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Tag Archives: Congreso de la Unión

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo a la lógica formal que enseñan en la escuela, 1+1=2, luego si a 2 le sumamos 1, el resultado es tres. A la luz de este razonamiento el PRI hace cuentas alegres respecto al resultado que espera obtener en la elección de junio próximo. De acuerdo a las reglas electorales que algunos dicen que los mexicanos nos hemos dado, con un voto se gana la elección; luego si sólo votan tres ciudadanos, con dos que crucen la boleta a favor del tricolor, ya la hicieron, el PRI legalmente se levanta con el triunfo. De ahí que bajo este supuesto, al priísmo le valga si el abstencionismo o el voto nulo superan al voto efectivo.

Como lo asentado en la ley es lo que cuenta en la democracia mexicana y no la legitimidad democrática, por anticipado la cúpula del PRI canta ya su triunfo en las urnas.

Por eso resulta sospechoso el que desde la esfera oficialista, e incluso el Instituto Nacional Electoral, presuntamente ciudadano, se muestren tan preocupados ante la amenaza del fantasma del abstencionismo o el voto nulo de castigo.

¿A qué le tienen miedo si todo está a su favor?

En lo interno a la partidocracia más o menos votantes le tiene sin cuidado. La fuerza de la costumbre manda y el pueblo, “haiga sido como haiga sido”, sin chistar lo acata.

No así en lo externo, para Peña Nieto y su necesidad de legitimación en un escenario internacional que le ha dado ya la espalda, una copiosa votación en junio próximo sería su oportunidad para cacarear el triunfo de la democracia en México, validando su gestión al frente de un gobierno que se considera roza los límites de lo fallido.

El régimen político y su sistema de partidos políticos, quedaría a salvo y, con un voto de diferencia a favor del PRI y sus satélites, salvaría ante la opinión pública internacional el hoy más que cuestionado prestigio del presidente reformista.

La otra lógica

Bajo otra lógica, la del hartazgo y rechazo social, podría darse el caso de que el resultado de 1+2 para el partido en el poder no fuera 3, sino menos 2, perdiendo por un voto. Esto si la ciudadanía le tomara la palabra a la propaganda oficial, reduciendo en números absolutos y relativos tanto el voto nulo como el fenómeno del abstencionismo, pero inclinando la balanza en contra del PRI y sus aliados satélites, votándose por otra opción político electoral.

Hasta donde se alcanza a percibir en el ánimo e intención del voto en la opinión pública, la lógica del descontento y del hartazgo está imponiéndose, bajo el supuesto de que es mayor el deseo de cambio real y la voluntad de así hacérselo saber al régimen, que una dosis de más de lo mismo.

No se puede hacer de lado que la elección que nos ocupa, en esta ocasión constituye un plebiscito de facto a mitad del río, que pone a prueba la aceptación del desempeño tanto del Sr. Peña Nieto como del régimen que representa; asignándole al voto en contra del partido gobernante una especial connotación en el marco de una creciente exigencia de revocación de mandato.

El 7 de junio próximo en las urnas se verá si los mexicanos aún confiamos en el valor de espejitos y abalorios para seguir manteniendo el gatopardismo y la simulación democrática, o si el México que ha despertado en el imaginario colectivo, pone un hasta aquí y se manifiesta electoralmente por la vuelta a la tortilla.

En esta ocasión a las mayorías les tiene sin cuidado el resultado de la elección. Se tiene conciencia plena que para efectos prácticos, el relevo es irrelevante. Secuestrada la democracia representativa, el cambio de estafeta es para seguir igual. La motivación que mueve a sectores mayoritarios de la población a expresarse en las urnas no es otra que hacer camino al andar transitando por la única vía válida para mantener la fiesta en paz.

Si para la lógica formal a mayor número de votos efectivos mayor prestigio internacional para Peña Nieto y el régimen, la lógica del descontento, hartazgo y rechazo que mueve a las mayorías, a mayor número de votos mayor la oportunidad para avanzar en el camino del rescate de la voluntad popular. Ya se verá de que cuero salen más correas. Por lo pronto, ante el desconcierto del partido en el gobierno, Peña Nieto se mantiene en caída libre ante la opinión pública nacional e internacional.

Hojas que se lleva el viento

La honestidad de los servidores públicos no sólo se mide por su rechazo a meter las manos en el cajón de los dineros públicos. En épocas de crisis la deshonestidad intelectual en el resistirse a aceptar la realidad y actuar en consecuencia, es un indicador que cuenta y cuenta mucho. La simulación y el engaño pudieren ser más graves para un país en crisis que el saqueo de las arcas públicas. Es el caso de los señores senadores veracruzanos de extracción priísta, en tanto sustentan su aspiración a gobernar a Veracruz con más medias mentiras que medias verdades. Se matan solos, únicamente basta leer lo que en medios informativos y plazuelas declaran para saber de qué pie cojean ante una opinión pública que no olvida el llamado pacto por México, la aprobación de las reformas energética, laboral, educativa y fiscal entre otras aberraciones avaladas por el Congreso de la Unión.

Quién sirve a dos amos con uno queda mal. O los senadores Yunes landa y Yunes Zorrilla están a favor de necesidades y demandas no satisfechas de los veracruzanos, o con los gobiernos de Peña Nieto y Duarte de Ochoa y sus nefastas secuelas de entrega de soberanía, corrupción, impunidad e ineficacia en el manejo de los destinos de la nación y de la entidad en lo específico.

Y a propósito de falta de congruencia y deshonestidad intelectual, cuando el Sr. Peña declara de dientes para afuera que “La justicia en sus diferentes materias está rezagada, olvidada y rebasada. Es excluyente, lenta compleja y costosa, además de inaccesible y poco útil, por lo que genera espacios de ilegalidad, impunidad, corrupción y abuso.”, Es porque está urgido de decirle al pueblo lo que este quiere escuchar y no necesariamente como un reconocimiento tácito a su garrafal equivocación privilegiando en el orden de prioridades nacionales a unas reformas, presuntamente estructurales, cuando debió atenderse en primer lugar los rezagos de desigualdad, pobreza y corrupción, rescatando a la olvidada y enterrada justicia social por la que tanta sangre se derramara en la Revolución Mexicana. Equivocación o desconocimiento de nuestra historia y requerimientos presentes del país, entre comillas, ya que en realidad Peña Nieto actúa con conocimiento de causa en su afán por consolidar un modelo neoliberal contrario a los intereses más caros del pueblo de México.

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¡Qué ironía! Hablar en Veracruz de la bondad del Sistema Nacional Anticorrupción es tanto como el que el verdugo celebre la efectividad de la soga en casa del ahorcado. Los corruptos impunes aprueban la ley, estos mismos vigilarán que se cumpla y se sancione a quien la infrinja. Paradójicamente en un Estado de derecho cuestionado y atravesando por una crisis de confianza y credibilidad que atañe a todas las instituciones republicanas.-

Cd. Caucel, Yuc., mayo 6 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La política importa. Más que nunca, importa y dirige nuestras vidas, economías y culturas. David Runciman

Es tanto el ruido que resulta casi imposible substraerse del juego electoral que mantiene ocupada lo mismo a la clase política que a medios de comunicación y amplios sectores de la llamada sociedad civil que, para bien o para mal, ven en este evento de democracia simulada una oportunidad para participar y expresarse a favor o en contra del proceso comicial que desembocará en la elección bien de gobernadores, bien de diputados federales o alcaldes.
Y es en este escenario, en el que es más lo que se tiene que perder que lo que se pudiera ganar en favor de la democracia, que la bola de cristal gira incesantemente, mostrando caleidoscópicas imágenes de lo que hasta ahora no pasa de ser más malos que buenos augurios.

La moneda está en el aire y como bien se afirma, no hay nada escrito para nadie, salvo inicuas y dispendiosas campañas electorales financiadas con recursos públicos salpicados con otros de dudoso origen, en las que se refleja la miseria moral, intelectual y política no sólo de partidos y candidatos en contienda, también de algunos adelantados que en río revuelto pretenden hacen crecer aspiraciones y proyectos futuristas.

En este marco de referencia se encuadran las cifras dadas a conocer en Veracruz por la Consultora Santoyo y Asociados que, a una semana de iniciadas las campañas electorales de quienes aspiran a una curul federal por el Distrito Xalapa Urbano, nos dice “… casi el 60 por ciento de la población desconoce qué elecciones se realizarán el próximo siete de Junio”. En el universo del 40 por ciento restante, la intención del voto a favor de la candidata de la coalición PRI-Verde, Elizabeth Morales es del el 26.6 contra el 22.6 del candidato del PAN.

Si los números no mienten, del total de 282 864 votantes potenciales que registra la lista nominal del INE para el Distrito X de Veracruz, 169,118 que no tienen ni idea de que elecciones tendrán lugar en junio próximo, tampoco, por lo consiguiente, cuentan con intención de voto a favor o en contra de tal o cual partido o candidato. Luego el universo de preferencias electorales dentro del cual compiten Elizabeth Morales y sus adversarios, se reduce a sólo 113 145 sufragios potenciales.

Así, la ex alcaldesa de Xalapa con el 26.6 % de la intención de voto, si hoy fueran las elecciones contaría apenas con 30,096 votos efectivos, contra 25 570 de su oponente panista y 57 478 del resto disperso y fragmentado de contendientes que participan como candidatos a una diputación federal en el proceso electoral en curso.

Elizabeth Morales se levantaría con el triunfo con apenas el 10.6 % del total del listado nominal. Y aun así, la coalición PRI-Verde echa las campanas al vuelo, a sabiendas de que con la sumatoria de sufragios efectivos a su favor, ganaría la elección.

Con un voto se gana en la democracia a la mexicana, la ley es la ley y en las reglas del juego dictadas por los dueños de las canicas, la legitimidad no cuenta.

Triste pero real. De mantenerse la tendencia, frente a la “indiferencia” ciudadana la primera minoría se levantaría con el triunfo, reduciéndose a eso la “fiesta democrática” para Xalapa urbano en el 2015. Un buen de Ignorantes, indecisos y apáticos xalapeños, le pondrían al PRI-Verde, en bandeja de plata la oportunidad de contribuir a la construcción de la mayoría que desde la Cámara de diputados aprobará la gestión de Peña Nieto y la profundización de sus reformas en el segundo y último tercio del actual mandato presidencial.

Esto en el marco de un análisis simplista y lineal que parte de la presunta fortaleza histórica de la estructura, recursos financieros, materiales y humanos que, con recursos públicos sustenta una ya muy cuestionable hegemonía del PRI en Veracruz. Empero, a mi juicio la cosa no es tan simple en la actual circunstancia política y social que se vive en México, en la entidad y en la capital veracruzana. Bajo el agua podría estarse gestando un “voto de castigo” para el PRI-Verde, precisamente en el ámbito de los llamados indecisos, los que dicen aun no decidir su intención del voto y los que dicen desconocer en qué elección están llamados a participar.

No puede ignorarse que la ciudadanía deberá votar por candidatos seleccionados por un grupo de notables y no por consulta a las bases partidistas; mucho menos a los ciudadanos sin partido que son mayoría en la población xalapeña. El voto duro partidista podría no ser tal, como lo pone en evidencia la Consultora Santoyo y Asociados, y la llamada estructura o maquinaria electoral sueño guajiro de pasadas glorias.

Son muchos los agravios sufridos a últimas fechas por la militancia priísta en Xalapa a manos de su propio partido y del gobierno duartista, a lo que habría que agregar el clima de desconfianza y crisis de credibilidad que coloca al presidente Peña y su gestión al borde del colapso. Esto cuenta y seguramente influirá en el voto duro de la coalición PRI-Verde en demérito de una candidata ya de sí cuestionada y señalada por la opinión pública como amoral, oportunista y corrupta.

De aquí al 7 de junio los tiempos se acortan, el control de daños no se contempla en la campaña electoral de la señora Morales ni ésta incide en los indecisos en la medida de lo deseable para el PRI-gobierno. Mucho ruido auditivo y visual con pocas nueces en la capital veracruzana, no es garantía para revertir la percepción negativa que anida en el imaginario colectivo. Como tampoco es garantía el que con apenas el 10.6 % a su favor del total de la lista nominal para el Distrito X, la Sra. Morales pueda legitimarse en un Xalapa urbano que por principio le rechaza muy a pesar de lo que digan o dejen de decir sus apologistas gratuitos o de paga.

La última palabra la dirán los xalapeños el 7 de junio. Tienen mucho que decir y esta será la oportunidad para expresarse participando con responsabilidad y buen juicio el día de la elección. Quedarse en casa, dando la espalda a los comicios y evadiendo el ejercicio de un derecho conquistado no es el camino. Basta ya de masoquismo ciudadano; refrendarlo es garantía de un más de lo mismo reciclado que hoy lamentamos.

Mostremos a la Sra. Morales de que cuero salen más correas. Ni un voto a la coalición PRI-Verde.

Hojas que se lleva el viento

El sistema nacional anticorrupción nace muerto. Como la cosecha de mujeres, corrupción e impunidad nunca se acaban, corre en las venas de una clase política insensible y sorda que no está dispuesta al suicidio.

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México está blindado, dice Luís Videgaray. ¿Y los mexicanos también?

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Considerándose muy “sácale punta”, los senadores veracruzanos deberían explicarnos qué es y con qué se come esa última jalada de los tecnócratas aprendices de brujos, pomposamente llamada “presupuesto base cero”.
Yunes Zorrilla, presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público de la Cámara alta, con tantita honestidad intelectual no se atrevería. Sabe bien que sin un sistema nacional de planeación participativa que involucre regional y sectorialmente a la población en la formulación de diagnósticos puntuales, presupuestos por programa sustentados en proyectos específicos, y todo un mecanismo de seguimiento, control y evaluación en tiempo real, el presupuesto con base cero de antemano va camino al fracaso, uno más de Peña Nieto y sus aprendices de brujo por desconocer el terreno que pisan. La estructura orgánica, dinámica inercial burocrática e intereses creados de la administración pública en los tres niveles de gobierno, sería el obstáculo número uno a salvar, y eso está en mandarín.

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Mérida, capital de Yucatán, ciudad blanca y de la paz es hoy un horno. Temperaturas de más de 42 grados y el termómetro sigue subiendo…
Cd. Caucel, Yuc., abril 22 de 2015
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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Si para amplios sectores de la población el presidente Peña no se hace merecedor a confianza y credibilidad, y lo mismo podría decirse de los gobernadores, procuración y administración de justicia y partidos políticos, la pregunta obligada, a tres meses escasos de las elecciones del 2015, es ¿por qué sí se debe creer y confiar en el Instituto Nacional Electoral?

¿Es acaso entre todas las instituciones republicanas la joya de la corona, hoy fuera del alcance de la simulación y corrupción impune? ¿O es una pieza más en el juego perverso de la partidocracia en el afán de esta por mantener secuestrada y bajo control a nuestra incipiente democracia representativa?

El reto para el organismo, ya encarrilado el proceso electoral sería demostrar que efectivamente es digno de confianza y credibilidad para que, en su papel de organizador y árbitro de los comicios venideros justifique ante el pueblo de México la razón de su existencia.

Y esto, a mi juicio, por lo que se alcanza a percibir en las crónicas periodísticas, está en chino. La descomposición del régimen político conforme pasan los días se observa transita montada en un tobogán sin control, reflejándose en un estira y afloja al interior del INE en el que los partidos políticos, cada uno por su lado, pretenden imponer lo que mejor conviene a sus intereses de coyuntura, trasladando su crisis de representación a una institución presuntamente ciudadana. Poniéndose en evidencia el cada vez mayor divorcio entre la clase gobernante y las subordinadas.

La brecha se amplía y no se observan los necesarios puentes para acotarla y achicarla, antes al contrario, lo que se percibe es un conjunto de puentes rotos que entre acuerdos en lo oscurito, medias verdades y medias mentiras, acompañados de hechos concretos en la vida cotidiana de la población, no ofrecen seguridad alguna de que el divorcio en el corto plazo llegue a buen término.

Credibilidad y confianza en el régimen político e instituciones se dan por perdidas e incluso, el gobierno de Peña Nieto por conducto de su secretario de hacienda, reconoce que sin éstas no hay forma de aterrizar y concretar objetivos y metas del proyecto de país pensado y diseñado en Los Pinos. Para la cúpula empresarial esto es mala señal y ya exigen claridad y mano dura para enderezar el rumbo del país.

Entre la población el dilema entre votar y no votar en los próximos comicios, se alimenta de esta falta de confianza y credibilidad y, en el mejor de los casos, el debate deriva a los terrenos del por quién votar, cuando frente a la oferta partidocrática no hay opción; cada partido selecciona a sus candidatos de manera vertical, de arriba hacia abajo, sin consulta previa con sus bases y menos con los millones de votantes llamados a sufragar. En este escenario antidemocrático Morena no es la excepción, con una auténtica vacilada que le iguala con sus adversarios irresponsablemente recurre a “la tómbola” como fórmula de selección, supeditando la democracia partidista a pedestre lotería.

Tocaría al Instituto Nacional Electoral el poner orden y reencauzar el proceso electoral por el sendero de una auténtica democracia representativa. Y no es así. Luego el reto de muy corto plazo de restaurar confianza y credibilidad para unos comicios exitosos, parece serle inalcanzable al organismo electoral. La partidocracia impone su crisis y arrastra por un conflictivo rumbo a lo que debería ser instrumento al servicio de los votantes. Malo para México, pésimo para las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos.

Hojas que se lleva el viento

El forcejeo en el Senado de la República para sacar adelante la ley anticorrupción, refleja una pugna sin cuartel en la que cada partido ahí representado pretende imponer su propia visión e intereses en un tema de la mayor relevancia para el país. Hasta este momento, vía negociaciones en lo oscurito parece que la discusión en comisiones está llegando a su término con un aparente consenso que deberá ser ratificado en el pleno. El acuerdo, en congruencia con las condiciones generales que se viven en el país, parece estar sustentado en una expresión más de gatopardismo que se concretará en una ley sin dientes que dejará incólume a no dudar una lacra histórica que no se acabará por decreto. Borrón y cuenta nueva, no se barrerá para atrás y todos felices y contentos.

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Frente a la tormenta que azota a la administración pública veracruzana, calladito se vería más bonito el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, dejando que el área técnica de la secretaría de planeación y finanzas haga su trabajo en el arduo compromiso de justificar lo que a todas luces parece injustificable. El anticiparse expresando con optimismo que las observaciones puntuales de la Auditoría Superior de la Federación a su gobierno serán solventadas en forma y fondo a la mayor brevedad, sin realmente contarse con elementos fiables de que así será, más agita el cotarro. Y por cierto, es de llamar la atención el que no exista al interior del gobierno estatal una voz con autoridad moral y política que salga en defensa del ahora vapuleado gobernante que, en su rostro al aparecer ante los medios de comunicación afirmando que las finanzas públicas veracruzanas gozan de cabal salud, da la impresión de que para sus adentros quisiera gritar: “No me lo dejen sólo…”.- Xalapa, Ver. 26/02/2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce
“Lo más seguro es que quien sabe…” Sabiduría popular

La imagen del México de hoy que se ofrece tanto en el orden interno como en el exterior, se ilustra con pinceladas mediáticas en las que se reflejan lo mismo hechos objetivos irrefutables, que percepciones subjetivas de una agobiante realidad de un país sin rumbo ni brújula.

Lo objetivo y lo subjetivo se entrelazan y se retroalimentan, mostrando una realidad única que para unos guarda tintes de optimismo y de esperanza en tanto que para otros, los más, lo que domina es un pesimismo justificado e incertidumbre ante un futuro incierto que, ofreciendo más de lo mismo, apunta a un desastre.

En un país plural, con altos índices de desigualdad, cada quien ve lo que quiere ver, según le va en la feria. Lo mismo trátese de quienes teniendo todo, o aspiran a tenerlo, que quien no tiene nada, salvo una mísera existencia, pasando por una clase media, ya no tan media y en proceso constante de empobrecimiento, cuyas expectativas de un futuro próspero se antojan canceladas.

Y en este marco referencial, en el que lo objetivo del diario acontecer nacional fortalece la visión subjetiva de la realidad real que alimenta al imaginario colectivo, la llamada clase política vela armas ante la contienda electoral en puerta, bordando al margen de una realidad que no ve, no entiende, o considera irrelevante para sus propósitos y objetivos cortoplacistas.

La mayoría de medios de comunicación masiva, se hacen eco de este ignorar de la realidad, lo mismo de la objetiva que la subjetiva que anida en la percepción de los presuntos votantes. Privilegiando lo accesorio y circunstancial del momento por sobre lo sustantivo de un país en crisis cuya salida no descansa precisamente en las urnas.

Tan es así, que al actual proceso electoral se le ubica en un contexto históricamente superado, sin aceptar que el México de hoy ya no es el mismo en el que se pretende aplicar rancias estrategias electorales que si bien dieran resultados en el pasado, en el presente carecen de agarraderas. La población sobre la que operan los partidos políticos es otra; mejor informada, más participativa y más consciente, hoy la población sabe a ciencia cierta lo que significa confiar o no confiar en su llamada clase política.

Y en este saber colectivo, es más que evidente que los partidos políticos ya no cuentan con credibilidad, confianza, legitimidad y beneficio de la duda. Como también carecen de una estructura orgánica que pueda con eficacia revertir en el corto plazo lo que con deshonestidad intelectual, corrupción impune y descarado cinismo cada partido político ha construido para ganarse la animadversión del electorado.

De ahí que cabe preguntarse entonces si en este nuevo e inédito escenario, los partidos políticos de espaldas al sentir de la gente, podrán ser competitivos sin recurrir a la compra de votos y dignidades.

El Instituto Nacional Electoral (INE), se anticipa asegurando que en el peor de los escenarios, bastaría con que un partido político se levantara con el 5% de la votación total para ser declarado ganador. Y a eso le apuesta la llamada clase política. La elección sería legal, pero como siempre careciendo de legitimidad democrática; de ahí que en los círculos políticos la crisis nacional lo mismo en lo económico que en lo social, vale madre en tanto no interfiera con el proceso electoral.

En este orden de ideas, cabe preguntarse también si bajo este esquema de inmoralidad política, en el que la legitimidad lo mismo que el sentir de las mayorías pasa a segundo término, vale la pena el preocuparse u ocuparse en elegir a un diputado federal.

Así como también obligado es preguntarse para qué sirve un diputado federal en el régimen presidencialista, si no es más que para levantar el dedo aprobando lo que en principio lesiona el interés más general de la nación. El desempeño de los actuales diputados en el Congreso de la Unión, atentando contra el patrimonio de todos los mexicanos, nos da la respuesta.

Y si bien existen honrosas excepciones que levantaran más que el dedo la voz, en contra de las iniciativas presidenciales, estas voces son contadas y los resultados obtenidos del discurso opositor son irrelevantes, como irrelevante es la gestión de un diputado para que se pavimente una calle o se instale una farola cuando en lo sustantivo no cumple con su encargo.

Luego, para que queremos diputados, si la representación popular está secuestrada por una partidocracia oportunista, corrupta, impune e insensible, que no quiere, no puede, o no le interesa el cómo salir de una crisis de Estado que hoy por hoy no tiene más salida que el dejar hacer, dejar pasar, hasta que reviente por el hilo más delgado.

Hojas que se lleva el viento

Imprevisión, improvisación, y palos de ciego frente a la crisis globalizada y la que en lo específico vive el Estado mexicano, parecen ser las variables que sustentan la errática política energética de la actual administración pública federal. Sólo así se explica el que en un escenario internacional negativo para la mezcla mexicana de crudo, se privilegie el mercado externo por sobre el mercado interno de los energéticos que mueven al país. Persistiéndose en vender barata la materia prima e importar caro y en dólares, gasolinas y gas industrial y doméstico, dañando lo mismo a la industria, el transporte y distribución de mercancías, que a la economía familiar.

Petróleo crudo barato para el exterior y combustibles caros para el consumo nacional, es la tónica que nos receta el “hombre del presidente” desde la Secretaría de Hacienda.

Y en este marco de lo absurdo, el Sr. Peña Nieto desde Oaxaca afirma que en el presente año se verán los resultados positivos de la llamada reforma estructural energética, sin parar mientes en que lo que el país requiere son refinerías que generen nuevos empleos y combustibles a precio accesible para consumidor final y no ventas de garaje de nuestra materia prima básica.

Lo verdaderamente grave de este absurdo proceder, es que en una economía petrolizada como la de México, el bien estratégico de la nación sea administrado bajo una óptica de improvisación y saqueo en nombre de un modelo de desarrollo del país que para el Sr. Peña es el idóneo para “mover a México”.

Muere un periodista, grande entre los grandes. Descanse en paz Julio Scherer.-

Cd. Caucel, Yuc., enero 7 de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“De aquí para adelante, sea cual fuere la estrategia a seguir, Peña Nieto no podrá desprenderse ni de su carga histórica ni mucho menos de la opinión que sobre su persona y candidatura anida ya en varios millones de mexicanos, especialmente de una juventud a la que se le colgara irresponsablemente  la etiqueta de intolerante, manipulable e incapaz de discernir con claridad lo que a México conviene”. J. E. Olivera Arce (mayo 17 de 2012)

Puesto en duda el estado de derecho en México, así como la capacidad del régimen para absorber con eficacia un conflicto social y político que tiende a profundizarse, cabe preguntarse hasta donde credibilidad y confianza en las instituciones republicanas alcanzan para lograr la unidad que para sí reclaman las propias instituciones de los mexicanos.

Hasta donde alcanzan para confiar en la aplicación de la ley sin distingos y/o, respaldar el oportuno y eficaz aterrizaje de las reformas que llamadas estructurales, le aprobara el Congreso de la Unión al presidente Peña.

Por lo que es dable percibir en las medias verdades y medias mentiras que trasmite la prensa nacional, en cada vez más amplios sectores de la población credibilidad y confianza en las instituciones, lejos de fortalecerse menguan, en demérito de los esfuerzos del gobierno federal por convencer de que, lo que se ha dado en llamar crimen de Estado, no va más allá de un hecho aislado, resultado de inconfesable complicidad criminal entre un alcalde corrupto y una difusa delincuencia organizada.

El tema es del ámbito de la seguridad pública, focalizado en una entidad federativa penetrada por “el narco” y, de ninguna manera se ubica en los terrenos de una crisis política, insisten desde las trincheras de una cúspide del poder confundida y rebasada.

De esta versión se hacen eco no pocos medios de comunicación, descontextualizando los graves sucesos sin más resultado que auspiciar más duda e incertidumbre.

El affaire Iguala ya toma el cariz de una cacería de brujas en noche de aquelarre; todos son culpables en tanto no demuestren lo contrario, intercambiándose en un todos contra todos culpas y responsabilidades con propósitos evidentemente electoreros entre partidos políticos y sus conspícuos personeros; sin lugar a dudas pretendiendo alejar del imaginario popular lo que, como hecho consumado se percibe ya como crisis terminal del régimen político nacional.

Las ríspidas contradicciones de un México sin rumbo que, como bien apunta Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI, enfrenta una “tormenta perfecta” en la que violencia y economía se entrelazan y retroalimentan conformando un ominoso escenario.”Están las dos tormentas, la de la violencia y la de la economía, en riesgo de incrementarse, chocar y volverse una sola, con una fuerza e intensidad desconocida para esta generación de mexicanos”, afirma.

Peña Nieto saliendo al quite en la administración del conflicto, con resultados infructuosos. Habiéndose reunido en Los Pinos con los padres de los jóvenes normalistas que pasado un mes no aparecen; a lo largo de 5 horas en las que prevaleciera el monólogo presidencial, lo que obtuvo fue un descolón.

Los padres salieron así como entraron a la reunión. No queremos promesas, exigimos que nuestros hijos aparezcan, fue la desesperanzadora respuesta a un desgarre de vestiduras que pretendiera ser un discurso solidario, alentador y auspiciador de credibilidad y confianza.

Ni una ni otra. Credibilidad y confianza en las instituciones republicanas y en el quehacer gubernamental en pro de la justicia y el imperio de la ley, se difuminan en el lienzo nacional. La duda e incertidumbre crecen. La economía se complica y respondiendo a los componentes y tendencias de la crisis global, no encuentra respiro en un México en el que desempleo, bajos salarios y consumo deprimido, alimentan el caldo de cultivo que, con desigualdad y pobreza en ascenso, da pie lo mismo a la violencia criminal que a la paranoia del régimen político dando palos de ciego..

No es circunstancial que sintiendo que la lumbre llega a los aparejos, quienes representan a los poderes fácticos de este país, si teniendo mucho que perder, clamen por un pacto nacional por la seguridad. Con ellos se compromete el Sr. Peña a enderezar la nave, aplicando la ley tope con quien tope. Será el tiempo el que diga la última palabra. Por ahora, la promesa presidencial topa ya con la interrogante: ¿Creen y confían los empresarios en la palabra del presidente?

La tormenta perfecta a que hace alusión quien también fuera gobernadora de Yucatán, está más que anunciada en su conformación. Las aguas en la mayor parte del país se agitan y los negros nubarrones en el horizonte no auguran nada bueno. Credibilidad y confianza perdidas y a merced de las olas, a la deriva son de mal augurio.

Para un régimen caduco, divorciado lo mismo de la sociedad que de una necia realidad que se opone e impone al discurso oficial, el sólo anuncio de la madre de todas las tormentas que se avecina, debería ser razón suficiente para poner las barbas en remojo. Y no es así, la paranoia le gana y le ciega; confiando en el blindaje de un estado de derecho pensado y diseñado a su medida, espera que sean las fuerzas del orden, ministerios públicos y jueces quienes saquen las castañas del fuego.

Esperemos que esta pueril estrategia no fracase en el intento.

Hojas que se lleva el viento.

Y a propósito de intento, los senadores priistas en nuestra bucólica aldea, liman asperezas y ponen a prueba credibilidad y confianza. Juntos pero no revueltos coinciden en considerar que la bondad del presupuesto de ingresos de la federación aprobado por el Congreso de la Unión, reside en su carácter de panacea enderezadora de entuertos, lo mismo para una economía deprimida que para unas finanzas públicas que seguirán dependiendo de los recursos expoliados a PEMEX, de un mayor endeudamiento, y de una depreciación del peso frente al US dólar que no se quiere mencionar por su nombre. Buen intento en su afán proselitista de convencer a los veracruzanos de lo que pudiendo ser no será. ¡Salvo un milagro! y francamente no creo que Yunes Landa, Yunes Zorrilla tengan madera de hacedores de milagros. Son simples mortales, políticos en pos de un destino manifiesto, así que sus constantes arengas deben tomarse con la reserva del caso.

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Como partido político Morena recibe su primer revés a manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ya lo comentamos en su oportunidad, Andrés Manuel y su movimiento están optando por la vía electoral en sus propósitos transformadores, luego están obligados a jugar bajo las reglas de los dueños de las canicas. No hay de otra, y en dichas reglas no se contempla una democracia directa que vulnere a la democracia simulada.- Cd. Caucel, Yuc, noviembre 1 de 2014.

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Pulso crítico

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De principiante el gambito con el que el PRI quiere sorprender a los votantes. Convocar a una consulta popular para respaldar el cumplimiento de una oferta de campaña del Sr. Peña es el pretexto explícito. Lo implícito no sólo es una maniobra más para desviar la atención del respetable de asuntos de mayor trascendencia, también una manera de trivializar la opción ciudadana a ser consultada en temas por demás relevantes para la nación.

Como ya anticiparon diversos analistas y comentaristas, la respuesta a la consulta de marras es más que obvia. Si de reducir el número de parásitos en el Congreso de la Unión se trata, para la mayoría del pueblo de México lo deseable es que se fueran todos y a otra cosa mariposa.

Pero como para el PRI los votantes somos minusválidos mentales, la consulta va, independientemente del obvio resultado. Lo relevante es distraer, manipular y acallar a una opinión pública que hoy le es adversa.

Si de reducir el número de legisladores plurinominales para aminorar costos y elevar la calidad de la representación popular en el Congreso se tratara, no habría necesidad de consulta alguna, bastaría con votar la iniciativa en ambas cámaras y, por mayoriteo simple reducir la parasitocracia a los niveles deseables que mejor convengan al tricolor.

¿No acaso en los últimos 20 meses así lo hicieran aprobando la legislación que da soporte a los afanes reformistas y autoritarios del Sr. Peña, sin necesidad de consultar y atender a la voluntad popular?

Para esta interrogante el imaginario popular también tiene respuesta obvia. Ciudadanía y voluntad popular vale madre –perdón por el exabrupto- para una partidocracia que teniendo secuestrada a la sui géneris democracia representativa que prevalece en México, se pliega a consignas de los poderes fácticos y afanes neoliberales del presidente en turno.

Simulación y engaño, es la estrategia del PRI con vías a los procesos electorales venideros. El tiro le saldrá por la culata. Son más los agravios y agraviados que las bondades de un ejercicio de democracia directa simulada. Sin necesidad de consulta alguna, en el imaginario popular recurriendo a la memoria percibe la intención perversa de la partidocracia.

Y esto va también para la consulta popular que promueve el PRD con la sibilina idea de echar abajo la reforma energética aprobada. El llamado “pacto por México” eliminó la escasa credibilidad y autoridad moral del partido del sol azteca para pronunciarse en nombre de los ciudadanos.

Morena, con perdón de los intelectuales que proponen la unificación de las izquierdas en la promoción de la consulta ciudadana revolviendo agua con aceite, congruentemente rechaza sumarse a la farsa de la falsa izquierda. Tiene su propio camino, sus particulares propósitos y, si es coherente en sus intenciones, entiende que más allá de una consulta partidista, lo relevante es movilizar a la población en contra de la legislación energética aprobada, uniéndose y haciendo suya la resistencia que ya se vislumbra en diversos sectores de la población..

De ahí que resulte patético si no es que ridículo, el que los textoservidores de siempre quemen incienso a los pies de la ex alcaldesa de Xalapa y hoy presidente del CDE del tricolor en la entidad veracruzana, atribuyéndole la paternidad de la presunta consulta popular en el tema de la reducción en el número de plurinominales. La señora es demasiado poca cosa como para diseñar tal cortina de humo. Y si efectivamente, la iniciativa fuera de su autoría, que pobre entonces una dirigencia nacional que se deja embaucar embarcándose en una iniciativa que nace muerta. Pero la consulta va, así lo ha decidido Peña Nieto, todo sea para revertir la tendencia electoral de una ciudadanía engañada y lastimada que no confía en su presidente.

Y por el mismo camino transita la iniciativa panista de consulta popular sobre el minisalario. Todo sea para trivializar un esfuerzo serio por enriquecer la vida democrática de este país, como lo es la iniciativa de Morena, Movimiento Social antes que partido político.

Hojas que se lleva el viento

Si en la vida política nacional ética y moral tuvieren algún significado, podría afirmarse que el PRI en el fondo de la crisis del sistema de partidos en México se ostenta ante la ciudadanía con doble cara, doble moral al condenar hasta la saciedad a los fiesteros del PAN y simultáneamente exonera a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre “príncipe de la basura”, acusado como presunto responsable de operar una red de prostitución con recursos públicos del tricolor del Distrito Federal. Pero no hay moral, no hay ética, no hay principios en un partido que nació para engañar y manipular.-

Cd. Caucel, Yucatán, agosto 24 de 2014

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Pulso crítico

José Enrique Olivera Arce

En apunte anterior consideraba a que a mi juicio el principal reto para Morena como naciente partido político, es al más corto plazo el democratizar su vida interna.  Condición sine qua non para trascender en la vida política de México.

Tras observar el comportamiento de la partidocracia dominante, cómplice en el Congreso de la Unión de la traición a México impulsada desde Los Pinos, parece que el reto planteado está fuera de lugar en un escenario en el que poco o nada tiene y puede hacer el partido naciente como oposición electoral y legislativa.

Ha quedado demostrado con  creces con un episodio de los más negros de la historia de México, que la vía institucional en el país está cerrada para una izquierda auténtica y consecuente. Luego en términos prácticos la democracia partidista, encasillada en sus propios límites termina por ser vulnerada y presa de un sistema que no acepta el libre tránsito más allá de lo permisible por sus propias reglas, objetivos y propósitos antidemocráticos.

Autoritarismo, imposición y talante antidemocrático bajo las reglas del juego de los dueños de las canicas, es el marco dominante. La voz disidente en el estrecho marco institucional cae en tierra estéril. Se legisla a modo, a conveniencia y  y en franca connivencia del PRI con el PAN, acatándose de espaldas a la voluntad popular inconsulta la consigna de un presidencialismo que vuelve por sus fueros. El debate parlamentario es letra muerta; por sobre el diálogo y razón de Estado se impone el interés de una minoría de notables ejerciendo dictatorialmente “el derecho” que deviene del secuestro de la voluntad ciudadana en una democracia representativa simulada.

A este escenario se suma por voluntad propia Morena, habiendo de entrada aceptado reglas del juego antidemocráticas que le condicionan tanto en lo electoral como en el ámbito legislativo no le es dado avanzar en un proceso de cambio verdadero. En tal condición, el nuevo partido terminará por jugar el papel de comparsa del PRI y del PAN en tanto no cuente con la mayoría en el Congreso de la Unión y su equivalente en las entidades federativas. Mayoría que teóricamente se obtiene en las urnas y que por principio le será vetada o escamoteada sujetándole a un marco jurídico que le es adverso, como está previsto en las reglas del juego que aceptara.

La única opción institucional valedera, sería cambiar tales reglas adecuándolas a las necesidades de avance y consolidación de nuestra incipiente democracia, con sustento en la participación consciente y responsable de las mayorías en un proceso ascendente de construcción de ciudadanía. Implicando ello enfrentar tanto a la partidocracia dominante como al poder público depositado en un poder ejecutivo federal contrario a los intereses más caros de la nación.

Contra la pared, aherrojado, las reglas aceptadas se lo impiden, o su comportamiento es modosito y dócil o pierde el registro y a otra cosa mariposa.

De ahí que  más allá de la imprescindible democratización partidista que asegure largo aliento a Morena, está el reconocer  por este y actuar en consecuencia, que bajo las reglas del juego aceptadas en el ámbito electoral y legislativo nació para perder.

Lo  cual implica que en su arribo a la vida política institucional requiera de algo más que el protocolario tránsito de la vía electoral para avanzar en la búsqueda del cambio verdadero que propone Andrés Manuel López Obrador, razón de ser del nuevo partido como expresión política de oposición desde las izquierdas; y ese algo más considero que es el mantener simultáneamente el carácter de partido político  y de movimiento social con una estrategia incluyente de frente amplio, haciendo suya sin sectarismo alguno la lucha reivindicatoria de las mayorías empobrecidas que se debaten entre el descontento, hartazgo y rechazo a un régimen neoliberal que “moderniza” para oprimir y vender a México. 

Sin un programa y una acción consecuente de  frente amplio que le vincule en la calle a las movilizaciones sociales, Morena, al igual que en su momento el PRD, doblaría las manos para terminar cediendo en el rejuego político electoral y legislativo dominado por la partidocracia. Ganar la calle navegando en el filo de la navaja, fortaleciéndose para pesar de manera determinante en la correlación de fuerzas con vías al rescate de la democracia representativa, es a mi juicio el camino.

Esta es mi opinión personal, faltaría ver si Morena no pierde de entrada el camino cayendo en un sectarismo de capilla como reflejo de impotencia de toda minoría electoral y parlamentaria, lo que daría al traste con lo que hoy muchos estimamos como esperanza para México. El tiempo lo dirá.

Hojas que se lleva el viento.

Tan respetable como vehemente la defensa de lo indefendible que la Sra. Doctora Zaida Alicia Lladó Castillo como priísta de cepa hace en su último artículo publicado bajo el título “Pobres o ricos, todos contamos en este país “. Está en su derecho y su vida entregada al PRI así se lo exige. El tiempo y y el fruto de la traición se encargarán de demostrar que la minoría de notables que gobierna en México navega en sentido contrario al sentir nacional, dividiendo y polarizando a los mexicanos en perjuicio del progreso y la anhelada prosperidad de un pueblo empobrecido.

-ooo-

Sin necesariamente estar de acuerdo con los contenidos de los artículos autoría de la periodista Claudia Guerrero Martínez,  con ella me solidarizo y sumo a la indignación y repudio a que ha dado lugar la agresión que ésta destacada comentarista sufriera  a manos de la agrupación lumpen autodenominada “de los 400 pueblos” y liderada por Cesar del Ángel. No sólo se vulnera una vez más en Veracruz el derecho a la libertad de expresión, más grave aún, se confirma con la impunidad que el gobierno del estado brinda a esta pandilla de agresores la ausencia del Estado de Derecho en la entidad y la incapacidad de la administración pública para ofrecer seguridad y justicia a la gran familia veracruzana. Chelem, Yuc., 31/07/2014

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Manteniendo secuestrada a una incipiente y balbuceante democracia representativa, la partidocracia pretende imponer un pensamiento único en una sociedad plural. En los tiempos que corren tal pretensión está topando con pared.

Entre más insiste en su pretensión más rechazo obtiene; sin parar mientes en que el régimen político en México sustentado en remedos de partidos políticos está agotado y que este agotamiento no sólo es resultado de la pérdida o abandono de identidad ideológica y programática, ahora substituida por un pragmatismo pedestre y ramplón teñido de simulación, corrupción, impunidad y gatopardismo, que a todos les iguala sin distingo de siglas o color de camiseta, también en lo sustantivo por el hecho evidente de que los partidos políticos no representan los intereses de una sociedad que en constante evolución, más crítica y participativa, les rebasa y desborda.

Habiéndose colocado como casta privilegiada por sobre la llamada sociedad civil, secuestrando la voluntad popular en el ejercicio de aquellos principios básicos que dan sustento a la democracia representativa que el pueblo de México se ha dado como régimen de gobierno, carecen de legitimidad ante una ciudadanía que les considera más un problemático estorbo que aliado institucional en la búsqueda de rumbo y destino cierto para el país.

Sin legitimidad no hay confianza ni credibilidad y de ahí el rechazo generalizado a esta burocracia parasitaria y corrupta hoy asumida como partidocracia, en tanto en esta se sustenta el ejercicio del poder formal en México.

Para la partidocracia su caducidad reside en la camisa de fuerza que le impone una legislación político-electoral caduca que ya no se corresponde con expectativas de manipulación y control frente a la creciente participación democrática de la sociedad actual. Y con esta cortedad de miras, dicen ajustar las reglas del juego, sin que estas modifiquen en lo sustantivo privilegios y funciones que a sí misma se asigna como instrumento fáctico al servicio del Estado. Reafirmándose la brecha entre lo que asume como representatividad democrática y las necesidades concretas de una sociedad concreta que le descalifica.

Y en este escenario, pareciere que la simulación se generaliza. Bajo el criterio de que lo importante no es ser, sino parecer, gobierno y partidos políticos hacen como que gobiernan y la ciudadanía hace como que pasivamente acepta lo que desde la cúpula del poder se le impone. Desde lo alto se cocina el despojo y traición a México y los de abajo disfrutan el mundial de futbol dejando hacer dejando pasar, intuitivamente conscientes de que deporte y recreación no tienen la culpa. La culpabilidad en el hundir al país está en otro lado.

La resistencia pasiva tiene límites.

No obstante, en México ya se dan visos de resistencia activa que hacen pensar a quien esto escribe que el agotamiento del régimen político se refleja ya en un agotamiento social de magnitudes impredecibles, en el que el simple cambio de reglas político-electorales en un juego que los dueños de las canicas controlan, no es suficiente para asegurar gobernanza y gobernabilidad.

Luego no es de extrañarse el clima de desconfianza y rechazo generado por todo lo que de espaldas a la ciudadanía los partidos políticos cocinan, implícita o explícitamente, en las diversas instancias y esferas de los tres órdenes de gobierno. Rechazo que acota ya los límites de una resistencia pasiva que sería ingenuo pensar que es eterna.

Y es en este marco referencial que a mi juicio e interpretación personal, se inscriben las reformas presuntamente estructurales que impulsa el titular del ejecutivo federal avaladas por el Congreso de la Unión y Congresos locales, secundadas acríticamente por gobiernos y clase política en la mayor parte del territorio nacional, y evidentemente cuestionadas por la percepción colectiva de una realidad terca y contundente que evidencia estancamiento económico y creciente deterioro del tejido social

Construyéndose en el imaginario popular la idea de que con las reformas de marras, gobierno y partidos políticos conspiran contra el interés más general de la sociedad. Individualizándose responsabilidades y destacando con nombre y apellido a sus presuntos incitadores; sin clara conciencia de que el tema es sistémico y no consecuencia de la voluntariedad de un Enrique Peña Nieto, Luís Videgaray Caso o de los priístas Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón en complicidad con los dirigentes nacionales del PAN y el PRD que, en primera y última instancia, son simples peones al servicio de partidocracia y poderes fácticos.

Sea esta interpretación u otra, lo cierto es que si cada cabeza es un mundo, la pretensión de imponer en México un pensamiento único acorde con el hacer y deshacer de gobierno y partidos políticos, llamando el PRIAN a cerrar filas acríticamente en torno al presidente de la república y las reformas presuntamente estructurales aprobadas por el poder legislativo, no pasará de ser una llamada a misa más. Unidad y consenso nacional requieren para su construcción del libre tránsito por caminos diferentes.

Hojas que se lleva el viento

Como estaba previsto, PAN y PRI se pronunciaron en el Senado por el despojo de la propiedad rural a favor de las empresas privadas, domésticas y externas en áreas susceptibles de explotación petrolera y de gas, configurándose un avance más en la traición a México por parte del PRIAN.

-ooo-

¿”Redes sociales embusteras”, como afirma el periodista Quirino Moreno Quiza en su leída columna? Lo justo y necesario con sus asegunes es afirmar lo contrario, el instrumento o medio de comunicación no miente; si en este se expresan ideas, opiniones o conceptos alejados de una verdad siempre relativa, ello es atribuible al emisor e intencionalidad del mensaje y queda al buen juicio del receptor o lector el filtrar la información que recibe. En la apropiación social y uso de las redes en la Internet ni todo es negro ni todo es blanco, lo que cuenta y debe destacarse es que habiéndosele históricamente negado a hombres y mujeres de a pie el emitir y difundir su propio mensaje obligados a depender de intermediarios, con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) -con las limitantes que vinieran al caso habida cuenta de que las redes sociales no escapan a la lucha de clases ni a pasiones propias de la condición humana-, la expresión de las ideas y el acceso a la información se liberan democratizándose. Y, como en todo proceso social, este fenómeno de irrupción que hace de cada individuo emisor-receptor, transita gradualmente por un camino de aprendizaje y de acierto y error que con el tiempo se irá depurando. Saludo con afecto a Quirino.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Es preciso revertir una peligrosa tendencia que se sintetiza en una consigna rayana en el suicidio: “al enemigo no se lo estudia sino que se lo combate.” Atilio A. Boron

Los tragos decembrinos no son buenos consejeros cuando de satisfacer el ego y alimentar el morbo de lo más atrasado de los lectores se trata. Sólo así se explica el que un renombrado periodista veracruzano afirmara sin más que “cualquier pendejo es presidente”, haciendo referencia a la elección y presuntas reformas estructurales del Sr. Peña Nieto.

Ligereza e irresponsabilidad cuando cualquier papanatas se asume periodista, porque si de algo carece el presidente de México es del atributo que el culto tundeteclas le atribuye.

Una cosa es estar en desacuerdo con su entreguista estrategia y desempeño neoliberal y otra, muy distinta, el considerar que esté actuando por ignorancia y  sin conocimiento de causa en asuntos de la mayor trascendencia para el presente y futuro de México.

Atribuirle debilidad mental  al presidente es ignorancia supina de quien cuelga la etiqueta; el Sr. Peña desde su toma de posesión hizo suyos los tiempos, jugó en abierto sus cartas, incorporó al PAN y a la izquierda electoral al llamado pacto por México, haciéndoles partícipes de la traición a México; propició una amplia difusión de sus pretensiones privatizadoras, dando lugar de facto a un amplio debate público al que no faltó lo más lúcido de la academia,  sin ceder en lo más mínimo en su propósito imponiéndose a la crítica y a la protesta popular.

Por la vía del fast track, contando con la complicidad de senadores y diputados, salió avante con sus presuntas reformas estructurales. Aprobadas estas por el Congreso de la Unión y ya promulgadas, nos guste o no, son de observancia general.

Los resultados son los que cuentan y, aunque a mi juicio pírrico e ilegitimo, no se le puede escatimar al Sr. Peña un triunfo fruto de alguien que sabe como mover el abanico en un sistema político decadente y antidemocrático que responde a intereses ajenos a los más caros de la Nación.

De paso, alineó a la mayoría de los gobernadores en su propósito de restauración del viejo régimen presidencialista, recuperando para el centro el control de las entidades federativas en manos de cuasi virreyes.

Y por si fuera poco, eliminó al PRD como expresión opositora en el Congreso de la Unión jugándole el dedo en la boca; poniéndole la zanahoria por delante, en éste se apoyó para dar paso a un nefasto bipartidismo de ultraderecha que está llegando para quedarse.

Y aún hay más.

Así las cosas, el Sr. Peña no es ningún “pendejo”. Que no nos guste el modo es otra cosa. Que el pueblo de México perdido en la indiferencia y en el “buen fin” previo al canto de los villancicos navideños, haya optado por dejar hacer, dejar pasar, descansando en lo que bien a bien pudiera hacer el oportunista y acomodaticio PRD en contra de la aprobación de las reformas, es diferente.

Como otra cosa también es el hecho de que las clases medias empobrecidas y sin conciencia plena de su situación y expectativas económicas y sociales, en su momento le dieran la espalda a López Obrador y su movimiento en contra de la privatización de la industria petrolera nacional.

Hoy, a toro pasado, se reacciona mal y  tardíamente. Frente al autoritarismo de una nueva manifestación del presidencialismo centralista, ante hechos consumados gritos y sombrerazos y,  peor aún, expresiones soeces fruto de incomprensión e impotencia cuando lo que cabe es la reflexión y autocrítica constructiva por aquello que como mexicanos no hemos sabido o no hemos querido defender.

Ofender al hombre sin referencia al sistema que contextualiza el ejercicio del poder, o es ignorancia o pedestre mala fe. Ubicar los propósitos privatizadores como debilidad mental de un presidente y no como objetivos sistémicos neoliberales de ajuste global, es ignorar la realidad del mundo y el papel que a México históricamente le asignan poderosos intereses de nuestro vecino del norte.

El ofendido es presidente de la República, el que ofende es cuenta cuentos pueblerino, he ahí la pequeña diferencia.

Paradójico, quien acusa al gobernador de Veracruz de restringir la libertad de expresión, cae en el más corriente libertinaje en el ejercicio de la libertad que dice vulnerada. Ayuno de ideas arremete contra molinos de viento, haciendo de la crítica vulgar parodia de un aldeano tundeteclas que así mismo se cuelga del pescuezo la etiqueta: “Cualquier pendejo es periodista”.- Cd. Caucel, Yucatán, diciembre 30 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, no estábamos tan equivocados cuando de manera recurrente a lo largo de más de dos años,  insistiéramos en ponerle atención a lo que se percibía como una profunda crisis del sistema político y régimen de partidos políticos en México.

Forma es fondo. Substituidas las formas por cinismo y desvergüenza, el sistema político exhibe obsolescencia y pérdida de legitimidad; democracia y Estado de derecha dejaron de ser referentes  para la permanencia del pacto social que con pinzas sostiene unidad republicana.

Sistema político tocando fondo

Sistema político tocando fondo

Lo que ha venido aconteciendo en  las últimas semanas en la vida política del país, no deja lugar a dudas. Sin excepción de color de camisetas, todos y cada uno de los partidos políticos que conforman el espectro han mostrado el cobre, renunciando de facto al papel que la sociedad les tiene asignado como representación de las diversas fuerzas político-electorales, así como a su función como correa trasmisora del necesario diálogo y concertación entre gobierno y población. De paso, constituidos en partidocracia,  respondiendo a intereses personales y de grupo, vienen vulnerando  legitimidad y libre juego democrático en los Congresos federal y de los estados, en perjuicio de la democracia representativa.

A tal grado, que la representación ciudadana ha dejado de ser tal, actuando  senadores, diputados federales y locales como extensión de sus respectivos partidos de espaldas y en contra de los intereses de sus electores.

Unos porque se asumen mayoría, otros porque a sabiendas de que son minoría en los cuerpos legislativos privilegian intercambio de favores y arreglos en lo oscurito, recurriendo a un vulgar chantaje vendiendo caro su voto para asegurar supervivencia.

La aprobación al vapor en ambas cámaras de las reformas propuestas por el presidente Peña, es ejemplo de ello. Más allá del contenido y trascendencia de lo que se nos oferta como panacea para dar el salto adelante y salir del subdesarrollo, las formas asumidas en el proceso legislativo descalifican la presunta bondad de lo aprobado.

Y aún hay más. La aprobación en automático, por instrucciones superiores y en tiempo record de la reforma energética por los 17 Congresos locales controlados por la mayoría priísta, no tiene nombre. Quienes levantaran el dedo para dar el sí ignorantes de lo que sin conocimiento previo, sin consulta y sin debate aprobaran, para la ciudadanía no teniendo madre ni siquiera tienen cabida en el grupo de privatizadores que con justeza calificara con malas palabras la senadora campechana  Sansores San Román.

Con este sistema político, con este régimen de partidos políticos, con estos senadores y estos diputados, el Estado-Nación queda en franca indefensión; soberanía e independencia por mandato constitucional no son ya principios que abonen al pacto social federal. 

El divorcio entre partidos políticos, representación ciudadana y electores se amplía, vulnerando al sistema político en su conjunto. Si este subsiste es por inercia lo que, a su vez, favorece a la crisis por el que este atraviesa. A menor resistencia ciudadana, mayor es el margen de maniobra de la partidocracia y, paradójicamente, menor la del sistema en su conjunto en perjuicio de gobernanza y gobernabilidad.

La ciudadanía lo observa, califica y saca conclusiones. Credibilidad en sus representantes, así como confianza en las instituciones republicanas  y reconocimiento de legitimidad en los tres órdenes de gobierno están a la baja. Lo más grave de esta crisis percibida, es que nadie hace nada por aceptarla y buscarle solución, mientras el descontento, hartazgo y protesta va en aumento. No pasa nada, para qué cambiar, se dice en los círculos políticos y en consecuencia con este mismo talante se actúa en la administración pública.

Se cambia para seguir igual mientras el país se hunde por ausencia de visión de Estado tanto en el horizonte de largo aliento como en la coyuntura para dar certidumbre y confianza respecto a destino cierto y ruta crítica para transitar y arribar al México que deseáramos para el futuro. Improvisación y palos de ciego es la constante, mientras delincuencia, corrupción e impunidad carcomen tejido social.

Sin certidumbre no hay seguridad. Nadie quiere dar el paso al vacío, perdiéndose unidad de propósitos y consensos para la acción. Dejando al azar el futuro de las nuevas generaciones. Con todo cinismo y simulación se aprueban leyes y políticas públicas cuyo objetivo difuso aterrizará si bien nos va en una realidad futura para cuya construcción se sustenta en un presente incierto.

La aprobación de la reforma energética se encuentra en esta tesitura. Reformada la Constitución, sin leyes secundarias claras, sin hoja de ruta  transexenal que proponga pasos firmes, supervisión, control y evaluación durante y ex post, se borda en el vacío;  dejando abierta la puerta para que improvisación y corrupción presionen para dar marcha atrás en el presunto propósito neoliberal de modernización basado en privatización de la cosa pública, desarrollo tecnológico, inversión privada, productividad y competitividad.

Ayer era otra cosa. Hoy la moda con Peña Nieto, mañana dios dirá, como suele ocurrir cada sexenio. En eso se sustenta  sistema político y régimen de partidos en un círculo vicioso en el que todos ganan, menos las mayorías empobrecidas de un país ejemplo internacional de subdesarrollo, aislamiento, desigualdad y miseria.

Privatización de recursos propiedad de la nación, flexibilidad del trabajo asalariado, destrucción del sistema educativo, precarización de la sanidad pública, eliminación del mercado de la micro y pequeña industria, en un marco de ineficiencia, ineficacia y corrupción  del caduco sistema político y régimen de partidos en plena obsolescencia, cuya crisis se refleja al día de hoy de manera evidente en la pseudo representación ciudadana en el poder legislativo tanto federal como el correspondiente en las entidades federativas. Nadie lo quiere ver así.

Y como prueba de tal cortedad de miras, el legislativo aprueba una reforma política en la que la revoltura de dulce, de chile y de manteca  no beneficia a nadie y menos al sistema político y, por ende, a la vida política y social en democracia de los mexicanos; confirmándose gatopardismo y simulación, cambiando para seguir igual, o peor que endenantes. 

Baste saber que propicia, auspicia y promueve la reelección de legisladores y alcaldes,  no obstante el rechazo a tal medida por parte de una ciudadanía indignada.

Hace falta un alto en el camino, reflexionar y actuar en consecuencia modificando rumbo y destino. La ultraderecha hoy alianza del PRI y del PAN, ni quieren, ni pueden hacerlo en el marco de sus contradicciones internas y compromisos con los poderes fácticos. Toca a las fuerzas progresistas sin etiquetas, explorar nuevos caminos empezando por toma de conciencia, organización y unidad en torno a un programa minimalista común para la acción. Dividida la izquierda y sin visión orgánica de largo plazo, no se hace camino, en ello habría que reflexionar más que llorar lo que para muchos en su ingenuidad  la aprobación de la reforma energética y cancelación de lo más trascendente de la Constitución del 17, es derrota.

Se cierra un ciclo para el país y para la izquierda social, la lucha por recuperar soberanía nacional apenas empieza. Villahermosa, Tab., diciembre 15 de 2013.

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