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Tag Archives: Beatríz Paredes Rangel

Por Denise Dresser

Grupo Reforma

Ciudad de México.-  Basta con ver la cara de los priistas en cualquier acto público. Basta con advertir las sonrisas compartidas, los rostros complacidos, los abrazos entusiastas. Están felices y se les nota; están rebosantes y no lo pueden ni lo quieren ocultar. Saben que vienen de vuelta, saben que están de regreso, saben que encuesta tras encuesta los coloca en el primer lugar de las preferencias en las elecciones estatales y cada vez más cerca de recuperar el control del gobierno federal.

El PRI resurge, el PRI revive, el PRI resucita. Beneficiario del panismo incompetente y del perredismo auto-destructivo, el Revolucionario Institucional está a un paso de alcanzar el picaporte de Los Pinos tan sólo dos sexenios después de haber sido expulsado de allí.

Para muchos mexicanos esta posibilidad no es motivo de insomnio ni de preocupación. Hablan del retorno del PRI como si fuera un síntoma más de la normalidad democrática. Un indicio más de la alternancia aplaudible. Un indicador positivo de la modernización que México ha alcanzado y que ya sería imposible revertir. “El país ya no es el mismo que el de 1988”, advierten quienes no se sienten alarmados por la resurrección priista. “El PRI no podría gobernar de manera autoritaria como lo hizo alguna vez”, sugieren quienes celebran los logros de la consolidación democrática. “Los priistas se verían obligados a instrumentar las reformas que hasta ahora han rechazado”, auguran los oráculos del optimismo. Y ojalá tuvieran razón las voces de aquellos a quienes no les quita el sueño la posibilidad de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, Manlio Fabio Beltrones en la Secretaría de Gobernación, Beatriz Paredes en cualquier puesto del gabinete, y Emilio Gamboa en la presidencia del PRI.

Ojalá fuera cierto que una nueva era de presidencias priistas sería señal de alternancia saludable y no de regresión lamentable. Ojalá fuera verdad que tanto el país como el PRI han cambiado lo suficiente como para prevenir el resurgimiento de las peores prácticas del pasado. Pero cualquier análisis del priismo actual contradice ese pronóstico, basado más en lo que sus proponentes quisieran ver que en la realidad circundante. Como lo escribe el columnista Tom Friedman en The New York Times, en México hoy coexisten tres grupos: “Los Narcos, los No’s y los NAFTA’s”: los capos, los beneficiarios del statu quo y los grupos sociales que anhelan el progreso y la modernización. Y hoy el PRI es, por definición, “El Partido del No”. El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza las candidaturas ciudadanas por la rotación de élites que defiende; el que rehúye la modernización sindical por los “derechos adquiridos” que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción. El PRI y sus bases son los “No’s” porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priistas concibieron y del cual viven.

A quien no crea que esto es así, le sugiero que lea los discursos atávicos de Beatriz Paredes, que examine la oposición pueril de Enrique Peña Nieto a la reelección, que reflexione sobre los intereses cuestionables de Manlio Fabio Beltrones, que estudie los negocios multimillonarios de Emilio Gamboa, nuevo dirigente de la CNOP y próximo presidente del partido. Allí está el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI corrupto, el PRI que realmente no cree en la participación ciudadana o en los contrapesos o en la rendición de cuentas o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público.

Si la biografía es micro-historia, entonces se vuelve indispensable desmenuzar la de Emilio Gamboa ya que su selección reciente para una de las posiciones más importantes del priismo revela mucho sobre el ideario, los principios y el modus operandi de la organización. Emilio Gamboa, descrito en el libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, Los intocables, como el broker emblemático de la política mexicana; el intermediario entre el dinero y el poder político. Vinculado al Pemexgate, al quebranto patrimonial en Fonatur, al crimen organizado vía su relación con Marcela Bodenstedt y el Cártel del Golfo, a las redes de pederastia, al tráfico de influencias. De nuevo en la punta del poder dentro de su propio partido.

Ése es el PRI del 2010, y si no lo fuera, su dirigencia ya habría denunciado a Emilio Gamboa junto a tantos que se le parecen. Pero no es así. El PRI  nuevo milenio y el que se apresta a gobernar a la República sigue siendo un club transexenal de corruptos acusados y corruptos exonerados; de cotos construidos sobre la intersección de la política y los negocios; de redes tejidas sobre el constante intercambio de favores y posiciones, negociadas a oscuras. En una conversación telefónica grabada y ampliamente diseminada -que a pesar de ello no ha hecho mella en su carrera política- Emilio Gamboa le dice a Kamel Nacif: “va p’a tras”. Y ése es el mismo mensaje que el PRI envía sobre el país bajo su mando.

Si te gustan y si estas de acuerdo con mis planteamientos, te agradecería que los reenviaras a tus amigos, parientes y contactos, en el entendido de que trato de hacer conciencia y ciudadanos críticos y participativos.  México lo hacemos todos los días ¡todos!

Gracias!

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre si es o no es, Javier Duarte no pierde el tiempo. Si bien mediáticamente es lucidor andar micrófono en mano con el agua hasta las corvas y paleando lodo en las comunidades afectadas, para quien quiere ser gobernador de Veracruz es tanto más importante como prioritario afianzar amarres con vista al futuro, partiendo de una condición presente muy real, la entidad está colapsada y las finanzas públicas estatales quebradas. Pragmáticamente el Sr. Duarte seguramente valora la situación y se inclina a favor de donde está el billete, de ahí que su acercamiento con Felipe Calderón no es casual y, como ya trascendiera, con Enrique Peña Nieto tampoco. En ambos confía puedan inclinar la balanza a su favor en el TRIFE, al mismo tiempo que obtiene de estos el compromiso de no dejarle de tender la mano a Veracruz en uno de los momentos más difíciles de su historia.

El compromiso es recíproco. Una mano lava a la otra. Felipe Calderón contará con todo el apoyo del gobierno de Veracruz en lo que resta de su mandato. Por lo consiguiente, Peña Nieto también contará con el respaldo duartista, en su intento por hacerse de la presidencia de la República.

En ambos casos, según trascendiera, Javier Duarte está bien encaminado en sus negociaciones. El dinero de la federación ya está fluyendo para atender las necesidades más urgentes en las regiones siniestradas y, para el caso particular del por ahora gobernador electo, su equipo de trabajo y las tareas que éste lleva a cabo en presencia y auxilio a damnificados, así como en  la preparación de una  propuesta de  programa sexenal de gobierno, el apoyo le llega del Estado de México.

Paradójico, pero así es. En tanto que el gobierno estatal no cuenta con recursos para pagar oportunamente la nómina del personal a su servicio, Duarte de Ochoa cuenta con suficientes fondos para preparar su aún dudoso ascenso al poder.

Esto mientras la inquietud e incertidumbre respecto a la decisión inatacable del TRIFE, crece mientras se prolonga la espera. Por lo pronto, inquieta el saber que en la agenda del tribunal federal electoral la prioridad está concentrada en el análisis de la revisión de la elección en el estado de Hidalgo.

La presidente nacional del PRI, Beatriz Paredes, pareciendo no conocer Veracruz, sostuvo “que nadie debe lucrar con la tragedia de los damnificados a consecuencia de las inundaciones provocadas por el huracán Karl” ¿Ello es posible en nuestra entidad? Seguramente que no. Querámoslo o no, la política se impone y la tragedia es moneda de cambio.

Entre la clase política y círculos periodísticos cercanos a ésta, el tema de los embates de la naturaleza se subordina a la especulación y el rumor respecto a la sucesión del Mtro. Fidel Herrera Beltrán y el futuro cercano de éste. Comentándose que en tanto el gobernador está concentrado en la problemática ambiental y social de su entidad, el gobernador de Coahuila  Humberto Moreira Valdés, con el apoyo de Peña Nieto, se le anticipa como futuro dirigente nacional del PRI. Lo que se interpreta como posibilidad de que Herrera Beltrán pase a ocupar la banca a lo largo del 2011, perdiendo la oportunidad de acceder a la candidatura de su partido a la Presidencia de la República  como es su explícito deseo.

Lo curioso es que en tanto en el exterior se fortalece, al interior de la entidad Javier Duarte pierde terreno. En parte porque crece la duda sobre su ratificación como gobernador electo por el TRIFE, como por el hecho de consentir que públicamente se ventile la posible integración de lo que sería su gabinete. Nombres y más nombres se barajan en los medios de información y cada vez es mayor la certidumbre de que los personajes que se mencionan son los menos indicados para acompañarle como primer círculo en su aún presunto gobierno. Salvo muy contadas y honrosas excepciones, se habla de un nefasto ramillete de ineptos, corruptos y de fama pública precedida de un muy oscuro historial, perjudicando más que beneficiando al Sr. Duarte, sin que este frene la especulación y el rumor.

Lo más grave, a mi juicio, es que en las actuales circunstancias de Veracruz ya se mencione que Duarte estaría más preocupado por armar un equipo de operadores políticos de su partido, con vías al 2012 y en apoyo a la candidatura de Enrique Peña Nieto, que rodearse de verdaderos expertos en sus respectivas áreas de competencia para sacar al buey de la barranca, recuperando lo perdido en el menor tiempo posible, como lo espera la gran mayoría de los veracruzanos. Más administración, eficiencia y eficacia, y menos política, es el sentir generalizado que se percibe entre la gente.

Aspecto este último que no puede echarse en saco roto, sea quien fuere el sucesor del Mtro. Herrera Beltrán, pues tras la emergencia, en el corto y mediano plazo, lo que hoy es contingencia de desastrosos efectos sociales y económicos, podría devenir en crisis política y de gobernabilidad si no se privilegia una buena administración y eficacia en la atención a los problemas torales de Veracruz, por sobre esteril  politiquería de corte electoral.

Veracruz entero espera un cambio en el estilo personal de gobernar y en resultados transparentes, medibles y cuantificables en materia de crecimiento económico, empleo, seguridad,  y bienestar de la gente. Mucho de ello depende de una inteligente decisión en la conformación del primer círculo de la nueva administración pública veracruzana, el saber delegar y el exigir oportuna rendición de cuentas, contando con un auténtico programa de gobierno, más que plan sexenal, que contemple seguimiento, control y evaluación de todas y cada una de las acciones de gobierno. Si Duarte resultara favorecido por el resolutivo del TRIFE sobre su elección, ojalá y lo tome en cuenta.

Y mientras el tiempo pasa, el rumor crece y la especulación mediática se impone, Veracruz, Tabasco, Chiapas y Oaxaca, viven momentos difíciles en los que la mayor tragedia es la pérdida de vidas humanas. Esperemos que en los próximos días la naturaleza nos conceda un respiro y aprendamos la lección que ésta nos deja.

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Frente a lo que viene en el 2012, la ruptura del PRI con el chaparrito pelón de lentes es más que evidente. Entre la sarta de recriminaciones vertidas en Acapulco, entre las que no faltó el que Manlio Fabio Beltrones calificara a Calderón como inepto, rescatamos la de Beatriz Paredes, quien expresó que cuando el Gobierno federal y al PAN necesitaran del PRI  lo llamaron para formar coaliciones y ahora piensan que pueden ignorarlo”.”¡Qué olvido!, ¡se les olvida quiénes somos la mayoría!”, exclamó.

Con perdón de la folklórica y devaluada dirigente nacional del PRI, la del olvido es ella, pues la verdadera mayoría está constituida por la suma de todos los electores que elección tras elección no votamos por el PRI, incluido el voto en blanco y el abstencionismo. Flaca memoria de la partidocracia, encabezada por el PRIAN, que se olvida de que su poder es prestado. Si alguien tiene autoridad moral y política para recriminar el desbarajuste de la administración pública que preside “el espurio”, y el nada despreciable desmadre que le acompaña en las 32 entidades federativas de un país al borde del colapso, es ni más ni menos que la auténtica mayoría popular con la que la clase política está en deuda.

¡Y nadie la pela!


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