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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La sociedad humana con una indiferencia que pone en duda su propia naturaleza, asiste como espectador de piedra a la amenaza del cambio climático, apostando a favor de un planeta inhabitable para las generaciones venideras.

Unos por comisión, otros por omisión, uno a uno todos los seres humanos contribuimos con el sueño de la modernidad a a costa del ecocidio. Nadie está exento de responsabilidad, lo mismo Estados que gobiernos que la llamada sociedad civil y, en el seno de estas entidades, el uno por ciento de la humanidad que detenta el poder real, acumulando y concentrando riqueza a un costo demasiado alto para todos.

El desgarre de vestiduras y manifestaciones populares aisladas, no hace mella en el patrón hegemónico dominante de una sociedad que, paradigmáticamente, encuentra la felicidad en el tener para ser. Destruyendo el futuro en aras de un presente en el que acumular bienes materiales es la razón última de la vida humana, lo mismo para quienes no tienen nada que para aquellos que teniendo todo, quieren más. Unos y otros, contribuyendo, cerrando el círculo perverso del imperativo categórico que nos hemos impuesto, justificar con la sinrazón la razón de nuestro efímero paso por el planeta que generosamente nos acoge.

No hay vuelta atrás. El cambio climático ya no es especulación ni amenaza tremendista visualizada por la academia, está presente y actuando por sobre todas las cosas. La naturaleza cobrando caóticamente la factura, reconstruyendo el equilibrio perdido; manifestándose hostil para la vida humana así como esta ha sido hostil al planeta entero. Hoy, el hombre cosecha lo que sembró en un esfuerzo inaudito por poner a la naturaleza al servicio de sus aviesos fines.

Y en este inédito escenario, la previsión humana frente al cambio climático y sus secuelas presentes y futuras, no pasa del discurso, buenas intenciones y acuerdos internacionales, a los que se opone y domina pragmáticamente la irracionalidad del utilitarismo de un sistema de vida que, en lo económico y social, tiene por motor el privilegio de la acumulación y concentración de riqueza por sobre cualquier otra cosa; aberración que se justifica con la política a todos los niveles, vendiendo esta la idea de búsqueda del bien común en el principio y fin del arco iris; cual can daltónico en cuya naturaleza no está la percepción de los colores, el hombre transita a ciegas encontrando la felicidad en su propia destrucción destruyendo la vida del planeta.

Así como en este marco se ubican los propósitos y objetivos últimos de la educación, la ciencia y la tecnología, en una absurda competencia que divide a la sociedad en ganadores y perdedores, igualándoles en la espiral del individualismo y el consumismo, así como condicionando desarrollo y bienestar de la gran familia humana, sujetándole a los intereses del 1 por ciento de la población mundial.

Saqueo y depredación de recursos naturales limitados y explotación del hombre por el hombre, en nombre de crecimiento y desarrollo para los menos es el paradigma dominante. El futuro del planeta y los seres vivos que le habitan, no cuentan en el presente como no han contado en el pasado.

Por eso es de llamar la atención que algunos tan bien intencionados como ingenuos, atribuyan a la educación propiedades liberadoras que no tiene, en tanto está diseñada, organizada y administrada respondiendo a favor de propósitos sistémicos y no en contra de estos, como es el caso también de la ciencia y la tecnología cuyos impresionantes avances se prueban en el exterminio masivo de poblaciones enteras.

¿Qué estudiar, para qué y para quién? En esta irracional realidad contra natura es lo que deberíamos preguntarnos antes de hacer del conocimiento acumulado panacea.

¿Estamos dispuestos a contribuir a propósitos y objetivos sistémicos o a transitar en sentido contrario a éstos. En la respuesta a esta interrogante a mi juicio debería sustentarse eso que se da por llamar cultura política, así como la conceptualización de izquierda o derecha en el espectro político de una democracia sin etiquetas.

Estamos a favor del alivio al planeta y liberación de la raza humana, asumiendo este compromiso como forma de vida, o estamos en contra. Sin tener clara la respuesta la vida misma pierde sentido, la razón última del ser y deber ser se pierde en la marginalidad de un esteril paso en lo transitorio de la existencia, dejando como única huella trascendente una herida más en la faz de una tierra que hoy en un proceso irreversible se revuelve contra lo humano.

Hojas que se lleva el viento.

En una manifestación más de simulación, los dueños de las canicas condicionan la participación de los “adelantados” en los procesos electorales. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ratificó un criterio general para garantizar la equidad en las contiendas electorales: los aspirantes no pueden “destaparse” o promover sus proyectos en los medios. Si tanta belleza fuera verdad, en Veracruz la clase política desaparecería a los ojos de la ciudadanía y la prensa falleciendo de inanición, tendría que escribir su propio epitafio.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ahora que los expertos internacionales han confirmado que el cambio climático llegó para quedarse y que, al respecto el gobierno de Obama en EE. UU. advirtiera a la sociedad norteamericana de la necesidad de estar alerta en prevención a los efectos de este fenómeno, llegó la hora de que en nuestro país pongamos las barbas en remojo.

Hoy más que nunca se debe tomar en serio la necesidad no sólo de cuidar y preservar el medio ambiente, también de tomar medidas preventivas para hacer frente con relativa eficacia a eventos catastróficos derivados del cambio climático. No más indiferencia, simulación, demagogia y mentiras piadosas en torno a lo que constituye alto un riesgo para la sociedad. La naturaleza no espera como ya se pone de manifiesto en sus efectos en la salud.

Por lo que a nuestra aldea respecta, el riesgo que se corre es variado y de diversas magnitudes a lo largo y ancho de la entidad, como está probado con eventos meteorológicos que en la última década afectaran tanto infraestructura como integridad física y bienes materiales de familias veracruzanas. El saldo de inundaciones, deslaves, fuertes vientos, granizadas atípicas y elevación del nivel del mar está documentado, aunque no atendidas con la celeridad y eficacia deseable.

Burocráticamente el gobierno estatal nos habla de mapas de riesgo, protección civil y atención a damnificados a posteriori, sin embargo, desafortunadamente queda en el papel y poco, realmente poco, se hace en materia de prevención. Antes al contrario, atendiendo a intereses de índole económico productiva, se deja hacer, se deja pasar, se desatiende la magnitud del riesgo ante la indiferencia de una sociedad ya acostumbrada a actuar después y no antes de la catástrofe.

Son muchas las voces que se levantan advirtiendo de la necesidad de conciliarnos con el medio ambiente, frenando deforestación, evitando contaminación y cuidando el agua, plausible actitud que nos atañe a todos y que deberíamos atender, sin embargo, la mayoría de nuestros ambientalistas evita reconocer que el cambio climático por ahora es irreversible, exigiendo algo más que lamentarnos por no cuidar el entorno que como sociedad nos da cobijo.

Se requiere de un diagnóstico serio que se refleje en auténticos mapas de riesgo a disponibilidad pública como primer paso para reconocer y evaluar vulnerabilidades. Lo siguiente sería actuar en consecuencia tomando las medidas pertinentes para prevenir impactos negativos en la población. Toca entonces a las autoridades el hacerse cargo de este problema latente, pero también a la llamada sociedad civil el reconocer que no se pueden seguir manteniendo conductas contrarias a lo que el cambio climático exige.

Y en este marco, los recientes anuncios de cuantiosas inversiones en puertos e industria sin chimeneas deberían obligarnos a reflexionar sobre los pros y los contras de proyectos costeros que responden más a criterios de utilidad económica de unos cuantos que al interés general de una sociedad que directa o indirectamente, terminará como siempre pagando los platos rotos de la improvisación, desatención del entorno ambiental y posterior rescate vía recursos públicos de los bienes siniestrados.

Cultura de prevención.

En materia ambiental a lo hecho pecho, si los daños al entorno son cuantiosos y la mayor de las veces irreversibles, ante el cambio climático las prioridades ya son otras. Sin dejar de atender lo importante en materia ecológica, la prevención ante lo que viene y nos espera cobra carácter de urgente. De ahí la necesidad de concentrar esfuerzos en la construcción de una cultura de prevención que nos prepare para lo inevitable. No más tapar el pozo después del niño ahogado cuando de antemano se sabe del alto nivel de vulnerabilidad de la entidad veracruzana.

Hojas que se lleva el viento.

Ingenuidad e intereses económicos van de la mano en un Veracruz que no ve más allá de su ombligo, anteponiéndose al interés más general de la nación y de nuestra próspera entidad. Sólo así se explica el que se echen las campanas al vuelo por la reelección del dirigente nacional del PAN; expresando beneplácito porque ello significa que el “PAN rojo”, deje de tener preeminencia al interior del blanquiazul en Veracruz abriéndosele las puertas a Miguel Ángel Yunes Linares en su aspiración de gobernar a la entidad. Ignorándose o haciéndose de lado que Gustavo Madero Muñoz y su grupo en este momento representan lo más rancio y retrógrada de la ultraderecha panista, aliados de Peña Nieto y promotores de reformas antipopulares contrarias al interés nacional. Con Madero se inclinará la balanza legislativa a favor de las leyes secundarias en materia energética que más convienen a las petroleras trasnacionales, sumándose al mayoriteo del PRI. Así que cual es en realidad el “PAN rojo”. El PAN es el PAN, no hay otro.

-ooo-

Ya que toqué el tema de la industria sin chimeneas, cabe preguntarse ante el anuncio del Sr. Peña de que se pondrá toda la carne en el asador en infraestructura y promoción turística, con énfasis en el sur sureste del país, cabe preguntarse si Veracruz está preparado para hacerse cargo de la materialización de la propuesta presidencial en lo que a la entidad corresponde, habida cuenta de que los montos totales considerados en el plan nacional de infraestructura son la suma de aportaciones federales, estatales, municipales y privadas.

¿Está preparado el gobierno duartista, por ahora financiera y operativamente incapaz? ¿Los ayuntamientos veracruzanos de municipios con vocación turística, podrían hacerle frente a las responsabilidades inherentes encontrándose técnicamente en quiebra? ¿Nuestra iniciativa privada, sin iniciativa ni vocación emprendedora, está dispuesta a invertir compartiendo el riesgo? ¿Los veracruzanos estamos dispuestos a poner nuestro granito de arena para hacer de Veracruz un destino turístico atractivo, limpio, seguro y digno?

O seguiremos escuchando de grandes inversiones que nunca aterrizan mientras Cancún y la Riviera maya se fortalecen como los más importantes generadores de divisas del país. No olvidemos que para el Sr. Peña los más aptos van primero.

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J. Enrique Olivera Arce

El saldo trágico que nos deja el embate de la naturaleza que, en esta ocasión tomara a nuestro país entre dos fuegos, con “Manuel “en el Océano Pacífico e “Ingrid “en el Golfo de México, es una señal inequívoca más de lo que nos espera con un cambio climático que, pese a todo lo que se dice,  no sólo es resultado de la caótica y desenfrenada carrera de la sociedad humana en pos de la ganancia y acumulación de riqueza. Otros factores, el posicionamiento del planeta en el espacio sideral entre los más destacados, inciden en un fenómeno irreversible y casi imposible de prever en sus efectos y consecuencias.

No se puede dar marcha atrás en lo que no está en manos humanas resolver. Frente al cambio climático y el calentamiento global, sólo queda el prepararse en todo tiempo para mitigar sus efectos.

De ahí la importancia y tarea ineludible de la previsión. Entre mejor estemos preparados para afrontar lo que la naturaleza nos depara, menores serán los daños y tragedias como la que hoy se vive en México.

Insisto una vez más, las medidas reactivas frente al desastre, ex post y no antes, nunca han sido suficientes. Cuanto más en los tiempos que corren y los que a futuro se vislumbran.

Sin una cultura de previsión que compete por igual a los gobiernos que a las poblaciones, nunca dejaremos de estar expuestos a las pérdidas de vida y de haciendas. Así como tampoco los recursos disponibles para paliar los daños y reconstruir serán suficientes frente a la magnitud de los desastres.

Más vale prevenir que lamentar, nos dice la sabiduría popular y, sin embargo, hacemos caso omiso a tal conseja. Por comisión u omisión, siempre a la espera de lo peor, no hacemos nada por tomar providencias privilegiando la cultura del lamento, siempre a la zaga en la administración de daños y siempre culpando a otros de nuestra tragedia.

Es por ello que la protección civil, como se denomina a la acción de gobierno para preservar vidas y bienes materiales, debería entenderse como una tarea cotidiana y permanente de toda la sociedad, y no únicamente como obligación gubernamental.

Ejercicio social que debería sustentarse en información, participación, iniciativa y organización a todos los niveles. Lo mismo en los tres órdenes de gobierno que en el resto de la sociedad, tanto antes como durante y después de las contingencias a enfrentar. Esto no es nada nuevo, países como Japón lo tienen puesto en práctica y dan ejemplo al mundo de ello.

El que un pueblo adquiera tal cultura de la prevención no es resultado de la espontaneidad, ni respuesta individual a una necesidad vital. El promoverla, desarrollarla y consolidarla deviene de la acción de gobierno como autoridad normativa y ejecutiva. En México la cultura de la prevención del riesgo brilla por su ausencia, es un desastre anunciado  y en iguales términos, se encuentra en todos los niveles de gobierno.

Ante el desastre las acciones son reactivas, a posteriori e insuficientes por parte de la población civil y, lamentablemente, ejercicio de simulación ineficaz por parte de las autoridades, como es dable observarlo tras el impacto del fenómeno meteorológico en suelo nacional.

Lo cómodo es atribuirle al señor que está en los cielos el castigo divino. O bien, satanizar aquello que la naturaleza tiene e bien otorgarnos en mal momento. Lo más grave, es el que las autoridades se desentiendan de su tarea preventiva y sin más, afirmen que las muertes registradas son consecuencia del descuido de los propios fallecidos o irresponsabilidad por asentarse en sitios de alto riesgo.

Nadie en los tres órdenes de gobierno asume su responsabilidad. Si existen comunidades enteras asentadas en lugares de alto riesgo, ¿qué autoridad oportunamente lo evitó? Como bien lo señala el politólogo veracruzano Alfredo Bielma, corresponde a las autoridades municipales el delimitar los espacios habitables y autorizar permisos de construcción.

¿O no acaso se vierte verborrea oficial hablando de la existencia de mapas de riesgo y protocolos de prevención? ¿Dónde está ubicado el riesgo y a quién compete administrarlo?

Interrogantes sin respuesta, aunque cabe por sentido común sobreentender que corresponde a la corrupción y abulia oficial el determinar el qué y donde espacialmente,  existe riesgo en sus diferentes magnitudes.

Los usos y costumbre a valores entendidos mandatan la imprevisión. La vista gorda de las autoridades propicia la mayor o menor magnitud del desastre. La cultura de la prevención, impedida por intereses creados. O bien, por necesidades de la gente no atendidas con oportunidad.

Las señales son claras, no se puede ni deben ser  ignoradas. Prevenir más que lamentar es la tarea. Claro, si el miedo que el gobierno le tiene a la participación y organización ciudadana lo permite.

Hojas que se lleva el viento

Lo señalaba, la democratización de la vida sindical no tardaba en presentarse como reivindicación en la lucha que mantiene el movimiento magisterial. Por lo pronto, aquí en Veracruz ya está inscrita en el cuestionamiento del líder moral de la Secc. 32 del SNTE y su estirpe.

No es el sindicato el responsable de corrupción e impunidad, son los charros sindicales que se han enriquecido a costillas del proceso educativo y de los trabajadores de la educación  y son estos últimos a los que se les quieren cobrar los platos rotos.- Xalapa, Ver., septiembre 25 de 2023.

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J. Enrique Olivera Arce

Mérida, Yuc., Diciembre

Contradictoria y sin sentido de la realidad,  la vida política de Veracruz transcurre cotidianamente sin que a nadie parezca importarle lo que para la entidad, en lo colectivo,  y para cada ciudadano en lo particular, significa lo acertado o equívoco de las decisiones verticales de aquellos que, desde la administración pública, determinan presente y futuro de la sociedad. Los mandantes acatan y los mandatarios imponen; nada más alejado de la vida en democracia y nada más cerca del autoritarismo decimonónico del cacicazgo faccioso.

El gobernador de Veracruz, en su mensaje de toma de posesión el primero de diciembre, anuncia su pretensión de crear una nueva secretaría del medio ambiente y, sin el mayor talante crítico, conocimiento de causa,  ni consulta alguna con la ciudadanía a la que se debe, la LXII Legislatura del estado, apenas quince días después, aprueba a bombo y platillo lo que, a todas luces resulta un absurdo en las actuales condiciones de la administración pública veracruzana y de la sociedad en su conjunto.

Lo que públicamente exponen como justificación, tanto el gobernador Duarte de Ochoa, como los diputados involucrados, no pasan de ser lugares comunes, burda calca de los irrelevantes posicionamientos que, en materia ecológica y desarrollo sustentable, suelen adoptar los falsos profetas que se autonombran defensores del planeta azul, en tanto ello no modifique las reglas impuestas del capitalismo rampante.

“Con la aprobación de estas modificaciones, se contará con una dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales, lo que permitiría, por un lado, combatir la contaminación de los cuerpos de agua y suelos, en busca de su saneamiento para apoyar las actividades productivas y, por otro, definir las políticas públicas orientadas a la preservación de nuestras riquezas naturales. De este modo, la nueva Secretaría será responsable de coordinar las políticas de preservación y restauración del equilibrio ecológico, cambio climático y protección del medio ambiente en el Estado”, dice el párrafo justificatorio que sustenta la aprobación de la iniciativa de reformas a la ley orgánica del poder ejecutivo por parte de la diputación, que da lugar a la creación de la secretaría del medio ambiente.

Para quienes conocen del paño, e incluso para los legos sin mayor sustento que el sentido común, el galimatías expuesto no resiste el menor análisis, confirmándose el absurdo en que se incurriera en la aprobación de la tempranera iniciativa. Veamos una primera aproximación a lo que los expertos tendrán mucho que decir:

a). La dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales, permitirá combatir la contaminación de los cuerpos de agua y suelos, en busca de su saneamiento para apoyar las actividades productivas.

b). La dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales será responsable de coordinar las políticas de preservación y restauración del equilibrio ecológico, cambio climático y protección del medio ambiente en el Estado”.

En el primer caso, son las actividades productivas las responsables del deterioro ambiental de tierra, aire y agua, y  no a la inversa, como lo suponen señoras y señores diputados.

En tanto que en el segundo apartado, el cambio climático no se preserva ni se restaura, se toman providencias para prevenir sus efectos negativos en todo ser viviente y su entorno. Por cuanto a la preservación y restauración del equilibrio ecológico, mediante la coordinación de políticas públicas, ello es tarea de los tres poderes gubernamentales e igual número de órdenes de gobierno, en estrecha vinculación con la sociedad en su conjunto. Lo cual ya está previsto en la legislación federal vigente.

Esto, sin considerar que no podemos hablar aún de políticas públicas en el ámbito estatal, cuando a esta fecha no se cuenta con un Plan sexenal de desarrollo, o programa de gobierno para el sexenio, en el que se establezcan con claridad propósitos, objetivos y metas por alcanzar, regional y sectorialmente,  y del que se derivarían las políticas ambientales conducentes.

Como tampoco se cuenta con el presupuesto autorizado y partidas específicas para ejercer en el presente año y los subsiguientes, como para que la dependencia especializada con holgura pueda cumplir con el cometido propuesto. Y es en este rubro en el que la marrana tuerce el rabo, cuando de todos es conocido por obvio, que tanto la administración pública estatal como la municipal tienen entre manos un problema de quiebra técnica, o como vulgarmente se comenta, están en bancarrota. Lo sabe la diputación, lo denuncian las bancadas opositoras en el Congreso y, aún así, unánimemente aprueban el desaguisado y sueño de un Veracruz verde, en tanto que el Dr. Duarte, un día después de lo aprobado, se apresura a tomarle protesta al secretario del nuevo ramo.

Ya veremos el jaloneo de la cobija, cuando de distribuir el presupuesto de egresos y  de la disponibilidad real de recursos líquidos se trate. Ofrecer no cuesta, cumplir es lo que aniquila.

Una nueva estructura burocrática de limitado alcance estatal, como la ya aprobada, en todo caso tendría carácter coadyuvante en la aplicación de políticas públicas ambientales, correspondiéndole al gobierno de Veracruz sumar esfuerzos orientados al cumplimiento de la normatividad existente y esto, en teoría, ha estado a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social y Medio ambiente a lo largo de los últimos seis años, sin que la opinión pública conozca de los resultados de su gestión y, por ende, de la necesidad y pertinencia de las modificaciones a la estructura  orgánica del Poder Ejecutivo.

No es que se trate de aguarle la fiesta de asunción al Dr. Duarte, pero hay que reconocer que, en el tema ambiental se está equivocando, dejándose llevar por lo que en Cancún se puso de moda. No tiene caso ya insistir en que antes de crear una nueva secretaría, habría que ordenar aquello con lo que ya se cuenta, dándole eficiencia y eficacia. El palo está dado por el mandatario y sus diputados a modo, luego los mandantes tendremos que apechugar años de vacas flacas y los nocivos efectos de un cambio climático ya presente, en una entidad federativa en la que todo está acomodado para perder.

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J. Enrique Olivera Arce

Rafael Elvira Quesada está mal informado o, de plano, miente. Y de paso, el Maestro Fidel Herrera Beltrán, gobernador de Veracruz, con su ya clásico triunfalismo sin sustento, se adorna una vez más exhibiéndose desnudo ante la opinión pública internacional sin que nadie se atreva a decirle que el ostentoso traje de emperador que calza no es tal.

El secretario calderonista del Medio Ambiente y Recursos Naturales, reconoce que Veracruz es la única entidad federativa del país que cuenta con un programa estatal de atención al cambio climático, cuando no es así, en tanto que el gobernante veracruzano, afirma que tal programa coloca a Veracruz a la vanguardia en el país.

Como muchas otras cosas motivo de orgullo mediático de la actual administración pública estatal, el programa de referencia podrá existir en el papel, o en la mente de Fidel Herrera Beltrán, y hasta ahí. La realidad indica que nada relevante se hace al respecto y, antes al contrario, se persiste en ignorar los efectos de un ya irreversible fenómeno que afecta a todo el planeta.

Es público y sabido que desde hace varios años no pocos expertos han advertido de la amenaza que para la actual civilización representa el cambio climático; la naturaleza se está encargando de validar sus hipótesis y, poco o nada se hace en el ámbito internacional para atender las recomendaciones para hacerle frente.

En el caso de Veracruz, nuestro entorno más cercano, algunos de esos expertos específicamente han señalado el tamaño y repercusiones de la amenaza en el mediano y largo plazo y las medidas que deberían adoptarse para mitigar sus efectos en la entidad. Sus advertencias y recomendaciones no han sido tomadas en cuenta en los tres órdenes de gobierno. Las consecuencias están a la vista y, en diversas locaciones apuntan a un desastre.

Los expertos sin duda conocen la magnitud de tal desatención. Para efectos de mi reflexión, baste señalar que en la entidad puede más la corrupción oficial que las medidas de prevención frente a la amenaza. Con el disimulo, indiferencia e incluso bajo el auspicio de las autoridades, se sigue deforestando para ampliar la mancha urbana en las principales ciudades de la entidad; en la costa se pretende ganar terreno al mar con fines turísticos, inmobiliarios, portuarios e industriales, a costa de manglares, humedales, dunas y médanos; la contaminación y azolve en los cuerpos de agua interiores no se frena para no afectar intereses de particulares; la población persiste en asentarse en zonas de alto riesgo y la prevención y acción ex post de los organismos gubernamentales de protección civil, se reduce a la emisión de alertas y una pobre y muchas veces extemporánea atención a damnificados tras el desastre.

Las consecuencias hoy de tal desatención están a la vista. Las noticias sobre los efectos de la presencia inusual de un exceso de lluvias, el desborde de los ríos y presas, deslaves y desgajamiento de cerros, insuficiencia de infraestructura de drenaje y saneamiento, o la afectación de vías de comunicación y asentamientos humanos en zonas de alto riesgo, no son nada alentadoras.

Así que ¿cual revolucionario programa de vanguardia para enfrentar el cambio climático? ¿Conocerán de éste los afectados que sufren los embates de la naturaleza en la Cuenca del Papaloapan, en Coatzacoalcos, Acayucan, Minatitlan, Las Choapas, Tuxpan, Pánuco, en la ciudad y puerto de Veracruz, o en la misma capital del estado? ¿Conocerá de ello la alcaldesa que declara que no hay necesidad de hacer nada, puesto que la población ya está acostumbrada a convivir con las inundaciones?

Para la opinión pública, las afirmaciones de Rafael Elvira Quesada y el adorno de Fidel Herrera Beltrán, están lloviendo sobre mojado. Los declarantes escogieron un mal momento para exhibir su ineptitud.

Usted, estimado lector, tiene la palabra, piense sobre el tema, elabore sus conclusiones y opine, que el problema es de todos.

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