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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si el que paga es el pueblo, este tiene derecho a conocer adonde va a parar su dinero. Bajo está simple fórmula el gobierno de Veracruz está obligado a transparentar montos y destino final del creciente endeudamiento de la administración pública estatal y su correlativo en el ámbito municipal. Bajo el pretexto de impulsar crecimiento económico y generación de empleos, el gobierno de la fidelidad bursatilizó las participaciones federales que le corresponden a la entidad y, hasta la fecha, no se tiene claro en que medida se logró tal objetivo. Hoy, el gobierno de la prosperidad pretende pignorar nuevamente tales participaciones con tres paquetes a colocar en la Bolsa de valores, una nueva bursatilización por un monto superior de más de 6 mil millones de pesos; recursos que estarían destinados presuntamente tanto a la reestructuración de la deuda pública acumulada y, lo que sobre, a diversas obras y servicios no especificados.

Con la misma ligereza con la que el Congreso local aprobara a Fidel Herrera Beltrán contratación de deuda y bursatilización, los actuales diputados de espaldas a sus representados harán lo propio con  la estrategia financiera del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, sin previo conocimiento puntual de la aplicación en montos y destino tanto de los recursos provenientes de los adeudos contraídos con anterioridad como de las obligaciones por  contraer con la nueva colocación de deuda pública.

El gobernador Duarte de Ochoa ha sido el último en reconocer la pesada carga que heredara de su antecesor, padrino y mentor, así como el último en aceptar que técnicamente las arcas públicas veracruzanas atraviesan por una quiebra técnica., de acuerdo con lo que se ventila en diversos medios de comunicación.

A escasos dos meses de cumplir su segundo año de mandato, el próspero gobernante por fin ha tomado debida nota de que hay que pagar lo que se debe ó, en el mejor de los casos, hay que renegociar la deuda, aligerando hoy la carga aunque a mediano y largo plazo salga más caro el caldo que las albóndigas, como se observa en un mundo globalizado en crisis.

Si con el nuevo proyecto de bursatilización está convencido de que sacará al buey de la barranca, abonando a sus buenas intenciones, ¡Adelante!, pues, pero antes deberá rendir cuentas claras a sus gobernados. Es hora de que los veracruzanos sepan a ciencia cierta, con pelos y señales, adonde ha ido a parar su dinero y cual es el costo de los platos rotos por pagar.

También deberá ser consciente que como priísta no ha sabido gobernar. El no reconocer a tiempo los desmanes de su antecesor marcando su raya y, lo que es peor, servirle de tapadera pretendiendo jugarle el dedo en la boca a sus gobernados con espectaculares anuncios triunfalistas de saliva, tiene su costo político, mismo que el PRI, en su nombre, pagará en las elecciones locales del 2013.

Hojas que se lleva el viento

Como suele suceder en vísperas de elecciones, los rumores cobran plena vigencia. No nos dejemos engañar, todo rumor y maledicencia tiene remitente y destinatario. Si se dice que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se va, es porque alguien quiere ocupar su lugar. Si se dice que a Héctor Yunes Landa ya se le queman las habas, es porque desde ahora hay que frenar al cisne tuxpeño, delfín del grupo fidelista y amigo entrañable del todavía gobernador.

Andrés Manuel López Obrador borda en el vacío, me dicen. “Morena” no existe más que en la mente de quien queriendo ser nuevamente candidato de las izquierdas a la presidencia de la República, está “jugando petate”. Que bueno que así se piense, entre menos asome la cabeza el Movimiento de Regeneración Nacional menor número de provocadores y francotiradores. Todo a su tiempo.

Me dice un turista de los pocos que arriban a la ciudad de las flores: “Teniendo un palacio de gobierno con tan interesante muestra pictórica en sus muros, ¿porqué se impide el acceso al público para su gozo, con vallas metálicas y policías armados?” No supe que contestar. “¿Será porque los que están adentro tienen miedo?” comenta  el visitante.  Xalapa, Ver., octubre 10 de 2012

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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce


El tiempo sigue inexorablemente su marcha. Las crisis concurrentes derivadas de la debacle económica y social del país no se detienen. Antes al contrario, se profundizan mientras en Veracruz el tiempo no cuenta, la crisis menos. Lo relevante es inventar candidatos, especular en torno a dimes y diretes, regocijarse por la paja en el ojo ajeno, haciendo de la polémica estéril, fuente inagotable de estulticia política ayuna de propuestas racionales que con visión y compromiso contribuyan a paliar el descalabro.

Si no es el tema inagotable de la bursatilización, mejor conocida por los que saben, como deuda, es el presupuesto del Instituto Electoral Veracruzano, o si le rebajan nominalmente el salario a los servidores públicos de primero o segundo nivel. Lo relevante es polemizar y, si es en los medios de comunicación, mejor, para dar públicamente la apariencia de que la inmovilidad y triunfalismo sin sustento de la administración pública es mito infundado.

En este permanente escenario en el que el perder el tiempo es pasatiempo, una nueva polémica preocupa y ocupa lo mismo a la alta burocracia que a sesudos politólogos: ¿Sirven o no sirven de algo las delegaciones del gobierno federal en la entidad? ¿Deben desaparecer?

Naturalmente los dimes y diretes lo mismo tíñanse del color rojo fidelidad que del azul celeste que tanto escozor provoca en la administración fidelista. Ello enmarcado en una “patriótica” concepción de un federalismo venido a menos, así como al mismo tiempo deleznable competencia por ver quien se beneficia del voto popular en las elecciones del año venidero.

Para el joven delfín el hilo negro es novedoso: “Vivimos aún en un régimen presidencialista”. La última palabra la tiene el titular del ejecutivo federal, pero ya se encargará la diputación veracruzana de modificar históricas reglas del juego que hacen de las delegaciones federales onerosa carga para una hacienda pública quebrada que se niega a compartir lo poco que le queda.

Para otros, el tal presidencialismo es cosa del pasado. Con el PRI fuera de Los Pinos el presidencialismo se tornó entelequia. Vivimos un proceso de feudalización en el que los gobernadores cual señores de horca y cuchillo definen el rumbo del país. No es tanta la preocupación de los nuevos señores feudales lo que en pesos y centavos representa el mantener las tales delegaciones del gobierno federal; cuenta más el papel lo mismo de vigilantes del manejo de las aportaciones federales a las haciendas locales que el de operadores políticos trabajando para inclinar la balanza electoral a favor del desgobierno panista.

Lo importante es polemizar. Pero todos se niegan a reconocer que en tanto el cordón umbilical que mantiene el nexo indisoluble entre el presidencialismo venido a menos y la presunta autonomía de los señores feudales, siga siendo la hacienda pública federal. Todo intento de “balcanizar” a un Veracruz que todo lo tiene, que todo lo puede pero que en términos de finanzas públicas depende y vive en más de un 90% de la federación, tan estéril es el intento como la polémica desatada. Las delegaciones federales, representantes localmente del gobierno federal, son intocables.

Se habla de dualidad de funciones. Más ardor debería causar la viga en el ojo propio que la paja en el ajeno. Si de reducir dispendios onerosos en la hacienda pública se trata, lo que cabría es una revisión a fondo de las dependencias  diversas del gobierno estatal y las correspondientes a los gobiernos municipales. Desorden y despilfarro en ambos órdenes de gobierno son más que evidentes. Están a la vista de todos y los ciudadanos son los primeros en descalificar el gasto superfluo en que se incurre, así como lo que, al margen de la legalidad va a parar a los bolsillos de corruptos servidores públicos, cuyo pronto enriquecimiento  es objeto de obscena ostentación.

Sobre esto último no se da la polémica. Todo marcha bien, en tanto el poder salpique, aunque las respuestas a la crisis sigan el mismo tenor de pasar el tiempo entre dimes y diretes.

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