de vida digna. Si hubiera una real intención de promover el rescate del tejido social, se empezaría de arriba hacia abajo en la pirámide social, más no es así, todo es simulación en época electoral y complicidad del alcalde Américo Zúñiga, más preocupado por mantener una costosa política de proyección mediática de su imagen que en atacar de fondo la problemática que mantiene a la capital veracruzana en el ostracismo y abandono.

Y ya que se toca el tema del deterioro del tejido social en Xalapa, vale señalar que la autoritaria y absurda medida del Ayuntamiento de “actualizar” el catastro predial de los bienes inmuebles en el municipio, fijando unilateralmente y sin consulta previa a los interesados un valor nominal que no se corresponde con el abandono en que se tiene a la capital veracruzana, ha generado no sólo irritación en los afectados, también daños patrimoniales lesionando la economía de los xalapeños. Lo mismo podría decirse del incremento en el pago del servicio de “agua potable”, saneamiento y alcantarillado en cientos de colonias en las que el servicio prestado es deficiente o inexistente. Estos abusos no se resuelven con “Jornadas de Justicia alternativa” en comunidades en la que precisamente la justicia social está ausente y sí, exhiben el afán desmedido de cargar sobre las espaldas de la población el costo de la ineficiencia, corrupción y quebranto financiero de la administración pública municipal. Fenómeno que se hace extensivo a todos los municipios veracruzanos.

Sirvan estos comentarios para ilustrar el por qué en la capital veracruzana electoralmente el PRI ha perdido presencia y posibilidades de triunfo ante la proximidad de los comicios intermedios federales de junio próximo, obligándose este partido político al reciclaje de personaje así como de vetustas y corruptas y amañadas prácticas antidemocráticas para mantenerse en el poder, como ya se observa en las colonias periféricas y no precisamente únicamente en las 10 en las que se dice se reconstruirá un tejido social en franco deterioro.

Hojas que se lleva el viento

Irrelevante la visita presidencial a San Andrés Tuxtla, Veracruz. Discursos anodinos y parafernalia electorera priísta con el clásico acarreo y entrega de “apoyos”, porra y matraca, no fueron suficientes para desvanecer en la percepción colectiva los oscuros nubarrones que ensombrecen el horizonte mediato para una entidad federativa empobrecida con un gobierno fallido. “Veracruz próspero sin hambre” a dos años de gobierno del Sr. Peña y cuatro del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, fue la puntilla.

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Uno de los pocos lectores de quien esto escribe, enardecido comenta que exagero en mis maquinazos al colocar a toda la llamada clase política en el mismo canasto de la corrupción e impunidad, ya que México y Veracruz cuentan con políticos honorables y comprometidos con las mejores causas de la sociedad. Cuestión de enfoques, efectivamente no todos los políticos traen al cuello la etiqueta de corruptos impunes, empero las contadas y honorables excepciones confirman la regla, sin olvidar que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, bien por comisión o por omisión, puesto que el silencio cómplice o el importamadrismo dejando hacer, dejando pasar para no hacer olas y perder posición y estatus, también es manifestación de corrupción.- Xalapa, Ver., febrero 18 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Alcalde de Xalapa

Américo Zúñiga Martínez

Descubriendo el hilo negro, en la etapa preliminar del diagnóstico y prospección que aportará el BID al Ayuntamiento de la capital veracruzana, se señalan por lo pronto tres focos rojos que requieren de atención prioritaria a corto y mediano plazo:

Manejo y aprovechamiento del agua, movilidad urbana y transporte, así como manejo de residuos sólidos. (Abriendo Brecha 30/05/14).

Estas prioridades parece tenerlas claro el Alcalde Américo Zúñiga, cuando menos en lo que se refiere al suministro de agua en Xalapa, como lo ha venido expresando en diversos foros. No obstante, por lo que implica técnica y financieramente el reponer la red de distribución del vital líquido sólo en el centro histórico, el atender dicha prioridad no figura entre las tareas inmediatas para el corto plazo, como también el resolver el problema de la movilidad urbana que para las cuatro ciudades en una enclavadas entre cerros y barrancos, está en moderno mandarín.

Así que lo único viable para su atención en el corto plazo, sería el manejo de residuos sólidos que además de la exigencia de la ciudadanía, es compromiso ineludible del alcalde para ofrecer una imagen urbana digna a quienes nos visiten con motivo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Lo que a juicio de quien esto escribe es prácticamente inviable tanto por la complejidad de la tarea como por el tiempo que ya prácticamente le pisa los talones al joven munícipe.

A escasos cinco meses del evento internacional de marras, el Ayuntamiento no encuentra la mejor fórmula para resolver el problema del basurero en que se ha convertido la capital veracruzana. Tentándole el agua a los camotes, contra reloj el Ayuntamiento explora una solución viable, cuando menos para las exigencias derivadas del evento deportivo, sin decidirse por las diversas opciones que, entre otras cosas, implican participación ciudadana y negociación con el sindicato de trabajadores de limpia pública.

Implicaciones estas últimas ni fáciles ni gratuitas en términos políticos y finanzas municipales. Como ya señalábamos en maquinazo anterior, ni el alcalde le tiene confianza a la ciudadanía ni esta le tiene confianza al Ayuntamiento; si se paga anualmente por un servicio que se delega a la comuna, que esta cumpla, dicen los xalapeños, en tanto que el sindicato, -uno entre once de trabajadores al servicio del Ayuntamiento-, no está dispuesto a dar su brazo a torcer perdiendo canonjías, prebendas y negocios poco claros en el manejo de los desechos sólidos del municipio.

Adicionalmente, el gobierno del estado delega en el alcalde la tarea sin aportar dinero e ideas innovadoras, mientras el tiempo transcurre y el hartazgo ciudadano crece en proporción directa a los muladares en la vía pública.

¿Cómo saldrá el alcalde de este brete? Efectivamente está en mandarín, pero de lo que estamos ciertos es de que el problema no se resolverá con promoción de imagen y compra de voluntades en la prensa. Antes al contrario, la irritación social va en aumento y más se incrementa con la difusión mediática de los baños de pueblo de un alcalde que se niega a reconocer que el problema de la basura ya rebasó la capacidad real del Ayuntamiento para resolverlo.

El tiempo se agota y también el beneficio de la duda que los xalapeños han otorgado al munícipe. Si este no puede que lo diga, la ciudadanía seguramente encontrara las respuestas.

Y por esas andamos también en materia de educación, seguridad pública y control del tránsito vehicular; lavándose las manos el alcalde, eludiendo su responsabilidad aduciendo que estos temas son competencia del gobierno estatal mientras sus gobernados ya no ven lo duro sino lo tupido.

Hojas que se lleva el viento.

Sólo en Veracruz sucede. Ya tenemos encima la elección federal del 2015 y el proceso electoral del 2013 aún no concluye. No cabe duda de que la partidocracia es problema y no solución en la búsqueda de democratización de la vida política, económica y social en la entidad.

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El derecho a la libertad de expresión es letra muerta en tanto no se ejerza por las mayorías. De ahí que con motivo de la celebración del Día de la Libertad de Expresión, a quien se le debe reconocer y felicitar por ejercerlo a plenitud y en libertad es a una ciudadanía cada vez más participativa, independiente y crítica, que está encontrando gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s), los mejores caminos para intentar hacerse escuchar. Si la prensa-empresa se adjudicaba tal celebración en provecho propio arrogándose la representación de la opinión pública, eso ya es historia; frente al poder autoritario la voz que surge desde abajo construyendo ciudadanía, llegó para quedarse.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre “los cambios” en el gabinete del gobernador Duarte de Ochoa, existiendo amplio consenso en que estos son expresión viva del gatopardismo que anima a los actos de gobierno ya no sólo en Veracruz, sino en el país entero;  en los que la simulación o interés implícito o explícito ocultando lo que compete o afecta a  ciudadanía y democracia, sólo modifica el tenor del discurso.

Sin embargo, poco o nada abonamos a favor de lo que deberíamos entender o esperar  de todo cambio impreso en la estructura orgánica de la administración pública veracruzana. Confundiéndose la necesidad de cambio en el contexto más amplio de la vida política y económica de la sociedad, con el cambio de actitud o de rumbo en el ejercicio del poder público que esperaríamos como sociedad de un gobierno por ahora fallido a los ojos de la ciudadanía.

Esto sin parar mientes en que si bien sociedad civil y gobierno se interactúan y retroalimentan, no necesariamente responden a los mismos propósitos y objetivos ni marchan al mismo ritmo. Como tampoco les afecta en igual medida el estado de cosas que configura el reino de las necesidades reales y sentidas y las respuestas y mecanismos para satisfacerlas.

En tal sentido, no se ve un punto de encuentro que permita aseverar que unidos, los veracruzanos transitamos por el mismo camino en la búsqueda de crecimiento y desarrollo.

En este orden de ideas cabe preguntarse entonces cuales son las expectativas de cambio de la sociedad civil, en que rubros y en qué orden de prioridades, así como cuáles serían los caminos más idóneos que se espera conduzcan a la búsqueda de respuestas eficaces al abanico de necesidades que ésta demanda para alcanzar estadios superiores de convivencia y bienestar.

Y, en este marco, delimitar lo que en justicia es tarea de la sociedad civil y cuál es la que corresponde al poder público en sus tres órdenes de gobierno. Para, a partir de esto, concretar lo que la sociedad espera de su gobierno, así como identificar y encuadrar lo que siendo tareas comunes, exigen la conjunción de propósitos, objetivos y tareas de todos,  en su respectivo ámbito competencia.

Si no se tiene clara esta situación, a mi juicio estaríamos recreando el clima de paternalismo de Estado del viejo régimen, esperando –dejando hacer, dejando pasar- que sea el gobierno el responsable único de proveer respuesta eficaz a todas nuestras necesidades como sociedad. Evadiendo lo que a cada quien corresponde aportar en la construcción de un país más amable y llevadero.

Si lo que se persigue es la utopía de una sociedad justa y solidaria que por sí misma construya y fortalezca lo que se ha dado en llamar “Estado del bienestar”,  lo que encontraríamos con tal talante de dejadez sería reafirmar el carácter ineficaz por sus resultados y autoritario por sus actos, de un régimen político que hoy día parece no dar más.

México ha cambiado, se dice con razón y, por ende, también Veracruz que va en el mismo barco. Habría que clarificar en qué, cómo y hacia donde apunta este cambio, para tomar conciencia de en donde estamos parados y que es lo que en dicho proceso, para bien o para mal, se ha quedado rezagado, y entonces pensar y actuar en consecuencia con visión de futuro. Si esto no se tiene claro, a mi modesto entender sociedad civil y gobierno van de la mano sin rumbo y a la deriva, compartiendo e intercambiando reclamos, lamentos e indiferencia.

Bajo esta óptica es que considero debe contemplarse el “gatopardismo” del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.

¿Qué cambia para seguir igual? Lo mismo para las expectativas de la sociedad en su conjunto que para una administración pública que, en stricto censu, está obligada a desempeñarse bajo el mandato de la ciudadanía con honestidad, eficiencia, eficacia y transparencia, dando resultados palpables a sus mandantes como coadyuvante en las tareas del crecimiento y desarrollo.

De otra manera, tejeremos burdo o fino en torno a la idea de cambio como mera abstracción, frente a una realidad real que nos ofrece estancamiento económico, deterioro del tejido social y nulo avance en el bienestar de los veracruzanos. Realidad que exige algo más que elaborada retórica.

Hojas que se lleva el viento

Gobierno omiso. Hubo necesidad de un movimiento social de autodefensa en Michoacán para que el gobierno federal “descubriera”, en un mar de corrupción, cuantiosas operaciones presuntamente ilícitas en el puerto Lázaro Cárdenas en esa entidad federativa. Miles de toneladas de minerales y decenas de maquinaria pesada se ocultaban bajo la alfombra ante la mirada complaciente de las autoridades.

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El ya identificado como “falso debate” en torno a la centralización del cobro y administración del impuesto predial por parte del gobierno estatal, ha levantado ámpula en la sociedad. Más allá de la especulación, ignorancia o chisme palaciego, lo que vale y vale mucho, es lo que la ciudadanía percibe. Lo primero que se pensó es que el gobierno duartista ante la falta de dinero para afrontar el costo de los Juegos Centroamericanos, se ve obligado a irse sobre los recursos de los Ayuntamientos. Los veracruzanos no olvidan el affaire de la bursatilización y sus nefastos resultados.  La burra no era arisca…

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En Xalapa no hay obra pública porque aún no hay plan municipal de desarrollo, diría muy molesto el alcalde Américo Zúñiga ante la tempranera crítica. Y tampoco hay con qué, dicen los xalapeños. El Ayuntamiento de la capital veracruzana cuenta con más deudas que disponibilidades, y no es la excepción en el ámbito municipal de la entidad. Así que no nos queda más que aguantar y esperar a que los genios de la planeación, si es que los hay,  hagan de la crisis oportunidad para salir del bache.

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Y ya montados en las expectativas electorales del 2015 y 2016, pasamos por alto que lo que está en juego, de no entender y atender cuál debe ser la prioridad número uno de Veracruz, es su viabilidad económica y social.  El no avanzar en la concreción de logros tan importantes como urgentes de crecimiento económico, creación de empleos y aminorar los efectos de la miseria, desigualdad y marginación, así como en el combate a la corrupción, impunidad y dispendio de los recursos disponibles, la entidad no tiene futuro. De ahí la pregunta obligada: ¿El futuro de Veracruz depende de la política electoral o de la reactivación económica?.- Xalapa, Ver., marzo 5 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre los xalapeños en algo hay consenso y eso ya es decir mucho.  De gran envergadura la tarea de Américo  Zúñiga en su estreno como alcalde, ahora de cuatro años, es la opinión que cobra fuerza entre la población.

Y no es para menos ya que la tarea implica el recuperar confianza de la ciudadanía en sus autoridades municipales en el menor tiempo y al menor costo, limpiar la capital veracruzana de tantos acumulados en materia de honestidad, seguridad,  limpia pública, vialidad, e imagen urbana, entre otros  lastres que sobre sus espaldas pesada alforja deja su antecesora.

Un esfuerzo extraordinario requerirá el hacer de Xalapa una ciudad digna de su status político y de lo que sus habitantes exigen.

Es más lo que debe recuperarse que lo nuevo por hacer. Sin confianza, toda innovación resultará estéril. Sin credibilidad, todo esfuerzo por construir ciudadanía responsable será en vano. Sin honestidad y transparencia, Xalapa seguirá deslizándose en el tobogán del estancamiento y retroceso que tendencialmente el flamante nuevo alcalde heredará de Elizabeth Morales.

A mi juicio, el siguiente paso en el tiempo, es devolver a Xalapa su calidad de capital del estado, hoy ignorada; exigiendo con el respaldo de los xalapeños el que se le reconozca como tal otorgándole trato digno y los merecimientos presupuestales que de ello se derivan.

Lo demás, ya vendrá por añadidura en un esfuerzo compartido entre ciudadanía y ayuntamiento.

El que hacer y el cómo, deberá ser la torta bajo el brazo con la que Américo Zúñiga de sus primeros pasos al frente de su encargo. Sin una adecuada planeación sustentada con rigor en un diagnóstico preciso de la situación que actualmente guarda el municipio, la improvisación y los palos de ciego serán fracaso anunciado de su gestión. Ya no se trata de  campaña mediática con falsas promesas para cosechar votos, es el futuro de Xalapa lo que está en juego y a ello debe responder con inteligencia, voluntad política y compromiso con sus coterráneos.

El escuchar todas las voces, ponderando necesidades reales y sentidas de la población para actuar en consecuencia, es el camino. Ni soberbia para no ver lo que ocurre, ni oídos sordos a la demanda ciudadana, es lo que menos se espera del joven hoy aún alcalde electo.

Puertas abiertas e invitación a la participación responsable, siembra buena semilla y rinde frutos trascendentes. El treparse en el ladrillo cerrándose al sentir de los gobernados, todo lo contrario.

Ni tan tan ni muy muy, Entereza de carácter, visión  y ubicación política para mantener el sano equilibrio entre lo deseable y lo posible, entre lo que a la ciudad conviene y acatar la línea que irremediablemente deviene del de enfrente, trasmite seguridad y habla bien del que gobierna. Ese es el reto.

Sin lugar a dudas, dado el nefasto antecedente que le precede en la administración municipal, iniciará su mandato contando con el beneficio de la duda. Convencer y ganar credibilidad y confianza es condición previa para emprender nuevos y más ambiciosos emprendimientos. Pretender ganarle tiempo al tiempo anticipándose, sin antes levantar el cochinero que recibe, mala señal, corriendo el riesgo de  incurrir en la tan de moda tendencia a la simulación y triunfalismo sin sustento.

Tiempo al tiempo administrándolo con inteligencia, pues más vale paso que dure que trote que canse. La población que no es tonta como se cree, sabrá apreciar las primeras impresiones sobre un gobierno que inicia bajo muy negros augurios.

Nadie desea que le vaya mal a nuestra ciudad capital. Con tres años de pésima administración municipal ya ha sido suficiente. Así lo debe entender el joven Zúñiga ante inevitables señalamientos y críticas de una población a la que le gana tanto el hartazgo como la impaciencia. Y así debemos entenderlo también los xalapeños bien intencionados. Si le va bien al alcalde, Xalapa será favorecida con un despertar al crecimiento económico y bienestar de la gente, eso es lo que cuenta que lo demás son polvos de aquellos lodos, inevitables en la aldeana política jarocha.

La esperanza es lo último que se pierde. Esperemos que Américo Zúñiga esté a la altura del reto al que se enfrenta. Esperemos también que la población acepte y entienda en esta nueva coyuntura,  que en mucho de ella depende el que la administración pública municipal arribe a buen puerto. Es oportunidad para empezar a construir la ciudadanía responsable que la sociedad demanda.

Pongamos la basura en su lugar. Recordemos que la ciudad  empieza y termina en nuestro hogar.- Xalapa, Ver., noviembre 27 de 2013

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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Podemos ir en paz. La bufonada electoral, por lo que toca a las instancias estatales, ha concluido. Contamos ya con gobernador, diputados y alcaldes electos y una vez más el respetable tras ser burlado por la partidocracia se da por satisfecho. Cada quien, solo o con su cada cual, puede ya reincorporarse en sus respectivas comunidades a sus actividades habituales, con la satisfacción del deber cumplido.

Por lo que toca a quienes residimos en la oficial aunque no de facto capital de Veracruz, a seguir disfrutando del atraso, la anarquía, los baches, las pésimas autoridades municipales, y los salarios de hambre y nulas prestaciones que nuestros empresarios cuentachiles le recetan a la mayoría de sus colaboradores de tienda.

Panorámica de Xalapa

Hace algunos meses afirmé que Xalapa es ingobernable. Nuestra flamante alcaldesa electa, Elizabeth Morales, no logra convencerme o convencernos de lo contrario. Ajena a nuestra cotidiana realidad y más preocupada por mantener en alto su imagen personal, en una campaña mediática que no cesa, la agraciada damita se mantiene en su dicho, la verborrea mata congruencia. Cuando los xalapeños únicamente piden agua potable, drenaje y saneamiento, seguridad pública, transporte público decente, y un sistema vial que contrarreste las limitaciones de calles y avenidas diseñadas para carretas, en su constante bla, bla, bla, pretende convencernos de que en tres años de gobierno accederemos al primer mundo.

El Municipio le queda chico. Convencida de que tiene tamaños para llegar a gobernar a Veracruz, habla y habla sobre como transformará a la capital veracruzana en un vergel agropecuario; centro industrial, comercial y turístico de primer orden; ciudad del conocimiento, y una renovada “Atenas” cultural, cuyo intenso color rojo le distinga de entre todas las metrópolis del orbe.

Alimentado su ego por la falsa apreciación de que fue electa por la voluntad mayoritaria de la ciudadanía xalapeña, Elizabeth no logra, o quizá ni lo intente, poner los pies sobre la tierra. Xalapa hoy por hoy, es ingobernable, insisto. El divorcio entre ciudadanos y autoridades es evidente. El Ayuntamiento hace como que gobierna y la población hace y deshace como si no existieran autoridades. El “tontín del palacio de enfrente” va en una dirección, la que le marca su todopoderosa familia, y la población marcha en contrario. Eso sin contar con la ineludible topografía de lomas y barrancos en que se asienta la ciudad, la escasez de presupuesto para atender la demanda ciudadana, y la carencia absoluta de un plano regulador que establezca un mínimo de orden y racionalidad a la expansión de la mancha urbana.

Ya no digamos la maraña de intereses políticos y clientelares que auspician el arbitrario sistema de transporte público, ejercicio del comercio informal, talleres en la vía pública, invasión de terrenos, asentamientos irregulares en zonas de riesgo, pandillerismo, basureros a cielo abierto, deforestación de nuestras ya muy reducidas áreas verdes,  y un largo etcétera, etcétera. Intereses que cobrarán factura a nuestra joven damita en comento, porque en ellos se apoyó para medrar electoralmente con la pobreza de miles de xalapeños que habitan en ya varios cientos de colonias colgadas de los cerros.

Si bien le va, y a nosotros, los sufridos xalapeños también, entre los muchos logros por alcanzar en apenas tres años, será el rescate de Xalapa como capital de Veracruz. No más “Trade Word Center” en Boca del Río y, para ello, tendrá que contar con la aquiescencia de Javier Duarte de Ochoa, virtual próximo gobernador, para el cual Elizabeth no es santo de su devoción. El que la campaña de la hoy alcaldesa electa haya sido apoyada por empresarios panistas que auspiciaran el voto en contra del Dr. Duarte de Ochoa, no se olvida.

Quedan algunas semanas para que Elizabeth Morales entienda que debe bajarse del ladrillo, tome conciencia de la realidad de una ciudad que no le ve con simpatía y, para cuando tome las riendas del municipio, acepte que gobernar no es repartir despensas.

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