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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

¿Se está o no se está con el “Pacto por México”, es la pregunta que se le hace a la bancada del PRI en el Senado, tras el anuncio de Emilio Gamboa Patrón de que se pedirá la destitución del senador panista que ocupa la presidencia de la Mesa Directiva de ese cuerpo colegiado. Lo que mal empieza mal acaba.

Pero ese es otro cantar que dará mucho de que hablar.  Mi comentario de hoy versa sobre  la nada extraordinaria efervescencia en los círculos políticos en torno a la sucesión en el gobierno de la capital veracruzana.

Llama la atención que entre dimes y diretes, a estas alturas bacinica en ristre surjan acusaciones de actos anticipados de campaña, cuando ni siquiera se ha procedido por parte de los partidos políticos a la “consulta”  previa a la designación de candidatos a la alcaldía. Nada nuevo bajo el sol, la efervescencia político-electoral es el pan de todos los días de la clase política veracruzana, anteponiendo intereses personales y de grupo a los intereses más caros de la entidad y, en particular, de un municipio postrado que no encuentra su camino para salir del atraso.

Así, en tanto que los “adelantados” que aspiran a suceder a Elizabeth Morales, con nada que legalmente se los impida alzan la mano para decir públicamente yo quiero, en paralelo, con mayor autenticidad, la llamada sociedad civil viene poniendo sobre la mesa la discusión y debate en torno a los problemas más ingentes de Xalapa. Organizaciones no gubernamentales, con talante crítico y propositivo, expresan un legítimo interés por aprovechar la oportunidad del relevo para participar activamente en el diseño y conducción del rescate del municipio, independientemente de quien resulte beneficiado en julio próximo por el voto ciudadano. Esto al margen de colores partidistas, antes al contrario, tocando madera y poniendo en tela de juicio, que una vez más recaiga el gobierno municipal en manos de un político profesional.

Los políticos profesionales oyen pero no escuchan el clamor popular, lo mismo proveniente de los sectores más afortunados que los más desprotegidos y vulnerables. Ajenos a criterios técnicos de valía y a propuestas concretas de atención a necesidades reales y sentidas de la población, su interés es meramente clientelar, electorero y futurista.

Basta observar a los políticos “adelantados”, haciendo como que la virgen les habla, a lo suyo, recurriendo a lo que saben hacer: guerra sucia para descalificar a cuanto adversario de peligro contemplen se les pone enfrente. Absteniéndose de participar con seriedad en el debate ciudadano, convencidos de que la última palabra la tiene el que dicen manda en Veracruz y a ello está orientado el madrugador protagonismo; a la vez que propalan que la elección se gana con dinero no con ideas, propuestas y cercanía con los que pretenden gobernar. “No más un político profesional al frente de la administración municipal”, es lo que se escucha.

Caminos opuestos en un recorrido paralelo que desemboca en diálogos entre sordos y confrontaciones estériles. Ni la clase política escucha y entiende, ni la llamada sociedad civil logra hacerse escuchar y hacer entender a su contraparte que para abatir desigualdad, pobreza y falta de oportunidades, la ciudad capital y su entorno regional requieren de cirugía mayor para su desenvolvimiento y no más placebos cosméticos.

Recién el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, en una más de sus ocurrencias, declaró que su gobierno trabaja por generar más y mejores oportunidades para los veracruzanos. Posiblemente si, pero para los habitantes de la conurbación Veracruz-Boca del Río, o Tuxpan, joyas de su corona virreinal, porque para los xalapeños, las declaraciones del gobernador quedan en eso, simple verborrea que en nada beneficia a la otrora ciudad de las flores, por más esfuerzos mediáticos que se apliquen para mostrar el maquillaje urbano tras el que se oculta ineficiencia desinterés, y abandono.

 No mejora la calidad de vida para los habitantes de la capital del estado, no se observan medidas gubernamentales serias, de fondo y con visión de futuro para atender la demanda ciudadana. En la coyuntura Xalapa no destaca por la promoción del crecimiento económico y el empleo, camino para abatir desigualdad, pobreza y atraso.

De dientes parea afuera se hace ruido en torno al potencial turístico de la capital, como dinamizador de la economía municipal y regional, destacándose sus  fortalezas pero ignorándose debilidades que se ocultan bajo la alfombra. El maquillaje urbano que niega el interés del gobierno estatal por la dignificación de la capital veracruzana, es flor de un día. Son mayores las demandas de infraestructura urbana e industrial, empleo, salarios decentes, vialidad expedita, orden y seguridad, que todo lo que de positivo pueda tener el reconstruir algunas calles o el rescate de espacios públicos que, por cierto, bajo la óptica de la industria sin chimeneas no tienen el menor impacto.

Madrugar participando

Lo positivo del madrugar es que crece tanto la participación y organización ciudadana pugnando por construir unidad de propósitos, así como por encausar la voluntad colectiva para tratar de salir de un  marasmo que ya acusa décadas de inmovilismo y abandono.

En torno a fortalezas y debilidades gira el debate ciudadano, cada vez más participativo, consciente y sustentado, mientras en los círculos políticos se tunden unos y otros en busca del ansiado botín de cuatro años. Si México ya es otro, Xalapa no se queda atrás, está en el mismo paquete en cuanto a cuestionamientos críticos y fundados del quehacer gubernamental y de la clase política en que este se sustenta. El voto de castigo en la pasada contienda presidencial es apenas la cúspide visible de un iceberg de múltiples vértices y aristas.

Tras el silencio y el rumor soterrado, aparente indiferencia y desinterés ciudadano, la legítima preocupación y deseo de participar, anida en cada vez mayor número de xalapeños que buscan organizarse para hacer valer su voz en el momento propicio. Los adelantados en la misma tesitura que autoridades y partidos políticos, ni lo ven ni lo escuchan, a tambor batiente dan por sentado que tienen a Xalapa en un puño.

No sería nada extraordinario que en julio próximo quede en evidencia que ni la parafernalia dispendiosa de las campañas políticas, el gran dedo elector, el clientelismo tradicional en las colonias más humildes colgadas de los cerros y barrancas, o la compra del voto, fueron suficientes para contrarrestar conciencia y voluntad de cambio de una población organizada. En ello debería pensar el racimo de “adelantados” que avivan cotidianamente el mal endémico de la política electoral.

Hojas que se lleva el viento

El presidente Peña ya dio a conocer su largo listado de buenos deseos que presentara a los reyes magos. Toca ahora al Congreso decir con qué ojos mi querido tuerto, y al gabinete informar del cómo materializarlos en escasos seis años. Por lo pronto como anticipo navideño el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ya apuntó que prometer no empobrece…

-ooo-

No más mentiras sobre el creciente endeudamiento de la administración pública veracruzana, pide el gobernador Duarte de Ochoa. Lo bailado nadie nos lo quita reza la propaganda oficial. Así que a otra cosa mariposa que el que nada debe nada teme.

 

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No hay vuelta de hoja. La ciudad capital de Veracruz para salir de su marasmo y atraso requiere de un gobernador con visión y compromiso que con hechos demuestre su amor por Xalapa; de un alcalde con experiencia, honestidad, cercanía con sus gobernados e indudablemente, con la capacidad suficiente para afrontar los retos de cambio y transformación de lo que hoy no pasa de ser un rancho grande que vive de pasadas glorias. Más eso no basta, modernizar la ciudad adecuándola a las necesidades presentes y futuras de una población en expansión permanente, por sobre todas las cosas requiere de una ciudadanía concientes responsable y participativa. Sin estos tres pilares de sustento nuestra ciudad seguirá siendo lo que hoy nos merecemos y lamentamos.

Los xalapeños no contamos con  tal plataforma de despegue. Los gobernadores en turno son los primeros en desentenderse de su obligación para con la capital veracruzana; el glamour de lo que consideran el ombligo del mundo en materia turística les gana, Boca del Río es hoy el centro neurálgico del gobierno estatal; el Ayuntamiento xalapeño destaca por corrupción, opacidad, ausencia de visión y una absoluta carencia de capacidad para atender necesidades reales y sentidas de la población.

Por cuanto a una ciudadanía conciente y responsable, la carencia es aún mayor. Xalapa cuenta con cerca de 600 mil habitantes pero no cuenta con ciudadanos que participen como tales frente a la problemática de la capital veracruzana. El dejar hacer, dejar pasar, cuchicheando quejas y lamentos, no substituye participación comprometida y responsable que nos otorgue calidad de ciudadanos.

Lo anterior viene a cuento ante la inminente elección del próximo Ayuntamiento xalapeño que, como es sabido, durará cuatro años en su gestión edilicia. De espaldas a la población en las esferas del poder ya se barajan nombres de posibles candidatos a la alcaldía, más por así convenir a  intereses personales, de grupo ó de los partidos políticos vigentes y los que surjan, que por atender a lo que Xalapa requiere. De los personajes que ocupan la atención en los círculos políticos, ninguno parece contar con merecimiento alguno para hacerse cargo del gobierno de la ciudad.

Abierto el refuego por la sucesión de la alcaldesa Elizabeth Morales, lo que está a debate en los círculos políticos y medios de comunicación no tiene nada que ver con las urgencias de la ciudad capital. La población, desinformada y al margen ni suda ni se acongoja frente a los nombres que se barajan. Está en lo suyo y en espera de que llegado el momento en las urnas de mala gana premie o castigue a los candidatos de ocasión.

Los medios de comunicación, no obstante contarse con más de diez diarios que se publican en la capital veracruzana  y que profusamente destinan cotidianamente páginas y titulares a proyectar la imagen tanto del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa como de la alcaldesa, no inciden positivamente en la población generando sinergias que contribuyan a fortalecer lazos de identidad entre la población y el gobierno La pasada elección federal dio cuenta de ello.

Y mientras la atención y prioridades están puestas en el proceso electoral en puerta, la ciudad capital duerme el sueño de los justos entre abandono, atraso, inseguridad, basura por doquier e indiferencia de sus habitantes. Crecimiento anárquico y desorden mantienen su curso sin respuestas viables para modificar una  tendencia que ya se considera círculo perverso.

En el ínter, el gobernador del estado, más preocupado por lo que se murmura sobre un anticipado  retiro de sus obligaciones constitucionales, se ocupa de aplicar pinceladas al mediático maquillaje de eficiencia de su administración. Xalapa ni le va ni le viene, sabe a ciencia cierta que la vida cotidiana de la capital no viste políticamente a los ojos de los gobernados.

Construir ciudadanía debería ser el primer paso de todo esfuerzo encaminado a la búsqueda de soluciones viables para la problemática de Xalapa y la región en la que esta se asienta. Tal prioridad brilla por su ausencia y, si acaso, se observa balbuceante intento por parte de algunas de las llamadas organizaciones no gubernamentales  que, de manera aislada, se preocupan y ocupan en darle vueltas a la noria más con criterio asistencialista que con la eficacia que se reclama. Entre estas, “Otero Ciudadano” que pretendiendo imprimir integralidad y juicio técnico a un intento de participación ciudadana, se pierde en un elitismo de clase media que le hace vulnerable a la politización y partidización que, como bien sabemos, en Veracruz todo lo que toca pudre.

El PRD ensoberbecido por su pírrico triunfo en la elección de diputado federal por el distrito de “Xalapa urbano”, sin autoridad moral y política pontifica en torno a la problemática del municipio y ciudad capital y sus posibles soluciones a partir de un gobierno de “izquierda” más generador de clientelismo que de políticas públicas a tono con las necesidades de la ciudad capital. Borda en el vacío, soslayando el carácter integral de la conurbación y la existencia de cuatro Xalapas en una. Sin visión de conjunto anclada en la realidad, ningún partido político está en condiciones de ofrecer electoralmente nada que contribuya a deshacer el nudo gordiano que condena a la capital al estancamiento y atraso; sin democracia participativa sustentada en ciudadanos conscientes y responsables, la elección no es solución.

La respuesta es de la población, la clase política es accesoria.

Xalapa, Ver., agosto 19 de 2012

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