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Tag Archives: Carnaval de Veracruz

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Gracias a la vertiginosa dinámica de la presentación mediática de la noticia, el affaire de la maleta con 25 millones de pesos con incierto origen y destino, incautados por la PGR a dos empleados del desgobierno de Veracruz, dejó de ser motivo de interés para la audiencia nacional… hasta que: la diputación federal veracruzana en San Lázaro exigiera al gobierno de Calderón la devolución de la maleta. Reviviéndose el escándalo, como si de manera premeditada existiera el interés de poner al Sr. Dr. Javier Duarte en el centro del cuadrilátero.

Estrategia gubernamental o mala leche, vaya usted a saber, estimado lector. Lo cierto es que no sólo se privilegia el escándalo ante la ausencia de logros relevantes del gobernador, sino que se exhibe el papel que la representación popular veracruzana en la Cámara baja juega: ser tapadera de la ineficiencia, opacidad, corrupción e impunidad del desempeño de la actual administración pública de Veracruz.

Como “daño colateral”, tocó al charro sindical magisterial, diputado Juan Nicolás Calleja, pronunciar el acuerdo adoptado por la bancada priísta veracruzana, para así confirmar, por si hubiera duda, el distanciamiento del gobernador de Veracruz con Elba Esther Gordillo más no con los mentores de la Secc. 32 del SNTE. Involucrándose al magisterio como solapador de la fallida opereta del dinero incautado.

Un distinguido periodista dice que se “politizó” el tema de los 25 millones. Yo diría que además se partidizó, y así se interpreta,  en el momento en que la diputación priísta salió a dar la cara  ante la demanda interpuesta por el senador Bueno Torio. Dándosele al affaire el tinte propagandístico electorero que amerita la ocasión. Nada nuevo en Veracruz, todo se politiza y todo se partidiza, mientras el flagelo de la corrupción tras las cortinas de humo, sigue sentando sus reales en toda la entidad.

El argumento para exigir la devolución: “Es dinero de los veracruzanos”. Eso ni duda cabe, el erario público que administra el gobierno se alimenta de recursos cedidos por los contribuyentes. Razón de más para que los diputados priístas antes que exigirle al gobierno federal la mentada devolución, fueran los primeros en exigir que la administración del dinero de los veracruzanos sea apegada a derecho, transparente, eficiente y eficaz. Pidiéndole cuentas claras al titular del ejecutivo veracruzano, entre otras muchas cosas, sobre origen, destino y traslado irregular de de 25 millones de pesos.

Cuentas que de acuerdo a la información oficial difundida, entre medias verdades y medias mentiras, el cantinflesco discurso  no ha dejado satisfecho a los contribuyentes.

Sea cual fuere el interés de los diputados priístas por revivir el entuerto duartista, para la opinión pública no queda duda. El gobierno de Veracruz incurrió en falta, fabricó un chivo expiatorio y nunca justificó a carta cabal el destino de la maletita. El PRI no podrá borrar del imaginario popular tal desliz de un gobernador que en sus filas milita.

Esto último grave, inserto en un proceso electoral en el que se espera que el voto veracruzano favorezca al candidato presidencial del tricolor, así como a los aspirantes priístas a un lugar de privilegio en el Congreso de la Unión. Claro, grave sería si el primer priísta de Veracruz tuviera realmente interés en el triunfo electoral de su partido, lo cual un rumor creciente pone en duda.

Hojas que se lleva el viento

Rafael Árias, escudándose en su carácter de “académico de la UV”, se olvidó del anodino papel que jugara en la administración de Fidel Herrera Beltrán como Coordinador del Copladever y, sin más, sale a responsabilizar al secretario de desarrollo social Marcelo Montiel, de un equívoco diseño de las políticas públicas del actual gobierno en el combate a la pobreza. Esto a sabiendas de que el ex alcalde de Coatzacoalcos es sólo un empleado del gobernador. El docto economista bien se guardo de contextualizar su acusación, así como de decirle al empleado lo que no se atreve a expresarle al patrón y primer responsable del desgobierno veracruzano.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si el propósito de Calderón Hinojosa de alcanzar en quince años el quinto lugar mundial en turismo, resulta utópico a juicio del sector, contando con destinos de la importancia de Cancún, Costa Maya, Puerto Vallarta o Los Cabos, el colocar la actividad en Veracruz a nivel sustantivo de pilar del crecimiento, empleo y desarrollo en escasos seis años, politizando el tema y sin conocer a fondo las entrañas de la industria sin chimeneas, ¿cómo podríamos calificarle?

Existiendo consenso y sustento respecto al potencial turístico de la entidad y las razones por las que el gobierno de Veracruz le da alta prioridad como detonador de crecimiento, generación de empleo y desarrollo, bien valdría la pena el que a partir de las experiencias del Carnaval de Veracruz y La Cumbre Tajín, se tomaran como referencia para hacer un balance realista de fortalezas y debilidades del sector.

Partiendo de la idea de que, por lo hasta ahora difundido por las autoridades estatales y municipales de turismo en la entidad, no existe un diagnóstico preciso de lo que tenemos y condiciones actuales de aprovechamiento del potencial como para, en el corto plazo, impulsar la actividad del sector y llevarle a los niveles que como propósito ha señalado el titular del Poder Ejecutivo en el estado. Es más lo que se habla sin ton ni son sobre turismo, que el tener un concepto claro de lo que regional y sectorialmente tenemos y las acciones concretas por llevar a cabo para alcanzar condiciones razonables  de competividad como destino turístico de primer orden en el concierto nacional.

Resultando infantil el vanagloriarnos con motivo del Carnaval, de ocupación hotelera al 100 por ciento en la conurbación Veracruz-Boca del Río, principal destino en la entidad, cuando a la par se afirma que en la zona se cuenta con disponibilidad limitada de cuartos de hotel, al mismo tiempo que los restauranteros se quejan de que los festejos más importantes del año para el sector turístico, no cumplieran con las expectativas esperadas. Así, lo que resulta positivo para un reducido número de hoteleros no cubre en igual forma las expectativas de la industria gastronómica y las autoridades. ¿Qué pasa entonces?

En este contexto, las autoridades de turismo se quejan amargamente de la baja calidad social y económica de la afluencia de visitantes, llegando incluso a prohibir que se pernoctara en las playas de Veracruz y Boca del Río, en franca contradicción a lo anunciado a bombo y platillo en cuanto a los beneficios esperados por el arribo de un millón de turistas. Si no es en la playa, ¿en donde esperaban las autoridades que se alojaran e hicieran sus necesidades un millón de almas, cuando en 34 hoteles medianamente aceptables la oferta de cuartos disponibles en cada uno de ellos en promedio apenas es de 100?

En lo que respecta al sitio arqueológico “El Tajín”, el festival anual conocido como “La Cumbre”, concecionado en usufructo permanente a un grupo de vivales, ajeno a la cultura y a las necesidades reales y sentidas de los pueblos originales a los que se les explota y manipula como objetos-marioneta, marcha por igual camino. Se habla de más de 200 mil visitantes nacionales y extranjeros, sin parar mientes en la carencia regional de infraestructura turística y servicios de apoyo para soportar tal afluencia y, por ende, en el perjuicio que de ello resulta tanto para la preservación de un sitio arqueológico de primer orden para la humanidad como del medio ambiente en su entorno.

Ven, disfruta un rato del paseo y te vas, pareciera ser la consigna dictada por las autoridades de turismo a los visitantes, perdiéndose de vista el objetivo económico del aprovechamiento racional de ambos destinos turísticos y lo que ello representa fiscalmente en el marco de la crisis de las finanzas pública estatales. Amén de que tales destinos pareciera que sólo son importantes  para el gobierno estatal en fechas específicas y no a lo largo del año como debiera esperarse por parte de hoteleros y prestadores de servicios.

La actividad turística es, sin duda, multisectorial y multiregional. Si no se le ve de manera integral, su fomento, por los medios que sean, resulta irrelevante al no considerarse congruencia y complementariedad en políticas públicas, inversión, infraestructura de comunicaciones y transporte, hotelera y de servicios, así como la promoción de la cultura y participación activa de la población para la atención de los visitantes. Si no se contempla de manera integral con todo su soporte, el turismo seguirá siendo lo que es ahora y, difícilmente, se puede aspirar a más. No se puede avanzar sin un plan preconcebido, al que concurran todas las variables sectoriales y regionales a considerar para el buen éxito del fomento a la hoy prioritaria acción de gobierno.

Resulta ocioso el comentar que la promoción turística debe estar en manos de expertos y  profesionales de los sectores público y privado en estrecha coordinación y complementariedad. Sin embargo dado que ello en Veracruz no sucede, cabe señalar  con todo respeto que en principio las señoras Leticia Perlasca y Dalia Pérez, no reúnen el perfil ni tienen experiencia que les avale para la envergadura de la tarea puesta en sus manos. Viajes a USA o Europa en plan de compras o paseo, no les califica para entender la complejidad de una actividad económica y social ubicada entre las más competidas del mundo.

No bastan buenas intenciones y ambiciosos propósitos si éstos no aterrizan con seriedad y profesionalismo. Mantenernos en la misma ruta de la improvisación, autocomplacencia y chacoteo mediático, lo que parece ser bueno para el futuro de Veracruz terminará en más de lo mismo: promoción turística de jícama y horchata.

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